Foto: Trencadís (cerámica fragmentada) en el Parc Güell de Barcelona

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domingo, 14 de diciembre de 2014

La cábala de Robert Fludd


Selecciono en esta entrada algunas imágenes analizadas por Joscelyn Godwin sobre los estudios que Robert Fludd dedicara a su visión de la Cábala. Ayudado por los grabados de esquemas cósmicos que acompañan sus escritos, el gran esoterista inglés expondría los principios que gobiernan el Universo y su imagen microcósmica, el hombre. Para ello, básicamente seguiría los postulados expuestos con anterioridad (a principios del Renacimiento) por el discípulo de Marsilio Ficino, Pico della Mirandola. Éste, en palabras de Frances Yates: "...fue el primero que, intrépidamente, formuló una nueva posición para el hombre europeo, el hombre como mago que utiliza la magia y la Cábala para actuar sobre el mundo, para controlar su destino mediante la ciencia". Pico uniría en sus Conclusiones mágico cabalísticas -un catálogo de creencias del mago del Renacimiento-, la tradición esotérica de la mística judía conocida como la Cábala, al hermetismo, el neoplatonismo y la magia. La Cábala sienta las bases de su doctrina de las veintidós letras divinas del alfabeto hebreo y las diez Sephirot, a partir sobre todo del Sefer Yetsirah (Libro de la Creación) escrito por un judío neopitagórico entre los siglos III y IV de nuestra era. Las Sephirot son representaciones simbólicas de las emanaciones o poderes angélicos por las que se despliega el poder creador de Dios. 
Son dispuestas gráficamente en un diseño que las interrelaciona formando el  Árbol de la Vida, un esquema donde se representa la ascensión a traves de diez niveles que sube desde la esfera más baja (Malkhut) del ser hasta la Fuente Divina (Keter), abarcando todas las posibilidades de existencia. El Árbol cabalístico sería -siguiendo a Frances Yates-, un soporte para la meditación mediante el cual se articulan las jerarquías del universo, un medio por el que imaginar el universo ordenado y así, interiorizándolo, organizar la psique como escalera hacia Dios. Subiendo a través de la meditación los peldaños sefiróticos, el cabalista se acerca con seguridad a la unión con Dios. Por otra parte, dentro de una compleja filosofía religiosa, la Cábala judía sería cristianizada al considerar a Cristo como figura central y mediador para alcanzar un prometido retorno a la primigenia religión universal de la que se originaron todas las religiones. De esta forma, el cristianismo se otorgaría una papel predominante ante otras religiones.

Los grabados pertenecen a Utrisque Cosmi Historia II (UCH II) 1619, Philosophia Sacra et vere Christiana (PS) 1626, e Integrum Morborum Mysterium (MC II) 1631.



Robert Fludd
Claves para una teología del Universo
(fragmentos)
por
Joscelyn Godwin



UCH  II, b, f. A3

"Bajo tus Alas, jehová"
El rey David se arrodilla ante el Más Alto diciendo: "Bajo la sombra de tus alas me regocijaré" (Salmos 63, 7). El tema recuerda el manifiesto rosacruz de 1614 (el Fama) que terminaba con palabras semejantes: "sub umbra alarum tuarum JEHOVA". Las nubes se han separado para permitir que David vea directamente el Tetragrammaton, la palabra impronunciable a la que los hebreos aluden como Adonai (el Señor) o simplemente como ha Shem (La Palabra); Fludd generalmente emplea estas letras hebreas para representar a Dios en sus diagramas. Para el cabalista se acomodan fácilmente a la doctrina de la Trinidad: las tres letras diferentes י Yod,  ה He, ו Vau, se interpretan como Padre, Hijo y Espíritu Santo. La presencia de dos letras procede del Padre y del Hijo; (...)



UCH  II, b, pág. 8

El Tetragrammaton en el Macrocosmos
"Dice Hermes que el mundo es una imagen de Dios, y también Moisés afirma que el hombre está hecho a semejanza de Él. De ahí que todos los cabalistas remitan estos reinos inferiores al arquetipo. Esta lámina muestra cómo el Nombre inefable está impreso  en el universo: por encima de todo y más allá de todo está la Yod, la letra de la que todo procede y que esconde en sí misma todo el Nombre. De ella emana el mundo empíreo simbolizado por la He. El Salmista dice que Dios tiene su tabernáculo en el Sol y esto lo podemos interpretar así: Dios forma en torno al Sol el mundo etéreo (Vau) separando el empíreo del He inferior, el mundo elemental". La lámina indica también cómo se forma paso a paso el nombre completo de Dios: I, IH, IHV, IHVH. Aunque Fludd no lo menciona, éstos son también los cuatro mundos de los cabalistas: Atziluth, el "mundo puro", Briah, el mundo de la creación, Yetzirah, el mundo de la formación y Assiah, el mundo material.



UCH  II, b, pág 8

El Tretragrammaton en el Microcosmos
Del mismo modo que las facultades del hombre corresponden a las regiones del universo, también pueden verse como manifestaciones del divino nombre. Yod es la mente más elevada que no está contenida en el cuerpo físico; por ello se encuentra sobre la cabeza del hombre, del mismo modo que en la lámina anterior Yod se encuentra por encima del universo manifestado. He, Vau y la He inferior son respectivamente el intelecto, la vida y la facultad natural. (...)



UCH  II, b, pág. 42

El Misterio del Número 5
La falta de claridad del grabador al trazar los caracteres hebreos se ve complicada por una de las explicaciones más confusas de Fludd. La lámina parece representar el descenso del Espíritu  de Dios a la categoría de manifestación y el ascenso del alma a través de las jerarquías del ser hasta Dios expresado en numerología cabalística. La corona es Kether, el primer principio de la Cábala, que puede designarse mediante la primera letra del alfabeto hebreo, el Aleph    o  bien mediante la letra esencial Yod . En la imagen superior, las letras de la izquierda deberían ser la progresión alfabética a partir del Aleph:   Beth,   Gimel,   Daleth,   He. Éstas poseen valores numéricos del 1 al 5 y se alinean con la jerarquía cósmica:
1, 2, 3: Dios, ángeles  4 : Estrellas fijas, Saturno, Júpiter, Marte
  5 : Sol
  6 : Venus, Mercurio, Luna
7, 8, 9 : Región elemental
El Sol, número cinco, es también equivalente a la He inferior, o He segunda del Tetragrammaton: es el tebernáculo de Dios en el centro del universo.
A la derecha la serie es   Yod,    Mem,   Heth,   Daleth,   Resh. Mientras que el Aleph es el "Aleph Oscuro" símbolo de vacío último antes de la creación, Yod es el "Aleph Luminoso": Dios como Creador. Mem y Heth son "el resto de la oscuridad, de la que se hace la creación", Daleth es "la puerta por la que la sabiduría entra en el mundo" y Resh es "la vida que se produce en el mundo gracias a esa sabiduría".
En la figura inferior pueden verse las alas protectoras de Dios consideradas el objeto de los mortales. El orden de las letras de cada lado está invertido y en la columna central puede leerse: Yod, He, Vau, Aleph: las dos letras "formales" rodean la las dos letras "materiales". Esto es una aproximación de "JEHOVA" (véase primera lámina).



Omnipresencia de Dios (UHC II, b, página 74)
Las láminas anteriores podrían dar la imresión de que la Tierra queda privada de las emanaciones de Dios. Los diagramas de Fludd a menudo la representan como una densa esfera en el centro excluida de los planos celestiales. Esta lámina muestra las cuatro letras del Tetragrammaton relacionadas como antes con Dios y con los tres mundos. Las copiosas citas que Fludd ofrece respecto a la esfera inferior (La Tierra material) nos dan un nuevo punto de vista: "El Espíritu del Señor llena el mundo" (Sabiduría 1, 7) "Dios está por todas partes en el cielo, en el infierno, en las profundidades del mar, en la noche, en la oscuridad" (paráfrasis del Salmo 139); "Reconoce, pues, hoy y resuelve en tu corazón que Yavé sí que es Dios arriba, allá en los cielos, y abajo, aquí sobre la Tierra; y que no hay otro, sino él" (Deut, 4, 39).




