Foto: Trencadís (cerámica fragmentada) en el Parc Güell de Barcelona

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sábado, 7 de septiembre de 2013

Deméter y Perséfone

Reencuentro de Deméter (a la izquierda con unas espigas de trigo), con su hija Perséfone (a la derecha con dos antorchas).
Bajo relieve de marmol de principios del siglo V a. C.
Eleusis, Grecia.



HERMES: ‘Hades de oscuro cabello, soberano de los muertos,
El padre Zeus te ordena que dejes libre a Perséfone
Y que vuelva con su madre para que cese su odio,
Pues ya tiene planeado aniquilar a los hombres
Y ha ocultado la semilla, para que no hagan ofrendas
Y alejada del Olimpo alimenta su rencor
Y sentada permanece junto a su templo de Eleusis.

 (Coro): Así habló el Argicida y escuchó sus palabras
El señor de los muertos, que a Perséfone dijo:

HADES: ‘Debes volver con tu madre y que te vea contenta,
Yo seré un esposo digno, pues soy hermano de Zeus
Y mientras estés conmigo serás reina soberana…

(coro): Al escuchar sus palabras, Perséfone se alegró
Pero antes de partir tomó un grano de granada,
Que es dulce como la miel y que Hades le ofreció
Porque sabía que así tendría que regresar.
(...)
Zeus Al fin envió a Rea con un mensaje
Para traer a Deméter junto al resto de los dioses,
Y prometió concederle los honores que quisiera.
También vio con buenos ojos que la muchacha estuviera
Una parte entre tinieblas y dos partes con su madre.
A cambio Zeus le pedía que cesara en su rencor
E hiciera crecer el fruto que da la vida a los hombres.
Al oir esto Deméter serenó su corazón
E hizo brotar el fruto en los campos de labranza
Y la tierra antes estéril se convirtió en un jardín.
 Desde entonces en Eleusis , en honor de la diosa
se celebran los misterios que no se pueden contar.
¡Felices aquellos hombres que los hayan conocido!
 
Himno homérico a Deméter (parte final)



El Himno homérico a Deméter es el texto más completo de la Antigüedad donde se conserva la tradición mitográfica que inspirara los ritos iniciáticos conocidos como "Misterios", que durante unos dos mil años se practicaron en la ciudad de Eleusis cercana a Atenas. El mito narra el rapto por parte de Hades (hermano de Zeus y encargado de la administración del mundo de los muertos) de Perséfone, hija de la diosa de las cosechas y la fertilidad de la tierra. El dolor provocado a Deméter, hace que impida que rebrote de nuevo la naturaleza peligrando la vida de animales y hombres, por lo que Zeus intercederá para que Hades devuelva su hija a la diosa. Pero Perséfone comió unos granos de la fruta de la granada, algo que conllevará a que tenga que volver junto a Hades durante unos meses al año. Vemos así narrado poéticamente el ciclo de la naturaleza, de las cosechas que rebrotan cada año gracias a la liberación temporal de Perséfone, para luego, tras su regreso al inframundo, quedar nuevamente los campos yermos. 
Anne Baring y Jules Cashford hacen una interesante investigación sobre las ocultas ceremonias iniciáticas relacionadas con los cultos agrarios que atrajeran a tantísimas personas del mundo grecoromano, y como veremos, su "Misterio" más profundo será transmitido a la nueva religión que triunfaría después.



Deméter y Perséfone

(fragmentos)
Por
Anne Baring y Jules Cashford


Deméter  es la madre del trigo, diosa de las doradas cosechas y de la fertilidad de la tierra arada; Perséfone, su hija, es la doncella del trigo, la simiente en la que el trigo, su madre, continuamente renace. Como Inanna, (diosa mesopotámica) a Deméter se la llama "la verde", "la que trae la fruta" y "la que trae las estaciones". Aparece coronada de espigas de trigo o sosteniendo trigo en sus manos, igual que la diosa micénica antes que ella; se inscribe en la tradición milenaria de la diosa neolítica del grano de la vieja Europa, que se sentaba al lado del dios que tenía la hoz para segar los tallos moribundos finalizada la estación. El nombre con el que se designaba la comida era el suyo: "la espelta (trigo salvaje) de Deméter"; y se invovaba su bendición en la siega y en la siembra. Es la que "llena el granero", y en Chipre da nombre a la recogida de la cosecha, damatrizein. Sus fiestas se celebraban al cambiar las estaciones, en primavera y otoño, el tiempo de la muerte y el renacimiento del trigo. En la Illíada, la imagen de Deméter es del color del trigo maduro:

cuando... la rubia Deméter separa con el presuroso soplo de los vientos el grano y las granzas. (Homero Illíada, 5, 500-1)

Deméter (Ceres), diosa de la cosecha, sujetando trigo en las manos (helénico, relieve de terracota, siglo III a. C. Magna Grecia.

(...) La historia de Deméter es inseparable de la de su hija. A Perséfone se le da a menudo simplemente el nombre de Core, que significa "doncella"; es el femenino de koros, "brote". Madre e hija son llamadas "las dos diosas", o las Demetres, como si Core, el brote, fuera la nueva forma de la planta, la madre. Una inscripción en Delos, al lado de un templo dedicado a Isis, decía: "(Propiedad) de Demeter la eleusina, doncella y mujer". En las pinturas cerámicas donde aparecen las dos juntas, es a menudo difícil encontrar algún rasgo que las distinga, aparte del cabello: largo y suelto para la doncella, recogido alrededor de la cabeza para la madre. En ocasiones Deméter lleva trigo o fruta en las manos, y Perséfone blande flores o antorchas. De hecho, el vínculo entre madre y doncella se imagina tan estrecho, y se concibe de forma tan ideal que su unión sugiere más bien una unión de principios, esto es, una figura con dos apariencias. ¿Es esta figura, entonces, la de la gran y única diosa madre en su forma dual, como madre y doncella? ¿Se trata de la faceta más joven y la menos joven de una única figura, madre de los vivos y de los muertos?
Desde una perspectiva simbólica y narratológica, la doncella, como los hijos de Innana, de Isis, de Afrodita y de Cibeles, es la imagen de lo nuevo -la semilla del trigo, la semilla de la vida- que ha nacido de lo antiguo, que se ha perdido, que se ha llorado, que se ha encontrado y que ha renacido de lo antiguo -la madre- en un ciclo tan continuo como los ciclos de la luna.

(...) Como gran madre de la vida y de la muerte, y concretamente de la agricultura, Deméter contiene en su interior el mundo superior y el inframundo, y su leyenda explora la relación paradójica entre los dos, ya que lo que muere sobre la tierra se adentra bajo la misma para regresar, nuevo, diferente pero a la vez idéntico. En las figuras de Deméter y Perséfone, la diosa única está dividida en los dos aspectos de los superior y lo inferior, lo vivo y lo muerto; aunque, al imaginar estos dos estados, generalmente antagónicos, como madre e hija, no se colocan en polos opuestos, sino que se unen por la raíz. Este hecho es lo que expresa la idea de renacimiento. Como mito de la naturaleza, Perséfone es la semilla que se separa del cuerpo del grano maduro, la madre, cuando tras hundirse bajo tierra regresa en primavera como el nuevo brote. La etimología de su nombre -"la que brilla en la oscuridad"- sugiere que la semilla no muere realmente, sino que continúa viviendo en el inframundo, aunque no pueda ser vista desde la superficie. Quizás esto sea misterio suficiente; sin embargo, la idea de tradición mistérica se refiere al examen explícito de la analogía entre la vida de la vegetación y la vida humana, de tal manera que la verdad de la una se revela, al mismo tiempo, como la verdad de la otra. (...)


Eleusis

Placa votiva donde se representan elementos de los Misterios de Eleusis, descubierta en el santuario de Eleusis s. IV a. C.


