Foto: Trencadís (cerámica fragmentada) en el Parc Güell de Barcelona

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domingo, 14 de diciembre de 2014

La cábala de Robert Fludd


Selecciono en esta entrada algunas imágenes analizadas por Joscelyn Godwin sobre los estudios que Robert Fludd dedicara a su visión de la Cábala. Ayudado por los grabados de esquemas cósmicos que acompañan sus escritos, el gran esoterista inglés expondría los principios que gobiernan el Universo y su imagen microcósmica, el hombre. Para ello, básicamente seguiría los postulados expuestos con anterioridad (a principios del Renacimiento) por el discípulo de Marsilio Ficino, Pico della Mirandola. Éste, en palabras de Frances Yates: "...fue el primero que, intrépidamente, formuló una nueva posición para el hombre europeo, el hombre como mago que utiliza la magia y la Cábala para actuar sobre el mundo, para controlar su destino mediante la ciencia". Pico uniría en sus Conclusiones mágico cabalísticas -un catálogo de creencias del mago del Renacimiento-, la tradición esotérica de la mística judía conocida como la Cábala, al hermetismo, el neoplatonismo y la magia. La Cábala sienta las bases de su doctrina de las veintidós letras divinas del alfabeto hebreo y las diez Sephirot, a partir sobre todo del Sefer Yetsirah (Libro de la Creación) escrito por un judío neopitagórico entre los siglos III y IV de nuestra era. Las Sephirot son representaciones simbólicas de las emanaciones o poderes angélicos por las que se despliega el poder creador de Dios. 
Son dispuestas gráficamente en un diseño que las interrelaciona formando el  Árbol de la Vida, un esquema donde se representa la ascensión a traves de diez niveles que sube desde la esfera más baja (Malkhut) del ser hasta la Fuente Divina (Keter), abarcando todas las posibilidades de existencia. El Árbol cabalístico sería -siguiendo a Frances Yates-, un soporte para la meditación mediante el cual se articulan las jerarquías del universo, un medio por el que imaginar el universo ordenado y así, interiorizándolo, organizar la psique como escalera hacia Dios. Subiendo a través de la meditación los peldaños sefiróticos, el cabalista se acerca con seguridad a la unión con Dios. Por otra parte, dentro de una compleja filosofía religiosa, la Cábala judía sería cristianizada al considerar a Cristo como figura central y mediador para alcanzar un prometido retorno a la primigenia religión universal de la que se originaron todas las religiones. De esta forma, el cristianismo se otorgaría una papel predominante ante otras religiones.

Los grabados pertenecen a Utrisque Cosmi Historia II (UCH II) 1619, Philosophia Sacra et vere Christiana (PS) 1626, e Integrum Morborum Mysterium (MC II) 1631.



Robert Fludd
Claves para una teología del Universo
(fragmentos)
por
Joscelyn Godwin



UCH  II, b, f. A3

"Bajo tus Alas, jehová"
El rey David se arrodilla ante el Más Alto diciendo: "Bajo la sombra de tus alas me regocijaré" (Salmos 63, 7). El tema recuerda el manifiesto rosacruz de 1614 (el Fama) que terminaba con palabras semejantes: "sub umbra alarum tuarum JEHOVA". Las nubes se han separado para permitir que David vea directamente el Tetragrammaton, la palabra impronunciable a la que los hebreos aluden como Adonai (el Señor) o simplemente como ha Shem (La Palabra); Fludd generalmente emplea estas letras hebreas para representar a Dios en sus diagramas. Para el cabalista se acomodan fácilmente a la doctrina de la Trinidad: las tres letras diferentes י Yod,  ה He, ו Vau, se interpretan como Padre, Hijo y Espíritu Santo. La presencia de dos letras procede del Padre y del Hijo; (...)



