Foto: Trencadís (cerámica fragmentada) en el Parc Güell de Barcelona

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miércoles, 23 de septiembre de 2009

El joven y el hada

El hombre pútrido (S. Trismosín, Splendor solis, 1532-35)



"Entre los regalos, se encontraba un cofre que el joven siempre había soñado poder abrir. Lo hizo enseguida y en él encontró la descripción del rostro de su bienamada.
Cada vez más inflamado de amor, el joven se entregó a encantamientos hasta que, al cabo de cuarenta días, el hada se le apareció. Al examinarla de pies a cabeza descubrió que había surgido de él mismo.
Asombrado, dijo: "¿Cómo has podido penetrar así en mi?".
Ella respondió: "Desde el primer día, siempre estuve contigo; soy tu alma. Lo que buscas sin cesar no es distinto de ti mismo. ¿Por qué no quieres usar tu inteligencia?
Si miras bien, verás que el universo entero no es distinto de ti mismo; tú eres el alma gemela de todas las cosas, dentro y fuera de ti".

Farid ud-Din Attar

4 comentarios:

Pola dijo...

Hola Jan,
me alegra mucho saber que has decidido iniciar tu propia bitácora y te deseo mucha suerte con ella: que las Musas te sean propicias.

No quería pasar sin dejarte un saludo y tratar de apotar algo al texto tan hermoso que has subido como post inaugural. Te dejo aquí este fragmento sobre la contemplación de la Belleza perteneciente a las “Enéadas” de Plotino.

Un fuerte abrazo,

Pola.

“Por consiguiente, Zeus mismo y aquellos de nosotros que, junto con él, aman el mundo inteligible, contemplan fácilmente esos objetos divinos, junto con esa Belleza que brilla desde todas partes, y todo lo que participa de la Belleza que allí existe. Pues todas las cosas brillan allí con gran fulgor e iluminan con su luz a quienes las contemplan, de modo que éstos se embellecen con su brillo; igual ocurre a quienes ascienden a las más elevadas montañas, donde la tierra es amarilla, pues son inmediatamente afectados por el color y adquieren un tono dorado similar a la tierra por la que ascienden. Pero el color que florece en el mundo divino es la Belleza; o, más bien, cada cosa allí es íntegramente color y belleza en profundidad. Pues la Belleza no es allí como la vemos en la superficie de los cuerpos. Quienes no perciben el todo, sólo consideran belleza la que resplandece en las superficies; pero quienes están completamente colmados con el néctar embriagador de la contemplación divina, al haberse fundido la Belleza hasta los más recónditos rincones de su alma, no son sólo espectadores; en este caso el espectador no es ya externo al espectáculo, pues el que agudamente percibe contiene el objeto de su percepción en los abismos de su propia esencia; si bien, aunque lo posea, es a menudo ignorante de lo que posee. Pues el que contempla alguna cosa como externa, la contempla como algo visible, y como quiere percibirlo lo observa con distancia. Ahora bien, lo que es contemplado como perceptibe, es cotemplado como algo externo; pero es necesario que transfiramos el espectáculo divino a nosotros mismos, y lo contemplemos como uno y lo mismo que nuestra propia esencia; del mismo modo que si uno se siente impelido por el vigoroso impulso de algún dios, sea Apolo o alguna de las Musas, debe procurar contemplar en sí mismo al dios; puesto que en lo más hondo de su propia esencia contemplará la divinidad.”

Jan dijo...

Muchas gracias Pola por dejar esa piedra preciosa en este humilde cofre, que sin duda contribuirá a llenarlo de luz, y gracias también por tus deseos de buenos augurios en la puesta en marcha de este lugar.

Muy acertado y enriquecedor el texto que has dejado y ademas de un autor de muchos kilates, nada menos que Plotino. Autor fundamental sobre las cuestiones que nos interesan, del que conozco algo de su obra pero que duda cabe es merecedor de dedicarle un estudio mas completo.
Y feliz coincidencia el que tú lo menciones aquí, pues el otro día recibí las obras que de él tiene editado Gredos, razón de más para lo antes posible acometer su lectura que hace ya tiempo quería iniciar.

Pola, esta es tu casa, y siempre que quieras será un placer recibirte en ella.

Un fuerte abrazo.

Jan

Sahaquiel dijo...

Hola, Jan

Me alegra ver que has comenzado tu blog.
El fragmento es precioso y me recuerda, en parte, el relato de los "nueve ciegos" de Giordano Bruno a quienes Circe les entrega un cofre que sólo podría ser abierto por Diana, la única capaz de otorgarles la verdadera visión.

Muy interesante todo.

Un abrazo.

Jan dijo...

Amigo Sahaquiel,

es un placer encontrarte por aquí, y sí, me he animado a poner en marcha este lugar que como ves, está dentro de una temática sobradamente conocida por tí y presente también en tus blogs, en los que he disfrutado mucho con los intercambios mantenidos. Espero seguir haciéndolo, ahora también en FRAGMENTALIA, y te digo como a Pola, que te sientas como en tu casa.

Un abrazo.