Foto: Trencadís (cerámica fragmentada) en el Parc Güell de Barcelona

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domingo, 4 de diciembre de 2011

El Gólem


Fotograma del film Der Golem (1920) donde aparece el manuscrito con el ritual mágico para dar vida al engendro de barro.


"Las tres madres
álef, mem y shin, son un gran secreto, maravilloso, velado y sellado con seis sellos. De ellas salieron el aire, el agua y el fuego, y de ellas nacieron los padres y de los padres las generaciones".

Sefer Yetsirah (Libro de la Creación)


"Pero un manantial brotaba de la tierra y regaba toda la superficie. Entonces Yahvé Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente".

Génesis (2, 7)


A principios del siglo XX Gustav Meyrink escribio la novela fantástica El Gólem, que junto con la película que filmó Wegener -de la que algunas imágenes acompañan esta entrada- ayudaron a dar a conocer al gran público las leyendas populares judeocabalísticas sobre el personaje modelado con barro al que se consigue dar vida a través de un ritual mágico. Como suele ocurrir en leyendas y mitos de la Antigüedad como el de Prometeo, y en novelas modernas como la de Frankestein donde el hombre intenta emular el poder creador divino, tendrá un fatídico desenlace.
En el texto que sigue a continuación, extraído de la obra de Angelo Maria Ripellino Praga Mágica
, encontramos narradas de forma muy amena referencias a la figura del Gólem. Lo transcribo del nº 4 de la revista FMR en su edición española.


Una diversión rabínica
por
Angelo Maria Ripellino



¿Qué es un Gólem?

Un hombre artificial, de arcilla. Al igual que el buen soldado Svejk, el siervo Gólem es un personaje-clave de la Praga mágica. El vocablo hebraico "golem" (en yidish "góilem"), que se encuentra en el salmo 139, indica un rudimento, un germen, un embrión o mejor dicho, un "grumo informe":
"Mi cuerpo no se te ocultaba; cuando fui modelado en secreto, grumo informe tejido en las profundidades de la tierra, ya vieron tus ojos mis obras".
La alusión a la tierra hace suponer que ya en la Biblia "gólem" designa un amasijo de greda. El concepto de gólem implica, pues, algo inacabado, tosco, embrionario. En el Talmud una mujer que no haya concebido aún, un jarro que necesite pulido se califican de gólem. Del significado de "imperfecto" y "grosero" es corto el paso al de hombretón torpísimo e inhábil.
La creación del Gólem, esta diversión rabínica, calca el mito de Adán, el único hombre que no salió de un vientre de madre, pues fue amasado con polvo por el mismo Elohim (Génesis, 2, 7). Se podría decir que el primer hombre fue también una masa informe de tierra (tierra virgen), un gólem hasta que Yahvé Elohim sopló en sus narices, convirtiéndolo en paradisíaco hortelano. Y, viceversa, que el Gólem es un Adán que se ha quedado en inacabada apariencia de arcilla, sin espíritu vital. Su afasia demuestra que está desprovisto de alma, aunque algunos místicos afirman que, aunque carente de Neshamá (la luz de Dios), tendría en cambio el Ruaj y el Néfesh, o, por lo menos, como los animales, estos últimos, un alma vegetativa.
Todas las numerosas variantes de la Golemlegende presentan al mudo muñeco de barro como un servidor torvo y lentísimo, como un plumbeo payaso. Tiene una estatura propia de gigante, modales de idiota, dos ollares que parecen alcantarillas, una boca tan grande cual muela de molino. En la chillona paleta de variantes, tres motivos reaparecen con mayor insistencia: la condición servil (Knechmotiv), la cólera que estalla en rebeldía y el retorno a la tierra, materia constitutiva.

¿Cómo se fabrica un Gólem?

Ante todo es preciso purificarse. La más antigua receta está contenida en el comentario del fantasioso Eleazar de Worms (1176-1238) al
Sefer Yetsirah el Libro de la Creación, texto que hay que conocer bien antes de poner manos a la obra.
Se amasa un muñeco con tierra virgen, y después se le da vueltas varias veces, recitando, con múltiples permutaciones las letras del tetragrámaton. Una de las variantes propone darle cuatrocientas sesenta y dos vueltas. Después, para ponerlo en movimiento, se le graba el vocablo Emet (Verdad) en la frente o bien se le mete en la boca el shem (
shem hameforash), el papelito con el nombre impronunciable de Dios. Como los signos alfabéticos han desempeñado un papel esencial, junto con los números y las sefirot, en la creación del universo, también el modelado del hombre ficticio, imitación de la hechura divina, se vale de la poderosa contribución de la palabra. Es la virtud mágica del alfabeto, y en especial del tetragrámaton, lo que infunde instintos e impulsos de locomoción a la mísera arcilla.

