Foto: Trencadís (cerámica fragmentada) en el Parc Güell de Barcelona

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miércoles, 7 de noviembre de 2012

Cárceles imaginarias

Piranesi, Frontispicio de Carceri d'invencione


«Por mí se va a la ciudad del llanto; por mí se va al eterno dolor; por mí se va hacia la raza condenada; la justicia animó a mi sublime arquitecto; me hizo la Divina Potestad, la Suprema Sabiduría, y el primer amor.
Antes de mí, no hubo nada creado, a excepción de lo inmortal, y yo duro eternamente. ¡Oh, vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!"


Dante, Canto III de La Divina Comedia (inscripción en el dintel de la puerta del infierno)



Giovanni Battista Piranesi (Mogliani Veneto 1720, Roma 1778), fue arquitecto, anticuario, arqueólogo y grabador. Entre su obra se encuentran más de dos mil grabados al aguafuerte en los que dejó imágenes fidedignas de estatuas, relieves y ruinas existentes de antiguos monumentos romanos así como reproducciones imaginarias de éstos, incluyendo también diseños originales para chimeneas, muebles y elementos decorativos.
Una de sus colecciones de grabados más renombradas fue Carceri d'Invenzione (Cárceles imaginarias) realizadas entre 1745 y 1760 compuestas por una portada y 15 planchas. En esta serie, abandonándose a la imaginación, creó una arquitectura fantástica y laberíntica de desmesurados calabozos donde aparecen enormes y oscuros pasadizos, imposibles escaleras que ascienden a increibles alturas dirigidas a ninguna parte y siniestras galerías. Estos grabados influyeron enormemente en el romanticismo del siglo XIX, y ya en el siglo XX en el surrealismo y en los decorados del cine de terror. Fueron también motivo inspirador para escritores, entre algunos de ellos De Quincey, Marguerite Yourcenar, el cineasta y arquitecto Serguei Eisenstein y Aldous Huxley. De este último dejo a continuación algunos fragmentos de la introducción que escribió en 1949 para la edición de Piranesi's Carceri d'Invenzione sobre la obra del genial grabador, donde pone de relieve que en esos grabados podemos encontrar manifiestamente representado determinado estado del alma.




Cárceles (fragmentos)
Por
Aldous Huxley


(...) Más allá de las prisiones reales habidas en la historia con demasiado orden y de aquellas donde la anarquía engendra el infierno del caos físico y moral, hay otras prisiones, no peores por ser fantásticas e imaginarias: las prisiones metafísicas, cuyas sedes están en la mente, cuyas paredes están hechas de pesadillas e incomprensión, cuyas cadenas son ansiedad y sus potros de tortura una sensación de culpa personal o incluso genérica.