El propósito y significado de los Misterios era la iniciación a una visión. "Eleusis" significa "el lugar de la feliz llegada", de donde los campos Eliseos toman su nombre. El término "Misterios" proviene de la palabra muein, que significa "cerrar" tanto ojos como boca. Hace referencia al secreto que rodea las ceremonias, y a la conformidad requerida del iniciado; es decir, se exige que él o ella permita que se le haga algo: de ahí se deduce el significado de "iniciar". La culminación de la ceremonia consistía en la exposición de objetos sagrados en el santuario interno  a manos del sumo sacerdote o hierofante -o hierá phaion, "el que hace que los objetos sagrados aparezcan"-. Únicamente se permitía hacer alusiones indirectas acerca de lo que incurría. Entre ellas, la fundamental era simplemente que Deméter hallaba a su hija y se reunía con ella en Eleusis. Sólo los escritores cristianos violaron estas reglas: aunque su testimonio no es objetivo, un escritor gnóstico señala que el punto culminante de la cremonia consistía en la acción de cortar una espiga de trigo en silencio.
Cualquiera podía asistir a los Misterios, siempre que supiera hablar griego y no hubiera derramado sangre, indicándose así la dimensión moral de la fiesta. Los Misterios menores, que se celebraban al final del invierno en el mes de las flores, el Antesterión, eran condición previa para la participación en los Misterios mayores, que se celebraban en otoño. El primer estadio de la iniciación en los Misterios menores era el sacrificio de un cerdo joven, el animal consagrado a Deméter, que sustituía simbólicamente la muerte del propio iniciado. Como en las Tesmoforias (festival de otoño dedicado a Deméter) este rito se ajusta a la variante órfica del mito mencionado por Luciano, que asociaba la muerte del cerdo con el rapto de Perséfone.

 Vista general del santuario de Deméter y Perséfone con las ruinas del Telesterión, edificación donde los iniciados celebraban el ritual de los Misterios mayores. Eleusis, Grecia.

El segundo estadio de la iniciación era una ceremonia de purificación en la que al iniciado se le tapaban los ojos con una venda. En ciertos relieves, Heracles aparece llevando velo y sentado sobre la piel de un carnero, siguiendo el ejemplo de Deméter en el himno; se le acerca una antorcha desde abajo, o se sostiene una horca para aventar encima de él. Debía ser una situación aterradora, una prueva de valor del iniciado con el fin de prepararlo para lo que estaba por venir. Las sucesivas etapas de los ritos de iniciación son descritas, de nuevo, a través de alusiones, inteligibles para los ya iniciados, pero no para los profanos. Clemente de Alejandría cita a un iniciado que dijo: "Ayuné, bebí el ciceón, cogí del cesto y, después de probarlo, lo deposité en la canasta y de la canasta al cesto". Lo que estaba oculto en el cesto ha sido objeto de mucha especulación, por parte de los cristianos, acerca de la naturaleza de los genitales, considerados o no de forma simbólica; sin embargo, el escritor griego Teofrasto señala que los instrumentos para moler el trigo se consideraban sagrados, de manera que es posible que estuvieran ocultos en el cesto un mortero y una maja, objetos que se utilizaban para preparar el kykeón, la bebida de cebada. 
Los Misterios mayores se celebraban al principio cada cinco años. Más tarde se comenzaron a celebrar anualmente, en otoño; comenzaban el quince del mes de Boedromión y duraban nueve días. Acudían iniciados de todos los rincones del mundo helénico y romano, y se declaraba una tregua entre las ciudades estado griegas durante cuarenta y cinco días, desde el mes anterior hasta el mes siguiente. En la víspera del inicio, se llevaban los objetos sagrados, o hierá, de Deméter en procesión desde Eleusis hasta Atenas. El primer día tenía lugar la convocatoria y preparación de los iniciados, que el segundo día se purificaban en el mar, un rito llamado la "expulsión". El mismo día, los iniciados sacrificaban lechones, probablemente ahogados en el mar. El tercer día parece que se celebraba un sacrificio oficial en nombre de la ciudad de Atenas. El cuarto día, llamado el Asclepia en honor de Asclepio, el dios de la curación, era otro día de purificación. El quinto día (el decimonoveno del mes Boedromión), llamado Yacós, era el día de celebración; tenía lugar una gran procesión desde Atenas hasta Eleusis siguiendo el itinerario sagrado. Se recorrían unos 32 km. Unas sacerdotisas llevaban las hierá en kista cerradas, cofres o cestas, rodeadas por la multitud que bailaba y gritaba extáticamente el nombre de Yaco, cuya estatua, coronada de mirto y llevando una antorcha se llevaba de pie en un carruaje.
Yaco era otro nombre de Dioniso, que, según la leyenda órfica, era el hijo de Perséfone y de Zeus, padre de la misma. Fue concebido una noche en que el dios se le acercó en una caverna subterránea transformado en serpiente. No se trataba de Dioniso, dios del vino y del toro (cuyo equivalente es el cretense Zagreo), dios que es desmembrado pero que vive de nuevo. Era Dioniso como niño de pecho místico, imagen de la renovación perpetua y señal de que los misterios de Eleusis y los de Dioniso se habían fundido en uno.

Deméter y Dioniso (relieve de mármol, 470-460 a. C. Locri, Italia). Dioniso, con vides cayendo de su espalda, entrega la copa de transformación a Deméter, que está sentada, alzando sus espigas de trigo. Si comparamos esta escultura con la de Perséfone y Hades de abajo, también de Locri, el parecido es tal que es casi como si Perséfone y Hades representaran un matrimonio en el inframundo, mientras que Deméter y Dioniso celebran otro en el mundo superior, con frutos y festejos. Esto relacionaria las cuatro figuras en una relación de especularidad; la vida del grano y de la vid son una imagen cíclica de transformación, conectando lo que está arriba con lo que está abajo.


(...) Imagínese la gran sala de los misterios envuelta en la oscuridad, atestada de gente esperando en silencio. Se vislumbran en la oscuridad siluetas de sacerdotes, que se mueven de aquí a allá llevando parpadeantes antorchas. En el centro de la oscuridad se está representando algún drama secreto. Repentinamente un gong suena como un trueno, el inframundo se abre y desde las profundidades de la tierra aparece Core. Una luz radiante llena la cámara, crecen las llamas de la hoguera, enorme y chisporroteante, y el hierofante canta: "La gran diosa ha dado a luz a un hijo sagrado: Brimo ha parido a Brimós". Entonces, en el silencio profundo, alza en la mano una espiga de trigo.
Ahora es el momento de las celebraciones. Hay cantos y bailes en el patio, se sacrifica un gran toro, y todos rompen su ayuno a la vez. Finalmente, el sacerdote llena dos copas y, alzando una hacia el oeste y otra hacia el este, derrama al suelo lo que contienen. El pueblo, mirando hacia el cielo, grita "¡lluvia!" y, mirando hacia la tierra, grita "¡concibe!": hýe, kýe. Así acaban los Misterios de Eleusis.
"Tres veces benditos son aquellos mortales que han visto estos ritos y penetran así en el Hades: pues sólo para ellos hay vida, para los otros todo es pesar."  Son palabras de Sófocles, que desarrolla esta idea en el himno. Y también dice Píndaro: "¡Feliz el que, después de haberlos visto, desciende a la tierra; feliz el que conoce el fin de la vida, y conoce el comienzo que otorgan los dioses!". Es imposible no preguntarse qué veían; ¿acaso apariciones, phantasmata? Cuando Heracles dice, "he visto a Core", ¿quiere decir que vio  a una diosa alzarse de debajo de la tierra? ¿O se produjo un crecimiento milagroso y repentino del trigo en otoño, fuera de temporada, que se cortó para obtener la espiga, revelándose así la trascendencia de la ley natural? O quizá la pregunta no es qué vieron, sino cómo lo vieron. El ayuno, beber de una poción especial, la comunión en la oscuridad y la revelación fianl pueden entenderse también como una preparación para un cambio de mente en el que, sea lo que fuere lo que vieran los participantes, veían con tal intensidad que se unían con lo que veían, trasladándose así a un nivel psíquico totalmente diferente.
Tenemos que preguntarnos, por lo tanto, cómo se hacía posible esta revelación. Es significativo que las dos características principales de la ceremonia religiosa, posiblemente desde el Neolítico, están presentes también en Eleusis; esto es, el matrimonio sagrado y el nacimiento del niño. Harrison escribe que "el rito del matrimonio sagrado y el nacimiento del niño sagrado... eran, creo, el misterio central". Las ceremonias concluían con el matrimonio simbólico de la lluvia celestial con la receptiva tierra, que había de concebir el hijo del grano; pero es posible que se celebrase un matrimonio sagrado, simbólica o literalmente, entre el hierofante y una sacerdotisa antes de que tuviera lugar el regreso de Core (o más bien para traer de vuelta a Core). Clemente de Alejandría hace referencia a la fórmula mediante la que los epoptes se reconocían entre sí, describiéndola como ligeramente distinta de la que se usaba en los Misterios menores. Incluía un pastós o cámara nupcial: "Yo comí en el tambor, bebí en el címbalo, llevé los vasos sagrados, penetré abajo en la cámara nupcial (pastós)". Asterio, obispo de Amasea, al final del siglo V d, C., hace referencia al matrimonio sagrado, como rito culminante de los Misterios, con el horror propio de un cristiano:

¿No se ejecuta el descenso a la oscuridad, la venerada unión del hierofante con la sacerdotisa, de él solo con ella sola? ¿No se apagan las antorchas y no cree la incontable muchedumbre que su salvación reside en lo que ellos hacen en la oscuridad?

