Foto: Trencadís (cerámica fragmentada) en el Parc Güell de Barcelona

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viernes, 17 de julio de 2015

Alma


Gustave Dore, Divina Comedia, visión de Dante y Beatriz



El dios eterno razonó de esta manera acerca del dios que iba a ser cuando hizo su cuerpo no sólo suave y liso sino también en todas partes equidistante del centro, completo, entero de cuerpos enteros. Primero colocó el alma en su centro y luego la extendió a través de toda la superficie y cubrió el cuerpo con ella. Creó así un mundo, circular que gira en círculo, único, solo y aislado, que por su virtud puede convivir consigo mismo y no necesita de ningún otro, que se conoce y ama suficientemente a sí mismo. Por todo esto, lo engendró como un dios feliz."

Platón, Timeo 34, b


No encontrarás los límites del alma ni aún cuando recorras íntegramente cada camino sobre la tierra; tan profundo es su logos.

Heráclito (fragmento 45)



Algunos pasajes del último capítulo de La tradición oculta del alma de Patrick Harpur.



Alma y el otro mundo
(fragmento)
por
Patrick Harpur



El "gran misterio"

El alma es insondable y desafía cualquier definición. Nunca aparece como tal , sino que siempre lo hace como otra cosa, como alguna imagen de sí misma. Incluso la palabra "alma" es una de sus imágenes. El alma es toda imaginación, incluido su propio auto-imaginarse. Es paradójica y engloba todas las contradicciones. (...) Su manifestación favorita es la imagen personificada, en especial dioses y dáimones. Le gusta aparecerse en otra persona, como Beatriz se apareció a Dante; o bien como otra persona, como los amados desconocidos que encontramos en los sueños. El alma es como el anima de Jung: es nuestra alma personal, que nos confiere la sensación de singularidad; y también el rostro impersonal que nos muestra el alma del mundo. Pero es asimismo nuestro daimon personal que nos guía y protege, que media entre los dioses y nosotros, y que a su vez precisa de un guía y un mediador.
Todas las ideas o declaraciones sobre el alma parten en primer lugar de ella misma. El abanico de las partes del cuerpo donde la hemos situado a lo largo de la historia (cabeza, corazón, sangre, "grasa del riñón", cerebro, etcétera) es una metáfora de su omnipresencia. No la capturamos de frente, sino de soslayo, siempre que estemos abiertos a insospechadas profundidades que aporten sentido; cada vez que percibamos un secreto, algo interno, que resulte revelador, cuandoquiera que hagamos una asociación repentina, como una metáfora, que ofrezca una visión nueva. Del mismo modo, cultivaremos el alma si buscamos la profundidad, la interioridad y las asociación; es decir, si ejercitamos la imaginación. Esto incluye practicar cambios de perspectiva, o "mirar a través" de otra realidad; observar el mundo poéticamente o "con doble visión": descubrir lo metafórico en lo literal, el relato detrás de los "hechos"; reflexionar o "mirar hacia atrás" para asociar el presente con el pasado, o mejor dicho, la experiencia presente con su trasfondo arquetípico; ampliar y desarrolllar imágenes, ya estén en sueños, obras de arte o en el pasillo de un supermercado, adquiriendo conciencia de las conexiones y emociones que dichas imágenes nos evocan; "soñando el mito hacia delante", como solía decir Jung.

Hacer alma

Sin embargo, puesto que el alma permanece siempre en sí misma una incógnita insondable, lo que Paracelso -seguramente el primer gran científico naturalista- llamó "Misterium Magnum", la otra decepción es que, consiguientemente, no puede haber ninguna respuesta definitiva a mis preguntas iniciales: "¿Cuál es mi propósito en la vida? ¿Para qué estoy aquí? ¿Adónde vamos al morir?". Una respuesta provisional podría ser la siguiente: nuestro propósito es llevar a cabo el plan secreto del daimon y construir nuestro yo apartir de su esquema. Desde el punto de vista del espíritu, se trata de una Meta, una cima que debemos escalar; desde la perspectiva del alma, es un camino, un intrincado deambular a lo largo del cual nos transformamos. Tras la muerte, la trayectoria lineal del espíritu se reconcilia con el recorrido en espiral del alma, como la imposible cuadratura del círculo. "El camino hacia arriba y el camino hacia abajo", dijo Heráclito, adelantándose a los maestros zen, "son uno y el mismo." Las respuestas a las preguntas de la vida se harán evidentes porque entrar en la plenitud de nuestro ser es, obviamente una realización. Como parte del Alma del Mundo, también lo somos de una danza cósmica por cuyo propósito y significado no tiene sentido  preguntarse, porque toda ella es propósito y significado. (...)

El baile del banquete de bodas

Al morir, volvemos al Alma del Mundo de la que provenimos. De hecho, nunca la hemos abandonado. Seguimos estando en esta gran Imaginación pero no la vemos. No podemos imaginar la Imaginación en sí misma. Aquellos que la han vislumbrado nos cuentan una y otra vez que somos como durmientes o ciegos hasta que la muerte nos despierta y nos devuelve a la visión. La mayoría de nosotros la hemos percibido, aunque sea fugázmente, en el transcurso de nuestra vida: tal vez frente a un amanecer o en un sueño epifánico, ante una obra de arte o con el gozo del amor, o en instantes llenos  de sosiego a medianoche, cuando la eternidad desciende a nuestras almas silenciosas como la luz de la luna. Entonces, por un segundo, comprendemos que somos como los prisioneros de la oscura y mohosa caverna de Platón, incapaces de concebir el Sol o una brisa perfumada; entendemos que nuestras cadenas son los "grilletes forjados por la mente" de Blake, de los que podemos librarnos en un instante y caminar en la gloria del Paraíso Terrenal.
Siempre ha sido difícil hallar la metáfora o el símbolo adecuados para explicar la mutua inherencia del alma y el espíritu. Sólo se me ocurren dos válidos: el matrimonio y la música.
Como ejemplo de matrimonio, T. S. Eliot se inspiró en la larga historia poética de la rosa como símbolo del alma, y del fuego como símbolo del espíritu. Al final de Cuatro cuartetos, fusiona estos símbolos inconmensurables en un grito de gratitud y alabanza, y en una imagen mística de llamas anudadas en la silueta de una rosa.

No dejaremos de explorar
Y el fin de toda nuestra exploración
Será llegar a donde empezamos
Y conocer el lugar por primera vez.
Tras la puerta desconocida, recordada
Cuando lo último de la tierra por descubrir
Sea eso que era el comienzo;
En el nacimiento del río más largo
La voz de la cascada escondida
Y los niños en el manzano
Desconocida, por no buscada
Pero oída, medio oída, en la quietud
Entre dos olas de mar.
Rápido, ahora, aquí, ahora, siempre
Un estado de completa simplicidad
(Costando no menos que todo)
Y todo estará bien y
Toda forma de las cosas estará bien
Cuando las lenguas de llama se replieguen
Hacia el coronado nudo de fuego
Y el fuego y la rosa sean uno.



Al final de su cuarto volumen de Les mythologiques, el antropólogo francés Claude Lévi-Strauss concluye que si existe una pareja de símbolos que encarne nuestra condición dual, ésa es la del Cielo y la Tierra. Y es que casi todas las mitologías hablan de un tiempo en que el mundo celeste yacía con este mundo; su separación fue la causa de todas las desdichas y su reencuentro es nuestro anhelo. 

Unión de Geb (tierra) y Nut (cielo) en un papiro egipcio


El hiero gamos, o matrimonio sagrado, del Cielo y la Tierra es un símbolo de todos nuestros ansiados reencuentros de arriba a abajo en la escala del ser: emoción e intelecto, materia y espíritu, cuerpo y alma, Uno y Múltiple, masculino y femenino, humano y divino, libertad y determinismo: todas las contradicciones de nuestra desmedida existencia se enlazan maravillosamente en la boda del alma y el espíritu, que mantiene nuestra dualidad en el corazón mismo del Uno. La metáfora del matrimonio nos dice que el tópico también es cierto: que aunque siempre seamos nosotros, sólo lo somos verdaderamente cuando nos hallamos en otro, tal y como Dante y Beatriz se reflejaron en los ojos del otro ante el altar resplandeciente del Amor.
Como en la definición hermética de Dios, el alma es "una esfera infinita cuyo centro está en todas partes y su circunferencia no está en ninguna". Es el corazón palpitante del cosmos, y la circulación de la sangre vital. Se contrae en el Uno, el Dios abstracto, y se expande en lo Múltiple, los dioses personificados, de la misma manera que nuestra psique se mueve centrífugamente respecto a un centro y centrípetamente respecto a una circunferencia, como si inspirase y expirase. Inspiras, y todo está dentro de ti; expiras, y estás en todo. Pues nuestras almas están contenidas en el Alma del Mundo y, a la vez, mediante la convulsión imposible del Amor, esa misma inmensidad está contenida en nosotros. En consonacia con el cosmos, también nosotros somos Uno y Múltiple, al contraernos y expandirnos en armonía con el corazón del alma.
La música ayuda a representar cómo podemos retener la propia identidad mientras nos sumergimos en una totalidad mayor; porque, seamos músicos u oyentes, cuanto más nos olvidamos de nosotros mismos y más permeables nos volvemos a la música, más somos nuestro único sí-mismo. Podemos imáginar que nuestra alma participa del Paraíso de la misma forma que una voz individual participa en el coro, o un músico en la orquesta. A pesar de todo, la imagen del coro celestial me resulta excesivamente "espiritual". Su carácter comunitario huele demasiado a monasterio y no lo suficiente a banquete de bodas. Yo desconfiaría de un más allá demasiado puro como para no incluir a patanes y a pícaros, del mismo modo que no puedo  concebir una literatura sin Falstaff y Bottom, Sam Weller y Artful Dodger, Sancho Panza y Bertie Wooster. (...)
El matrimonio y la música son sólo símbolos. Una vez que hemos cruzado la frontera desde el reino transitorio al Otro Mundo propiamente dicho, nos quedamos sin imágenes ni lenguaje, como revela el balbuceo extático de los místicos. Lo único que sabemos es que entrar en el Alma del Mundo es consumar ese deseo largamente acariciado y que, no importa de qué ropajes lo vistamos, es el ansia del Paraíso que perdimos al nacer; el ansía del Amado que nos recibe con los brazos abiertos para girar danzando en ese reino donde, como dice el sabio Heráclito (con su definición del alma inmensurable), "nos aguarda lo que no esperamos y ni siquiera imaginamos".



