Foto: Trencadís (cerámica fragmentada) en el Parc Güell de Barcelona

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miércoles, 29 de febrero de 2012

Nunca más...

ANATKH (Fatalidad en griego)
Ilustración de Gustave Doré para El Cuervo de Edgar Allan Poe



El ensayo de Edarg Allan Poe Filosofía de la composición, conocido también como Método de composición, fue publicado por primera vez en una revista especializada de Filadelfia en 1846. En éste, Poe expone el proceso que llevó a cabo en la creación de El Cuervo, su poema-cuento más conocido. Su teoría contrastaba de forma radical con el metodo de la "creación espontanea", propio de los poetas románticos. Para Poe, antes de ponerse a escribir una obra de ficción, su autor ha de planificar de forma "matemática" todos los aspectos por los que se desarrollará, esto es, el desenlace, las emociones que quiera provocar en el lector, el tema, la ambientación, el argumento etc... Por ser tan rígidamente lógica la explicación que da a su proceso de escritura, ha dado pie a algunos críticos a considerla en gran parte como una sátira o ironía del autor hacia los ideales románticos, más cercanos a abandonarse a la intuición creativa. Para que cada cual pueda formarse su propia idea al respecto, dejo a continuación unos fragmentos del ensayo (en este enlace se puede leer completo
http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/opin/poe01.htm). Le seguirá el poema-cuento El Cuervo, acompañado con algunos de los grabados de Gustave Doré que ilustraron la obra.


Método de composición (fragmentos)
Por
Edgar Allan Poe



(...) Puesto que el interés de este análisis o reconstrucción, que se ha considerado como un desiderátum en literatura, es enteramente independiente de cualquier supuesto ideal en lo analizado, no se me podrá censurar que salte a las conveniencias si revelo aquí el modus operandi con que logré construir una de mis obras. Escojo para ello El cuervo debido a que es la más conocida de todas. Consiste mi propósito en demostrar que ningún punto de la composición puede atribuirse a la intuición ni al azar; y que aquélla avanzó hacia su terminación, paso a paso, con la misma exactitud y la lógica rigurosa propias de un problema matemático.(...)

En lo que se refiere a las dimensiones hay, evidentemente, un límite positivo para todas las obras literarias: el límite de una sola sesión. Ciertamente, en ciertos géneros de prosa, como Robinson Crusoe, no se exige la unidad, por lo que aquel límite puede ser traspasado: sin embargo, nunca será conveniente traspasarlo en un poema. En el mismo límite, la extensión de un poema debe hallarse en relación matemática con el mérito del mismo, esto es, con la elevación o la excitación que comporta; dicho de otro modo, con la cantidad de auténtico efecto poético con que pueda impresionar las almas. Esta regla sólo tiene una condición restrictiva, a saber: que una relativa duración es absolutamente indispensable para causar un efecto, cualquiera que fuere.

Teniendo muy presentes en mí ánimo estas consideraciones, así como aquel grado de excitación que nos situaba por encima del gusto popular y por debajo del gusto crítico, concebí ante todo una idea sobre la extensión idónea para el poema proyectado: unos cien versos aproximadamente. En realidad cuenta exactamente ciento ocho.

Mi pensamiento se fijó seguidamente en la elevación de una impresión o de un efecto que causar. Aquí creo que conviene observar que, a través de este trabajo de construcción, tuve siempre presente la voluntad de lograr una obra universalmente apreciable.

Me alejaría demasiado de mi objeto inmediato presente si me entretuviese en demostrar un punto en que he insistido muchas veces: que lo bello es el único ámbito legítimo de la poesía. Con todo, diré unas palabras para presentar mi verdadero pensamiento, que algunos amigos míos se han apresurado demasiado a disimular. El placer a la vez más intenso, más elevado y más puro no se encuentra -según creo- más que en la contemplación de lo bello. Cuando los hombres hablan de belleza no entienden precisamente una cualidad, como se supone, sino una impresión: en suma, tienen presente la violenta y pura elevación del alma -no del intelecto ni del corazón- que ya he descrito y que resulta de la contemplación de lo bello. Ahora bien, yo considero la belleza como el ámbito de la poesía, porque es una regla evidente del arte que los efectos deben brotar necesariamente de causas directas, que los objetos deben ser alcanzados con los medios más apropiados para ello -ya que ningún hombre ha sido aún bastante necio para negar que la elevación singular de que estoy tratando se halle más fácilmente al alcance de la poesía.(...)

En consecuencia, considerando lo bello como mi terreno propio, me pregunté entonces: ¿cuál es el tono para su manifestación más alta? Éste había de ser el tema de mi siguiente meditación. Ahora bien, toda la experiencia humana coincide en que ese tono es el de la tristeza. Cualquiera que sea su parentesco, la belleza, en su desarrollo supremo, induce a las lágrimas, inevitablemente, a las almas sensibles. Así, pues, la melancolía es el más idóneo de los tonos poéticos.

Una vez determinados así la dimensión, el terreno y el tono de mi trabajo, me dediqué a la busca de alguna curiosidad artística e incitante, que pudiera actuar como clave en la construcción del poema: de algún eje sobre el que toda la máquina hubiera de girar; empleando para ello el sistema de la introducción ordinaria. Reflexionando detenidamente sobre todos los efectos de arte conocidos o, más propiamente, sobre todo los medios de efecto -entendiendo este término en su sentido escénico-, no podía escapárseme que ninguno había sido empleado con tanta frecuencia como el estribillo. (...)

Habiendo ya fijado estos puntos, me preocupé por la naturaleza de mi estribillo: puesto que su aplicación tenía que ser variada con frecuencia, era evidente que el estribillo en cuestión había de ser breve, pues hubiera sido una dificultad insuperable variar frecuentemente las aplicaciones de una frase un poco extensa. Por supuesto, la facilidad de variación estaría proporcionada a la brevedad de una frase. Ello me condujo seguidamente a adoptar como estribillo ideal una única palabra. Entonces me absorbió la cuestión sobre el carácter de aquella palabra. Habiendo decidido que habría un estribillo, la división del poema en estancias resultaba un corolario necesario, pues el estribillo constituye la conclusión de cada estrofa. No admitía duda para mí que semejante conclusión o término, para poseer fuerza, debía ser necesariamente sonora y susceptible de un énfasis prolongado: aquellas consideraciones me condujeron inevitablemente a la o larga, que es la vocal más sonora, asociada a la r, porque ésta es la consonante más vigorosa.

Ya tenía bien determinado el sonido del estribillo. A continuación era preciso elegir una palabra que lo contuviese y, al propio tiempo, estuviese en el acuerdo más armonioso posible con la melancolía que yo había adoptado como tono general del poema. En una búsqueda semejante, hubiera sido imposible no dar con la palabra nevermore (nunca más). En realidad, fue la primera que se me ocurrió.

