Foto: Trencadís (cerámica fragmentada) en el Parc Güell de Barcelona

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viernes, 17 de mayo de 2013

Dolores

Gustave Moreau, Diosa en las rocas 1890 (detalle)


 Yo soy esa cueva donde la serpiente ronda
Cuyo ombligo engendra los destinos de los hombres.
Toda sabiduría procede de un agujero en la tierra:
Los dioses se forman en mi tiniebla y vuelven a disolverse.
De mi vientre ciego surgen todos los reinos
Y desde mi tumba siete durmientes profetizan.
Ningún bebé nonato que no despierte a mi sueño,
Ningún amante que por último en mí deje de yacer sepultado.
Yo soy ese temido y anhelado lugar ardiente
Donde hombre y fénix se consumen
Y de mi lecho maculado y mezquino se levantan
Nuevos hijos, nuevos soles, nuevos cielos.

Kathleen Raine, La pitonisa


¡Virgen de oro y sangre, virgen consoladora,
Virgen virgen por siempre, virgen devoradora!

Ciudad de fuego. Filtro del olvido. Zarcillo de hierro.
Virgen condenada y Nuestra Señora del Infierno.

Yo te saludo, ¡oh, bien oculta!, ¡oh, tan profunda!
Lujuria, Emperatriz Inmortal del mundo.


 Albert Samain, Lujuria (1889) 



Gran parte de la obra poética de Algernon Swinburne (1837-1909) fue inspirada en personajes históricos y mitológicos femeninos que ya desde la Antigüedad formaban un amplio cortejo de mujeres fatales presentes en la literatura. Temática que llegó a ser obsesiva entre escritores y artistas en la época tardoromántica tal como demuestra Mario Praz en su obra La carne, la muerte y el diablo... de la que a continuación dejo unos fragmentos en los que analiza Dolores, una de las más perturbadoras creaciones del poeta inglés. Sin duda en la obra de Gustave Moreau (1826-1898), pintor que nunca se cansó de tratar en sus cuadros el tema de la fatalidad, el mal y la muerte encarnados en la belleza satánica femenina, podemos encontrar un perfecto acompañamiento al texto.


Dolores
Por
Mario Praz



Pero es tiempo ya de que volvamos al tipo de la mujer fatal como se fija en Swinburne. Nos quedaría estudiar desde este punto de vista la primera serie de los Poems and ballads, enteramente dominada por la figura del ídolo sanguinario e implacable. Es la Venus de Tanhäuser, en la Laus Veneris, donde el motivo de la Belle dame sans merci de Keats es ahondado y glosado con todos los recursos de un medievalismo prerrafaelista torvo y satánico; la Venus que fue "delicia del mundo", reducida ahora a siniestro vampiro en los siglos cristianos, "de la antigua Venus, el superbo fantasma", aquella que el poeta evocará también en la oda a la muerte de Baudelaire (Ave atque vale, en la segunda parte de los Poems and ballads):

Gustave Moreau, Los pretendientes (Detalle)
Y una llora en la vía Letea,
baña su frío seno que palidece:
la Venus de la cóncava colina, oscura
Diosa, que un día fue la Citerea:
labios donde está apagada ya la risa divina,
rostro que ya no se llama Ericino;
un espectro, un ansioso numen atroz.
Tú también volviendo a pisar sitios sin huellas,
triste segunda presa, hacia las sombras
del infierno impulsó con su dulce voz
y con sus bellas formas.

 (...) Es la emperatriz Faustina (Faustina), creada por Satanás casi por desafío a Dios, o enviada por Dios a la tierra para castigar los pecados de los hombres con un flagelo de escorpiones, o devuelta por el sarcófago como ávido vampiro:

Ella amaba los juegos que los hombres jugaban con la muerte, donde lamuerte debe vencer; como si la sangre y el aliento de los hombres asesinados reanimasen a Faustina.

Como Venus, también Faustina es eterna, una especie de indestructible máquina de deseo de engranaje de dúctil oro:

Tienes el rostro que conviene a una mujer como máscara de su alma: el género de belleza que llaman humano en el infierno, Faustina.

Es el eterno femenino cruel personificado en el cortejo de las lujuriosas reinas orientales de nombres extraños que desfila en Masque of Queen Bersabe: Herodías, Aholibab, Cleopatra, Abihail, Azubah, Ahinoam, Atarah, Semíramis:

Soy la reina Semíramis.
El mundo entero y el mar que se asemeja
en su color a una crisopasa inmensa,
el rumor de los hombres afanados,
la boca fatigada de agradecer el cielo,
sonido de amor cuando la sangre está en paz,
fuerza de amor cuando la sangre golpea;
todo esto esparcieron mis pies
y pareció menos de cuanto fui...

Una de las muchas versiones pintadas por Gustave Moreou inspiradas en Salomé sobre la que el crítico Ary Renan escribió: ... La Salomé siria se transforma, por el deseo que ha sentido o por la venganza que prepara, en la encarnación de una armoniosa y desconsoladora energía del Mal, la artífice de uno de esos crímenes desmesurados que corresponde al arte la tarea de magnificarlos.


Hesione, Chrysotemis, Thomyris, Harhas, Myrrah, Pasiphae, Sapho, Mesalina:

Soy la reina de Italia.
Estos signos puso Dios en mí;
una mórbida, esteril belleza,
cabellos rizados y mejillas empalidecidas
por los encendidos y falsos labios de muchos hombres,
amplias sienes donde la sangre se demoraba,
una boca sedienta y amorosa
y hambrienta, como un sepulcro
que por no saciada hambre calla...

Amestris:

 Soy la reina chipriota.
Los remadores de la garganta oscura
cantaban en mi honor tiernamente.
Mis doncellas desceñidas y cubiertas
de oro de los senos a la cintura
me alababan mientras cardaban la lana.
Quienes alaban a Venus de noche,
para quienes los labios son voz y los ojos canto,
me alababan a través de todo el canto...

Alaciel, Erígone:

Soy la reina Erígone.
El vino sobre mí derramado como sangre
convertía mi rostro en el de esposa.
Como tierra, sedienta tuve la boca;
del mar, que ciñe los férreos flancos
del mundo, tuve la fuerza en el brazo.
En mis ojos y en mis oídos
estaban el vino y la música del llanto,
el esplendor y el fragor de la marea...


Gustave Moreau, Helena glorificada
 "Un entrelazamiento de víctimas heridas de muerte se enreda en sus pies... Se diría que se han arrojado voluntariamente en una hoguera. El sacrificio de sus vidas que estos guerreros, estos príncipes, estos poetas, ofrecen en vano homenaje a un ídolo errante, se lee sobre sus frentes; una vaga sonrisa recorre sus rasgos pálidos; sus miembros paralizados se aflojan; sus labios se debilitan y de la hecatombe del sacrificio de estas extrañas víctimas se levantan, no imprecaciones ni palabras amargas, sino suspiros sosegados, un gemido como el de niños que se adormecen con el consuelo de una caricia amada...
El cuadro... respira matanza y voluptuosidad. (Ary Renan)

Y, en fin, sobre todo, Dolores, Nuestra Señora de las Angustias de los Sentidos, que el poeta invoca en una letanía que es toda una profanación sádica:

Frios párpados que esconden como joyas los duros ojos que por un instante se enternecen; los blancos miembros pesados y la cruel boca roja como una flor venenosa; cuando éstos hayan pasado con sus esplendores, ¿qué quedará de ti entonces, qué permanecerá, oh mística y sombría Dolores, Nuestra Señora de las Angustias?
Siete dolores dan los sacerdotes a su Virgen; pero tus pecados, que son setenta veces siete, siete edades no bastarían para lavarte de ellos, y aun entonces te perseguirían en el cielo...
¡Oh, vestidura no de oro, sino dorada, oh, jardín donde todos los hombres pueden morar, oh, torre no de marfil, sino edificada por manos alzadas al cielo desde el abismo, oh, mística rosa del fango, oh, casa no de oro, sino de lucro, oh, casa de inextinguible fuego, Nuestra Señora de las Angustias!
......................................................................................................
Nosotros nos cambiamos de ropa y nos adornamos y nos cubrimos, tú eres noble, desnuda y antigua; Libitina tu madre, Príapo tu padre, tu origen griego y etrusco. Nosotros retozamos con ligeros amores en el portal, y nos sometemos y accedemos y nos frenamos; los amores mueren, y sabemos que tú eres inmortal, Nuestra Señora de las Angustias.
Faltan los frutos y el amor muere y el tiempo divaga; estás nutrida de perpetuo anhelo, y vives después de cambios infinitos, y fresca te elevas de los besos de la muerte; de languideces de nuevo encendidas y reanimadas, de estériles y sucias voluptuosidades, de cosas monstruosas e infecundas, pálida y venenosa reina.

Al  contacto de sus labios, los hombres cambian 

los lirios y las languideces de la virtud 
por los éxtasis y las rosas del vicio:
 
Este dístico tan ridiculizado por su aparente necesidad no es otra cosa que una transposición poética de la concepción de Sade, que a la apática y opresiva virtud contrapone el activo y triunfante vicio. Y la sombra del Divino Marqués no tardará en dominar la escena según veremos ahora.

Gustave Moreau Galatea
Los lirios están esparcidos donde tu pie se posa en el suelo, las rosas te coronan y te acarician y te encadenan, oh espléndida y estéril Dolores, Nuestra Señora de las Angustias.
Quizá hay vicios por descubrir, hay quizá acciones para dar placer. ¿Qué nueva obra hallarás para tu amante, qué nuevas pasiones para el día y para la noche? ¿Qué encantos desconocidos para aquellos cuyas vidas son como hojas marchitas? ¿Qué torturas inimaginables, inauditas, no escritas ni conocidas? ¡Ah, bello cuerpo apasionado que jamás ha tenido un corazón que le duela! Aun cuando los besos son sangrientos sobre tu boca, aun cuando puncen hasta hacerla estremecer y sufrir, más corteses que el amor que adoramos, no hacen mal al corazón y al cerebro, oh, amarga y tierna Dolores, Nuestra Señora de las Angustias.
...¿No nacerá ningún nuevo pecado para desesperación de los hombres, ningún sueño de imposibles tormentos?... Ah, ¿donde iremos para nuestro recreo, si lo peor que se puede hacer ya ha sido hecho?... Te conjuro, responde desde tus altares, Nuestra Señora de las Angustias.

En este punto, como ha señalado Lafourcade, en las estrofas de furor ditirámbico se entrelaza la alusión a una verdadera misa negra como la descrita por Sade: 

He penetrado por el portal más exterior hasta el oratorio donde un pecado es una plegaria; ¿qué importa si el rito es mortal, oh Nuestra Señora de las Angustias, qué importa? A ti te pertenece el último vino que vierto, el último en el cáliz que vaciamos, oh atroz y lujuriosa Dolores, Nuestra Señora de las Angustias.

Bajo el velo del verso se transparenta la alusión a la profanación de los objetos sagrados, a la libación con el cáliz lleno de sangre, e incluso a los sacrificios humanos. Y la profanación reviste todos los vínculos más sagrados, pues el poeta llama a Dolores "hermana, esposa y madre".

Y los poderes que custodian la puerta que se abre a todos aquellos que respiran, dieron el ciprés al amor, oh Dolores mía, y el mirto a la muerte.
Y rieron, alternando las manos en la cadencia, y se mezclaron e hicieron la paz después de la lucha; la pena se consumía en lágrimas, y era placer; la muerte vibraba con el tintineo de la sangre y era vida. Como amantes, se consumieron y vibraron, a la sombra de tu secreto en la tiniebla mumuraron y se mezclaron, Nuestra Señora de las Angustias.
En un crepúsculo donde las virtudes son vicios, en tus capillas, ignoradas por el sol, en medio de sonidos que cautivan y halagan, se desposaron y los dos fueron como uno.

Gustave Moreau, Cleopatra 1887


 (...) Señalemos también el leitmotiv de antigüedad pagana enorme y sanguinaria que apoya estas evocaciones lujuriosas de Swinburne como las de Gautier y Flaubert:

¿Sueñas tal vez... los días sin nombre y sin número, cuando tu voluntad incitaba al mundo a la guerra; cuando, diosa, el ritmo de tu pasión hería a los monarcas mientras jaraneaban en Roma, y ellos te saludaban surgida de la espuma, oh Talasa blanca como la espuma?
Cuando tus labios tenían tales amantes para halagar; cuando la urbe yacía roja bajo tus látigos, y tus manos eran como dardos para derrotar a los hijos del cambio y sus dioses; cuando la sangre de tus adversarios hacía hervir una arena nunca bañada por las olas, mientras los hería su señor y siervo tuyo, oh Nuestra Señora de las Angustias.
...Arena roja por la huella de tus pasos, pulida por el mundo  y sus soberanos, cercada por una llama de bellos rostros y espléndida de espadas.
Allá el gladiador, pálido por tu placer, arrojaba un aliento acre y peligroso; allá tormentos arrebataban el tesoro de miembros demasiado exquisitos para la muerte; cuando tus jardines estaban iluminados con antorchas humanas; cuando el mundo era un corcel para tus riendas; cuando las naciones se postraban en tus pórticos, oh Nuestra Señora de las Angustias.
Cuando las llamas se agitaban en torno de él, surgía con el rostro de llama, como un citarista, el bello, implacable tirano coronado de rosas, con la muerte entre sus manos; y un sonido como un sonido de aguas fragosas irrumpía entre el relampagueo de las llamas y mezclaba  con el resplandor de la masacre un trueno de liras.
¿Sueñas tú acaso lo que ha sido y ya no es, los antiguos reinos de la tierra de los monarcas? ¿Tienes hambre de estas cosas, oh, Dolores, de éstas en un mundo que es nuevo?... ¿Qué nos afligía, oh dioses, para que os abandonásemos por doctrinas que imponen la renuncia y el freno? Ven y redímenos de la virtud, oh Nuestra Señora de las Angustias...
Tu piel cambia país y color, y se contrae y se dilata como la de una serpiente. Vuélvase entonces luminosa, o hinchada y opaca, nosotros la reconocemos, con sus llamas y sus escamas, rojas marcas grabadas y ahondadas en ella, cielos redondos donde una estrella es una mancha, y las hojas donde están escritas tus letanías, oh Nuestra Señora de las Angustias...
Tu piel cambia país y color, y se contrae y se dilata coma la de una serpiente. Vuélvase entonces luminosa, o hinchada y opaca, nosotros la reconocemos, con sus llamas y sus escamas, donde una estrella es una mancha, y las hojas donde están escritas tus letanías, oh Nuestra Señora de las Angustias...
Pero el gusano te reanimará con sus besos; cambiarás y te metamorfosearás como un dios, como la verga se transforma en una serpiente que silba, y la serpiente de nuevo en una verga... Aunque los paganos nos rechacen y nos sobrevivan, y nuestras vidas y nuestras aspiraciones sean deformes -ah, perdónanos nuestras virtudes, perdónanos, oh Nuestra Señora de las Angustias...
Ellos eran purpúreos en las vestiduras y dorados, llenos de ti, ardientes de vino, tus amantes, en moradas libres, en maravillosas cámaras consagradas a ti. Ellos se han desvanecido y sus huellas pasan inadvertidas para nosotros que te apreciamos, te adoramos y nos abstenemos, oh hija de la Muerte y de Príapo, oh, Nuestra Señora de las Angustias.