UCH  II, b, pág. 8

El Tetragrammaton en el Macrocosmos
"Dice Hermes que el mundo es una imagen de Dios, y también Moisés afirma que el hombre está hecho a semejanza de Él. De ahí que todos los cabalistas remitan estos reinos inferiores al arquetipo. Esta lámina muestra cómo el Nombre inefable está impreso  en el universo: por encima de todo y más allá de todo está la Yod, la letra de la que todo procede y que esconde en sí misma todo el Nombre. De ella emana el mundo empíreo simbolizado por la He. El Salmista dice que Dios tiene su tabernáculo en el Sol y esto lo podemos interpretar así: Dios forma en torno al Sol el mundo etéreo (Vau) separando el empíreo del He inferior, el mundo elemental". La lámina indica también cómo se forma paso a paso el nombre completo de Dios: I, IH, IHV, IHVH. Aunque Fludd no lo menciona, éstos son también los cuatro mundos de los cabalistas: Atziluth, el "mundo puro", Briah, el mundo de la creación, Yetzirah, el mundo de la formación y Assiah, el mundo material.



UCH  II, b, pág 8

El Tretragrammaton en el Microcosmos
Del mismo modo que las facultades del hombre corresponden a las regiones del universo, también pueden verse como manifestaciones del divino nombre. Yod es la mente más elevada que no está contenida en el cuerpo físico; por ello se encuentra sobre la cabeza del hombre, del mismo modo que en la lámina anterior Yod se encuentra por encima del universo manifestado. He, Vau y la He inferior son respectivamente el intelecto, la vida y la facultad natural. (...)



UCH  II, b, pág. 42

El Misterio del Número 5
La falta de claridad del grabador al trazar los caracteres hebreos se ve complicada por una de las explicaciones más confusas de Fludd. La lámina parece representar el descenso del Espíritu  de Dios a la categoría de manifestación y el ascenso del alma a través de las jerarquías del ser hasta Dios expresado en numerología cabalística. La corona es Kether, el primer principio de la Cábala, que puede designarse mediante la primera letra del alfabeto hebreo, el Aleph    o  bien mediante la letra esencial Yod . En la imagen superior, las letras de la izquierda deberían ser la progresión alfabética a partir del Aleph:   Beth,   Gimel,   Daleth,   He. Éstas poseen valores numéricos del 1 al 5 y se alinean con la jerarquía cósmica:
1, 2, 3: Dios, ángeles  4 : Estrellas fijas, Saturno, Júpiter, Marte
  5 : Sol
  6 : Venus, Mercurio, Luna
7, 8, 9 : Región elemental
El Sol, número cinco, es también equivalente a la He inferior, o He segunda del Tetragrammaton: es el tebernáculo de Dios en el centro del universo.
A la derecha la serie es   Yod,    Mem,   Heth,   Daleth,   Resh. Mientras que el Aleph es el "Aleph Oscuro" símbolo de vacío último antes de la creación, Yod es el "Aleph Luminoso": Dios como Creador. Mem y Heth son "el resto de la oscuridad, de la que se hace la creación", Daleth es "la puerta por la que la sabiduría entra en el mundo" y Resh es "la vida que se produce en el mundo gracias a esa sabiduría".
En la figura inferior pueden verse las alas protectoras de Dios consideradas el objeto de los mortales. El orden de las letras de cada lado está invertido y en la columna central puede leerse: Yod, He, Vau, Aleph: las dos letras "formales" rodean la las dos letras "materiales". Esto es una aproximación de "JEHOVA" (véase primera lámina).



Omnipresencia de Dios (UHC II, b, página 74)
Las láminas anteriores podrían dar la imresión de que la Tierra queda privada de las emanaciones de Dios. Los diagramas de Fludd a menudo la representan como una densa esfera en el centro excluida de los planos celestiales. Esta lámina muestra las cuatro letras del Tetragrammaton relacionadas como antes con Dios y con los tres mundos. Las copiosas citas que Fludd ofrece respecto a la esfera inferior (La Tierra material) nos dan un nuevo punto de vista: "El Espíritu del Señor llena el mundo" (Sabiduría 1, 7) "Dios está por todas partes en el cielo, en el infierno, en las profundidades del mar, en la noche, en la oscuridad" (paráfrasis del Salmo 139); "Reconoce, pues, hoy y resuelve en tu corazón que Yavé sí que es Dios arriba, allá en los cielos, y abajo, aquí sobre la Tierra; y que no hay otro, sino él" (Deut, 4, 39).