PS, pág. 170

La Emanación de los Sephirot
Aunque Dios es Uno en sí mismo, es percibido de muchas manera y llamado por muchos nombres. Estos nombres corresponden a algunos de sus inagotables atributos. Concretamente diez nombres dan la clave a un posible símbolo del esquema universal por el que están hechos los mundos: la décuple emanación que se conce en la Cábala como Sephiroth. Aquí los nombres de Dios se dan en hebreo y resultan intraducibles. Los nombres se manifiestan como los diez Sephiroth designados con estos engaños, aunque habituales, términos: (1) Corona, (2) Sabiduría, (3) Prudencia, (4) Misericordia, (5) Poder, (6) Gracia, (7) Triunfo, (8) Honor, (9) Redención y (10) Reino. Para Fludd esto es otra muestra de la multiplicidad de los aspectos de Dios y su descenso al mundo creado.



UCH  II, b, pág. 11

Los mundos de la Balanza
Otra ordenación del Tetragrammaton nos muestra la Yod como la Divinidad Suprema que sostiene la balanza. El fulcro (la base del fiel) es el Sol, situado en el centro del mundo etéreo: punto de equilibrio en el centro del universo unido directamente a Dios. La balanza de la izquierda se eleva  porque representa el cielo empíreo hecho de "liviano fuego"; el platillo de la derecha desciende al ser la "pesada tierra" del reino elemental.



PS, pág. 174

Creación de la Sabiduría
La segunda palabra de los Sephiroth, Hokhmah, suele traducirse por "Sabiduría". Surge de la inefable Corona (Kether) henchida de las ideas del universo, que irradia como un sol. Aunque estas ideas tienen que atravesar los otros ocho Sephiroth antes de poder manifestarse realmente como seres creados, Fludd las muestra viniendo directamente de Hockmah y llenado el universo. (...)
Las creaciones de la Sabiduría son (de izquierda a derecha desde arriba) las estrellas fijas, Saturno, Marte, Venus, la Luna, el viento, las nubes, el trueno, la nieve, el hielo, los vegetales, los minerales, los animales, el hielo, el granizo, la lluvia, los relámpagos, otra vez el viento, los cometas, Mercurio, el Sol, Júpiter y los ángeles. Obsérvese que los vientos se hallan en el diámetro horizontal ilustrando la opinión de Fludd de que son mediadores entre el mundo etéreo y elemental.



UCH  II, b, pág. 181

El árbol de los Sephiroth
En la particular interpretación que hace Fludd del tradicional árbol de los Sephiroth, sitúa las diez emanaciones a cada lado de un tronco central donde está escrito el Tetragrammaton. Las cuatro letras corresponden a la disposición tradicional de los Sephiroth según los cuatro mundos (véase la tercera lámina): Atziluth contiene uno, Briah los dos siguientes, Yetzirah, seis y Assiah los dos últimos. Pero la columna central debería incluir también Tifereth y Yesod.
Cada Sephira recibe su nombre hebreo, su traducción latina, el nombre correspondiente a Dios y, en algunos casos, la interpretación trinitaria. Sumamente interesante para Fludd es la emanación de Malkuth, de la que brotan diez ramas que a su vez llevan los nombres de los Sephiroth. Están emparejados con los nombres cristianos tradicionales de los nueve órdenes de ángeles (querubines, dominaciones, virtudes, arcángeles, serfines, ángeles, principados, poderes y tronos) y "Alma" corresponde al segundo Malkuth. Así el supremo árbol de los nombres de Dios queda reflejado en la jerarquía angélica apoyando la teoría de la correspondencia universal.



UCH  II, b, pág. 198

La constitución del Hombre
Esta lámina y las dos siguientes derivan de la idea cíclica (...). Todo comienca en la oscuridad de la potencialidad, emerge a la luz y vuelve otra vez a la oscuridad. El punto inicial de estos círculos está siempre en la parte inferior y avanza en el sentido de las agujas del reloj. Los anillos exteriores son los arquetipos del todo; el primero dice: "Movimiento desde la nada de la potencialidad del acto de la generación, al origen de la vida; el día de la generación y la continuación de la vida; el comienzo de la corrupción; el final de la vida". Los dos círculos siguientes muestran estos arquetipos tal como los expresan los cabalistas, en letras hebreas. Yod es el Padre Absoluto envuelto en una oscuridad incomprensibles que se manifiesta a través del Hijo y del Espíritu. Los dos Aleph, claro y oscuro, son sus aspectos positivos y negativos. "Aleph significa la oscuridad de la que surge la luz no creada. Corresponde a Yod, la virtud del Tetragrammaton. Mem es el símbolo de las aguas creadas, que el Espíritu, Shin, divide en gruesas y sutiles por la interposición del firmamento. Por ello, en el Tetragrammaton, Vau divide las dos He. A Aleph, Mem y Shin se les llama las tres Letras Madre, ya que, como la cera, reciben la impronta de las tres letras masculinas Yod, He y Vau". Los círculos interiores reflejan estos procesos tal como se manifiestan en el microcosmos a través de elementos psíquicos, sustancias sutiles y materiales, condiciones metereológicas, humores y órganos "a partir de todo lo cual está hecho el hombre".



UCH  II, b, pág. 198

La Constitucióndel Mundo
Los mismos principios gobiernan la creación e historia del macrocosmos. El tercer anillo comienza con la potencialidad que, por la influencia del Aleph Claro, da lugar a las aguas superiores o cielo empíreo, hecho de la sustancia de la luz que es la actividad perfecta. Correspondiendo a él en el lado negativo están las aguas inferiores del espíritu grueso, aliadas de la oscuridad. Los anillos siguientes tratan de los estados de la materia, sustancias vaporosas y gaseosas, fenómenos meteorológicos; y en el centro se condensa el cuerpo animal, vegetal o mineral. Es dificil separar tiempo, espacio, causalidad y correspondencia en este esquema ideal.



MC  II, a pág. 181

Causalidad Universal
Esta lámina es una suma de las dos precedentes realizada por los nombres de Dios, los Sephiroth y los Angeles tal y como se encuentran en la Gran Carta Meteorológica. Su disposición se asemeja a la del "teatro de la memoria" de Giulio Camilo (véase Yates, Theatre of the World) y parece que pretende ser un esquema nemotécnico. Cualquiera que sea la opinión que se tenga sobre sus detalles, ilustra de modo muy apropiado las doctrinas de la emanación, de las correspondencias y del Eterno Retorno.
La teoría de la emanación sostiene que los principios más altos no crean a los inferiores a partir de la nada: emanan como manifestación de sí mismos sobre planos inferiores de existencia. Así, tomando una "cadena" como ilustración, de Vau, Hijo o Palabra arquetípicos, dimana Shin, el Espíritu que se manifiesta como Eloah, el Dios personal. De éste dinama la Gracia: la belleza del universo creada por una clase de ángeles, los llamados Virtudes. Correspondiendo a este principio en nuestro pequeño sistema solar está el arcángel Miguel, cuyo cuerpo físico es el Sol. El Sol nos proporciona nuestra fuerza vital, etc. (los círculo inferiores son vastante discutibles).
La doctrina de las correspondencias afirma que cada nivel de jerarquía del ser, desde el mundo mineral hasta los propios arquetipos, es un reflejo de los niveles superiores. Esto es consecuencia necesaria de la teoría de la emanación, pues de cada arquetipo pende una cadena de ser que desciende al propio fondo de la manifestación. Así, Miguel entre los Arcángeles, es como el Sol entre los planetas, el corazón en el cuerpo humano, o el oro entre los metales. Toda la magia, sea negra o blanca, se basa en esta doctrina, pues supone que las acciones que se efectúan en un nivel tendrán repercusiones en los correspondientes. Los objetos rituales de oro, por ejemplo, facilitarán el descenso de fuerzas solares a la copa, anillo, cetro, etc. y por tanto imbuyen de ellas a quienes los utilizan.
El principio de la ciclicidad es el "Mito del Eterno Retorno": la idea de que el tiempo no es una linea recta que corre sin sentido de infinito a infinito, sino un sistema de ciclos inscrito dentro de otros ciclos, ruedas dentro de ruedas cada una de las cuales gira a semejanza de los superiores, desde las espirales de electrones hasta el nacimiento y muerte de las galaxias. En el plano humano los ciclos se experimentan como día y noche, el retorno de las estaciones, el descendimiento periódico del individuo en la encarnación y el retorno de los períodos de la historia mundial, tanto si uno considera las épocas astrológicas (Piscis, Acuario, etc.) como el ciclo de las cuatro Eras de los hindúes y de los griegos. Todo esto implica una visión del mundo muy profunda que confirma la posición de Fludd entre los verdaderos filósofos esotéricos.


