Foto: Trencadís (cerámica fragmentada) en el Parc Güell de Barcelona

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lunes, 18 de abril de 2016

El pacto con la serpiente (II)

Hans Baldung Grien, Eva, la serpiente y la muerte


Esta entrada fue publicada con anterioridad en noviembre de 2012. Los comentarios que en aquella ocasión se hicieron pueden leerse AQUÍ 

¡Fuera, pensamientos, víboras que os enroscáis en torno de mi mente,
negro sueño de la realidad!

Coleridge, Deyection (VII)

 "La relación entre  serpiente y fantasía es arquetípica, reaparece espontáneamente en las metáforas de los poetas.
Quienes firman el pacto con la serpiente entran en un universo donde todo se trastorna; en vez de ser ahuyentada, la fantasia es cultivada, adornada, nos convertimos voluntariamente en su alimento"

Elémire Zola, Storia del fantasticare

El siguiente texto de Mario Praz es el prefacio a su obra El pacto con la serpiente. El título está inspirado en el cuadro de Hans Baldung Grien que aparece más arriba acerca de la tentación de Eva, y que según su autor, revisando la interpretación que se ha hecho de esta obra basada en la doctrina agustiniana, se podría encontrar una escenificación de lo que sería una parábola sobre la sensibilidad estimulada por la imaginación. La sensibilidad la encontraríamos aquí representada por Eva, y la imaginación por la serpiente. El uso de esta parábola servirá a Mario Praz como ilustración con la que poder meditar sobre la dirección que siguió el arte occidental en determinado momento. La "serpiente de la imaginación" habría tenido libre curso en el arte desde el Romanticismo hasta la época contemporanea, periodo en el que se encuentran las obras artísticas y literarias que analiza en su libro, y de forma especial las comprendidas en lo que se ha venido en llamar Decadentismo. El pacto con la serpiente no sería pues otra cosa que el pacto por el que el artista será "tentado" a sentirse libre para, sirviéndose de su capacidad creativa, dar expresión a su "psiquismo interior", algo que finalmente acabará convirtiéndose en un arma de doble filo. La imaginación fantasiosa animada por la proyección del psiquismo personal hasta agotar sus posibilidades, llegará a los excesos del arte moderno que tendrá como resultado el planteamiento en determinados círculos críticos la cuestión sobre la muerte del arte.
Dice en otro lugar Mario Praz: "Antes de la revolución romántica la expresión de la personalidad del artista estaba contenida dentro de límites contra los cuales raramente se rebelaba: límites aceptados hasta el punto de no sentir, de ni siquiera imaginar, la necesidad de franquearlos y sobrepasarlos". Y refiriéndose a la producción literatura y artística contemporánea: "Al abrirse con Freud y con Joyce la caja de Pandora, todo el mundo larval de la psicopatía inundó la literatura a tal punto que no terminaríamos de dar nombres. Su nombre es legión. (...), palabras, palabras, palabras del subsuelo, todos marchando a plena luz, cada uno con su serpiente enroscada al cuerpo desnudo (...)"
Siguiendo su teoría, creo que Praz podría concluir que este proceso de "desnudamiento" de lo personal actualmente estaría manifestándose a gran escala en determinado uso de las populares redes sociales.




Prefacio a El pacto con la serpiente

Por

Mario Praz


En un cuadro de Hans Baldung Grien que salió a la luz en 1970 (imagen de cabecera), este alumno de Durero, muy conocido por sus composiciones macabras, nos enfrenta a un acontecimiento que tendría que dejarnos perplejos y atónitos. Un repugnante esqueleto, todavía revestido de jirones de pútrida carne, cuyo carácter satánico está denunciado por el  pie izquierdo que termina en una pezuña hendida, sujeta por el brazo izquierdo a una joven cuya mano derecha esconde en la espalda una manzana. Una serpiente arqueada, como el instrumento musical que de ella toma el nombre, sella un pacto con ambos personajes, al estar sujeta su cola al brazo del esqueleto.
http://www.visual-arts-cork.com/images-renaissance/baldung-death.jpg Lo más asombroso es la expresión del rostro de la mujer, no de terror como el de la otra mujer besada o mordida por la Muerte en otro cuadro del pintor en el Kunstsammlung de Basilea (en la imagen izquierda ver detalle),
no de angustia como la durmiente de Füssli, oprimida por el íncubo personificado por el mono y por la cabeza de caballo con vítreos ojos sin mirada; sino más bien de seguridad y de satisfacción, como su hubiese entrado en posesión de un bien codiciado.
Esta tentación de Eva suele interpretarse a la luz de las enseñanzas de Lutero, quien había recibido la influencia de la orden agustiniana a la que pertencía en la época en que predicaba en el monasterio de Witenberg -en la época del cuadro de Baldung Grien, pintadp alrededor de 1517.
Según San Agustín, el Orgullo y la Envidia son los dos supremos pecados capitales. La envidia fue el pecado capital de Adán, pero fue el orgullo el que perdió a Eva. Y aquí vemos cómo se articula el pacto: el orgullo (Eva) conduce al pecado (la serpiente) que conduce a la muerte (el esqueleto) que lleva al infierno (el pie bifurcado).
Pero la interpretación agustiniana del relato de la caída es todavía más compleja: la serpiente tentadora es la imaginación que se presenta a Eva (la concupiscencia o sensibilidad) que, a su vez, corrompe a Adán (la voluntad).(...)
En la tentación de Eva se simboliza la parábola de la sensibilidad estimulada por la imaginación, a la que desde el romanticismo en adelante se le dio libre curso (para la secta de los ofitas, la serpiente se identificaba con el principio liberador del mundo), agotando casi todas las posibilidades hasta aquella muerte del arte de la que hoy se habla tan insistentemente. Ciertos versos de Nietzsche (Zwischen Raubvögeln) podrían ser el epígrafe para el arte moderno:

¿Por qué te has atraído tú mismo
al paraíso de la vieja serpiente?
¿Por qué te has insinuado en ti, en ti?
Ahora eres un enfermo,
un enfermo por el veneno de la serpiente.
Un prisionero eres
que has elegido la suerte más dura.

Hay otro aspecto, entre tantos que ofrece la serpiente, del que vemos una impresionante ilustración en una composición de Blake a propósito del pasaje del Paraíso perdido de Milton, en el que Satán envidia la felicidad de Adán y Eva y siente él mismo "fierce desire-still unfulfilled" (deseo feroz aún no conocido). Adán acaricia a Eva, y Satán la serpiente, que es como su "doble", su propia imagen. En su envidia, sólo le queda a Satán replegarse sobre sí mismo, y eso lo representa Blake con la imagen de Satán que abraza la serpiente, "self-contemplation is self-enclosure, and deadens the soul".
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/ae/William_Blake_sata_amor_adao_eva.jpg
William Blake, Satán mirando a Adán y Eva


Ésta últimas palabras en inglés las podemos entender como el peligro del oscurecimiento del alma que puede conllevar el ensimismamiento, el aislamiento en uno mismo cuando la imaginación es incapaz de liberarse de los fantasmas de la mente particular. A este aspecto fantasioso de la imaginación está dedicado el siguiente texto de Elémire Zolla, que también se servirá de la interpretación de una visionaria obra de William Blake inspirada en El paraíso perdido de Milton.