PS, pág. 170

La Emanación de los Sephirot
Aunque Dios es Uno en sí mismo, es percibido de muchas manera y llamado por muchos nombres. Estos nombres corresponden a algunos de sus inagotables atributos. Concretamente diez nombres dan la clave a un posible símbolo del esquema universal por el que están hechos los mundos: la décuple emanación que se conce en la Cábala como Sephiroth. Aquí los nombres de Dios se dan en hebreo y resultan intraducibles. Los nombres se manifiestan como los diez Sephiroth designados con estos engaños, aunque habituales, términos: (1) Corona, (2) Sabiduría, (3) Prudencia, (4) Misericordia, (5) Poder, (6) Gracia, (7) Triunfo, (8) Honor, (9) Redención y (10) Reino. Para Fludd esto es otra muestra de la multiplicidad de los aspectos de Dios y su descenso al mundo creado.



UCH  II, b, pág. 11

Los mundos de la Balanza
Otra ordenación del Tetragrammaton nos muestra la Yod como la Divinidad Suprema que sostiene la balanza. El fulcro (la base del fiel) es el Sol, situado en el centro del mundo etéreo: punto de equilibrio en el centro del universo unido directamente a Dios. La balanza de la izquierda se eleva  porque representa el cielo empíreo hecho de "liviano fuego"; el platillo de la derecha desciende al ser la "pesada tierra" del reino elemental.



PS, pág. 174

Creación de la Sabiduría
La segunda palabra de los Sephiroth, Hokhmah, suele traducirse por "Sabiduría". Surge de la inefable Corona (Kether) henchida de las ideas del universo, que irradia como un sol. Aunque estas ideas tienen que atravesar los otros ocho Sephiroth antes de poder manifestarse realmente como seres creados, Fludd las muestra viniendo directamente de Hockmah y llenado el universo. (...)
Las creaciones de la Sabiduría son (de izquierda a derecha desde arriba) las estrellas fijas, Saturno, Marte, Venus, la Luna, el viento, las nubes, el trueno, la nieve, el hielo, los vegetales, los minerales, los animales, el hielo, el granizo, la lluvia, los relámpagos, otra vez el viento, los cometas, Mercurio, el Sol, Júpiter y los ángeles. Obsérvese que los vientos se hallan en el diámetro horizontal ilustrando la opinión de Fludd de que son mediadores entre el mundo etéreo y elemental.



UCH  II, b, pág. 181

El árbol de los Sephiroth
En la particular interpretación que hace Fludd del tradicional árbol de los Sephiroth, sitúa las diez emanaciones a cada lado de un tronco central donde está escrito el Tetragrammaton. Las cuatro letras corresponden a la disposición tradicional de los Sephiroth según los cuatro mundos (véase la tercera lámina): Atziluth contiene uno, Briah los dos siguientes, Yetzirah, seis y Assiah los dos últimos. Pero la columna central debería incluir también Tifereth y Yesod.
Cada Sephira recibe su nombre hebreo, su traducción latina, el nombre correspondiente a Dios y, en algunos casos, la interpretación trinitaria. Sumamente interesante para Fludd es la emanación de Malkuth, de la que brotan diez ramas que a su vez llevan los nombres de los Sephiroth. Están emparejados con los nombres cristianos tradicionales de los nueve órdenes de ángeles (querubines, dominaciones, virtudes, arcángeles, serfines, ángeles, principados, poderes y tronos) y "Alma" corresponde al segundo Malkuth. Así el supremo árbol de los nombres de Dios queda reflejado en la jerarquía angélica apoyando la teoría de la correspondencia universal.



UCH  II, b, pág. 198

La constitución del Hombre
Esta lámina y las dos siguientes derivan de la idea cíclica (...). Todo comienca en la oscuridad de la potencialidad, emerge a la luz y vuelve otra vez a la oscuridad. El punto inicial de estos círculos está siempre en la parte inferior y avanza en el sentido de las agujas del reloj. Los anillos exteriores son los arquetipos del todo; el primero dice: "Movimiento desde la nada de la potencialidad del acto de la generación, al origen de la vida; el día de la generación y la continuación de la vida; el comienzo de la corrupción; el final de la vida". Los dos círculos siguientes muestran estos arquetipos tal como los expresan los cabalistas, en letras hebreas. Yod es el Padre Absoluto envuelto en una oscuridad incomprensibles que se manifiesta a través del Hijo y del Espíritu. Los dos Aleph, claro y oscuro, son sus aspectos positivos y negativos. "Aleph significa la oscuridad de la que surge la luz no creada. Corresponde a Yod, la virtud del Tetragrammaton. Mem es el símbolo de las aguas creadas, que el Espíritu, Shin, divide en gruesas y sutiles por la interposición del firmamento. Por ello, en el Tetragrammaton, Vau divide las dos He. A Aleph, Mem y Shin se les llama las tres Letras Madre, ya que, como la cera, reciben la impronta de las tres letras masculinas Yod, He y Vau". Los círculos interiores reflejan estos procesos tal como se manifiestan en el microcosmos a través de elementos psíquicos, sustancias sutiles y materiales, condiciones metereológicas, humores y órganos "a partir de todo lo cual está hecho el hombre".



