Foto: Trencadís (cerámica fragmentada) en el Parc Güell de Barcelona

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domingo, 14 de diciembre de 2014

La cábala de Robert Fludd


Selecciono en esta entrada algunas imágenes analizadas por Joscelyn Godwin sobre los estudios que Robert Fludd dedicara a su visión de la Cábala. Ayudado por los grabados de esquemas cósmicos que acompañan sus escritos, el gran esoterista inglés expondría los principios que gobiernan el Universo y su imagen microcósmica, el hombre. Para ello, básicamente seguiría los postulados expuestos con anterioridad (a principios del Renacimiento) por el discípulo de Marsilio Ficino, Pico della Mirandola. Éste, en palabras de Frances Yates: "...fue el primero que, intrépidamente, formuló una nueva posición para el hombre europeo, el hombre como mago que utiliza la magia y la Cábala para actuar sobre el mundo, para controlar su destino mediante la ciencia". Pico uniría en sus Conclusiones mágico cabalísticas -un catálogo de creencias del mago del Renacimiento-, la tradición esotérica de la mística judía conocida como la Cábala, al hermetismo, el neoplatonismo y la magia. La Cábala sienta las bases de su doctrina de las veintidós letras divinas del alfabeto hebreo y las diez Sephirot, a partir sobre todo del Sefer Yetsirah (Libro de la Creación) escrito por un judío neopitagórico entre los siglos III y IV de nuestra era. Las Sephirot son representaciones simbólicas de las emanaciones o poderes angélicos por las que se despliega el poder creador de Dios. 
Son dispuestas gráficamente en un diseño que las interrelaciona formando el  Árbol de la Vida, un esquema donde se representa la ascensión a traves de diez niveles que sube desde la esfera más baja (Malkhut) del ser hasta la Fuente Divina (Keter), abarcando todas las posibilidades de existencia. El Árbol cabalístico sería -siguiendo a Frances Yates-, un soporte para la meditación mediante el cual se articulan las jerarquías del universo, un medio por el que imaginar el universo ordenado y así, interiorizándolo, organizar la psique como escalera hacia Dios. Subiendo a través de la meditación los peldaños sefiróticos, el cabalista se acerca con seguridad a la unión con Dios. Por otra parte, dentro de una compleja filosofía religiosa, la Cábala judía sería cristianizada al considerar a Cristo como figura central y mediador para alcanzar un prometido retorno a la primigenia religión universal de la que se originaron todas las religiones. De esta forma, el cristianismo se otorgaría una papel predominante ante otras religiones.

Los grabados pertenecen a Utrisque Cosmi Historia II (UCH II) 1619, Philosophia Sacra et vere Christiana (PS) 1626, e Integrum Morborum Mysterium (MC II) 1631.



Robert Fludd
Claves para una teología del Universo
(fragmentos)
por
Joscelyn Godwin



UCH  II, b, f. A3

"Bajo tus Alas, jehová"
El rey David se arrodilla ante el Más Alto diciendo: "Bajo la sombra de tus alas me regocijaré" (Salmos 63, 7). El tema recuerda el manifiesto rosacruz de 1614 (el Fama) que terminaba con palabras semejantes: "sub umbra alarum tuarum JEHOVA". Las nubes se han separado para permitir que David vea directamente el Tetragrammaton, la palabra impronunciable a la que los hebreos aluden como Adonai (el Señor) o simplemente como ha Shem (La Palabra); Fludd generalmente emplea estas letras hebreas para representar a Dios en sus diagramas. Para el cabalista se acomodan fácilmente a la doctrina de la Trinidad: las tres letras diferentes י Yod,  ה He, ו Vau, se interpretan como Padre, Hijo y Espíritu Santo. La presencia de dos letras procede del Padre y del Hijo; (...)