¿Cómo se destruye un Gólem?

Dándole vueltas en sentido contrario, recitando como maleficio el alfabeto a la inversa, aunque hay que tener cuidado con la forma de proceder, con el número de vueltas y con las combinaciones de las letras, para no acabar como aquellos discípulos de un místico que, dándole vueltas al revés de forma errónea y murmurando las letras en un orden falso, se hundieron hasta el ombligo en el fango, y habría muerto de no haber intervenido el rabino para corregirlos. Aunque hay métodos más sencillos para debilitar y disolver a un gólem que se haya vuelto, líbrenos Dios, arrogante. Se le quita de la boca el shem o, bien, si tiene en la frente el vocablo Emet, se borra la primera letra de forma que quede solamente Met (o sea, muerte); y el muñeco se desploma y vuelve a ser un amasijo de blando barro. Pero también aquí hay que tener mucho cuidado, para que no ocurra como al rabino polaco Elías de Chelm, llamado Báal-Shem, ilustre gaón y taumaturgo del siglo XVI, el cual convenció con astucias al muñeco de inclinarse,para rasparle de la frente la primera letra de Emet, pero la descomunal mole de arcilla se le vino encima, aplastándolo.(...)
Presten ahora atención, pues oirán como Löw plasmó el Gólem. En el 5340 (1580), una noche, tras haber tomado el baño ritual en la micvé, recitado el tortuoso salmo ciento diecinueve y leído pasajes del
Sefer Yetsirah, el rabino (el aire), su yerno Isaac ben Sinsón (el fuego) y su discípulo el levita Jacob ben Hayim Sasón (el agua), ataviados con blancos capuchones, se dirigieron a la luz de las antorchas a orillas del Moldava, donde había canteras de salitre y mucho barro. Con el barro (la tierra) modelaron el Gólem. Luego Isaac por la derecha y Jacob por la izquierda dieron cada uno siete vueltas alrededor del muñeco, farfullando combinaciones de letras (serufim) y transfundiendo al cuerpo de arcilla, el uno la rojez del fuego y el otro la humedad del agua. El rabino le puso en la boca el shem, el trocito de pergamino con el nombre de Dios, le ordenó alzarse sobre sus piernas y obedecer como un siervo, ciegamente. Al alba los tres regresaron a la judería con Yosele Gólem, y, para evitar preguntas, Löw contó a Perl, su petulante consorte, que había recogido en la calle, por compasión, a aquel pobre estranjero mudo.

¿Cuál era el aspecto del androide de Löw?

La leyenda lo viste como un
shamash. Pero es dificil hoy imaginarlo distinto de como lo representó Wegener en la película Der Golem. Alto e hinchado, los cabellos a modo de compacto casco, zapatos-coturnos, una chaqueta como una cota de malla de pergamino prensado o más bien como una de esas armaduras de algodón acolchado, endurecidas por un baño de sal, que vestían los guerreros aztecas. En la película, sin embargo, la fabricación, del maníquí se produce en el laboratorio, como acto de schwarze Kunst, con ayuda de las conjunciones de los astros y de las ciencias quiméricas. Löw traza un círculo de llamas, evocando a Astarté, diosa de los cananeos, y entre las llamaradas y vapores de azufre aparece una amenazadora máscara, un Totenkopz, como gelatina fosforescente. El horrendo tipo proporciona al rabino el vocablo mágico, que éste registra en una tira de pergamino, para después esconder la tira, con la estrella judía (?), en el pecho del Gólem. El muñeco de greda estaba absorto en un rincón, con mirada atontada y fija, esperando las órdenes del Maharal. Dócil y pazguato, realizaba sus mínimos deseos. Con divertida incongruencia, Meyrink afirma (en su novela) que el rabino había construido al homúnculo "para ayudarle a tocar las campanas de la sinagoga". Según Vrchlicky, en cambio, el homúnculo ayudaba al rabino en su "cocina cabalística". Como el sábado Yosele Gólem debía abstenerse de todo trabajo, cada viernes, a la puesta del sol, Löw le quitaba de la boca (o de la frente o del pecho) el shem, dejándolo inerte. Pero una vez se olvido. Estaba ya en la Vieja Sinagoga Nueva para la habitual ceremonia vespertina del viernes cuando el Gólem de pronto empezó a soltar espumarajos y a desvariar, poseído por los demonios. Tras haber destrozado objetos y muebles y rasgado colchones de plumas, se precipitó a la calle, estrangulando gallinas y gatos, allanando ante sí los obstáculos de las casas. ¡Madre mía, que feo era! La rabia lo había hinchado como un enorme sapo. La gente, escapando a todo correr, chillaba: "¡Yosele Gólem se ha vuelto loco!" Echando llamas por los ojos sanguinolientos y meneando la cabeza con violentísimas sacudidas, el informe corpachón avanzaba pesadamente a través de la judería, helada de espanto. Avisaron a Low y el rabino interrumpió inmediatamente el canto del salmo noventa y dos. Si tardaba mucho, el universo entero corría el riesgo de ser destruido. Una vez iniciado el sábado ya no podría detener al enloquecido muñeco. Con rostro ensombrecido salió al encuentro del Gólem y le sacó con rapidez el pergamino de la boca. El furioso criado, todo embadurnado de sangre y cubierto de escombros y plumas, se desplomó, desfallecido. En la sinagoga se reanudaron las salmodias. Algunas variantes achacan el olvido del rabino a su inquietud por la enfermedad de su hija Esther. En la película de Wegener, el Gólem, aplacando el paroxismo, sale de la judería a un prado inundado de sol, en el cual juegan candorosos niños coronados con guirnaldas de flores. Los niños escapan, asustados, pero después uno de ellos, ya tranquilizado, salta a sus brazos y, en broma, le roba la estrella. El inmenso criado se desploma y cae al suelo. La inocencia infantil salva al género humano de la cólera ferina del ogro.