Harrison comenta que el matrimonio y el nacimiento eran, efectivamente,

los actos rituales culminantes, actos por los que la unión con lo divino, la finalidad de todo ceremonial místico, se consideraban en un primer momento ejecutados realmente, más tarde sólo simbólicamente efectuados... El hombre hace los ritos de los dioses a imagen de su propia conducta humana. Los misterios de estos dioses hechos por el hombre no son sino los eternos misterios de la vida del hombre.

¿Cómo se convertía este "matrimonio" en algo "real" para los iniciados? Ésta es una pregunta tan desconcertante en este contexto como lo sería en el de los "misterios" de cualquier otro ritual religioso; sobre todo porque a los que hacen la pregunta dicho matrimonio los deja, por definición, indiferentes. Hacen preguntas desde el intelecto que sólo pueden ser contestadas por la pasión. Sólo un místico comprende los Misterios.
El matrimonio sagrado, la unión de zoé y bíos, se celebraba en Mesopotamia, Egipto y Creta como un ritual nupcial entre la diosa madre y su hijo-amante. En este contexto este mito fundamental experimenta distintas variaciones porque las figuras de la madre y la doncella constituyen su núcleo. Es posible que Zeus fuese el hijo-amante de la diosa en Creta, donde tanto él como Deméter surgieron, pero ahora es consorte y padre por derecho propio. A pesar de todo, Deméter era indudablemente la madre en Eleusis, y no se menciona en el mito a consorte divino alguno; de manera que es posible que el matrimonio entre el hierofante y la sacerdotisa mantuviese todavía su importancia original: la biós masculina -la vida que comienza y termina, ya sea Zeus o el cretense Yasión- se une con la zoé femenina, el principio atemporal e inmortal de regeneración, simbolizado aquí en Deméter, la madre.

(...) La secuencia de acontecimientos en las celebraciones de los Misterios sugiere que el matrimonio sagrado representado por el hierofante y la sacerdotisa hace posible, en primer lugar, el "nacimiento" de Core del inframundo; y después el nacimiento del niño, Brimós. El nombre Brimo significa "poderoso"  o el "iracundo", y evoca la ira de Deméter que acabó finalmente por hacer volver a su hija. Brimo era una diosa del inframundo en Tesalia, al norte. Los nombres Brimo y Brimós sugieren que en la introducción de la agricultura y de los Misterios en Grecia hubo influencia tesalia, y más tarde, tracia, pero no nos cuentan mucho más, aparte de que la madre da a luz a una versión masculina de sí misma. ¿Quienes eran Brimo y Brimós en Eleusis? La respuesta se nos escapa todavía, aunque ha habido distintas sugerencias: o Perséfone dio a luz a Yaco-Dioniso, el dios que eternamente muere y que vive eternamente, o Deméter dio a luz a Pluto. Kerényi considera que Brimo es "fundamentalmente un nombre que designa la reina del reino de los muertos, atribuido a Deméter, Core y Hécate en su calidad de diosa del inframundo". En este caso, el hijo es el espíritu de renovación concebido en el inframundo como testimonio vivo de que en la muerte hay vida, ya sea ésta la "riqueza" de la cosecha, o el "tesoro" del conocimiento intuitivo espiritual. El significado de Pluto y Yaco-Dioniso es aquí el mismo. Sin embargo, es posible que haya un significado adicional implícito en el mismo hecho de suscitar la pregunta. La "gran diosa" no se nombra quizá porque, en el momento de la epifanía, las dos diosas se han convertido en una y, simbólicamente al menos, es esta unión trascendental la que "da a luz" a la nueva visión que es el niño. (...)


Triptolemo

Triptolemo entre Deméter y Perséfone.
Bajorrelieve de marmol, Eleusis s. V a. C.


A Triptolemo se le suele representar de pie entre las dos diosas, como si fuera el hijo de ambas. En el relieve de arriba le está entregando a Deméter la espiga de trigo (que se desprendió); detrás de él, a la misma altura que Deméter, está Perséfone con la mano sobre su cabeza, como en señal de bendición. Es frecuente que Deméter lleve el grano y Perséfone las antorchas como si a través de elllas el ciclo continuo  de la vida y la muerte rodease al joven. Pero ¿quien era Triptolemo? ¿Es una versión humana del divino niño Yaco o Pluto? ¿Puede desprenderse de la disposición de las figuras -Perséfone está detrás de él y Deméter delante- que ha vuelto a la vida desde la muerte?
En el himno homérico, Triptolemo se menciona como uno de los cuatro legisladores de Eleusis, e historicamente era el rey local. Harrison añade que "puede que se le representase joven para equipararle con el niño Yaco, una imagen rival y complementaria". Normalmente aparece conduciendo un carro tirado por dos grandes serpientes, a veces aladas; también son serpientes las que acompañan a Deméter en otras imágenes. Viajó por toda la tierra sobre este carro, enseñando a las gentes el arte de la agricultura y probablemente también el significado de los Misterios. Algunas veces lo acompaña Hermes, como para indicar que podía ir y venir entre los reinos de la vida y la muerte. En ocasiones se representa a Dioniso en el reverso del vaso, sugiriéndose una relación entre Triptolemo y Yaco. Kerényi señala que "es posible que Triptolemo fuese también un nombre que designara al hombre primordial, ya que hay una genealogía que lo presenta como hijo de Océano y Gea, la tierra. Esto transformaría la historia en un mito de creación del origen de la humanidad. Su nombre puede significar "triple guerrero"; dicho significado se aproxima al de Demofonte, el bebe de corta edad al que Deméter colocó en el fuego, cuyo nombre significa "el que mata al pueblo"; posiblemente los dos estén intrisicamente relacionados o quizá llegaron a ser identificados con el tiempo. Existe una tradición que afirma que la diosa era su niñera; según otra, él era el amante de Deméter bajo el nombre de Yasión, puesto que el significado de su nombre también puede designar tres veces arado.
Nos hallamos, por lo tanto, ante una increible confusión de papeles y significados; todos vinculan a Triptolemo con la diosa, y lo describen como algo más que un mero héroe local que, casualmente, era uno de los cuatro reyes de Eleusis cuando Deméter pasó por ahí. Desde otra perspectiva, Triptolemo se inserta en la tradición de los hijos amantes de la diosa, como Osiris, que enseñó la agricultura y las artes de la civilización a la humanidad, igual que Dioniso enseño el arte de transformar la uva en vino. Kerényi concluye que "no hay duda de que el mito de Triptolemo se remonta a una época muy arcaica, precediendo la existencia del himno homérico". A veces Triptolemo descansa entre sus dos serpientes como un rey, y su figura es similar a la de Dioniso o Yaco. A veces representa el principio generador de la vida, igual que el eje del caduceo, como si antaño hubiese sido el hijo de Deméter y Perséfone y ahora fuese el amante, articulando el don del conocimiento de la vida y de la muerte.


La espiga de trigo

Gavilla de trigo y flor simbólica en un relieve en marmol perteneciente al santuario de Eleusis, s. V a. C.