El siguiente fue éste: ¿cual será el pretexto útil para emplear continuamente la palabra nevermore? Al advertir la dificultad que se me planteaba para hallar una razón válida de esa repetición continua, no dejé de observar que surgía tan sólo de que dicha palabra, repetida tan cerca y monótonamente, había de ser proferida por un ser humano: en resumen, la dificultad consistía en conciliar la monotonía aludida con el ejercicio de la razón en la criatura llamada a repetir la palabra. Surgió entonces la posibilidad de una criatura no razonable y, sin embargo, dotada de palabra: como lógico, lo primero que pensé fue un loro; sin embargo, éste fue reemplazado al punto por un cuervo, que también está dotado de palabra y además resulta infinitamente más acorde con el tono deseado en el poema.

Así, pues, había llegado por fin a la concepción de un cuervo. ¡El cuervo, ave de mal agüero!, repitiendo obstinadamente la palabra nevermore al final de cada estancia en un poema de tono melancólico y una extensión de unos cien versos aproximadamente. Entonces, sin perder de vista el superlativo o la perfección en todos los puntos, me pregunté: entre todos los temas melancólicos, ¿cuál lo es más, según lo entiende universalmente la humanidad? Respuesta inevitable: ¡la muerte! Y, ¿cuándo ese asunto, el más triste de todos, resulta ser también el más poético? Según lo ya explicado con bastante amplitud, la respuesta puede colegirse fácilmente: cuando se alíe íntimamente con la belleza. Luego la muerte de una mujer hermosa es, sin disputa de ninguna clase, el tema más poético del mundo; y queda igualmente fuera de duda que la boca más apta para desarrollar el tema es precisamente la del amante privado de su tesoro.

Tenía que combinar entonces aquellas dos ideas: un amante que llora a su amada perdida. Y un cuervo que repite continuamente la palabra nevermore. No sólo tenía que combinarlas, sino además variar cada vez la aplicación de la palabra que se repetía: pero el único medio posible para semejante combinación consistía en imaginar un cuervo que aplicase la palabra para responder a las preguntas del amante. Entonces me percaté de la facilidad que se me ofrecía para el efecto de que mi poema había de depender: es decir, el efecto que debía producirse mediante la variedad en la aplicación del estribillo.

Comprendí que podía hacer formular la primera pregunta por el amante, a la que respondería el cuervo: nevermore; que de esta primera pregunta podía hacer una especie de lugar común, de la segunda algo menos común, de la tercera algo menos común todavía, y así sucesivamente, hasta que por último el amante, arrancado de su indolencia por la índole melancólica de la palabra, su frecuente repetición y la fama siniestra del pájaro, se encontrase presa de una agitación supersticiosa y lanzase locamente preguntas del todo diversas, pero apasionadamente interesantes para su corazón: unas preguntas donde se diesen a medias la superstición y la singular desesperación que halla un placer en su propia tortura, no sólo por creer el amante en la índole profética o diabólica del ave (que, según le demuestra la razón, no hace más que repetir algo aprendido mecánicamente), sino por experimentar un placer inusitado al formularlas de aquel modo, recibiendo en el nevermore siempre esperado una herida reincidente, tanto más deliciosa por insoportable.(...)

El punto siguiente que considerar era el m
odo de establecer la comunicación entre el amante y el cuervo: el primer grado de la cuestión consistía, naturalmente, en el lugar. Pudiera parecer que debiera brotar espontáneamente la idea de una selva o una llanura; pero siempre he estimado que para el efecto de un suceso aislado es absolutamente necesario un espacio estrecho: le presta el vigor que un marco añade a la pintura. Además, ofrece la ventaja moral indudable de concentrar la atención en un pequeño ámbito; ni que decir tiene que esta ventaja no debe confundirse con la que se obtenga con la mera unidad del lugar.

En consecuencia, decidí situar al amante en su habitación, en una habitación que había santificado con los recuerdos de la que había vivido allí. La habitación se describiría como ricamente amueblada: con objeto de satisfacer las ideas que ya expuse acerca de la belleza, en cuanto única tesis verdadera de la poesía.

Habiendo determinado así el lugar, era preciso introducir entonces el ave: la idea de que ésta penetrase por la ventana resultaba inevitable. Que al amante supusiera, en el primer momento, que el aleteo del pájaro contra el postigo fuese una llamada a su puerta era una idea brotada de mi deseo de aumentar la curiosidad del lector, obligándole a aguardar; pero también del deseo de colocar el efecto incidental de la puerta abierta de par en par por el amante, que no halla más que oscuridad, y que por ello puede adoptar en parte la ilusión de que el espíritu de su amada ha venido a llamar... Hice que la noche fuera tempestuosa, primero para explicar que el cuervo buscase la hospitalidad; también para crear el contraste con la serenidad material reinante en el interior de la habitación.

Así, también, hice posarse el ave sobre el busto de Palas para establecer el contraste entre su plumaje y el mármol. Se comprende que la idea del busto ha sido suscitada únicamente por el ave; que fuese precisamente un busto de Palas (Atenea) se debió en primer lugar a la relación íntima con la erudición del amante y en segundo término a causa de la propia sonoridad del nombre de Palas.

Hacia mediados del poema, exploté igualmente la fuerza del contraste con el objeto de profundizar la que sería la impresión final. Por eso, conferí a la entrada del cuervo un matiz fantástico, casi lindante con lo cómico, al menos hasta donde mi asunto lo permitía. El cuervo penetra con un tumultuoso aleteo.(...)

Un cuervo ha aprendido mecánicamente la única palabra jamás; habiendo huido de su propietario, la furia de la tempestad le obliga, a medianoche, a pedir refugio en una ventana donde aún brilla una luz: la ventana de un estudiante que, divertido por el incidente, le pregunta en broma su nombre, sin esperar respuesta. Pero el cuervo, al ser interrogado, responde con su palabra habitual, nunca más: palabra que inmediatamente suscita un eco melancólico en el corazón del estudiante; y éste, expresando en voz alta los pensamientos que aquella circunstancia le sugiere, se emociona ante la repetición del jamás. El estudiante se entrega a las suposiciones que el caso le inspira; mas el ardor del corazón humano no tarda en inclinarle a martirizarse, así mismo y también por una especie de superstición a formularle preguntas que la respuesta inevitable, el intolerable "nunca más", le proporcione la más horrible secuela de sufrimiento, en cuanto amante solitario. La narración en lo que he designado como su primera fase o fase natural, halla su conclusión precisamente en esa tendencia del corazón a la tortura, llevada hasta el último extremo: hasta aquí, no se ha mostrado nada que pase los límites de la realidad.