El poeta escribió este himno de dedicación entusiasta al vicio y a las leyes sádicas de crueldad universal exagerando, es cierto, pero con un fondo innegable de sinceridad, como una reacción contra la vehemente contrariedad expresada en The Triumph of Time.
Pues el poeta había realizado en 1862 una tentativa de romper el círculo mágico de su especial sensibilidad. El amor por una joven señala en cierto sentido el momento crítico en la vida sentimental de Swinburne. Al verse rechazado escribe The triumph of time, patético adiós a la vislumbrada vida normal ("Qué debería hacer un tipo como yo?", se pregunta, retomando las palabras de Hamlet),  y se abandona a la misa negra de Dolores. "Qué podría hacerse con y por Algernon?", parece que se preguntaron parientes y amigos.


Caricatura de Algernon Swinburne en Vanity Fair, 21 de noviembre de 1874



Lecturas: 

Mario Praz, La carne, la muerte y el diablo en la literatura romántica. El acantilado 1999 


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martes, 7 de mayo de 2013

Naufragios



"En la genealogía de lo contemporáneo está la crisis del idealismo y el giro al segundo romanticismo que tiene lugar en el siglo XIX. El idealismo empieza a desmoronarse cuando es incapaz de asumir que el dolor, el sufrimiento y la muerte son lo positivo de la existencia, obligando a disociar lo verdadero de lo bello y de lo bueno".

José Luis Molinuevo, del prólogo a Estéticas del naufragio y de la resisitencia.


Tres obras de la pintura romántica inspiradas en naufragios de la época analizadas por el profesor José Luis Molinuevo.


 La vida como naufragio
(Fragmentos)
Por
José Luis Molinuevo


El mar de hielo

Caspar David Friedrich El mar de hielo. El naufragio del Esperanza 1823


El cuadro de Caspar Friedrich lleva por título El mar de hielo y como subtítulo El naufragio del "Esperanza". Fue pintado en torno a 1823-24. Representa un naufragio en el mar del Norte. Tiene como referencia inmediata la expedición al Polo Norte de Sir William Parry con la nave Griper en 1819-20. Hay versiones anteriores perdidas, y para este ha utilizado algunos materiales de los óleos pintados en el invierno de 1820-21 con motivo de la helada del río Elba. Fue expuesto el cuadro en 1824 en la academia de Praga, no obteniendo el aprecio del público y quedando sin vender.
Los cuadros anteriores de Friedrich han sido interpretados desde la óptica de los sublime romántico, o como lo hizo el pintor francés David D'Angers, como una "tragedia de la naturaleza". De acuerdo con sus propias palabras, no tratan de pintar ni representar el paisaje tal como es, sino pintar el sentimiento interior, ese intento de unión mística con Dios a través de la naturaleza como encarnación suya. El verde de la naturaleza, en especial de los abetos siempre verdes, es el contrapunto de la esperanza, reforzada por la cruz redentora, presente en los paisajes de montaña.
 No obstante, esa luz indecisa y cenital, propia de atardeceres o alboradas, tiñe de melancolías sus cuadros. No es una luz del sur sino del norte, en una clara opción frente a las preferencias viajeras de sus contemporáneos. Los cuadros, teniendo a la naturaleza como protagonista, son el símbolo del infinito frente al que se coloca en actitud contemplativa el ser humano. (...)
El cuadro Mar de hielo marca  una inflexión dentro de este planteamiento. Se trata de un cuadro de catástrofes humanas propiciadas por la naturaleza. El ser humano se ha atrevido a actuar, a arriesgarse, desconociendo esas fuerzas elementales y ha sucumbido. El naufragio del barco Esperanza simboliza la imposibilidad de vencerlas, y también el naufragio de otras esperanzas, más aún, es el naufragio de la esperanza.(...)
El cuadro es de una insólita y tremenda dureza: lleno de aristas, revela unas fuerzas tectónicas, el poder de lo elemental, que tiene sus leyes propias. Los otros cuadros de Friedrich sobre la naturaleza expresaban sentimientos sublimes ante un mundo obra de un creador. Aquí las fuerzas de lo elemental tienen su propio juego, en el que ha entrado, sin saber sus reglas, el barco humano. Las planchas de hielo revelan que lo elemental tienen un orden geométrico. Tienen una consistencia mineral, pero son agitadas, amontonadas por la corriente. Derrota, inseguridad, ruinas, muerte y una profunda soledad se desprenden del cuadro. Pero igualmente el mensaje de que en los mares helados la naturaleza está viva, y lo inorgánico es la lógica de lo elemental. En ello hay también una desoladora belleza.


La Balsa de la Medusa

Théodore Géricault, La balsa de la Medusa, 1818


 En 1818 Géricault pinta en París La Balsa de la Medusa. Es un cuadro que narra una historia, pero no intemporal sino contemporánea. Sobre un hecho reciente, que había interés en olvidar: el naufragio, por negligencia, en 1816, del barco francés Medusa, el abandono culpable de los supervivientes, su odisea nada sublime, y el rescate tardío. El cuadro aborda en un estilo fronterizo de Neoclasicismo y Romanticismo un tema que se resiste a ser embellecido y no despierta sentimientos sublimes. Refleja el momento de la esperanza en la ayuda de un barco, que casi no se ve en el enorme cuadro, pero que concentra las miradas de algunos naúfragos y del espectador, y que pasará de largo. Ellos no lo saben, pero lo sabían los espectadores. Que ven esos cuerpos volcados en el último esfuerzo, esos cuerpos desnudos, muertos, descompuestos, quizá mutilados por el canibalismo. (...)
Como ha señalado el historiador Jules Michelet, "Géricault pinta su balsa y el naufragio de Francia". Según él, es la propia sociedad francesa quien está embarcada y el barco la pone ante ella misma: "Imagen tan cruelmente verdadera que el original se negó a reconocerse. Retrocedió ante esa pintura terrible". El cuadro es también el naufragio del espectador. No es una escena en la distancia como en el caso de Turner: el naufragio en medio del cuadro y perdido en el mar embravecido. Aquí el espectador se encuentra ya dentro de la balsa que ocupa casi la totalidad del cuadro, y no frente al mar y el horizonte. Es la tragedia humana la que aquí se refleja y no la de la naturaleza. El cuadro pone ante el terror de los seres humanos en una situación límite, como es la de la esperanza de salvación y, a la vez, la falta de salida. En la composición del cuadro hay tres velas: la de la balsa, desarbolada, la humana que representa la esperanza (el joven negro aupado en el barril) y, finalmente, la tercera, diminuta, casi invisible para el espectador, la del buque Argos. (...)
Pero, junto a la figura del joven negro que simboliza la esperanza, hay en el plano intermedio del cuadro otra figura casi oculta, la del hombre que somatiza la desesperación. Está sentado al lado dle mástil, con las manos apoyadas en las rodillas, aferrando la cabeza, mientras los ojos y la boca muestran un dolor inconsolable. Ajeno a todo, mira fijamente al vacío, sin atender a los gritos de esperanza a su izquierda, ni tampoco a los muertos que yacen a su derecha . Es la figura central, que divide el cuadro en esas dos mitades, la del joven negro, y la tercera, la del anciano que simboliza la resignación. Es la figura schopenhaueriana de la decisión: afirmación o negación de la voluntad de vivir.




