Foto: Trencadís (cerámica fragmentada) en el Parc Güell de Barcelona

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jueves, 19 de mayo de 2016

Alquimia en el cristianismo medieval


"Entonces ví una formación gigantesca, redonda e imprecisa. Hacia arriba se hacia más fina, como un huevo(...). Su capa exterior parecía tener un fuego luminoso (empyerum). La membrana que tenía debajo era sombría. En el fuego claro flotaba una bola de fuego rojiza y chispeante (el sol)". Bajo la sombría membrana, ella ve la zona del éter con la luna y las estrellas, y debajo de ellas, una zona evanescente que ella llama "membrana blanca" o "aguas superiores".

Hildegard von Bingen, Scivias (Códice de Rupersberger), s. XII

 
Esta entrada se publicó originalmente en febrero de 2010 (Nota de Fragmentalia)



Victoria Cirlot, en su interesante ensayo Hildegard Von Bingen y la tradición visionaria de Occidente, hace una reflexión sobre la falta de una teoría de la imaginació en el Occidente europeo, causa según ella, por la que las experiencias visionarias han carecido de un marco de comprensión. Los primeros intentos para desentrañar el universo de los simbolos que aparecen en esa tradición visionaria, fue llevada a cabo por el grupo Eranos, entre los que destaca Henry Corbin. Este, en su viaje por tierras orientales, encontró la llave que permitiera abrir el cofre del tesoro. Irán, encrucijada entre el antiguo zoroastrismo, el neoplatonismo y el islam chiita, le posibilitó comprender la realidad del mundo imaginal y angélico, también presente en la cultura europea aunque huerfano de un discurso teórico. Victoria Cirlot reclama aplicar la hermeneútica corbiniana, dirigida a textos de Avicena y Sohrawardi, a la obra de Hildergar von Bingen, accediendo así a una lectura por la que descubrir la dramaturgia transformadora del alma expresada en su obra, proceso de transmutación que también podemos encontrar proyectado en los textos e imágenes de los tratados sobre alquimia.
En la imaginería del cristianismo medieval podemos ver la figura del huevo cósmico visualizado por la mística Hildegard de Bingen. En su obra Scivias, la Santa describe al mundo como un huevo cósmico, subrayando la idea de una totalidad como algo orgánico y vivo, en crecimiento. "Dios concibió al mundo como único ser viviente, una totalidad en la que el todo penetra cada una de sus partes".
 Matila c. ghyka dice en su imprescindible libro El número de oro: "Una tercera cadena de transmisión de las ideas pitagórico-platónicas, y en especial del principio de correspondencias entre el "Mundo grande y el pequeño" es filial de lo que podría llamarse el platonismo monástico, o aún benedictino. Igual que para la arquitectura, el mundo árabe es el que procura al Occidente cristiano el contacto con Platón y el esquema de correspondencias de Timeo.(...) La monja benedictina Hildegarda de Bingen (1098-1179), abadesa de Ruperstberg (Santa Hildegarda), cuyos dos manuscritos han llegado hasta nosotros (Scivias y Liber divinorum operum simplicis hominis), nos describe sus visiones cosmogónicas. En una de sus extraordinarias ilustraciones aparece el hombre desnudo, en el centro del Universo planetario, al que lo unen radios que se entrecruzan en un polígono estrellado (más abajo se encuentra reproducida). La abadesa alsaciana Herrade de Lasndsberg, contemporánea de santa Hildegarda, nos muestra igualmente en una miniatura de su Hortus delicarum, a un hombre desnudo llamado microcosmus unido por rayos a un macrocosmos circular. Son los precursores de los microcosmos pentagramáticos de Agripa y de Paracelso. Sabemos, además, que el maestro de Paracelso y de Agripa, el abate Tritemo de Sponheim, estudió atentamente los escritos de Hildegarda, muchas de cuyas expresiones pasaron textualmente a los escritos de sus discípulos".

Tanto Scivias como Liber Divinum Operum no trata propiamente sobre alquimia, pero podemos reconocer que las miniaturas que las ilustran, inspiradas en los relatos de las visiones de Santa Hildegard, acompañan perfectamente un texto sobre esa materia como el que a continuación dejo. Es el capítulo titulado "La alquimia", perteneciente al hermoso ensayo Iniciación a la simbología románica, de la investigadora francesa Marie-Madeleine Davy.
Las imágenes que he intercalado, y que no aparecen en el original, proceden del códice Rupertsberg s. XII, y del códice de San Ruperto, s. XII. Las notas que las acompañan proceden de Alquimia & Mística editada por Taschen, y Hildegard von Bingen y la tradición visionaria de Occidente, editada por Herder.

Además de la imagen del huevo, la rueda es para Santa Hildegarda el símbolo más adecuado para explicar el funcionamiento del plan macrocósmico. Al igual que el mundo, la divinidad es completamente redonda como una rueda, movida por el amor. El estrato igneo exterior de la ira divina solidifica el firmamento para que no se desparrame, el éter suscita su movimiento, la región del aire acuoso lo humedece, los vientos en forma animal lo mantienen en rotación y las diferentes capas del aire hacen reverdecer la tierra, representada aquí como eje de la ruedacon los radios de las cuatro estaciones del año y las cuatro partes del cosmos. Liber Divinorum Operum
 

La alquimia
por
Marie-Madeleine Davy



 En la Edad Media la alquimia no sólo concernía a la química teórica y práctica, el arte de hacer oro, sino también al tratamiento de los vidrios, las perlas y las piedras preciosas, a ladestilación de los perfumes y alcoholes, a la fabricación de los polvos y los ungüentos y al tinte de los tejidos. La obra del monje Teófilo que data de finales del siglo X, Schedula diversarum artium, trata de los metales y contiene una enseñanza relativa a la fabricación de los objetos sagrados como copones y campanas. Los testimonios más antiguos remontan la alquimia a Egipto, y sin embargo el Occidente medieval tomó contacto con esta ciencia a través del pensamiento árabe. Tras la partida de los árbes de España, los traductores intentaron estudiar -particularmente en Toledo- los abundantes manuscritos árabes que concernían a la alquimia y la medicina. Entre los traductores habría que citar a Gerardo de Cremona, y a Gundissalinus, aunque los grupos de alquimistas fueron más florecientes en España debido justamente a la aportación de los árabes. Así, el Tratado de los alumbres y las sales, que data de finales del siglo XII y que se atribuye a Ibn Râzí, ejerció gran influencia en la alquimia medieval.
Pero no sólo se trata de una ciencia física o química. En la alquimia, se tiene además en cuenta el significado de los metales, que se inscriben en una escala de valores comparable a la doctrina de Hesíodo sobre las edades de la humanidad. Así en el Ars lectoria, compuesto en 1086 por el gramático Aimeric, la literatura cristiana se divide en cuatro clases: 1.º aurum: authentica; 2.º argentum: hagiographa; 3.º stagnum: communia; 4.º plumbum: apocripha. Los escritores cristianos y paganos se sitúan igualmente en orden decreciente, correspondiendo así a los distintos metales. Pero de hecho, Aimeric propone en realidad una opinión corriente, pues esta escala de valores ya se hallaba expresada en el libro de Daniel (II, 32), a propósito de la famosa estatua del sueño del rey Nabuconodosor, que tenía la cabeza de oro, el pecho y los brazos de plata, el bientre y los muslos de bronce, las piernas de hierro, y los pies por último en parte de hierro y en parte de arcilla. Los alquimistas medievales concebían su obra teniendo en cuenta el valor simbólico de los metales, conociendo para ello los múltiples sentidos presentes de los símbolos.
Por lo demás cualquier símbolo es polivalente, debido a la polivalencia de niveles en los que es recibido por el sujeto. Gracias al símblo, el hombre es conducido a lo real. Se trata por tanto de un proceso iniciático consistente en una especie de alquimia que tiene diferentes etapas, incluyendo por ejemplo la mística y la gnosis. La transmutación desemboca en una total transfiguración, esto es, lo esencial del arte real (ars regia). El ser descubre el elixir de la vida, y en cuanto lo encuentra para sí, lo utiliza para cambiar el mundo, es decir, para salvarlo.

