Foto: Trencadís (cerámica fragmentada) en el Parc Güell de Barcelona

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domingo, 18 de septiembre de 2016

El jardín platónico


J. W. Waterhouse, Psique abriendo la puerta al Jardin de Cupido (1904)


"Y como la vida se ha manifestado y cunde perennemente entre los seres, por eso se dice que los dioses celebran un festín, como gozando de una dicha parecida a la de un festín. Y así es como éste, el Amor, comenzó a existir necesariamente y por siempre, nacido de la aspiración del Alma a lo superior y al Bien, y así es como existió por siempre desde que el alma existe".

Plotino, Enéadas (III, 5)



Interpretaciones platónicas del jardín
(fragmento)
por
Francisco Fonseca Martín
(Universidad del País Vasco)




En los textos de Platón aparece en algunas ocasiones la metáfora del jardín, se menciona el jardín de Zeus y el de Eros. Queremos entender por qué Platón recurrió a tal imagen y qué significa.
Para entenderlo buscamos en los textos de Platón, y también, especialmente a los de Plotino (s.III d. C .) y Ficino (s.XV) que desglosaron algunos de los textos que citamos y atendieron la cuestión con detenimiento.
Respecto a quien es Zeus, y qué simboliza, lo más próximo que encontramos a una definición del estatus de Zeus lo hallamos en el Filebo de Platón, cuando dice: «en la naturaleza de Zeus hay un alma de rey y un intelecto de rey». En Fedro lo denomina: «poderoso señor de los cielos, conduciendo su alado carro, marcha en cabeza, ordenándolo todo y de todo ocupándose».

 Recreación de la estatua de Zeus en el templo de Olimpia


Vemos que Zeus parece regentar el lugar más alto de la jerarquía entre los dioses, y representa el más elevado grado del saber.
Plotino, cuando estudió las definiciones de Platón respecto a Zeus dedujo que: «Zeus ha de ser idéntico a la Inteligencia, mientras que Afrodita, que es su hija, nacida de él y con él habrá de ser identificada con el Alma (...) Afrodita se identificará con el alma de Zeus».
Platón se refería del siguiente modo al nacimiento de Afrodita: « Cuando nació Afrodita, los dioses celebraron un banquete y, entre otros, estaba también Poros, el hijo de Metis. (...) Poros embriagado entró en el jardín de Zeus y entorpecido por la embriaguez se durmió. (..) Poros se acostó a su lado y concibió a Eros».
De modo que por un lado Zeus, representa la Inteligencia, conoce la verdad porque la contempla directamente de las ideas supracelestiales. Por otro lado esa misma inteligencia conocedora de la verdad, —que es única, según el sistema platónico— genera (en la mente de los hombres) el deseo de conocimiento, que aparece figurado por Afrodita.

Venus-Afrodita bajo Eros-Cupido en La Primavera de Botticelli


Respecto al jardín de Zeus y Eros 

Como hemos visto, según el texto de Platón, Afrodita nació en el jardín de Zeus, y el jardín ¿qué simboliza? Platón es escueto al respecto, pero Plotino se extiende en ello y lo explica del siguiente modo:

 ...todo jardín es un engalanamiento y un lujo de riqueza. Más la finca de Zeus está engalanada con una razón, y su lujo son las galas transmitidas al Alma por la Inteligencia en sí. ¿O qué otra cosa puede ser el jardín de Zeus sino sus estatuas y sus galas? Y sus galas y sus adornos ¿qué pueden ser sino las razones emanadas de él? Y el conjunto de razones es Poros, la profusión y la riqueza de cosas bellas hechas ya patentes. Y en esto consigue el embriagarse de néctar. Porque ¿qué es el néctar para los dioses sino lo que la divinidad toma? Ahora bien, lo que toma la divinidad sita bajo la Inteligencia es una razón. (...) la Razón es prole de la Inteligencia. (Enéadas, III, 9, 5-2)

Ficino se lo explica del siguiente modo: « Por el jardín de Júpiter se entiende la fecundidad de la vida angélica, en la cual cuando desciende Poro, o sea, el rayo de Dios, unido a Penia, esto es, la indigencia que antes había en éste, crea el amor».

Ilustración de Le Roman de la Rose


De todo ello podemos deducir que el jardín se nos presenta, sobre todo como algo grato y fecundo, esa fecundidad no es otra que la inteligencia, que a su vez engendra el deseo de verdad, y este deseo es una forma de amor. Dicho de otra manera es inherente a la inteligencia el amor, porque nada da frutos más jugosos y provechosos que el descubrimiento de la verdad, que es una forma de amor, la más elevada.
Hay que entender el nacimiento de Afrodita en el jardín de Zeus, como un fruto de ese jardín fecundo, y el jardín como una metáfora de los dones de la inteligencia. El Uno se prodigó para comunicar al mundo sublunar, es decir a las cosas y a los hombres su «divina influencia», Ficino incluso dijo que el amor nació (en el jardín de Júpiter), «engendrado a la sombra de la vida, puesto que el deseo de entender nace inmediatamente después del vigor de la vida». Afirmando así que vivir verdaderamente significa buscar el saber, desear la verdad. Aunque la sola razón resulta insuficiente para alcanzarla; en ocasiones, los que se aplican intensamente a tal búsqueda, alcanzan un temporal éxtasis místico que les permite vislumbrarla, y es ésta, precisamente, la más plena actividad de la inteligencia.
Y, ¿cómo entender el jardín en el que suele aparecer Eros? Los Eros o amores, son hijos de Afrodita; pues cada forma de la belleza despierta o engendra uno de esos amores. Esa multitud Eros o de deseos que la belleza despierta, deseos que mueven el mundo, que generan la actividad del mundo y que constituyen el estímulo de la vida, suelen aparecer representados en los jardines, pues sugieren la idea de fertilidad, prodigalidad y abundancia. A unque, como sabemos, dentro de esos deseos hay una distinción entre los más terrenales, los dirigidos a la belleza de los cuerpos, y, otros —considerados por los platónicos más elevados, y finalidad última de todo saber— los que buscan la belleza de lo imperecedero, o el conocimiento de la verdad. Aplicarse a la búsqueda de este conocimiento, sería la manifestación del amor más elevado.

 Hermes elevando a Psique hacia el Olimpo, Loggia di Psiche, Villa Farnesina



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El Amor transformador en La Primavera de Botticelli

Sobre la Belleza


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lunes, 5 de mayo de 2014

Desapego melancólico




Considérate como extranjero y peregrino en esta tierra, como quien nada tiene que ver con los asuntos de este mundo.

La imitación de Cristo, I, XXIII


¡Hombre! Renuncia a ti mismo y así, libre de afanes, gana el premio o, aferrándote a ti mismo, con tus afanes, piérdelo.