UCH  II, b, pág. 8

El Tetragrammaton en el Macrocosmos
"Dice Hermes que el mundo es una imagen de Dios, y también Moisés afirma que el hombre está hecho a semejanza de Él. De ahí que todos los cabalistas remitan estos reinos inferiores al arquetipo. Esta lámina muestra cómo el Nombre inefable está impreso  en el universo: por encima de todo y más allá de todo está la Yod, la letra de la que todo procede y que esconde en sí misma todo el Nombre. De ella emana el mundo empíreo simbolizado por la He. El Salmista dice que Dios tiene su tabernáculo en el Sol y esto lo podemos interpretar así: Dios forma en torno al Sol el mundo etéreo (Vau) separando el empíreo del He inferior, el mundo elemental". La lámina indica también cómo se forma paso a paso el nombre completo de Dios: I, IH, IHV, IHVH. Aunque Fludd no lo menciona, éstos son también los cuatro mundos de los cabalistas: Atziluth, el "mundo puro", Briah, el mundo de la creación, Yetzirah, el mundo de la formación y Assiah, el mundo material.



UCH  II, b, pág 8

El Tretragrammaton en el Microcosmos
Del mismo modo que las facultades del hombre corresponden a las regiones del universo, también pueden verse como manifestaciones del divino nombre. Yod es la mente más elevada que no está contenida en el cuerpo físico; por ello se encuentra sobre la cabeza del hombre, del mismo modo que en la lámina anterior Yod se encuentra por encima del universo manifestado. He, Vau y la He inferior son respectivamente el intelecto, la vida y la facultad natural. (...)



UCH  II, b, pág. 42

El Misterio del Número 5
La falta de claridad del grabador al trazar los caracteres hebreos se ve complicada por una de las explicaciones más confusas de Fludd. La lámina parece representar el descenso del Espíritu  de Dios a la categoría de manifestación y el ascenso del alma a través de las jerarquías del ser hasta Dios expresado en numerología cabalística. La corona es Kether, el primer principio de la Cábala, que puede designarse mediante la primera letra del alfabeto hebreo, el Aleph    o  bien mediante la letra esencial Yod . En la imagen superior, las letras de la izquierda deberían ser la progresión alfabética a partir del Aleph:   Beth,   Gimel,   Daleth,   He. Éstas poseen valores numéricos del 1 al 5 y se alinean con la jerarquía cósmica:
1, 2, 3: Dios, ángeles  4 : Estrellas fijas, Saturno, Júpiter, Marte
  5 : Sol
  6 : Venus, Mercurio, Luna
7, 8, 9 : Región elemental
El Sol, número cinco, es también equivalente a la He inferior, o He segunda del Tetragrammaton: es el tebernáculo de Dios en el centro del universo.
A la derecha la serie es   Yod,    Mem,   Heth,   Daleth,   Resh. Mientras que el Aleph es el "Aleph Oscuro" símbolo de vacío último antes de la creación, Yod es el "Aleph Luminoso": Dios como Creador. Mem y Heth son "el resto de la oscuridad, de la que se hace la creación", Daleth es "la puerta por la que la sabiduría entra en el mundo" y Resh es "la vida que se produce en el mundo gracias a esa sabiduría".
En la figura inferior pueden verse las alas protectoras de Dios consideradas el objeto de los mortales. El orden de las letras de cada lado está invertido y en la columna central puede leerse: Yod, He, Vau, Aleph: las dos letras "formales" rodean la las dos letras "materiales". Esto es una aproximación de "JEHOVA" (véase primera lámina).



Omnipresencia de Dios (UHC II, b, página 74)
Las láminas anteriores podrían dar la imresión de que la Tierra queda privada de las emanaciones de Dios. Los diagramas de Fludd a menudo la representan como una densa esfera en el centro excluida de los planos celestiales. Esta lámina muestra las cuatro letras del Tetragrammaton relacionadas como antes con Dios y con los tres mundos. Las copiosas citas que Fludd ofrece respecto a la esfera inferior (La Tierra material) nos dan un nuevo punto de vista: "El Espíritu del Señor llena el mundo" (Sabiduría 1, 7) "Dios está por todas partes en el cielo, en el infierno, en las profundidades del mar, en la noche, en la oscuridad" (paráfrasis del Salmo 139); "Reconoce, pues, hoy y resuelve en tu corazón que Yavé sí que es Dios arriba, allá en los cielos, y abajo, aquí sobre la Tierra; y que no hay otro, sino él" (Deut, 4, 39).