(...) Lo que piranesi expresó no está sujeto a cambios históricos. Piranesi no está, como Hogarth, reflejando los hechos de la vida social de su época. Ni está, como Bentham, tratando de diseñar un mecanismo que cambie la naturaleza de los hechos. Su preocupación son los estados del alma, unos estados que son en gran parte ajenos a las circunstancias exteriores, unos estados que se repiten cada vez que la naturaleza, en su sempiterno juego de azar, combina los factores herditarios del físico y el temperamento en determinados perfiles.
En el pasado, la psicología se solía tratar como una rama de la ética o de la teología. Así, para San Agustín el problema de las diferencias en los caracteres humanos era el mismo que el de la Gracia y el misterio de la voluntad divina. Sólo en tiempos recientes, los hombres han aprendido a hablar sobre las idiosincracias de la conducta personal en términos que no sean del pecado y la virtud. Las prisiones metafísicas dibujadas por Piranesi, y descritas por tantos poetas y novelisatas modernos, eran conocidas por nuestros antepasados, pero conocidas no como síntomas de enfermedad o como una peculiaridad temperamental, no como estados a ser analizados y expresados por los poetas, sino como imperfecciones morales, como dolorosas rebeliones contra Dios, como obstáculos en el camino del esclarecimiento. Así, el Weltschmerz, del que tanto se enorgullecían los románticos alemanes, el ennui, fruit de la morne incuriosité, que rezuma en tantos versos espléndidos de Baudeliere, no era sino acedia, por cuya causa Dante sumergió a los apáticos y melancólicos de lleno en el barro negro del tercer infierno (aquí Huxley hace referencia al siguiente pasaje del VII canto de La divina Comedia: "quiero además que sepas que bajo esta agua hay una raza condenada que suspira. Metidos en el lodo dicen: -Estuvimos siempre tristes bajo aquel aire dulce que alegra el Sol, llevando en nuestro interior una tétrica humareda: ahora nos entristecemos también en medio de este negro cieno". Nota de Fragmentalia).  Esto es lo que Santa Catalina de Siena tenía que decir del estado de ánimo que siglos después caracteriza la atmósfera de todas las novelas de Kafka: "La confusión es una lepra que seca el cuerpo y el alma, y ata los brazos ante los anhelos por lo divino. Hace al alma insufrible para sí misma, disponiendo la mente para los conflictos y las fantasías. Roba al alma la luz sobrenatural y oscurece su luz natural. Deja que los demonios de confusión sean vencidos por la fe viva y el deseo sagrado".
(...) La fantasía desplegada en Las cárceles es de distinto orden, muy distinto a lo mostrado por cualquiera de sus predecesores. Todas las estampas de la serie son evidentes variaciones de un mismo símbolo, que se remite a cosas existentes en las profundidades físicas y metafísicas del alma humana: a la acedia y la confusión, la pesadilla y el angst, la incomprensión y el pánico.
 El hecho más inquietantemente obvio de todos estos calabozos es la perfecta falta de sentido que domina en todo. Su arquitectura es colosal y magnífica. Uno siente que el genio de grandes artistas y la labor de innumerables esclavos han contribuído a la creación de todos estos monumentos,  cuyos detalles carecen de objeto. Sí, de objeto, pues las escaleras no se dirigen a ninguna parte, las bóvedas no soportan más que su propio peso y encierran grandes espacios que nunca son realmente salas, sino solo antecámaras, almacenes, vestíbulos y dependencias. Y esta magnificencia de piedras ciclópeas ha sido en todas partes estirada por escaleras de madera, por endebles pasamanos y angostas pasarelas. Y la escualidez está presente por el simple hecho de mostrarla, porque los caminos  desvencijados a través del espacio carecen claramente de destino. Debajo de ellos, en el suelo, hay grandes máquinas incapaces de hacer nada en particular, y de los arcos de arriba cuelgan sogas que no encierran nada más que una desagradable idea de torturas. Algunas de las Cárceles están alumbradas sólo por unas estrechas ventanas. Otras están medio abiertas al cielo, dejando entrever más bóvedas y más paredes en la distancia. Pero, incluso cuando los recintos aparecen más o menos cerrados, Piranesi logra siempre transmitir la impresión de que esos colosos sin sentido se extienden infinitamente hasta ocupar todo el universo. Entregadas a actividades irreconocibles, sin hacerse mutuamente caso, unas pocas figuras sin rostro rondan las sombras. Su insignificante presencia recalca el hecho de que ninguna está donde debería estar.
Fisiológicamente, todo ser humano está siempre solo, sufriendo en soledad, disfrutando en soledad, incapaz de participar de los procesos vitales de su prójimo. Pero, a pesar de ser cerrado, este organismo-isla no se basta nunca a sí mismo. Toda soledad viviente depende de otras soledades vivientes y, más aún, del océano de existencia en el que levanta su pequeño escollo de individualidad. La conciencia de esta paradoja de soledad en medio de la dependencia, de aislamiento acompañado de insuficiencia, es una de las causas de la confusión, de la acedia y la ansiedad, las cuales, a su vez, intensifican la sensación de soledad y hacen que la paradoja humana parezca aún más trágica. Los ocupantes de estas Cárceles de Piranesi son los espectadores sin esperanza de "esta pompa de mundos, de este doloroso nacer", de una magnificencia sin sentido, de una miseria sin fin que el hombre no puede ni comprender ni soportar.
Se dice que la primera idea de Las cárceles surgió en la mente de Piranesi en medio de un delirio febril. De lo que no cabe duda es de que esa primera idea no fue la última; pues de algunas planchas existen primeros estados, en los que faltan muchos de los elementos más característicos e inquietantes de Las cárceles. De esto cabe deducir que los estados de ánimo expresados en esos aguafuertes eran, para Piranesi, crónicos y, en cierto modo, normales. La fiebre pudo haber sugerido originalmente Las cárceles, pero, en los años que transcurrieron entre los primeros ensayos de Piranesi y la publicación definitiva de las láminas, recurrentes períodos de confusión, acedia y angst tuvieron sin duda que motivar esos sombríos y como vemos ahora indispensables, símbolos como son las sogas, las máquinas sin objeto, los improvisados puentes y escaleras de madera. (...)
Santa Catalina sostenía que los demonios de la confusión deben ser vencidos sólo por el anhelo divino y la fe en la revelación cristiana. Pero, en realidad, cualquier deseo sostenido y cualquier fe intensa pueden bastar. Piranesi, por ejemplo, no parece haber sido persona de profundas convicciones religiosas o con aspiraciones místicas. A diferencia de su coetáneo más joven William Blake, no vislumbró la inmortalidad, no tuvo entre tormentos y lamentos visiones de Dios. La fe de Piranesi era la de un humanista renacentista, su dios, la antigüedad romana y su afán, una mezcla del anhelo del artista por la belleza, del deseo del arqueólogo por la verdad y de la determinación del hombre pobre de ganarse el sustento. Estos factores fueron, aparentemente, antídotos suficientes contra la acedia y la confusión espiritual. En cualquier caso, no volvió a expresarse, una segunda vez, el estado de ánimo que inspiró Las cárceles. (...)
De las formas naturales, a diferencia de las geométricas, Piranesi, en Las cárceles, hace poco uso. No hay ni una hoja ni una brizna de hierba en toda la serie; ni un pájaro ni un animal. Aquí y allá, irrelevantemente vivas en medio de las abstracciones de piedra, hay unas pocas figuras humanas, oscuramente ataviadas, sin facciones e impasibles. (...)