Maestro Eckhart


Deja que mi casa se convierta en ruinas.

al-Gazzali (Algacel, m. 505/1111)

 
Michel Hulin en uno de los capítulos de su ensayo La mística salvaje, muestra la similitud entre determinados estados descritos en diversos textos por autores occidentales y lo que se conoce en la espiritualidad India como vairagya. Este concepto cuya traducción sería "desencantamiento" o más exactamente "desapasionamiento", sería expresión de cierto clima apacible acompañado de una lucidez adquirido por quien se ha desengañado de las conquistas de este mundo. Es bastante habitual dentro del esquema de la sociedad hindú, que en edad madura muchas personas lleven a cabo un retiro de la sociedad por el que siguiendo determinadas prácticas ascéticas, reorientan sus vidas hacia una trascendencia existencial. 
En el caso de los escritores analizados, el desapego o apartamiento de las cuestiones mundanas irá acompañado de una mirada melancólica junto a la sensación de feliz comunión hacia el espectáculo de la vida que se les muestra a través de una visión poética, ajena a las valoraciones y juicios adquiridos por la persona. Desde esa "sencillez del corazón", el binomio objeto-sujeto así como la percepción basada en la diferenciación de opuestos desaparecerá  para dar paso a una conciencia de unidad.


La mística salvaje
(fragmentos)
por
Michael Hulin

(...) Una cierta exaltación secreta se apodera incluso del alma mística ante el espectáculo  de las cosas más humildes, más despreciadas, más abandonadas. Es lo que sucede en este pasaje de la Autobiografía de J. C. Powys:

Una misteriosa satisfacción que parece  desprender el ser íntimo de los viejos postes, de los viejos montones de piedras, de los viejos alminares de paja. Esas sensaciones surgen de la blancura mate de los caminos que se desvanecen en el crepúsculo y también de las cunetas, de los mares solitarios, de los árboles aislados, de los molinos de viento que se recortan contra el cielo. Lo que quisiera destacar aquí es que el placer que yo obtenía de la presencia de esas cosas no me parecía un placer estético... Se trataba de una "revelación" misteriosa que se revelaba entre esas cosas y yo. Era como si hubiera reconocido la existencia de un lazo oscuro que nos unía, como si hubieramos sido sólo uno en tiempos muy antiguos. Postes, barreras, setos, montones de piedras, todo formaba parte de mí mismo.


Al evocar el recuerdo de sus paseos por la campiña inglesa, J. C. Powys hace surgir una atmósfera de inmovilidad crepuscular. Un detalle un poco más preciso que los otros -la blancura de los caminos, al caer la noche, contra el verde oscuro de la vegetación- comunica su carga efectiva a las demás observaciones, suscitando una impresión general de luz declinante, de silencio y soledad. Y, en esa oscuridad naciente, la mirada del escritor parece fijarse preferentemente en objetos tales como setos, cunetas, almiares, etc., que tienen en común el señalar la influencia del trabajo humano sobre la naturaleza exterior, pero de manera modesta y discreta, hasta el punto de fundirse casi con el paisaje. La simplicidad esencial de esos objetos es testimonio de un inmemorial ajuste mutuo del hombre y la naturaleza, una especie de pacto tácito concluido entre una cierta región y una antigua civilización agrícola. Al mismo tiempo, a la luz sin brillo del día que declina, esas cosas se ofrecen tal como son: frágiles, ruinosas, vetustas. Para el paseante solitario que las cruza de paso, cada una es un espejo que le devuelve la imagen de su propia caducidad. Y parecería que la chispa mística brotase de esta proximidad, como si el paseante tomara conciencia bruscamente de una enigmática solidaridad de destino entre él mismo y las formas emergidas de ese suelo que él pisa con sus pasos a la espera de reposar, a su vez, en él. Abdicar de cualquier pretensión de un destino glorioso, imperial, solar, y, en esa misma abdicación, tomar de nuevo contacto con la Necesidad que mantiene en su lugar en el ser la menor mota de polvo: esto es lo que se llama "humildad" (de "humus", suelo o tierra). La humildad es tal vez la verdadera fuente de toda alegría, sea mística o no.
Vayamos, para terminar, a lo que sin duda es la obra maestra de toda esta literatura de desapego melancólico, la Carta de lord Chandos, del poeta y dramaturgo austriaco Hugo von Hofmannsthal (1901). Aunque lord Chandos, "hijo menor del conde de Bath", fuera un (modesto) personaje histórico de la Inglaterra del siglo XVII, en realidad es el propio H. von Hofmannsthal quien se expresa a través de él. En la primera parte de esta muy larga carta -que se supone dirigida a Francis Bacon-, lord Chandos trata de justificar ante su ilustre corresponsal el hecho de, tras unos brillantes comienzos literarios, haber decidido abandonar definitivamente la escritura, y también la política, para llevar en sus tierras una vida de gentleman-farme lo más discreta posible.
Se resumiría muy bien esta primera parte diciendo que constituye ante todo una abjuración en regla -por lo demás muy elocuente- de toda forma de retórica. Lord Chandos explica con muchos detalles cómo poco a poco se ha liberado de todos los grandes ideales -políticos, religiosos, estéticos, etc.- de su juventud. Ha sido llevado a ello por una toma de conciencia del inevitable exceso de las palabras sobre las cosas, de la fatal traición a la realidad de las cosas por parte de las palabras. Emitir juicios morales, participar en los debates políticos y filosóficos de su tiempo se había vuelto imposible para él, pues explica: "Las palabras abstractas (...) se deshacían en mi boca como champiñones podridos". Y en vano buscó refugio en el mundo espiritual de los Antiguos, pues tuvo que constatar que, incluso en Platón, las ideas filosóficas "no tenían relación más que entre ellas mismas, y que lo que mi pensamiento tiene de más profundo y más personal quedaba excluido de su mundo". Es entonces cuando intenta que su corresponsal penetre en el corazón oscuro de su experiencia:

Desde entonces, llevo una existencia tan taciturna y vacía de pensamientos que difícilmente -me temo- puede usted imaginarla; una existencia que apenas se distingue, después de todo, de la de mis vecinos, parientes y otros gentilhombres del campo de este reino, y que no está enteramente desprovista de momentos felices y reconfortantes. No me es fácil sugerir en qué pueden consistir esos instantes, lo que se me anuncia es algo sin nombre, algo apenas designable que viene a verter, como en un recipiente, en cualquiera de los objetos que cotidianamente me rodean, el raudal desbordante de una vida exaltada. No es fácil que me comprenda sin la ayuda de un ejemplo, así que solicitaré su indulgencia por la futilidad de los que le cito. Una regadera, un rastrillo abandonado en pleno campo, un perro al sol, un miserable cementerio, un lisiado, una pequeña casa campesina, todo eso puede convertirse en el receptáculo de mi revelación. Cada uno de esos objetos, como otros mil semejantes sobre los que resbala la mirada con una indiferencia evidente, puede, en un instante que en absoluto está en mi poder convocar, revestir ese aspecto sublime y desgarrador que las palabras me parecen demasiado pobres para explicar.
(...)
Cuando, como la otra tarde, encuentro bajo un nogal una regadera medio llena, olvidada allí por algún jardinero, con el agua oscurecida por la sombra del árbol y surcada de un borde al otro por un insecto acuático, toda esa reunión de cosas insignificantes me comunica tan intensamente la presencia del infinito que un estremecimiento sagrado me recorre desde la raíz del cabello ala base de mis talones, hasta el punto de que querría estallar en palabras que, si las encontrara, derribarían a esos querubines en los que no creo. Entonces, en silencio, me alejo de ese lugar, y, durante una semana, cada vez que veo ese nogal alejo de él tímidamente la mirada, pues no quiero expulsar el vestigio de maravilla que todavía flota alrededor de su tronco.
(...)
En esos instantes, una criatura ínfima, un perro, una rata, un escarabajo, un manzano raquítico, un camino abierto al tránsito que serpentea por el flanco de una colina, una piedra cubierta de musgo, se ma hacen más preciosos que la más hermosa de las amantes abandonándose en la noche más feliz. Esas criaturas mudas y a menudo inanimadas surgen ante mí con tal plenitud, con tal presencia de amor, que mi mirada colmada ya no sabe descubrir la menor parcela de existencia que esté desprovista de vida. Me parece entonces que todo lo que existe, todo lo que recuerdo, todo lo que emana de mis pensamientos más confusos, posee significado. Hasta mi propia inercia, la torpeza habitual de mi cerebro, me parece llena de sentido. Siento así en mí, y alrededor de mí, un delicioso juego de contrastes, y entre los objetos que se oponen de ese modo no hay ninguno en el que yo no pueda derramarme. Mi cuerpo me parece entonces hecho de puras cifras por las que todas las cosas me son reveladas. O me parece que podríamos entrar en una relación nueva y mágica con la existencia, por poco que comencemos a pensar con el corazón. Pero cuando ese extraño hechizo me abandona, ya no estoy en condiciones de decir nada de ello. Sería tan poco capaz de expresar con palabras razonables en qué consiste esta armonía entre mí y el universo entero, y cómo se me ha vuelto perceptible, como lo soy de dar indicaciones precisas sobre los movimientos internos de mis vísceras o sobre los estasis de mi sangre.
(...)
Estoy reconstruyendo un ala de mi casa, y voy de vez en cuando a conversar con el arquitecto sobre los progresos del trabajo. Administro mis bienes; y mis granjeros y mis criados, si tal vez me consideran algo más taciturno, no podrían encontrarme menos benevolente que en otro tiempo. Ninguno de los que, de pie, en el umbral de su casa, se quitaba el sombrero para saludarme, cuando paso a caballo por la tarde, adivina que la muda nostalgia de mi mirada recorre las tablas carcomidas bajo las que ellos buscan habitualmente lombrices para la pesca, atraviesa las estrechas ventanas enrejadas y se hunde en el cuarto apenas ventilado donde, en un rincón, el lecho cubierto por una colcha de colores parece esperar a alguien que valla allí a nacer o a morir, que mis ojos se fijan en los perrillos sin gracia, o en el gato que se desliza, ágil, entre los tiestos con flores, y que, entre todos los miserables y rústicos utensilios de la existencia campesina, buscan a aquel, posado o apoyado, cuya forma no aparente, cuya existencia inadvertida, cuya esencia muda, puede convertirse en fuente de rapto enigmático, silencioso y sin límites. Pues la felicidad que no tiene nombre surgirá de un fuego de pastor lejano y solitario más que del espectáculo de las constelaciones, del canto de un último grillo, destinado a la muerte, cuando ya el viento del otoño expulse las nubes del invierno por encima de los campos despojados más que del sonido majestuoso de los órganos...

Se encuentra aquí, suntuosamente orquestado y desplegados con un arte soberano, los mismos Leimotiv que en el texto de J. C. Powys, en particular la misma atención prestada a los humildes testigos de una simbiosis secular entre la vida campesina y el territorio en que se enraíza. Pero esa especie de adoración muda de los utensilios de su existencia cotidiana por parte de lorn Chandos, el aristócrata al que se supone que una barrera de clase ha separado del mundo de sus granjeros y aparceros, representa una bajada voluntaria de mayor alcance todavía.  Lord Chandos encarna aquí el espíritu mismo del desapego melancólico, el vairagya indio refractado en una conciencia occidental moderna. De ahí su predilección  por todo lo que evoca la victoria de la inercia de las cosas sobre el esfuerzo humano: imágenes de negligencia y decrepitud como "un rastrillo abandonado en pleno campo", "un miserable cementerio", "un lisiado", "una regadera olvidada allí por algún jardinero", "un manzano raquítico", "una piedra cubierta de musgo", las "tablas carcomidas", etc. Se mezcla ahí una simpatía secreta por la vida animal, incluso y sobre todo por la más modesta, en tanto que viene a habitar, a "colonizar" esas cosas en el umbral de la desherencia: el perro que duerme al sol, el gato que se desliza entre los tiestos con flores, el escarabajo que surca el agua de la regadera, los gusanos que se mueven bajo la tabla podrida, el grillo que se obstina en cantar al acercarse el invierno...
En el segundo plano de estos diferentes motivos se perfila la idea -todavía sin formular- de que no hay nada en este mundo que sea feo, despreciable, contingente, que una sola y misma vida -¿un solo y mismo Tao?- teje en su tela al gran señor letrado y al bicho anónimo que se agita en el fondo de la regadera. La alegría que viene a coronar tal toma de conciencia no surge tanto de la patología mental como del desapego melancólico que la precede y la hace posible. Para acceder a ella basta -pero quizá sea lo difícil por excelencia- con dejar de una vez por todas de oponer lo hermoso y lo feo, lo noble y lo vil, lo puro y lo impuro, lo importante y lo insignificante. Esta alegría no florece más que sobre las ruinas de las jerarquías mundanas y no parece exigir más que una cierta sencillez de corazón. Pero nosotros no comprendemos verdaderamente por qué sucede así sino más tarde.


Lecturas:

Michel Hulin, La mística salvaje. Ediciones Siruela 2007


Entradas relacionadas:

¿Y yo qué soy?

En el Bosque

El sentimiento oceánico

El Desierto y las Ruinas

La experiencia mística espontánea

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Huellas kármicas
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martes, 18 de mayo de 2010

El Arte de la Alcoba




"El cielo engendra el agua por medio del Uno". Esto es justamente la verdadera fuerza del Gran Uno. Si el hombre alcanza ese Uno se vivifica; si lo pierde, muere. Pero aunque el hombre viva en la fuerza (aire, prana) no ve la fuerza, así como los peces viven en el agua pero no ven el agua. El hombre muere cuando no tiene ningún aire de vida, así como los peces perecen sin agua. Por lo tanto, los adeptos han enseñado a la gente a tener firme lo primordial y a preservar el Uno: ése es el curso circular de la luz y la preservación del Centro. Si se preserva esta legítima fuerza, puede uno alargar su tiempo de vida y aplicar luego el método para crear un cuerpo inmortal "fundiendo y mezclando".