Eurípides, en su obra Hipsípila, hace que un personaje reaccione ante la muerte de un niño mediante una imagen del grano: "Uno entierra niños, tiene nuevos niños, muere uno mismo; esto los hombres lo soportan mal, llevando tierra a la tierra. Pero es necesario recolectar la vida como una espiga de trigo cargada de frutos, y que uno sea y el otro no".
Aunque se representan necesariamente como sucesos separados, podríamos decir que el nacimiento del niño y la epifanía de la espiga de trigo expresan el mismo significado simbólico. La fuente principal que lo demuestra es el autor anónimo de los Philosophoúmena, del siglo III a. C., que habla de los atenienses que iniciaban a las gentes en Eleusis y que enseñaban a los iniciados "el más completo, epóptico, poderoso y maravilloso misterio: una espiga de trigo segada en silencio solemne". De manera significativa, inmediatamente antes, el autor señala que los frigios creen que dios "es una espiga de trigo fresca recién cogida", añadiendo que los frigios también consideraban el "trigo cortado" como misterio. Junto con los festivales de muerte y resurrección de Adonis, esto se inserta dentro de la tradición larga y continua del misterio del trigo. Se encuentran espigas de trigo en la arquitectura de Eleusis y en los pequeños propileos; de hecho, la espiga de trigo fue el emblema de Eleusis, como lo fue, en menor grado, el cerdo. Es imposible  no pensar en Osiris, de cuyo cuerpo postrado
surgieron brotes de trigo, sobre todo si se tiene en cuenta la ceremonia paralela en ambas tradiciones, en la que tanto Osiris como Core son convocados desde el inframundo por el mismo golpe de gong. Osiris era identificado con el trigo, y en el templo de File reposa en un sarcófago del que se alzan espigas de trigo paralelas, regadas por un sacerdote, con una inscripción que dice "ésta es la forma de lo innombrable, secreto Osiris que se apresura hacia arriba".
El trigo cortado es como el árbol cortado en Creta y Roma, la imagen de lo que muere cada día y, sin embargo, revive. Como Osiris, Atis y Adonis, y como Perséfone, la hija, la siega del trigo no significaba la muerte de lo que hacía crecer al trigo; de hecho, la paradoja del trigo cortado es que es su muerte la que trae de vuelta la vida. En el Ática se sembraba maíz sobre las tumbas; Cicerón explica que esto sucedía "para que la tierra, purificada por esta semilla, pudiera ser devuelta a los vivos".
¿Qué veían, entonces, los iniciados en la espiga de trigo? Cuando el hierofante la cortaba y la alzaba en silencio, es indudable que lo que estaba exhibiendo era el receptáculo transparente de una verdad esencial de la vida humana. En los términos que hemos intentado establecer hasta ahora, ¿no esposible que los iniciados tuviesen una visión de bíos unido con zoé, en la que la vida individual y la fuente de toda vida se funden en una sola realidad? Normalmente el trigo cortado se considera algo que se ha terminado, que está a punto de morir y de no ser nada, como bíos separado de zoé: se trata de una imagen de muerte, tal y como se la concibe generalmente. Pero quizá los mistos percibían, en una visión, el trigo cortado como imagen de bíos y zoé juntos, de la muerte y de la vida eterna fundidos en una unidad. De esta manera, una sencilla ceremonia agrícola se convierte en un símbolo del destino humano.
Este simbolismo es muy conocido entre nosotros por la tradición cristiana, cuyos rituales culminan también en la ofrenda de una oblea de trigo. Jesús dijo:

En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él sólo; pero si muere, da mucho fruto.
El que ama su vida, así la pierde; y el que odia su vida en este mundo la guardará para una vida eterna (Jn 12, 24-25).




Recientemente los amigos de Salud y Románico han publicado un artículo en el que identifican la talla en un capitel de la iglesia románica de Santa María de Covet (Catalunya), como una representación del rapto de Perséfone (Proserpina). Se puede leer AQUÍ. No me cabe duda tras la iconografía analizada por ellos de que es así.
Feliz y significativo encuentro el de una imagen escultórica inspirada en el mito relacionado con los Misterios de Eleusis, en un templo que sirve de marco para la ritualización del Misterio de la Eucaristía cristiana.


Lecturas:

Anne Baring y Jules Cashford, El mito de la diosa. Siruela 2005


Entradas relaciondas

 El arte de morir

Matrimonio Sagrado

El encuentro con la diosa

La Pasión de Osiris

"Incubatio"


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sábado, 9 de febrero de 2013

El Grial

Dante Gabriel Rossetti, La doncella del Santo Grial 1874



¿Cuáles son las raíces que arraigan, qué ramas crecen
en estos pétreos desperdicios? Oh hijo del hombre,
no puedes decirlo ni adivinarlo; tu sólo conoces
un montón de imágenes rotas, donde el sol bate,
y el árbol muerto no cobija, el grillo no consuela
y la piedra seca no da agua rumorosa. Sólo
hay sombra bajo esta roca roja
(ven a cobijarte bajo la sombra de esta roca roja),
y te enseñaré algo que no es
ni la sombra tuya que te sigue por la mañana
ni tu sombra que al atardecer sale a tu encuentro;
te mostraré el miedo en un puñado de polvo.

Thomas S. Eliot, La tierra baldía


El grial
Por
Anne Baring y Jules Cashford


Con las leyendas del grial nos adentramos en la esfera de lo maravilloso. El misterio del santo grial infunde en la Edad Media la imagen  de la búsqueda ancestral, que ahora se vuelve irrevocablemente interna. Se hace eco así del anhelo del corazón del buscador, y de la necesidad de seguir un sendero que no puede ser enseñado, sino sólo hallado, y que es único para cada individuo. No existe camino establecido alguno, ningún maestro a quién se pueda seguir; todos los senderos que se han hallado ya, que se conocen y cuya existencia se ha demostrado, son erróneos porque no son los propios. El caliz, la vasija, la copa, el plato y la piedra que constituyeron las imágenes primarias del grial evocan el arquetipo de lo femenino; éste se convierte en la inspiración, guía y meta de la búsqueda interior del caballero. En La Queste del Saint Graal, la leyenda del siglo XIII, la visión del grial, cubierto con un velo, se aparece a los caballeros en la sala de banquetes del rey Arturo para llamar a cada uno a su búsqueda, cuyo fin es retirar ese velo. 

La aparición del grial a los caballeros, de la Chronique de Hainault (c. 1450)


Ellos deciden cabalgar en solitario; ir en grupo habría sido vergonzoso. Cuando todos los caballeros se hubieron puesto sus armaduras, oído misa y expresado su gratitud hacia el rey, "se adrentaron en un bosque, desde diferentes puntos, donde les pareció que era más frondoso, por todos aquellos lugares donde les parecía que no había sendero alguno". Empezaron, de esta manera, su viaje espiritual como individuos, confiando cada uno en la propia autoridad y en el misterioso poder de su llamada.
¿De dónde provinieron estas leyendas que iluminaron el cielo de la Europa medieval con una nueva imagen de la antigua visión? Las leyendas del grial que nos son familiares se escribieron durante el curso de sólo cincuenta años, en el último cuarto del siglo  XII y el primero del siglo XIII. Esta era coincide con el apogeo tanto de la iglesia cátara como de la expansión de los templarios. No se ha encontrado todavía ningún texto anterior a esta época; sin embargo, está claro que, al igual que sucede con los Evangelios, los relatos contienen elementos de mitos y cuentos anteriores. A través del rico tejido de las leyendas se vislumbran las líneas del mito de la Edad del Bronce de la diosa madre y su hijo amante.
No pueden separarse las imágenes del grial del gnosticismo ni de la alquimia, ni de la mitología de la diosa y su hijo-amante; quizá ni siquiera de la cábala. El "rey pescador", como Osiris, Adonis y Atis, yace herido en la ingle, incapaz de regenerar los campos de la tierra baldía. ¿Quién va a ser, sino el hijo-amante de la diosa, que eternamente muere y resucita? 