En Las cárceles no hay ningún indicio de ingeniosa e ingenua teatralidad. Los pocos y solitarios prisioneros están ahí para recalcar, no la sobrehumana grandeza de los edificios, sino su inhumana vacuidad, su subhumana carencia de sentido. Son, literalmente, almas perdidas, vagando -o ni siquiera vagando, simplemente varadas- en un laberíntico vacío. Resulta interesante compararlas con los personajes de las ilustraciones de Blake para el Infierno de Dante. Estas almas malditas están tan poco perdidas que parecen sentirse como en casa entre sus llamas, peñascos y cenagales. En todos los círculos del infierno de Blake todo el mundo aparenta ser vagamente heroico a la manera clásica, algo corrompida, de finales del siglo XVIII, y todos parecen interesarse sinceramente por su prójimo. ¡Qué diferentes son las cosas en Las cárceles! Aquí no hay musculaturas heroicas, no hay exhibicionismos ni extroversiones, no hay rastro de vida social. Cada hombre aparece tapado, furtivo e, incluso en compañía, completamente solo.
William Blake, Infierno de Dante canto V


 Los dibujos de Blake son curiosos y algunas veces hermosos; pero en ningún momento podemos tomarlos en serio como símbolos de sufrimiento extremo. Los prisioneros de Piranesi, al contrario, son los habitantes de un infierno que, aunque sólo sea uno entre los muchos peores de los mundos posibles, resulta completamente creíble y lleva el sello de una manifiesta autenticidad.





Estos días la sede de Caixaforum de Barcelona ofrece una extraordianaria exposición sobre la obra de Piranesi. Para información pincha AQUÍ




Lecturas:

Aldous Huxley, Las cárceles de Piranesi. Casimiro libros 2012
Luigi Ficacci, Piranesi. Taschen 2001


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En el laberinto



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martes, 30 de agosto de 2011

"Inteligencia Libre"


Si las puertas de la percepción
quedaran depuradas,

todo se habría de mostrar al hombre
tal cual es: infinito.

William Blake


La expresión Inteligencia Libre es formulada por Aldous Huxley recordando una interesante teoría del filósofo Henri Bergson en relación con la memoria y la percepción de los sentidos. Según esa teoría a medio camino entre la ciencia y la metafísica, en el hombre estaría contenido de forma latente el recuerdo de todo cuanto le ha sucedido, al mismo tiempo que tendría la capacidad de percibir en todo momento lo que ha sucedido y está sucediendo en cualquier parte del universo. Los sentidos junto al cerebro actuarían como una válvula que limitaría el flujo de esa "infinita percepción", con la finalidad de preservar nuestra condición biológica-animal. Huxley la expondrá dentro de su ensayo "Las puertas de la percepción", cuyo título fue inspirado por los conocidos versos de William Blake que aparecen como epígrafe en esta entrada. En ese ensayo, el autor narra su experimentación con la mescalina, el alcaloide psicoactivo del peyote, y que según él, actuó como medio para ampliar la apertura de la ya comentada válvula . Más adelante dejo un fragmento. Esta obra tuvo una gran influencia en el movimento contracultural de los años 60, en la llamada generación Beatnik y la moda Hippie, despertando interés por explorar los estados alterados de conciencia. Dentro de estas corrientes surgió el llamado Arte Psicodélico, en el que se intenta reflejar la experiencia inducida por drogas como el LSD, las conocidas como sustancias psicodélicas, o la influencia estética derivada de ellas. Acompañan esta entrada algunas imágenes representativas de ese arte. Psicodelia es la adaptación del ingles psychedelia, neologismo formado a partir de las palabras griegas psyché, "alma" y délomai, "manifestar". En una carta dirigida a Aldous Huxley, el científico Humphry Osmond acuñó la palabra psychedelic, que se puede traducir como "que hace manifestarse al alma".