Lao zi, Tao te king


El Maestro dice:
"La magia del Elixir de Vida se sirve del obrar consciente al no-obrar inconsciente. El obrar consciente consiste en poner la Luz en curso circular mediante la reflexión, para que se haga manifiesta la liberación del Cielo. Si nace entonces la verdadera simiente, y se aplica el método correcto para fundirla y mezclarla y crear así el Elixir de Vida, entonces pasa uno a través del desfiladero; se forma el embrión, que debe ser desarrollado mediante el Trabajo de calentar, nutrir, bañar y lavar. Eso pasa al campo del no-obrar inconsciente. Todo un año de ese periodo de fuego es necesario antes de que nazca el embrión, se deshaga de la cáscara y pase del mundo común al santo.
Este método es enteramente simple y fácil. Pero hay en él tantos estados mutantes y cambiantes que se dice: No se puede llegar ahí de repente de un salto. Quien busca la vida eterna debe buscar el lugar donde surge originalmente la esencia de la vida."

El secreto de la Flor de Oro


El texto que presento en esta ocasión es el ensayo titulado: Ciencia, Magia y Mística del cuerpo, de Kristofer Shipper. Lo he extraído directamente del número triple sobre taoísmo y arte chino de la revista ya hace tiempo desaparecida EL PASEANTE. Esta fue una revista trimestral que publicó 28 números entre los años 1986 y 1995 Editorial Siruela. Las imágenes que lo acompañan, así como los textos con los que da comienzo y termina esta entrada no aparecen en esa edición, siendo seleccionados por Fragmentalia con la finalidad de ilustrar el interesante trabajo en esta versión digital.


Las prácticas taoístas se basan en dos conceptos cosmológicos: el Tao (Camino, Curso) es el principio único que regula las fuerzas complementarias Yin (principio femenino, sombra, luna, etc.) y Yang (principio masculino, luz, sol, etc.). El destino de toda criatura está determinado por ellas: la noche sucede al día, la luz tiene su sombra, la vida lleva a la muerte, etc. Superar la polaridad de ambos principios y armonizarlos en la absoluta y eterna unidad del Camino es el objetivo de los taoístas. El gran sinólogo francés Marcel Granet demostró que estos conceptos no eran meras especulaciones. En la antigua China, la unión del Yin y el Yang se representaba por medio de danzas y juegos entre jóvenes núbiles de ambos sexos. Estas ceremonias tenían lugar en primavera, en lugares sagrados.

En ellas se desarrollaban ritos sexuales: las uniones surgidas en primavera acababan en boda tras la cosecha, en otoño. Las canciones que acompañaban estas danzas y concursos se encuentran entre los textos más antiguos que se conservan en China. Incluso hoy en día se siguen practicando estos rituales en ciertos lugares de la China meridional y del sureste asiático. En ocasiones, las mismas canciones han sido transmitidas por tradición oral. Esto demuestra el caracter fundamental de ciertas prácticas y conceptos relacionados con este tema. La sexualidad, lejos de haber sido relegada a un ámbito clandestino y apócrifo, resulta ser el eje de ideas y actividades. Lo mismo ocurre con la religión. Existen muy pocos escritos taoístas en los que no se mencione de alguna manera la unión del Yin y el Yang. Este tema básico de traduce de múltiples formas, ya que la unión de elementos antitéticos también puede realizarse a través de métodos místicos, alquímicos o espirituales. A pesar de la inmutabilidad del Tao, los caminos para alcanzar son numerosos y heterogéneos. Todos ellos implican prácticas y técnicas fisiológicas características del taoísmo y de la búsqueda de la inmortalidad. Estas técnidas incluyen prácticas sexuales. Los manuales más antiguos de métodos sexuales taoístas datan del período Han (206 a,c.- 220 d. c.). A pesar de su larga historia, estas prácticas no son bien conocidas en China, fuera de los círculos taoístas. Desde la Edad Media, el puritanismo confucianista y el ascetismo budista consiguieron mantener una conspiración de silencio sobre el tema de las técnicas y costumbres sexuales, situación que se vio exarcebada por la mogigatería de los europeos. A pesar de ello, el taoísmo mantuvo su creencia de que la práctica sexual continuada era un requisito primordial para la búsqueda de la longevidad y la inmortalidad. Según Ge Hong, patriarca y filósofo taoísta del siglo IV, "nadie podrá llegar a la longevidad, si ignora el Arte de la Alcoba".Esos preceptos incluían técnicas elementales y, principálmente, cuestiones de higiene y medicina sexual con el objeto de contrarrestar los efectos de las irregularidades de salud y no perjudicarse con la actividad sexual. Se trata de promover la feliz unión del Yin y del Yang. Pero el verdeadero taoísmo no se quedaba ahí. Más bien al contrario, intentaba trascender la fatal dualidad y hacer que el ser humano fuera capaz de rehuir las leyes de la existencia. Para este fin, se experimentaba con esotéricas y heterodoxas prácticas. Desde un punto de vista cosmológico, los principios del universo son inherentes al macro y microcosmos. Yin y Yang, como otros elementos del universo, están presentes en el microcosmos del cuerpo humano, que los taoístas consideraban por encima de todas las cosas. El preservarlo implica llegar a la perfecta armonía entre el cuerpo y la naturaleza (el macrocosmos). Esta condición primordial es la que inspira El Arte de la Alcoba. El hombre no puede vivir sin la mujer, como el cielo no puede separarse de la tierra. Ésa es la doctrina de los antiguos manuales. La unión es un acto espontáneo (zi ran), y la espontaneidad, una parte importante de la filosofía taoísta. Se podría resumir, por así decirlo, en la exclamación lanzada por una de las concubinas favoritas del Emperador Amarillo, al descubrir estos métodos: "Llegar a la longevidad sin luchar contra los deseos naturales, ¡Qué placer!".La abstinencia, así como el exceso, conducen a la muerte del cuerpo. El acto sexual es necesario, pero también peligroso. Por lo tanto, uno debe conocer las técnicas apropiadas. No obstante, el conocimiento del cuerpo es sólo una condición preliminar, un primer paso hacia el mantenimiento de tan excelente salud. El objetivo es trascender el mundo material y, para ello, reemplazar el cuerpo por una sustancia sutil e inmortal que no es sino Yang puro. Por lo tanto, se debe cultivar el Yang, elemento contrario al Yin, de naturaleza terrena. En lugar de aceptar el destino sin cuestionárselo, el hombre debe nutrir su princìpio vital añadíéndole el de otros. Tras el aparente placer de la cama, se esconde una implacable guerra entre los sexos. Si un hombre carece de prudencia y se deja dominar por la lascivia, permite que sus fuerzas vitales se escapen y se deja, por lo tanto, vencer por su adversaria. Hombres y mujeres disponen de las mismas fuerzas para esa batalla, cada uno con sus ventajas. Al ser el cuerpo un microcosmos, Yin y Yang se encuentran distribuidos por los diferentes órganos, sin distinción de sexo. Naturalmente, el elemento Yang es más abundante en el hombre. Pero, como la hembra adopta una posición pasiva frente al macho, tiene la ventaja de poseer el poder de lo débil que, según ls teorías taoístas, acaba siempre por vencer a lo fuerte. Los procedimientos para nutrir el Yang a expensas del Yin, a través de la unión sexual, se basan en lo que se denomina "Alquimia interna". Se trata de una magia fisiológica y, en ocasiones, también de magia negra. El puritanismo rechazaba estas prácticas. Resultaba inmoral la explotación de jóvenes virgenes para extraerles la sabia de su juventud. Asímismo, las mujeres que se nutrían de la energía vital del hombre se convirtieron en vampiros, en la tradición popular: eran zorras o diablesas que, tras un aspecto de hermosa fémina, seducían al hombre para robarle su esencia. Otra razón por la que estas prácticas fueron rechazadas fue su evidente ineficacia. Al igual que la alquimia, la medicina, la gimnasia u otras actividades físicas, estas prácticas, a pesar de su prestigio tradicional, no pudieron resistir la emancipación del pensamiento chino (y, en eso, el budismo tuvo bastante responsabilidad). Tras la Edad Media, muchos de estos procedimientos fueron alzados a un nivel espiritual, como parte de la liturgía o de las disciplinas mentales de meditación. El hombre estaba creado a la imagen del universo y, dado que el cuerpo es un mundo en sí, ¿por qué no intentar la perfecta unión de las fuerzas antitéticas dentro del propio cuerpo? ¿Para qué buscar la salvación en otros cuerpos y no en el de uno mismo? Este razonamiento profundamente taoísta se encuentra en la base de prácticas que pueden ser descritas, en general, como meditación extática de naturaleza erótica. La importancia otorgada a estas prácticas desde esa época es evidente, si uno se molesta en consultar los cientos de libros de poesía taoísta inspirados en ellas. Compuestos en términos alegóricos, en ocasiones oscuros e ininteligibles para los no iniciados, estos poemas son practicamente desconocidos fuera de los círculos taoístas.