El lado oscuro de la imaginación

Por

Elémire Zolla

La imaginación es el istmo entre la vida y la extinción, entre noche y día, engaño y verdad. Su luz crepuscular puede peludiar, o a la eternidad, o a la muerte espiritual. Todo depende de la imaginación. Ella forja sin tregua imágenes a partir de los mensajes que transmiten los sentidos, pero cuando se distrae de lo sensible, puede volverse a su interior, a la fuente de luz, a la lámpara del intelecto, o bien puede, al revés, divertirse entre las imágenes que ha amontonado en la memoria. Estas dos actitudes definen, respectivamente, la visión inspirada y la quimera; la una conduce al objetivo supremo, la otra a la degradación.
Funesto es el ensueño con los ojos abiertos, también y especialmente cuando finge ser un inocente juego de imágenes. Las imágenes son ídolos, ejercen influencias; la mente no puede juguetear impunemente con ellas. Éstas le infligen un triple daño: las quimeras no sólo son lo opuesto de la meditación y de la contemplación, sino que además contaminan los sueños nocturnos, que las refeljan como en un espejo curvo. Recortan la pronitud, la vivacidad de la vigilia. El fantasear aglutina al mundo exterior y al mismo tiempo genera ineptitud para las obras prácticas. Además de exponer a cualquier instinto, genera timidez e indecisión. Insensible, complacido, centrado siempre en sí mismo, vacilante, incapaz de reacciones ágiles y de rápidas valoraciones: así es el soñador con los ojos abiertos. (...)
El soñador con los ojos abiertos no se da cuenta del mal que incuba y poco a poco deja también de recordar que no es poco lo que se requiere para tener la mente tersa y pulida, que al barrer las imágenes suplerfuas y errabundas se obtiene alivio y paz, y que una mente pura irradia autoridad en el gesto, en la mirada.
Por el contrario, el más pequeño esfuerzo volitivo le cuesta al inveterado soñador con los ojos abiertos un esfuerzo enorme: su costumbre más necia le parece irreprimible, la tentación más leve, irresistible.
Cuando Satanás quiere hacer caer a Eva, la induce, según Milton, a una quimera (El paraiso perdido, IV, 800):

Aplastado como un sapo contra el oído de Eva,
intenta alcanzar con arte diabólica
los órganos de la fantasía, y con ellos forjar
fantasmas y sueños, ilusiones a voluntad.

No hay tradición que no ponga en guardia contra el hecho de fantasear.
http://www.jesuswalk.com/ephesians/images/wm-blake-tempt-eve153x225.jpg
 William Blake, Eva tentada por la serpiente (detalle) Inspirado en El paraiso perdido de Milton


A diferencia de la Imaginatio vera, la  fantasía (phantasey) es un juego del pensamiento, sin fundamento en la Naturaleza; nada más que "la piedra angular de los locos".
Paracelso 



Lecturas:

Mario Praz, El pacto con la serpiente. Fondo de Cultura Económica 1988

Elémire Zolla, Verdades secretas expuestas a la evidencia. Sincretismo y fantasía. Contemplación y esoterismo. Paidós Orientalia 2002

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viernes, 5 de diciembre de 2014

Delacroix, lago de sangre...

Eugène Delacroix, La libertad guiando al pueblo 1830


Es una mujer fuerte con poderoso pecho,
con la voz ronca, con grandes encantos,
que, morena la piel, con fuego en las pupilas,
es ágil y camina con grandes pasos.
Se complace con los gritos del pueblo, con las sangrientas contiendas,
con los largos redobles de los tambores,
con el olor de la pólvora, con lejanos repiques
de campanas y de sordos cañones,
que sólo escoge el amor entre el populacho,
que no da pábulo más que a los hombres fuertes como ella, y que quiere que la abracen
con brazos rojos de sangre.

A. C. Swinburne


 Delacroix
Por
Mario Praz


"Delacroix, lac de sang hanté de mauvais anges..." (Delacroix, lago de sangre encantado por ángeles malvados..."): un verso definitivo, como definitivos son los ensayos que Baudelaire escribió sobre su pintor favorito, y del que querría citar los pasajes más destacados antes que hacer una pálida paráfrasis, debilitada por la distancia de nuestro modficado gusto. (...)
 Aquel pintor "canibal", "molochista", "dolorista" que fue Delacroix, incansablemente curioso de masacres, incendios, saqueos, de pudrideros, ilustrador de las escenas más sombrías de Faust (imagen derecha Mefistófeles) y de los poemas satánicos de su idolatrado Byron; aquel enamorado de los felinos  (¿cuántos son sus estudios de bestias dando dentelladas?) y de los países violentos y calurosos: España, África; aquel exaltador de la acción frenética se lamentaba de que "su alma enervaba su fuego, sus veinticinco años sin juventud, su ardor sin vigor", y se confesaba así:

Esta mañana, Hélène ha venido. ¡Oh desgracia!... no he podido.
La joven ha venido esta mañana para posar. Hélène se ha adormecido, o fingía que dormía.
  No se por qué me he creído obligado a poner cara de adorador durante esos momentos, pero la naturaleza no ha querido. He recurrido a un dolor de cabeza en el momento en que se iba, y cuando ya no había tiempo... el viento había cambiado. Scheffer ma ha consolado por la noche y me ha dicho que le pasa lo mismo. Todo me da miedo y siempre creo que un inconveniente será eterno...
Siempre soy así... Mis decisiones se evaporan en presencia de la acción. Necesitaría una amante para matar el deseo con la costumbre. Me siento muy atormentado y mantengo en mi taller intensos combates. A veces deseo la llegada de una mujer cualquiera. ¡Que el cielo haga que Laura venga mañana! Después, cuando el cielo me envía alguna, estoy casi molesto, no quisiera tener que actuar: ese es mi cancer...

Y entonces aquel "viejo germen", aquel "fondo negro imposible de satisfacer" que él sentía en sí debía hallar, sin embargo, una vía de salida y la encontró en las telas. La fiebre perniciosa que lo atacó en 1820 y debía destruirlo lentamente, ¿basta acaso para explicar el por qué de aquel "himno terrible compuesto en honor de la fatalidad y del irremediable dolor", como Baudelaire definió su obra? ¿Basta la fiebre para explicar aquella especie de bulimia que ensangrienta sus lóbregas pinturas? ¿O se podría ver en ellas también un influjo del gusto dominante, de los crueles estudios de tormentos físicos de un Géricault, pintor de locos y de cadáveres?

 Delacroix, La muerte de Sardanápalo 1827

"Todas estas obras violentas son el resultado de una sangre no consumida", declaró Dargenty. "Yo no siento nada de amor... No tengo más que sueños vanos que me agitan y que no me satisfacen en absoluto": he aquí el misterio doloroso que Baudelaire sentía celebrado en los melancólicos cuadros, proyección de un turbio mundo larval interior. Lo turbio de la inspiración, el no aplacado deseo, se traducirán, como en el caso afín de Swinburne, en un hiperdionisismo expresivo, en una incertidumbre vibrante de los signos, que harían pensar casi en la traducción pictórica de una musica, en el "suspiro ahogado de Weber", tal como se pretendió ver en los versos de Swinburne una especie de música virtual. Porque la voluntad expresiva tanto de aquel poeta como de este pintor parece tender espasmódicamente a un más allá; partiendo de la oscuridad, se pierde en la oscuridad. "Limbos insondables de la tristeza." Fanfarrias extrañas..." No en vano Delacroix mereció un verdadero culto por parte de Maurice Barrès. "Du sang, de la volupté, de la mort" podría ser también el epígrafe de su obra.