(...)En la versión del relato del grial de Wolfram von Esenbach, a la madre de Parsifal  se la llama "clara como la luz del sol". Al propio Parsifal se le denomina "el verde", que devuelve a la tierra las aguas de la vida, y también "el hijo de la viuda"; uno de los títulos de la diosa que había perdido a su consorte durante la estancia de este último en el inframundo era el de viuda, también aplicado a la Sekiná en su exilio. Este título es tan antiguo como Sumer; Innana e Istar, al llorar a sus consortes, lamentan la propia viudedad. ¿Quienes son los caballeros que cuidan al rey pescador y actúan como guardianes del grial, sino aquellos que lealmente mantuvieron vivos los misterios sagrados de la regeneración del alma? La paloma era el emblema de los caballeros del grial, bordada en los mantos color carmesí que los trovadores llevaban en sus reuniones en el bosque. Paloma y pez se relacionan tan estrechamente con el grial que es imposible no vincular las tres imágenes con los ritos y la mitología de la diosa precristiana.
Las imágenes primarias de la diosa eran la vasija y la piedra; comienzan por ser su epifanía en el Neolítico, y terminan con las imágenes misteriosas de la alquimia y de las leyendas del grial. La piedra sagrada de Cibeles se trasladó de Pérgamo a Roma. A la Sekiná se le daba el nombre de "piedra preciosa". Cuanto más profundamente penetra uno en la iconografía del grial, con mayor claridad distingue la influencia de ideas precristianas y gnósticas, y entiende en mayor medida estas últimas como un nuevo florecer de la mitología anterior. El gnosticismo celebraba ritos que incluían tanto un matrimonio sagrado como un banquete sagrado; su vasija sagrada era el krater, o cáliz. Jessie Weston subrayó antes que cualquier otro erudito la relación entre las imágenes del grial y el culto precristiano de la diosa y su hijo-amante; señala que no cabe duda de que "lo que ahora conocemos por gnosticismo preserva, en sus pocos y fragmentarios restos, la tradición de un gran sistema de enseñanza y práctica esotérica del primer cristianismo". Los artífices de los mitos del grial de toda Europa tejieron un tapiz de leyendas alrededor de las imágenes de los misterios de la sabiduría que todavía hoy tienen capacidad para extasiar.
La diosa aparece bajo diferentes aspectos. Ahora es Cundrie, el espíritu de la naturaleza; es la mensajera del grial y lleva una capucha negra bordada con "una bandada de tórtolas". (En la imagen Marianne Brandt como Cundrie en el estreno en 1882 de la opera Parsifal de Richard Wagner) Ahora es una bruja vieja y horrible que tiene "los dientes como colmillos de jabalí", una imagen que recuerda claramente la muerte por el jabalí del hijo-amante (Tamuz,Osiris, Atis y Adonis). En un relato le exige al rey Arturo  el matrimonio con Gawain, al besarla con desgana en la noche de bodas, otorgándole la facultad de elegir si se transformará en una mujer bella de noche o de día, descubre que se convierte en dicha mujer ante sus ojos. Uno casi puede oír el eco  de las antiguas palabras: "¡Qué hermosos son tus amores, hermana y novia mía!". La Sabiduría hace llegar a los caballeros su llamada, y éstos se convierten en sus amantes. Disfrazada de vieja bruja, los conduce a abrazar su propia oscuridad, transformándola a través del amor. Al final de la búsqueda le revela el tesoro secreto de grial, el cáliz que rebosa comida para todos y la visión de la reunión del alma con su fundamento divino. Como la revelación de Pentecostés, esta visión otorga la experiencia de unidad, tan anhelada, sanando así toda herida y calmando toda tristeza.
¿Qué es, entonces, el grial, sino la vasija inagotable, la fuente de vida que continuamente se genera, energía derramándose sobre la creación, energía como creación, la fuente inextinguible del ser eterno? Había habido otras imágenes de la fuente de la creación; sin embargo, ningún mito había vinculado esa imagen con el desbordamiento espontáneo de un corazón individual, convirtiendo el grial externo en consustancial con el instante interno en que se convierte en vida dentro del ser humano. Si relacionamos esa imagen con nosotros mismos, es el lugar donde la vida cobra su ser dentro de nosotros, un lugar que se halla antes o más allá de todo deseo o temor, que es simplemente pura transformación. Es un imagen que emerge en culturas muy diferentes, separadas por el tiempo o el espacio; debe ser, por lo tanto, el reflejo de ciertos poderes o potencias de la psique de cada ser humano. Al contemplar esta y otras imágenes míticas, evocamos estos poderes en nuestras propias vidas. Ahora como antes, el grial es símbolo que puede unificar tradiciones diferentes en una nueva imagen: la del ser humano liberado de las ataduras que lo amarran a las costumbres tribales o a las creencias religiosas, y que sirve al mundo a través del amor individual, siguiendo su propio corazón a dondequiera que le lleve.


"El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias: Al vencedor le daré maná (1) escondido; y le daré una piedrecita blanca (2), y, grabado en la piedrecita un nombre nuevo que nadie conoce, sino el que lo recibe."

Apocalipsis 2, 17
 
(1) El maná escondido por Jeremías con el Arca. Es el alimento del Reino celestial. 
(2) La piedrecita blanca (color de victoria y alegría) es la señal de la admisión en el Reino al hombre nuevo, el que ha realizado la renovación interior (Biblia de Jerusalén)



De entre otros libros que encuentro por casa referentes al Grial me parecen también interesantes las observaciones que hace Joseph Campbell en su ensayo Los mitos en el tiempo. Aquí se refiere a la versión que sobre el mito escribiera Wolfram von Eschenbach, Parzival, quien desarrollaría en extenso textos anteriores de la tradición iniciada por Chrétien des troyes. Dejo unos fragmentos donde se hace referencia a cuestiones fundamentales sobre el simbolismo del Grial:  En primer lugar sobre su origen celeste, y en segundo sobre el significado del mal de la Tierra Baldía personificado en el Rey Pescador.



En busca del Santo Grial (fragmentos)
Por
Joseph Campbell


(...) Wolfran dice que Chrétien no comprendió la historia. "Mi fuente", dice, "es el poeta Kyot". No sabemos quien fue, pero supuestamente había estado en  España, donde oyó la historia de labios de un alquimista árabe. De modo que hay temas alquímicos en el relato. Según él, el Grial es una copa de piedra que fue traída del cielo. Lo que hace en este punto es imitar a la Kaaba musulmana, la piedra en la Meca que fue traída del cielo.
El Grial fue traído del cielo por ángeles neutrales. Ahí está la clave. A Lucifer, el más orgulloso de los ángeles, se le pidió que reverenciara al hombre, la más alta creación de Dios. Antes Dios había dicho: "Revenciadme sólo a mí." Ahora Él cambia las reglas y dice: "Reverenciad al hombre." Lucifer no acepta. La interpretación cristiana es que se lo impidió el orgullo: Lucifer no se dignaba inclinarse ante el hombre. La interpretación musulmana chiita es que lo hizo por amor a Dios: Lucifer no se resolvió a reverenciar a nadie más que a Dios. De ahí que Satán en el infierno es el más fiel adorador de Dios. Dicen que el gran dolor del infierno no es el fuego o el tormento físico, sino la pérdida, para siempre, de la visión de su bienamado, que es Dios. ¿Y qué sostiene a Satán en el infierno? Su recuerdo de la voz del bienamado cuando éste dijo: "Vete". Ésta es la versión chiita de la caída de Lucifer.
Sea como sea, hubo esta guerra en el cielo, y algunos ángeles se pusieron del lado de Dios y otros apoyaron a Lucifer: el par de opuestos. El misterio metafísico consiste en superar todos los opuestos. Donde tenemos opuestos de bien y mal, estamos simplemente en el campo de la ética. Adán y Eva fueron expulsados del Edén cuando conocieron la diferencia entre el bien y el mal. La naturaleza no sabe nada de esto. Los ángeles neutrales no estaban ni del lado de Dios ni de Lucifer; y Wolfram interpreta el nombre de Parsifal como perce à val, "el que mira por el medio del valle", entre el par de opuestos. Esto es herejía. Estamos en el campo de las tradiciones gnósticas.

William Morris, La visión del Santo Grial 1890

(...) Así que parte. Una vez más (Parsifal) deja que el caballo lo guíe, y esa noche llega a un lago. En el lago hay un bote con dos hombres pescando, y uno de ellos tiene plumas de pavo real en el bonete. Es el rey del Grial que, en esta historia, simboliza todo el problema de la Tierra Baldía. El rey del Grial no se ganó su posición, la heredó. Cuando era un hermoso joven, un bonito día salió del palacio con el grito de guerra Amors!
Eso está muy bien para un joven impetuoso, pero no es lo más adecuado para el guardián del Grial, un símbolo de la más alta consumación espiritual. Cabalgando, llegó a un bosque. Del bosque salió un caballero pagano proveniente de Tierra Santa, cerca del Santo Sepulcro. Los dos caballeros pusieron en posición sus lanzas, y se lanzaron uno contra el otro. La lanza del Rey del Grial mató al caballero pagano, y la de éste castró al rey y la punta de la lanza se rompió y quedó dentro de la herida.
¿Qué nos está diciendo Wolfram? Que el ideal espiritual de la Edad Media, que distinguió a la gracia sobrenatural de la natural, ha castrado a Europa. La gracia natural, el movimiento del caballo , no es permitida, no es lo que dicta la vida. Lo que dicta la vida es la gracia sobrenatural, esta noción de una cosa espiritual que viene por la vía de los cardenales de la iglesia diciéndole a uno qué es bueno y qué es malo. La naturaleza ha sido asesinada en Europa. La energía de la naturaleza  (ésta es la lección de Wolfram) ha sido asesinada. La muerte de ese caballero pagano simboliza eso, y la impotencia espiritual del Rey del Grial es la consecuencia.
El Rey del Crial, en medio de terribles dolores, volvió a la corte. Cuando le extrajeron la punta de la lanza de la herida, encontraron escrita en ella la palabra "Grial". Significa que la tendencia natural de la naturaleza es hacía el espíritu, mientras que el señor del espíritu ha rechazado la naturaleza. La Tierra Baldía. ¿Cómo se curará el mal de la Tierra Baldía. La cura provendrá del acto espontáneo de un corazón noble, cuyo impulso no se dirija al yo sino al amor, en el sentido no del amor sexual sino de la compasión. Ésa es la clave del Grial.