LA CIENCIA DEL CUERPO

Los manuales sobre el Arte de la Alcoba han sido considerados como originarios de la Antigüedad clásica pero, en realidad, aparecieron mucho más tarde, alrededor de la era cristiana. El imperio Han fue testigo del florecimiento de las ciencias en China: medicina, farmacia, matemáticas etc.
El Arte de la Alcoba pasó de formar parte de los manuales de higiene sexual a encontrarse entre la medicina y las prácticas pseudocientíficas taoístas, encaminadas a prolongar la vida y llegar a la inmortalidad. El capítulo bibliográfico de la "Historia de los Han" (primer catálogo de libros chinos) menciona ocho escritos sobre el tema, casi todos atribuidos a emperadores de la Antigüedad o sus ministros. Estos textos desaparecieron y sólo quedan algunos fragmentos. Se trata de recetas de sentido común expresadas en un lenguaje ingenuo e incluso bastante crudo. El objetivo es la obtención del máximo placer mutuo y que éste dure el mayor tiempo posible para garantizar una larga vida. El caracter Shuan xi, símbolo de deseo (y de felicidad compartida) (N. de la T.) en el arte popular, traduce bien esta idea. Es un ideograma formado con dos caracteres Xi (felicidad) juntos, de manera que evocan el caracter Shou (longevidad). Dos caracteres que significan placer, colocados juntos, al igual a longevidad. El caracter Shuang xi se escribe en color rojo con ocasión de las bodas, reflejando la idea del Arte de la Alcoba: hacer el amor es un acto solemne, una placentera necesidad. Uno de los primeros nanuales dice:

El Emperador amarillo (emperador mítico de los orígenes de la civilización china) preguntó a la muchacha Simplicidad: "Si decidiera no yacer con mujeres durante un largo periodo, ¿que efecto tendría mi decisión?" La muchacha Simplicidad contestó: "Nefasto . El Cielo y la Tierra se mueven, alternativamente, sin cesar. Yin y Yang fluyen y actúan uno sobre otro. El hombre debe imitarlos y seguir el orden de la naturaleza. Si decides no copular, tus fuerzas vitales se estancarán y Yin y Yang se verán fustrados". "Si no usas tu Tallo de Jade (pene), el sexo muere... por esa razón debe ser continuamente ejercitado."

El sexo es, pues, indispensable al hombre, pero éste debe saber cómo comportarse, ya que al ignorar los principios puede resultar peligroso.

El Emperador Amarillo preguntó a la muchacha Simplicidad: "Mis energías vitales no están en armonía, y me encuentro melancólico y temeroso. ¿Que puedo hacer?". La muchacha simplicidad contestó: "Toda decrepitud humana`proviene del mal causado por las relaciones entre Yin y Yang. La mujer que vence al hombre es como el agua (elemento Yin) que apaga el fuego (elemento Yang). Pero, si sabes cómo proceder, el amor se convierte en un crisol donde las esencias se mezclan y resultan nutrientes. Por ello debes aprender los métodos del Yin y el Yang y conocer sus delicias. Si lo ignoras, morirás temprano y tus placeres te llevarán al desastre. No lo olvides".

LA MAGIA DEL CUERPO Y LAS PRÁCTICAS HETERODOXAS

El hombre está hecho de la imagen del universo. Su cuerpo está compuesto por diversos elementos, unos puros y sutiles, de naturaleza celestial, y otros rudos y pesados, de caracter terreno. El elemento más sutil es el espíritu transcendente, Shen, traducido por los misioneros como Dios. La parte ruda se encuentra en la quintaesencia, jing, palabra que, en el presente texto, suele tener el sentido de fluido seminal o vaginal. El arte de prolongar la vida consiste en intentar producir en uno mismo la semilla de la inmortalidad, combinando las esencias materiales y espirituales. Es lo que se denomina alquimia interna, o la búsqueda de una sustancia inmortal, prescindiendo de drogas o procedimientos alquímicos, y destilando los humores producidos por los órganos del cuerpo. La alquimia interna exige cierto número de prácticas fisiológicas, principalmente respiratorias, pero también gimnásticas, dietéticas y sexuales. Ninguna de éstas es útil si se practica de forma aislada, cada una de ellas está estrechamente relacionada con las demás.
Un aspecto importante es la necesidad de preservar las esencias vitales de uno mismo. La fuerza de la mente no debe ser disipada por pesamientos frívolos provocados por deseos desordenados, ni malgastada por el goce incontrolado del sexo. "No agobiar la mente, ni agitar la esencia", dijo Zhuangzi (Chuang Tse), el filósofo taoísta de siglo III a. C. (...)
La práctica sexual tiene dos objetivos simultáneos: debe nutrir el Yang en detrimento del Yin, para aumentar la vitalidad. Debe asimismo atesorar e incrementar la quintaesencia (el esperma) para que ésta se transmute, a través de la química interna en Shen. Esta transformación se denomina "retorno del esperma", huang jing, por analogía con la expresión "retorno del cinabrio", huan dan, fórmula esencial de la preparación del elixir de la inmortalidad.(...)