Lecturas: 

Patrick Harpur, La tradición oculta del alma. Atalanta 2013 


Entradas relacionadas:

Mundus Imaginalis 

A través de los ojos

Doble Visión

La tierra baldía


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miércoles, 26 de noviembre de 2014

Chamanes y abducidos


Ovni abduciendo


Aparte de los dioses y seres sobrenaturales a los cuales se dirigen los rezos y se ofrecen sacrificios, existen los "especialistas de lo sagrado", hombres capaces de "ver" a los espíritus, de subir al cielo con los dioses, de descender a los infiernos y de combatir los demonios, la enfermedad y la muerte. El papel esencial del chamán en la defensa de la integridad física de la comunidad reside sobre todo en el siguiente hecho: los hombres están convencidos de que uno de ellos es capaz de ayudarlos en las circunstancias críticas provocadas por los habitantes del mundo invisible.

Mircea Eliade, El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis


Dejo una nueva entrada dedicada a Patrick Harpur, en esta ocasión sobre su obra "Realidad daimónica", de la que todavía no había nada publicado en este espacio. Para su autor, todos los seres imaginarios que han aparecido a lo largo de la historia -hadas, daímones, divinidades, antepasados difuntos, animales fantásticos, fantasmas, etc..., a los que se sumarían otros más recientes como extratrestres junto a avistamientos de sus ovnis y las populares abducciones-, serían expresión de fenómenos puramente psíquicos, pero en la "psique" se englobaría todo el mundo -no tan sólo la mente individual-, tal como lo entendían los neoplatónicos en su noción del Anima Mundi. Ésta sería la idea de que todo está interconectado formando una unidad, siendo en la mente humana, por su capacidad de acceder de forma espontánea o inducida a la "esfera de la imaginación", donde surgen las visiones y revelaciones que darían pie a los mitos y rituales que tradicionalmente han formado parte esencial de toda sociedad humana.
Selecciono a continuación algunos fragmentos dedicados al análisis comparativo de algunas de estas manifestaciones aparentemente muy alejadas en su significación, pero que Harpur, de forma coherente, encuentra paralelismos cuando se desvinculan de interpretaciones literales.


Humanos daimónicos
(fragmentos)
por
Patrick Harpur



Ritos de paso

La abducción de niños es toda una institución en la mayoría de sociedades tribales. Hacia la pubertad, son arrancados de la seguridad de sus hogares por entidades altas de rostros extraordinarios -bocas y narices como rendijas y ojos grandes, por ejemplo- y conducidos a un lugar oscuro, a veces subterráneo como una tumba, donde son abandonados durante días. Privados de comida y exhaustos, las entidades los visitan periódicamente y los torturan, rajándoles el pene o marcándoles la cara. Al mismo tiempo, reciben un conocimiento asombroso -secretos que no se deben revelar- antes de ser devueltos entre resplandores de luz a sus pueblos, donde sus familias ya no lo reconocen.
Por supuesto, estoy describiendo a grandes rasgos rituales de pubertad bastante habituales en que los aspirantes son arrebatados por los mayores de la tribu, que van disfrazados con máscaras y pinturas; son encerrados en la casa fetiche o aislados en el monte, y sometidos a procesos rituales como escarificaciones, circuncisiones o clitorectomías.

 Escarificación practicada a un niño como rito de paso a la edad adulta en Papua Nueva Guinea

En cierto sentido, saben lo que está pasando, pero en otro temen de veras una muerte inminente a manos de los adultos a los que una vez conocieron, pero que ahora se han transformado en seres ajenos como los espíritus de los ancestros. Los propios niños son pintados para que parezcan fantasmas -es decir, asimilados a la muerte-, pues su yo antiguo e infantil debe morir a través de la iniciación para poder renacer en un yo nuevo y adulto. Por eso, cuando regresan a sus casa a la luz de una antorcha, recién instruidos en la tradición secreta y sagrada de la tribu, sus parientes simulan no conocerlos. Y, de hecho, como pasa con todos los abducidos, apenas se reconocen a sí mismo.
El cristianismo conserva vestigios de los ritos de pubertad en las ceremonias de la Primera Comunión y la Confirmación; pero éstas han abandonado todo acercamiento al poder imaginativo y transformador. Sobre todo, carecen del miedo  y el dolor que parecen ser elementos necesarios de la iniciación. Cabría preguntarse cuáles son las consecuencias de perder los ritos oficiales y efectivos que dan significado a nuestros cambios biológicos y nos imprimen el sello de la adultez. ¿No hay peligro de que permanezcamos infantiles, egoístas y dependientes, meras víctimas de lo que quiera que nos traiga la vida? Desde luego, muchas personas son iniciadas sin darse cuenta por las exigencias de sus propias circunstancias, como catástrofes familiares, pérdidas de los seres queridos o incluso auténticas ordalías en la escuela. La iniciación no depende tanto de la experiencia en sí como de lo que hacemos de ella, cómo la utilizamos para la autotransformación. Pero sin ritos tradicionales que induzcan y al mismo tiempo canalicen el sufrimiento, resulta difícil utilizarlo correctamente, y en lugar de eso nos vemos empujados a buscarle una cura.
Sin embargo, las sociedades tribales reconocen universalmente un tipo de persona que se incia de forma espontánea, no mediante ritos de pubertad organizados a nivel social, por ejemplo, sino mediante experiencias sobrenaturales directas. Podría afirmarse incluso que esta iniciación espontánea es el modelo en que se basa toda iniciación y que imitan -reencarnan literalmente- los mayores de la tribu encargados de iniciar a los niños. El tipo de personas al que me refiero son curanderos, hombres (o mujeres) de medicina o, como está de moda llamarlos ahora, chamanes.


La tradición del chamán

Aunque un chamán puede alcanzar su posición por herencia, es igual de probable que la obtenga por vocación espontánea. Son varios los signos de tal vocación: súbitas enfermedades, ataques o leves accesos, un "gran sueño" o, sobre todo, un inesperado estado de trance o éxtasis. Bajo dicho estado, el afectado pasa por una experiencia visionaria cuyos contenidos incluyen invariablemente uno o más de los siguientes factores: desmembramiento del cuerpo por "espíritus" (dáimones) o por las almas de chamanes muertos; expulsión o abandono del cuerpo, que luego es reconstruido con nuevos órganos o "huesos de hierro"; ascensión al cielo, seguida de un dialógo con los dioses o los espíritus; descenso al Inframunddo, seguido de una conversación con espíritus subterráneos y las almas de los chamanes muertos.
Chamán siberiano
Una vez el futuro o la futura chamán han sido elegidos claramente por semejante experiencia iniciática fundamental, pasan por experiencias daimónicas subsiguientes, normalmente bajo la supervisión de un chamán en activo, con el fin de adquirir la ayuda y protección de los espíritus familiares (a menudo animales) y de los espíritus tutelares (humanos, a menudo un enano). Estos espíritus pueden poseer al chamán o hablar a través de él, pero no es ésta la característica determinante del chamanismo (cualquiera puede ser poseído), sino, más bien, la habilidad para efectuar el ascenso a los cielos o el descenso subterráneo, controlando el itinerario sagrado que se estructura de acuerdo con la cosmología tribal. Por ejemplo, entre las tribus del norte de Asia, como los tungús de Siberia -que nos proporcionaron la palabra "chamán"-, los chamanes escalan un simbólico árbol del mundo que conecta Arriba con Abajo, montan sus tambores como si fueran caballos rumbo al cielo o descienden por el orificio del humo dentro de la yurta, para recrear los viajes heroicos, celestes y subterráneos de chamanes anteriores.
Las operaciones rituales de los espíritus sobre el futuro chaman hallan su paralelo entre los abducidos por ovnis. Por ejemplo, el 16 de agosto de 1975, Sandra Larson vio gran cantidad de globos brillantes descendiendo sobre ella en el camino hacia Bismarck, Dakota del Norte. Había una hora del trayecto de la que no podía dar cuenta. Bajo hipnosis decribió una clasica abducción por ovni durante la cual sus captores le rasparon el interior de la nariz con algún tipo de instrumento y luego, tras abrirle el cráneo, le quitaron el cerebro y se lo volvieron a colocar.
El 6 de enero de 1976, Mona Stafford, Louise Smith y Elaine Thomas se toparon con un objeto enorme con múltiples luces mientras conducían hacia Liberty, Kentucky. Al llegar se encontraron con un lapso de una hora y media del que no podían responder. Bajo hipnosis, sus historias relativas a los hechos supuestamente ocurridos durante su tiempo perdido se confirmaron parcialmente entre sí. Habían sido abducidos por unas criaturas bajitas y grises cuyos ojos rasgados, la única facción visible tras una especie de visor, estaban fijos en ellas con una mirada enervante.
Las tres mujeres fueron separadas y conducidas a algo así como una cueva donde hacía un calor sofocante. Como Antônio da Silva, las sujetaron a unas mesas y vertieron un líquido caliente y pegajoso encima de ellas. Entonces les retorcieron los brazos y las piernas como para comprobar cuánta presión podían soportar. A Mona le quitaron los ojos de las cuencas, los examinaron y se los colocaron de nuevo. (Un chamán yaku, Piotr Ivanov, informó de que su iniciación incluyó la desmembración de sus huesos, la desolladura de su carne y la separación de sus ojos de las cuencas.) Recordemos que Katie Davis se encontró paralizada en su coche después del primer avistamiento ovni del que podía acordarse. Luego notó que le arrancaban las piernas y que le empujaban algo duro en el interior del útero. Tanto ella como otra abducida, Susan, describen "cosas (...) que se movían como órganos".
Otro motivo recurrente en la tradición de abducciones ovni es el "implante". Los abducidos aseguran que sus abductores les introducen, a través de la nariz y el costado de la cabeza, alguna clase de objeto diminuto cuyo propósito es desconocido (los estrarrestristas especulan con que es con algún tipo de transmisor que permite a los alienígenas seguir de cerca a sus víctimas). Se trata del vestigio casi universal en el chamanismo, del que tenemos un ejemplo tipico en una práctica de los aranda de Australia. Un "espíritui" ensarta su lanza en el cuello del iniciado mientras éste está durmiendo a la entrada de la cueva iniciática. Luego, el espíritu se lo lleva a la cueva, le extrae los órganos internos y se los reemplaza por otros. Se le introducen fragmentos de cuarzo en el cuerpo y después regresa a la vida, aunque, durante algún tiempo, se comporta como un lunático. Se supone que los cristales de cuarzo le otorgan poderes al chamán, en especial el poder de volar. Se imagina que son de origen celeste y sólo medio materiales, como "luz solidificada".
Los "implantes" beneficiosos que confieren poderes tienen su contrapartida maléfica  en los objetos mágicos que introduce en el cuerpo de una persona un brujo, demonio, espíritu de un muerto o chamán maligno. Próximos a la "perdida de alma", estos objetos mágicos son la causa más extendida de enfermedad (en todo el continente americano, por ejemplo) y deben ser extirpados por un chamán que luego los expone, como, pongamos, una hebra, un insecto, un lagarto o una piedra.
Cuando tenemos en cuenta que también las abducciones por ovnis contienen el equivalente del viaje celeste del chamán, enseñanzas o revelaciones de los espíritus e incluso ecos de la cueva de iniciación en los "interiores" circulares y de luz uniforme, parece probable que guarden relación con los tipos de experiencias que las sociedades tribales reconocen como iniciáticas.