 Delacroix, La muerte de Ofelia (grabado)

Mujeres atormentadas y enfermas: la hermosa prisionera desnuda atada al caballo de la Massacre de Scio; las hermosas concubinas masacradas en el tálamo fúnebre de Sardanápalo como en una de las orgías descritas -pero sin el mínimo soplo de arte- por Sade (Delacroix hacía decapitar, en el esbozo, a la esclava de la derecha, que en la pintura muere acuchillada); la mujer violada y asesinada que yace extendida sobre los escalones en actitud descompuesta, y la otra, la rubia patricia deshonrada y exhausta que se inclina sobre el rostro lívido de la madre muerta, en la Prise de Constantinople; (detalle en la imagen derecha)
Ofelia ahogada, cuya imagen obsesionará a Delacroix durante toda la vida; la sombra de Margarita que se le aparece a Fausto (un demonio sostiene por los cabellos a la pálida ajusticiada con el pecho impúdicamente descubierto); Angélica y Andrómeda encadenadas a la roca, Olindo y Sofronia atados a la hoguera, la india mordida por un tigre, Rebeca raptada, la otra joven mujer arrastrada por los piratas en la chalupa berberisca, la lívida belleza del cadáver femenino en el Apollon triumphant..., es todo un tenebroso harén de fantasmas crueles el que Delacroix hace desfilar funeralmente en sus pinturas. Pero Medea, poseída por su furibunda venganza, con movimiento de leona estrecha a los dos hijos contra el marmóreo seno: tiene en la mano un puñal: una sombra desciende sobre los ojos como una máscara- (imagen de abajo)
Medea
 Y el cadáver sangriento del hermoso efebo san Sebastián, del cual los dedos delicados de una mujer extraen las flechas; y el del otro joven mártir, san Esteban, a quien también una mujer enjuga la sangre de las heridas; y el cuerpo torturado del joven Foscari sobre el cual se abandonaron llorosa la madre y la esposa; y el obispo de Lieja asesinado en una orgía... En fin, el cielo raso del Palais Bourbon en París, donde la concepción dolorosa del pintor parece investir toda la historia de la humanidad, y una especie de filosofía a lo Sade, afirmando la inalterable crueldad de la naturaleza,se trasluce en los episodios de Plinio muerto por el Vesubio, de Arquímides herido por el ignorante soldado, de Séneca suicida por voluntad del tirano, de San Juan Bautista decapitado por el capricho de una mujer, de los israelitas proscritos y esclavos en Babilonia, de Italia pisoteada por las hordas feroces de Atila.

 La libertad guiando al pueblo (detalle de la parte inferior)

"Dura virago es, exige duras
y extraordinarias pruebas de peligro y de amor:
en medio de la sangre de su guirnalda
crecen las rosas".
(Carduccio)


Hasta la imagen que debería inspirar esperanza, la Libertad, pasa sobre los cadáveres, instiga el asesinato y tiene, más que el aspecto de una diosa, el aspecto de una Friné o de una pescadera (ver imagen de cabecera), como observó Heine. Todo el cosmos es sufrimiento y dolor, como en la Anactoria de Swinburne: no sólo los cuerpos humanos se extienden en la acción violenta o se retuercen en el espasmo o caen extenuados en la agonía, y las carnes tiemblan con nervios exasperados o languidecen de palidez mortal;

 Delacroix, La caza del león 1818 (detalle)

también las bestias y las plantas parecen vibrar con el mismo extremecimiento doloroso, y el cielo parece irrigado por una extraña linfa como hiel y pus, y se comba velado de hollines sobre aguas febricitantes, sobre el implacable mar.

Delacroix, lago de sangre encantado por ángeles malvados,
sombreado por un bosque de abetos siempre verdes,
donde, bajo un cielo apesadumbrado, fanfarrias extrañas
pasan, como un suspiro ahogado de Weber.

Versos que los cuadros de Delacroix nos llevan a la siniestra casa de los Ulster (de Poe), con el lúgubre estanque sobre el cual pesa una atmósfera fatal, el maníaco que se deleita con fúnebres improvisaciones, entre las cuales "una cierta paráfrasis singular, una perversión de la música ya bien extraña del último vals de Von Weber.

Esa melancolía grave y seria brilla como un reflejo lúgubre, hasta en su color, amplio, simple, abundante, dispuesto en masas armónicas, como el de todos los grandes coloristas, pero quejumbroso y profundo como una melodía de Von Weber.

En la mente de Baudelaire se había establecido un contacto entre Delacroix y Poe. En 1856 envió una copia de su versión de las Histories extraordinaries a Delacroix, quien hizo este comentario en su diario:

Baudelaire dice en su prefacio "que yo recuerdo con mi pintura ese sentimiento de lo ideal, tan singular y agradable en lo terrible". Tiene razón...


  Delacroix retratado por Léone Riesenier en 1842


Lecturas:

Mario Praz, La carne, la muerte y el diablo en la literatura romántica. El Acantilado 1999


Entradas relacionadas:

El pacto con la serpiente

La herida y el cuchillo

Dolores

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viernes, 17 de mayo de 2013

Dolores

Gustave Moreau, Diosa en las rocas 1890 (detalle)


 Yo soy esa cueva donde la serpiente ronda
Cuyo ombligo engendra los destinos de los hombres.
Toda sabiduría procede de un agujero en la tierra:
Los dioses se forman en mi tiniebla y vuelven a disolverse.
De mi vientre ciego surgen todos los reinos
Y desde mi tumba siete durmientes profetizan.
Ningún bebé nonato que no despierte a mi sueño,
Ningún amante que por último en mí deje de yacer sepultado.
Yo soy ese temido y anhelado lugar ardiente
Donde hombre y fénix se consumen
Y de mi lecho maculado y mezquino se levantan
Nuevos hijos, nuevos soles, nuevos cielos.

Kathleen Raine, La pitonisa


¡Virgen de oro y sangre, virgen consoladora,
Virgen virgen por siempre, virgen devoradora!

Ciudad de fuego. Filtro del olvido. Zarcillo de hierro.
Virgen condenada y Nuestra Señora del Infierno.

Yo te saludo, ¡oh, bien oculta!, ¡oh, tan profunda!
Lujuria, Emperatriz Inmortal del mundo.


 Albert Samain, Lujuria (1889) 



Gran parte de la obra poética de Algernon Swinburne (1837-1909) fue inspirada en personajes históricos y mitológicos femeninos que ya desde la Antigüedad formaban un amplio cortejo de mujeres fatales presentes en la literatura. Temática que llegó a ser obsesiva entre escritores y artistas en la época tardoromántica tal como demuestra Mario Praz en su obra La carne, la muerte y el diablo... de la que a continuación dejo unos fragmentos en los que analiza Dolores, una de las más perturbadoras creaciones del poeta inglés. Sin duda en la obra de Gustave Moreau (1826-1898), pintor que nunca se cansó de tratar en sus cuadros el tema de la fatalidad, el mal y la muerte encarnados en la belleza satánica femenina, podemos encontrar un perfecto acompañamiento al texto.