Pero, en los temas manejados de esta manera, por mucha que sea la habilidad del artista y mucho el lujo de incidentes con que se adornen, siempre quedan cierta rudeza y cierta desnudez que dañan la mirada de la persona sensible. Dos elementos se exigen eternamente: por una parte, cierta suma de complejidad, dicho con mayor propiedad, de combinación; por otra cierta cantidad de espíritu sugestivo, algo así como una vena subterránea de pensamiento, invisible e indefinido. Esta última cualidad es la que le confiere a la obra de arte el aire opulento que a menudo cometemos la estupidez de confundir con el ideal. Lo que transmuta en prosa -y prosa de la más baja estofa-, la pretendida poesía de los que se denominan trascendentalistas, es justamente el exceso en la expresión del sentido que sólo debe quedar insinuado, la manía de convertir la corriente subterránea de una obra en la otra corriente, visible en la superficie.

Convencido de ello, añadí las dos estancias que concluyen el poema, porque su calidad sugestiva había de penetrar en toda la narración antecedente. La corriente subterránea del pensamiento se muestra por primera vez en estos versos:


Arranca tu pico de mi corazón y precipita tu espectro lejos de mi puerta.
El cuervo dijo: "Nunca más".


Quiero subrayar que la expresión "de mi corazón" encierra la primera expresión poética. Estas palabras, con la correspondiente respuesta, jamás, disponen el espíritu a buscar un sentido moral en toda la narración que se ha desarrollado anteriormente.

Entonces el lector comienza a considerar el cuervo como un ser emblemático pero sólo en el último verso de la última estancia puede ver con nitidez la intención de hacer del cuervo el símbolo del recuerdo fúnebre y eterno.

Y el cuervo, inmutable, sigue instalado, siempre instalado
sobre el busto plácido de Palas, justo encima
de la puerta de mi habitación;
y sus ojos parecen los ojos de un demonio que medita;
y la luz de la lámpara, que le chorrea encima, pr
oyecta su sombra en el suelo;
y mi alma, fuera del círculo de aquella sombra
que yace flotando en el suelo,
no podrá elevarse ya más, ¡nunca más!


El Cuervo


Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”



¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.



Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.



Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”



Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!



Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”



“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!


Lecturas:

Matemática lectura (varios autores) Galaxia Gutenberg

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martes, 18 de octubre de 2011

¿Qué son las Estrellas ?

Zodiaco de Denderah (reconstrucción) El origianal del Museo del Louvre fue extraido de la cámara dedicada a Osiris en el templo de Hathor en Denderah, Egipto. Siglo I a.C. (estimado)



"...y mientas los demás animales están naturalmente inclinados mirando a la tierra, dio al hombre un rostro levantado disponiendo que mirase al cielo y que llevase el semblante erguido hacia las estrellas."

Ovidio, Metamorfosis, Libro I


"¿No es mía toda la eternidad?"

Leessing, Educación del género humano


Manuscrito astrológico persa. Datado en 1441


En el poema que dejo a continuación de Eliot Weinberger, se exponen como si de una sucesión vertiginosa de fotogramas se tratara, imágenes procedentes -entre otras cosas- de la mitología y las creencias populares, así como de la poesía y teorías científicas por las que el hombre de todas las épocas y lugares, se ha sentido inspirado e intentado dar respuesta a las incógnitas e incertidumbres despertadas ante la contemplación del cielo estrellado. Son muchas las instantaneas incluídas, pero acabada la trepidante lectura tomamos conciencia de que la secuencia podría continuar al igual que el número de estrellas, hasta el infinito...