Muerte y renacimiento

La esencia de la iniciación, tanto para los abducidos como para los chamanes, consiste en la muerte y el renacimiento. En los ritos de pubertad, el yo infantil muere para que el yo adulto pueda vivir; el chamán es desmembrado y resucitado, muriendo su antigua perspectiva corpórea y emergiendo de nuevo con una nueva perspectiva daimónica. Muchos pueblos tribales establecen "sociedades secretas" cuyo propósito es iniciar a los adultos en el misterio de la muerte y el renacimiento mediante ritos que son del mismo tipo, aunque más suaves, que las iniciaciones chamánicas. Ésta era también la norma en la antigua Grecia, donde cualquier persona mínimamente digna estaba iniciada en los Misterios que tenían lugar en Eleusis. La sabiduría de Sócrates y la filosofía de su discípulo, Platón, no puede entenderse con propiedad sin tener en cuenta su iniciación en los Misterios de Eleusis. Puesto que estaba prohibido hablar de ellos, sabemos poco al repsecto; pero, de manera significativa, se creía que giraban alrededor del mito de Deméter-Core-Hades: el mito clásico, en otras palabras,de muerte y renacimiento.
En su tratado De anima, Plutarco compara específicamente la iniciación a los Misterios con la experiencia de muerte. Pues el alma, en la agonía, nos dice, "tiene la misma experiencia que aquellos que están siendo iniciados en los grandes misterios". Al principio, uno vaga de aquí para allá en las tinieblas; luego se topa con horrores que causan "escalofríos, temblores, sudor y asombro", hasta que al fin "lo prende una luz maravillosa" y es recibido en "prados y regiones puras, con voces y danzas y la majestad de sonidos y formas sagradas". (...)


Chamán australiano
Como los iniados a los Misterios (como los abducidos), todos los chamanes hacen hincapié en el horror de la iniciación, incluyendo el encuentro con sus espíritus o tutelares, que pueden parecer aterradores. Pero, como advirtió un chamán australiano, podemos obtener el poder de los espíritus siempre que no nos intimiden hasta dejarnos llevar por el pánico. En otras palabras, no hay nada que indique que el miedo y el dolor sean malos o erróneos, como tienden a sugerir las ideologías y psicoterapias modernas y laicas. Los sueños están repletos de miedo y dolor. Igual que los mitos y las religiones. Sólo hay que pensar en la Crucifixión como modelo de muerte iniciática y resurrección: el heroico Dios-hombre ruega que aparten de Él el amargo cáliz. No sucede así. Lo azotan, lo coronan con espinas, lo atraviesan con clavos y con una lanza en el costado; lo cuelgan de una cruz y lo dejan morir; desciende al Infierno y, al tercer día, asciende a los cielos, donde se sienta a la derecha de Dios Padre.
En la experiencia de casi muerte del señor Cunningham (el hermano Drythelm), que estableció el patrón para la mayoría de los subsiguientes viajes cristianos ultramundanos, recordemos que los demonios le infligían dolor y terror en el reino intermedio del Purgatorio. Aquí, la iniciación se cristianiza en forma de castigo por el pecado, mientras que el renacimiento se traduce en conversión. Algo de esta influencia cristiana -de esa influencia demonizante- persiste en los modernos mitos de abducción. El primer informe completo de una abducción por parte de los "grises", que ya nos resultan familiares, es el que sufrieron en septiembre de 1961 Betty y Barney Hill, mientras conducián por una carretera desierta.
Las dos víctimas fueron sometidas a la habitual operación de exploración: mientras que a Barney le colocaron un artilugio con forma de copa en los genitales -que le dejó un anillo de marcas rojas-, Betty recordó (bajo hipnosis) que le habían atravesado el abdomen con una aguja. Se trata, por supuesto, de una tortura tradicional empleada por los demonios en la iconografía cristiana; la misma operación puede verse, por ejemplo, el el Kalendrier des Bergiers del siglo XV, donde aparecen demonios torturando a las almas condenadas.

Kalendrier des Bergiers s. XV


Así pues, los cristianos fundamentalistas, especialmente locuaces en los Estados Unidos, no carecen completamente de justificación al ver a los grises como poco más que demonios al servicio de Satanás.
Otro enfoque, esta vez laico, que se ha puesto de moda en Norteamérica es tratar a los presuntos abducidos no como pecadores castigados por los demonios, sino como a víctimas. Se determina que sufren un "desorden y estrés port-traumático", y se les contempla con independencia de toda creencia en el origen de su trauma, del mismo modo que a las víctimas de violaciones o a los supervivientes de guerras. En otras palabras, su experiencia se considera una cuestión médica y se despoja de su potencial hondo e iniciático, por no decir religioso.


Lecturas:

Patrick Harpur, Realidad daimónica. Atalanta 2007

Mircea Eliade, El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis. FCE 2003

Mircea Eliade, Nacimiento y renacimiento. Kairós 2001


Enlace a otras entradas con textos de Patrick Harpur:

 http://barzaj-jan.blogspot.com.es/search/label/Patrick%20Harpur


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jueves, 6 de noviembre de 2014

A través de los ojos


Rene Magritte, Falso espejo (1928)


Creo que el pintor debe ser atravesado por el universo y no querer atravesarlo.

Max Ernst 


La razón, y por la razón él (W. Blake) entendía las deducciones que partían de las observaciones de los sentidos, nos ata a la mortalidad porque nos ata a los sentidos, y nos separa a unos de los otros al mostrarnos nuestros intereses en conflicto; pero la imaginación nos separa de la mortalidad mediante la inmortalidad de la belleza, y nos une a todos al abrir las puertas secretas de todos los corazones.

W. B. Yeats, William Blake y la imaginación


Si pasáis más allá de la forma, oh amigos, encontraréis el Paraíso y rosaledas dentro de las rosaledas.
Cuando hayáis roto  y destruido vuestra propia forma, habréis aprendido a romper la forma de todo.
Después de eso, romperéis toda forma, como Haydar ('Alî), quitaréis de en medio la puerta de Khaybar.

Rûmî


Sigo en esta entrada con otros fragmentos de El fuego secreto de los filósofos de Patrick Harpur. Aquí, dentro de un discurso crítico con la herencia dejada en nuestras conciencias por el materialismo científico surgido a partir de Descartes, escribe sobre la "doble visión", tema referido en diversas ocasiones por el autor cuya finalidad sería escapar de la visión plana y excesivamente literal del mundo que nos rodea, ciega a toda metafísica y a lo que no puede ser registrado por los sentidos e instrumentos de observación.


Del revés
(fragmentos)
por
Patrick Harpur


(...) Peer Gynt y los trolls

Estas oscuras ventanas del alma de la vida
desvirtúan los cielos de extremo a extremo
y te llevan a creer una mentira
cuando miras con los ojos, y no a través de ellos.