LA MAGIA DEL CUERPO, LOS RITUALES ORGIÁSTICOS

La tradición popular habla con frecuencia de nobles tiránicos que reunían harenes para fortalecerse a expensas de jóvenes doncellas, o de héroes que consiguieron vencer a las mujeres-vampiro con sus propias armas.
No obstante, cabe recordar que el taoísmo no es sólo un movimiento de individuos en pos de la inmortalidad que dispone de tiempo suficiente para dedicarse a estas prácticas caras y complicadas. Es también, y principalmente, una religión que afecta a toda China y que, a través de sus rituales, templos y doctrina, proporciona la salvación a innumerables almas creyentes. La religión taoísta como sistema organizado data de los primeros años de nuestra era. Pero sus ritos, organización y doctrina se basan en su mayoría en creencias de la Antigüedad. Se trata de una religión popular, transformada y organizada. Los antiguos festejos fueron, casi en su totalidad, absorbidos y adaptados a la nueva religión de salvación. Y los placeres del sexo no fueron excepción.
Sabemos poco del taoísmo popular de los primeros siglos. Esta religión de masas era nueva y revolucionaria. No sólo proponía la salvación, sino también ideas sobre la sociedad terrenal que intentó mejorar. Se organizaban rituales colectivos, durante los cuales los adeptos confesaban sus pecados en público y los expiaban flagelándose. Otros rituales, que nos conciernen aquí, consistían en ceremonias sexuales ordenadas hasta el más mínimo detalle. Estas prácticas provocaron violentas críticas de los no creyentes, los letrados y, más tarde, los budistas. Las ceremonias sexuales taoístas, según uno de los críticos budistas, no eran sino orgías , "donde hombres y mujeres copulan libremente, como animales". Otro, convertido al taoísmo, da la siguiente descripción del ritual, al que sólo asistían los iniciados:









Cuando tenía veinte años , me gustaban las prácticas taoístas... La primera provenía de "La Unión de muchachos y doncellas ", del Libro Amarillo. Cuatro ojos, cuatro orificios nasales, dos bocas, dos lenguas, y cuatro manos se unen para oponer Yin contra Yang... Los maridos deben intercambiarse sus esposas: el placer sensual está por encima de todo. Padres y hemanos mayores han perdido el pder de sonrojarse... Hay cosa que no pueden ser descritas en detalle.










Naturalmente, este tipo de ceremonia desapareció hace mucho. Ya en la época de esta descripción, se efectuaban rodeadas de un halo de misterio. En los siglos V y VI, empezó a haber reacciones, incluso dentro de los círculos taoístas. La religión fue reformada a la imagen del budismo y los sacerdotes organizados en comunidades monásticas. A partir de entonces, la liturgia cambió y los antiguos festejos fueron eliminados. Es pura casualidad que el canon taoísta de los Ming, el único que ha sido preservado, contenga fragmentos de la liturgia del arriba mencionado Libro Amarillo. El texto se titula "Ceremonia del Libro Amarillo para pasar a la Otra Orilla".
El Libro Amarillo era un libro talismánico que revelaba la estructura secreta del universo, una especie de Mandala. Toda la ceremonia estaba organizada en torno a las ideas de este plano cósmico. Los participante debían ser iniciados y mayores de 18 años. Se desarrollaba en una "Estancia Pura", celda cerrada que se reservaba para la meditación y los ritos secretos, en los lugares sagrados del taoísmo. El objeto de la ceremonia era el de "obtener vida", el perdón por los pecados, el cambio de nombre del adepto en el Registro de los Muertos, del Cielo, y el desarrollo de grandes familias. El término "pasar a la Otra Orilla" significa que, tras la unión de Yin y Yang, uno cruza el río de la existencia y llega a los dominios de los inmortales. Esta expresión se sigue utilizando para las bodas, incluso hoy en día.
La ceremonia se iniciaba con una larga preparación. Los participantes debían purificarse mediante un retiro de varios días, antes de entrar en la "Estancia Pura". La sesión estaba dirigida por un maestro que presidía todo el rito. Éste empezaba por una invocación a los divinos patriarcas taoístas, a quienes se anunciaba dicha ceremonia y cuya presencia se solicitaba. Después, se realizaban diversos ejercicios mentales para preparar el espíritu y evocar las divinidades cósmicas.
Las parejas se colocaban frente a frente, se cogían las manos, entrelazando los dedos, con el índice del hombre entre el índice y el medio de la mujer. Mediante oraciones y meditación, evocaban a los mensajeros divinos, que llevaban el anuncio de la ceremonia al cielo. Luego, se concentraban en los dioses del cuerpo, los espíritus de la estación, del día y la hora en que tenía lugar la ceremonia, y el sacerdote pronunciaba una larga invocación. Una vez hecho esto, la pareja se separaba y, cada uno por su lado, meditaba sobre los gestos eróticos y las actitudes prescritas. A cada nueva fase seguía una invocación y una oración. Finalmente, el maestro ordenaba a los adeptos que se desnudaran y soltaran el pelo. Las parejas iniciaban una danza larga y lenta. Primero de pie, luego sentados y finalmente tendidos, ejecutaban un gran número de complicados movimientos que se desriben minuciosamente. Cada posición, cada gesto, tenía su significado simbólico y su propia orientación. Cada paso del hombre era imitado por el de la mujer, como si de un espejo se tratara. Si el hombre levantaba su mano izquierda, ella también. Lentamente, atravesaban las distintas fases, ejecutando una danza cósmica, abrazándose unos a otros de manera que oponían exactamene las distintas partes del cuerpo. Poco apoco, los movimientos se aceleraban:"Quiero sacudir el Cielo y la Tierra", decía la oración. Las parejas, tendidas, mantenían unidas sus manos, se colocaban uno encima del otro, tocándose mutuamente la cabeza, el pecho y el sexo. Cada movimiento se acompañaba de ejercicios respiratorios. El hombre iniciaba entonces una serie de movimientos llamados "guiarse por la mano". Posaba su mano junto al pecho izquierdo de la mujer, acariciándole tres veces hacia la pierna, diciendo, al mismo tiempo: "El Ser supremo de la Izquierda". Repite la operación en el lado derecho, diciendo: "El Anciano Misterioso de la Derecha". Luego , con su mano izquierda, la acaricia desde el cuello hasta el sexo , diciendo: "Oh, Ser Supremo", y repite el movimiento con la mano derecha. Con la misma mano, toca el sexo de la mujer por tres veces. Coloca su mano sobre la puerta de la Vida (Genitalia), y abre el Portal de Oro (la vulva). Con la mano derecha, coge su Tallo de Jade (pene) y lo coloca sobre la Puerta de la Vida. Con la mano izquierda, toca la cabeza de la mujer, mientras, con la derecha, acaricia la Puerta de la Vida, diciendo: "El agua fluye hacia el este (lado masculino), las nubes retornan hacia el oeste (lado femenino), el Yin nutre las fuerzas del Yang, ¡cuán sutil es la esencia misteriosa! Este líquido ascenderá hasta la Puerta Magistral (el cerebro)". Acto seguido, el hombre pronuncia la oración siguiente: "El Muchacho Sagrado mantiene el camino. La Hija de Jade le abre la puerta; unamos nuestras esencias, que Yin me entregue su energía vital". La mujer reza entonces: "De Yin y Yang proviene la creación, los Diez Mil seres nacieron en abundancia. El Cielo (elemento masculino) cubre y la Tierra (elemento femenino) soporta. Deseo llenar mi cuerpo de tu fuerza".