(...) Entonces Parsifal le pregunta al rey: "¿Cuál es tu problema?" De inmediato el rey se cura, y Parsifal se convierte en el Rey del Grial, el guardián de los más altos valores espirituales: la compasión y la lealtad. Y entonces llega su bella esposa, ahora con dos hijos (uno de los cuales es Lohengrin) y hay una hermosa escena de reunión.
Y al fin Trevizrent (el ermitaño que había dicho "No puedes hacerlo" cuando Parsifal se empeñaba en volver al castillo) le dice: "Tú, por la tenacidad de tu intención, has cambiado la ley de Dios." Grandes palabras. El dios dentro de nosotros es el que da la ley y puede cambiar las leyes. Y está dentro de nosotros.


Dejo para finalizar unas palabras pertenecientes al prólogo de El Islam y el Grial de Pierre Ponsoye:

 "Aquellos que se han impuesto hablar del Grial se han guardado bien de dar de él una definición teológica particular, por lo demás imposible. Pero lo han descrito lo bastante, como signo y virtud, como medio de acercamiento y participación de lo Divino, como para que no pueda desconcocerse su naturaleza: la "verdad" del Grial es la visio Dei; la θεωρια verdadera; no la visión de Dios por el hombre, sino la visión de Dios por Él mismo en el hombre, su encuentro consigo mismo en el hombre, en el corazón del Instante eterno y del "Silencio divino" en el que "el Espíritu todo  lo escudriña, hasta las  profundidades de Dios" (1 Cor., II, 10).


Cáliz Ardagh. Irlanda. S. VIII.



Lecturas:

Anne Baring y Jules Cashford. El mito de la Diosa. Siruela 2005

Joseph Campbell, Los mitos en el tiempo. Emecé editores 2002

Pierre Ponsoye, El Islam y el Grial. Olañeta editor 1997

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sábado, 18 de febrero de 2012

La Pasión de Osiris


Osiris, de pie sobre un pedestal, entre dos ojos Wedjat apotropaicos y dos símbolos imy-ut. Cada uno de estos está representado como una vara a la que se ha atado una piel de animal, sostenida en una pila y coronada por un loto. Al lado hay una ofrenda de flores y una jarra de agua. El sentido original del imy-ut puede haber sido "el que está en el vendaje" y estaba conectado con Anubis. Columnas de madera arboriformes sostienen el techo del tabernáculo. La banda azul de los pies de Osiris sugiere el abismo de las aguas de Nun.
De la tumba de Sen-Nedjem. Tebas occidental, Deir el-Medina, tumba I. Dinastía XX, Reino Nuevo. 1186-1070 a. C.


Las historias que se han preservado sobre Isis, Osiris y su hijo Horus, nos hablan simbólicamente acerca de los ciclos renovadores y eternos de la naturaleza que los antiguos egipcios pudieron observar, por ejemplo, en el creciente y menguante de la Luna, en la subida y bajada periódica del nivel de las aguas del Nilo, así como en el surgimiento, desarrollo y muerte de plantas, animales y hombres, al que seguirá la "milagrosa resurrección" en forma de nuevos nacimientos. La toma de conciencia de esta realidad, dio pie a la creación de relatos míticos que se expresarían a través de himnos, poemas, ritos, festivales, y los conocidos como dramas mistéricos que se celebraron durante más de tres mil años.
Uno de los más importantes de estos dramas mistéricos fue el escenificado por sacerdotes de la ciudad de Abidos a partir del Reino Medio, aproximadamente 2050 a. C. En éste, se narraba el asesinato y la desmembración del dios Osiris a manos de su hermano Seth, cuyo cuerpo será luego recompuesto por su esposa Isis al que hará renacer a través de su hijo Horus. El Misterio se representaba durante un festival anual en honor de Osiris, llegando a adquirir tal importancia, que peregrinos de todo Egipto acudían para participar en él. Aunque no existe ningún documento que pueda explicar de forma completa como se desarrollaban a lo largo de varios días los diferentes rituales que formaban parte de esta celebración, se ha conseguido hacer una recomposición de como debió ser a partir de himnos escritos en las paredes de las pirámides y templos, en el interior de los sarcófagos, en El libro de los muertos, estelas funerarias y papiros. También se cuenta con una fuente literaria donde se conservan unos pasajes que directamente se refieren al mito que inspiró el drama, es el ensayo, Acerca de Isis y Osiris, de Plutarco, el filósofo griego que viajó a Egipto en el primer siglo de nuestra Era, y que forma parte del tratado 28 de sus Moralia.
Las celebraciones se extendían durante todo el mes de Khoiak (noviembre), y el drama mistérico propiamente dicho duraba ocho días. Sobre los diferentes ritos que en éstos se practicaban, dejo a continuación los que se sucedían durante los tres días y tres noches del periodo de embalsamamiento tras los que Osiris resucitaba. Pertenece a la versión que expone Jules Cashford en su ensayo El Mito de Osiris, a partir de sus investigaciones, y en cuya introducción anota:

Los Misterios fueron importantes, y lo son todavía hoy, porque, como hizo el cristianismo, buscaron situar la tragedia de la vida temporal y finita dentro del marco de una visión mítica de la vida eterna. En el momento culminante de la ceremonia, el faraón erigía la columna djed, que representaba la resurrección del dios y prometía la inmortalidad a todos los participantes.


Días 2-4 LA PASIÓN DE OSIRIS
Por

Jules Cashford



LAS LAMENTACIONES DE ISIS Y NEFTHYS

La pasión de Osiris se desarrolla a lo largo de tres días y tres noches, que corresponden al periodo de embalsamamiento. Es igualmente el periodo de oscuridad lunar en el que la Luna visita los dominios de la eternidad. Se suponía que durante este periodo se renovaba el tiempo viejo, que había quedado gastado, para que pudiera surgir el nuevo creciente lunar en un tiempo renacido de la eternidad.
Osiris estaba disperso por todo Egipto en los catorce pedazos, como la luna menguante, inerte, agotada y desamparada. Osiris es el Nilo desaparecido, sus aguas evaporada
s por el sol abrasador; es el desamparo de la tierra muerta que espera ser revivida, los canales secos y vacíos que esperan el agua, el agotamiento de la vida sin sentido. Sólo cuando se encuentren los trozos de su cuerpo mutilado, se reúnan y restituyan al todo original, regreseará su genio, volverá a crecer el Nilo y el Orden (Maat) se restaurará en el universo.
Isis y Nefthys buscan por todo Egipto los pedazos del cuerpo de Osiris, y cuando lo encuentran los entierran, cada u
no de ellos en el lugar donde fue hallado. También (y no hay en ello contradición alguna dentro del pensamiento egipcio) los reúnen más tarde para juntarlos en un solo cuerpo. Luego lo custodian, manteniendo la vigilia nocturna hasta que Horus llega para liberarle. (en la imagen, copia de un bajorelieve de Filae. Nefthys e Isis envuelven a Osiris.)