UCH  II, b, pág. 198

La Constitucióndel Mundo
Los mismos principios gobiernan la creación e historia del macrocosmos. El tercer anillo comienza con la potencialidad que, por la influencia del Aleph Claro, da lugar a las aguas superiores o cielo empíreo, hecho de la sustancia de la luz que es la actividad perfecta. Correspondiendo a él en el lado negativo están las aguas inferiores del espíritu grueso, aliadas de la oscuridad. Los anillos siguientes tratan de los estados de la materia, sustancias vaporosas y gaseosas, fenómenos meteorológicos; y en el centro se condensa el cuerpo animal, vegetal o mineral. Es dificil separar tiempo, espacio, causalidad y correspondencia en este esquema ideal.



MC  II, a pág. 181

Causalidad Universal
Esta lámina es una suma de las dos precedentes realizada por los nombres de Dios, los Sephiroth y los Angeles tal y como se encuentran en la Gran Carta Meteorológica. Su disposición se asemeja a la del "teatro de la memoria" de Giulio Camilo (véase Yates, Theatre of the World) y parece que pretende ser un esquema nemotécnico. Cualquiera que sea la opinión que se tenga sobre sus detalles, ilustra de modo muy apropiado las doctrinas de la emanación, de las correspondencias y del Eterno Retorno.
La teoría de la emanación sostiene que los principios más altos no crean a los inferiores a partir de la nada: emanan como manifestación de sí mismos sobre planos inferiores de existencia. Así, tomando una "cadena" como ilustración, de Vau, Hijo o Palabra arquetípicos, dimana Shin, el Espíritu que se manifiesta como Eloah, el Dios personal. De éste dinama la Gracia: la belleza del universo creada por una clase de ángeles, los llamados Virtudes. Correspondiendo a este principio en nuestro pequeño sistema solar está el arcángel Miguel, cuyo cuerpo físico es el Sol. El Sol nos proporciona nuestra fuerza vital, etc. (los círculo inferiores son vastante discutibles).
La doctrina de las correspondencias afirma que cada nivel de jerarquía del ser, desde el mundo mineral hasta los propios arquetipos, es un reflejo de los niveles superiores. Esto es consecuencia necesaria de la teoría de la emanación, pues de cada arquetipo pende una cadena de ser que desciende al propio fondo de la manifestación. Así, Miguel entre los Arcángeles, es como el Sol entre los planetas, el corazón en el cuerpo humano, o el oro entre los metales. Toda la magia, sea negra o blanca, se basa en esta doctrina, pues supone que las acciones que se efectúan en un nivel tendrán repercusiones en los correspondientes. Los objetos rituales de oro, por ejemplo, facilitarán el descenso de fuerzas solares a la copa, anillo, cetro, etc. y por tanto imbuyen de ellas a quienes los utilizan.
El principio de la ciclicidad es el "Mito del Eterno Retorno": la idea de que el tiempo no es una linea recta que corre sin sentido de infinito a infinito, sino un sistema de ciclos inscrito dentro de otros ciclos, ruedas dentro de ruedas cada una de las cuales gira a semejanza de los superiores, desde las espirales de electrones hasta el nacimiento y muerte de las galaxias. En el plano humano los ciclos se experimentan como día y noche, el retorno de las estaciones, el descendimiento periódico del individuo en la encarnación y el retorno de los períodos de la historia mundial, tanto si uno considera las épocas astrológicas (Piscis, Acuario, etc.) como el ciclo de las cuatro Eras de los hindúes y de los griegos. Todo esto implica una visión del mundo muy profunda que confirma la posición de Fludd entre los verdaderos filósofos esotéricos.