Estas líneas de Blake apuntan con precisión al defecto fundamental de la conciencia postcartesiana moderna: su literalismo. Ver sólo con los ojos es ver el mundo con una visión simple, únicamente bidimensinal, literal. Ver el mundo a través de los ojos es cultivar lo que Blake llamaba "doble visión", que percibe con una profundidad mayor y capta lo metafórico, más allá de lo literal. La visión simple ve el sol solamente como sol; la doble visión lo ve también como una hueste celestial. Necesitamos la doble visión para ver a los dáimones; para ver que son reales, pero no literalmente. Por desgracia, nuestra mente se ha vuelto tan literal que la única realidad que reconocemos es la realidad literal, que, por definición, excluye a los dáimones.
Pero la realidad está lejos de ser intrínsecamente literalizada. Es literalizada por la perspectiva peculiar de nuestra conciencia moderna. Es peculiar, pues es la única perspectiva que pretende no ser en absoluto una perspectiva, sino la verdadera visión del mundo real. De hecho, ha perdido la perspectiva, porque "perspectiva" significa "ver a través", y no consigue ver a través de sí misma. Tan fuerte es la literalidad de nuestra visión del mundo que es casi imposible para nosotros comprender que es exactamente eso: una visión, y no el mundo. (...)
Por otra parte, el literalismo escinde la doble visión en una visión polarizada; no sólo literaliza este mundo, sino también, por decirlo así, el Otro Mundo. En la obra de Ibsen Peer Gynt, el héroe epónimo -un poeta típico- es capturado por los trolls y conducido a su guarida de la montaña. El rey troll ensalza las virtudes de la visión de los trolls que, por ejemplo, ven hermosas doncellas en lugar de vacas. Si Peer accede a que le hagan una operación sencilla en sus ojos, también su visión se podría transformar en visión troll. Peer se niega con indignación. "Está perfectamente dispuesto, dice, a jurar que una vaca es una hermosa doncella, pero quedar reducido a la condición de no poder distinguir la una de la otra, a eso nunca se someterá".


 Peer Gynt es llevado ante el rey de los trolls en una ilustración de Arthur Rackham


Peer se niega a renunciar a la doble visión del poeta. Pues ver siempre las vacas como hermosas doncellas es como poder ver solamente la hueste celestial y no el sol. En ambos casos somos víctimas de la visión simple, del literalismo, como cuando únicamente vemos las vacas solamente como vacas, desprovistas de sentido y de posibilidades metafóricas.

La salvación a través de la ciencia

No podemos ver el mundo salvo a través de alguna perspectiva o estructura imaginativa, en pocas palabras, a través de algún mito. En realidad, el mundo que vemos es el mito en el que estamos. Podemos elegir el mito a través del cual podemos mirar, pero no podemos renunciar a mirar a través de alguno. Es sumamente difícil llegar a ser consciente de que el mundo realmente es nuestro mapa, nuestro esquema del mundo; y ésa es la dificultad que entraña el hecho de ver a través de nuestra propia perspectiva. Pero si no lo hacemos, nos quedamos ciegos con una sola versión del mundo. La literalidad es una ceguera de este tipo.
Y por eso el primer ideal científico de un empirismo puro, de una reunión de hechos enteramente objetivos, no es posible ni siquiera deseable: simplemente, la ciencia no puede actuar sin ningún principio de selección de los hechos, sin algún mapa mental. Los científicos que ridicularizaron la noción de que las piedras caen del cielo o que los continentes cambian de sitio, carecían  de un mapa del mundo que concediera lugar a los meteoritos o a la idea de la deriva continental. En esos casos, los mapas acaban cambiando. El peligro surge cuando nos negamos a alterar el mapa.
James Lovelock habla del escándalo que supone el hecho de que, a pesar de las enormes sumas de dinero gastadas en satélites, globos y mediciones aeronáuticas, los científicos no habían sido capaces, sin embargo, de predecir o descubrir el agujero en la capa de ozono. En realidad sus instrumentos estaban programados para rechazar los datos que fueran sustancialmente diferentes de las predicciones modelo. Los instrumentos detectaron el agujero, pero los que estaban a cargo del experimento lo ignoraron, diciendo: "No nos molestéis con hechos; nuestro modelo lo sabe mejor". En este ejemplo vemos como la ciencia puede derivar en cientifismo, y convertir su mapa del mundo en el mundo .
El cientifismo puede ser descrito más o menos como una combinación de positivismo lógico -que rechaza la especulación metafísica y sostiene que ninguna afirmación es significativa si no puede verificarse empíricamente- y materialismo, por el que entiendo, por supuesto, la doctrina filosófica de que la materia es la única realidad. (...)
Ignorar la complejidad es, generalmente, una de las características de las ideologías, y sin duda la razón principal de su éxito. Su perspectiva simple y literalista nos promete la liberación de la duda, de la ambigüedad, de la dificultad. Las ideologías se concentran en una única imagen que encarna su lado parcial de la verdad de una forma tan impresionante que paraliza la imaginación del discípulo y la cierra a cualquier otra posibilidad. "Los hechos que no se ajustan, simplemente no son digeridos", escribe Mary Midgley. "Ejemplos de esas imágenes hipnóticas son la lucha de clases en el marxismo, la rata condicionada en el conductismo, el deseo sexual reprimido en el psicoanálisis, y el 'gen egoísta' en sociobiología."
Igual que los dáimones se polarizaron en ángeles y demonios literales, así el literalismo polariza una visión del muno imaginativa y ambigua en ideologías opuestas, cada una de las cuales cree estar en el lado de los ángeles y demoniza a la otra. El comunismo demoniza al capitalismo y viceversa. Los cristianos fundamentalistas demonizan a los neodarwinistas y viceversa. Aunque una ideología cree que ha triunfado sobre su oponente, sigue acosada por los dáimones desde dentro; el capitalista teme a "los rojos que hay bajo la cama", el comunista ve "traidores de clase" por todas partes, el fundamentalista cristiano ve la mano de Satanás en las actividades más inofensivas. Las ideologías propenden al fanatismo porque están cargadas inconscientemente con los dáimones que han negado y los mitos que han repudiado. Están en poder de la sombra proyectada por su propia certeza, como los célebres viejos puritanos cuya negación de la sexualidad los llevó a ver desenfreno en todas partes.
Incluso el liberalismo, que se jacta de tolerancia, puede demonizar creencias que parecen, por ejemplo, autoritarias. Aun reconociendo su deuda ética con el cristianismo, el liberalismo rechaza sus categorías más desafiantes: el pecado debería ser tratado con psicoterapia, la desesperación espiritual con antidepresivos. Esa criatura oximorónica -el liberal fanático- ve la "incorrección política", como las obras de Satanás, en todas partes; y no admite ningún valor fuera de su propio humanismo secular.


Lecturas:

Patrick Harpur, El fuego secreto de los filósofos. Atalanta 2006


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lunes, 27 de octubre de 2014

La tierra baldía




¿Cuáles son las raíces que arraigan, qué ramas crecen
en estos pétreos desperdicios? Oh hijo del hombre,
no puedes decirlo ni adivinarlo; tu sólo conoces
un montón de imágenes rotas, donde el sol bate,
y el árbol muerto no cobija, el grillo no consuela
y la piedra seca no da agua rumorosa.


T. S. Eliot, La tierra baldía


¡Oh Dios! ¡Dios!... ¡Qué fastidiosas, rancias, vanas e unútiles me parecen las prácticas todas de este mundo!... ¡Vergüenza de ello! ¡Ah! ¡Vergüenza! ¡Es un jardín de malas hiervas sin escardar, que crece para semilla; productos de naturaleza grosera y amarga lo ocupan únicamente!...

William Shakespeare, Hamlet (I, II, 133)


La tierra baldía
(fragmentos)
por
Patrick Harpur


La pérdida del alma

(...) William James, en su libro sobre las variedades de la experiencia religiosa, escribió que el principio que transforma el mundo  durante las experiencias místicas es el mismo que actúa en la despersonalización, pero que actúa a la inversa. La despersonalización no es, en otras palabras, una condición médica. Es como una visión, pero una visión en la que el mundo se vuelve "aburrido, rancio, vano e inútil", como lo percibió Hamlet. Esta visión parece haber sido un acompañamiento inevitable de la vía negativa. El obstinado rechazo del alma y sus imágenes por parte de los padres del desierto condujo a un estado llamado acedia, o acedía, una especie de apatía que describían con frecuencia en términos de sequedad espiritual. Era como la noche oscura del alma de san Juan de la Cruz, cuando el suplicante siente la lejanía de Dios y la esterilidad del mundo.
El individuo despersonalizado ya no se reconoce como persona. Observa sus propias acciones como si estuviera fuera, como si fuera un espectador de sí mismo. No está exactamente deprimido; más bien, sufre de esa falta de vitalidad, de ese vacío, apatía y sensación de monotonía para que el término "sequedad" parece la metáfora más apropiada. La pérdida del alma es también la pérdida del Alma del Mundo, de manera que no sólo se está alejado de sí mismo, sino también del mundo, que parece extraño e irreal. Se vuelve plano, carente de la tridimensionalidad que le otorga la doble visión; y está muerto, porque le falta la imaginación que lo animaría. (...)
El mundo de la despersonalización es el mundo del cientifismo, cuyo rechazo de la iniciación y negación de la muerte, así como su mantenimiento del ego racional, cueste lo que cueste, nos introduce en una distopía vacía y sin alma. Me hiere una punzada de temor al pensar que puedo estar, que los occidentales podemos estar tan despersonalizados, que sólo por rutina estamos medio vivos. Me pregunto si tenemos siquiera la sospecha de cómo podrían ser nuestras vidas si nuestros efímeros contactos con el Alma del Mundo -esos pequeños destellos de verdad y de belleza- se volvieran continuos como el aire que respiramos.