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi2r6fd0Nhk4471hm7-YSmEDT2z5ZWPdQ8krlHRuqtKXvgMWO88xsQ-z-AzTx9cVjpmjzrxK9DK5fRsQLXncyArhRw6Qxaar_8yjIEm5gAVI3JIJvhHuyyn2B4pPc6j1zNmXSqckWeTYQE/s320/hildegarda22.jpgEn su cuarta visión, Santa Hildegarda ve "una formidable luminaria que refulgía como innumerables ojos y sus cuatro ángulos estaban orientados a los cuatro puntos cardinales". Es la omnisciencia de Dios, en cuyo centro "aparece otro fulgor parecido a la aurora en rayos de púrpura". De esta matriz celeste deriva la roja bola ignea del alma, que vivifica el embrión en el vientre materno. La visión es concebida como una "impresión" de Dios en el alma del estado uterino. "Una esfera de fuego sin rasgo humano" inunda el feto de la mujer embarazada, "tocando su cerebro y expandiéndose a lo largo de todos sus miembros", dice Hildegard de su visión. En la versión de la miniatura el feto se encuentra ligado al espacio celestial, simbolizado por el cuadrángulo plagado de ojos de color dorado y púrpura, por medio de una especie de cordón umbilical por el que desciende la esfera que se introduce en el cerebro Scivias            Matila Ghyca (el número de oro) ha mostrado cómo los alquimistas de la Edad Media rechazan limitarse a la búsqueda de las aleaciones y transmutaciones de la materia. Iluminados por principios metafísicos, examinaron "la ciencia general de las Fuerzas, o Magia". Así en el siglo XII, la alquimia se presenta como un ciencia que resulta a la vez natural y hermética. Estamos acostumbrados a considerar la alquimia como ciencia que busca convertir metales viles en oro pero el objetivo de la verdadera alquimia es despertar lo que está dormido, hacer que surja el agua que se encuentra encarcelada en el seno de la tierra. En otros términos, el sentido de la alquimia es despertarlaprincesa dormida dentro de lo más secreto del alma.
 Las relaciones entre la búsqueda alquímica del oro y la purificación ascética han sido estudiadas a menudo. Del mismo modo que el oro es material "maduro", la realización espiritual corresponde a una madurez. Mircea Eliade ha mostrado la relación entre el alquimista y el yogui. Éste busca en efecto "la perfección del espíritu", la liberación, la autonomía, y el "cuerpo de diamante" de los Vajrâyanistas guarda por cierto un claro parecido con el cuerpo glorioso de la cultura occidental.
El oro simboliza el cuerpo resucitado y, según Alano de Lille (en su Anticlaudianus), el hombre nuevo prepara el advenimiento de la edad de oro. Guillermo de Saint Thierry habla también del esbozo, aquí, en la tierra, de ese cuerpo glorioso que quedará realizado por completo en la vida futura. También hace alusión al "lenguaje angélico" que sirve de comunicación a los sabios, cuyo cuerpo glorioso está ya realizado en el plano terrestre. Así, cuando cita los siete grados del alma en la contemplación de la Verdad, Guillermo dice que el séptimo ya no es un grado sino una morada, por lo que el cuerpo de resurrección se encuentra ya realizado.(...)

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjZrXPbB4WcFJ092cSUcsdigzLc_OQgKzpWVpm8vlyC9UdjetXH4gEit7ykMOuoMeR8rkuWLoauus6wb6q5mzQW17xY19Dj4nOnJGxxqCPUlq5wi_qjrzUQvHJGoh2y_zwLAe2LIDkoxVU/s320/LDO_P1_v2_600d.jpg Las últimas visiones de Santa Hildegarda escritas entre 1163 y 1173, tienen por objeto la integración del hombre en el orden de la creación divina. El amor divino del Hijo aparece en el cielo bajo una figura cósmica de color rojo, superada solamente por la bondad del Padre. En su pecho veía la santa la "rueda del mundo", con el fuego claro del amor y el fuego rojo del juicio final como límite exterior del universo. Las doce cabezas de animales representan las virtudes, que forman el sistema de relaciones en el que el hombre puede vivir como rey de la creación. Liber Divinorum Operum.

 Así, el ser que todavía no ha "nacido" se encuentra rodeado de un caparazón que lo aísla de su principio, y que por ello le impide unirse a la creación. En efecto, si el hombre no renuncia a sí mismo, queda separado de la vida. El vae soli de la Escritura puede sin duda aplicarse al ser desprovisto de sentido cósmico y reducido a los límites de su cuerpoo físico.El aspecto cosmológico del hombre hace posible la apertura de fisuras en el cascarón que rodea a cada ser y que lo enclaustra respecto a todo cuanto no es él. Pero este caparazón es a la vez una prisión y una armadura. La alquimia espiritual, al arrancar ese caparazón, suprime las compartimentaciones inherentes al amor propio y a la dureza del corazón. Así, el ser cuyo caparazón se quiebra, se abre con ello a la divinidad, en su realidad con los demás y consigo mismo, participa en la vida cósmica y la comparte.
La alquimia procede por lo demás de manera sutil, empleando disciplinas muy precisas que aplica al microcosmos. Bajo el efecto de los ejercicios apropiados, el caparazón, pese a su dureza, se licua. Así, el ser puede unirse con toda la creación. Si todo se convierte en oro, es porque el hombre está creado a imagen del Creador; el puente establecido entre sujeto y objeto ha sido formado por el mismo ordenador del universo. Claro que hay otros modos de interpretar el símbolo alquímico, pero la que aquí proponemos es seguramente la esencial.
El milagro de la alquimia corresponde a la naturaleza fundamental del hombre, la de coincidir de manera viva y absoluta con todo lo que existe. La operación alquímica marca dicho paso, introduciéndose en una dimensión de orden universal. Debido a ello, dicha operación suprime el aislamiento. El muro que separa al hombre de la creación se vuelve fluido, y ya no hay frontera, lo que no implica que el ser se disuelva en lo otro, sino que, al contrario, se convierte en sí mismo, en el seno de una verdad metafísica que antes le era por completo desconocida. Sólo queda abolida la distinción egocéntrica, es decir, la existencia separada, y por lo mismo se crea una especie de transparencia. El ser participa en la universal orquestación con su color, así como con su nombre y con el sonido que le es propio.