LA MÍSTICA DEL CUERPO, LA BODA DIVINA

Más de cien años después de la caída de los Han, encontraremos por vez primera un gran movimiento que declara que los textos y los manuales sobre el tema de la longevidad no deben ser entendidos en su sentido literal, sino de manera figurada y simbólica. "Las drogas que confieren inmortalidad deben de ser buscadas en el corazón" es uno de los preceptos de un libro, y característico de esta nueva idea. Éste movimiento, por lo que se sabe de él, fue iniciado por una secta de China central, a fines del siglo IV. Era una secta espiritualista, la primera de una serie que todavía perdura.
En las reuniones de esta escuela de Maoshan, los diose utilizaban la escritura automática o aparecían en visiones, en el transcurso de las sesiones. Algunos de los registros de estas revelaciones han sido preservados hasta nuestros días. Enre otras cosas, describen como Yang Xi, el principal medium de la secta, tuvo una importante visión, en una noche de otoño del año 365. En esa ocasión, recibió la visita de una gran diosa, la dama Zi Wei, que presentó a Yang Xi una de las doncellas de la corte. He aquí la descripción de esa doncella:

Llevaba una túnica transparente de colores rojo y verde, con bordados centelleantes. Rodeaba su talle una cinta verde esmeralda con pequeñas campanillas verdes y amarillas, cada una distinta de la otra. De su lado izquierdo pendía un colgante de jade, como los que hay en la tierra, pero más pequeño. Todas sus prendas relumbraban de tal manera que iluminaron la estancia, como un pedazo de mica bajo el sol. Su abundante pelo, hermosamente arreglado sobre sus sienes, era demasiado bello para ser descrito. Llevaba un moño en lo alto de la cabeza, y el resto de su pelo llegaba hasta más allá de su cintura. Llevaba anillos de oro y pulseras de perlas. Dos sirvientas la seguían, una vestida de rojo, que portaba una caja para el sello y un bolso e brocado en sus manos. Las sirvientas parecían tener diecisiete o dieciocho años y llevaban hermosas joyas. La joven diosa, así como sus sirvientas, tenían una cara radiante, luminosa como el jade, y emanaba un fragante perfume, como de exótico incienso.

Las diosas se colocaron en sus puestos. La diosa mayor se la presentó al recién llegado. Se llama Divina Concubina. La gran diosa preguntó entonces a Yang Xi si había visto alguna vez una mujer tan hermosa. Y, cuando él contestó respetusamente que los seres celestiales eran tan magníficos y refinados que nada se les podía comparar, la dama echó a reír diciendo: "¿Y que te parece, entonces?". Desconcertado y confuso, Yang Xi no supo qué responder. Las diosas compartieron entonces con el humano el fruto maravilloso que habían traído y, durante el banquete, se entretuvieron componiendo poemas. Inmediatamente después, la joven diosa preguntó a Yang Xi su fecha de nacimiento. Para el lector chino, todo queda claro: la intención de la dama Zi Wei es conceder la mano de su joven compañera a Yang Xi. Y eso fue lo que ocurrió a la mañana siguiente. Una vez concluida la unión entre el mortal y el hada, rodeado por numerosas divinidades descendidas del cielo para la ocasión, la joven diosa tomó la mano de Yuang Xi y le dijo: "Juntos cruzaremos el cielo de Jade, llevados por la cuádriga... y recogeremos el sagrado fruto del huerto divino". La boda de Yang Xi con una diosa es más que un suceso espiritualista. Para los taoístas de esta secta, esta unión marca el acceso de Yang Xi al rango de inmortal divino, así como su salvación. La unión entre Yin y Yang supera la separación entre cielo y tierra. La historia de Yang Xi es sólo un ejemplo entre miles de historias similares. La secta de Maoshan reconoció un gran número de patriarcas que fueron personajes más o menos históricos. Inventaron, obviamente gracias a la ayuda de médiums, innumerables leyendas sobre el tema. El banquete y la boda divina son siempre el eje de la historia. Este tipo de cuento de hadas inspiró todo un género literario de historias de caballería, cuyo tema central era siempre el encuentro entre un joven mortal y una o varias diosas. Este estilo se hizo muy popular durante la dinastía Tang y produjo numerosos escritos de caracter erótico. Nuestro objetivo es ver cómo la sabiduría popular se traduce en práctica religiosa. Una vez más, escasean los documentos, lo que no resulta sorprendente en esas circunstancias. El Canon taoísta tiene una pequeña sección titulada: "Fórmulas secretas del libro de la Diosa de la Alcoba Relumbrante, proveniente de la Secta de Maoshan". La terminología empleada es extremadamente oscura pero, afortunadamente, existe un comentario antiguo que esclarece muchas de estas dificultades. El texto empieza por una exortación al lector a no divulgar el contenido entre los no iniciados, seguida por una descripción de los métodos de la diosa:


Primeramente (por medio de la meditación se ha de fijar el sol o la luna, sol: día, luna: noche) y recordar que el adepto se encuentra en una estancia completamente cerrada; se ha de permitir que los rayos entren por la boca... el adepto podrá contemplar a una joven, sentada en actitud reverente, con sus manos juntas... es hermosa, su piel brilla como el jade. Lleva sobre su cabeza un adorno de fragantes flores de hibisco. Cubren su cuerpo un chaleco de rojo brocado y una amplia falda del color del cinabrio, y una cinta verde ciñe su talle (son ropajes de novia). La doncella se arrodilla y dice: "Soy tu amada, Hija del Jade, de las nubes del cinabrio, del misterio de los misterios. Mi nombre es Chan Xuan y me llaman Hada Secreta". La doncella abre su boca y exhala un aliento escarlata (color Yang). El aliento llega a la boca del adepto, que lo aspira, mientras contempla a la doncella. Así lo hace por nueve veces... guiando su aliento, por medio de su mente, hasta la puerta del destino (el sexo).

En este relato se encuentra todo el proceso erótico taoísta, a través de la meditación extática, técnica mental que se encuentra en la base de uno de los grandes movimientos religiosos y literarios de China.