PS, pág. 170

La Emanación de los Sephirot
Aunque Dios es Uno en sí mismo, es percibido de muchas manera y llamado por muchos nombres. Estos nombres corresponden a algunos de sus inagotables atributos. Concretamente diez nombres dan la clave a un posible símbolo del esquema universal por el que están hechos los mundos: la décuple emanación que se conce en la Cábala como Sephiroth. Aquí los nombres de Dios se dan en hebreo y resultan intraducibles. Los nombres se manifiestan como los diez Sephiroth designados con estos engaños, aunque habituales, términos: (1) Corona, (2) Sabiduría, (3) Prudencia, (4) Misericordia, (5) Poder, (6) Gracia, (7) Triunfo, (8) Honor, (9) Redención y (10) Reino. Para Fludd esto es otra muestra de la multiplicidad de los aspectos de Dios y su descenso al mundo creado.



UCH  II, b, pág. 11

Los mundos de la Balanza
Otra ordenación del Tetragrammaton nos muestra la Yod como la Divinidad Suprema que sostiene la balanza. El fulcro (la base del fiel) es el Sol, situado en el centro del mundo etéreo: punto de equilibrio en el centro del universo unido directamente a Dios. La balanza de la izquierda se eleva  porque representa el cielo empíreo hecho de "liviano fuego"; el platillo de la derecha desciende al ser la "pesada tierra" del reino elemental.



PS, pág. 174

Creación de la Sabiduría
La segunda palabra de los Sephiroth, Hokhmah, suele traducirse por "Sabiduría". Surge de la inefable Corona (Kether) henchida de las ideas del universo, que irradia como un sol. Aunque estas ideas tienen que atravesar los otros ocho Sephiroth antes de poder manifestarse realmente como seres creados, Fludd las muestra viniendo directamente de Hockmah y llenado el universo. (...)
Las creaciones de la Sabiduría son (de izquierda a derecha desde arriba) las estrellas fijas, Saturno, Marte, Venus, la Luna, el viento, las nubes, el trueno, la nieve, el hielo, los vegetales, los minerales, los animales, el hielo, el granizo, la lluvia, los relámpagos, otra vez el viento, los cometas, Mercurio, el Sol, Júpiter y los ángeles. Obsérvese que los vientos se hallan en el diámetro horizontal ilustrando la opinión de Fludd de que son mediadores entre el mundo etéreo y elemental.



UCH  II, b, pág. 181

El árbol de los Sephiroth
En la particular interpretación que hace Fludd del tradicional árbol de los Sephiroth, sitúa las diez emanaciones a cada lado de un tronco central donde está escrito el Tetragrammaton. Las cuatro letras corresponden a la disposición tradicional de los Sephiroth según los cuatro mundos (véase la tercera lámina): Atziluth contiene uno, Briah los dos siguientes, Yetzirah, seis y Assiah los dos últimos. Pero la columna central debería incluir también Tifereth y Yesod.
Cada Sephira recibe su nombre hebreo, su traducción latina, el nombre correspondiente a Dios y, en algunos casos, la interpretación trinitaria. Sumamente interesante para Fludd es la emanación de Malkuth, de la que brotan diez ramas que a su vez llevan los nombres de los Sephiroth. Están emparejados con los nombres cristianos tradicionales de los nueve órdenes de ángeles (querubines, dominaciones, virtudes, arcángeles, serfines, ángeles, principados, poderes y tronos) y "Alma" corresponde al segundo Malkuth. Así el supremo árbol de los nombres de Dios queda reflejado en la jerarquía angélica apoyando la teoría de la correspondencia universal.