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgj9Nv0pqOtftbftgolgH6hZ2Ev-4cHjuYTFIwfohFeduvlTbXe6YdKlcgCvbWNYwDHJ7Rh8Z5Dt-rmEgBxZ50vLXba6gPObguff3ihSf3g46lGMw7eEWL9W1K9OnB2G2yh62pvBZn22zQ/s320/dreifaltigkeit.jpg Representación de la Trinidad como Unidad verdadera. "Después vi una luz muy esplendorosa (serenissimam lucem)(el Padre) y, en ella, una forma humana del color del zafiro (sapphirini coloris)(el Hijo), que ardía entera en un suave fuego rutilante (rutilante igne)(Espíritu Santo). Yesa esplendorosa luz inundaba todo el fuego rutilante, y el fuego rutilante, la esplendorosa luz; y la esplendorosa luz y el fuego rutilante inundaban toda la forma human, siendo una sola luz en una sola fuerza y potencia." Scivias.

 Según el simbolismo alquímico, ¿estará cualquier ser capacitado para tal transmutación? La respuesta es afirmativa, ya que la analogía entre le microcosmos y el macrocosmos se liga con el estado original. Pero en el plano concreto existen disposiciones de orden accidental que hacen muy dificil la operación alquímica. El consentimiento del sujeto es necesario. El ex opere operato, cuya realización vemos en la materia, no conviene al hombre, sino que éste debe dar su asentimiento. De ahí resulta que sólo un corto número de hombres alcancen la transfiguración; además muy pocos lo desean.

La simbología alquímica y cosmológica concierne a la materia que sufre una mutación. Podríamos hablar exactamente de una asunción de la materia.(...)
Si por ejemplo la mirada se posa sobre un paisaje que está cubierto de sombra, o iluminado por el sol, la reacción del observador es rigurosamente diferente, ya que su visión no es identica. Sin embargo no hay variedad en el objeto, sólo la percepción difiere. La contemplación de la naturaleza sin ligarla con su Creador hace aparecer una naturaleza abandonada así misma. En cambio si dicha naturaleza es contemplada en Dios, es decir, si el hombre la percibe en su verdadera filiación original, entonces "el ojo del corazón puede ver oro en el plomo y cristal en la montaña". En este caso tenemos la transfiguración cósmica, y la transfiguración es ciertamente menos asombrosa en la materia que en el plano espiritual. Por un lado es el despertar del oro en una materia que no tiene conciencia de ello , y por otro el despertar de una presencia dormida.
Según Boecio, sólo las cosas que tienen como objeto común una misma materia pueden ser mutuamente intercambiadas y transformadas.
Guillermo de San Thierry, al estudiar la transmutación de la naturaleza y de las formas, observa que dicha transmutación sólo se opera en la medida en que las naturalezas actúan unas sobre otras y que reciben la una de la otra. Existen cuerpos que no se pueden transformar en otros cuerpos, por ejemplo "el bronce en piedra o la piedra en hierba", ya que no hay en ellos "materia comun". Pero existen otros que sí poseen esta comunidad de materia, y así actúan uno sobre otro, se amasan uno con otro, hasta el punto de mezclar "sus cualidades" y que uno absorba al otro: "la cualidad de uno queda destruida con la del otro". Si se vierte vino en el mar, sigue diciendo Guillermo, el vino no se mezcla con el mar, sino que se diluye en el mar, precisamente porque la cualidad de éste nada recibe de la del vino, debido a su inmensidad, y porque en realidad el mar en su inmensidad, ha cambiado en sí mismo la cualidad del vino.
Siguiendo con su estudio y considerando la eucaristía, Guillermo observa que el cuerpo de Cristo tiene con el pan una común base material, ya que su cuerpo ha podido ser engendrado y morir. Por el hecho de que el pan tiene materia común con el cuerpo de Cristo, existe la posibilidad de que se cambie en él. Pues es posible, precisará Guillermo, para el poder de Cristo, que es uno con el Padre, cambiar el pan en su cuerpo en razón de la obediente pasividad de la criatura.En su tratado del Amor de Dios, San Bernardo, al examinar el cuarto grado por el que el hombre ya no se ama así mismo sino por Dios, estudia los ejemplos dados por Máximo el Confesor concernientes a la gota de agua mezclada con mucho vino, y al hierro incandescente que por ello se vuelve semejante al fuego, como si tanto el uno como el otro hubiesen perdido su forma primera y particular. También toma las comparaciones del aire henchido de la luz del sol que se transforma en la claridad propia de esa luz, hasta el punto de que parece iluminar en vez de ser iluminado. Del mismo modo, se dice, es absolutamente necesario que en los santos todo afecto se funda y se transfiera enteramente a la voluntad de Dios, pues sino ¿cómo podría ser Dios todo y para todos (I Cor.,XV, 28), si subsistiera en el hombre algo que fuese del hombre? Ciertamente, la sustancia humana permanecerá, pero lo hará bajo otra forma, en otra gloria, y con otra potencia. Así, el símbolo alquímico que concierne al despertar del alma no se puede captar sino en razón al parentesco entre el hombre y Dios, parentesco que reposa sobre el hecho de la creación a imagen y semejanza de Dios mismo. Por eso, la alquimia debe ser considerada como ciencia de carácter "sacramental". 
Encontramos además en los símbolos alquímicos las mismas leyes de la proporción que hemos tenido ocasión de deducir muchas veces al hablar de la analogía entre macrocosmos y microcosmos. La jerarquía y el orden definen las relaciones del cuerpo con el alma, del alma con el espíritu y del espíritu con Dios. En lo que hace a los otros, el procedimiento alquímico consistirá en recordarles que son templo de Dios, y que las leyes de transmutación que operan en el templo de piedra pueden también efectuarse en su propio templo.
La alquimia enseña al plomo que en realidad es oro, y el alquimista románico enseña al hombre que posee en sí mismo la imagen de la divinidad, que se encuentra en la base de la transmutación de su ser.
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Lecturas:


Marie-Madeleine Davy, Iniciación a la simbología románica. Akal 2006

Victoria Cirlot, Hildegard von Bingen y la tradición visionaria de Occidente. Herder 2005


 .

jueves, 5 de marzo de 2015

Emblestiario



Imagen: Avestruz tragando una herradura
Lema: Sic nutriuntur fortes (Assí se sustentan los fuertes)

"Que assí como por tener esta ave tanta calor en el estómago, y tanta vehemencia de spíritus, digiere, y se mantiene con hierro, y con piedras; de la misma manera los valerosos, y esforçados deven sustentarse, y sacar provecho de los trabajos, y adversidades, por muy duros y recios que sean." (Juan de Borja, Empresas morales, 1680)