La tercera, es una figura singular, poderosa, que lleva la mirada del cuadro en otra dirección. El anciano, con una mano sujeta al cuerpo de su hijo muerto y con la otra apoyada  en la cara mira ensimismado ese mar que se va tragando los cadáveres. De espaldas tanto a la desesperación como a la esperanza, es la figura de la serena resignación ante la muerte que está más allá de ambas.
La retórica de la pintura se revela en la arquitectura de los símbolos y de las figuras. Está llena de esculturas cuyo protagonista es el terror presente de muy diversas maneras. Se ha subrayado (Schneider) el carácter medúsico, petrificado de esos cuerpos esculturales, que han recibido la mirada del horror personificado en el nombre del barco naufragado, el Medusa. La balsa hecha de esas tablas ofrece poco abrigo a la esperanza, y quizás por eso el nombre más apropiado no sería el de un "sueño de piedra" sino el de una "pesadilla" de piedra. Es este sin duda un componente mitológico,el del mito de la Medusa, no desdeñable en el relato histórico que es el cuadro. Es una pintura histórica, que narra una historia del presente y en la que está presente el mito. Como en la obra de Weiss, que se siente fascinado por el cuadro. Se trata, en las estéticas de la resistencia, no de ir al mito como pasado sino de explicar el mito del que venimos y somos como presente. Y esto, que es una de las mayores aportaciones del cuadro de Géricault, es lo que muchos contemporáneos no pueden/quieren entender, por lo que ese cuadro contemporáneo se convierte en un cuadro de futuro. Aquí la historia, que reviste formas (neo) clásicas se convierte en historia contemporánea. Y esto es lo que no se acepta. Según el mito, quien miraba a la Medusa, a la Gorgona, quedaba petrificado de terror. Perseo logra vencerla haciendo que se vea reflejada en la pulida superficie del espejo que le ha regalado Atenea. Se trata de que el horror, la desesperación, se mire a sí misma, para que (en palabras de Benjamin sobre Brecht) "haga pie" el hombre sabiendo cómo ha llegado a ella. (...)
Pero esa lucidez, el que el horror se mire a sí mismo en el hombre es lo que no quieren los contemporáneos. La lectura de las diferentes reseñas que aparecen en 1819 sobre el cuadro de Géricault muestran cómo el debate estético en torno al cuadro se convierte en un debate político, ya que la sociedad no está dispuesta a verse reflejada en él. Junto a lo horrible de la escena, los críticos insisten en lo incorrecto del dibujo y la uniformidad del color. Uno de ellos afirma que las grandes dimensiones del cuadro no ha sido aprovechada para reflejar un episodio de grandeza. Nuevamente se rechaza lo que es en nombre de lo que debe ser y se pide el arte, no que refleje lo real, sino que lo sustituya. (...)
Frente a apresuradas y tópicas interpretaciones actuales queda claro que no estamos ante un cuadro sublime. El anónimo articulista de La Gaceta de Francia, dice el  30 de agosto de 1819 que "...nada permite reposar al alma y a los ojos  sobre una idea consoladora; ni un rasgo de heroismo y de grandeza, ni un indicio de vida y de sensibilidad; no hay nada de conmovedor, nada de honorable para la humanidad; se diría que esta obra  ha sido hecha para alegrar la vista de los buitres". Efectivamente, estamos ante un cuadro que, de acuerdo con la estética kantiana y primera romántica, sirve para sensibilizar ideas morales. Pero no para elevar al ser humano al sentimiento de su dignidad, sino para hacerle consciente de su indignidad. Una idea, efectivamente, poco consoladora.



El barco de los esclavos

William Turner, El barco de los esclavos, 1840


En 1840 pinta Turner un cuadro titulado abreviadamente The slave Ship. Tiene como motivo la historia de un barco negrero que en 1783 hacía la travesía de África a Jamaica. Ante la llegada de un tifón, el capitán arroja a 132 esclavos enfermos al mar, para así cobrar un seguro que por muerte o enfermedad en el barco no sería posible. El cuadro de naufragio tiene, pues, como referente un hecho histórico, y representa una singularidad en la trayectoria del pintor, más conocido por sus cuadros luminosos de paisajes naturales, que evocan el sentimiento de los sublime. Jhon Ruskin opinó, no obstante, que bastaría este cuadro para que con él Turner pasara a la inmortalidad. Pero cuando fue expuesto no gozó del favor de la Royal Academy.
Para entender su génesis, (como ha demostrado John McCoubrey), es preciso situarle en el contexto de una campaña antiesclavista en Inglaterra, y frente a la postura de naciones como España, que hacía caso omiso de la prohibición del comercio de esclavos. En la gradación de los tres cuadros de naufragios que venimos analizando, este representa el momento más dramático. Se puede establecer una comparación en el mismo Turner con otra obra suya, el The Shipwreck, donde el naufragio ha sido tratado conforme a los cánones del sentimiento de lo sublime. Hay un contraste dinámico proporcionado por los efectos indicadores en diagonal de las velas amarillentas de los barcos y el blancuzco color, en un primer plano, del mar agitado que se abre como un seno agitado para tragar a los desesperados náufragos en los frágiles botes. No sabemos el desenlace, aunque se adivina. Pero el artista ha destacado el momento de la lucha por la supervivencia.

 William Turner, The Shipwreck, 1805


No es así en el cuadro de 1840. Lo resume muy bien el verso de la poesía "The Seasons", de James Thompson, que recoge Turner: "Hope, Hope, fallacious Hope!" ("Esperanza, Esperanza, falaz Esperanza"). A diferencia de los cuadros anteriores, el pintor no nos coloca ahora en medio de un naufragio, sino a distancia. El momento que destaca es el de los esclavos encadenados que gritan y se ahogan, el del barco en medio del tifón. Un cielo oscuro, progresivamente encolerizado en un color rojizo, empuja al barco hacia la izquierda del lienzo, recibiéndolo en un color negro mortal. El espectador no está asistiendo a una mera escena de naufragio sino de juicio final donde se condena por medio de una naturaleza enloquecida al ser humano. Es una escena de este mundo, que exterioriza lo que es en el fondo: un infierno. Es el mundo tal como lo percibiera Schopenhauer a la vista en Tolon de las miserias de los galeotes encadenados. Sin embargo, junto a la pérdida del sentido trascendente del dolor humano mantiene su extraña justicia cósmica. Pero en el cuadro de Turner se plantea una tensión irresoluble entre la justicia humana y la justicia cósmica. El naufragio no es aquí un castigo de Dios ni tampoco de los hombres. La solidaridad del espectador con los pobres esclavos no se ve compensada por el sinsentido de una naturaleza que les venga, destruyendo ciertamente el barco, pero también haciéndoles perecer a ellos. Es como si hubiera una zona de nadie en la que lo ahumano anida y no es posible hablar de justicia y de moral: los negreros y los esclavos.



Blog de José Luis Molinuevo:

 pensamiento en imágenes


Lecturas:

Jose Luis Molinuevo, Estéticas del naufragio y de la resistencia. Alfons el Magnànim, Valencia 2001


viernes, 26 de abril de 2013

La herida y el cuchillo

   Eugène Delacroix, La muerte de Sardanápalo (detalle) 1827



¡Yo soy la herida y el cuchillo!
¡Yo soy la bofetada y la mejilla!
¡Yo soy los miembros y la rueda,
Y la víctima y el verdugo!