UCH  II, b, pág. 198

La constitución del Hombre
Esta lámina y las dos siguientes derivan de la idea cíclica (...). Todo comienca en la oscuridad de la potencialidad, emerge a la luz y vuelve otra vez a la oscuridad. El punto inicial de estos círculos está siempre en la parte inferior y avanza en el sentido de las agujas del reloj. Los anillos exteriores son los arquetipos del todo; el primero dice: "Movimiento desde la nada de la potencialidad del acto de la generación, al origen de la vida; el día de la generación y la continuación de la vida; el comienzo de la corrupción; el final de la vida". Los dos círculos siguientes muestran estos arquetipos tal como los expresan los cabalistas, en letras hebreas. Yod es el Padre Absoluto envuelto en una oscuridad incomprensibles que se manifiesta a través del Hijo y del Espíritu. Los dos Aleph, claro y oscuro, son sus aspectos positivos y negativos. "Aleph significa la oscuridad de la que surge la luz no creada. Corresponde a Yod, la virtud del Tetragrammaton. Mem es el símbolo de las aguas creadas, que el Espíritu, Shin, divide en gruesas y sutiles por la interposición del firmamento. Por ello, en el Tetragrammaton, Vau divide las dos He. A Aleph, Mem y Shin se les llama las tres Letras Madre, ya que, como la cera, reciben la impronta de las tres letras masculinas Yod, He y Vau". Los círculos interiores reflejan estos procesos tal como se manifiestan en el microcosmos a través de elementos psíquicos, sustancias sutiles y materiales, condiciones metereológicas, humores y órganos "a partir de todo lo cual está hecho el hombre".



UCH  II, b, pág. 198

La Constitucióndel Mundo
Los mismos principios gobiernan la creación e historia del macrocosmos. El tercer anillo comienza con la potencialidad que, por la influencia del Aleph Claro, da lugar a las aguas superiores o cielo empíreo, hecho de la sustancia de la luz que es la actividad perfecta. Correspondiendo a él en el lado negativo están las aguas inferiores del espíritu grueso, aliadas de la oscuridad. Los anillos siguientes tratan de los estados de la materia, sustancias vaporosas y gaseosas, fenómenos meteorológicos; y en el centro se condensa el cuerpo animal, vegetal o mineral. Es dificil separar tiempo, espacio, causalidad y correspondencia en este esquema ideal.



MC  II, a pág. 181

Causalidad Universal
Esta lámina es una suma de las dos precedentes realizada por los nombres de Dios, los Sephiroth y los Angeles tal y como se encuentran en la Gran Carta Meteorológica. Su disposición se asemeja a la del "teatro de la memoria" de Giulio Camilo (véase Yates, Theatre of the World) y parece que pretende ser un esquema nemotécnico. Cualquiera que sea la opinión que se tenga sobre sus detalles, ilustra de modo muy apropiado las doctrinas de la emanación, de las correspondencias y del Eterno Retorno.
La teoría de la emanación sostiene que los principios más altos no crean a los inferiores a partir de la nada: emanan como manifestación de sí mismos sobre planos inferiores de existencia. Así, tomando una "cadena" como ilustración, de Vau, Hijo o Palabra arquetípicos, dimana Shin, el Espíritu que se manifiesta como Eloah, el Dios personal. De éste dinama la Gracia: la belleza del universo creada por una clase de ángeles, los llamados Virtudes. Correspondiendo a este principio en nuestro pequeño sistema solar está el arcángel Miguel, cuyo cuerpo físico es el Sol. El Sol nos proporciona nuestra fuerza vital, etc. (los círculo inferiores son vastante discutibles).
La doctrina de las correspondencias afirma que cada nivel de jerarquía del ser, desde el mundo mineral hasta los propios arquetipos, es un reflejo de los niveles superiores. Esto es consecuencia necesaria de la teoría de la emanación, pues de cada arquetipo pende una cadena de ser que desciende al propio fondo de la manifestación. Así, Miguel entre los Arcángeles, es como el Sol entre los planetas, el corazón en el cuerpo humano, o el oro entre los metales. Toda la magia, sea negra o blanca, se basa en esta doctrina, pues supone que las acciones que se efectúan en un nivel tendrán repercusiones en los correspondientes. Los objetos rituales de oro, por ejemplo, facilitarán el descenso de fuerzas solares a la copa, anillo, cetro, etc. y por tanto imbuyen de ellas a quienes los utilizan.
El principio de la ciclicidad es el "Mito del Eterno Retorno": la idea de que el tiempo no es una linea recta que corre sin sentido de infinito a infinito, sino un sistema de ciclos inscrito dentro de otros ciclos, ruedas dentro de ruedas cada una de las cuales gira a semejanza de los superiores, desde las espirales de electrones hasta el nacimiento y muerte de las galaxias. En el plano humano los ciclos se experimentan como día y noche, el retorno de las estaciones, el descendimiento periódico del individuo en la encarnación y el retorno de los períodos de la historia mundial, tanto si uno considera las épocas astrológicas (Piscis, Acuario, etc.) como el ciclo de las cuatro Eras de los hindúes y de los griegos. Todo esto implica una visión del mundo muy profunda que confirma la posición de Fludd entre los verdaderos filósofos esotéricos.