En primer lugar aclarar el por qué de la artificiosa palabra que me saqué de la manga para dar título a esta nueva entrada: Emblestiario, expresión creada con la intención de unir el genero entre literario y visual de la emblemática -difundido especialmente durante el Renacimiento y el Barroco en libros impresos-, con el de los bestiarios, compilaciones medievales donde los animales eran contemplados en muchas ocasiones desde una perspectiva orientada a la enseñanza moral. La idea surgió mientras hojeaba la Enciclopedia de Emblemas Españoles Ilustrados y descubrir que entre sus más de 1700 entradas se encontraban un gran número con animales como protagonistas, observando que tenían que deberles mucho a aquellos anteriores tratados faunísticos.
Por otra parte, tanto los emblemas (también denominados empresas y jeroglíficos) como los bestiarios parecen participar de esa visión de la filosofía hermética de que todo en la naturaleza es símbolo de algo, siendo el mundo un libro que hay que aprender a leer. Recordando a Frances Yates en Giordano Bruno y la tradición hermética : "...el mundo es el libro donde el creador escribió sus propios conceptos, templo vivo donde pintando con gestos y con el ejemplo adornó cielo y tierra; en vez de leer libros muertos copiados del original con muchos errores hay que leer el original, contemplar el universo como libro vivo que ejerce su constante magisterio". Así, oculta bajo la visión superficial del mundo -en el caso que nos ocupa de la observación de los animales-, se ha de descifrar una escritura divina reveladora de verdades profundas y un código de comportamiento correcto que dará acceso a una vida virtuosa, feliz y ordenada. Ésta idea parece subsistir en obras cargadas con un simbolismo alegorizante dirigidas especialmente a la autoridad político-militar y religiosa, con la intención de ser un manual para el buen gobierno, así como también para la instrucción moral y cristiana de un público más general culto y humanista. Cabe recordar que dentro de la diversidad de libros con imágenes impresas de la época, encontraríamos los de caracter más propiamente esotérico o hermético dedicados a la mística y la alquimia sobre los que este blog ya ha tratado en otros lugares.
A continuación dejo por orden alfabético una selección de emblemas de diferente autoría extraidos de la Enciclopedia de Emblemas Españoles Ilustrados, obra cuya realización corrió a cargo de Antonio Bernat Vistarini y John T. Cull. 




ARAÑA
Juan Francisco de Villava, Empresas Espirituales (1613)
Empresa 37 Del artificioso

Imagen: Araña en telaraña
Lema: De viscere promo (Lo extraigo de las vísceras)

Subscriptio:
Ay Araña infeliz que vas texendo,
Tan sutiles marañas.
Para caçar un triste animalejo.
Si fuesses entendiendo, 
Que aquessas hebras son de tus entrañas,
Darías por dañoso tu consejo.
Quan al bibo en tu espejo
Parece que se mira
Quien se anda consumiendo,
Por andar adquiriendo
Vano favor, a que ambicioso aspira.
Y en pena de su vicio,
De sus entrañas saca el artificio

Comentario:
No se puede negar sino que la continua y vehemente ymaginación daña la salud...los pecados que se cometen con mucha ymaginación, pues casi siempre les acompaña la tristeza ...Pecados semejantes se llaman invenciones en las divinas letras, por que se hazen con artificio y traça, de la qual suelen usar personas mañosas, que se desvelan en sus pensamientos... Y como el araña que todas las redes que urde para caçar una mosca las saca del coraçón. Pena digna de los artificiosos en daño ageno, pues ellos mismos se castigan.

Claves: Peligro de la Imaginación/Artificio Engañoso


CAMALEÓN
Sebastián de Cobarrubias y Horozco Emblemas Morales (1610)

 Imagen: Camaleón
Lema: Tangit quoscunque colores ((imita) cualesquiera colores que toca)

Subscriptio:
Manso animal, y juntamente fiero,
Doméstico, y salvaje, astuto y necio,
Es el mudacolor lisonjero,
A quien tiene los grandes en gran aprecio
Porque lo que ellos quieren, esso quiero,
Dize el cuervo voraz, tiene en desprecio,
Al quellos (sic) aborrecen, y mal ora,
Si cantan, canta, y si llora, llora

Comentario:
Plaga es de los Príncipes estar cercados de lisonjeros, y aduladores que loan sus vicios, y menosprecian las virtudes... Estos son comparados (sic) al Camaleón que toma la color de lo que se le representa, excepto la blanca , y pura.

Claves: Peligro de los Aduladores


CANGREJO ERMITAÑO
Juan de Borja, Empresas morales (1680)

Imagen: Cangrejo ermitaño, conchas
Lema: Semper hospes (Siempre huésped)

Subscriptio: No hay

Comentario:
Dizen los Naturales, que este pescado (Cangrejo) no haze para sí concha, sino busca alguna vacía, en que se meta, y en creciendo más, se muda a otra, como lo haze el ambicioso, que sin trabajar, anda con solicitud buscando los oficios, y cargos que están sin dueño, para meterse en ellos... Pues nunca están en parte, que no estén, como huésped, desseando passar siempre adelante, dexando de gozar, de lo que tienen, con deseo de alcançar, lo que no tienen.

Claves: Codicia/Parásitos


CIERVO
Andrés Mendo, Príncipe Perfecto (1662)

Imagen: Ciervo rodeado de serpientes en el suelo & en cuevas. En las cuevas también hay otros animales.
Lema: Nullis fraus tuta latebris (Ninguna maldad segura en su escondrijo)

Suscriptio: Documento XXIV. Limpie de delincuentes el Reyno, sin que tengan asylo los culpados.

Comentario:
Por más que se escondan las serpientes en sus cuevas las hallan los ciervos, y con la fuerza del olfato tienen virtud de sacarlas a campo raso donde trabando batalla, aunque ellas se les ciñen al cuerpo con gyros, y roscas, fácilmente las vencen, y despedazan. Vicios ha de aver, mientras huviere hombres. En todos los siglos ha avido, y avrá queja de que ay muchos delincuentes. Son los culpados por lo venenoso, y novico (sic), serpientes. Sean los que están en el supremo solio, los que goviernan, y los juezes en buscarlos, y en hacer inquirir sus delitos, semejantes a los ciervos. Castíguenlos con entereza; limpien deste veneno la República; no aya receptáculo, ni cueva, que les sirva de sagrado; no aya lugar adonde no llegue la bara de la justicia, para que no hallen los delitos inmunidad, ni esté segura la culpa en la oscuridad del retiro.

Claves: Gobierno/Persecución Celosa & Castigo de la Delincuencia.


CIGÜEÑA
Hernando de Soto, Emblemas moralizadas (1599)

Imagen: Cigüeña con una pata alzada
Lema: Silentium (Signifícase el silencio)

Subscriptio: 
Ave milagrosa soy,
Pues que sin lengua he nacido,
y al viejo padre en el nido
Sustento y descanso doy.
Soy la pidiadosa (sic) Cigüeña,
Honrada por ser piadosa:
Mas házeme más famosa
Lo que en mí el silencio enseña.