El Santo Grial

No es coincidencia que el poema saludado como el primer poema moderno -La Tierra Baldía (1922) de T. S Eliot- trate precisamente de la crisis característica del S. XX: la pérdida del alma. O, como señala Ted Hughes, en Winter Pollen, "la compulsiva desacralización del espíritu de occidente".
El poema describe las secuelas de la catástrofe que Shakespeare había tratado de alejar, dramatizando las consecuencias de la exaltación del nuevo ego racional puritano a expensas del alma. Nacido de "la depresión y del derrumbe violento del ego" que Eliot había sufrido como un chamán, La Tierra Baldía describe un mundo urbano "irreal", cuyos habitantes son seres inquietos,vacíos, indiferentes, y mas bien sórdidos. La figura de Tiresias, el ciego vidente andrógino del mito griego, se mueve en el trasfondo y actúa como nuestro guia a través de la modernidad y el desierto, donde "no hay agua, sino solo rocas", y el "trueno seco, estéril y sin lluvia". Ya casi no es posible la poesía, salvo algunas citas raras de poemas del pasado, cuyas riquezas están esparcidas a lo largo de la tierra baldía como restos relucientes en el polvo.
E. M Foster señala en algún lugar que el poema trata sobre "las aguas regeneradoras que no  llegan". ¿Y que son esas aguas?  Son las que devolverían la fertilidad a la tierra baldía.

 El Rey Pescador, herido en el muslo. Ilustración del manuscrito "Le Roman du Saint Graal" S. XIV.


El título es un eco deliberado del mito artúrico, en el que el rey herido (el rey pescador) de manera incurable, gobierna un pais yermo, en un invierno perpetuo. Solo puede ser revitalizado por el Santo Grial, que traerá las aguas no en el sentido literal de fertilidad, sino en el sentido espiritual. El Santo Grial es el Alma del Mundo. Su fertilidad es la generación sobreabundante de toda vida imaginativa.
De este modo, el mito de Demeter y Core, que mencioné anteriormente como paradigma de iniciación del alma individual, es también un mito sobre la pérdida del Alma del Mundo. Deméter devasta el mundo, prohibe que los árboles den fruto, y que crezcan las cosechas, pues está encolerizada con Zeus por permitir que su hermano Hades se apodere de su hija. Tampoco restaurará el mundo hasta que Core sea devuelta. Pero el regreso de Core es precisamente la restauración del Alma del Mundo. El hecho de que coma unos granos de granada, y sea obligada por ello a permanecer en el Mundo Inferior durante tres meses al año, no es solamente un mito sobre los orígenes del invierno, es tambien una metáfora de la manera en que la vida natural, la reverdeciente vida de Deméter está siempre conectada con Hades, con la muerte a través del alma.

 Core y Hades en el Mundo Inferior, marmol s. V a. C.


Sin alma, sin la imaginación y sus daimones, el mundo parece baldío. Y esto es lo que Eliot teme que le haya sucedido al mundo moderno. La Tierra Baldía implica lo que ya previó William Blake: "que el apocalipsis que mata el Alma del Mundo no está al final de los tiempos, ni está próximo, sino que el Apocalipsis está aquí: Y newton, Locke, Descartes y Kant son sus jinetes".
A comienzos del s. XX, el alma, que había estado tanto tiempo marginada por el materialismo y el racionalismo, señaló su regreso a través de síntomas físicos que Freud observó en las neurosis de sus pacientes. Desde entonces, hemos confundido el alma con el lugar en el que fue redescubierta, como si nuestra alma perdida solo pudiera ser recuperada por la psicoterapia. Además, y a consecuencia de ello, hemos tendido a localizar el alma, ahora llamada "inconsciente", exclusivamente en el interior del individuo. Hemos olvidado que el alma está en todo, y que todo está en el alma, y que el alma es tanto colectiva e impersonal como individual y personal. Hemos desatendido el Anima Mundi, que ahora, a principios del S. XXI clama por nuestro cuidado y atención con síntomas físicos análogos a los que el psicoanálisis observó en el individuo.
Todo lo que una vez apreciamos como fundamento de la vida, aquello a lo que siempre podíamos acudir, si todo lo demas fallaba, se ha vuelto al parecer contra nosotros: el aire, la luz, el sol, la lluvia: todo está contaminado, todo es cancerígeno, ácido, todo contiene veneno. Parte de la contaminación es la manera en que -aunque la contaminación literal no fuera cierta- sentimos que lo es. La paranoia es una forma de vida cuando nos sentimos atacados por agentes invisibles que nos rodean: gérmenes, virus, "rayos" invisibles (como las microndas) en el aire e incluso venenos en los alimentos llenos de supuestos pesticidas, agentes químicos, y peligrosas modificaciones genéticas.
El sentido paranoico de que el mundo está conspirando contra nosotros es también, por supuesto, un síntoma del revivir del mundo. Lo hemos declarado muerto durante tanto tiempo que cuando vuelve a la vida, dotado de alma y animado como antaño, regresa aparentemente como la muerte misma. Los daimones proscritos vuelven como los demonios vengativos de síntomas patológicos letales.
Si queremos reinstalar el Alma del Mundo en su gloria original, tendremos que hacer algo más que introducir remedios medioambientales, que , por muy bienintencionados que sean, tienden a mantenerse en un polo igual y opuesto, esto es, tan literalistas como el daño que hacemos. Tenemos que cultivar una nueva perspectiva o visión en profundidad, y tambien, un sentido de la metáfora, una doble visión. Si queremos cambiar nuestra obstinada literalidad, tendremos incluso que dejar entrar un poco de locura, abandonarnos a cierto éxtasis. Siempre podemos comenzar tratando de desarrollar un mayor sentido de lo estético, una apreciación de la belleza, que es el primer atributo del alma. Por la manera en que vemos el mundo podemos restaurar su alma, y el modo por el que es dotado de alma, puede restaurar nuestra visión.
Si, por otra parte, seguimos ignorando a los dioses y daimones, y viviendo tras las barricadas del ego racional heroico, ya sabemos lo que sucederá. Sabemos lo que sucederá porque sabemos lo que sucedió, y lo que está sucediendo siempre a Heracles, que encarna especialmente esta perspectiva. Y añado aquí su historia, aunque sea conocida, a manera de un didáctico cuento final.


 La túnica de Neso

La mujer de Heracles, Deyanira, se siente desdichada porque su marido la tiene abandonada. Cuando él le pide que le teja una túnica especial para ponérsela en un sacrificio, ella ve la oportunidad de reconquistar su interés, pues tiene un filtro de amor que le dio un centauro llamado Neso, hecho con su sangre. Moja la túnica en la poción y se la entrega.
Como sucede a menudo con las mujeres de los héroes, Deyanira representa el alma de Heracles. Como todas nuestras almas, es constante y continua enamorada, sin importar que la desatendamos, o que seamos conscientes de ello o no. Pero si seguimos resueltos a negarla, su amor solo podrá alcanzarnos de forma distorsionada, incluso destructiva.
La sangre de Neso en la que moja la túnica no es un filtro amoroso, sino un veneno, pero Deyanira no lo sabe, pues Neso, el centauro, es un daimon vengativo, a cuyos camaradas Heracles había dado muerte (como parte de su guerra contra todos los daimones). Otra versión del mito nos cuenta que la sangre de Neso es venenosa porque, en el pasado, Heracles le había herido con una de sus flechas envenenadas. Esto encierra una verdad y una justicia poéticas, pues es Heracles mismo el que ha envenenado realmente el amor. El veneno es a veces la única manera en que puede alcanzarnos el amor. Estamos ante una metáfora de la fuerza corrosiva que es el amor para el insensible ego heracliano, ego que, si no quiere morir a si mismo, debe finalmente consumirse. Y asi, Heracles se puso la túnica, y loco de dolor, se autodestruyó.

Hércules abrasado por la túnica del centauro Neso
Francisco de Zurbarán (1598-1664)



Lecturas:

Patrick Harpur, El fuego secreto de los filósofos. Atalanta 2006



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lunes, 15 de abril de 2013

Doble Visión

Monje Baozhi. Madera, período Heian, S. XI 
Kyoto, Monasterio de Saioji



No puedes olvidar lo exterior si quieres conocer lo interior. Lo interior se refleja en el mundo exterior.

Ânanda Moyî



"El Paraíso es un estado del ser en que la realidad externa y la interna son una y el mundo está en armonía con la imaginación. Toda la poesía habla de esa visión (...). Y en última instancia muchos se sustentan en esas imágenes de perfección perdida que ostentan ante sí quienes la recuerdan (capacidad del poeta para la anamnésis). Tal es el propósito único y total del arte, así como la justificación de quienes se niegan a aceptar como norma esas irrealidades que el mundo llama reales".

Kathleen Raine, Autobiographies



Doble visión
Por
Patrick Harpur
 La tradición oculta del alma (pgs 57-59)

El pueblo nganga del Camerún cree que nacemos con cuatro ojos, dos abiertos y dos cerrados. Los cerrados se abren al morir. Si un niño nace con los ojos abiertos, ve a los ancestros invisibles.Como esto resulta perturbador, hay que cerrar dos ojos del niño mediante rituales para que no "regrese" -es decir, para que no muera-. Y al contrario, a las personas con vocación visionaria hay que abrirles los dos ojos cerrados. Se toma una cabra que representa a la persona y ésta recibe sus ojos cuando el animal es sacrificado. A un miembro de los ngangas, Eric de Rosnay -que también era sacerdote jesuita- le abrió su segundo par de ojos, sin él saberlo, un maestro llamado Din. Pese a desconocer su propia iniciación, De Rosnay pronto "empezó a ver de otra forma". Sus ojos "estaban abiertos" a la violencia oculta  de la gente, y le sobrevenían imágenes de lo que había oculto en el corazón de las personas.
La apertura de los "ojos de la cabra", relacionada con la muerte y los ancestros, es una potente metáfora del poder de la intuición y el discernimiento. Es una imagen concreta de lo que William Blake llamaba "doble visión": la capacidad de ver, a través de la superficie de las cosas, lo que hay más allá. Los chamanes utilizan este poder para "ver dentro" de las personas y establecer qué mal padecen. Por ejemplo, pueden ver a un brujo luchando contra los ancestros por el alma de un paciente. Blake, por su parte, lo utiiza para hacer poesía:

Esta vida oscura de las ventanas del alma
distorsiona los Cielos de polo a polo
y te hacen creer una mentira
cuando miras con los ojos, y no a través de ellos.