Lecturas:

Joscelyn Godwin, Robert Flud, claves para una teología del universo. Editorial Swan 1987

Frances Yates, El iluminismo Rosacruz. Siruela 2008


Entradas relacionadas:

Robert Flud: macrocosmos y microcosmos

El Arca de Noé de Athanasius Kircher

El poder de las imágenes

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miércoles, 16 de julio de 2014

Agartha

John Martin, Pandemonium (1841)


Desde la Antigüedad aparecen relatos que muestran la curiosidad y fascinación ejercida por las ciudades subterranes excabadas por los hombres donde encontraban su modo de vida. Un ejemplo de ello es la descripción que dejó Jenofonte en Anábisis sobre estas construcciones en Anatolia, que aún hoy en día perduran y alcanzan varios niveles de profundidad como las que se pueden visitar en la región de Capadocia. Entre esas ciudades destacó la de Derinkuyu, originariamente con once niveles capaces de albergar entre tres mil y cinco mil personas conectada por túneles con otras ciudades, lugar donde se ocultaron los primeros cristianos huyendo de las persecuciones religiosas, para más tarde servir para protegerse de las incursiones de los musulmanes. 
En base a estas experiencia reales, junto a distintas teorías ocultistas sobre la Tierra hueca, la Atlántida, Hiperborea y Lemuria, asi como a leyendas de la India donde aparece la mítica Shambala, surgió en el siglo XIX de la mano de algunos escritores el mito de una inmensa extensión desplegada bajo la superficie terrestre denominada Agartha. Auténtico país construido a base de ciudades conectadas entre sí, todo un mundo subterráneo depositario de conocimientos extraordinarios donde de forma oculta se dirige el destino del planeta albergando en lo más recóndito al poseedor del poder supremo, esto es, al Rey del Mundo.
Entre los libros de gran éxito en su época donde se hace referencia a Agartha, recojo algunos analizados por Umberto Eco acompañados con algunos de sus fragmentos. Como veremos, René Guénon también se hizo eco del mito otorgándole un sentido simbólico.



Agartha y Shambala
(fragmentos)
por
Umberto Eco

  (...) El nombre de Agartha apareció por primera vez en la obra de un curioso personaje, Louis Jacolliot, autor de libros de aventuras del estilo de Verne o Salgari, pero más famoso en su época por su extensa obra sobre la civilización india. En Le spiritusme dans le monde (1875) buscaba las raíces indias del ocultismo occidental, y no debió de costarle mucho porque la mayoría de los ocultistas de su época se remitía en gran medida a auténticos o falsos mitos orientales. Jacolliot hacia referencia a un texto sanscrito desconocido para los expertos, Agrouchada-Parikchai, una especie de cóctel que quizá él mismo había reunido a base de pasajes tomados de los Upanishad y de otros textos sagrados, a los que añadió algunos elementos de la tradición masónica occidental. Afirmaba que en unas tablillas sánscritas (nunca especificadas) se hablaba de una tierra llamada Rutas, que había sido tragada por las aguas del océano Índico; aunque luego hablaba del Pacífico y la identificaba con la Atlántida, que debería haber estado en el océano Atlántico, pero como ya hemos visto la Atlántida había sido imaginada un poco en todas partes. Por último, en Les fils de Dieu (1873 o 1871) Jacolliot describía "Asgartha" como un inmenso subterráneo en el subcontinente índio, ciudad del gran sacerdote de los brahmanes.

"El brahman vivía invisible entre sus mujeres y sus favoritas en un inmenso palacio. Sus órdenes a los sacerdotes y a los gobernadores de provincias, a los brahmanes y a los aryas de todos los órdenes, eran transmitidos por medio de mensajeros que llevaban brazaletes de plata grabados con sus armas.
Cuando estos oficiales pasaban por las ciudades y los campos, montados en sus monstruosos elefantes blancos, vestidos de seda adornada con oro, y precedidos de gente corriendo que anunciaba su presencia al grito de "¡ahovata!, ¡ahovata!", el pueblo se arrodillaba al borde de los caminos y no alzaba la cabeza hasta que el cortejo había desaparecido (...)
Los servicios de este representante de dios en la tierra iban más allá de lo que se podría imaginar, y las descripciones que los brahmanes nos han dejadon del palacio de Asgharta superan en mucho las maravillas de Tebas, de Menfis, de Ninive y de Babilonia, que por otra parte no eran más que un débil eco de sus antepasados hindús.
Por último, los fundadores del cristianismo, tras haber copiado del brahmanismo la Trinidad y sus misterios, los nombres y las aventuras de sus encarnaciones, la Virgen madre y, como veremos, el óleo santo y el fuego del altar, el agua bendita y otras ceremonias, quisieron subrayar todavía más su afiliación llevando hasta el extremo el servilismo de su copia.
Después de haber convertido a Ieseus Christa en su Jesucristo y a la virgen Dvanaguy en la virgen María, se inspiraron en el brahmanismo para la figura de su Papa."  (Louis Jacolliot, Les fils de Dieu.)

(...) Cuando Saint-Yves escribe Mission de L'Inde, cuenta que ha recibido la visita de un misterioso afgano, Hadji Scharipf, que no podía ser afgano porque el nombre era típicamente albanés (y la única fotografía que conservamos nos lo muestra vestido con un traje de opereta balcánica); este personaje le habría revelado el secreto de Agartha, la Que no se puede Encontrar.
Como afirmaba también Jacolliot, que tal vez había inspirado a Saint-Yves, en Agartha hay ciudades subterráneas, y
gobiernan el reino cinco mil sabios o pundit. 

John Martin

La cúpula central de Agartha está iluminada desde lo alto por una suerte de "espejos que permiten el paso de la luz solo a través de la gama enarmónica de los colores, de la que el espectro solar de nuestros tratados de física apenas representa la diatónica". Los sabios de Agartha estudian todas las lenguas sagradas del mundo para llegar a la lengua universal, el vattan. Cuando abordan misterios demasiado profundos se separan del suelo y levitan hacia lo alto, y se fracturarían el cráneo contra la bóveda de la cúpula si sus hermanos no lo retuviesen. Esos sabios fabrican los "rayos, orientan las corrientes cíclicas de los fluidos interpolares e intertropicales, las derivaciones de las interferencias de las distintas  zonas de latitud y longitud de la Tierra", seleccionan las especies y crean animales pequeños pero con capacidades psíquicas extraordinarias, que tienen espalda de tortuga y una cruz amarilla sobre ella, y un ojo y una boca en cada extremidad. Aparece por primera vez la idea de una mente dirigente, y sin duda Saint-Yves recibió la influencia de las doctrinas masónicas que reconocían la existencia de unos superiores desconocidos en la base de todos los derechos históricos pasados y futuros. Es posible que parte de la inspiración de Saint-Yves proviniera de textos orientales que describen el reino de Shambala, aunque para muchos ocultistas la relaciones entre Agartha y Shambala son muy confusas. En muchos mapas que son fruto de la fantasía de los defensores de la Tierra hueca, Shambala sería una ciudad que surge en el continente subterráneo Agartha.