Las estrellas
por
Eliot Weinberger


Las estrellas: ¿qué son? Son trozos de hielo que reflejan el sol; son luces que flotan en el agua más allá de la cúpula transparente; son clavos en el cielo; son agujeros en la cortina que hay entre nosotros y el mar de luz; son agujeros en la dura concha que nos protege del infierno que hay más allá; son las hijas del sol, son los mensajeros de los dioses; son condensaciones de aire en llamas que tienen forma de rueda y rugen a través del espacio que hay entre los radios; se sientan en sillitas; son casas esparcidas por el cielo; hacen recados a los amantes; son composiciones de átomos que caen por el vacío y se enredan entre sí; son las almas de los bebés muertos convertidas en flores del cielo; son aves cuyas plumas arden; fecundan a las madres de los grandes hombres; son brillantes concentraciones del aliento espiritual, hechas de los residuos sobrantes de la creación del sol y la luna; auguran la guerra, la muerte, el hambre, la peste, las buenas y malas cosechas, el nacimiento de los reyes; regulan los precios de la sal y el pescado; son las simientes de todas criaturas de la tierra; son el rebaño de la luna, dispersa por el cielo como ovejas en un prado, que ella lleva a pastar; son esferas de cristal cuyo movimiento crea la música en el cielo; ellas están fijas y nosotros nos movemos; nosotros estamos fijos y ellas se mueven; son los cazadores de focas extraviados; son la huellas de Vishnu, que da caza por el cielo; son las luces de los palacios donde viven los espíritus; son de distintos tamaños; son cirios fúnebres, y soñar con ellas es soñar con la muerte; son como todo lo material, de cuatro tipos de materia: protones, neutrones, electrones, neutrinos; son todas del mismo tamaño, pero algunas están más cerca de nosotros; son la interacción por medio de cuatro fuerzas: gravedad, electromagnetismo, fuerza nuclear fuerte y fuerza nuclear débil; son los únicos dioses, y entre ellos el sol es el primero; son los cazadores de avestruces, que están fuera toda la noche y al amanecer se apiñan cerca del sol para calentarse, y por eso son invisibles; el rocío y la escarcha desciende de las estrellas; los vientos, calientes y fríos, proceden de las estrellas; las estrellas descienden del cielo al regazo de una doncella; son las ascuas del fuego de la creación; nunca cambian; son las blancas tiendas donde vive el Pueblo de la Estrella; son los innumerables ojos de Varuna, que monta por el cielo a Makara, mitad ave y mitad cocodrilo, o mitad antílopoe y mitad pez; son lo que está en un estado de cambio continuo; se les debe ofrecer sacrificios para que traigan la lluvia; son las Nunca Desvanecidas, con forma de golondrina que se alimentan con el fruto del Árbol de la Inmortalidad, aquel que crece en la isla del Lago del Halcón Verde; brillan, refulgen, tililan, destellan; son deliciosas; son portadoras del mal; son los ojos de Thjasse que Thore arrojó al cielo; son las hormigas blancas del hormiguero levantado en torno al inmóvil Dhurva, que medita eternamente en la profundidad del bosque; son una especie de queso celeste batido hasta acerse luz; son, simplemente son; las estrellas son un enorme jardín, y si no vivimos lo suficiente para presenciar su germinación, su floración su follaje, su fecundidad, cómo envejecen, se marchitan y se corrompen; hay tantas especies que cada etapa está ante nuestros ojos; nosotros y todas las estrellas que vemos sólo somos el átomo en un conjunto infinito; un archipiélgo cósmico; el cielo es como una rueda de molino que gira, y las estrellas como hormigas que andan sobre ella en dirección contraria; el cielo es el dosel de un carruaje, con las estrellas colgando como abalorios suspendidas de un extremo al otro; el cielo es un orbe macizo y las estrellas la iluminación perpetua de los volcanes sobre él; el cielo es de lapislázuli puro, salpicado de pirita que son las estrellas; toda estrella tiene un nombre y un nombre secreto; la única palabra que oímos de ellas es su luz; el hombre nunca abarcará en sus concepciones la totalidad de las estrellas; bajo un cielo estrellado en una noche clara, el poder oculto del conocimento nos habla una lengua que no tiene nombre; la bondad y el amor manan de ellas; de no estar situados en una galaxia, no veríamos estrella alguna; si la gravedad no fuera tan débil, las estrellas serían más pequeñas, y si las estrellas fueran más pequeñas no arderían mucho tiempo, y si no ardiesen mucho tiempo no estaríamos aquí; no tienen elementos fortuitos o aleatorios, ni movimiento errático o inútil; el mal y el infortunio manan de ellas; su existencia es improbable; su infinitud nos induce a contarlas; su maravillosa regularidad está más allá de toda creencia y es una prueba de que en su seno reside la inteligencia divina; el silencio eterno de esos espacios infinitos es aterrador; cuanto más comprensible parece el universo, menos sentido parece tener; todas las estrellas se mueven y brillan para ser con mayor plenitud lo que son: la luz emite luz porque es su naturaleza; el conocimiento de las estrellas es fundamental para la comprensión de los poetas; si las estrellas no irradiaran luz, estallarían; después de la muerte las almas habitan en las estrellas: el resplandor de una nueva estrella podría indicar, por tanto, que el alma de un gan hombre o mujer ha llegado a su destino; "desastre" significa "infortunio astral"; la única explicación de por qué hay tantas estrellas que no podemos ver es que el Señor las creó para que otras criaturas, más alejadas, las admiren a una distancia más próxima; somos el centro del universo material, pero estamos en el perímetro del universo espiritual, condenados a ver de lejos el espectáculo de la danza celestial; a diferencia de los otros animales, el hombre fue creado para estar erguido y así poder contemplar las estrellas; el rey Arturo está allá arriba, a la espera de su regreso para gobernar de nuevo Inglaterra; allá está K'uei, el brillante erudito nacido con un rostro espantoso; allá arriba están el Pesebre, la Niebla, la Nubecilla, la Colmena; mira: la Torre de Babel y la Dicha de las Tiendas; allá arriba están los salteadores de caminos y las palomas que llevan ambrosía a los dioses, y los ginetes gemelos de la aurora; allá arriba, la hija del viento llora a su marido perdido en el mar; allá está el Río Fuerte y el Palacio de los Cinco Emperadores, el Criadero de los Perros Ladradores, el Camino de Paja, la Vía de las Aves, el Río Serpiente de Polvo Centelleante; allá arriba están las ninfas que lloran a su hermano Hyas, muerto por un jabalí, y cuyas lágrimas son estrellas fugaces; están las Siete Torres Portuguesas, el Mar Hirviente, el Lugar de la Reverencia; mira: las Avestruces amigas; Casiopea, reina de Etipoía, que se creía más hermosa que las Nereidas, está allá, así como su desventurada hija Andrómeda, y Perseo, que la rescató con la cabeza de Medusa colgada de su cinto, y el monstruo Cetus, al que dio muerte, y su cabalgadura, el caballo alado Pegaso; allá está el toro que ara el Surco de los Cielos; allá arriba está la Mano Teñida con Alheña, el Lago de Plenitud, el Puente Vacío, la X Egipcia; y una vez hubo una niña que se casó con un oso, y horrorizados su padre y hermanos mataron al oso, y ella se convirtió en oso y mató a sus padres y persiguió a sus hermanos a través de las montañas y a través de los arroyos, y los acorraló ante un árbol hasta que el más pequeño apuntó a lo alto con su arco mágico y cada hermano tomó una flecha y fue disparado al cielo, y se volvió estrella; allá arriba; allá arriba está la Carnicería, el Sillón, la Bandeja Rota, el Melón Podrido, la luz del Paraíso; Hans el cochero, que llevó a Jesús, está allá, y el león que descendió de la luna en forma de meteoro; allá arriba, una vez al año, diez mil urracas forman un puente para que la Tejedora pueda cruzar el Río de la Luz y reunirse con el Boyero; están las trenzas de la reina Berenice, que sacrificó su cabello para asegurar la protección de su esposo; allá arriba hay una nave que nunca llega a puerto seguro, y el Susurrador, el Sollozante, el Alumbrador de la Gran Ciudad, y mira: el General del Viento; el emperador Mu Wang y su auriga Tsao Fu, que fueron en busca de los melocotones del Paraíso de Poniente, están allá; la hermosa Calisto, condenada por los celos de Juno, y la diosa Marichi, que conduce su carro tirado por los jabalíes a través del cielo; allá está la Cabra de Mar, el Elefante Danés, el Largo y Azul Tiburón Devorador de las Nubes y la Serpiente de Hueso Blanco; allá arriba está Teodosio convertido en estrella y la cabeza de Juan Bautista convertida en estrella y el aliento de Li Po, una estrella a la que sus poemas hacen brillar más; están las Dos Puertas, una por las que las almas descienden cuando cuando están listas para entrar en los cuerpos humanos, y la otra por la que ascienden a la muerte; allá un puma salta sobre su presa, y un Dragón Amarillo sube las Escaleras del Cielo; allá arriba está la Mujer Letrada, la Doncella Glacial, las Hijas Húmedas y la Cabeza de la Mujer Encadenada; allá está el Camello Sediento, el Camello Esforzado en Busca de Pastos y el Camello que Pasta Libremente; allá está la Corona de Espinas o la Corona que Baco le dio a Ariadna como regalo de bodas; mira: el Ombligo del Caballo, el Hígado de León, los Cojones de Oso; allá está Rohni, la Gacela Bermeja, tan hermosa que la luna, aunque tenía veintisiete esposas, sólo la amó a ella; allá arriba el Proclamador de la invasión de la Frontera, el Niño de las Aguas, el Montón de Ladrillos, la Exaltación de los cadáveres Apilados, El Excesivamente Minúsculo, el Lago Seco, los Sacos de Carbón, los Tres Guardianes del Heredero Forzoso, la Torre de las Maravillas, la Silla Volcada; allá arriba hay una nube de polvo que levantó un búfalo, y el aliento vaporoso del elefante que yace en las agua que rodean la tierra y el agua fangosa removida por una tortuga que nada a través del cielo; allá arriba está el círculo roto que es un plato desportillado, o un bumerán, o la entrada a la cueva donde duerme el Gran Oso; allá arriba están los dos asnos cuyo rebuzno causó tal barullo que ahuyentó a los gigantes que fueron recompensados con un lugar en el cielo; allá está la Estrella de Mil Colores, la Mano de la Justicia, la Vía Simple y Uniforme; allá está el Doble Doble; allá el Hostal de Carretera; allá el Paraguas del Estado; allá la Cabaña del Pastor; allá el Buitre; mira: el Abanico para Aventar allá el Creciente Menguante; allá la Corte de Dios; allá el Fuego de la Codorniz; allá el Buque de San Pedro y la Estrella de Mar; allá: mira: arriba: las estrellas.