Las puertas de la percepción (frag.)
por
Aldous Huxley





(...) Media hora después de tomada la droga advertí una lenta danza de luces doradas. Poco después hubo sinuosas superficies rojas que se hinchaban y expandían desde vibrantes nódulos de energía, unos nódulos vibrantes, con una vida ordenada, continuamente cambiante. En otro momento, cuando cerré los ojos, se me reveló un complejo de estructuras grises, dentro del que surgían esferas azuladas que iban adquiriendo intensa solidez y, una vez completamente surgidas, ascendían sin ruido hasta perderse de vista. Pero en ningún momento hubo rostros o formas de hombres o animales. No vi paisajes, ni espacios enormes, ni aparición y metamorfosis mágicas de edificios, ni nada que se pareciera ni remotamente a un drama o una parábola. El otro mundo al que la mescalina me daba entrada no era el mundo de las visiones; existía allí mismo, en lo que podía ver con los ojos abiertos. El gran cambio se producía en el campo objetivo.
Tomé la píldora a las once. Hora y medía después estaba sentado en mi estudio, con la mirada fija en un florerito de cristal. Este florero contenía únicamente tres flores: una rosa Bella de Portugal completamente abierta, de un rosado de concha, pero mostrando en la base de cada pétalo un matiz más cálido y vivo; un gran clavel de color magenta y crema; y, pálida púrpura en el extremo de su tallo roto, la audaz floración heráldica de un iris. Fortuito y provisional, el ramillete infringía todas las normas del buen gusto tradicional. Aquella misma mañana, a la hora del desayuno, me había llamado la atención la viva disonancia de los colores. Pero no se trataba ya de esto. No contemplaba ahora unas flores dispuestas del modo desusado. Estaba contemplando lo que Adán había contemplado la mañana de su creación: el milagro, momento por momento, de la existencia desnuda.
-¿Es agradable?- preguntó alguien. Durante esta parte del experimento se registraban todas las conversaciones en un dictáfono y esto me ha permitido refrescar mi memoria.
-Ni agradable ni desagradable -contesté-. Simplemente, es.
Istigkeit... ¿No era esta la palabra que agradaba a Meister Eckhart? "Ser-encía". El ser de la filosofía platónica, salvo que Platón parece haber cometido el enorme y absurdo error de separarlo del devenir e identificarlo con la abstracción matemática de la Idea. El pobre hombre no hubiera podido ver nunca un ramillete de flores brillando con su propia luz interior... nunca hubiera podido percibir que lo que la rosa, el iris y el clavel significaban tan intensamente era nada más, y nada menos, que lo que eran, una transitoriedad que era sin embargo vida eterna, un perpetuo perecimiento que era al mismo tiempo puro Ser, un puñado de particularidades insignificantes y únicas en las que cabía ver, por una indecible y sin embargo evidente paradoja, la divina fuente de toda existencia.
Continué en contemplación de las flores y, en su luz viva, creí advertir el equivalente cualitativo de la respiración, pero de una respiración sin retorno al punto de partida, sin reflujos recurrentes, con sólo un reiterado discurrir de una belleza a una belleza mayor, de un hondo significado a otro todavía más hondo. Me vinieron a la mente palabras como Gracia y Transfiguración y esto era, desde luego, lo que las flores, entre otras cosas, sostenían. Mi vista pasó de la rosa al clavel y de esta plúmea incandescencia a las suaves volutas de amatista sentimental que era el iris. La Visión Beatífica, Sat Chit Anada, Ser-Conocimiento-Bienaventuranza... Por primera vez comprendí, no al nivel de las palabras, no por indicaciones incoadas o a lo lejos, sino precisa y completamente, a qué hacían referencia estas prodigiosas sílabas. Y luego recordé un pasaje que había leído en uno de los ensayos de Suzuki: "¿Qué es el Dharma-Cuerpo del Buda?" (El Dharma-Cuerpo del Buda es otro modo de decir Inteligencia, Identidad, el Vacío, la Divinidad). Quien formula la pregunta es un fervoroso y perplejo novicio en un monasterio Zen. Y con la rápida incoherencia de uno de los Hermanos Marx, el Maestro contesta: "El seto al fondo del jardín." El novicio, en la incertidumbre, indaga: "Y el hombre que comprende esta verdad ¿qué es, puede decírmelo?" "Groucho" le da un golpecito en el hombro con el báculo y contesta: "Un león de dorado pelaje."