¿Dónde está Agartha? ¿En qué lugar preciso se encuentra? ¿Por qué caminos hay que andar, y qué pueblos hay que atravesar para llegar hasta allí? (...)
En la superficie y en las entrañas de la Tierra la extensión real de Agartha desafía la opresión y la coacción de la profanación y de la violencia.
Sin hablar de América, cuyo subsuelo ignorado le ha pertenecido  desde la más remota antigüedad, tan solo en Asia, cerca de quinientos millones de hombres conocen más o menos su existencia y su extensión.
Pero no se hallará ni un solo traidor entre ellos que indique la situación precisa en que se encuentran su Consejo de Dios y su consejo de los Dioses, su cabeza pontificial y su corazón jurídico. (...)
El territorio sagrado de Agartha es independiente, organizado sinárquicamente y compuesto por una población que se eleva a una cifra de casi veinte millones de almas. (...)
Desde ciclos de siglos, cada año, tan solo algunos de los iniciados de alto grado y que solo poseen el secreto de algunas de las regiones, saben el auténtico objetivo de ciertos trabajos, y están obligados a pasar tres años grabando en tablillas de piedra, con caracteres desconocidos, todos los hechos que interesan a las cuatro jerarquías de las ciencias que constituyen el cuerpo total del conocimiento.
Cada uno de estos sabios realiza su trabajo en la soledad, lejos de toda luz visible, bajo las ciudades, bajo los desiertos, bajo las llanuras y bajo las montañas.
Que el lector intente imaginar un colosal tablero de ajedrez extendiéndose bajo tierra a casi todas las regiones del planeta. En cada una de las casillas se encuentran los acontecimientos importantes de la humanidad, en algunas casillas las enciclopedias seculares y las milenarias, en otras por último, las de los yougs menores y mayores. (...)
Mediante los trabajos que ellos realizan, por orden de las potencias cósmicas, el subsuelo nos ofrece ríos subterráneos de metaloides y de metales que nos son necesarios, los volcanes protegen nuestro planeta de las explosiones y cataclismos, y se regula el régimen de nuestros ríos en valles y montañas.
Son también ellos quienes preparan los rayos, retienen bajo tierra las corrientes cíclicas de los fluidos interpolares e intertropicales, así como sus derivaciones interferenciales en las zonas de latitudes y longitudes diferentes a las de la Tierra. (...)
Estos pueblos son los autóctonos del fuego central, son los mismos que visitó Nuestro Señor Jesucristo antes de subir al Sol, para que la redención lo purificase todo, incluso los instintos ígneos de los que se eleva aquí abajo la jerarquía visible de los seres y de las cosas. (...)
Penetremos en este tabernáculo, vayamos a ver al brahatmah, prototipo de los abrámidas de Caldea, de los Melquisedec de Salem y de los Hierofantes de Tebas y de Menfis, de Sais y de Amón. (...)
Excepto los más altos iniciados nadie ha visto jamás cara a cara al soberano pontífice de Agartha. (...)
Es un anciano, descendiente de la bella raza etíope, de tipo caucásico, que después de la roja, y antes de la blanca, sostuvo tiempo atrás el cetro del gobierno general de la Tierra, y talló en todas las montañas esas ciudades y los prodigiosos edificios que encontramos en todas partes, desde Etiopía hasta Egipto, desde las Indias hasta el Cáucaso. (Saint-Yves, Misión en la India)

John Martin

(...) Con bastante retraso con respecto a Sain-Yves, Ferdinand Ossendowski, un aventurero polaco que había viajado a través de Asia central, publicó un libro que alcanzaría un gran éxito, Bestias, hombres, dioses (1923), donde el autor dice que ha sabido por lo mongoles que Agarthi, como la llamaba él, debía situarse debajo de Mongolia, pero el reino se extendía a todos los pasajes subterráneos existentes en el mundo, contaba con millones de súbditos y estaba gobernado por un Rey del Mundo.
En el libro de Ossendowski encontramos muchas páginas que parecen tomadas de Saint-Yves, lo que permitiría al crítico de buen criterio hablar de plagio

"Este reino se llama Agartha y se desarrolla a través de una red de galerías subterráneas que se extiende por el mundo entero. He oido a un sabio lama decir en China al Bogdo Kan que todas las cavernas subterráneas de América están habitadas por el pueblo antiguo que desapareció en el subsuelo. Aún se encuentran huellas suyas en la superficie del país. Estos pueblos y tierras subterráneas están gobernados por soberanos que deben obediencia al Rey del Mundo. (Ferdinand Ossendowski, Bestias hombres y dioses)

Pero los fieles del mito, entre los que se encuentra René Guénon, uno de los más notables pensadores contemporáneos de la tradición, creen que Ossendowski era sincero cuando afirmaba no haber leído nunca a Saint-Yves, y la prueba de su sinceridad sería que la primera edición de Missión de l'Inde (1886) había sido destruida y solo habían sobrevivido dos ejemplares. Lo que no tiene en cuenta Guénon es que la obra fue reimpresa póstumamente por Dorbon en 1910 y, por tanto, Ossendowski habría podido conocerla.
Pero Guénon tendía a considerar a Ossendowski una autoridad indiscutible porque hablaba del Rey del Mundo, al que Guénon proporcionó más fama aún con El rey del mundo (1925). En cualquier caso, a Guénon no le preocupaba demasiado que Agartha existiese físicamente o solo fuese un símbolo, porque se remontaba a mitos interpolares, para los que realeza y sacerdocio debían estar estrechamente unidos (y obviamente una de las tragedias  de nuestro tiempo, el oscuro Kali Yuga, era haber destruido esta unidad). Para Guénon, el título de Rey del Mundo "entendido en su apreciación más elevada (...) es atribuido propiamente a Manu, el legislador primitivo y universal cuyo nombre se encuenta, en formas diversas, en muchos pueblos antiguos".

"Del testimonio concordante de todas las tradiciones se desprende claramente la siguiente conclusión: Existe una 'Tierra Santa' por excelencia, prototipo de todas las demás 'Tierras Santas', centro espiritual al que todos los demás centros están subordinados. La 'Tierra Santa' es también la 'Tierra de los Santos', la 'Tierra de los Bienaventurados', la 'Tierra de los Vivos', la 'Tierra de la Inmortalidad'; todas estas expresiones son equivalentes, y es necesario agregar además la de 'Tierra Pura', que Platón aplica a la 'morada de los Bienventurados'.
Esta morada se sitúa habitualmente en un 'mundo invisible'; pero, si se quiere comprender de qué se trata, no hay que olvidar que ocurre lo mismo con las 'jerarquías espirituales' de que hablan todas las tradiciones, y que representan en realidad grados de iniciación.
En el período actual de nuestro ciclo terrestre, es decir, en el Kali-Yuga, esta 'Tierra Santa' defendida por 'guardianes' que la ocultan  a las miradas profanas asegurando no obstante algunas relaciones exteriores es en efecto invisible, inaccesible, pero solo para aquellos que no poseen las cualificaciones requeridas para penetrar en ella. Ahora bien, su localización en una región determinada, ¿debe considerarse literalmente efectiva, o solo simbólica, o es a la vez lo uno y lo otro? A esta cuestión, responderemos que, para nosotros, los hechos geográficos mismos y también los hechos históricos tienen, como todos los demás, un valor simbólico, que por lo demás, evidentemente, no les quita nada de su realidad propia en tanto que hechos, sino que les confiere, además de esta realidad inmediata, una significación superior. (René Guénon, El rey del mundo)

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Para concluir, transcribo a continuación un fragmento del texto que Joscelyn Godwin dedico a Agartha en su obra El mito polar, donde hace referencia a un caso de acusado delirio (al parecer potenciado por la ciega creencia en el mito de Agartha) padecido por una mujer frecuentadora de los ambientes ocultistas y esotéricos en la Francia de principios del siglo XX.