Lecturas:

Eliot Weinberger, Algo Elemental. Siruela 2010


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Vincent Van Gogh, Noche estrellada

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lunes, 12 de julio de 2010

Extinción

Imagen de la video-instalació The Crossing


Tras la extinción salí
Y ahora soy eterno, aunque no como yo,
Y sin enbargo ¿quién soy yo, oh Yo, sino Yo?

Shustari, poeta andalusí



The Crossing (El tránsito) es una vídeo-instalación con sonido del artista Bill Viola realizada en 1996. En ésta obra, sobre dos pantallas una de espalda a la otra, se proyectan simultáneamente dos vídeos en los que aparece el mismo hombre avanzando hacia el espectador, en medio de una total oscuridad. En una de las pantallas, el hombre, al detenerse, separa los brazos del torso mientras comienzan a surgir llamas que lo envuelven extinguiedo su cuerpo progresivamente. Al término del vídeo, el cuerpo desaparece al tiempo que se apagan las llamas. En la otra pantalla, el mismo hombre avanza también, frontalmente, hacia el observador y abre a su vez los brazos, mientras una cascada de agua cae sobre su cuerpo, que como el agua misma, acaba finalmente por desaparecer.
Bill Viola (n. 1951) ha demostrado un gran interés por la literatura visionaria y mística, realizando obras a lo largo de su dilatada trayectoria artística donde de forma especial los referentes sufíes son manifiestos. El interés del artista por la mística musulmana le lleva a introducir en sus escritos citas de maestros del sufismo como Qazāli, Ibn `Arabi, Shabestar y sobretodo de Rumi. En el video que dejo a continuación sólo aparece la pantalla de la "extinción" por medio del agua, podemos hacernos una idea de lo que se proyectaba en su reverso por la imagen anterior donde aparece la persona envuelta por el fuego.





En The Crossing, encontramos una escenificación de lo que podríamos entender como una muerte iniciática (mors mística) voluntaria, donde el cuerpo del hombre es extinguido en el umbral del Uno. En esta obra la pobreza mística (faqr) y la extinción o aniquilación (fanâ') , tan presentes en la mística sufí, están expresadas por medio de los elementos del fuego y el agua, simbólicamente, purificadores del corazón. Según Rumî, en el corazón del místico, centro simbólico del hombre, opera una verdadera alquimia espiritual tipificada por el color rojo del fuego del incendio del alma. Solo después de haberse despojado de su condición creatural se puede alcanzar la unidad del alma con el Uno, paraíso espiritual de la reunión con el Amado, anunciado por el fresco verdor ante la proximidad de Su presencia divina:

Lo más extraño es que, en este corazón llameante,
hay tantas rosas, verdor, jazmines.
Por este fuego, el jardín se vuelve más verdeante,
de tal manera que el agua está unida a la llama.
¡Oh! alma mía, tú permaneces en la pradera.

Y en otro lugar

Purifícate a ti mismo y conviértete en polvo,
con el fin de que de tu polvo puedan crecer flores.
Si te conviertes en flor, sécala y arde alegremente
con el fin de que de tu abrasamiento surja la luz.
Si por el abrasamiento te transformas en cenizas,
tus cenizas se convertirán en la piedra filosofal.
Mira esta piedra filosofal que se halla en lo Invisible
que te ha hecho nacer a partir de un puñado de polvo.

Otro místico sufí, Abî-l-khayr, en su obra "Las cuarenta estaciones del alma" expresa también en términos alquímicos el viaje interior hacia la unión con la divinidad:

La vigésimo primera estación es la extinción (fanâ').
Hacen fundir sus egos en el crisol de la aniquilación, y se vacían de todo aquello que no sea Él. Sus lenguas ya no narrarán más asuntos de este mundo. Solo pronunciarán Su Nombre. Sus cuerpos no se moverán más que para obedecerlo y sus mentes no estarán activas más que para Él.

En unos versos del poema de San Juan de la Cruz "Llama de amor viva" encontramos también expresada la mística combustión interior como expresión del deseo de unión con el Amado.

¡Oh llama de amor
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
.

El amor, como sufrimiento y gozo al mismo tiempo, simboliza la pérdida de la conciencia del ego, y en la medida de ese aniquilamiento se da la unión con el creador. La separación entre sujeto y objeto se anula como en el acto de amor físico, disolviéndose y desapareciendo en esa entrega.

La historia de las polillas (cuento de tradición sufí)

Una noche, varias polillas ardientes de deseo
se reunieron para comprobar si todas compartían
la misma obsesión.
"¿Cómo podemos saberlo?", se preguntaron,
y convencidas de que la verdad poseían
a una de sus congéneres enviaron en busca de información
que pudiera saciar su curiosidad.
De un extremo a otro recorrió esta polilla los velos de la noche
hasta que logró divisar la llama de una vela en la torre de un castillo.
Al regresar junto a sus compañeras relató ante ellas su asombro,
pero una de las polillas, que era sabia, dijo que la mensajera
nada había comprendido sobre el candil, y envió a otra a investigar.
Con la punta de sus alas logró la segunda polilla tocar la llama,
pero a las demás confesó que el calor la había ahuyentado
y la verdad aún ignoraba.
Una tercera emprendió entonces el vuelo, tan intoxicada de amor
que se arrojó al fuego y allí pereció, consumida.
La sabia, al ver que la llama envolvió como un guante
el fulgurante cuerpo de su compañera, dijo a las demás:
"Esa polilla sabe ahora lo que jamás podrá decir
ni idioma alguno conseguir revelar."