Dolores
Por
Mario Praz



Pero es tiempo ya de que volvamos al tipo de la mujer fatal como se fija en Swinburne. Nos quedaría estudiar desde este punto de vista la primera serie de los Poems and ballads, enteramente dominada por la figura del ídolo sanguinario e implacable. Es la Venus de Tanhäuser, en la Laus Veneris, donde el motivo de la Belle dame sans merci de Keats es ahondado y glosado con todos los recursos de un medievalismo prerrafaelista torvo y satánico; la Venus que fue "delicia del mundo", reducida ahora a siniestro vampiro en los siglos cristianos, "de la antigua Venus, el superbo fantasma", aquella que el poeta evocará también en la oda a la muerte de Baudelaire (Ave atque vale, en la segunda parte de los Poems and ballads):

Gustave Moreau, Los pretendientes (Detalle)
Y una llora en la vía Letea,
baña su frío seno que palidece:
la Venus de la cóncava colina, oscura
Diosa, que un día fue la Citerea:
labios donde está apagada ya la risa divina,
rostro que ya no se llama Ericino;
un espectro, un ansioso numen atroz.
Tú también volviendo a pisar sitios sin huellas,
triste segunda presa, hacia las sombras
del infierno impulsó con su dulce voz
y con sus bellas formas.

 (...) Es la emperatriz Faustina (Faustina), creada por Satanás casi por desafío a Dios, o enviada por Dios a la tierra para castigar los pecados de los hombres con un flagelo de escorpiones, o devuelta por el sarcófago como ávido vampiro:

Ella amaba los juegos que los hombres jugaban con la muerte, donde lamuerte debe vencer; como si la sangre y el aliento de los hombres asesinados reanimasen a Faustina.

Como Venus, también Faustina es eterna, una especie de indestructible máquina de deseo de engranaje de dúctil oro:

Tienes el rostro que conviene a una mujer como máscara de su alma: el género de belleza que llaman humano en el infierno, Faustina.

Es el eterno femenino cruel personificado en el cortejo de las lujuriosas reinas orientales de nombres extraños que desfila en Masque of Queen Bersabe: Herodías, Aholibab, Cleopatra, Abihail, Azubah, Ahinoam, Atarah, Semíramis:

Soy la reina Semíramis.
El mundo entero y el mar que se asemeja
en su color a una crisopasa inmensa,
el rumor de los hombres afanados,
la boca fatigada de agradecer el cielo,
sonido de amor cuando la sangre está en paz,
fuerza de amor cuando la sangre golpea;
todo esto esparcieron mis pies
y pareció menos de cuanto fui...

Una de las muchas versiones pintadas por Gustave Moreou inspiradas en Salomé sobre la que el crítico Ary Renan escribió: ... La Salomé siria se transforma, por el deseo que ha sentido o por la venganza que prepara, en la encarnación de una armoniosa y desconsoladora energía del Mal, la artífice de uno de esos crímenes desmesurados que corresponde al arte la tarea de magnificarlos.


Hesione, Chrysotemis, Thomyris, Harhas, Myrrah, Pasiphae, Sapho, Mesalina:

Soy la reina de Italia.
Estos signos puso Dios en mí;
una mórbida, esteril belleza,
cabellos rizados y mejillas empalidecidas
por los encendidos y falsos labios de muchos hombres,
amplias sienes donde la sangre se demoraba,
una boca sedienta y amorosa
y hambrienta, como un sepulcro
que por no saciada hambre calla...

Amestris:

 Soy la reina chipriota.
Los remadores de la garganta oscura
cantaban en mi honor tiernamente.
Mis doncellas desceñidas y cubiertas
de oro de los senos a la cintura
me alababan mientras cardaban la lana.
Quienes alaban a Venus de noche,
para quienes los labios son voz y los ojos canto,
me alababan a través de todo el canto...

Alaciel, Erígone:

Soy la reina Erígone.
El vino sobre mí derramado como sangre
convertía mi rostro en el de esposa.
Como tierra, sedienta tuve la boca;
del mar, que ciñe los férreos flancos
del mundo, tuve la fuerza en el brazo.
En mis ojos y en mis oídos
estaban el vino y la música del llanto,
el esplendor y el fragor de la marea...


Gustave Moreau, Helena glorificada
 "Un entrelazamiento de víctimas heridas de muerte se enreda en sus pies... Se diría que se han arrojado voluntariamente en una hoguera. El sacrificio de sus vidas que estos guerreros, estos príncipes, estos poetas, ofrecen en vano homenaje a un ídolo errante, se lee sobre sus frentes; una vaga sonrisa recorre sus rasgos pálidos; sus miembros paralizados se aflojan; sus labios se debilitan y de la hecatombe del sacrificio de estas extrañas víctimas se levantan, no imprecaciones ni palabras amargas, sino suspiros sosegados, un gemido como el de niños que se adormecen con el consuelo de una caricia amada...
El cuadro... respira matanza y voluptuosidad. (Ary Renan)

Y, en fin, sobre todo, Dolores, Nuestra Señora de las Angustias de los Sentidos, que el poeta invoca en una letanía que es toda una profanación sádica:

Frios párpados que esconden como joyas los duros ojos que por un instante se enternecen; los blancos miembros pesados y la cruel boca roja como una flor venenosa; cuando éstos hayan pasado con sus esplendores, ¿qué quedará de ti entonces, qué permanecerá, oh mística y sombría Dolores, Nuestra Señora de las Angustias?
Siete dolores dan los sacerdotes a su Virgen; pero tus pecados, que son setenta veces siete, siete edades no bastarían para lavarte de ellos, y aun entonces te perseguirían en el cielo...
¡Oh, vestidura no de oro, sino dorada, oh, jardín donde todos los hombres pueden morar, oh, torre no de marfil, sino edificada por manos alzadas al cielo desde el abismo, oh, mística rosa del fango, oh, casa no de oro, sino de lucro, oh, casa de inextinguible fuego, Nuestra Señora de las Angustias!
......................................................................................................
Nosotros nos cambiamos de ropa y nos adornamos y nos cubrimos, tú eres noble, desnuda y antigua; Libitina tu madre, Príapo tu padre, tu origen griego y etrusco. Nosotros retozamos con ligeros amores en el portal, y nos sometemos y accedemos y nos frenamos; los amores mueren, y sabemos que tú eres inmortal, Nuestra Señora de las Angustias.
Faltan los frutos y el amor muere y el tiempo divaga; estás nutrida de perpetuo anhelo, y vives después de cambios infinitos, y fresca te elevas de los besos de la muerte; de languideces de nuevo encendidas y reanimadas, de estériles y sucias voluptuosidades, de cosas monstruosas e infecundas, pálida y venenosa reina.

Al  contacto de sus labios, los hombres cambian 

los lirios y las languideces de la virtud 
por los éxtasis y las rosas del vicio:
 
Este dístico tan ridiculizado por su aparente necesidad no es otra cosa que una transposición poética de la concepción de Sade, que a la apática y opresiva virtud contrapone el activo y triunfante vicio. Y la sombra del Divino Marqués no tardará en dominar la escena según veremos ahora.