Un Brahmata en Charenton
por
Joscelyn Godwin


Hay otros desarrollos del mito de Agartha que suscitan más piedad que terror. Está, por ejemplo, la historia de Madeleine V., nacida en 1889 en una acomodada familia francesa. Como muchos visionarios, experimentó visitaciones angélicas ya a los siete años de edad. Después del matrimonio, la maternidad y la muerte de su marido, se entregó con fervor al misticismo católico. Hacia 1930 supo de la existencia de René Guénon y su círculo, leyó todos sus libros y entabló correspondencia con Marcel Clavelle (o Jean Reyor), el representante de Guénon en Francia tras su mudanza a El Cairo. Después de intercambiar como un millar de cartas, Clavelle puso fin a su relación, tras lo cual, en 1937, Madelene se fue a Roma a ver al Papa. Frustrada por no haber obtenido una audiencia con él, se dirigió directamente a Dios y fue recompensada con una visión interior del Espíritu Santo en forma de paloma que voló desde su cabeza. Una voz llamó: "Roi du monde, Roi du Monde", y en esa visión apareció el sumo pontífice, que le invistió con el Arca de la Alianza como señor del Mundo.
De regreso a Francia, creyendo que había alcanzado lo que Guénon llamaba la "suprema identidad" o "liberación", volvió a verse con Clavelle, que la inició en la Orden del Divino Paracleto en 1938. En 1942 llevó a cabo un ritual por su hijo moribundo, aboliendo así la distinción entre ambos: a partir de entonces, fue andrógina. Poco más se sabe hasta su reclusión como enferma mental en 1951, salvo que dio conferencias, publicó poemas y se gastó el capital que había heredado. Acto seguido comenzó el primer año de la Era Brahmánica, que ella estableció en el manicomio de Charenton como "La divina Brahmatma", imaginándose a Guénon como el Mahatma a su derecha y a su esposo Pierre a la izquierda. Su internamiento lo consideraba el resultado de un complot masónico; a sus ojos, no reducía su influencia en lo más mínimo, pues ella dirigía la sociedad secreta "Agartha 8" y el frente de Acción Brahmánica, con sus 15 millones de miembros en Francia. Concediendo audiencias como una grande dame en su cuarto, decorado como la caseta de una adivina, y ataviada con una tiara de papel dorado, elaboró sus grandes planes para el gobierno del mundo. Cuando los estudiantes marcharon sobre los Campos Eliseos en mayo de 1968, creyó que era una manifestación de su propio grupo, y que los planes para erigir una estatua suya en la plaza Victor Hugo acababan de ser frustradas por sus oponentes. Siempre atenta a las noticias, se mantenía al día de los acontecimientos mundiales y escribía constantemente: tratados simbólicos, cartas a las Naciones Unidas y a las autoridades, planes para la unión de las religiones, etcétera. Cada dos semanas, sus hijos se la llevaban a un restaurante.
La historia de Madeleine, relatada en la tesis doctoral del doctor Jean François Allilaire, puede leerse como un cuento aleccionador; pero ¿para quien? Sus creencias e intereses están a un dedo de distancia de los de Saint-Yves d'Alveydre: comparten el misticismo católico, el mito agártico, la participación política o el tema del alma gemela. El sentimiento de Madeleine de identidad suprema y de felicidad general no son cuestionados por el doctor Allilaire; sin embargo, se le clasifica como loca, mientras que Saint-Yves era sólo un excéntrico. ¿Y qué hay de Guénon, cuyos textos plantaron las semillas del delirio en una mente que ya era sensible? ¿No creía también él en el Rey del Mundo y en el carácter único de su propia misión, que brindaba lo que su biógrafo Jean Robin llamó "la última oportunidad de Occidente" antes del final del ciclo?


Lecturas:

Umbero Eco, Historia de las tierras y los lugares legendarios. Lumen 2013

Joscelyn Godwin, El mito polar. Atalanta

René Guénon, El Rey del Mundo. Paidós 2003

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viernes, 27 de junio de 2014

El poder de las imágenes


La Mónada Jeroglífica en Oedipus aegyptiacius II pag. 29 (1656). Imagen simbólica rediseñada por Athanasius Kircher a partir de la creada por John Dee en 1564.
Joscelyn Godwin comenta sobre ella: "Kircher la considera símbolo del sistema del mundo: arriba, se encuentra el universo tolomeico de elementos, planetas y estrellas fijas interseccionado por la Luna; abajo, los cuatro elementos o cuatro ángulos de la Tierra con la serpiente al pie 'que denota el poder divino que permea todas las cosas'. En su interpetación la reduce a poco más que al sómbolo de Venus, que los egipcios conocían como Anj o cruz ansata y que representa la superioridad del espíritu sobre la cruz de la materia".


Quien se acerque a la obra del jesuita Athanasius Kircher en estos tiempos de especialistas, no puede dejar de sentir asombro ante el basto círculo de conocimentos que llegó a abordar. En sus publicaciones lujosamente editadas, se tratan temas científicos y teológicos (donde el simbolismo judeocristiano y egipcio se une al de la mitología clásica siguiendo la filosofía hermética) entre los que encontramos el estudio de las manchas solares, vulcanología, experimentos con la linterna mágica, invención de aparatos musicales, metafísica, astronomía, lenguas orientales, geroglíficos egipcios, óptica, magnetismo, la Torre de Babel, el Arca de Noé, reuniendo todo ello un compendio heterodoxo por el que aspiraba a reunir todo el saber universal de su época. Destaca en su obra el amplio despliegue de imágenes utilizadas, siguiendo así la metodología de la Compañia de Jesús que les otorgaba un gran poder no tan sólo como metodología de aprendizaje, sino como herramienta por la que ejercer una influencia sobre la configuración de la estructura psíquica. Ignacio Gómez de Liaño dedicó unas palabras a esta cuestión a las que he acompañado con algunas imágenes analizadas por él mismo siguiendo en gran medida las interpretaciones que realizara Joscelyn Godwin.


Virtudes y galas de la imaginación
por
Ignacio Gómez de Liaño


Cualquiera que sea el valor que concedamos a la filosofía o a las investigaciones particulares que emprendió Kircher, no se puede por menos que elogiar sin rodeos el valor iconográfico y la vistosidad de las ricas ilustraciones que adornan los grandes infolios de Kircher. En efecto, ningún autor de los siglos XVI y XVII puede ostentar, como acompañamiento de sus investigaciones científicas o filosóficas, una comitiva tan lujosa de imágenes. Kircher, que no ignoraba la moda renacentista y barroca de los emblemas, también sabía la importancia que tuvieron para difundir el pensamiento hermético las bellas ediciones de J. T. De Bry.

Frontispicio de Ars magna lucis et umbrae (1645)
Además de la obvia iconografía astrológico sapiencial de Apolo (el sol) y Diana (la luna), la lámina define cuatro fuentes de conocimiento. La Autoridad Sagrada, encarnada en la Biblia, aparece como un rayo que procede directamente de Dios. Se halla en el lado diestro de Dios. En el izquierdo de Diana, Razón, aunque próxima a Dios, nos llega filtrada por el ojo interior, cercano a la lechuza sostenida por la nocturna Diana. El Conocimiento Sensible no viene directamente de la luz intelectual de Dios, sino de la del Sol. Uno de sus rayos pasa por un telescopio; el otro se introduce en una caverna, reminiscencia de la platónica o también de la de Empédocles. Frente a la Sagrada, la Autoridad Profana no es más que una candela que brilla débilmente entre las nubes de los desconocido. (...), el águila acompaña, como animal emblemático al Sol, y el pavo real -de cola acelada como la noche- a la luna.