Cuando sólo vemos con los ojos, vemos el mundo tal como aparece; cuando vemos a través de ellos, vemos el mundo tal como es. La primera es la vista literal; la segunda, la visión metafórica. Blake lo expresó de forma más sucinta:

Con mi ojo interior, es un hombre anciano y gris;
con mi ojo exterior, es un cardo en mi camino.

Con los ojos ve un cardo; a través de ellos un anciano. Ver nada más que un cardo es literalismo. Pero, de igual modo, si sólo viéramos "un hombre anciano y gris" estaríamos literalizando en otro sentido, convirtiendo la visión poética en ilusión o alucinación. Se trata pues de cultivar la "doble visión", que contempla el anciano en el cardo o la dríade en el árbol pero que no pierde de vista ni el cardo ni el árbol. "Pues doble es la visón de mis ojos, / y una doble visión me acompaña siempre."(Carta de William Blake a Tomas Butts)
Hay que conservar el sentido de la metáfora, de la traslación -de dos mundos interpenetrados-. Pero éste es también el movimiento fundamental de la imaginación. A través del mundo literal vemos Otro Mundo cambiante que hay detrás. Y así la naturaleza misma es vista como el Otro Mundo. "Para el hombre de imaginación", escribió Blake, "la naturaleza es imaginación misma." Es nuestro brusco literalismo, y sólo él, lo que paraliza el fluir de la naturaleza, lo detiene en seco e insiste en una única realidad "fáctica".
Todos los trabajos imaginativos nos reintroducen en la doble visión. Nos muestra otra realidad más profunda. Por muy prosaico que sea el tema de un cuadro de Cézanne o Van Gogh -un cuenco con fruta o un par de botas-, éste irradia vida propia. Está animado como una persona. Es una presencia. (Es un daimon) "La alternativa al literalismo", escribió Norman O. Brown, es "misterio." El arte expresa la misma "doble visión" que se requiere para ver, leer o escuchar bien.
Ver el alma como una sombra, como hacen tantas culturas tradicionales, es una imagen compacta de la doble visión. A una persona se la considera ante todo doble, como cuerpo y sombra, donde "sombra" evoca un gemelo oscuro, el inconsciente que sólo es visible cuando se bloquea la luz dominante de la conciencia. Pero, aunque es del todo concreta, también es fugaz e inasible.


Patrick Harpur también se refiere a la "doble visión" en su anterior libro El fuego secreto de los filósofos (pgs 321-322). En aquella ocasión escribió:



"Cuando el Sol sale, ¿no ves un Disco redondo de fuego similar a una Guinea?"
Oh no, yo veo un cortejo Innumerable de huestes Celestiales exclamando "Santo, Santo, Santo es el Señor Todopoderoso."

William  Blake, Una visión del Juicio Final


Cuando Blake veía el sol como una hueste celestial y no como una guinea de oro, su sol era más real porque había infundido en él más imaginación. El sol como guinea es el sol abstracto, generalizado, en el que encontramos nuestro mínimo común denominador; el sol hueste celestial es el sol visionario, tanto creado como percibido. El visionario ha pasado, a través de la vista a la visión. La imaginación no ve con el ojo, sino a través de él. "Que Dios nos guarde / de la visión simple y del sueño de Newton."
Pero vale la pena insistir en que la doble visión de Blake incluye al sol guinea, pues ver solamente la hueste celestial, tomar literalmente la visión, sería tan disparatado para Blake como ver sólo el sol guinea (una locura que nosotros, sin embargo, consideramos lo normal). (...) ; la mente de Blake ve a través del ojo y capta activamente el mundo con exuberancia creativa, y que esto es lo que hizo en la práctica queda demostrado, desde luego, por su arte.


william Blake, A Sunshine Holiday 1820


Podríamos llamar a la doble visión de Blake conciencia hermética, para la que no existen problemas dualistas de sujeto y objeto, consciente e inconsciente, etc. Hermes viaja libremente entre los mundos superiores y los mundos inferiores. Sus piedras, hermas, se levantaban en los cruces de los caminos, para señalar el hecho de que él es el dios de todas las zonas fronterizas. Cada daimon que aparece en una frontera -sea entre sueño y vigilia, entre día y noche, en el cambio de año o en cruces de caminos, en puentes o en riberas- es un rostro de Hermes. Por eso, llegar a un acuerdo con los dáimones es también desarrollar una forma hermetica de pensamiento, una percepción fronteriza que ve este mundo y el Otro simultáneamente, a uno en el otro y viceversa, entrelazados como las serpientes en el tirso de Hermes.
En realidad, la idea de doble visión no implica, en definitiva, ver dos cosas a la vez ni traducir una cosa a otra. Debería ser un modo único de visión, formado, como si dijéramos, dentro del ojo, en el que la duplicidad de las cosas -como en las mejores metáforas- es evidente a la mirada porque estamos simultáneamente viendo, y viendo a través de lo que vemos.


 Lecturas:

Patrick Harpur, La tradición oculta del alma. Atalanta 2013

Patrick Harpur, El fuego secreto de los filósosfos. Atalanta 2006


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domingo, 12 de septiembre de 2010

Mundus Imaginalis

Hieronymus Bosch, El jardin de las delicias


Debes saber -¡que Dios te ayude!- que la Imaginación es el principio y la fuente del ser; es la esencia que contiene la perfección de la teofanía (zuhur al-ma'bud, la epifanía del que es adorado). Medita sobre tu fe personal respecto al Ser divino. ¿Acaso no ves que esta fe se asocia con determinados atributos y con algunos Nombres que ésta implica? ¿Dónde está ese lugar, cuál es el órgano de esa convicción íntima en la que Dios el Altísimo se te manifiesta? Ese lugar, ese órgano es precisamente la Imaginación, y por eso mismo afirmamos: la Imaginación es la esencia en la que se encuentra la perfección de la teofanía.
En cuanto tomas conciencia de ello te parece evidente que la Imaginación es principio y fuente de todo el universo, porque el Ser divino es también principio y origen de todas las cosa, y que la más perfecta epifanía sólo puede tener lugar en un receptáculo que sea a su vez origen y principio. Ese sustrato es la Imaginación. A partir de ahí es cierto que la Imaginación es principio y fuente de todos los universos sin excepción.

'Abd al-Karim Yili, La Tierra de los Vigilantes




Los siguientes fragmentos se encuentran en la obra de Patrick Harpur El fuego secreto de los filósofos. Las tres imágenes que los acompañana son pinturas de artistas ingleses inspiradas en la obra de William Shakespeare "El sueño de una noche de verano".


EL ALMA DEL MUNDO



Una de las innovaciones distintivas del pensamiento occidental ha sido la de transformar el Otro Mundo en una abstracción intelectual. Tal abstracción se ha formulado principalmente de tres maneras: como el Alma del mundo, como la imaginación y como el inconsciente colectivo. Los dos últimos modelos del Otro Mundo presenta la excentricidad añadida de situarlo dentro de nosotros.
Historicamente, estos tres modelos han sido ampliamente ignorados o rechazados por la ortodoxia occidental, sea la teología cristiana o el racionalismo moderno. Pero cada vez que se ha roto, por decirlo así, la superficie, y han salido de su mundo "esotérico" o incluso "oculto", han ido acompañandos de extraordinarios florecimientos de vida creativa. En la florencia renacentista, y nuevamente entre los románticos ingleses y alemanes tres siglos después, la imaginación fue exaltada no sólo como la facultad humana más importante, sino como el fundamento mismo de la realidad.



William Blake, Oberon, Titania y Puck con las Hadas danzando


La imaginación primigenia

El mundo paralelo de los feéricos irlandeses era, para Yeats, sinónimo de imaginación. Yeats se niega a ver la imaginación como una especia de facultad abstracta que nos permite evocar vagamente imágenes de cosas que no perciben los sentidos. Mas bien entiende por "imaginación" algo que es casi opuesto a lo que habitualmente entendemos por ese nombre: todo un mundo poblado por daímones temperamentales que tiene vida propia. Ésta es la característica definitoria de esa imaginación que llamamos romántica.
Yeats se había sentido especialmente impresionado por William Blake, cuyas obras estuvo editando durante años. Blake parecía haber conservado esa mirada visionaria tradicional que le permitía ver ángeles en los árboles o huestes celestiales en el sol; al mismo tiempo, albergaba una compleja y sofisticada noción de imaginación como el modo primigenio que tiene el hombre de entender el mundo. Esto era algo que compartía con otros grandes poetas románticos, Wordsworth, Keats, Shelley y, sobre todo Coleridge, que proclamaba de forma magnífica:

Sostengo que la imaginación primigenia es el poder vivo y el primer agente de toda percepción humana, y es una repetición en la mente finita del eterno acto de creación en el infinito YO SOY...