Gustave Moreau Galatea
Los lirios están esparcidos donde tu pie se posa en el suelo, las rosas te coronan y te acarician y te encadenan, oh espléndida y estéril Dolores, Nuestra Señora de las Angustias.
Quizá hay vicios por descubrir, hay quizá acciones para dar placer. ¿Qué nueva obra hallarás para tu amante, qué nuevas pasiones para el día y para la noche? ¿Qué encantos desconocidos para aquellos cuyas vidas son como hojas marchitas? ¿Qué torturas inimaginables, inauditas, no escritas ni conocidas? ¡Ah, bello cuerpo apasionado que jamás ha tenido un corazón que le duela! Aun cuando los besos son sangrientos sobre tu boca, aun cuando puncen hasta hacerla estremecer y sufrir, más corteses que el amor que adoramos, no hacen mal al corazón y al cerebro, oh, amarga y tierna Dolores, Nuestra Señora de las Angustias.
...¿No nacerá ningún nuevo pecado para desesperación de los hombres, ningún sueño de imposibles tormentos?... Ah, ¿donde iremos para nuestro recreo, si lo peor que se puede hacer ya ha sido hecho?... Te conjuro, responde desde tus altares, Nuestra Señora de las Angustias.

En este punto, como ha señalado Lafourcade, en las estrofas de furor ditirámbico se entrelaza la alusión a una verdadera misa negra como la descrita por Sade: 

He penetrado por el portal más exterior hasta el oratorio donde un pecado es una plegaria; ¿qué importa si el rito es mortal, oh Nuestra Señora de las Angustias, qué importa? A ti te pertenece el último vino que vierto, el último en el cáliz que vaciamos, oh atroz y lujuriosa Dolores, Nuestra Señora de las Angustias.

Bajo el velo del verso se transparenta la alusión a la profanación de los objetos sagrados, a la libación con el cáliz lleno de sangre, e incluso a los sacrificios humanos. Y la profanación reviste todos los vínculos más sagrados, pues el poeta llama a Dolores "hermana, esposa y madre".

Y los poderes que custodian la puerta que se abre a todos aquellos que respiran, dieron el ciprés al amor, oh Dolores mía, y el mirto a la muerte.
Y rieron, alternando las manos en la cadencia, y se mezclaron e hicieron la paz después de la lucha; la pena se consumía en lágrimas, y era placer; la muerte vibraba con el tintineo de la sangre y era vida. Como amantes, se consumieron y vibraron, a la sombra de tu secreto en la tiniebla mumuraron y se mezclaron, Nuestra Señora de las Angustias.
En un crepúsculo donde las virtudes son vicios, en tus capillas, ignoradas por el sol, en medio de sonidos que cautivan y halagan, se desposaron y los dos fueron como uno.

Gustave Moreau, Cleopatra 1887


 (...) Señalemos también el leitmotiv de antigüedad pagana enorme y sanguinaria que apoya estas evocaciones lujuriosas de Swinburne como las de Gautier y Flaubert:

¿Sueñas tal vez... los días sin nombre y sin número, cuando tu voluntad incitaba al mundo a la guerra; cuando, diosa, el ritmo de tu pasión hería a los monarcas mientras jaraneaban en Roma, y ellos te saludaban surgida de la espuma, oh Talasa blanca como la espuma?
Cuando tus labios tenían tales amantes para halagar; cuando la urbe yacía roja bajo tus látigos, y tus manos eran como dardos para derrotar a los hijos del cambio y sus dioses; cuando la sangre de tus adversarios hacía hervir una arena nunca bañada por las olas, mientras los hería su señor y siervo tuyo, oh Nuestra Señora de las Angustias.
...Arena roja por la huella de tus pasos, pulida por el mundo  y sus soberanos, cercada por una llama de bellos rostros y espléndida de espadas.
Allá el gladiador, pálido por tu placer, arrojaba un aliento acre y peligroso; allá tormentos arrebataban el tesoro de miembros demasiado exquisitos para la muerte; cuando tus jardines estaban iluminados con antorchas humanas; cuando el mundo era un corcel para tus riendas; cuando las naciones se postraban en tus pórticos, oh Nuestra Señora de las Angustias.
Cuando las llamas se agitaban en torno de él, surgía con el rostro de llama, como un citarista, el bello, implacable tirano coronado de rosas, con la muerte entre sus manos; y un sonido como un sonido de aguas fragosas irrumpía entre el relampagueo de las llamas y mezclaba  con el resplandor de la masacre un trueno de liras.
¿Sueñas tú acaso lo que ha sido y ya no es, los antiguos reinos de la tierra de los monarcas? ¿Tienes hambre de estas cosas, oh, Dolores, de éstas en un mundo que es nuevo?... ¿Qué nos afligía, oh dioses, para que os abandonásemos por doctrinas que imponen la renuncia y el freno? Ven y redímenos de la virtud, oh Nuestra Señora de las Angustias...
Tu piel cambia país y color, y se contrae y se dilata como la de una serpiente. Vuélvase entonces luminosa, o hinchada y opaca, nosotros la reconocemos, con sus llamas y sus escamas, rojas marcas grabadas y ahondadas en ella, cielos redondos donde una estrella es una mancha, y las hojas donde están escritas tus letanías, oh Nuestra Señora de las Angustias...
Tu piel cambia país y color, y se contrae y se dilata coma la de una serpiente. Vuélvase entonces luminosa, o hinchada y opaca, nosotros la reconocemos, con sus llamas y sus escamas, donde una estrella es una mancha, y las hojas donde están escritas tus letanías, oh Nuestra Señora de las Angustias...
Pero el gusano te reanimará con sus besos; cambiarás y te metamorfosearás como un dios, como la verga se transforma en una serpiente que silba, y la serpiente de nuevo en una verga... Aunque los paganos nos rechacen y nos sobrevivan, y nuestras vidas y nuestras aspiraciones sean deformes -ah, perdónanos nuestras virtudes, perdónanos, oh Nuestra Señora de las Angustias...
Ellos eran purpúreos en las vestiduras y dorados, llenos de ti, ardientes de vino, tus amantes, en moradas libres, en maravillosas cámaras consagradas a ti. Ellos se han desvanecido y sus huellas pasan inadvertidas para nosotros que te apreciamos, te adoramos y nos abstenemos, oh hija de la Muerte y de Príapo, oh, Nuestra Señora de las Angustias.

El poeta escribió este himno de dedicación entusiasta al vicio y a las leyes sádicas de crueldad universal exagerando, es cierto, pero con un fondo innegable de sinceridad, como una reacción contra la vehemente contrariedad expresada en The Triumph of Time.
Pues el poeta había realizado en 1862 una tentativa de romper el círculo mágico de su especial sensibilidad. El amor por una joven señala en cierto sentido el momento crítico en la vida sentimental de Swinburne. Al verse rechazado escribe The triumph of time, patético adiós a la vislumbrada vida normal ("Qué debería hacer un tipo como yo?", se pregunta, retomando las palabras de Hamlet),  y se abandona a la misa negra de Dolores. "Qué podría hacerse con y por Algernon?", parece que se preguntaron parientes y amigos.