Lecturas:

Joscelyn Godwin, Robert Flud, claves para una teología del universo. Editorial Swan 1987

Frances Yates, El iluminismo Rosacruz. Siruela 2008


Entradas relacionadas:

Robert Flud: macrocosmos y microcosmos

El Arca de Noé de Athanasius Kircher

El poder de las imágenes

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domingo, 4 de diciembre de 2011

El Gólem


Fotograma del film Der Golem (1920) donde aparece el manuscrito con el ritual mágico para dar vida al engendro de barro.


"Las tres madres
álef, mem y shin, son un gran secreto, maravilloso, velado y sellado con seis sellos. De ellas salieron el aire, el agua y el fuego, y de ellas nacieron los padres y de los padres las generaciones".

Sefer Yetsirah (Libro de la Creación)


"Pero un manantial brotaba de la tierra y regaba toda la superficie. Entonces Yahvé Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente".

Génesis (2, 7)


A principios del siglo XX Gustav Meyrink escribio la novela fantástica El Gólem, que junto con la película que filmó Wegener -de la que algunas imágenes acompañan esta entrada- ayudaron a dar a conocer al gran público las leyendas populares judeocabalísticas sobre el personaje modelado con barro al que se consigue dar vida a través de un ritual mágico. Como suele ocurrir en leyendas y mitos de la Antigüedad como el de Prometeo, y en novelas modernas como la de Frankestein donde el hombre intenta emular el poder creador divino, tendrá un fatídico desenlace.
En el texto que sigue a continuación, extraído de la obra de Angelo Maria Ripellino Praga Mágica
, encontramos narradas de forma muy amena referencias a la figura del Gólem. Lo transcribo del nº 4 de la revista FMR en su edición española.


Una diversión rabínica
por
Angelo Maria Ripellino



¿Qué es un Gólem?

Un hombre artificial, de arcilla. Al igual que el buen soldado Svejk, el siervo Gólem es un personaje-clave de la Praga mágica. El vocablo hebraico "golem" (en yidish "góilem"), que se encuentra en el salmo 139, indica un rudimento, un germen, un embrión o mejor dicho, un "grumo informe":
"Mi cuerpo no se te ocultaba; cuando fui modelado en secreto, grumo informe tejido en las profundidades de la tierra, ya vieron tus ojos mis obras".
La alusión a la tierra hace suponer que ya en la Biblia "gólem" designa un amasijo de greda. El concepto de gólem implica, pues, algo inacabado, tosco, embrionario. En el Talmud una mujer que no haya concebido aún, un jarro que necesite pulido se califican de gólem. Del significado de "imperfecto" y "grosero" es corto el paso al de hombretón torpísimo e inhábil.
La creación del Gólem, esta diversión rabínica, calca el mito de Adán, el único hombre que no salió de un vientre de madre, pues fue amasado con polvo por el mismo Elohim (Génesis, 2, 7). Se podría decir que el primer hombre fue también una masa informe de tierra (tierra virgen), un gólem hasta que Yahvé Elohim sopló en sus narices, convirtiéndolo en paradisíaco hortelano. Y, viceversa, que el Gólem es un Adán que se ha quedado en inacabada apariencia de arcilla, sin espíritu vital. Su afasia demuestra que está desprovisto de alma, aunque algunos místicos afirman que, aunque carente de Neshamá (la luz de Dios), tendría en cambio el Ruaj y el Néfesh, o, por lo menos, como los animales, estos últimos, un alma vegetativa.
Todas las numerosas variantes de la Golemlegende presentan al mudo muñeco de barro como un servidor torvo y lentísimo, como un plumbeo payaso. Tiene una estatura propia de gigante, modales de idiota, dos ollares que parecen alcantarillas, una boca tan grande cual muela de molino. En la chillona paleta de variantes, tres motivos reaparecen con mayor insistencia: la condición servil (Knechmotiv), la cólera que estalla en rebeldía y el retorno a la tierra, materia constitutiva.