Lecturas:

Joscelyn Godwin, Robert Flud, claves para una teología del universo. Editorial Swan 1987

Frances Yates, El iluminismo Rosacruz. Siruela 2008


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lunes, 7 de octubre de 2013

Robert Fludd: macrocosmos y microcosmos


El Sol como Logos Solar en un grabado de Utriusque Cosmi I, pág. 19 de Robert Flud.
Fludd no compartía la teoría copernicana que sitúa al Sol en el centro del universo material, pero le concedía, como símbolo universal de la Divinidad Suprema (al igual que Marsilio Ficino), la primacía absoluta en el orden planetario. Sería así, dentro de la doctrina de la cadena del ser,  el punto intermedio que se extiende entre la Tierra y el Cielo. En la correspondencia entre el macrocosmos  y el microcosmo, el Sol sería al Cielo lo que el corazón al cuerpo humano, esto es, la manifestación más próxima a Dios en ese nivel particular.


Robert Fludd (1574-1637), una de las figuras más destacadas del hermetismo renacentista inglés ejerció como médico, actividad a la que sumaría sus grandes conocimientos en teosofía, magia, cábala, alquimia, geomancia y música. En la obra que dejó escrita en ediciones bellamente ilustradas por el grabador Johann Theodor de Bry, encontramos uno de los ejemplos donde se intentan plasmar todos los conocimientos existentes que una mente era capaz de abarcar, algo propio del sabio del Renacimiento, pero cuyo periodo de esplendor ya alcanzaba su cénit. En esa tentativa, parece descubrirse cierta desesperación manifestada en la incapacidad para concluir un magnum opus donde exponer sus planes extraordinariamente complicados. El objetivo de Fludd era nada menos que hacer un compendio de todo lo que sabía sobre el universo y sobre el hombre (macrocosmos y microcosmos), y las relaciones existentes entre ellos en aras de una visión totalizadora con Dios, algo que, por otra parte, estaba ya en oposición con la corriente científica y mecanicista de su tiempo que emergía de la mano de, entre otros, Descartes, quien estableciera las bases de una separación filosófica entre el mundo de la materia y del espíritu. Esa visión unitaria - fundamental también en la forma como aplicaba su medicina siguiendo a Paracelso-, es el nexo común que se muestra en todos sus libros, valiéndose en gran medida del poder de las imágenes. De estas, dejo una selección de las que aparecen en Utriusque Cosmi, Maioris scilicet et Minoris, metaphysica, physica, atque technica Historia, donde se representan de una forma más elocuente las correspondencias entre macrocosmos y microcosmos, tal como las ideara Flud para su doctrina teológica del universo. Las acompaño con las interpretaciones que sobre ellas hiciera Joscelyn Godwin.


Robert Fludd
Claves para una teología del Universo
(Fragmentos)
Por
Joscelyn Godwin



 Macrocosmos y Microcosmos

El ser humano considerado como un pequeño universo, su constitución y relación con el Macrocosmos.

 Robert Flud, Utriusque Cosmi I, a, portada


La conocida portada de Utriusque Cosmi... Historia compendia las correspondencias entre los reinos etéreos y elementales del hombre. El círculo exterior representa el universo tolomeico, desde las estrellas fijas hasta los planetas, con cuatro círculos exteriores no marcados que corresponden a los elementos. A este macrocosmos corresponde el microcosmos del hombre. Los signos del zodíaco, equivalentes a estrellas fijas, gobiernan sus miembros desde la cabeza (Aries) hasta los pies (Piscis). Después de los círculos planetarios vienen los elementos, a los que corresponden los cuatro humores de la medicina galénica: fuego = bilis amarilla (Cholera), aire =sangre (sanguis), agua = flema (pituita), y tierra = bilis negra (melancholia).
La cabeza de cada mundo está presidida por un Sol y una Luna. Cabe recordar su presencia tradicional en las pinturas medievales de la Crucifixión representando los opuestos polares entre los cuales el Hombre Divino es sacrificado en aras del mundo. En el hombre son el Espíritu y el Alma, el Rey y la Reina, cuyo matrimonio constituye el objetivo de la alquimia.
Por encima y más allá del reino de los contrarios, el Tiempo, que todo lo abarca, hace girar macrocosmos y microcosmos. Posee sus atributos tradicionales: las alas, el reloj de arena y patas de macho cabrío. Puesto que el Padre Tiempo es la misma divinidad que Cronos o Saturno, puede referirse a la constelación de Capricornio, que Saturno gobierna y ve al comenzar el año. Naturalmente, este "Saturno" es una manifestación del orden superior del planetario. En la teología órfica, el propio Principio Supremo recibe un nombre afín: Chronos.