Cuando lo leí, no fue para ni más que desatino con algo dentro, vagamente presentido. Ahora, todo era claro como el día, evidente como Euclides. Desde luego, el Dharma-Cuerpo del Buda era el seto al fondo del jardín. Al mismo tiempo y de modo no menos evidente, era estas flores y cualquier otra cosa en que Yo -o mejor dicho, el bienaventurado No-Yo, liberado por un momento de mi asfixiante abrazo- quisiera fijar mi vista. Los libros, por ejemplo, que cubrían las paredes de mi estudio. Como las flores, brillaban cuando los miraba, con colores más vivos, con un significado más profundo. Había allí libros rojos como rubíes, libros esmeralda, libros encuadernados en blanco jade; libros de ágata, de aguamarina, de amarillo topacio; libros de lapislázuli de color tan intenso, tan intrínsecamente significativos, que parecían estar a punto de abandonar los anaqueles para lanzarse más insistentemente a mi atención. -¿Qué me dice de las relaciones espaciales? -indagó el investigador, mientras yo miraba a los libros.
Era difícil la contestación. Verdad era que la perspectiva parecía rara y que se hubiera dicho que las paredes de la habitación no se encontraban ya en ángulos rectos. Pero esto no era lo importante. Lo verdaderamente importante era que las relaciones espaciales habían dejado de importar mucho y que mi mente estaba percibiendo el mundo en términos que no eran los de las categorías espaciales. En tiempos ordinarios, el ojo se dedica a problemas como: ¿Dónde?, ¿A qué distancia? ¿Cuál es la situación respecto a tal o cual cosa? En la experiencia de la mescalina, las preguntas implícitas a las que el ojo responde son de otro orden. El lugar y la distancia dejan de tener mucho interés. La mente no tiene su percepción en función de la intensidad de la existencia, de la profundidad del significado, de relaciones dentro de un sistema. Veía los libros, pero no estaba interesado en las posiciones que ocupaban en el espacio. Lo que advertía, lo que se grababa en mi mente, ya que todos ellos brillaban con una luz viva y que la gloria era en algunos de ellos más manifiesta que en otros. En relación con esto la posición y las tres dimensiones quedaban al margen. Ello no significaba, desde luego, la abolición de la categoría de espacio. Cuando me levanté y caminé pude hacerlo con absoluta normalidad, sin equivocarme en cuanto al paradero de los objetos El espacio seguía allí. Pero había perdido su predominio. La mente se interesaba primordialmente no en las medidas y las colocaciones, sino en el ser y el significado. Y junto a la indiferencia por el espacio, había una indiferencia igualmente completa por el tiempo. -Se diría que hay tiempo de sobra. -Era todo lo que contestaba cuando el investigador me pedía que le dijera lo que yo sentía a cerca del tiempo.
Había mucho tiempo, pero no importaba saber exactamente cuánto. Hubiera podido, desde luego, recurrir a mi reloj, pero mi reloj, yo lo sabía, estaba en otro universo. Mi experiencia real había sido, y era todavía, la de una duración indefinida o, alternativamente, de un perpetuo presente formado por un apocalipsis en continuo cambio.
El investigador hizo que mi atención pasara de los libros a los muebles. Había en el centro de la habitación una mesita de máquina de escribir; más allá, desde mi punto de vista, habla una silla de mimbre y, más allá todavía, una mesa. Los tres muebles formaban un complicado dibujo de horizontales, verticales y diagonales, un dibujo que resultaba más interesante por el hecho mismo de que no era interpretado en función de relaciones espaciales. Mesita, silla y mesa se unían en una composición que parecía alguna pintura de Braque o Juan Gris, una naturaleza muerta que, según se advertía, se relacionaba con el mundo objetivo; pero expresándolo sin profundidad y sin ningún afán de realismo fotográfico. Yo miraba mis muebles, no como el utilitario que ha de sentarse en sillas y escribir o trabajar en mesas, no como el operador cinematográfico o el observador científico, sino como el puro esteta que sólo se interesaba en las formas y en sus relaciones con el campo de la visión o el espacio del cuadrado. Pero, mientras miraba, esta vista puramente estética de cubista fue reemplazada por lo que sólo se puede describir como "la visión sacramental de la realidad". Estaba de regreso donde había estado al mirar las flores, de regreso en el mundo donde todo brillaba con la luz interior y que era infinito en su significado. Las patas de la silla, por ejemplo, ¡Que maravillosamente tubulares eran, que sobrenaturalmente pulidas!. Pasé varios minutos - ¿o fueron siglos?-, no en mera contemplación de estas patas de bambú, sino realmente siendo ellas o, mejor dicho, siendo yo mismo en ellas o, todavía con más precisión -pues "yo" no intervenía en el asunto, como tampoco, en cierto modo, "ellas"-, siendo mi No-mismo en él No-misma que era la silla.