¿Cómo se fabrica un Gólem?

Ante todo es preciso purificarse. La más antigua receta está contenida en el comentario del fantasioso Eleazar de Worms (1176-1238) al
Sefer Yetsirah el Libro de la Creación, texto que hay que conocer bien antes de poner manos a la obra.
Se amasa un muñeco con tierra virgen, y después se le da vueltas varias veces, recitando, con múltiples permutaciones las letras del tetragrámaton. Una de las variantes propone darle cuatrocientas sesenta y dos vueltas. Después, para ponerlo en movimiento, se le graba el vocablo Emet (Verdad) en la frente o bien se le mete en la boca el shem (
shem hameforash), el papelito con el nombre impronunciable de Dios. Como los signos alfabéticos han desempeñado un papel esencial, junto con los números y las sefirot, en la creación del universo, también el modelado del hombre ficticio, imitación de la hechura divina, se vale de la poderosa contribución de la palabra. Es la virtud mágica del alfabeto, y en especial del tetragrámaton, lo que infunde instintos e impulsos de locomoción a la mísera arcilla.

¿Cómo se destruye un Gólem?

Dándole vueltas en sentido contrario, recitando como maleficio el alfabeto a la inversa, aunque hay que tener cuidado con la forma de proceder, con el número de vueltas y con las combinaciones de las letras, para no acabar como aquellos discípulos de un místico que, dándole vueltas al revés de forma errónea y murmurando las letras en un orden falso, se hundieron hasta el ombligo en el fango, y habría muerto de no haber intervenido el rabino para corregirlos. Aunque hay métodos más sencillos para debilitar y disolver a un gólem que se haya vuelto, líbrenos Dios, arrogante. Se le quita de la boca el shem o, bien, si tiene en la frente el vocablo Emet, se borra la primera letra de forma que quede solamente Met (o sea, muerte); y el muñeco se desploma y vuelve a ser un amasijo de blando barro. Pero también aquí hay que tener mucho cuidado, para que no ocurra como al rabino polaco Elías de Chelm, llamado Báal-Shem, ilustre gaón y taumaturgo del siglo XVI, el cual convenció con astucias al muñeco de inclinarse,para rasparle de la frente la primera letra de Emet, pero la descomunal mole de arcilla se le vino encima, aplastándolo.(...)
Presten ahora atención, pues oirán como Löw plasmó el Gólem. En el 5340 (1580), una noche, tras haber tomado el baño ritual en la micvé, recitado el tortuoso salmo ciento diecinueve y leído pasajes del
Sefer Yetsirah, el rabino (el aire), su yerno Isaac ben Sinsón (el fuego) y su discípulo el levita Jacob ben Hayim Sasón (el agua), ataviados con blancos capuchones, se dirigieron a la luz de las antorchas a orillas del Moldava, donde había canteras de salitre y mucho barro. Con el barro (la tierra) modelaron el Gólem. Luego Isaac por la derecha y Jacob por la izquierda dieron cada uno siete vueltas alrededor del muñeco, farfullando combinaciones de letras (serufim) y transfundiendo al cuerpo de arcilla, el uno la rojez del fuego y el otro la humedad del agua. El rabino le puso en la boca el shem, el trocito de pergamino con el nombre de Dios, le ordenó alzarse sobre sus piernas y obedecer como un siervo, ciegamente. Al alba los tres regresaron a la judería con Yosele Gólem, y, para evitar preguntas, Löw contó a Perl, su petulante consorte, que había recogido en la calle, por compasión, a aquel pobre estranjero mudo.