Los vehículos más elevados del hombre

Robert Fludd, Utriusque Cosmi II, a, I, portada


Una visión más exaltada del hombre lo relaciona también con el punto situado por encima del zodíaco. Con sus facultades "sobrenaturales" de Razón (Ratio), Intelecto y Mente (Mens), se eleva sobre el trilpe mundo de las jerarquías angélicas y entra en contacto con el propio Dios. Estas facultades más elevadas están situadas, naturalmente, fuera de los cuerpos físicos y etéricos, cuyo dominio se detiene en el círculo que toca el hombre. Más allá, se halla en camino de convertirse en "Hombre Universal" y, en último término, en un Dios por derecho propio.


El hombre triple

Robert Fludd, Utriusque Cosmi II, I, pág. 105


Del mismo modo que los diagramas de Fludd del universo tolomeico muestran la luz de Dios brillando sobre los tres reinos, éste nos muestra los tres reinos tal y como se manifiestan en el hombre, situado por debajo de Dios. El Sol que aparece sobre su cabeza puede recordarnos el loto de mil pétalos del yoga, el Sahasrara Chakra, cuyo florecimiento indica la trascendencia de los reinos condicionados, tanto el empíreo como el etéreo y el elemental.
Al cielo más elevado corresponde la cabeza con sus tres funciones:
El rayo Deífico o Mente: luz no creada.
La esfera de la Luz o Intelecto: luz creada.
La Esfera del Spiritus: Razón: el Empíreo.
Las esferas planetarias o cielo etéreo corresponden al tórax, en cuyo centro rige el corazón, equivalente del Sol en "la esfera de la vida". Las esferas elementales del fuego, el aire, el agua y la tierra están señaladas en el dibujo y en la leyenda:
A Cólera (vesícula biliar).
B Sangre (hígado y venas).
C Flema (vientre).
D Heces y excrementos (vísceras).
Si se desea una clarificación de lo que los antiguos entendían por "bilis negra", el humor melancólico, aquí la tenemos. En el centro se encuentran los genitales, que corresponden al centro de la Tierra


El Universo Tolomeico I

 Robert Flud, Utriusque Cosmi II, a, pág. 219


De la infinita luz de Dios (Deus) desciende una espiral hasta las últimas profundidades de la materia. Lo absoluto crea limitando su propia infinitud en un acto descrito por la leyenda que aparece a la izquierda: "La unidad simple; el comienzo; el punto inicial; fuente de esencias; el primer acto; el Ser de seres; la Naturaleza que produce la naturaleza".
Primero está la Mente Cósmica o del Mundo (Mens), abierto por un lado al Absoluto y por otro entrando en el vórtice constricto que es la creación. La primera letra del alfabeto hebreo, Aleph, señala el comienzo de los comienzos a partir del cual emanan las otras veintiuna hipóstasis en un esquema triple. Las vueltas de la espiral del 2 al 10 son los nueve órdenes de ángeles: serafines, querubines, dominaciones, tronos, potestades, principados, virtudes, arcángeles y ángeles. Éstos habitan los reinos incorpóreos y metafísicos. En 11, el cielo de las estrellas fijas, llegamos a la esfera del Zodíaco que rodea a los siete planetas caldeos (12-18): Saturno, Júpiter, Marte, el Sol, Venus, Mercurio y la Luna. La tercera zona es la región sublunar en la que todo está formado por los cuatro elementos (19-21): fuego, aire, agua y tierra. Los arquetipos o inteligencias que presiden cada una de las veintidós esferas están representados por las letras hebreas y por las cabezas aladas.