LA LÍBIDO DE LOS MONJES

(...) Tras la dinastía Tang, floreció una disciplina religiosa que iba a dominar a todas las demás y renunciar a las prácticas materiales. Esta técnica estaba basada en la unión sexual, pero ésta sólo se desarrollaba en el interior del cuerpo del adepto, en la soledad de la Estancia de Meditación. Este nuevo procedimiento se basaba en los antiguos textos reinterpretados. El cuerpo humano, según esta teoría de alquimia interna, posee dos polos: el corazón y la zona lumbar y sexual. El primero corresponde al fuego y al Yang, y la segunda al agua y al Yin. No era ninguna novedad. No obstante, los monjes creían que el corazón no era sólo Yang. Era el cenit del Yang, momento en que, al llegar el ciclo a su fin, empezaba a declinar. El apogeo del Yang se convertía entonces en resurgir del Yin, que crecía a medida que el Yang disminuía. El corazón, por lo tanto, era esencialmente Yin y, consecuentemente, su correspondiente espíritu tomó forma femenina. Por otra parte, las partes inferiores se convertían en el foco de crecimiento del Yang, a partir del Yin, teoría que se simbolizaba convirtiendo esta zona en la morada de un divino muchacho. El resto está claro: la salvación y la inmortalidad dependen de la unión de la doncella -corazón- y del joven -zona lumbar-. Esta teoría iba aún más lejos, imaginando la morada de la casamentera (sin cuya ayuda ningún matrimonio podía realizarse en China), llamada Buena Esposa Amarilla (elemento de la tierra). Ésta se encontraba a una pulgada y media debajo del ombligo. Tenía el deber de unir a los amantes: el muchacho debía llegar a la morada de la doncella, el corazón, llamado la Residencia Roja, que hacía las funciones de alcoba nupcial. De esta unión nacería un embrión inmortal que, al crecer, reemplazaría gradualmente el cuerpo mortal. Llegamos al periodo Song. Como el budismo Chan (Zen, en japonés) de la época, el taoísmo se vuelve incomprensible a partir de los complicados textos. La nueva mística era interpretada a través de poemas y anécdotas. El personaje más famoso e interesante del momento era Lü Dongbin. Todas las escuelas modernas se basan en sus enseñanzas. Numerosas anécdotas se inspiraron en este santo semihistórico. Las descripciones varían: fue un joven literato, un mendigo, un hombre licencioso que dirigía burdeles, o un alegre barbero. Se le atribuyen numerosos poemas y protagoniza diversas obras literarias y teatrales, pero los libros taoístas tienen sus propias tradiciones relativas a este personaje. Lo describen como un individuo alegre y a través de sus anécdotas transmiten todas las enseñanzas del Sabio.

En Luoyang, se encontraba una cortesana llamada Yang Liu, que pasaba por ser la mujer más hermosa de la ciudad. Un monje taoísta frecuentaba su casa y le traía regalos, pero nunca yació con ella. Una noche, estando él borracho, la cortesana intentó seducirlo. El monje le dijo: "Yin y Yang copulan en mi cuerpo. Lo hacen como hombres y mujeres y su unión ya a dado fruto. Pronto daré a luz a un Niño: ¿como podría yacer contigo? Además, copular internamente es mucho más placentero que hacerlo externamente".

Con estas palabras, el monje, que no era otro que Lü Dongbin, desapareció. Éste es el antiguo ideal del Perfecto Estado, la armonía de las energías vitales en el plano espiritual, llevada a sus últimas consecuencias. De esta manera, el taoísta se libera de toda dependencia externa: alimenticia, física y sexual. La alegoría utilizada en esta especulación mística trata de desconcertarnos y sorprendernos para dejarnos una profunda impresión. Las fantasias surgidas de la meditación igualan a la realidad. Éste es un rasgo característico de todo el pensamiento y el arte de China. Los rollos, por ejemplo, originálmente pintados por los taoístas, permiten al espectador realizar un viaje místico por un paisaje de ensueño creado según las reglas del universo e infinitamente más perfecto que cualquier paisaje real. Visitar el mundo entero sin abandonar la estancia es el ideal de los taoístas de todos los tiempos, así como la base de toda la fantasmagoría mística. Un poeta taoísta lo explica así:


La Doncella y el Muchacho son meras imágenes.
La Buena Esposa Amarilla es sólo fantasía.
Trepo por montes y riscos, en un mundo sin fin.
Entre cuatro paredes alcanzo todas las cosas.

Las delicias de la meditación erótica (los adeptos tiene el pene erecto) son tales que cualquier otra técnica es rechazada. La condena de las prácticas externas se extiende a menudo a las mujeres. La búsqueda del amor sublime manteniendo un completo autocontrol implica a menudo una misoginia sádica en las relaciones ordinarias. Las ilustraciones populares del infierno taoísta lo demuestran: una hermosa mujercita es golpeada con cachiporra por un demonio burlón, por supuesto adulterio. En otra ilustración, las mujeres son atadas y descuartizadas, etc. Despojadas de toda responsabilidad, se les venda los pies, se las encierra en gineceos y se las expulsa de la jerarquía taoísta. Se convierten en personificación del sexo, en criaturas pérfidas y abominables. Un poema de Lu Yan lo explica claramente.


Hermosa es la dulce doncella
Rebosante de gozosas promesas.
Más la espada de doble filo
Amenaza entre sus piernas.
Fatal es el sino del hombre necio.
No rodará cabeza alguna.
Sus mandobles son secretos.
De los huesos del hombre extrae la médula.

Estos versos son famosos en China. Pero más aún lo son los de Lü Dongbin, citados al principio de la larga novela erótica Jin Ping mei:

La puerta por la que vine al mundo
Es también la puerta de la muerte.


No obstante sería erróneo achacar estas tendencias sádicas al taoísmo moderno. Debe hacerse justicia al misticismo de los monjes, reconociendo el valor intrínseco de su sistema. Todas esas teorías y alegorías elaboradas contienen un bello objetivo: la armonía por encima del profundo cisma del hombre, reconocido por todas las civilizaciones: la oposición entre el amor espiritual y el físico, o la división del ser humano en dos partes, por encima y por debajo de la cintura. El matrimonio místico interno pretende elevar el sexo más allá del nivel del cuerpo, para realizar la perfecta unión entre la materia y el espíritu, lo que garantiza la libertad a través de amor.

Se cierra esta entrada con unas palabras extraídas del Tai I Gin Hua Dsung Dschï, "El secreto de la flor de Oro", en cuyo texto encontramos un auténtico tratado alquímico. Fue transmitido orálmente en su origen y luego manuscrito por un círculo esotérico de China. Su primera impresión data del siglo XVIII.

"Cuando la perla del Elixir de Vida está lista, puede formarse el embrión santo; entonces el Trabajo debe dirigirse al calentamiento y nutrición del embrión espiritual. Éste es el metodo de la conclusión. Si entonces está formado acabadamente el cuerpo de fuerza del Niño, se debe dirigir el Trabajo de manera que el embrión nazca y retorne a lo vacío. Éste es el metodo de soltar la mano. Desde los tiempos más remotos hasta hoy, ésas no son palabras vacías, sino la sucesión del Gran Sentido en el método real para producir un espíritu inmortal y un hombre santo y eternamente viviente. Pero si el Trabajo ha prosperado hasta aquí, todo lo perteneciente al principio oscuro está consumido enteramente y el cuerpo nace a lo luminoso puro. Si el espíritu consciente se ha transformado en el espíritu primordial, sólo entonces puede decirse que ha llegado a sextuple genio de oro presente. Si no se aplica este método de ennoblecimiento, ¿cómo se quiere entonces eludir el camino del nacer y morir?"