Caricatura de Algernon Swinburne en Vanity Fair, 21 de noviembre de 1874



Lecturas: 

Mario Praz, La carne, la muerte y el diablo en la literatura romántica. El acantilado 1999 


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viernes, 26 de abril de 2013

La herida y el cuchillo

   Eugène Delacroix, La muerte de Sardanápalo (detalle) 1827



¡Yo soy la herida y el cuchillo!
¡Yo soy la bofetada y la mejilla!
¡Yo soy los miembros y la rueda,
Y la víctima y el verdugo!

Charles Baudelaire, Héautontimorouménos


"Soy un herético.
De modo que necesito a Dios.
Necesito ese Dios, necesito a mi enemigo,
necesito ese muro, para poder abrirme la cabeza".

Tadeusz Kantor, Escritos



Mario Praz en su libro La carne, la muerte y el diablo en la literatura romántica, analiza la filosofía del Marqués de Sade -autor que tanto influyera en los escritores del periodo motivo de su estudio-, a través de dos de sus novelas protagonizadas por personajes femeninos con tendencias completamente opuestas: una, Justine, como modelo de virtud que siempre recibirá a cambio continuos abusos y ultrajes, y la otra, Juliette, personificación del vicio y la crueldad siempre triunfante. Filosofía que invierte la valoración entre bien y mal de la moralidad cristiana en su idea de Dios y la creación.
Muy interesante la pardójica conclusión a la que llega Praz sobre los principios que ponen en marcha la naturaleza sadomasoquista imperante en las fantasías del Marqués.


Bajo la enseña del divino Marqués
(fragmentos)
Por
Mario Praz



(...) Sade, en efecto -y aquí está su originalidad- derriba la cómoda metafísica de Thérèse Philosophe, que era, por otra parte, la misma de Jean-Jaques. "Todo es bien, todo es obra de Dios" se convierte en él en: "Todo es mal, todo es obra de Satanás". En consecuencia, hay que practicar el vicio porque se ajusta a las leyes de la naturaleza (¡"les plus pures lois de la nature" de Rousseau!), que ordena destruir. El delito es el eje del universo.

Me digo: existe un Dios, una mano ha creado lo que yo veo, pero para el mal; ésa no se complace más que en el mal; el mal es su esencia, todo lo que esa mano nos obliga a cometer es indispensable a sus planes.... Aquello que yo caracterizo como mal, es probablemente un bien muy grande en relación al ser que me ha puesto en el mundo... El mal es necesario en la organización viciosa de este triste universo. Dios es un ser vengativo, malvado, injusto. La sucesión del mal es eterna; es en el mal donde ha creado al mundo, es por el mal que lo sostiene, es para el mal que lo perpetua; es impregnada de mal como ha de existir la criatura; es al seno del mal adonde regresa después de su existencia... La virtud es el valor opuesto al sistema del mundo, todos aquellos que la hayan aceptado están seguros de soportar terribles suplicios por la pena que padecerán al volver al seno del mal, autor y regenerador de todo lo que vemos... Yo veo el mal eterno y universal en el mundo. El mal es un ser moral no creado; eterno, imperecedero; ya existía antes que el mundo; el constituía el ser monstruoso que pudo crear un mundo extraño. El autor del universo es el ser más pérfido, más feroz y más horroroso de todos los seres. Por lo tanto, continuará existiendo despues de las criaturas que pueblan el mundo; y es en él donde acabarán todos, para volver a creas seres aún más malvados (...) (Juliette)

La naturaleza... camina hacia su finalidad con pasos rápidos, demostrando cada día a aquellos que la estudian que sólo crea para destruir y que la destrucción, la primera de sus leyes, ya que no logrará ninguna creación sin destrucción, le complace más que la procreación, a la cual una secta de filósofos griegos denominaba con mucha razón, el resultado de los asesinatos. (Justine)

No hay ser en el mundo... que por una acción, por desmesurada que sea, por irregular que parezca, pueda usurpar los planes de la naturaleza, pueda alterar el orden del universo. Los actos de este ser malvado son obra de la naturaleza tanto como la cadena de sucesos que él cree perturbar... Es... una verdadera blasfemia osar decir que una criatura endeble como nosotros pueda, sea en lo que sea, alterar el orden del mundo o usurpar el oficio de la naturaleza... ¿Puede la naturaleza ofenderse al ver que el hombre hace a su semejante lo mismo que ella ejecuta cada día?... Está demostrado que ella no puede reproducirse más que por la destrucción... Es preciso que el equilibrio se conserve y no puede ser de otra manera que por el crimen. (Justine)

Cuando hayáis visto que todo es vicioso y criminal en la tierra, el Ser supremo de maldad os dirá: "Por qué os habéis extraviado en los senderos de la virtud?... ¿Cuál es el acto de mi conducta en el que me he comportado como bienhechor? ¿Ha sido enviándoos pestes, guerras civiles, enfermedades, terremotos y tempestades? ¿Ha sido sacudiendo perpetuamente sobre vuestras cabezas las serpientes de la discordia como yo os convencía que el bien era mi esencia? ¡Imbéciles! ¿Por qué no me imitáis?" (Juliette)

La virtud sólo conduce a la acción más estúpida y monótona, el vicio a lo más delicioso que el hombre pueda esperar sobre la tierra. Dudar de que la suma más grande de felicidad posible que el hombre hallará sobre la tierra no sea irrevocablemente en el crimen, es dudar de que el astro sublime es el regenerador del universo, de la misma manera, el crimen es el centro de todos los fuegos morales que nos abrazan. (Justine)

Luego he aquí a Clarise privada del sostén de la fe y de la certidumbre de la recompensa futura.

Es -ya no lo encubriremos más- para apoyar este sistema, por lo que ofreceremos al público la historia de la virtuosa Justine. Es esencial que los imbéciles dejen de adorar a ese ídolo de la virtud, que hasta ahora no les ha pagado más que con ingratitud, y que las gentes con sentido común, generalmente entregadas por principio a las desviaciones deliciosas del vicio y al desenfreno, se reafirmen viendo los impresionantes ejemplos de la dicha y del éxito que los acompañan, casi inevitablemente, en el sendero desbordado que han elegido. Sin duda, es horrible tener que describir, por una parte, los infortunios espantosos con que el cielo abruma a la mujer dulce y sensible que respeta la virtud; por otra parte, la abundancia de prosperidad que sobrevendrá a aquellos que atormentan o mortifican a esta mujer, pero el hombre-de-letras, lo bastante filósofo para decir la VERDAD, supera esos disgustos y, cruel por necesidad, arranca despiadadamente al hombre ignorante que se engaña, el vicio en medio de los encantos y el poder que lo rodean y que sin cesar lo persiguen. Por esos motivos... vamos... a describir el crimen tal como es, o sea, siempre triunfante y sublime, siempre feliz y afortunado, y la virtud tal como se la ve, siempre desabrida y siempre triste, siempre pedante y desdichada. (Justine)

Es  inútil aludir aquí a las picarescas aventuras narradas en el díptico: Justine, ou les mlaheurs de la Vertu y Julliette, ou les prospérités du Vice. Vaciado su mundo de cualquier otro contenido psicológico que no sea el placer de la destrucción y de la transgresión, el marqués de Sade se mueve en un opaco clima de mera materia en el que las personas se degradan a un papel instrumental para provocar ese sedicente divino éxtasis de destrucción.(...)