La única preocupación de la imaginación primigenia, escribía otro poeta, W. H. Auden, son los seres y acontecimientos sagrados. Éstos no pueden ser anticipados, dice, sino que deben ser encontrados. Nuestra respuesta a ellos es una apasionada sensación de sobrecogimiento. Puede ser terror o pánico, asombro o alegría, pero debe ser terrible y sobrecogedor. Los seres y acontecimientos sagrados de Auden son nuestros dáimones, imágenes arquetípicas que generan la imaginación. Son principalmente personificaciones, pero desde luego, la imaginación puede como el encanto feérico, lanzar su sortilegio sobre cualquier objeto para que súbitamente lo veamos como dotado de alma, como una presencia, como si fuera una poderosa persona viva.
Se debe recalcar que la Imaginación, en la verdadera comprensión poética, romántica, es en gran medida lo opuesto de lo que ha llegado a significar, algo irreal e inventado, a lo que Coleridg llamaba "fantasía". "La naturaleza de la Imaginación es muy poco conocida", se lamentaba Blake, "y la naturaleza y la permanencia eternas de sus imágenes siempre existentes es considerada menos permanente que las cosas de naturaleza generativa y vegetativa". Sí, la imaginación es independiente y autónoma; precede y fundamenta la mera percepción; y espontáneamente produce esas imágenes -dioses, dáimones y héroes- que interactúan en las narraciones anónimas que llamamos mitos.
La idea de una imaginación mitopoética -hacedora de mitos- es tan extraña a todos, salvo a los más cercanos a Blake, que puede ser de utilidad volver a su prototipo entre los neoplatónicos. Como Platón, ellos entendieron que los dáimones son seres intermedios entre mortales y dioses; pero desarrollaron esa intuición e identificaron un estado daimónico íntegro, en parte físico y en parte espiritual, que mediaba entre nuestro mundo material sensorial y el mundo espiritual o "inteligible" de las formas, esos dioses abstractos que proporcionan los modelos ideales para todo lo que existe.
Este mundo intermedio fue denominado Psyché tou Kosmou, el Alma del Mundo, aunque mejor conocido en la Europa de la lengua latina como Anima Mundi. De ahí proceden los dáimones. A veces era imaginado jerárquicamente, con el mundo inteligible de los dioses arriba y el nuestro debajo, pero emanando los tres de una fuente desconocida llamada simplemente Uno. En otras ocasiones se concebía como un único reino dinámico con dos aspectos: uno inteligible (espiritual) y otro sensorial (materia). Y así es como en general lo ha descrito la tradición esotérica occidental. Todos los neoplatónicos, los filósofos herméticos, los alquimistas y los cabalistas han afirmado que el cosmos está animado por un alma colectiva que se manifiesta a veces espiritualmente, otras fisicamente, e incluso de ambas maneras a la vez, es decir, daimónicamente; pero que sobre todo relaciona y mantiene todos los fenómenos unidos. Ésta es la ortodóxia verdadera, dicen, a la que la ortodoxia errónea -que el filósofo A. N. Whitehead denominó "los tres últimos siglos provincianos- ha ignorado de forma deplorable.


Noel Paton, Reconciliación de Oberon y Titania

El mundo animado


Según la tradición neoplatónica, psyché o alma es el principio que sirve de base a la realidad, su verdadero tejido, por decirlo así. Como hemos visto, es un principio ambiguo. Se la imaginaba como un macrocosmos, "gran mundo", y como un microcosmos, "pequeño mundo". Es un alma del mundo colectiva, que contiene todos los dáimones, imágenes y almas -incluida el alma humana-, y a la vez un alma individual que engloba un profundo nivel colectivo, en el que estamos relacionados entre nosotros y con todos los vivientes. Dependiendo, pues, de nuestra perspectiva, nos podemos ver a nosotros mismos abrazando el Alma del Mundo, ésta es infundida a todo el cosmos por el Demiurgo, el dios creador platónico que crea, de este modo, un universo viviente dotado de alma. (El Alma del Mundo sigue siendo la metáfora básica de toda concepción del mundo como organismo, incluidas las modernas ideas ecológicas.) En otras palabras, así como es trascendente, es decir, que está un nivel por encima de nuestro mundo, el Alma del Mundo es también inmanente, tal como la imaginan las culturas tradicionales. No es que éstas tengan siempre un concepto para el Alma del Mundo -no la abstraen del mundo-, sino que ven básicamente el mundo como animado, lleno de alma. "Todo", según los antiguos, desde Tales a Plutarco, "está lleno de dioses".
Las mismas personas que han vaciado a la naturaleza de alma y la han reducido a materia muerta que obedece a leyes mecánicas, llaman peyorativamente animismo a la cosmovisión tradicional, término que en realidad anula lo que pretende describir. Para las culturas "animistas" no existe eso que se llama animismo. Existe sólo la naturaleza que se presenta a sí misma en toda su inmediatez como atestada de dáimones. Todo objeto o lugar sagrados tienen su genio o jinn, numen o náyade, hasta su boggart y su duende, según sea el caso.
Los románticos imaginaban así a la naturaleza. La Imaginación era coextensiva a la creación, igual que el Alma del Mundo. Eran idénticas. Todo objeto natural era espiritual y físico, como si dríada y árbol fueran el interior y el exterior de la misma cosa. De este modo, toda roca, todo árbol, era ambivalente: un daimon, un alam, una imagen. "A los ojos de un hombre de Imaginación -escribía Willliam Blake- la naturaleza es la Imaginación misma."



Johan Heinrich Füssli, Titania, Bottom y las hadas

La doble visión


Cuando Blake veía el sol como una hueste celestial y no como una guinea de oro, su sol era más real porque había infundido en él más imaginación. El sol como guinea es el sol abstracto, generalizado, en el que encontramos nuestro mínimo común denominador; el sol hueste celestial es el sol visionario, tanto creado como percibido. El visionario ha pasado, a través de la vista, a la visión. La imaginación no ve con el ojo, sino a través de él. "Que Dios nos guarde / de la visión simple y del sueño de Newton."
Pero vale la pena insistir en que la doble visión de Blake incluye al sol guinea, pues ver solamente la hueste celestial, tomar literalmente la visión, sería tan disparatado para Blake como ver sólo el sol guinea (una locura que nosotros, sin embargo, consideramos lo normal). La mente de Blake ve a través del ojo y capta activamente el mundo como exuberancia creativa, y que esto es lo que hizo en la práctica queda demostrado, desde luego, por su arte.
Podríamos llamar a la doble visión de Blake conciencia hermética, para la que no existen problemas dualistas del sujeto y objeto, consciente e inconsciente, etc. Hermes viaja libremente entre los mundos superiores y los mundos inferiores. Sus piedras, hermas, se levantan en los cruces de caminos, para señalar el hecho de que él es el dios de todas las zonas fronterizas. Cada daimon que aparece en una frontera -sea entre sueño y vigilia, entre día y noche, en el cambio de año o en cruces de caminos, en puentes o en riberas- es un rostro de Hermes. Por eso, llegar a un acuerdo con los daímones es también desarrollar una forma hermética de pensamiento, una percepción fronteriza que ve este mundo y el otro y viceversa, entrelazados como las serpientes en el tirso de Hermes.
En realidad, la idea de la doble visión no implica, en definitiva, ver dos cosas a la vez ni traducir una cosa a otra. Debería ser un modo único de visión, formado, como si dijéramos, dentro del ojo, en el que la duplicidad de las cosas -como en las mejores metáforas- es evidente a la mirada porque estamos simultáneamente viendo, y viendo a través de lo que vemos.


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Los dos Peces (cuento oriental)


Un pez pequeño se cruza con un pez más grande y le pregunta: -Por favor, ¿Dónde puedo encontrar el océano?, porque aquí solo veo agua. A lo que respondió el pez grande, contrariado por la pregunta: - ¿El océano? ¡... pues esto es el océano! El pequeño pez lo miró con aire de suficiencia y continuó en su obstinada búsqueda del océano.

Doble espiral, M. C. Escher. Simultaneidad sístole-diástole.

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A continuación un texto de Da'ud Qaysari (m. 1350 e.C.) una de las grandes figuras del sufismo del siglo VIII de la hégira. Forma parte, al igual que el que encabeza esta entrada de 'Abd al-Karim Yili, de la recopilación de textos llevada a cabo por Henry Corbin en su obra Cuerpo espiritual y Tierra celeste. En él, su autor nos adentra en lo que sería el "Continente perdido" de los occidentales: el "mundo imaginal del Alma". Mundo cerrado a las abstracciones racionales y al que según las antiguas concepciones místicas de Iran se puede acceder desarrollando la "Imaginación activa" con la que contemplar la Tierra Celeste de los arquetipos. Mundo donde, con y por la metamorfosis del alma se opera la transmutación de todas las cosas en símbolos, mundo intermediario del barzaj, que no es ni una fantasía ni el universo de la fantasía.