Por otro lado, el catolicismo contrarreformista puso especial empeño en la propaganda de su ideario, a fin de contrarrestar la influencia que ejercía el protestantismo, valiéndose de una hábil utilización de la pintura y la arquitectura, en suma, de las imágenes visuales. Así como las fachadas de las iglesias proclamaban en un lenguaje de piedra y proporciones numéricas a todo el ámbito de la ciudad, la belleza y dignidad de los misterios que el templo atesora en su interior, de la misma manera la profusión de imágenes que decoran sus muros y pilastras proyectaban ante los fieles una auténtica película de la fe católica y de sus excelencias. La exuberancia de las iglesias romanas de tiempos de Kircher no excluía ninguna partícula de humanidad considerada valiosa: el matemático, el físico el moralista, el poeta y, por supuesto el hombre religioso podían sentir en esas iglesias, como reflejada en un espejo, una imagen dinámica, llena de vida y no desprovista de encantos terrenales de la religión y de la concepción católica del hombre. Los autores de la Contrarreforma, y en particular la Orden de los jesuitas, sabían que las abstracciones del dogma, los misterios de la fe y las enseñanzas de la Iglesia tenían que entrar por los ojos.

Los sesenta y dos nombres de Dios en Oedipus aegyptiacus II p. 287.
La Cábala dice que Dios tiene sesenta y dos nombres, lo que Kircher interpreta escribiendo el nombre de Dios en sesenta y dos lenguas: cada uno de esos nombres posee cuatro letras, reflejando así el tetragrammaton hebreo IHVH. Esto le obliga a veces a encontrar soluciones de compromiso como en italiano IDIO y en inglés GOOD. Los otros círculos contienen diferentes atributos de Dios, Creador, Perfección, Luz, etc., a la manera de los nombres divinos en las ruedas combinatorias de Raimundo Lulio, de cuya filosofía Kircher era seguidor. En el centro está Jesús, cuyo nombre, que comprende la letra "madre" Shin, hace pronunciable el tetragrammaton impronunciable: IHSVH. Los dos árboles son los de los siete planetas y ángeles (izquierda) y los doce signos del Zodíaco y las tribus de Israel (derecha). Las hojas de la parte superior portan sesenta y dos nombres en hebreo, distribuidos en los nueve órdenes angélicos. Kircher precave para que no sean de ninguna manera utilizados en invocaciones mágicas.

El movimiento emblemático-jeroglífico de finales del siglo XVI había, además, acertado a crear un lenguaje de simbología visual que la Compañía de Jesús supo hacer suyo. Pero no se trataba sólo de ir a pedir a las imágenes un buen agente de publicidad o un medio universal de comprensión; todo jesuita sabía muy bien que San Ignacio en sus famosos Ejercicios espirituales había colocado el ejercicio de la imaginación, y de la composición mental del lugar en el mismo corazón de su doctrinario espiritual. Y está fuera de dudas que detrás de la tecnica espiritual de los ejercicios ignacianos se hallan las técnicas de la imaginación habían desarrollado, con un fuerte componente hermético y "egipcio-jeroglífico", las artes de la memoria. 

Frontispicio de Regnum naturae magneticum. La mano de Dios (arriba) sostiene las cadenas de la simpatía "magnética" o inmaterial que enlaza todos los niveles de la existencia. Tema predilecto de Plotino y el neoplatonismo, este "magnetismo" era la base de la "magia simpática" del Renacimiento. La imagen de la cadena divina se encuentra en Homero y en las leyes de Platón, donde se nos dice que los dioses mueven a los hombres mediante cadenillas metálicas como si fuesen marionetas que a lo más a que pueden aspirar es a "ejecutar los más bellos juegos". En el Ión platónico se habla de la "cadena magnética" que enlaza a la Musa, diosa de la Memoria poética, con el oyente a través del eslabón intermedio del poeta y el rapsoda. El motivo de la imagen dice; "Con arcanos nudos serán ligados los mundos". Una misma fuerza gobierna la declinación de la fuerza magnética, el rebrotar de las plantas, la vinculación de los animales con el Sol (gallo) y la luna (ciervo), los fenómenos de las flores heliotrópicas y las selenotrópicas, y las virtudes de la piedra serpentina, que es un remedio homeopático contra la mordedura de la serpiente.


Los neoplatónicos herméticos del Renacimiento, como Ficino, o Camilo Delminio, para no hablar de Giordano Bruno, estaban persuadidos de la importancia que poseen las imágenes no sólo para aprehender y consolidar los conocimientos, sino para incluso configurar la estructura del psiquismo. Por eso, bien puede decirse que en los siglos XVI y XVII el espejo en que se miraron los príncipes y los pontífices, los místicos y el pueblo llano y, por supuesto, los escritores y los artistas, era un espejo de imágenes, un espejo de la imaginación. (...)
Kircher, cuya misma figura intelectual era un monumento propagandístico de los tesoros intelectuales de la Compañía de Jesús y de la libertad que disfrutaban sus miembros para explorar los confines más heterodoxos del saber, supo propagar o difundir su obra también gracias a esos edificios en forma de libros -provistos de elegantes portadas y frontispicios- que se desbordaban en brillantes imágenes de su ciencia.

Frontispicio de La Chine Illustrée.
El padre jesuita Adam Schall (a la izquierda) y el padre Mateo Ricci (a la derecha), propagadores de la fe cristiana en el Celeste Imperio, sostienen, secundados por un ángel, un mapa de China con algunas de sus ciudades más importantes (Pekín, Xián, Cantón, etc.), y parte del archipiélago japonés y de la India. Como puede verse, La Gran Muralla y el arenos desierto  separan a China de Tartaria. Encima del portico corintio de puro estilo imperial romano se ve a San Francisco Javier y San Ignacio de Loyola acompañados de los ángeles emblemáticos de la pureza (con lirios o azucenas) y la caridad o el martirio (el cáliz)

Pues el desbordamiento de la imaginación que fácilmente se detectan en prosistas como el jesuita Gracián -ya sea en El Criticón, ya en El comulgatorio-, en poetas como Góngora, o en dramaturgos como Calderón -tanto en los dramas profanos como en sus autos sacramentales-, es comparable al desbordamiento de imágenes que los volúmenes de Kircher apenas logran representar, como ocurre cuando las ilustraciones se convierten en desmesurados desplegables que se escapan de los márgenes generalmente generosos  de los libros y producen en el lector la ilusión de que en le espacio cotidiano de su biblioteca acaba de ser erigido realmente el Obelisco Salustiano o el Panfilio, la Torre de Babel o el Arca de Noé. Los libros de Kircher poseen, sin duda, la monumentalidad de la arquitectura.

 La Torre de Babel, Turris Babel (1679), pp. 40-41
El estilo de la torre kircheriana parece derivar de la reconstrucción del Templo de Salomón de Villalpando, así como las pinturas de Brueghel el Viejo. Kircher o Creyl podían haber visto grabados de éste. A su vez, la torre de Brueghel se relaciona estrechamente con le minarete más antiguo del Islam, el Sawma de Jamai Sayydi Uqbah en al- Quayrawan, 728 d. C., así como con otros similares de Marruecos y Sevilla (la Torre del oro). Por lo demás, el dibujante Creyl sitúa la famosa torre en un paisaje arquitectónico del tipo ecléctico que habría hecho las delicias del emperador Adriano; no faltan en él característicos edificios de la arquitectura romana, pirámides egipcias e incluso, a la derecha, una versión del Templo de Salomón, según se le imaginó en la época.