El Universo Tolomeico II

Robert Flud, Utriusque Cosmi II, a, pág. 9


Si la imagen anterior representaba el cosmos en orden descendente a partir de Dios, aquí lo vemos creado como un todo instantaneo. El espíritu de Dios en forma de paloma cincela el universo a partir de las nubes de la Nada. Las tres divisiones quedan establecidas aquí con mayor claridad. Los nueve niveles de la jerarquía celestial se hallan divididos en tres círculos (correspondiendo probablemete a la división órfico-platónica en Dioses Inteligibles, Inteligibles-Intelectuales e Intelectuales. A continuación se hallan las estrellas fijas y los siete planetas; el Sol y la Luna derramando su luz sobre el mundo sublunar. El primero de los elementos es el fuego, luego viene el aire y el agua, adecuadamente habitados de pájaros y peces; luego la tierra y ahí parece encontrarse el golbo terrestre al comienzo de la creación. Adán y Eva en el jardín del Edén conversan con la serpiente.


El Universo Tolomeico III

Robert Fludd, Utriusque Cosmi I, a, pág 5


"Espejo de toda la Naturaleza e Imagen del Arte". Este esquema cósmico de Fludd, uno de los mas integradores, sigue al anterior en su disposición general. El mundo sublunar está dibujado con gran detalle. Fuego y aire constituyen dos círculos, pero el agua y la tierra están representados mediante un paisaje realista sobre el que se yergue la Naturaleza (vid. infra). Bajo la égida de estos elementos, por así decirlo, se encuentran los tres reinos de la naturaleza:
    Animal (que contiene las imágenes del delfín, la serpiente, el león, el hombre, la mujer, el águila, el caracol y el pez).
    Vegetal (árboles, racimos de uvas, trigo, flores y tubérculos).
    Mineral (talco, antimonio, plomo, oro, plata, cobre, oropimente y sal amonacal, cada uno gobernado por el planeta correspondiente).


Las conexiones entre los mundos planetario y elemental se muestran en las líneas de puntos; obsérvese que el hombre mira al Sol y la mujer a la Luna. La presencia de tres soles pueden ser una referencia a la doctrina órfico-platónica del triple Sol por cuya divulgación el emperador Juliano encontró la muerte en el año 364.
La descripción que hace Flud de esta lámina se centra en la figura de la Naturaleza, que es representada como una hermosa virgen. "No es una diosa, sino íntima delegada de Dios, por cuyo mandato rije los mundos celestes. En la imagen está atada a Dios por una cadena (la catena aurea de Homero, que desciende a lo largo de toda la jerarquía del ser). Ella es el Alma del Mundo (anima mundi) o el Fuego Invisible de Heráclito y Zoroastro. Es ella quien hace girar la esfera de las estrellas y dispone las influencias planetarias en los reinos elementales alimentando a todas las criaturas en su vientre. En su pecho se halla el verdadero Sol, en su vientre la Luna. Su corazón da vida a las estrellas y planetas, cuya influencia, infundida en su seno por el espíritu mercurial (llamado por los filósofos Espíritu de la Luna), es enviada al propio centro de la Tierra. Su pie derecho reposa en tierra, el izquierdo sobre las aguas, lo que significa la conjunción del azufre y el mercurio sin la cual nada puede ser creado".  Así lo describe Fludd en su críptico  lenguaje alquimista.(...) La naturaleza, dice Fludd, dispone de un ayudante que la imita y produce cosas semejantes a ella. A este Imitador (o Mono) de la Naturaleza surgido del ingenio humano, llamamos Arte. En el grabado forma el último término de la cadena del ser y mantiene la misma relación con la naturaleza que la que ésta mantiene con Dios. Podríamos decir parafraseando el Corán que el hombre es el virrey de Dios sobre la Tierra, donde tiene encomendada la tarea de cuidar este rincón del universo. Las artes, que en época de Fludd incluían lo que hoy denominamos ciencias, son los medios de que dispone el hombre para convertir la tierra en un lugar de dicha y belleza... siempre que las utilice convenientemente.




Lecturas:

Joscelyn Godwin, Robert Flud, Editorial Swan 1987

Frances Yates, Robert Fludd y la época de Jacobo I, Revista El Paseante nº 4 1986 págs. 120-134

Frances Yates, El iluminismo Rosacruz, Siruela


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