¡Ah desvalido!...
Te he encontrado tendido sobre el costado,
¡oh el gran inerte!
¡Ah hermana! -le dice Isis a Nefthys-,
éste es nuestro hermano,
levantemos su cabeza, juntemos sus huesos, reunamos sus miembros... Oh Osisris, ¡vive!
Yo soy Isis, yo soy Nefthys.
(Estela en Abidos)

Isis y Nefthys son un solo personaje en muchos de estos himnos, las formas exterior e interior de la fuerza regenerativa que rescata lo que se había perdido: mientras Osiris yace en su féretro se inclinan sobre él, una desde la cabecera y otra a los pies, vuelven ajuntar sus miembros y lo animan a levantarse y volver a su casa. Las diosas se lamentan no sólo por su impotencia, su abatimiento y su sufrimiento, sino también a causa de su pasiva inconsciencia. Ha perdido la capacidad de entender lo que le ocurre; ha perdido la capacidad de saber. Levantarse indicaría una vuelta a la consciencia. En muchas de las representaciones, Osisris aparece intentando mover un brazo o una pierna, ponerse de rodillas o mantenerse erguido.
Las dos hermanas forman una dualidad: a menudo la única forma
de distinguirlas es por los símbolos que portan en la cabeza. La tiara de Isis, y el significado de su nombre, es el trono. La tiara de Nefthys, y el significado de su nombre, es la "Señora de la Mansión", representado como un cesto de pan o un horno semicircular para cocer pan. Ambas son el principio otorgador de vida dividido en visible e invisible, brillante y oscuro, exterior e interior. Isis es la luna brillante y Nefthys la luna oscura; Isis el amanecer y Nefthys el ocaso, Isis la estrella matutina y Nefthys la vespertina. Aunque Nefthys es la esposa de Seth, siempre toma partido por Isis contra su marido. Por su parte, Anubis, el hijo que Nefthys concibió de Osisris, hereda rasgos tanto de la luz como de las tinieblas, y por ello puede seguir los caminos por los oscuros dominios de Seth, y hallar bajo tierra los trozos del cadáver de Osiris. El trono, formado a imagen de la colina elevada a la que subió el rey, era el regazo de Isis, y soberanos como Seti I toman la leche de sus pechos para recibir el néctar de la soberanía mientras están vivos y el de la eternidad tras su muerte. Isis y Nefthys aparecen frecuentemente juntas detrás de Osiris en las escenas del juicio de las almas. Durante el ritual, las sacerdotisas que desempeñaban el papel de Isis y Nefthys cantan los himnos que desarrollan el mito: himnos de lamentación por Osiris, evocaciones por la recomposición de su cuerpo y del cuidado que le prestaron. En un papiro de época ptolemaica, se nos ha transmitido un hermoso himno conocido como Las lamentaciones de Isis y Nefthys (P. Berlin, 3008). En él se describe la ceremonia que tiene lugar durante los Misterios como diálogo a dos voces en un drama ritual donde se intenta que las sacerdotisas "se conviertan" en sus modelos. Por ello los papeles de Isis y Nefthys sólo pueden ser representados por las sacerdotisas que se han preparado ritualmente para él: deben ser vírgenes, depilarse completamente y llevar escritos sus nombres en los brazos y en las coronas de lana de carnero que llevan sobre las sienes:

Comienzo del rollo de papiro con versos del festival de los "dos milanos" (i.e. Isis y Nefthys) que se celebra en el templo de Osiris-Khentamenthes, el gran señor de Abidos, desde el 22 hasta el 26 del mes de Khoiak. Todo el templo será purificado. Se tomará a dos mujeres de cuerpo puro, vírgenes. Se eliminará el vello de su cuerpo, y sus cabezas se adornarán con coronas de lana de carnero; llevarán panderos en las manos. Se escribirá su nombre en los brazos, Isis y Nefthys, y cantarán versos de este libro delante de su dios.

A la vez que se celebraban los Misterios en Abidos, y más tarde también en Denderah, tenían lugar celebraciones por todo Egipto: dondequiera que uno de los pedazos de Osiris hubiera caído, debía ser enterrado ritualmente, cuidado y restituido para que el dios y el país pudieran levantarse unidos. Su cabeza, por ejemplo, fue encontrada y enterrada en Abidos; su columna vertebral, que se representaba en la imagen de la columna Djed, en Busiris, lugar originario de la adoración de Osiris, y así sucedía con cada trozo. (en la imagen, Seti I elevando la columna Djed ayudado por Isis. Templo de Seti I, Abidos 1300 a. C.) Cada momo o distrito reclamaba una parte del cuerpo de Osiris, de modo que todo el país se involucraba en las celebraciones. El "símbolo de Abidos", que era una construcción cónica en lo alto de una columna, era reverenciado por contener la cabeza de Ósiris, y llevado como altar en su propia nave.
En el templo ptolemaico de Hathor en Den
derah, se conservan, escritas en las paredes, instrucciones detalladas acerca de las preparaciones para el entierro ritual, que eran copiadas y enviadas a todos los distritos de Egipto. Aunque el templo y sus inscripciones son tardíos -posteriores al 116 a. C.-, sabemos que estos usos son muy antiguos. Algunas escenas muestran dos filas de sacerdotes dirigiéndose a participar en el festival de Osiris, y las inscripciones que los acompañan dan detalles de tales preparaciones, sobre las medidas y el equipo adecuados. Ningún detalle era demasiado insignificante para ser pasado por alto o no ser tomado completamente en serio. Parecía asumierse que el todo estaba en cada una de las partes, de modo que todos los trozos de Osiris debían revivir individualmente antes de que, reunidos, volvieran a darle el alma al cuerpo. No existía una serie conexa de mitos, como sucedía en Abidos, sino solo unos estadios de preparación que podemos suponer se celebraban en todo Egipto a la vez que los Misterios. En uno de los himnos, Isis, como la "gran creadora"", coloca en su sitio la cabeza, el corazón y los miembros de Osiris, para que "no perezca completamente":

Ella te toca la cabeza en su lugar.
Te coloca
los miembros en su sitio;
te trae tu corazón, tu cuerpo.

En el templo ptolemaico de Isis en Filas (Philae), se ilustra la última fase del drama de la recomposición del cuerpo de Osiris. Tras las lamentaciones de Isis y Nefthys, otras dos hermanas, Selket y Douait, aparecen en tareas de asistente: ellas son las que "ordenan el esqueleto, purifican la carne, reúnen los miembros separados e... invocan al alma". La importancia de retornar el cuerpo a su unidad se muestra igualmente en otro himno, una letanía de las partes del cuerpo que evoca el antiguo uso de la designación verbal como acto creativo en el que la sustancia de los nombrados es traída a la vida al ser designada.
"¡Oh Osiris-Khentamenthes! Tus partes están completas. ¡Ninguna ha sido olvidada! ¡Oh Osiris-Khentamenthes! Tu cabeza e
s perfecta, tú el de brazos en alto y corona elevada, cuyo cabello es auténtico lapislázuli." También se nos dice que sus ojos, orejas, nariz y boca son perfectas. Dentro del ritual, una vez que el cuerpo está reconstituido y se ha hecho regresar el alma, pueden llevarse a cabo los ritos de momificación.

EL EMBALSAMAMIENTO DE OSIRIS POR ANUBIS

Cuando un cuerpo era embalsamado, el sacerdote se ponía la máscara de Anubis para representar al dios y la naturaleza sagrada que sólo Anubis podía llevar a cabo. Anubis era el encargado de envolver el cuerpo de Osiris en su momia, y era conocido como "el de las envolturas funerarias". Se le llamaba imy-ut, "el que está en el lugar de embalsamar", y a menudo se le representa en el acto de preparar la momia, llevando las vasijas de ungüento para la incorruptibilidad del cuerpo. Anubis, un animal de la noche, "protegía a Osiris" de todo daño nocturno, defendiéndole de Seth y sus secuaces, es decir, de la muerte y la disolución. La llamativa estatua de Anubis a la entrada de la tumba de Tutankhamun desempeñaba las mismas funciones, tanto de guardián como de portero.
Anubis, también llamado Anpu, era un muy antiguo dios-chacal de los muertos y el inframundo que vagaba por las tumbas al
borde del desierto. Era conocido también como "el de la tierra sagrada", la tierra de las necrópolis. En Abidos el dios-chacal era el Khentamenthes originario, Señor de los Occidentales, probablemente más antiguo aún que Osiris, y que luego se convertirá en el guía de los muertos a la búsqueda de Osirirs a través del inframundo. Un texto de la pirámide de Unas dice: "Unas está con los espíritus. ¡Avanza, Anubis, hasta el Amenti (el inframundo), adelante, adelante hacia Osiris¡". Anubis fue asimilado al relato de Osiris, donde se hace hijo de Nefthys y (según Plutarco) Osiris, quien en una noche oscura confundió a Nefthys con Isis, que posteriormente le adoptaría como hijo. La máscara del sacerdote embalsamador (imagen der.) evoca el evento originario, cuando Anubis, junto a Isis y Nefthys, encuentra y luego entierra los miembros troceados del cuerpo de Osiris, y luego los vigila. Pero ¿por qué el chacal?
Para los egipcios, los animales entre
los que vivían pertenecían a la eterna naturaleza de la creación y por ello manifestaban algún rasgo fundamental del Ser, una esencia común a todas las criaturas, el ser humano incluido. El chacal, como el perro y el lobo, es el animal que salva a la carne en putrefacción de salirse del ciclo vital, puesto que sabe cuándo es venenosa y cuándo no. Además, desgarra a sus víctimas, entierra sus trozos y vuelve a desenterrarlos en el lugar y momento preciso antes de que se descomponga, porque puede sopesar en su mente si se encuentra en un estado o en otro.
Por tales razones Anubis fue la deidad
elegida para presidir el proceso de momificación, un paso que era considerado necesario para la existencia de ultratumba. Este proceso incluía la estracción de las vísceras, su preservación en los cuatro vasos canópicos y el vendaje de la momia.
Los intestinos del difunto se ponían al
cuidado especial de Anubis, cuya imagen estaba pintada en el recipiente donde se depositaban, puesto que de forma análoga a lo que hace el chacal, separan lo que puede volver a la sangre vital y lo que no, digiriendo lo uno y excretando lo otro. Otro de los epítetos de Anubis era "el que preside la divina tienda", el lugar donde tenía lugar la momificación.
Por tanto, Anubis, el chacal, transforma l
a muerte en vida, igual que hacen el milano o el gavilán, la forma que adopta Isis para concebir de Osiris, aunque esté muerto. Extendiendo el simbolismo, Anubis lleva a cabo el pesaje del corazón en la Sala del juicio -ajustando las medidas y juzgando el resultado-, de nuevo por el hecho de que el chacal, al comer, puede diferenciar con precisión entre aquello que puede ser transformado y lo que no.