Pero la imaginación o, por mejor decir, la imagineria en que tanto descuellan las publicaciones kircherianas cuentan con una importante virtualidad que resumimos así: lo que puede representarse mediante imágenes ha de considerarse resuelto. Así pues, las imágenes que ilustran en la obra de Kircher la organización interna del Arca de Noé o la construcción de laTorre de Babel, el diseño urbanístico de Babilonia o la dispersión por el mundo de los hijos de Noé, las antiguas villas latinas o los hábitos, usos y dioses de la China, los obeliscos y jeroglíficos egipcios o la astrología y el magentismo, la acústica o la catóptrica, son, para la mentalidad media del hombre del Barroco, una prueba indubitable, diríase que autoevidente, del rigor de los tratados kircherianos. Además, todo espíritu ilustrado que hubiera leído el Fedro platónico sabía que el ojo, órgano helioide, solar y divino, es el órgano intelectual por excelencia. 

 Aguas subterráneas en Mundus subterraneus I (1664-65), pp. 186-187
La acción del viento forma canales acuíferos subterráneos (hidragogos) que permanecen debajo de las uperficie de la Tierra, en forma de fuentes, ríos o lagos, cuyo caudal con el tiempo vuelve al mar. Descartes, Kepler y Palissy también aceptaban esta teoría. Obsérvese cómo el agua penetra en el interior de la Tierra tanto desde la base de los montes como de las fosas oceánicas. La zona central de la Tierra que lleva la letra A representa la gran masa de fuego y los "piragogos", o ríos de fuego, que atraviesan el interior del planeta.

El hombre del Barroco podía pensar que la realidad y el mundo no eran más que apariencia y engaño, pero estaba fácilmente dispuesto a creer que las imágenes estaban investidas de una fuerza incomparable. Para emplear la terminología neoplatónica, las imágenes que adornan los volúmenes de Kircher no son ni han de ser vistas como "fantasmas", es decir, como meras ilusiones, sino como "eikones", es decir, como imágenes precisas de la realidad, imágenes dignificadas por el hecho de que el mismo hombre, la naturaleza humana, era una imagen, un eikon de Dios, y Cristo la primera de las imágenes divinas. Posteriormente, conforme la inteligencia europea se fue adaptando progresivamente a la abstracción y a las simbologías artificiales, se pudieron olvidar esos valores metafísicos de la imagen, pero se retuvo el hecho innegable de que las imágenes poseen una singular fuerza psicológica que el pedagogo ha de tener muy en cuenta cuando quiere transmitir sus enseñanzas.

Curación por la música del venenoso mordisco de la tarántula, página 206 de Phonurgia nova (1673)
En lo que debe ser el primer tratado de terapia musical, Kircher menciona el curioso fenómeno del tarantismo, que afecta a los nativos de Apulia, en el sur de Italia, y que los obliga a danzar frenéticamente sin atender a ninguna convención social. De esta enfermedad era culpable la mordedura de la tarántula, y la única manera de curarse era interpretar repetidamente la melodía (la trantela), hasta que las víctimas quedaran exaustas. (...) De arriba abajo:
Melodía que sirve de antídoto contra la mordedura de la tarántula. Comarca de Apulia donde se da esta enfermedad. Imagen auténtica de tarántula de Apulia. Las reproducciones ha sido hechas apartir de ejemplares de tarántula que el propio Kircher poseía, debidamente guardados en frascos, en su museo romano.



Lecturas: 

Ignacio Gómez de Liaño, Athanasius Kircher. Itinerario del éxtasis o las imágenes de un saber universal. Siruela 1985

Joscelyn Godwin, Athanasius Kircher. La búsqueda del saber de la antigüedad. Editorial Swan 1986

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El Arca de Noé de Athanasius Kircher


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jueves, 5 de junio de 2014

Música especulativa


Mikoajus Konstantinas Ciurlionis,  Sonata de las estrellas,1908
El pintor, pianista y compositor lituano, intenta plasmar visualmente la música haciendo uso de la imagineria cósmica y angélica y la sugerencia de la vibración del aire.


Las armonías no oídas crean las armonías que escuchamos y despiertan el alma a la consciencia de la belleza

Plotino


En consecuencia la armonía más perfecta e impecable no puede ser percibida por el oído, pues no existe en las cosas sensibles, sino sólo como ideal concebido por la mente.

Nicolás de Cusa


En cada acorde que (los sufíes) escuchan del músico
les llega el arrobamiento del mundo invisible.

Shabistarî



La música especulativa es la rama de la teoría musical encargada de buscar las raices espirituales, simbólicas y transcendentes de este arte. Argumentada desde pitágoras por sucesivos autores en todas las épocas, sus teorías  de carácter esotérico giran en torno a la idea de que hay una música sutil que no puede ser escuchada por los oidos. Es la música del alma y de las esferas que darían su razón de ser a la música audible cantada o interpretada con instrumentos. El investigador Joscelyn Godwin sigue el curso de esta tradición a lo largo de la historia en La cadena áurea de Orfeo, donde, desde los orígenes míticos con Orfeo y Apolo, pasan por sus páginas algunos de sus más destacados representantes como Platón, Macrobio, Escoto Erígena, Boecio, Marsilio Ficino entre otros, para dar paso luego a una serie de teóricos contemporáneos en los que descubre una continuidad adaptada a los nuevos tiempos. Entre los diferentes autores de esta segunda parte recojo algunos fragmentos dedicados a Rudolf Steiner, creador de la antroposofía que teorizara sobre las cualidades musicales de las fuerzas que crean las formas de la naturaleza, algo que más tarde algunos experimentos científicos parecerían corroborar tal como veremos.



El resurgimiento de la música especulativa
(fragmentos)
por
Joscelyn Godwin


La música especulativa se define por observar el cosmos de manera musical, y la música, de manera cosmológica. Los filósofos nos dicen que es imposible tener un conocimiento inmediato del universo externo, pues sólo podemos conocerlo por su reflejo en nuestra mente. Supongamos que nos aproximamos a él como Perseo acechando a Medusa, mirando con cautela su imagen en el escudo. De la misma manera, la imagen depende del estado de nuestros espejos mentales. Tanto si es brillante como borrosa, la figura estará ciertamente deformada, como en los espejos distorsionantes de feria, a causa de nuestra educación, nuestras inclinaciones y las categorías de conocimiento que adoptemos. Nuestras mentes, al igual que la adarga de Perseo, sirven a un doble propósito: el reflejo y la protección frente a las influencias no deseadas.
Mas un espejo también puede proyectar luz en los rincones oscuros donde el sol no penetra, y la propia luz puede verse modificada, amoldada o coloreada por la naturaleza del espejo. Como éstos, actúan los compartimentos del conocimiento humano. El mundo puede ser percibido, por ejemplo, a la luz de las matemáticas, comprendiéndoselo entonces mediante fórmulas numéricas, pesos y medidas. Los sentimientos constituyen otra fuente de iluminación, que explora el lado cualitativo de las cosas, confiándonos de ellas tanto lo bueno como lo malo. También puede entenderse el mundo a la luz de la historia, la teología o el paganismo. Todos ellos son caminos que lo hacen más comprensible, poseyendo cada uno su propio lugar y valor.

Detalle de El doctor Fausto, grabado por Rembrant hacia 1652
El sabio, ante la imposibilidad de dirigir la mirada  directamente hacia el disco de luz con inscripciones representando una aparición divina, mira hacia el espejo levemente insinuado a la derecha señalado por una mano espectral.