Comentario:
Adoravan (los Gentiles) por diosa del silencio a Angerona, cuyo Simulachro fingían puesto un dedo en la boca: para significar que el silencio como cosa sagrada y santa, avía de tener su dios particular... si se considerassen los males, que de hablar han nacido, se dexaría de hazer, pues el loco mientras calla, en nada se diferencia del sabio... es el callar virtud muy heroyca, y por el contrario grave culpa el hablar lo que ha de callarse: sirve assí mismo de exemplo maravilloso, la Cigüeña por carecer de lengua y no de la piedad que se le aplica que usa con su viejo padre.

Claves: Silencio


COCODRILO
Fray Antonio de Lorea, David Pecador (1674)

Imagen: Cocodrilo patas arriba con la boca abierta; un ave le limpia los dientes.
Lema: Infida ingratitudo (Ingratitud infiel)

Subscriptio: No hay

Comentario:
Entre los brutos que pisan la tierra, y abitan las aguas, la fiera más cruel es el Caymán desconocido en nuestra Europa... Los antiguos le llamaron Cocodrilo. Y su traición, dizen, la pone en su voz, pues suele quando está anbriento, fingir unos gemidos, y vozes de persona que miserablemente se quexa... Al tienpo que comen se les suele quedar entre los dientes alguna carne, que les causa mucha pesadumbre, y dolor. Y bueltos el pecho arriba, abren la boca, y vienen unos paxarillos, que pican la carne, y se sustentan con limpiarles los dientes. Son tan desleales, y tan ingratos, y traidores, que después de aver recibido el beneficio, le mascan, y se le comen... Es la traición vicio tan infame, que si en los onbres baxos es execrable: en los nobles no ay palabras para ponderarlo.

Claves: Traición/Ingratitud


CULEBRA
Juan de Borja, Empresas morales (1680)

Imagen: Culebra en círculo mordiéndose la cola (Ouroboros)
Lema: Omnia vorat (Todo lo traga, o engulle)

Subscriptio: No hay

Comentario:
Sólo él que ha podido acabar, y destruir tanta grandeza, ha sido el tiempo con su passo continuo, y lento, encerrándolo todo en sí, como última sepultura, que es, de todas las cosas. Lo que se ha de entender en esta Empresa de la Culebra con la punta de la cola en la boca (por lo que los Antiguos significaban el año, y el tiempo)...pues toda la grandeza, y prosperidad desta vida se ha de acabar, y destruir por el tiempo: se deve tener todo en poco, estimado sólo lo que es eterno, adonde el tiempo pierde su poder, por ser sin medida, lo que ha de durar.

Claves: Tiempo Destructor


GATOS, GALGOS, LIEBRES, RATONES
(Mundo al revés)
Sebastián de Cobarrubias y Horozco Emblemas Morales (1610)

Imagen: En círculos concéntricos alrededor del mundo, ratones persiguen gatos; liebres persiguen galgos o al revés.
Lema: Anda agora el mundo tal, Que no sé quál va tras quál

Subscriptio:
El mundo está trocado, no lo entiendo,
El siervo manda, y el señor le ruega:
El rico llora, el pobre está riendo,
Abaxa el monte, encúmbrase la vega:
La liebre tras el galgo va corriendo,
Y el ratón tras el gato. Pero alega
Ser redondo, y que rueda, y como tal
Dudarnos haze aquí, quál va tras quál.

Comentario:
Este Emblema de la confusión del mundo está el día de oy bien praticado, y no conviene llegar a los particulares exemplificando.

Claves: Mundo al revés


 PÁJAROS, NIDO
 Sebastián de Cobarrubias y Horozco Emblemas Morales (1610)

Imagen: Pájaros volando alrededor de su nido en un árbol.
Lema: Cada cual haga su nido.

Subscriptio:
Después que vuestro hijo está criado
En religión, y vida instituido,
Deveisle despegar de vuestro lado,
Por más que de su madre sea querido:
Quel pajarito, viéndose emplumado
Se aroja (sic) del paterno y propio nido,
Y estendiendo sus alas por el viento,
En otra peña, o árbol, haze assiento.

Comentario:
De ánimos viles, y apocados es no saber los moços apartarse del regalo de sus padres, y assí salen viciosos, traviesos, y holgaçanes, inquietadores de la república, disfamadores de las honras de las mugeres, y doncellas más recogidas, alborotadores del pueblo, y con los quales la justicia no se sabe dar maña a reprimirlos, por no afrentar a sus padres, y a sus deudos. Ay está Flandes, Italia, las dos Indias, y el mundo que es muy ancho, a donde podrían salir a ser hombres, forçándolos sus mesmos padres a ello. Tráese por semejança el nido del pájaro, que sacando sus pollos, y estando para bolar los echa dél.

Claves: Hijos Mimados/Independencia Obligatoria.


PANTERA (O LINCE)
Sebastián de Cobarrubias y Horozco Emblemas Morales (1610)

Imagen: Pantera, o lince

Lema: Forma mihi nocuit (Mi belleza fue mi ruina)

Subscriptio:
Don es muy de estimar la hermosura
Pues tanto se cudicia en toda cosa,
Y señaladamente se procura
En la muger, por prenda más preciosa:
Que si no se recata con cordura,
Trae consigo una joya peligrosa,
Y mil ladrones ay, que por roballa;
Se les dará muy poco de matalla.

Comentario: Si las feas pudiessen consolarse con estar libres de los peligros y asechanças, que persiguen a las hermosas, no se fatigarían con procurar parecerlo, ahorrando afeytes y galas: pero como ninguna se tenga por tal, sólo puede desengañarlas el ver que nadie las solicita... Ningún exemplo viene más a proposito, que el de la pantera, o lince, que por aprovecharse el caçador de su varia y hermosa piel, le pone mil asechanças.

Claves: Peligros de la Hermosura.


PUERCO
 Sebastián de Cobarrubias y Horozco Emblemas Morales (1610)

 Imagen: Puerco yace sobre una lecho de purpúreas rosas
Lema:YΣΔIA POΔΩN (Puerco en un lecho de rosas)

Subscriptio:
Qual estaría un puerco encenagado,
En una cama de púrpureas rosas,
De damas, y doncellas rodeado,
Por su regalo, y gusto, cuidadosas,
Tal es el necio, quando entronizado,
En las supremas sillas poderosas,
Le sirve el noble, el sabio, el virtuoso,
Porque para vivir, les es forçoso

Comentario:
Algunas veces permite el Señor por sus secretos juizios, que los buenos sean abatidos en esta vida, y los malos ensalçados, que manden los necios, y obedezcan los sabios. Los tales son comparados al puerco que está echado en una cama de rosas, de donde nació el proverbio Griego (Hys dia rodon).