Charles Baudelaire, Héautontimorouménos


"Soy un herético.
De modo que necesito a Dios.
Necesito ese Dios, necesito a mi enemigo,
necesito ese muro, para poder abrirme la cabeza".

Tadeusz Kantor, Escritos



Mario Praz en su libro La carne, la muerte y el diablo en la literatura romántica, analiza la filosofía del Marqués de Sade -autor que tanto influyera en los escritores del periodo motivo de su estudio-, a través de dos de sus novelas protagonizadas por personajes femeninos con tendencias completamente opuestas: una, Justine, como modelo de virtud que siempre recibirá a cambio continuos abusos y ultrajes, y la otra, Juliette, personificación del vicio y la crueldad siempre triunfante. Filosofía que invierte la valoración entre bien y mal de la moralidad cristiana en su idea de Dios y la creación.
Muy interesante la pardójica conclusión a la que llega Praz sobre los principios que ponen en marcha la naturaleza sadomasoquista imperante en las fantasías del Marqués.


Bajo la enseña del divino Marqués
(fragmentos)
Por
Mario Praz



(...) Sade, en efecto -y aquí está su originalidad- derriba la cómoda metafísica de Thérèse Philosophe, que era, por otra parte, la misma de Jean-Jaques. "Todo es bien, todo es obra de Dios" se convierte en él en: "Todo es mal, todo es obra de Satanás". En consecuencia, hay que practicar el vicio porque se ajusta a las leyes de la naturaleza (¡"les plus pures lois de la nature" de Rousseau!), que ordena destruir. El delito es el eje del universo.

Me digo: existe un Dios, una mano ha creado lo que yo veo, pero para el mal; ésa no se complace más que en el mal; el mal es su esencia, todo lo que esa mano nos obliga a cometer es indispensable a sus planes.... Aquello que yo caracterizo como mal, es probablemente un bien muy grande en relación al ser que me ha puesto en el mundo... El mal es necesario en la organización viciosa de este triste universo. Dios es un ser vengativo, malvado, injusto. La sucesión del mal es eterna; es en el mal donde ha creado al mundo, es por el mal que lo sostiene, es para el mal que lo perpetua; es impregnada de mal como ha de existir la criatura; es al seno del mal adonde regresa después de su existencia... La virtud es el valor opuesto al sistema del mundo, todos aquellos que la hayan aceptado están seguros de soportar terribles suplicios por la pena que padecerán al volver al seno del mal, autor y regenerador de todo lo que vemos... Yo veo el mal eterno y universal en el mundo. El mal es un ser moral no creado; eterno, imperecedero; ya existía antes que el mundo; el constituía el ser monstruoso que pudo crear un mundo extraño. El autor del universo es el ser más pérfido, más feroz y más horroroso de todos los seres. Por lo tanto, continuará existiendo despues de las criaturas que pueblan el mundo; y es en él donde acabarán todos, para volver a creas seres aún más malvados (...) (Juliette)

La naturaleza... camina hacia su finalidad con pasos rápidos, demostrando cada día a aquellos que la estudian que sólo crea para destruir y que la destrucción, la primera de sus leyes, ya que no logrará ninguna creación sin destrucción, le complace más que la procreación, a la cual una secta de filósofos griegos denominaba con mucha razón, el resultado de los asesinatos. (Justine)

No hay ser en el mundo... que por una acción, por desmesurada que sea, por irregular que parezca, pueda usurpar los planes de la naturaleza, pueda alterar el orden del universo. Los actos de este ser malvado son obra de la naturaleza tanto como la cadena de sucesos que él cree perturbar... Es... una verdadera blasfemia osar decir que una criatura endeble como nosotros pueda, sea en lo que sea, alterar el orden del mundo o usurpar el oficio de la naturaleza... ¿Puede la naturaleza ofenderse al ver que el hombre hace a su semejante lo mismo que ella ejecuta cada día?... Está demostrado que ella no puede reproducirse más que por la destrucción... Es preciso que el equilibrio se conserve y no puede ser de otra manera que por el crimen. (Justine)

Cuando hayáis visto que todo es vicioso y criminal en la tierra, el Ser supremo de maldad os dirá: "Por qué os habéis extraviado en los senderos de la virtud?... ¿Cuál es el acto de mi conducta en el que me he comportado como bienhechor? ¿Ha sido enviándoos pestes, guerras civiles, enfermedades, terremotos y tempestades? ¿Ha sido sacudiendo perpetuamente sobre vuestras cabezas las serpientes de la discordia como yo os convencía que el bien era mi esencia? ¡Imbéciles! ¿Por qué no me imitáis?" (Juliette)

La virtud sólo conduce a la acción más estúpida y monótona, el vicio a lo más delicioso que el hombre pueda esperar sobre la tierra. Dudar de que la suma más grande de felicidad posible que el hombre hallará sobre la tierra no sea irrevocablemente en el crimen, es dudar de que el astro sublime es el regenerador del universo, de la misma manera, el crimen es el centro de todos los fuegos morales que nos abrazan. (Justine)

Luego he aquí a Clarise privada del sostén de la fe y de la certidumbre de la recompensa futura.

Es -ya no lo encubriremos más- para apoyar este sistema, por lo que ofreceremos al público la historia de la virtuosa Justine. Es esencial que los imbéciles dejen de adorar a ese ídolo de la virtud, que hasta ahora no les ha pagado más que con ingratitud, y que las gentes con sentido común, generalmente entregadas por principio a las desviaciones deliciosas del vicio y al desenfreno, se reafirmen viendo los impresionantes ejemplos de la dicha y del éxito que los acompañan, casi inevitablemente, en el sendero desbordado que han elegido. Sin duda, es horrible tener que describir, por una parte, los infortunios espantosos con que el cielo abruma a la mujer dulce y sensible que respeta la virtud; por otra parte, la abundancia de prosperidad que sobrevendrá a aquellos que atormentan o mortifican a esta mujer, pero el hombre-de-letras, lo bastante filósofo para decir la VERDAD, supera esos disgustos y, cruel por necesidad, arranca despiadadamente al hombre ignorante que se engaña, el vicio en medio de los encantos y el poder que lo rodean y que sin cesar lo persiguen. Por esos motivos... vamos... a describir el crimen tal como es, o sea, siempre triunfante y sublime, siempre feliz y afortunado, y la virtud tal como se la ve, siempre desabrida y siempre triste, siempre pedante y desdichada. (Justine)

Es  inútil aludir aquí a las picarescas aventuras narradas en el díptico: Justine, ou les mlaheurs de la Vertu y Julliette, ou les prospérités du Vice. Vaciado su mundo de cualquier otro contenido psicológico que no sea el placer de la destrucción y de la transgresión, el marqués de Sade se mueve en un opaco clima de mera materia en el que las personas se degradan a un papel instrumental para provocar ese sedicente divino éxtasis de destrucción.(...)