¿Cuál era el aspecto del androide de Löw?

La leyenda lo viste como un
shamash. Pero es dificil hoy imaginarlo distinto de como lo representó Wegener en la película Der Golem. Alto e hinchado, los cabellos a modo de compacto casco, zapatos-coturnos, una chaqueta como una cota de malla de pergamino prensado o más bien como una de esas armaduras de algodón acolchado, endurecidas por un baño de sal, que vestían los guerreros aztecas. En la película, sin embargo, la fabricación, del maníquí se produce en el laboratorio, como acto de schwarze Kunst, con ayuda de las conjunciones de los astros y de las ciencias quiméricas. Löw traza un círculo de llamas, evocando a Astarté, diosa de los cananeos, y entre las llamaradas y vapores de azufre aparece una amenazadora máscara, un Totenkopz, como gelatina fosforescente. El horrendo tipo proporciona al rabino el vocablo mágico, que éste registra en una tira de pergamino, para después esconder la tira, con la estrella judía (?), en el pecho del Gólem. El muñeco de greda estaba absorto en un rincón, con mirada atontada y fija, esperando las órdenes del Maharal. Dócil y pazguato, realizaba sus mínimos deseos. Con divertida incongruencia, Meyrink afirma (en su novela) que el rabino había construido al homúnculo "para ayudarle a tocar las campanas de la sinagoga". Según Vrchlicky, en cambio, el homúnculo ayudaba al rabino en su "cocina cabalística". Como el sábado Yosele Gólem debía abstenerse de todo trabajo, cada viernes, a la puesta del sol, Löw le quitaba de la boca (o de la frente o del pecho) el shem, dejándolo inerte. Pero una vez se olvido. Estaba ya en la Vieja Sinagoga Nueva para la habitual ceremonia vespertina del viernes cuando el Gólem de pronto empezó a soltar espumarajos y a desvariar, poseído por los demonios. Tras haber destrozado objetos y muebles y rasgado colchones de plumas, se precipitó a la calle, estrangulando gallinas y gatos, allanando ante sí los obstáculos de las casas. ¡Madre mía, que feo era! La rabia lo había hinchado como un enorme sapo. La gente, escapando a todo correr, chillaba: "¡Yosele Gólem se ha vuelto loco!" Echando llamas por los ojos sanguinolientos y meneando la cabeza con violentísimas sacudidas, el informe corpachón avanzaba pesadamente a través de la judería, helada de espanto. Avisaron a Low y el rabino interrumpió inmediatamente el canto del salmo noventa y dos. Si tardaba mucho, el universo entero corría el riesgo de ser destruido. Una vez iniciado el sábado ya no podría detener al enloquecido muñeco. Con rostro ensombrecido salió al encuentro del Gólem y le sacó con rapidez el pergamino de la boca. El furioso criado, todo embadurnado de sangre y cubierto de escombros y plumas, se desplomó, desfallecido. En la sinagoga se reanudaron las salmodias. Algunas variantes achacan el olvido del rabino a su inquietud por la enfermedad de su hija Esther. En la película de Wegener, el Gólem, aplacando el paroxismo, sale de la judería a un prado inundado de sol, en el cual juegan candorosos niños coronados con guirnaldas de flores. Los niños escapan, asustados, pero después uno de ellos, ya tranquilizado, salta a sus brazos y, en broma, le roba la estrella. El inmenso criado se desploma y cae al suelo. La inocencia infantil salva al género humano de la cólera ferina del ogro.

Dejo a continuación un párrafo perteneciente al capítulo La idea del Golem en sus relaciones telúricas y mágicas, centrado en la influencia que debieron tener en el origen de las leyendas en torno al Gólem, narraciones en textos sagrados judíos sobre la creación de Adán. Pertenece a la obra La Cábala y su simbolismo, del gran investigador de las tradiciones judías Gershom Scholem, sin duda el principal referente sobre el tema.