Claves: Dignidades Inmerecidas/Inescrutabilidades del Designio Divino


RINOCERONTE
Juan Francisco de Villaba, Empresas Espirituales (1613)

Imagen: Rinoceronte se afila el cuerno en una piedra
Lema: Fortius ut pugnem (Para que luche más valerosamente)

Subscriptio:
Con el sagaz belígero Elephante
Competidor eterno,
Nunca lucha el gentil Rinoceronte,
Sin que en piedra bastante
Primero aguze el cuerno
Con que a de darle peligroso bote.
Para que advierta y note,
Quien mostrar quiere al enemigo fiero
Bien agudo el azero,
Que en la Piedra divina
Que es Christo, la arma de la fe se afina

Comentario:
Tan larga y tan poderosa es el arma de la Fe, que con ella se an alcançado todos los triumphos gloriosos, que celebra la sagrada historia... Pero se ha de advertir, que la Fe es la espada que dexada en el rincón del alma y no usada, toma orín y se enmoheze... Pues para que esta espada no se enmohezca, quien es zeloso fiel, y católico Christiano, tenga cuydado de sacarle los filos y afinarla en Christo soberana piedra.

Claves: Fe



Lecturas:

Antoni Bernat Vistarini, John T. Cull, Enciclopedia de Emblemas Españoles Ilustrados. Editorial Akal 1999


viernes, 26 de febrero de 2010

Alquimia en el cristianismo medieval

"Entonces ví una formación gigantesca, redonda e imprecisa. Hacia arriba se hacia más fina, como un huevo(...). Su capa exterior parecía tener un fuego luminoso (empyerum). La membrana que tenía debajo era sombría. En el fuego claro flotaba una bola de fuego rojiza y chispeante (el sol)". Bajo la sombría membrana, ella ve la zona del éter con la luna y las estrellas, y debajo de ellas, una zona evanescente que ella llama "membrana blanca" o "aguas superiores".

Hildegard von Bingen, Scivias (Códice de Rupersberger), s. XII


"Nuestra imaginación activa (inútil repetir que no se trata ni de la fantasía ni de lo fantástico) es la que imagina, y, sin embargo, no es ella la que imagina; ella es un momento, un instante de esa imaginación divina que es el universo, el cual es él mismo el conjunto de la teofanía. Cada una de nuestras imaginaciones es un instante entre los instantes teofánicos y es en ese sentido que la llamamos creadora. (...) Percibir todas las formas como formas epifánicas, es decir, percibir que son otras distintas del Creador, y que no obstante son Él, es precisamente operar el encuentro, el cruce del descenso divino hacia la criatura y la ascensión de la criatura al Creador".

Henry Corbin, La imaginación creadora en el sufismo de Ibn Arabi



Victoria Cirlot, en su interesante ensayo Hildegard Von Bingen y la tradición visionaria de Occidente, hace una reflexión sobre la falta de una teoría de la imaginació en el Occidente europeo, causa según ella, por la que las experiencias visionarias han carecido de un marco de comprensión. Los primeros intentos para desentrañar el universo de los simbolos que aparecen en esa tradición visionaria, fue llevada a cabo por el grupo Eranos, entre los que destaca Henry Corbin. Este, en su viaje por tierras orientales, encontró la llave que permitiera abrir el cofre del tesoro. Irán, encrucijada entre el antiguo zoroastrismo, el neoplatonismo y el islam chiita, le posibilitó comprender la realidad del mundo imaginal y angélico, también presente en la cultura europea aunque huerfano de un discurso teórico. Victoria Cirlot reclama aplicar la hermeneútica corbiniana, dirigida a textos de Avicena y Sohrawardi, a la obra de Hildergar von Bingen, accediendo así a una lectura por la que descubrir la dramaturgia transformadora del alma expresada en su obra, proceso de transmutación que también podemos encontrar proyectado en los textos e imágenes de los tratados sobre alquimia.
En la imaginería del cristianismo medieval podemos ver la figura del huevo cósmico visualizado por la mística Hildegard de Bingen. En su obra Scivias, la Santa describe al mundo como un huevo cósmico, subrayando la idea de una totalidad como algo orgánico y vivo, en crecimiento. "Dios concibió al mundo como único ser viviente, una totalidad en la que el todo penetra cada una de sus partes".
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Matila c. ghyka dice en su imprescindible libro El número de oro: "Una tercera cadena de transmisión de las ideas pitagórico-platónicas, y en especial del principio de correspondencias entre el "Mundo grande y el pequeño" es filial de lo que podría llamarse el platonismo monástico, o aún benedictino. Igual que para la arquitectura, el mundo árabe es el que procura al Occidente cristiano el contacto con Platón y el esquema de correspondencias de Timeo.(...) La monja benedictina Hildegarda de Bingen (1098-1179), abadesa de Ruperstberg (Santa Hildegarda), cuyos dos manuscritos han llegado hasta nosotros (Scivias y Liber divinorum operum simplicis hominis), nos describe sus visiones cosmogónicas. En una de sus extraordinarias ilustraciones aparece el hombre desnudo, en el centro del Universo planetario, al que lo unen radios que se entrecruzan en un polígono estrellado (más abajo se encuentra reproducida). La abadesa alsaciana Herrade de Lasndsberg, contemporánea de santa Hildegarda, nos muestra igualmente en una miniatura de su Hortus delicarum, a un hombre desnudo llamado microcosmus unido por rayos a un macrocosmos circular. Son los precursores de los microcosmos pentagramáticos de Agripa y de Paracelso. Sabemos, además, que el maestro de Paracelso y de Agripa, el abate Tritemo de Sponheim, estudió atentamente los escritos de Hildegarda, muchas de cuyas expresiones pasaron textualmente a los escritos de sus discípulos".
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Tanto Scivias como Liber Divinum Operum no trata propiamente sobre alquimia, pero podemos reconocer que las miniaturas que las ilustran, inspiradas en los relatos de las visiones de Santa Hildegard, acompañan perfectamente un texto sobre esa materia como el que a continuación dejo. Es el capítulo titulado "La alquimia", perteneciente al hermoso ensayo Iniciación a la simbología románica, de la investigadora francesa Marie-Madeleine Davy.
Las imágenes que he intercalado, y que no aparecen en el original, proceden del códice Rupertsberg s. XII, y del códice de San Ruperto, s. XII. Las notas que las acompañan proceden de Alquimia & Mística editada por Taschen, y Hildegard von Bingen y la tradición visionaria de Occidente, editada por Herder. (Recomiendo ampliar las imágenes que siguen clicando sobre ellas)

Además de la imagen del huevo, la rueda es para Santa Hildegarda el símbolo más adecuado para explicar el funcionamiento del plan macrocósmico. Al igual que el mundo, la divinidad es completamente redonda como una rueda, movida por el amor. El estrato igneo exterior de la ira divina solidifica el firmamento para que no se desparrame, el éter suscita su movimiento, la región del aire acuoso lo humedece, los vientos en forma animal lo mantienen en rotación y las diferentes capas del aire hacen reverdecer la tierra, representada aquí como eje de la ruedacon los radios de las cuatro estaciones del año y las cuatro partes del cosmos. Liber Divinorum Operum