La misma muerte de Justine es un accidente meteorológico. Para mostrar que la naturaleza está irritada contra su virtud, Sade la hace morir fulminada por rayo, después que Noirceuil (uno de sus torturadores) hubiera dicho:

Mis amigos, se nos acerca una terrible tormenta, entreguemos esta criatura al rayo, yo me convertiré si el rayo la respeta. (Juliette)

(...) Por "obscures et ténébreuses" que sean las vías seguidas para hacer más agudo ese éxtasis, las carnicerías de Sade ya no tienen sentido como experimentos químicos de gabinete:

He aquí lo que es el asesinato: un poco de materia desorganizada, algunos cambios en las combinaciones, algunas moléculas rotas y vueltas a echar en el crisol de la naturaleza que las devolverá bajo otra forma, en pocos días, a la tierra; por lo tanto, ¿dónde está el mal de todo ello? (Juliette)

El ciclo de esas posibles disgregaciones químicas que son sus suplicios se agota pronto, porque, como dice Proust, nada es más limitado que el placer y el vicio, y, jugando con las palabras, puede en verdad decirse que el vicio se mueve siempre en el mismo círculo vicioso. El sentido del infinito, expulsado de las relaciones humanas con la supresión de todo significado espiritual, se refugia en una especie de satanismo cósmico:

Es a ella (a la naturaleza) a quien yo quisiera ultrajar. Yo quisiera perturbar sus planes, obstaculizar su marcha, detener el curso de los astros, conmover las esferas que flotan en el espacio, destruir a quien le sirve, proteger a quien la perjudica, edificar a quien la sirve, proteger a quien la perjudica, edificar lo que la irrita, en resumen, insultarla en sus obras. (Justine)

En lo cual hay una reducción al absurdo de la "filosofía" de Sade, pues admitiendo que el objetivo de la naturaleza sea la destrucción, y que ninguna acción destructora puede irritarla u ofenderla (Sade mismo reconoce "La imposibilidad de ultrajar a la naturaleza es, según mi punto de vista, el suplicio más grande del hombre"), el supremo insulto que se lo podría dirigir, y del cual el sádico podría legítimamente derivar un placer de transgresión, sería justamente.... ¡la práctica de la virtud!
Y la suprema voluptuosidad será, en efecto, el remordimiento: desde Gilles de Rais a Dostoievsky, la parábola del vicio ha sido siempre la misma.(...)

De  modo que, naturalmente, es condición de placer sádico la existencia de la virtud, así como en la moralidad ortodoxa es necesaria la presencia del obstáculo que hay que superar, del mal que hay que vencer.

Tu dulce virtud (Justine) nos es esencial; es sólo la unión de esta encantadora cualidad y de los vicios que le opondremos lo que dará nacimiento a la más sensible voluptuosidad. (Justine)

(...) En fin, si el sádico rechazara del todo la creencia en la religión tradicional, se privaría de una fuente inagotable de voluptuosidad; la voluptuosidad de la profanación y de la blasfemia. De ahí la contradición lamentable de arrebatos como el siguiente.

Oh, tú que -se dice- has creado todo lo que existe en el mundo; tu a quien sólo conozco de palabra... ser extraño y fantástico que llamamos Dios; te declaro formalmente, auténticamente, públicamente, que no tengo por ti la más leve creencia, y esto es así por la excelente razón de que no encuentro nada, ni en mi corazón, ni en mi espíritu, que pueda persuadirme de una existencia absurda de la que nada en el mundo testimonia su solidez. (Juliette)

En resumen, Sade tiene que confundirse entre los creyentes, disfrazándose de uno de ellos, máscara sobre máscara como aquellos participantes de los bailes cortesanos en Francia de los que habla Saint-Simon, que llevaban una doble máscara-retrato, de modo que cuando se quitaban la primera se seguía engañado tomando la segunda máscara por el rostro, mientras había debajo uno verdadero, completamente diferente. En verdad, el quid, la naturaleza profunda del sadomasoquismo ("Soy la herida y el cuchillo", escribiría Baudelaire) es una mascarada, un disfraz que culmina en el orgasmo.
 


Lecturas.

Mario Praz, La carne, la muerte y el diablo en la literatura romántica. El Acantilado 1999

Marqués de Sade, Justine o los infortunios de la virtud. Tusquets editores 1994

Marqués de Sade, Juliette o las prosperidades del vicio. Tusquets editores 2009


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El pacto con la serpiente

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lunes, 15 de abril de 2013

Doble Visión

Monje Baozhi. Madera, período Heian, S. XI 
Kyoto, Monasterio de Saioji



No puedes olvidar lo exterior si quieres conocer lo interior. Lo interior se refleja en el mundo exterior.

Ânanda Moyî



"El Paraíso es un estado del ser en que la realidad externa y la interna son una y el mundo está en armonía con la imaginación. Toda la poesía habla de esa visión (...). Y en última instancia muchos se sustentan en esas imágenes de perfección perdida que ostentan ante sí quienes la recuerdan (capacidad del poeta para la anamnésis). Tal es el propósito único y total del arte, así como la justificación de quienes se niegan a aceptar como norma esas irrealidades que el mundo llama reales".

Kathleen Raine, Autobiographies



Doble visión
Por
Patrick Harpur
 La tradición oculta del alma (pgs 57-59)

El pueblo nganga del Camerún cree que nacemos con cuatro ojos, dos abiertos y dos cerrados. Los cerrados se abren al morir. Si un niño nace con los ojos abiertos, ve a los ancestros invisibles.Como esto resulta perturbador, hay que cerrar dos ojos del niño mediante rituales para que no "regrese" -es decir, para que no muera-. Y al contrario, a las personas con vocación visionaria hay que abrirles los dos ojos cerrados. Se toma una cabra que representa a la persona y ésta recibe sus ojos cuando el animal es sacrificado. A un miembro de los ngangas, Eric de Rosnay -que también era sacerdote jesuita- le abrió su segundo par de ojos, sin él saberlo, un maestro llamado Din. Pese a desconocer su propia iniciación, De Rosnay pronto "empezó a ver de otra forma". Sus ojos "estaban abiertos" a la violencia oculta  de la gente, y le sobrevenían imágenes de lo que había oculto en el corazón de las personas.
La apertura de los "ojos de la cabra", relacionada con la muerte y los ancestros, es una potente metáfora del poder de la intuición y el discernimiento. Es una imagen concreta de lo que William Blake llamaba "doble visión": la capacidad de ver, a través de la superficie de las cosas, lo que hay más allá. Los chamanes utilizan este poder para "ver dentro" de las personas y establecer qué mal padecen. Por ejemplo, pueden ver a un brujo luchando contra los ancestros por el alma de un paciente. Blake, por su parte, lo utiiza para hacer poesía:

Esta vida oscura de las ventanas del alma
distorsiona los Cielos de polo a polo
y te hacen creer una mentira
cuando miras con los ojos, y no a través de ellos.

Cuando sólo vemos con los ojos, vemos el mundo tal como aparece; cuando vemos a través de ellos, vemos el mundo tal como es. La primera es la vista literal; la segunda, la visión metafórica. Blake lo expresó de forma más sucinta:

Con mi ojo interior, es un hombre anciano y gris;
con mi ojo exterior, es un cardo en mi camino.