Una investigación de la idea del Gólem en cuanto hombre creado por artes mágicas tiene que recurrir a algunas de las concepciones sobre Adán, el primer hombre. Pues es, sin duda, de una evidencia fundamental que la creación del Gólem entra en competencia en algún punto con la creación de Adán y que el poder creador del hombre se perfila aquí sobre el horizonte del poder creador de Dios, sea con ánimo imitador o bien con espíritu de oposición.(...)
Adán es el ser extraído de la Tierra -y, por otra parte, destinado de nuevo a ella- a quien el solpo divino otorgó el habla y la vida. Es el hombre de la tierra, aquel que, en verdad -tal como lo formularon con un ingenioso juego de palabras sacado de Isaías (14: 14) en atrevida etimología algunos cabalistas tardíos- es al mismo tiempo "parábola del Altísimo", cuando en libre opción del bien cumple su misión. Este Adán estaba constituido, sin duda, de materia de la Tierra, de auténtico barro como subraya expresamente uno de los interlocutores en el libro de Job, 33: 6, pero de partes finísimas de éste. Ya filón dijo: "Hay que pensar que Dios quería crear esta figura semejante al hombre con el máximo cuidado, y que por ello no tomó polvo del primer trozo de tierra que se le presentó, sino aportó lo mejor de toda la Tierra, lo más puro y fino del puro material primigenio, lo que se adecuaba más a su creación". Esto corresponde a la concepción de la Aggadá judía, la cual varía este motivo en todas las formas posibles. "De lo más claro de la tierra le creó, de lo más selecto de la Tierra le creó, de lo más fino de la Tierra le creó, del (futuro) lugar del culto divino (en Sión) le creó, del lugar de su reconciliación". Así como, según las normas de la Torá, se apartaba de la masa una ofrenda, como lo más selecto para uso sagrado, del mismo modo constituye Adán la ofrenda que se tomaba como la mejor parte de la Tierra, o sea, del centro del mundo sobre el monte Sión, del lugar donde habría de encontrarse el altar del que está escrito: "Un altar de tierra debes construirme" (Ex., 20: 24). Este Adán está, desde luego, tomado del centro y del punto umbilical de la Tierra, pero en su creación se unificaron todos los elementos. Dios acumuló el polvo, procedente de todas partes, del que había de ser formado Adán, y así lo propagan profusamente las etimologías de la palabra
Adam, que la interpretan en el sentido de una abreviatura de sus elementos o también de los nombres de los cuatro elementos o también de los nombres de las cuatro direcciones celestes, de las cuales aquél fue tomado.
A lo expuesto se añade ya en la Aggadá talmúdica otro momento diferente. Adán es designado en un determinado estadio de su creación como Gólem.
Gólem es una palabra hebrea que en la Biblia sólo aparece en un único pasaje, en el salmo 139: 16, y este salmo es puesto siempre en boca del mismo Adán por la tradición judía. Gólem viene a significar aquí, y sin duda también en las fuentes posteriores, lo informe, lo amorfo. Nada aboga en favor de que -tal como se ha afirmado en ocasiones- signifique embrión. La literatura filosófica medieval lo utiliza como término hebraico para materia (hyle) amorfa, y esta significación más expresiva reaparecerá también en parte en las consideraciones que a continuación se exponen. El Adán aún no afectado por el soplo divino es designado en este sentido como Gólem.


Lecturas:

Angelo Mª Ripellino, La Praga mágica. Seix Barral 2002
Gershom Scholem, La Cábala y su simbolismo. Siglo XXI Editores 2005
Gustav Meyrink, El Gólem. Edicomunicación 1995
Moshe Idel, Golem, Tradiciones mágicas y místicas sobre la creación de un hombre artificial. Siruela
Sefer Yetsirá
, Ediciones Obelisco 2004

Entradas relaciondas:

http://barzaj-jan.blogspot.com/2010/08/presencia-hermetica.html
http://barzaj-jan.blogspot.com/2011/11/la-hagada-de-barcelona.html


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