Mundus imaginalis


Debes saber que el mundus imaginalis (al-'alam al-mitali, mundo de las formas imaginales) es un universo espiritual de sustancia luminosa; por una parte, tiene afinidad con la sustancia material, porque es objeto de percepción y está dotado de extensión; por otra parte, tiene afinidad con la sustancia inteligible separada, porque su naturaleza es pura luz. No es ni un cuerpo material compuesto, ni una sustancia intelegible separada, porque es un barzaj, es decir, un intermundo, un límite que separa al uno del otro. Todo lo que forma un intérvalo, un barzaj, entre dos cosas, difiere necesariamente de estas dos cosas, o más bien tiene necesariamente dos dimensiones, a través de cada una de las cuales simboliza el universo al que corresponde esta dimensión. Es cierto que también podemos decir que es un cuerpo de luz cuya sutileza iguala a la máxima sutileza que se puede concebir. De este modo, es un límite, un intermundo que establece una separación entre las sustancias separadas puramente sutiles y las sustancias materiales densas y opacas, aunque entre estas últimas existan también algunos cuerpos más sutiles que los demás, como ocurre, por ejemplo, con los Cielos con relación al resto de los cuerpos.
No se trata pues de un mundo accidental, como creía cierto pensador, porque consideraba que las formas imaginales se podían disociar de sus realidades sustanciales, como en su opinión ocurría con las formas inteligibles. Lo cierto es que existen formas sustanciales en cada uno de estos universos: universo espiritual, universo intelegible, universo imaginal, y que todas estas realidades sustanciales asumen formas que corresponden a su universo respectivo.
Cuando se han entendido bien cómo son las cosas, se comprueba que el poder imaginativo (la imaginadora) que pertenece al Alma del universo, que abarca por sí misma todo lo que abarcan todas las demás fuerzas imagintivas (las de las Animae caelestes), es el sustrato y el lugar epifánico de ese intermundo. Se le llama mundus imaginalis porque contiene las Formas imaginales de todo cuanto existe en el mundo, y porque es lo imaginal de todas las Formas de los individuos y de las esencias que existen en el plano del conocimiento divino. También se llama mundo de la Imaginación autónoma porque es inmaterial cuando se compara con la imaginación inmanemte. No hay ninguna realidad suprasensible, ninguna entidad espiritual ni Espíritu que no tenga una forma imaginal que corresponda a sus perfecciones, ya que cada una de ellas participa del Nombre divino "el Revelado" (al-Zahir). En este sentido se relata dentro de una tradición cierta que cuando el Profeta vio a Gabriel en el Loto del límite, el Ángel tenía seiscientas alas, cada mañana y cada tarde se adentreaba en el río de la Vida, salía de él sacudiendo las alas, y con las gotas que se dispersaban Dios creaba innumerables Ángeles.
En este intermundo se halla el Trono ('ars, el Cielo supremo), el Firmamento (kursi, el Cielo de los Fijos), los siete Cielos y las Tierras, y todo lo que unos y otros contienen. A este nivel se despierta la consciencia del estudioso, comprende en que consistió el Miraj (la asunción celeste) del Profeta, de qué modo tuvo el Profeta la visión de Adán en el primer Cielo, la visión de Juan y de Jesús en el segundo Cielo, la visión de José en el tercero, la de Idris (Henoch-Hermes) en el cuarto, la de Aarón en el quinto, la de Moisés en el sexto y la de Abraham en el séptimo. Comprende la diferencia que hay entre lo que contempla en sueños y la facultad que poseen los medianamente adentrados en la vía mística para realizar imaginativamente una escensión al Cielo, y por otra parte lo que se contempla realmente en el mundo espiritual. Las formas percibidas en nuestro mundo son las sombras de esas Formas imaginales. Por esta razón el gnóstico reconoce, por fisionomía intuitiva, los estados internos del hombre al observar su forma externa...
...A su vez nuestras representaciones imaginativas, que son las Formas imaginales cautivas, no son más que una muestra del mundo espiritual, una sombra que Dios ha creado como indicio y prueba de la existencia de ese mundo espiritual. Por esa razón los maestros en visión mística han creado algo adyacente al mundo espiritual, que recibe su luz, como los riachuelos y grandes ríos que desembocan en el mar y como las elevadas ventanas por las que penetran los rayos de luz en una casa.
A cada uno de los seres que existen en el mundo de los sentidos le corresponde una forma imaginal cautiva, que se puede percibir a través de la imaginación en el mundo humano, tanto si es un Cielo, un astro o un Elemento, un mineral, planta o animal. Para cada uno de ellos existe un Espíritu y energías espirituales, y participan de alguna manera de ese espíritu, pues de otro modo no habría una correspondencia exacta entre los universos. Todo lo más que podemos decir es que en los minerales la manifestación no es la misma que entre los animales. El propio Dios manifiesta: "No hay nada que no glorifique a través del acto de glorificación que le es propio, pero vosotros no comprendéis su himno de alabanza" (17:46). Esto lo confirma alguna de nuestras tradiciones, cuando asegura que los animales ven cosas que entre los humanos sólo pueden ver los místicos visionarios. Es posible que esta visión tenga lugar en el mundus imaginalis absoluto, es posible que tenga lugar en el mundo de las Formas imaginales cautivas. ¡Dios sabrá qué ocurre en realidad!
Pero a causa de su ceguera, a estos humanos incapaces de levantar el velo, el Libro sagrado los sitúa "en lo más bajo del nivel más inferior" (95:5). En cuanto al místico, cuando durante su peregrinación alcanza el mundus imaginalis absoluto, através del éxodo que le lleva fuera de su imaginación cautiva, llega al límite en todo lo que contempla y descubre la realidad tal como es, porque las Formas imaginales están en perfecta correspondencia con la Formas inteligibles inscritas en la Tabla secreta, que es la forma epifánica del mundo divino. A partir de ese momento puede ocurrir que al ser humano se le manifieste, por percepción visionaria, la revelación de su individualidad eterna en sus estados sucesivos, pasados y futuros, porque se ve entonces transferido del mundo de la Sombra al mundo de las Luces verdaderas y esenciales...
...Finalmente debes saber que el barzaj en el que se encuentran loa Espíritus tras abandonar el mundo terrenal es distinto del barzaj que se extiende entre las puras entidades espirituales y el mundo y el mundo de los cuerpos. Esto es así porque los niveles del descenso del ser y los escalones de su ascenso forman un ciclo. Ahora bien, los niveles que preceden a la existencia en el mundo terrenal representan distintos grados dentro de lso dencensos; son la anterioridad, mientras que los que le suceden pertenecen a los niveles del ascenso; representan grados posteriores. Por otra parte, las Formas imaginales que se unen a los Espíritus en el segundo barzaj son las formas de sus obras y el resultado de sus actividades anteriores en este mundo terrenal, a diferencia de las formas del primer barzaj. Por esta razón unas no pueden ser idénticas a las otras. No obstante, ambas tienen en común el ser un universo espiritual y sustancias inmateriales de pura luz, que contienen la realidad imaginal de las formas de este mundo. El saij (Ibn 'Arabi) señala claramente en el capítulo 321 de las Iluminaciones de la Meca, que el segundo barzaj es distinto al primero. A ésto lo llama el "misterio de lo posible", en el sentido de que es posible que lo que exista en el primero se manifieste en nuestro mundo visible, mientras que es imposible que vuelva al estado visible lo que está en el segundo, excepto cuando llegue el Último Día. A muy pocos de nosotros les es dado contemplar este seguno barzaj, a diferencia del primero. Éste se manifiesta y lo podemos contemplar muchos de nosotros. Entonces quienes accedan a ello pueden conocer acontecimientos futuros en el mundo, pero no tienen poder para descubrir dónde están quienes han abandonado este mundo.



Para finalizar, unos poemas de autores románticos ingleses.

Hay una mente, una mente omnipresente / y omnífica. Su nombre sagrado es el Amor./ ¡Oh verdad de sublime grandeza! Quien se nutre /sacia con ella su alma constante, escapa /con una bendición de este ínfimo mundo. / Es lo más alto del hombre, / nuestra meridiana majestad, sabernos / partes de una maravillosa totalidad. / Esto hermana al hombre y asienta / su caridad y su conducta. Pero es Dios, / difundiéndose en todo, quien hace todo una unidad. / Y ésta es la peor superstición: desear algo / que no sea Él mismo, suprema realidad (...)

Samuel Tailor Coleridge


El barranco encantado

No era ficción de tiempos remotos: una piedra / de azul celeste, al fondo del barranco sin sol, / muestra aún claramente las pisadas / que los pequeños elfos, en la escena pulida / dejaron, al danzar con brillante cortejo, / en festejos ocultos, tras el robo de un niño / dulce, como una flor, trocada por hierbajos, / con que intenta la madre abstraída acallar / su pena, si es posible. Pero decidme: ¿dónde / hallaréis un vestigio de las notas / que guiaron aquellos salvajes bailoteos? / ¿En la tierra profunda o en las cumbres del aire, / en el nocturno cierzo o en los bancales donde / telarañas de otoño flotan en el crepúsculo?

Cielo tras la borrasca

Un solo paso, que me libertó de los límites / de aquel ciego vapor, abrió a mis ojos / un tan vivo esplendor como no viera nunca / el despierto sentido ni el alma en sus ensueños. / Fué la visión, de pronto desplegada, / una inmensa ciudad; se hubiera dicho / gran selva de edificios, hacia lo hondo / retirada de algún ilimitado abismo, / naufragando entre glorias, ya sin fin. / Fábricas parecían de diamantes y oro, / cúpulas de alabastro y argénteas agujas / y encendidas terrazas sobre terrazas, hacia / lo alto; aquí, apacibles, brillantes pabellones, / en avenidas; torres, allí, adornadas / de almenas, que en sus frentes incansables / sostenían los astros, luciente pedrería. / La terrestre natura labraba aquel efecto / con la oscura materia de la borrasca, ya / apaciguada. En ella y en las cavernas y / en las faldas abruptas y en cresterías, donde / se habían los vapores retirado, fijando / su estancia bajo aquel cerúleo cielo. / ¡Visión no imaginada! Nubes, nieblas, / arroyos, peñas húmedas y hierba de esmeralda, / nubes de cien colores y rocas y zafiro / de cielo: confundido, mezclado, en mutuo ardor, / fundido todo y componiendo, / todo en todo perdido, el asombroso adorno / de templo y ciudadela y palacio, y la ingente / y fantástica pompa de vagos edificios, / envueltos como en lana, en vastos pliegues...
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William Wordswort
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