Con los ojos ve un cardo; a través de ellos un anciano. Ver nada más que un cardo es literalismo. Pero, de igual modo, si sólo viéramos "un hombre anciano y gris" estaríamos literalizando en otro sentido, convirtiendo la visión poética en ilusión o alucinación. Se trata pues de cultivar la "doble visión", que contempla el anciano en el cardo o la dríade en el árbol pero que no pierde de vista ni el cardo ni el árbol. "Pues doble es la visón de mis ojos, / y una doble visión me acompaña siempre."(Carta de William Blake a Tomas Butts)
Hay que conservar el sentido de la metáfora, de la traslación -de dos mundos interpenetrados-. Pero éste es también el movimiento fundamental de la imaginación. A través del mundo literal vemos Otro Mundo cambiante que hay detrás. Y así la naturaleza misma es vista como el Otro Mundo. "Para el hombre de imaginación", escribió Blake, "la naturaleza es imaginación misma." Es nuestro brusco literalismo, y sólo él, lo que paraliza el fluir de la naturaleza, lo detiene en seco e insiste en una única realidad "fáctica".
Todos los trabajos imaginativos nos reintroducen en la doble visión. Nos muestra otra realidad más profunda. Por muy prosaico que sea el tema de un cuadro de Cézanne o Van Gogh -un cuenco con fruta o un par de botas-, éste irradia vida propia. Está animado como una persona. Es una presencia. (Es un daimon) "La alternativa al literalismo", escribió Norman O. Brown, es "misterio." El arte expresa la misma "doble visión" que se requiere para ver, leer o escuchar bien.
Ver el alma como una sombra, como hacen tantas culturas tradicionales, es una imagen compacta de la doble visión. A una persona se la considera ante todo doble, como cuerpo y sombra, donde "sombra" evoca un gemelo oscuro, el inconsciente que sólo es visible cuando se bloquea la luz dominante de la conciencia. Pero, aunque es del todo concreta, también es fugaz e inasible.


Patrick Harpur también se refiere a la "doble visión" en su anterior libro El fuego secreto de los filósofos (pgs 321-322). En aquella ocasión escribió:



"Cuando el Sol sale, ¿no ves un Disco redondo de fuego similar a una Guinea?"
Oh no, yo veo un cortejo Innumerable de huestes Celestiales exclamando "Santo, Santo, Santo es el Señor Todopoderoso."

William  Blake, Una visión del Juicio Final


Cuando Blake veía el sol como una hueste celestial y no como una guinea de oro, su sol era más real porque había infundido en él más imaginación. El sol como guinea es el sol abstracto, generalizado, en el que encontramos nuestro mínimo común denominador; el sol hueste celestial es el sol visionario, tanto creado como percibido. El visionario ha pasado, a través de la vista a la visión. La imaginación no ve con el ojo, sino a través de él. "Que Dios nos guarde / de la visión simple y del sueño de Newton."
Pero vale la pena insistir en que la doble visión de Blake incluye al sol guinea, pues ver solamente la hueste celestial, tomar literalmente la visión, sería tan disparatado para Blake como ver sólo el sol guinea (una locura que nosotros, sin embargo, consideramos lo normal). (...) ; la mente de Blake ve a través del ojo y capta activamente el mundo con exuberancia creativa, y que esto es lo que hizo en la práctica queda demostrado, desde luego, por su arte.


william Blake, A Sunshine Holiday 1820


Podríamos llamar a la doble visión de Blake conciencia hermética, para la que no existen problemas dualistas de sujeto y objeto, consciente e inconsciente, etc. Hermes viaja libremente entre los mundos superiores y los mundos inferiores. Sus piedras, hermas, se levantaban en los cruces de los caminos, para señalar el hecho de que él es el dios de todas las zonas fronterizas. Cada daimon que aparece en una frontera -sea entre sueño y vigilia, entre día y noche, en el cambio de año o en cruces de caminos, en puentes o en riberas- es un rostro de Hermes. Por eso, llegar a un acuerdo con los dáimones es también desarrollar una forma hermetica de pensamiento, una percepción fronteriza que ve este mundo y el Otro simultáneamente, a uno en el otro y viceversa, entrelazados como las serpientes en el tirso de Hermes.
En realidad, la idea de doble visión no implica, en definitiva, ver dos cosas a la vez ni traducir una cosa a otra. Debería ser un modo único de visión, formado, como si dijéramos, dentro del ojo, en el que la duplicidad de las cosas -como en las mejores metáforas- es evidente a la mirada porque estamos simultáneamente viendo, y viendo a través de lo que vemos.


 Lecturas:

Patrick Harpur, La tradición oculta del alma. Atalanta 2013

Patrick Harpur, El fuego secreto de los filósosfos. Atalanta 2006


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lunes, 8 de abril de 2013

Kathleen Raine: Poesía y Naturaleza

Kathleen Raine en 1951


"Kathleen Raine (Londres, 1918-2003) es una de las voces literarias más profundas e iluminadoras de nuestro tiempo. Poeta de la trascendencia, del anima mundi, del misterio ontológico encarnado en la naturaleza, luchó todos sus días para dilucidar la sabiduría sacramental de la Imaginación, esa sabiduría inherente a la realidad e inmanente en la naturaleza y en el intelecto que irradiaba su maestro William Blake".

De la contraportada de Poesía y naturaleza, Tres fronteras ediciones 2008


Tres poemas de Kathleen Raine seleccionados de la edicion y traducción de Adolfo Gómez Tomé.



 MENSAJE DESDE CASA


¿Recuerdas, cuando fuiste niño,
que nada en el mundo te parecía extraño?
Percibías, por vez primera, formas y familiares,
y viendo, te percatabas de que siempre habías conocido
el liquen en la roca, las hojas del helecho, la flor del tomillo,
como si los elementos se juntaran nuevamente en tu cuerpo,
atrapados en el torbellino momentáneo de tu vida
que todavía mantenía el conocimiento de un estado primigenio;
en ti recuerdo retenido de nube y océano,
la enramada del árbol, la lengua de fuego.

Ahora, cuando la oscuridad de la naturaleza se te hace extraña,
y vagas, forastero, por las calles de la ciudad,
recuerda que la tierra te acogió en su seno con el aire, con los rayos del sol,
te posó en sus aguas dormidas, a que compartieras el sueño
de la trucha entre las raices de la milenrama,
de sustancia de estrella y océano te formó,
en el mismo origen que sol y follaje, pez y arroyo
te concibió.

De todas las criaturas uno solo es el origen,
simple, singular como el amor; recuerda
la célula y la semilla de la vida, la esfera
que es, de niño, blanco pájaro, o breve libélula azul
del helecho verde, o de la dorada tormentila con sus cuatro pétalos
la postrer memoria.
Cada célula latente disemina un futuro,
despliega su inimitable complejidad
como un árbol hace brotar hojas, y urde un destino que teje
pecilo de helecho, plumaje de pájaro, escamas de pez.
El musgo expande su verdosa membrana sobre la turba empapada,
el germen de la libélula cobra ánima y levanta el vuelo
del mismo modo que el nenúfar del barro asciende sobre su tallo viscoso
para abrir un dulce, albo cáliz al cielo.
El hombre, con más largo trecho que recorrer de su simplicidad,
del arcaico musgo, pez y lirio se separa,
y en el exilio hace su largo camino.

Cuando dejes atrás Edén, reuerda tu casa,
porque trayendo a la memoria la esencia de tu ser
no estarás solo; los primeros en saludarte
serán esos niños que juegan a la orilla del arroyo,
las nutrias nadarán hasta ti en el remanso,
el ciervo salvaje correrá a tu lado por el páramo.
Adéntrate más en la espesura, y vendrán las aves,
los peces se alzan para verte en sus enjambres plateados,
y más oscuras, mas extrañas, vidas más misteriosas
vendrán a ti en tropel al manatial
donde las raíces más profundas del árbol beben del abismo.

Nada en ese abismo te es extraño.
Duerme sobre la raíz del árbol, donde se urde la noche
para formar la materia del universo, escucha los vientos,
las mareas, las armonías de la noche, y sabe
todo lo que sabías antes de empezar a olvidar,
antes de que te convirtieras en un extraño de ti mismo,
antes de que te hubieras alejado demasiado de esos otros
niños del origen, que han permanecido en casa,
en pradera, isla y bosque, en mar y río.
La Tierra envía amor materno tras su hijo exiliado,
confiando su mensaje a la luz y al aire,
al viento y a las olas que llevan tu barco, a la lluvia que cae,
al pájaro que te convoca, y a todas las miríadas de peces
que nadan en las aguas natales de su océano.