Escena del pesaje del corazón en la Sala del Juicio. A la izquierda Anubis pesando el corazón. En el contrapeso de la balanza se colocaba la pluma de la diosa Maat (la justicia el orden cósmico); ambos debían ser igual de ligeros para que el difunto fuera considerado de alma pura. De lo contrario Amitt (a la derecha), diosa con cabeza de cocodrilo y cuerpo mitad delantera de león y trasera de hipopótamo denominada "Devoradora de los Muertos", procederá a devorar al difunto, pereciendo por lo tanto definitivamente y perdiendo la posibilidad de ser inmortal.

En francés, la palabra para "pensar" es la mis
ma que para "pesar" -penser- (también en español, "pensar" remite etimológicamente a "pesar" (N. del T.)), y comúnmente recurrimos a metáforas del tipo "sopesar un asunto" para expresar la idea de distinguir lo verdadero de lo falso.
Cuando el embalsamiento está completo, Anubis le dice a Osiris:

Levántate y vive. Contempla tu nueva for
ma...
El corazón de
Anubis se alegra con el trabajo de sus manos.

LA CONCEPCIÓN DE HORUS

Sólo después de que el cuerpo de Osiris haya sido reunificado y reconstruido cabe imaginar la concepción de Horus. En su devoción hacia su marido, Isis actúa como espíritu, que le busca "sin respiro hasta encontrarle". El himno de la concepción de Horus continúa recordándola en su forma de ave "que da sombra con sus plumas y aire con sus alas..., que alivia el cansancio del fatigado, la que recibe sus semilla y da a luz a su heredero..." (inscripción en el templo de Hathor en Denderah) Llegamos de nuevo a la imagen central del renacimiento en el momento en que Isis toma la forma de un milano (o un gavilán), vuela sobre el cadaver de su esposo y batiendo las alas crea el aire -el aliento vital- para insuflarle vida. Mientras él aspira el aliento de Isis y va saliendo de la muerte, ella concibe de él un hijo que, a su debido tiempo, volverá a despertar a su padre por segunda vez del sueño de la muerte.

Isis, como un milano o gavilán, suspendida sobre Osiris, quien eleva un brazo como signo de despertar. Isis y Nefthys están arrodilladas a los extremos de las andas en forma de león. Anubis y Horus asisten con gesto auspiciatorio. Bajorrelieve de Denderah.


En un bajo relieve de Denderah (se refiere a otro, no al de la imagen superior), más de mil años posterior a la imagen original de Abidos, puede de nuevo apreciarse la naturaleza de la división dinámica de la cons
ciencia que poseían los egipcios, cuando Horus adquiere la forma de Wepwawet antes de iniciar la procesión. Aquí Isis, en forma de milano o gavilán, vuela sobre el cuerpo itifálico de Osiris. Las otras dos rapaces son Hathor y Nefthys. La diosa Isis permanece de pie junto al cabecero de las andas: "Isis, la grande, la madre del dios, la señora de Denderah que protege a su hermano". Un Horus adulto está erguido a los pies del féretro, las manos elevadas, llevando la cabeza de Heqet, la diosa-rana de los nacimientos. Horus podría fácilmente ser confundido con Heqet si no fuera por la inscripción geroglífica sobre la escena -"Horus, el vengador de su padre, hijo de Isis, eleva las manos sobre su progenitor"- y por la cola que le delata. Como ocurre con Wepwawet, debemos entender que la conscienca de Horus ha asumido la cualidad y el papel de la diosa de los nacimientos para darse a sí mismo la vida (En la imagen "Horus dando vida a Osiris"). Esta compleja imagen implica que el dios debe dar este paso para "saber qué hacer, saber cómo sentir". Una mente racional se preguntaría cómo es posible que Horus esté ahí si ni siquiera ha sido concebido todavía, pero estos desencuentros entre el pensamiento moderno y antiguo acerca de qué es lo que tiene sentido resultan en exceso lineales. En contraste con esto, el pensamineto egipcio es, por así decirlo, instintivamente arquetípico, de modo que la presencia de Horus en el mismo acto en que es concebido da a entender que siempre ha estado presente. Bajo las andas, y sujetándolas, aparecen un dios mono, dos diosas con forma de serpiente y Thoth, el de Palabras Poderosas, con cabeza de Ibis. El texto jeroglífico sobre el cuerpo reza: "Osiris-Khentamenti, el gran dios, señor de Abidos, el dios que descansa en Dendera". Bajo su nombre aparecen anotaciones acerca del material y tamaño de un objeto: "Madera de sicomor, recubierta de oro; las imágenes de los dioses son de oro; un brazo de altura". Nacimiento y renacimiento aparecen unificados en esta imagen: en ambos casos Osiris tiene que ser despertado, en primer lugar para que el niño Horus sea concebido, y luego para que, ya crecido, se imbuya del espíritu de Osiris durante su mutuo abrazo. El hecho de que Horus aparezca aquí ayudando a Osiris a hacerle nacer, lo cual hará posible más tarde el renacimiento de Osiris como Horus, es quizá otra forma de expresar el sentido del abrazo de los Kas. En los textos de las Pirámides se dice que el muerto "respira el aliento de Isis", y el alma-Ba -el alma de la persona individual- planea sobre el fallecido, como Isis, en forma de un ave fénix o Bennu (una de las primeras manifestaciones del dios Atum) como la fuerza o esencia vital de la que proceden.

El alma-Ba vuela sobre Osiris sosteniendo el shem, símbolo de la eternidad, entre unas aviformes Nefthys e Isis.


La Continua Creación
Hora duodécima (y final) del Libro de las Puertas, que ilustra el viaje del Sol a través del inframundo de la noche. Nun, dios de las aguas primigenias, aparece sosteniendo el barco del Sol por encima de las aguas del abismo, lo que trae su renacimiento al amanecer. El escarabajo pelotero Khepri, manifestación del Sol naciente, lleva el disco solar. Lo ayudan, a cada lado, Isis y Nefthys. La delgada figura negra que cuelga boca abajo para recibir el disco solar es la diosa Nut. Nut está a su vez sentada sobre los hombros de Osiris, el cual, colocado igualmente boca abajo, "rodea el Más Allá" con su cuerpo retorcido hacia atrás. Esta imagen de la Creación del Principio de los Tiempos también representa la salida del durmiente de su mundo de sueños, así como el "renacer de los dioses" y los difuntos bienaventurados de la oscuridad de la inconsciencia. Inscripción en el interior del sarcófago de Alabastro de Seti I. Londres, Sir John Soanes Museum.



Lecturas:

Jules Cashford, El mito de Osiris. Ediciones Atalanta 2009
El libro de los muertos de los antiguos egipcios. Desclée de Brouwer 2000

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