En esta últimas pálabras encontramos el verdadero significado del "secreto iniciático", que es secreto por la imposibilidad de narrar la experiencia manteniéndose en el interior de cada uno. Hâfez Shirazi utiliza la misma metáfora; en este caso, con una mariposa, quien atraída por la luz de la vela sólo colmará su deseo extinguiéndose en ella:

El fuego del corazón prendió en el pecho y ardió doliente por el Amado.
Un fuego había en la casa que la morada quemó.
La distancia del Amado hizo arder mi cuerpo.
Separado de su rostro, un fuego mi alma quemó…
Mira arder mi corazón, mira el fuego de las lágrimas.
El corazón de la vela, como mariposa, anoche, de compasión se quemó.
.
En unos versos del poeta persa Abusaíd Abuljair (967-1043) aparece nuevamente la mariposa. Como ejemplo de paralelismo simbólico, recordemos que mariposa y alma (Psique), en griego se dice igual.

El día que se encendió aquel fuego del amor,
el amante del amado a inflamarse aprendió.
Del amado partió la llama y el sufrimiento.
Sólo ardió la mariposa cuando la vela prendió.

En otros versos también de Abuljair encontramos la paradoja de la indiferenciación entre amante y Amado.

Mi cuerpo se tornó lágrima y el ojo lloró.
Sin cuerpo hay que vivir en tu amor.
Ni huella quedó de mí, ¿a qué se debe este amor?
Me convertí en el amado. ¿Quién es él, quién soy yo?

Si el corazón la vía del amor no sigue, ¿qué hará?
Si el alma no busca el reino del encuentro, ¿qué hará?
Y en el momento en que el sol llegue al espejo,
si el espejo no dice "soy el sol", ¿qué hará?
.
El corazón pulido, purificado por el fuego de la ascesis, es transformado en un espejo donde se refleja lo divino, múltiples teofanías metamorfoseadas de una única Luz por las que se transparenta el Ser que oculta su propia transparencia. En palabras nuevamente de Rumi:

Pues aquel que se ha despojado de sí mismo ha desaparecido [en Dios]…
Su forma se ha desvanecido y se ha convertido en un espejo…

En el simbolismo del Ave Fenix, hallamos ese mismo "transito" de la extinción del cuerpo, inprescindible para alcanzar la inmortalidad en el Uno como está bellamente expresado en este pasaje que aparece en el preludio de un ensayo (El Tórtolo y Fenix, ed. Herder) sobre el poema de William Shakespeare "La tórtola y el Fénix", de innegable sentido hermético.


Feliz quien, como al ave fénix, en Sí mismo, al fin, la eternidad lo cambia. Fénix no fenece: se purifica en el hogar que ella sola fabrica. Consonante con el elemento que la forma, el sol, piadoso, prende la pira. Cercada por las llamas, ella aviva el fuego con su aleteo y, reducido a cenizas, resurge ensimismada, infinita.


Son muchos las referencias que se pueden encontrar en torno a éste simbolismo, tanto en la tradición sufi como en otras, la lista sería muy larga. Como punto final dejo también estos bellos versos del poema titulado El maestro, de El Sheiq Ahmad Al-'Alawî, no sin antes animar a los lectores de Fragmentalia a añadir algún "Fragmento" más a los aquí recopilados.

Cuando aparece el infinito tú desapareces
pues "tú" no has sido nunca, ni siquiera un instante.
Tú no ves quién eres, pues tú eres, pero no eres "tú".
Subsistes, pero no como tú mismo; no hay más fuerza que la de Dios.
Después de tu extinción en la Eternidad nacerás,
sin fin en la Eternidad de la Eternidad te afirmas,
en la cima de toda Altura; ¿pues no es cuando están Cara
a Cara con la Verdad cuando nuestros caballeros desmontan?
.
Y una más de Ibn Arabi perteneciente a su obra Taryuman Al-Aswaq (El intérprete de los deseos)

Entre el agua y el fuego se halla el amante


Escultura de Joaquín Huertas, 2003. Altura 54 cm.

martes, 20 de abril de 2010

Collar Persa

Virgen María con el niño Jesús. Miniatura persa

Te llamé desde la puerta:
"Los místicos se están reuniendo
en la calle. ¡Sal!"
¡Déjame en paz.
Estoy enfermo!
"¡Como si estás muerto!
¡Ha venido Jesús y quiere
resucitar a alguien!"

****
Jesús a lomos de un burro escuálido,
un emblema de cómo el intelecto racional
debería controlar el alma animal.
Que tu espíritu
sea fuerte como Jesús.
Si esa parte se debilita,
entonces ese burro enjuto se transforma en un dragón.(...)

Rumi (1207-1273) Poeta persa


El loco (Majnún)

Majnún con los animales

"Se había vuelto un salvaje para los de su propio género, pero ni siquiera un salvaje está enteramente solo en este mundo; incluso un Majnún (un loco) tiene compañeros. Los suyos eran los animales. Habia penetrado como un extraño en sus dominios, pero no los había cazado. Se había introducido en sus guaridas sin echarlos a ellos. Al igual que los animales, temía a los hombre y huía cuando estos se aproximaban. ¿Creian, pues, los animales que Majnún era un animal? No del todo; notaban que era distinto. Poseía un extraño poder, que no era como el del león, la pantera o el lobo, pues él no cazaba y devoraba animales más pequeños. Al contrario, si encontraba a uno de estos cogido en una trampa, le acariciaba el pelo, le hablaba hasta que se había tranquilizado y luego lo soltaba. ¿Por qué? ¿Que clase de animal era? ¿Quien podía entenderlo? Se alimentaba de raices, hierba y fruta, pero incluso de eso comia frugalmente, y no demostraba ningún miedo a los temibles animales carnívoros de cuatro patas que podían despedazarlo y devorarlo con la mayor facilidad. Sin embargo, no lo hacían. Para sorpresa de todos, Majnún no fué nunca amenazado por ninguno de los animales que cazan en las estepas y los desiertos. Se acostumbraron a su presencia; les atraía, incluso. Al husmearlo de lejos, se le hacercaban volando, corriendo trotando y reptando, describiendo círculos cada vez más cerrado a su alrrededor."