En la Edad Media la alquimia no sólo concernía a la química teórica y práctica, el arte de hacer oro, sino también al tratamiento de los vidrios, las perlas y las piedras preciosas, a ladestilación de los perfumes y alcoholes, a la fabricación de los polvos y los ungüentos y al tinte de los tejidos. La obra del monje Teófilo que data de finales del siglo X, Schedula diversarum artium, trata de los metales y contiene una enseñanza relativa a la fabricación de los objetos sagrados como copones y campanas. Los testimonios más antiguos remontan la alquimia a Egipto, y sin embargo el Occidente medieval tomó contacto con esta ciencia a través del pensamiento árabe. Tras la partida de los árbes de España, los traductores intentaron estudiar -particularmente en Toledo- los abundantes manuscritos árabes que concernían a la alquimia y la medicina. Entre los traductores habría que citar a Gerardo de Cremona, y a Gundissalinus, aunque los grupos de alquimistas fueron más florecientes en España debido justamente a la aportación de los árabes. Así, el Tratado de los alumbres y las sales, que data de finales del siglo XII y que se atribuye a Ibn Râzí, ejerció gran influencia en la alquimia medieval.
Pero no sólo se trata de una ciencia física o química. En la alquimia, se tiene además en cuenta el significado de los metales, que se inscriben en una escala de valores comparable a la doctrina de Hesíodo sobre las edades de la humanidad. Así en el Ars lectoria, compuesto en 1086 por el gramático Aimeric, la literatura cristiana se divide en cuatro clases: 1.º aurum: authentica; 2.º argentum: hagiographa; 3.º stagnum: communia; 4.º plumbum: apocripha. Los escritores cristianos y paganos se sitúan igualmente en orden decreciente, correspondiendo así a los distintos metales. Pero de hecho, Aimeric propone en realidad una opinión corriente, pues esta escala de valores ya se hallaba expresada en el libro de Daniel (II, 32), a propósito de la famosa estatua del sueño del rey Nabuconodosor, que tenía la cabeza de oro, el pecho y los brazos de plata, el bientre y los muslos de bronce, las piernas de hierro, y los pies por último en parte de hierro y en parte de arcilla. Los alquimistas medievales concebían su obra teniendo en cuenta el valor simbólico de los metales, conociendo para ello los múltiples sentidos presentes de los símbolos.
Por lo demás cualquier símbolo es polivalente, debido a la polivalencia de niveles en los que es recibido por el sujeto. Gracias al símblo, el hombre es conducido a lo real. Se trata por tanto de un proceso iniciático consistente en una especie de alquimia que tiene diferentes etapas, incluyendo por ejemplo la mística y la gnosis. La transmutación desemboca en una total transfiguración, esto es, lo esencial del arte real (ars regia). El ser descubre el elixir de la vida, y en cuanto lo encuentra para sí, lo utiliza para cambiar el mundo, es decir, para salvarlo.
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En su cuarta visión, Santa Hildegarda ve "una formidable luminaria que refulgía como innumerables ojos y sus cuatro ángulos estaban orientados a los cuatro puntos cardinales". Es la omnisciencia de Dios, en cuyo centro "aparece otro fulgor parecido a la aurora en rayos de púrpura". De esta matriz celeste deriva la roja bola ignea del alma, que vivifica el embrión en el vientre materno. La visión es concebida como una "impresión" de Dios en el alma del estado uterino. "Una esfera de fuego sin rasgo humano" inunda el feto de la mujer embarazada, "tocando su cerebro y expandiéndose a lo largo de todos sus miembros", dice Hildegard de su visión. En la versión de la miniatura el feto se encuentra ligado al espacio celestial, simbolizado por el cuadrángulo plagado de ojos de color dorado y púrpura, por medio de una especie de cordón umbilical por el que desciende la esfera que se introduce en el cerebro Scivias

Matila Ghyca (el número de oro) ha mostrado cómo los alquimistas de la Edad Media rechazan limitarse a la búsqueda de las aleaciones y transmutaciones de la materia. Iluminados por principios metafísicos, examinaron "la ciencia general de las Fuerzas, o Magia". Así en el siglo XII, la alquimia se presenta como un ciencia que resulta a la vez natural y hermética. Estamos acostumbrados a considerar la alquimia como ciencia que busca convertir metales viles en oro pero el objetivo de la verdadera alquimia es despertar lo que está dormido, hacer que surja el agua que se encuentra encarcelada en el seno de la tierra. En otros términos, el sentido de la alquimia es despertar la princesa dormida dentro de lo más secreto del alma.
Las relaciones entre la búsqueda alquímica del oro y la purificación ascética han sido estudiadas a menudo. Del mismo modo que el oro es material "maduro", la realización espiritual corresponde a una madurez. Mircea Eliade ha mostrado la relación entre el alquimista y el yogui. Éste busca en efecto "la perfección del espíritu", la liberación, la autonomía, y el "cuerpo de diamante" de los Vajrâyanistas guarda por cierto un claro parecido con el cuerpo glorioso de la cultura occidental.
El oro simboliza el cuerpo resucitado y, según Alano de Lille (en su Anticlaudianus), el hombre nuevo prepara el advenimiento de la edad de oro. Guillermo de Saint Thierry habla también del esbozo, aquí, en la tierra, de ese cuerpo glorioso que quedará realizado por completo en la vida futura. También hace alusión al "lenguaje angélico" que sirve de comunicación a los sabios, cuyo cuerpo glorioso está ya realizado en el plano terrestre. Así, cuando cita los siete grados del alma en la contemplación de la Verdad, Guillermo dice que el séptimo ya no es un grado sino una morada, por lo que el cuerpo de resurrección se encuentra ya realizado.(...)

Las últimas visiones de Santa Hildegarda escritas entre 1163 y 1173, tienen por objeto la integración del hombre en el orden de la creación divina. El amor divino del Hijo aparece en el cielo bajo una figura cósmica de color rojo, superada solamente por la bondad del Padre. En su pecho veía la santa la "rueda del mundo", con el fuego claro del amor y el fuego rojo del juicio final como límite exterior del universo. Las doce cabezas de animales representan las virtudes, que forman el sistema de relaciones en el que el hombre puede vivir como rey de la creación. Liber Divinorum Operum.