La música especulativa resulta ser otro de tales espejos (speculum), siendo de ahí precisamente de donde toma su nombre. Si poseyese dotes homéricas procedería a describir otro escudo, además del de Perseo o Aquiles: uno en el que estuviesen grabadas las leyes del tono y las imágenes que se acomodan al pensamiento musical. Mirando en su pulida superficie, el observador vería todas las cosas reflejadas con un nueva luz, cosa que justamente se supone que hace la música especulativa. Boecio sitúa a los teóricos especulativos  los primeros entre los músicos, pues sólo ellos pueden comprender las leyes de la naturaleza del cosmos -sub specie musicae- a través de las categorías de la música. Los músicos de otros géneros se encuentran interesados en leer, o en hacer dibujos en el espejo, pero no miran más allá de su superficie.
A ciertas personas, tal vez la mayor parte, el empleo de la música como medio para comprender el mundo les parece una quimera, cuando no un absoluto sinsentido. La mayoría de la gente comparte hoy en día los lugares comunes concernientes a la naturaleza de la música y el universo que han estado en boga desde tiempos de Newton. Tienen a la música por un lenguaje básicamente emocional, y al universo por una máquina matemática, dos cosas entre las que no existe un común denominador salvo el ser humano, que puede experimentar ambas. Las postrimerías del siglo XVII, cuando se formuló la doctrina musical de los sentimientos, presenciaron también el triunfo del modelo mecanicista del universo, válido para el principio cartesiano de la separación entre el cuerpo y la mente, el sujeto y el objeto. En tal visión del mundo, la música especulativa no tenía y no tiene cabida. (...)

 Serpiente de Gafori. Tonos, modos, planetas y musas, de Franchino Gafori, Practica Musica, 1496.
Esquema cósmico que alinea las esferas planetarias con la escala griega y la nueve musas. Apolo gobierna el cosmos y tiene a sus pies a la serpiente Pitón, a la que venció y cuyas tres cabezas todavía gobiernan sobre la tierra.


Quienes muestran  un mayor interés por la música especulativa son quienes más preocupados se hallan por los asuntos esotéricos. Algunas de las más serias contribuciones a este tema en la actualidad han sido hechas por el antropósofo Rudolf  Steiner, así como como por sus seguidores y admiradores, entre quienes se encuentran Anny von Lange, Ernst Bindel, Ernst Hagemann y Hans Jenny. Sólo algunas de las cuatro mil conferencias pronunciadas por Steiner trataron acerca de la música, pero como en el caso de sus dicta sobre agricultura y educación, fueron suficientes para fundar en este campo una nueva escuela de pensamiento. Entre otras materias, Steiner ofrece una justificación psicológica para explicar el uso de la música como fuente de comprensión universal. Para seguir su argumento con detalle, es preciso estar familiarizado con su visión antroposófica del mundo, aunque dejaré aquí esto de lado, tratando de comentarlo de forma comprensible.
Steiner afirma desde el inicio de su primera conferencia que el papel de la música es liberar el espíritu que se encuentra en el interior del hombre. Nada tiene que ver la música con el mundo físico cotidiano que se hace presente a nuestros sentidos, ni tampoco con el pensamiento. Ciertamente, podemos pensar acerca de la música mientras la escuchamos, pero entonces estamos pensando, no escuchando. Pertenece, más bien, a un mundo sutil de fuerzas formadoras, que se halla más allá del orbe material.

Frontis de Musurgia Universalis 1650 de Athansius Kircher.
Apolo, sentado sobre el globo terráqueo, media entre la música celestial de los ángeles y la música terrenal

Los físicos tienen conocimiento de un aspecto de este mundo sutil como las certezas matemáticas que subyacen a todos los fenómenos. Pero ellos sólo saben la mitad de la verdad. La otra mitad es que dicho mundo sutil se encuentra repleto de inteligencias, cuya acción nos es sugerida de forma especialmente clara para la música. Su actividad constructiva -la música de las esferas- es la que confiere a nuestro mundo su orden y aparente solidez. De similar manera, en el ser humano hay cuerpos sutiles que habitan en sus correspondientes mundos sutiles y que nos transmiten -aunque no seamos conscientes de ello- la "música" que allí escuchan. El papel del compositor consiste en hacer accesibles esas experiencias inconscientes, tanto como le sea posible por medios físicos, de forma que podamos recordar mejor, y reunirnos con nuestro yo superior, y con los mundos a los que éste pertenece por derecho propio.

H. K. Challoner, El constructor de la Forma 1933 ?
Entre los pintores de inspiración teosófica, Challoner realizó sus propias pinturas de ángeles y devas visionados en sus clarividencias del mundo sutil. Entre ellos pintó el que rige la música del universo, y como el ejemplo aquí mostrado de aspecto muy similar, el que rige la construcción de las formas.

Cada noche visitamos tales mundos, dice Steiner, en el curso de nuestro sueño profundo, aunque normalmente no recordemos nada de esos mundos, salvo un vago sentimiento de armonía. Los grandes compositores son aquellos bendecidos con una facultad que les habilita para traer a esta tierra un más claro reflejo de aquello que escucharon en mundos superiores. Su música despierta los mismos recuerdos latentes en las almas de quienes la oyen, y ésta es la razón de que la gente ame la música. Escucharla prepara para el momento tras la muerte, en el cual se entra conscientemente en esos mundos sutiles -un proceso que los antiguos simbolizaban por el viaje a través de las esferas planetarias-, y se escucha la música que allí todo lo envuelve. Para el "hombre que no tiene música en su interior", ésta será una experiencia ajena y perturbadora, mientras que la persona cuya vida estuvo impregnada de música, se encontrará allí confortablemente. (...)
Hagemann concluye su edición de las conferencias de Steiner haciendo la observación de que, en 1961, después de cincuenta años de "nueva música" atonal y politónica, apenas nadie cree realmente en ellas. (...) La música atonal resulta instintivamente rechazada por el aficionado que no se ha hecho superintelectual. El alma quiere escuchar un eco de la esfera armónica con la que ella misma pueda armonizarse, mas allí no la encuentra. Anny von Lange, en su trabajo en dos volúmenes: Mensch, Musik und Kosmos, va totalmente contra la moderna corriente estética, para reafirmar lo que se daba por supuesto en otros tiempos, el poder ético de la música para el bien o para el mal, y su capacidad de enseñar a la humanidad a trabajar conscientemente con las fuerzas constructivas del universo, en lugar de hacerlo con las destructivas. (...)

Patrones regulares de Chladni, en honor al físico Ernst Chladni (1756-1827) quien realizara las primeras experimentaciones sobre las formas geométricas surgidas de la vibración del sonido. Se valdría para ello de una placa de metal cubierta de arena fina y su arco de violín tal como aparece en la imagen de la izquierda. Los ejemplo más elaborados de arriba serían posteriormente fotografiados por Hans Jenny con moderna tecnología. En este video puede verse su método de trabajo.

Esas fuerzas formativas no eran sólo oscuras abstracciones para Hans Jenny, un físico que, siguiendo las pistas de las conferencias de Steiner, decidió investigar la conexión real entre el sonido y la materia. La mayoría de los interesados en este asunto está al tanto de las investigaciones de Chladni a principios del siglo XIX, quien descubrió los patrones regulares que en una superficie plana, con arena fina, surgen cuando es estimulada por un arco que produce
sonidos armónicos. Jenny aprovechó la moderna tecnología a la hora de aplicar tonos a sustancias plásticas y resinosas, mientras éstas se encontraban en el proceso de endurecimiento que les haría pasar del estado líquido al sólido. Por este medio puso de relieve las alteraciones que el tono causa en los líquidos, y procedió a congelarlos. Los efectos más sorprendentes y esculturales pudieron así ser captados y fotografiados. Su extraño parecido con ciertas formas animales y vegetales respondía a la explicación de Steiner acerca de las cualidades esencialmente musical de las fuerzas formativas que todo lo moldean en la naturaleza.



Lecturas:

Joscelyn Godwin, La cadena aurea de Orfeo. El resurgimiento de la música especulativa. Ediciones Siruela 2009

Joscelyn Godwin, Armonía de las esferas. Atalanta 2009

Joscelyn Godwin, Armonías del cielo y de la tierra. Paidós 2000