Dejo a continuación un párrafo perteneciente al capítulo La idea del Golem en sus relaciones telúricas y mágicas, centrado en la influencia que debieron tener en el origen de las leyendas en torno al Gólem, narraciones en textos sagrados judíos sobre la creación de Adán. Pertenece a la obra La Cábala y su simbolismo, del gran investigador de las tradiciones judías Gershom Scholem, sin duda el principal referente sobre el tema.

Una investigación de la idea del Gólem en cuanto hombre creado por artes mágicas tiene que recurrir a algunas de las concepciones sobre Adán, el primer hombre. Pues es, sin duda, de una evidencia fundamental que la creación del Gólem entra en competencia en algún punto con la creación de Adán y que el poder creador del hombre se perfila aquí sobre el horizonte del poder creador de Dios, sea con ánimo imitador o bien con espíritu de oposición.(...)
Adán es el ser extraído de la Tierra -y, por otra parte, destinado de nuevo a ella- a quien el solpo divino otorgó el habla y la vida. Es el hombre de la tierra, aquel que, en verdad -tal como lo formularon con un ingenioso juego de palabras sacado de Isaías (14: 14) en atrevida etimología algunos cabalistas tardíos- es al mismo tiempo "parábola del Altísimo", cuando en libre opción del bien cumple su misión. Este Adán estaba constituido, sin duda, de materia de la Tierra, de auténtico barro como subraya expresamente uno de los interlocutores en el libro de Job, 33: 6, pero de partes finísimas de éste. Ya filón dijo: "Hay que pensar que Dios quería crear esta figura semejante al hombre con el máximo cuidado, y que por ello no tomó polvo del primer trozo de tierra que se le presentó, sino aportó lo mejor de toda la Tierra, lo más puro y fino del puro material primigenio, lo que se adecuaba más a su creación". Esto corresponde a la concepción de la Aggadá judía, la cual varía este motivo en todas las formas posibles. "De lo más claro de la tierra le creó, de lo más selecto de la Tierra le creó, de lo más fino de la Tierra le creó, del (futuro) lugar del culto divino (en Sión) le creó, del lugar de su reconciliación". Así como, según las normas de la Torá, se apartaba de la masa una ofrenda, como lo más selecto para uso sagrado, del mismo modo constituye Adán la ofrenda que se tomaba como la mejor parte de la Tierra, o sea, del centro del mundo sobre el monte Sión, del lugar donde habría de encontrarse el altar del que está escrito: "Un altar de tierra debes construirme" (Ex., 20: 24). Este Adán está, desde luego, tomado del centro y del punto umbilical de la Tierra, pero en su creación se unificaron todos los elementos. Dios acumuló el polvo, procedente de todas partes, del que había de ser formado Adán, y así lo propagan profusamente las etimologías de la palabra
Adam, que la interpretan en el sentido de una abreviatura de sus elementos o también de los nombres de los cuatro elementos o también de los nombres de las cuatro direcciones celestes, de las cuales aquél fue tomado.
A lo expuesto se añade ya en la Aggadá talmúdica otro momento diferente. Adán es designado en un determinado estadio de su creación como Gólem.
Gólem es una palabra hebrea que en la Biblia sólo aparece en un único pasaje, en el salmo 139: 16, y este salmo es puesto siempre en boca del mismo Adán por la tradición judía. Gólem viene a significar aquí, y sin duda también en las fuentes posteriores, lo informe, lo amorfo. Nada aboga en favor de que -tal como se ha afirmado en ocasiones- signifique embrión. La literatura filosófica medieval lo utiliza como término hebraico para materia (hyle) amorfa, y esta significación más expresiva reaparecerá también en parte en las consideraciones que a continuación se exponen. El Adán aún no afectado por el soplo divino es designado en este sentido como Gólem.