La misma muerte de Justine es un accidente meteorológico. Para mostrar que la naturaleza está irritada contra su virtud, Sade la hace morir fulminada por rayo, después que Noirceuil (uno de sus torturadores) hubiera dicho:

Mis amigos, se nos acerca una terrible tormenta, entreguemos esta criatura al rayo, yo me convertiré si el rayo la respeta. (Juliette)

(...) Por "obscures et ténébreuses" que sean las vías seguidas para hacer más agudo ese éxtasis, las carnicerías de Sade ya no tienen sentido como experimentos químicos de gabinete:

He aquí lo que es el asesinato: un poco de materia desorganizada, algunos cambios en las combinaciones, algunas moléculas rotas y vueltas a echar en el crisol de la naturaleza que las devolverá bajo otra forma, en pocos días, a la tierra; por lo tanto, ¿dónde está el mal de todo ello? (Juliette)

El ciclo de esas posibles disgregaciones químicas que son sus suplicios se agota pronto, porque, como dice Proust, nada es más limitado que el placer y el vicio, y, jugando con las palabras, puede en verdad decirse que el vicio se mueve siempre en el mismo círculo vicioso. El sentido del infinito, expulsado de las relaciones humanas con la supresión de todo significado espiritual, se refugia en una especie de satanismo cósmico:

Es a ella (a la naturaleza) a quien yo quisiera ultrajar. Yo quisiera perturbar sus planes, obstaculizar su marcha, detener el curso de los astros, conmover las esferas que flotan en el espacio, destruir a quien le sirve, proteger a quien la perjudica, edificar a quien la sirve, proteger a quien la perjudica, edificar lo que la irrita, en resumen, insultarla en sus obras. (Justine)

En lo cual hay una reducción al absurdo de la "filosofía" de Sade, pues admitiendo que el objetivo de la naturaleza sea la destrucción, y que ninguna acción destructora puede irritarla u ofenderla (Sade mismo reconoce "La imposibilidad de ultrajar a la naturaleza es, según mi punto de vista, el suplicio más grande del hombre"), el supremo insulto que se lo podría dirigir, y del cual el sádico podría legítimamente derivar un placer de transgresión, sería justamente.... ¡la práctica de la virtud!
Y la suprema voluptuosidad será, en efecto, el remordimiento: desde Gilles de Rais a Dostoievsky, la parábola del vicio ha sido siempre la misma.(...)

De  modo que, naturalmente, es condición de placer sádico la existencia de la virtud, así como en la moralidad ortodoxa es necesaria la presencia del obstáculo que hay que superar, del mal que hay que vencer.

Tu dulce virtud (Justine) nos es esencial; es sólo la unión de esta encantadora cualidad y de los vicios que le opondremos lo que dará nacimiento a la más sensible voluptuosidad. (Justine)

(...) En fin, si el sádico rechazara del todo la creencia en la religión tradicional, se privaría de una fuente inagotable de voluptuosidad; la voluptuosidad de la profanación y de la blasfemia. De ahí la contradición lamentable de arrebatos como el siguiente.

Oh, tú que -se dice- has creado todo lo que existe en el mundo; tu a quien sólo conozco de palabra... ser extraño y fantástico que llamamos Dios; te declaro formalmente, auténticamente, públicamente, que no tengo por ti la más leve creencia, y esto es así por la excelente razón de que no encuentro nada, ni en mi corazón, ni en mi espíritu, que pueda persuadirme de una existencia absurda de la que nada en el mundo testimonia su solidez. (Juliette)

En resumen, Sade tiene que confundirse entre los creyentes, disfrazándose de uno de ellos, máscara sobre máscara como aquellos participantes de los bailes cortesanos en Francia de los que habla Saint-Simon, que llevaban una doble máscara-retrato, de modo que cuando se quitaban la primera se seguía engañado tomando la segunda máscara por el rostro, mientras había debajo uno verdadero, completamente diferente. En verdad, el quid, la naturaleza profunda del sadomasoquismo ("Soy la herida y el cuchillo", escribiría Baudelaire) es una mascarada, un disfraz que culmina en el orgasmo.
 


Lecturas.

Mario Praz, La carne, la muerte y el diablo en la literatura romántica. El Acantilado 1999

Marqués de Sade, Justine o los infortunios de la virtud. Tusquets editores 1994

Marqués de Sade, Juliette o las prosperidades del vicio. Tusquets editores 2009


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El pacto con la serpiente

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miércoles, 28 de noviembre de 2012

El pacto con la serpiente

 Hans Baldung Grien, Eva, la serpiente y la muerte




 ¡Fuera, pensamientos, víboras que os enroscáis en torno de mi mente,
negro sueño de la realidad!

Coleridge, Deyection (VII)


 "La relación entre  serpiente y fantasía es arquetípica, reaparece espontáneamente en las metáforas de los poetas.
Quienes firman el pacto con la serpiente entran en un universo donde todo se trastorna; en vez de ser ahuyentada, la fantasia es cultivada, adornada, nos convertimos voluntariamente en su alimento"

Elémire Zola, Storia del fantasticare


El siguiente texto de Mario Praz es el prefacio a su obra El pacto con la serpiente. El título está inspirado en el cuadro de Hans Baldung Grien que aparece más arriba acerca de la tentación de Eva, y que según su autor, revisando la interpretación que se ha hecho de esta obra basada en la doctrina agustiniana, se podría encontrar una escenificación de lo que sería una parábola sobre la sensibilidad estimulada por la imaginación. La sensibilidad la encontraríamos aquí representada por Eva, y la imaginación por la serpiente. El uso de esta parábola servirá a Mario Praz como ilustración con la que poder meditar sobre la dirección que siguió el arte occidental en determinado momento. La "serpiente de la imaginación" habría tenido libre curso en el arte desde el Romanticismo hasta la época contemporanea, periodo en el que se encuentran las obras artísticas y literarias que analiza en su libro, y de forma especial las comprendidas en lo que se ha venido en llamar Decadentismo. El pacto con la serpiente no sería pues otra cosa que el pacto por el que el artista será "tentado" a sentirse libre para, sirviéndose de su capacidad creativa, dar expresión a su "psiquismo interior", algo que finalmente acabará convirtiéndose en un arma de doble filo. La imaginación fantasiosa animada por la proyección del psiquismo personal hasta agotar sus posibilidades, llegará a los excesos del arte moderno que tendrá como resultado el planteamiento en determinados círculos críticos la cuestión sobre la muerte del arte. 
Dice en otro lugar Mario Praz: "Antes de la revolución romántica la expresión de la personalidad del artista estaba contenida dentro de límites contra los cuales raramente se rebelaba: límites aceptados hasta el punto de no sentir, de ni siquiera imaginar, la necesidad de franquearlos y sobrepasarlos". Y refiriéndose a la producción literatura y artística contemporánea: "Al abrirse con Freud y con Joyce la caja de Pandora, todo el mundo larval de la psicopatía inundó la literatura a tal punto que no terminaríamos de dar nombres. Su nombre es legión. (...), palabras, palabras, palabras del subsuelo, todos marchando a plena luz, cada uno con su serpiente enroscada al cuerpo desnudo (...)"
Siguiendo su teoría, creo que Praz podría concluir que este proceso de "desnudamiento" de lo personal actualmente estaría manifestándose a gran escala en determinado uso de las populares redes sociales.