Así, el ser que todavía no ha "nacido" se encuentra rodeado de un caparazón que lo aísla de su principio, y que por ello le impide unirse a la creación. En efecto, si el hombre no renuncia a sí mismo, queda separado de la vida. El vae soli de la Escritura puede sin duda aplicarse al ser desprovisto de sentido cósmico y reducido a los límites de su cuerpoo físico.
El aspecto cosmológico del hombre hace posible la apertura de fisuras en el cascarón que rodea a cada ser y que lo enclaustra respecto a todo cuanto no es él. Pero este caparazón es a la vez una prisión y una armadura. La alquimia espiritual, al arrancar ese caparazón, suprime las compartimentaciones inherentes al amor propio y a la dureza del corazón. Así, el ser cuyo caparazón se quiebra, se abre con ello a la divinidad, en su realidad con los demás y consigo mismo, participa en la vida cósmica y la comparte.
La alquimia procede por lo demás de manera sutil, empleando disciplinas muy precisas que aplica al microcosmos. Bajo el efecto de los ejercicios apropiados, el caparazón, pese a su dureza, se licua. Así, el ser puede unirse con toda la creación. Si todo se convierte en oro, es porque el hombre está creado a imagen del Creador; el puente establecido entre sujeto y objeto ha sido formado por el mismo ordenador del universo. Claro que hay otros modos de interpretar el símbolo alquímico, pero la que aquí proponemos es seguramente la esencial.
El milagro de la alquimia corresponde a la naturaleza fundamental del hombre, la de coincidir de manera viva y absoluta con todo lo que existe. La operación alquímica marca dicho paso, introduciéndose en una dimensión de orden universal. Debido a ello, dicha operación suprime el aislamiento. El muro que separa al hombre de la creación se vuelve fluido, y ya no hay frontera, lo que no implica que el ser se disuelva en lo otro, sino que, al contrario, se convierte en sí mismo, en el seno de una verdad metafísica que antes le era por completo desconocida. Sólo queda abolida la distinción egocéntrica, es decir, la existencia separada, y por lo mismo se crea una especie de transparencia. El ser participa en la universal orquestación con su color, así como con su nombre y con el sonido que le es propio.
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Representación de la Trinidad como Unidad verdadera. "Después vi una luz muy esplendorosa (serenissimam lucem)(el Padre) y, en ella, una forma humana del color del zafiro (sapphirini coloris)(el Hijo), que ardía entera en un suave fuego rutilante (rutilante igne)(Espíritu Santo). Yesa esplendorosa luz inundaba todo el fuego rutilante, y el fuego rutilante, la esplendorosa luz; y la esplendorosa luz y el fuego rutilante inundaban toda la forma human, siendo una sola luz en una sola fuerza y potencia." Scivias.
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Según el simbolismo alquímico, ¿estará cualquier ser capacitado para tal transmutación? La respuesta es afirmativa, ya que la analogía entre le microcosmos y el macrocosmos se liga con el estado original. Pero en el plano concreto existen disposiciones de orden accidental que hacen muy dificil la operación alquímica. El consentimiento del sujeto es necesario. El ex opere operato, cuya realización vemos en la materia, no conviene al hombre, sino que éste debe dar su asentimiento. De ahí resulta que sólo un corto número de hombres alcancen la transfiguración; además muy pocos lo desean.
La simbología alquímica y cosmológica concierne a la materia que sufre una mutación. Podríamos hablar exactamente de una asunción de la materia.(...)
Si por ejemplo la mirada se posa sobre un paisaje que está cubierto de sombra, o iluminado por el sol, la reacción del observador es rigurosamente diferente, ya que su visión no es identica. Sin embargo no hay variedad en el objeto, sólo la percepción difiere. La contemplación de la naturaleza sin ligarla con su Creador hace aparecer una naturaleza abandonada así misma. En cambio si dicha naturaleza es contemplada en Dios, es decir, si el hombre la percibe en su verdadera filiación original, entonces "el ojo del corazón puede ver oro en el plomo y cristal en la montaña". En este caso tenemos la transfiguración cósmica, y la transfiguración es ciertamente menos asombrosa en la materia que en el plano espiritual. Por un lado es el despertar del oro en una materia que no tiene conciencia de ello , y por otro el despertar de una presencia dormida.
Según Boecio, sólo las cosas que tienen como objeto común una misma materia pueden ser mutuamente intercambiadas y transformadas. Guillermo de San Thierry, al estudiar la transmutación de la naturaleza y de las formas, observa que dicha transmutación sólo se opera en la medida en que las naturalezas actúan unas sobre otras y que reciben la una de la otra. Existen cuerpos que no se pueden transformar en otros cuerpos, por ejemplo "el bronce en piedra o la piedra en hierba", ya que no hay en ellos "materia comun". Pero existen otros que sí poseen esta comunidad de materia, y así actúan uno sobre otro, se amasan uno con otro, hasta el punto de mezclar "sus cualidades" y que uno absorba al otro: "la cualidad de uno queda destruida con la del otro". Si se vierte vino en el mar, sigue diciendo Guillermo, el vino no se mezcla con el mar, sino que se diluye en el mar, precisamente porque la cualidad de éste nada recibe de la del vino, debido a su inmensidad, y porque en realidad el mar en su inmensidad, ha cambiado en sí mismo la cualidad del vino.
Siguiendo con su estudio y considerando la eucaristía, Guillermo observa que el cuerpo de Cristo tiene con el pan una común base material, ya que su cuerpo ha podido ser engendrado y morir. Por el hecho de que el pan tiene materia común con el cuerpo de Cristo, existe la posibilidad de que se cambie en él. Pues es posible, precisará Guillermo, para el poder de Cristo, que es uno con el Padre, cambiar el pan en su cuerpo en razón de la obediente pasividad de la criatura.
En su tratado del Amor de Dios, San Bernardo, al examinar el cuarto grado por el que el hombre ya no se ama así mismo sino por Dios, estudia los ejemplos dados por Máximo el Confesor concernientes a la gota de agua mezclada con mucho vino, y al hierro incandescente que por ello se vuelve semejante al fuego, como si tanto el uno como el otro hubiesen perdido su forma primera y particular. También toma las comparaciones del aire henchido de la luz del sol que se transforma en la claridad propia de esa luz, hasta el punto de que parece iluminar en vez de ser iluminado. Del mismo modo, se dice, es absolutamente necesario que en los santos todo afecto se funda y se transfiera enteramente a la voluntad de Dios, pues sino ¿cómo podría ser Dios todo y para todos (I Cor.,XV, 28), si subsistiera en el hombre algo que fuese del hombre? Ciertamente, la sustancia humana permanecerá, pero lo hará bajo otra forma, en otra gloria, y con otra potencia. Así, el símbolo alquímico que concierne al despertar del alma no se puede captar sino en razón al parentesco entre el hombre y Dios, parentesco que reposa sobre el hecho de la creación a imagen y semejanza de Dios mismo. Por eso, la alquimia debe ser considerada como ciencia de carácter "sacramental".
Encontramos además en los símbolos alquímicos las mismas leyes de la proporción que hemos tenido ocasión de deducir muchas veces al hablar de la analogía entre macrocosmos y microcosmos. La jerarquía y el orden definen las relaciones del cuerpo con el alma, del alma con el espíritu y del espíritu con Dios. En lo que hace a los otros, el procedimiento alquímico consistirá en recordarles que son templo de Dios, y que las leyes de transmutación que operan en el templo de piedra pueden también efectuarse en su propio templo.
La alquimia enseña al plomo que en realidad es oro, y el alquimista románico enseña al hombre que posee en sí mismo la imagen de la divinidad, que se encuentra en la base de la transmutación de su ser.
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