Miniaturas y fragmento de la leyenda de Layla y Majnún, elaborada en el siglo XII por el poeta persa Nizami a partir de versiones árabes que se remontan al siglo VII de nuestra era. (Versión Olañeta Editor)

La duda de las aves
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Miniatura persa, s. XIX

El coronado entona: "Devéis desear de corazón, más allá de la tentación de las palabras y el conocimiento de las estrellas. Debéis querer con todo vuestro ser y estar seguros de vuestra esencia, que primero tendréis que hallar en lo más profundo de vosotros para el oro extraer de vuestras almas y comenzar a recorrer el camino. Si incapaces sois de digerir un sol grano y de beber una copa de vino, ¿cómo pensáis en sentaros a la mesa del Simurg? Si os ahogáis en una gota de agua, destruida por el roce de una mano, jamás aprenderéis a sondear las profundidades ni a ascender a las alturas del paraíso que os espera y decís buscar. Debeis aprender la bondad de la perplejidad, a recuperar la sorpresa en vuestro corazón y vuestra mirada, a reconocer lo verdadero." Los pájaros reflexionan sobre este discurso, y con las crestas cubriéndoles los ojos responden: "Somos débiles átomos, a la deriva, carentes de ingenio para buscar o reconocer a quien sobre todo se alza y sin embargo vive en nuestro interior. No podemos buscar lo que no comprendemos. Él es Salomón, el Arca que a todos nos contiene, y nosotros seres periféricos, simples hormigas en el fondo del abismo que escarban en la oscuridad. Al gran Simurg no podemos ver ni tampoco hablar de él, pero nuestros corazones laten con fuerza cuando comenzamos a vislumbrar su magnífico Ser, que supera cualquier intercambio mortal o el peso de la visión." El coronado oye estas palabras con cereciente ira: "Carecéis de verdadera aspiración, vuestros corazones no saben distinguir y no dejáis de parlotear mientras jugáis con el fuego; no os dais cuenta de que podríais adentraros en ese misterio lejano y a la vez próximo si sólo os embarcáseis en el amor y partiéseis con los ojos bien abiertos. No vaciléis, dejad atrás la insignificante vida que lleváis. Él es la luz que transporta las sombras que imploran vivir en la oscuridad, pero jamás lo consiguen; su mirada las convierte en aves voladoras donde todo es forma y la sustancia desaparece. Sois sombras de Su palabra. Debéis atravesar este espacio vacío con vuestra alma ensombrecida, y si habláis con la disciplina del amor percibiréis la sombra del Simurg que sois vosotros mismos, y en el desierto encontraréis el camino, ese océano en el que podréis sumergiros en su Ser que mora en vuestros corazones y en las estrellas sin que podáis verlo."

Pasaje de La conferencia de los Pájaros, de Farid ud-Din Attar, Nisapur Irán s. XII

La miniatura persa, por Titus Burckhardt
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Lo que otorga a la miniatura persa un estilo de belleza casi único no es tanto el tipo de escenas que retrata como la nobleza y la sensillez de la atmósfera poética que las impregna.




















Esta atmósfera o modo -por emplear un término con un significado preciso en la música tradicional- concede a veces a la miniatura persa como una reververación edénica, lo que tiene una significación profunda, ya que uno de sus temas básicos, con lejanas raices iranias, es el paisaje transfigurado que a la vez simboliza el Paraíso terrenal y la "tierra celestial", que aunque oculta a los ojos de la caída humanidad, no deja por eso de existir en el mundo de luz espiritual manifiesto para los hijos de Dios.

Paisaje místico, Skiraz s. XIV. Imagen simbólica del paraíso. El río, ahora negro, en su origen era plateado.


Se trata de un paisaje sin sombras, en el que cada objeto es de una substancia sumamente preciosa y donde cada árbol y cada flor son únicos en su especie, como las plantas que Dante sitúa en el Paraíso terrenal, sobre el monte del Purgatorio, y cuyas semillas esparce el viento que sopla perpetuamente en su cima para que generen toda la vegetación de la tierra.
En términos generales, la miniatura persa -a cuyos mejores logros nos estamos refiriendo- no intenta reflejar el mundo exterior tal como suele ofrecerse a los sentidos, con todas sus discordancias y accidentes; lo que describe de modo indirecto son las "esencias inmutables" (al-a'yân at-tabitah) de las cosas, en virtud de las cuales un caballo no es simplemente un individuo de su especie, sino el caballo por excelencia. Lo que el arte de la miniatura intenta captar es esa cualidad genérica. Si "las esencias inmutables" de las cosas, sus arquetipos, no se pueden apreender por estar más allá de la forma, no dejan de reflejarse en la imaginación contemplativa; de aquí la cualidad onírica -más no de sueños vanos- que poseen las miniaturas más bellas; es un sueño claro y translúcido, como iluminado desde dentro.Toda la pintura normal, por añadidura, depende de la intuición para tomar la experiencia sensorial y extraer de ella los rasgos característicos de una cosa o ser concretos con objeto de transcribirlos a elementos adecuados al espacio bidimensional, o sea, líneas u superficies coloreadas. Al artista oriental jamás se le ocurrirá el tratar de dar expresión a la totalidad de la apariencia de las cosas; está profundamente persuadido de la vanidad de semejante empeño y, en este sentido, la ingenuidad casi infantil de sus obras no es otra cosa que sabiduría.Fijémonos de nuevo en la perspectiva, que la historia del arte considera, muy equivocadamente, como sinónimo de visión "objetiva" del mundo. Afirmaremos que la perspectiva de ningún modo está "adherida" a las cosas en cuanto tales, sino al sujeto individual; lo que se percibe se dispone conforme a un orden según el "punto de mira" del sujeto. El orden de las cosas en cuanto tales es su jerarquía en el orden cósmico total, jerarquía que se manifiesta cualitativa y no cuantitativamente. La perspectiva matemática introdujo en el arte el racionalismo y, tras él, el individualismo. Éste cedió luego el paso al individualismo pasional que, con el arte barroco, proyectó sus convulsiones en formas exteriores, hasta que a su vez fue sustituido por un arte cada vez más individualista, que finalmente no retenía más que "impresiones" deliberadamente subjetivas, antes de desintegrarse en la irracionalidad. En contraste con esta evolución del moderno arte europeo, la miniatura persa representa una visión normal de las cosas, pese a sus debilidades ocasionales; es "realista" en el sentido tradicional del término.Debido a su caracter normativo, la miniatura persa puede servir para expresa una visión contemplativa. Esta cualidad en concreto se debe en parte al "milieu" shi-í, en el que la frontera entre la ley religiosa y la libre inspiración es mucho menos marcada que en la sunní. Nos referimos a determinadas miniaturas de tema religioso, como algunas que, a pesar de todas las normas tradicionales, muestran la ascensión (mi'raj) del Profeta a través de los cielos . La miniatura más bella y espiritual sobre este tema es, con mucho, la que forma parte de un manuscrito del Jamsh de Nizami, fechado en 1529-43, durante el período sefévida (imagen de la derecha, clíca sobre ella para ampliar). Con sus nubes retorcidas al uso mongólico y sus ángeles turiferarios que evocan a las apsaras, esta miniatura pone de manifiesto un sorprendente punto de contacto entre el Budismo y el Islam.Al llegar a este punto, es procedente dedicar algunas palabras a aclarar la naturaleza especial del shi-ismo. Lo que lo deistingue del Islam sunní es sobre todo, su teoría sobre el califato, según la cual la autoridad espiritual que el Profeta otorgó a Alí, su sobrino y yerno, se ha perpetuado a través de los santos imams ("modelos" o "guías") de su familia. El último imam históricamente conocido -el duodécimo, según el shi-ismo oficial- no ha muerto, sino que está oculto a los ojos del mundo mientras continua en comunicación espiritual con sus fieles. Esta teoría es una formulación piadosa de una verdad esotérica: en cada momento de la historia, todo mundo tradicional está gobernado por un "polo" (qutb), que es como el corazón, el lugar donde la influencia del cielo se derrama sobre el plano terrenal; coincide con la Presencia divina en el centro del mundo -o de un mundo determinado o, también, de cada alma, según los diversos planos-, pero suele estar representada por el santo, o santos, cuyo rango corresponde a este "lugar" cósmico y divino. Estas breves observaciones dejan ver con claridad que el Shi-ismo implica una verdad de gran sutileza, cuya formulación en términos aceptables para la generalidad conduce irremediablemente a una cierta "mitologización", que es la principal característica de la doctrina shi-í sobre los imams. El recuerdo de la época en que los imams estaban presentes ante los ojos de todos, el fin trágico de algunos de ellos, las ocultacion del último y el deseo de alcanzar la región misteriosa entre el cielo y la tierra donde aún reside éste, otorgan a la devoción shi-í su acento característico, que se podría describir como una aguda nostalgia del paraiso: el estado de inocencia y plenitud que existe en el comienzo y en el fin de los tiempos.