Prefacio a El pacto con la serpiente
Por
Mario Praz



En un cuadro de Hans Baldung Grien que salió a la luz en 1970 (imagen de cabecera), este alumno de Durero, muy conocido por sus composiciones macabras, nos enfrenta a un acontecimiento que tendría que dejarnos perplejos y atónitos. Un repugnante esqueleto, todavía revestido de jirones de pútrida carne, cuyo carácter satánico está denunciado por el  pie izquierdo que termina en una pezuña hendida, sujeta por el brazo izquierdo a una joven cuya mano derecha esconde en la espalda una manzana. Una serpiente arqueada, como el instrumento musical que de ella toma el nombre, sella un pacto con ambos personajes, al estar sujeta su cola al brazo del esqueleto.
 Lo más asombroso es la expresión del rostro de la mujer, no de terror como el de la otra mujer besada o mordida por la Muerte en otro cuadro del pintor en el Kunstsammlung de Basilea (en la imagen inferior ver detalle),
 no de angustia como la durmiente de Füssli, oprimida por el íncubo personificado por el mono y por la cabeza de caballo con vítreos ojos sin mirada; sino más bien de seguridad y de satisfacción, como su hubiese entrado en posesión de un bien codiciado.
Esta tentación de Eva suele interpretarse a la luz de las enseñanzas de Lutero, quien había recibido la influencia de la orden agustiniana a la que pertencía en la época en que predicaba en el monasterio de Witenberg -en la época del cuadro de Baldung Grien, pintadp alrededor de 1517.
Según San Agustín, el Orgullo y la Envidia son los dos supremos pecados capitales. La envidia fue el pecado capital de Adán, pero fue el orgullo el que perdió a Eva. Y aquí vemos cómo se articula el pacto: el orgullo (Eva) conduce al pecado (la serpiente) que conduce a la muerte (el esqueleto) que lleva al infierno (el pie bifurcado).
Pero la interpretación agustiniana del relato de la caída es todavía más compleja: la serpiente tentadora es la imaginación que se presenta a Eva (la concupiscencia o sensibilidad) que, a su vez, corrompe a Adán (la voluntad).(...)
En la tentación de Eva se simboliza la parábola de la sensibilidad estimulada por la imaginación, a la que desde el romanticismo en adelante se le dio libre curso (para la secta de los ofitas, la serpiente se identificaba con el principio liberador del mundo), agotando casi todas las posibilidades hasta aquella muerte del arte de la que hoy se habla tan insistentemente. Ciertos versos de Nietzsche (Zwischen Raubvögeln) podrían ser el epígrafe para el arte moderno:

¿Por qué te has atraído tú mismo
al paraíso de la vieja serpiente?
¿Por qué te has insinuado en ti, en ti?
Ahora eres un enfermo,
un enfermo por el veneno de la serpiente.
Un prisionero eres
que has elegido la suerte más dura.

Hay otro aspecto, entre tantos que ofrece la serpiente, del que vemos una impresionante ilustración en una composición de Blake a propósito del pasaje del Paraíso perdido de Milton, en el que Satán envidia la felicidad de Adán y Eva y siente él mismo "fierce desire-still unfulfilled" (deseo feroz aún no conocido). Adán acaricia a Eva, y Satán la serpiente, que es como su "doble", su propia imagen. En su envidia, sólo le queda a Satán replegarse sobre sí mismo, y eso lo representa Blake con la imagen de Satán que abraza la serpiente, "self-contemplation is self-enclosure, and deadens the soul".


William Blake, Satán mirando a Adan y Eva


Ésta últimas palabras en inglés las podemos entender como el peligro del oscurecimiento del alma que puede conllevar el ensimismamiento, el aislamiento en uno mismo cuando la imaginación es incapaz de liberarse de los fantasmas de la mente particular. A este aspecto fantasioso de la imaginación está dedicado el siguiente texto de Elémire Zolla, que también se servirá de la interpretación de una visionaria obra de William Blake inspirada en El paraíso perdido de Milton.


El lado oscuro de la imaginación
Por
Elémire Zolla


 
La imaginación es el istmo entre la vida y la extinción, entre noche y día, engaño y verdad. Su luz crepuscular puede peludiar, o a la eternidad, o a la muerte espiritual. Todo depende de la imaginación. Ella forja sin tregua imágenes a partir de los mensajes que transmiten los sentidos, pero cuando se distrae de lo sensible, puede volverse a su interior, a la fuente de luz, a la lámpara del intelecto, o bien puede, al revés, divertirse entre las imágenes que ha amontonado en la memoria. Estas dos actitudes definen, respectivamente, la visión inspirada y la quimera; la una conduce al objetivo supremo, la otra a la degradación.
Funesto es el ensueño con los ojos abiertos, también y especialmente cuando finge ser un inocente juego de imágenes. Las imágenes son ídolos, ejercen influencias; la mente no puede juguetear impunemente con ellas. Éstas le infligen un triple daño: las quimeras no sólo son lo opuesto de la meditación y de la contemplación, sino que además contaminan los sueños nocturnos, que las refeljan como en un espejo curvo. Recortan la pronitud, la vivacidad de la vigilia. El fantasear aglutina al mundo exterior y al mismo tiempo genera ineptitud para las obras prácticas. Además de exponer a cualquier instinto, genera timidez e indecisión. Insensible, complacido, centrado siempre en sí mismo, vacilante, incapaz de reacciones ágiles y de rápidas valoraciones: así es el soñador con los ojos abiertos. (...)
El soñador con los ojos abiertos no se da cuenta del mal que incuba y poco a poco deja también de recordar que no es poco lo que se requiere para tener la mente tersa y pulida, que al barrer las imágenes suplerfuas y errabundas se obtiene alivio y paz, y que una mente pura irradia autoridad en el gesto, en la mirada.
Por el contrario, el más pequeño esfuerzo volitivo le cuesta al inveterado soñador con los ojos abiertos un esfuerzo enorme: su costumbre más necia le parece irreprimible, la tentación más leve, irresistible.
Cuando Satanás quiere hacer caer a Eva, la induce, según Milton, a una quimera (El paraiso perdido, IV, 800):

Aplastado como un sapo contra el oído de Eva,
intenta alcanzar con arte diabólica
los órganos de la fantasía, y con ellos forjar
fantasmas y sueños, ilusiones a voluntad

No hay tradición que no ponga en guardia contra el hecho de fantasear.


William Blake, Eva tentada por la serpiente (detalle) Inspirado en El paraiso perdido de Milton


A diferencia de la Imaginatio vera, la  fantasía (phantasey) es un juego del pensamiento, sin fundamento en la Naturaleza; nada más que "la piedra angular de los locos".

Paracelso  (Encontrado en el prólogo de la segunda parte de "La imaginación creadora en el sufismo de Ibn 'Arabi" de Henry Corbin. Para leerlo todo AQUÍ)


Lecturas:

Mario Praz, El pacto con la serpiente. Fondo de Cultura Económica 1988

Elémire Zolla, Verdades secretas expuestas a la evidencia. Sincretismo y fantasía. Contemplación y esoterismo. Paidós Orientalia 2002


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