AL SOL 

1

Sol, gran dador de todo lo que es,
una vez más regreso del sueño a tus tiempos y lugares
como el vuelo de los gansos sobre Londres en esta luz de la aurora
antes de que la ciudad de los humanos invada tu espacio inmaculado.
Sol, don de dones, tus vertiginosos rayos
tejen de nuevo cosas cotidianas, familiares, epifanías
de árboles, hojas, alas, perlas de lluvia, prodigios de luz.
Tu dorada máscara cubre la desconocida
Presencia de aquel que abre todos los ojos
en cuya cegadora oscuridad nadie puede mirar.
Nubes y montes y jardines y mares y bosques,
rascacielos, polvo y basura, objetos rotos y olvidados
reciben por igual del manantial más puro y sacrosanto
ser y significado, mensajes que la mañana trae
a este umbral donde me encuentro.
Anciana, me maravillo de haber sido, de haber visto
tu reino del todo y de la nada, sol que todo lo das.


2

Qué nombre darte, don de dones,
dios, ángel, estas palabras sirvieron en un tiempo, pero nunca más
el carro de Apolo o los caballos de Surya imaginados en piedra
de Konarak (templo del sol en la India), gloriosa metáfora del poder creciente
del sol infatigable desde el eterno Oriente. Mi tiempo
tiene otros símbolos, ondas de luz en aceleración, años luz, rayos
girando eternamente en la esfera ilimitada del espacio,
vacío inmenso de lo que no es,
equívoca apariencia de la materia etérea:
La ciencia tan sólo otro grandioso mito que soñamos,
ptolemaico i copernicano, o el paradigma de Einstein
menos real que esos espléndidos caballos de piedra
a medida que la luz triunfa sobre la oscuridad todavía un día más.
¡Más ningín mito se acerca a lo que, ante nuestros ojos, tú eres, o pareces!
En tu numinosa gloria te he visto alzarte
desde más allá de las Islas Farne derramando tu fulgor
sobre los fríos mares del norte, o sobre los mares de Grecia,
he visto tu gran círculo alzarse desde el océano Índico.
Mientras circundas la tierra los pájaros cantan tu llegada cada mañana,
flores nuevas se abren en el yermo, los jardines, las escombreras,
todo lo vivo es tu séquito, como ante todos los ojos convocas,
don de dones, el despliegue de tus cielos
los inmensos y diminutos espacios de nuestra tierra, a cada cual el todo,
y hoy aún vuelvo a recibir de tu tesoro inagotable
de luz, esta habitación, este verde jardín, mi ilimitado universo.


3

Sol ancestral, ¿te acuerdas de nosotros,
hijos de la luz, contemplándote con ojos vivos?
¿Nosotros como tú, tú como nosotros? Parece
que nos miras desde lo alto con vivo rostro:
quién soy yo que veo tu luz sino la luz que veo,
detenida un instante en la forma que me cubre, tu destello.

He estado en la orilla de muchos mares,
de lagos y ríos, y sobre las aguas siempre,
por esas simas abisales del miedo
tu senda dorada ha llegado del miedo
tu senda dorada ha llegado hasta mí
que no soy sino una entre todos los que se van y vuelven.

Sol cegador, con tu corona de llamas, tus socavones de fuego,
Presencia, imponente teofanía,
¿estoy en ti, estás tú en mí,
centro infinito de tu ilimitado reino
donde la muchedumbre canta Santo, Santo, Santo*?
¿Entras en lo oscuro, o soy yo?

4

No es que la luz sea santa, sino que lo santo es la luz:
Solamente viendo, siendo, conocemos,
extasiados, sin aliento, arrobamiento del corazón.
Ni el microscopio ni el telescopio pueden descubrir
lo inmensurable: no en lo visto sino en el que ve
epifanía de lo rutinario.
Un jacinto en un vaso era, sobre mi mesa de trabajo,
ante mis ojos se abrió allende la belleza el flujo vivo, puro de luz.
"Soy yo", supe entonces, "yo soy esa flor, esa luz soy yo,
el que ve y lo visto a un tiempo."
Lejos en el pasado, mas para siempre; pues nadie puede des-conocer
el Paraiso nativo en cada brizna de hierva,
guijarro, y partícula de polvo, inmaculado.

"Así ha sido y será siempre", supe entonces,
ni la inmundicia, ni la violencia, ni nuestra propia ignorancia
pueden profanar ese manantial sagrado:
¿Por qué iba yo, una entre la muchedumbre innúmera de la uz,
a temer en mi desaparición ser lo que siempre es?

* Reminiscencia de "Una visión del Juicio Final" de William Blake, su maestro "Cuando el Sol sale, ¿no ves un Disco redondo de fuego similar a una Guinea" Oh no, yo veo un cortejo Innumerable de huestes Celestiales exclamando "Santo, Santo, Santo es el Señor Dios Todopoderoso."


TESTIMONIO

1

¿A estas alturas, por quién,
a quién hablo? ¿Por el viejo, por el joven,
o por nadie? A ninguno
de ellos: desde el eterno al no nacido, al imperecedero
hablo, yo, que estoy sola
en un tiempo y un lugar donde nadie
me encontrará, yo, que ya no estoy aquí,
cuando tú, quienquiera que seas,
viejo, joven, a medio camino por la vida
estés conmigo en este no lugar, en este no tiempo
infinito, donde cada uno es, quien un instante aguanta,
como yo ahora en tu corazón, el orbe.
Igual que tú soy
cáliz  de corazón, lleno un instante
de océano y aire y luz,
este cuerpo, este cáliz que se desborda
con la Presencia única, se irá,
disuelto una vez más, y una vez más y una vez más
gota en el océano,
será uno contigo, nunca más
esta mujer cuya mano escribe palabras no mías,
legadas por la multitud de los que una vez vivieron,
aquellos que conocían, amaban, comprendían y nombraban
saberes transmitidos
a los que han de llegar, cuyos rostros no veré,
y, sin embargo, al tiempo que escribo estas palabras, soy ya uno con ellos.


2

¿Qué puedo deciros, hombres futuros,
yo que soy vieja, yo que fui joven,
que fui niña, yo que fui
en mi ilimitado aquí y ahora como vosotros?
Esta mano que escribe desde mi oscuro mundo
en vuestro oscuro mundo venidero
da fe del deleite del corazón.
Vosotros que seréis, como yo,
la sangre derramada del propio corazón,
una y otra vez, sangre engendradora
buscando siempre el éxtasis de ser
la eterna presencia de lo siempre vivo,
¿qué puedo nombrar sino el misterio único
que aquí y ahora es para mí
este sol luminoso, este albor del cielo?


3

Estoy vieja, estoy sola,
como otros están solos esta noche,
en el pequeño círculo de mi luz,
recluida en los cuatros muros de mi alcoba invernal,
recluida en mi piel, marchitada por el tiempo,
recluida en mi corazón, que palpita exangüe
su destino un día más hacia el fin del tiempo,
más leve la soledad a solas,
pronto el no ser...
aun el que todo lo abarca,
elocuente en el silencio, presente en la ausencia, intemporal,
joven en lo viejo, viejo en el recién nacido
en todas partes y en ninguna, es fugaz, es efímero,
y ahora, al tiempo que escribo, es íntimo, es mío.


Kathleen Raine en 1987


Lecturas:

Kathleen Raine, Poesía y naturaleza. Tres Fronteras Ediciones 2008


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