Mezquita del Imam, Isfahan

El Paraíso es una primavera eterna, un jardín siempre en flor, que refrescan aguas vivas; es también un estado definitivo e incorruptible como los minerales preciosos, el cristal y el oro. El arte persa y en especial la ornamentación de las mezquitas safávidas, consigue combinar ambas cualidades: la pureza de las líneas arquitectónicas, la perfecta geometría de las superficies abovedadas y la decoración con formas rectilineas, expresan el estado cristalino; la primavera celestial brota en las flores estilizadas y en los colores frescos, ricos y suaves de los azulejos.


Descripción de la primavera, los amores de Chîrîn y Kosroes

Chîrîn y Kosroes se encuentran en el río


“Cuando el cielo, viejo vestido de azul, hace brotar del verde prado el juvenil tallo y otorga vigor nuevo a todos los jardines para alegria de los mayores y de los que aún son jóvenes, el rosal hace surgir un trono imperial, y la violeta se convierte en una pluma de pavo real. ¡Cuántos pájaros entonan dulces cantos movidos por el amor! ¡cuantos antiguos amores se renuevan! Cuando Chîrîn sembró la alegria en el alma de Kosroes, este bajo mundo prometió un placer renovado: toda la creación se regocija con este amor dichoso, con esta encantadora y gozosa primavera; estallan los cálices del rosal, y la rosa alegre, hace ondear su bandera en el jardín, y el ejército de las ramas se carga de pájaros, y el narciso gira su copa hacia el jazmín y la violeta se sumerge en el torpor que sigue a la embriaguez. El viento del Este aparta el velo del rostro de las mujeres y da nuevos bríos a los seres agotados; el viento del Norte lo llena todo con su clamor y derrama su bálsamo en los nenúfares; el suelo se deja cubrir por un tapiz de anémonas que se hacen cunas para las raspillas; el esbelto ciprés luce su talle en medio del prado, con la corteza herida por su amor al tulipán; la violeta derrama sus bucles sobre los hombros; la albahaca joven muestra su rostro en plena floración y unde el peine entre sus cabellos; el aire expande sobre todo este verdor un perfume de agua de rosas, mezclando las perlas con las esmeraldas. La tierra muestra todo aquello en lo que es rica: hace surgir de su vientre todas las plantas; la joven gacela, ebria de leche, juega junto a su madre sumergida en un mar de hierba, y los faisanes despliegan sus plumas sobre las flores. La fresca primavera se expande desde cada rama, la rosa está preparada para dispersar sus pétalos y el ruiseñor, con sus cantos melodiosos, hace flaquear la constancia de los enamorados. Cuando llega esta estación a acariciar a los amantes, es un gran error permanecer sin amor.Chîrîn y Kosroes, alegres, con el corazón ardiente, recorrian dia y noche todos los parajes encantados, tanto en la pradera, saboreando el néctar, como en las montañas recogiendo flores. Así, yendo de un lado para otro con la copa en la mano, llegaron hasta las orillas del Châhroud. Ataron por allí sus caballos y se sentaron para oír los sones del laúd. El encanto de la sonrisa de Chîrîn llenaba de dulzura el follaje de los rosales como si fueran cañas de azucar; todo el lugar resplandecia como los sauces después de la lluvia de abril, a causa de la belleza de la joven; el valioso ambar gris hubiera palidecido ante sus cabellos ondulados y perfumados de almizcle; sus labios rojos, dulces como la miel, rezumaban azúcar; las rosas, los jazmines, los juncos de la ribera, se rindieron hechizados por la pureza de su risa.”

Miniatura persa y fragmento de la leyenda de los amores de Kosroes y Chîrîn, perteneciente a 'Los cinco Tesoros' de Nizami (Versión editorial Sufí)

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Una vez más, cerca de la cima de montaña
aparecen los dulces rasgos de la anémona.
El jacinto se dirige educadamente al jazmín:
"La paz sea contigo". "Y contigo, amigo!
Ven conmigo a pasear por esta pradera".
Asimismo, ¡hay sufíes por todas partes!
La flor es tímida pero, de repente,
El viento le aparta el velo: "¡Amigo mío!"
El Amigo está aquí como agua en el río,
Como el loto en el agua.
El narciso la hace un guiño a la glicina:
"Cuando tú digas".
Y el clavo al sauce:"Tú eres el que
Estaba deseando". El sauce le contesta: "Considera
Tuyos estos mis aposentos. ¡Bienvanido seas!"
La manana: "¡Naranja! ¿A qué se debe ese fruncir el ceño?"
"Para que los que tengan malas intenciones
no se percaten de mi belleza".
La paloma torcaz viene y pregunta: "¿Dónde,
Dónde está el Amigo?"
Con una nota, el ruiseñor
Le señala la rosa.
Una vez más ha venido la 'estación' primaveral
Y bajo todo surge un manantial,
Una luna que se desliza desde las sombras.
Deben quedar muchas cosas por decir porque es tarde,
Pero cualquier conversación que no hayamos tenido
Esta noche, la tendremos mañana.

Rumi


Fiesta Derviche en una pradera florida


El pasado día 21 de Marzo se celebró el "Nowrûz", el año nuevo persa, coincidiendo con la entrada de la primavera, festividad muy arraigada en el sufismo oriental.