Lecturas:

Angelo Mª Ripellino, La Praga mágica. Seix Barral 2002
Gershom Scholem, La Cábala y su simbolismo. Siglo XXI Editores 2005
Gustav Meyrink, El Gólem. Edicomunicación 1995
Moshe Idel, Golem, Tradiciones mágicas y místicas sobre la creación de un hombre artificial. Siruela
Sefer Yetsirá
, Ediciones Obelisco 2004

Entradas relaciondas:

http://barzaj-jan.blogspot.com/2010/08/presencia-hermetica.html
http://barzaj-jan.blogspot.com/2011/11/la-hagada-de-barcelona.html


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6 comentarios:

Asia dijo...

Felicidades por un blog tan interesante y bello. Me hago seguidora desde ahora mismo.

Jan dijo...

Muy amable, Asia.
Bienvenida a este espacio, una satisfacción tenerte como seguidora.

Baruk dijo...

Hola Jan, muy interesante la sintésis sobre el golém que nos aportas.

Me parece inquietante su existencia, y sobre todo, el "arte" de dar vida a un engendro de barro ...lo que me da por pensar que un escultor podría bien ser un hacedor de goléms, no? :)

Abrazines

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Jan dijo...

Cualquiera que haya practicado la escultura y dado forma humana tanto al barro amasado como otro material, seguro, Baruk, que la leyenda del Gólem le resultará muy sugerente. Por extensión, simbólicamente, en todo hacer de las artes plásticas podríamos encontrar representada de una forma directa el impulso de participar en el "juego demiúrgico" de transformar la materia caótica, sin forma, imponiéndole un orden por el que transpire el "aliento vivificador" que le insufla su creador, y por el que dejaría registrada su impronta. Cuanto más sutil es el aliento que inspira la obra, cuanto más directamente llega a ella el soplo del espíritu libre, más se reviste de la luz intemporal y arquetípica que hará perdurar su mensaje por tiempo indefinido. Al hilo de esto, se me ocurre una interpretación de la leyenda del Gólem. Éste no sería resultado de una emanación directa del espíritu luminoso generador de libertad, sino de la sombra de un artífice que tendrá como finalidad crear un ser esclavizado, dirigido a satisfacer sus egóicas necesidades. Me despido con una pregunta que invita a la lúdica ironía: ¿Serían también esas las intenciones del Demiurgo que creó a Adán? ;-)

Abrazos

Mabel A. O dijo...

Tal vez podrían serlo...hay muchas situaciones en las que nos sentimos como pequeños barcos a vela, absolutamente a la deriva, como llevados por hilos invisibles. Está visto y certificado que los proyectos humanos son hasta un punto factibles...hay un sector ignoto, un no lugar, un viraje súbito que puede transformarlo todo y no depende precisamente de nuestra voluntad. Aún cuando le demos vueltas y más vueltas al asunto, queda un espacio de sombras que no podremos transponer. Al hilo del más fino raciocinio no todo es cognoscible ni previsible. La vida nos sitúa muchas veces frente a frente con la impotencia, la imposibilidad de dirigir nuestros pasos hacia donde queramos. El deseo motoriza otros deseos y el camino es infinito...También me pregunto acerca de las intenciones de ese Demiurgo primigenio que mencionas...y es curioso...cada pregunta genera un nuevo interrogante, como una larguísima cadena sin fin..Merci Jan..Abrazos!!

Jan dijo...

Es cierto Mabel, en ocasiones parece que no somos dueños de nuestros actos, como si fueramos piezas de un juego. En los mitos griegos los dioses se entretienen dirigiendo el destino de los hombres. Esto del libre albedrío es de dificil resolución y tal como dices una pregunta genera otra empeñándonos en encontrar respuestas. Supongo que cada uno ha de encontrar las suyas. Me viene ahora el recuerdo del poema "Ajedrez" que escribiera tu compatriota Jorge Luis Borges donde medita sobre estas cuestiones. Te dejo los últimos versos:

"Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?"

Un fuerte abrazo