Al reflexionar sobre mi experiencia, me sentí de acuerdo con el eminente filósofo de Cambridge Dr. C. D. Broad en que "haríamos bien en considerar con más seriedad que hasta ahora el tipo de teoría que Bergson presentó en relación con la memoria y la percepción de los sentidos". Según estas ideas la función del cerebro, el sistema nervioso y los órganos sensoriales es principalmente eliminativa, no productiva. Cada persona, en cada momento, es capaz de recordar cuanto le ha sucedido y de percibir cuanto está sucediendo en cualquier parte del universo. La función del cerebro y del sistema nervioso es protegernos, impedir que quedemos abrumados y confundidos, por esta masa de conocimiento en gran parte inútiles y sin importancia, dejando fuera la mayor parte de lo que de otro modo percibiríamos o recordaríamos en cualquier momento y admitiendo únicamente la muy reducida y especial selección que tiene probabilidades de sernos prácticamente útil. Conforme a esta teoría, cada uno de nosotros es potencialmente Inteligencia Libre. Pero, en la medida en que somos animales, lo que nos importa es sobrevivir a toda costa. Para que la supervivencia biológica sea posible, la Inteligencia Libre tiene que ser regulada mediante la válvula reducidora del cerebro y del sistema nervioso. Lo que sale por el otro extremo del conducto es un insignificante hilillo de esa clase de conciencia que nos ayudará a seguir con vida en la superficie de este planeta determinado. Para formular y expresar el contenido de este reducido conocimiento, el hombre ha inventado e incesantemente elaborado esos sistemas de símbolos y filosofías implícitas que denominamos lenguajes. Cada individuo se convierte enseguida en el beneficiario y la víctima de la tradición lingüística en la que ha nacido: el beneficiario en cuanto el lenguaje procura acceso a las acumuladas constancias de la experiencia ajena y la víctima en cuanto le confirma en la creencia de que ese reducido conocimiento es el único conocimiento y en cuanto deja hechizado su sentido de la realidad, en forma que cada cual se inclina demasiado a tomar sus conceptos por datos y sus palabras por cosas reales. Lo que, en el lenguaje de la religión se llama "este mundo" es el universo del conocimiento reducido, expresado y, por decirlo así, petrificado por el lenguaje. Los diversos "otros mundo" con los que los seres humanos entran de modo errátil en contacto, son otros tantos elementos de la totalidad del conocimiento pertenecientes a la Inteligencia Libre. La mayoría de las personas sólo llegan a conocer, la mayor parte del tiempo, lo que pasa por la válvula reductora y está consagrado como genuinamente real por el lenguaje del lugar. Sin embargo, ciertas personas parecen nacidas con una especie de válvula adicional que permite trampear a la reductora. Hay otras personas que adquieren transitoriamente el mismo poder, sea espontáneamente sea como resultado de "ejercicios espirituales", de la hipnosis o de las drogas. Gracias a estas válvulas auxiliares permanentes o transitorias discurre, no, desde luego, la percepción de "cuando está sucediendo en todas las partes del universo -pues la válvula auxiliar no suprime a la reductora que sigue excluyendo el contenido total de la Inteligencia Libre-, sino algo más -y sobre todo algo diferente del material utilitario-, cuidadosamente seleccionado, que nuestras estrechas inteligencias individuales consideran como un cuadro completo, o por lo menos suficiente, de la realidad.
El cerebro cuenta con una serie de sistemas de enzimas que sirven para coordinar sus operaciones. Algunas de estas enzimas regulan el suministro de glucosa a las células cerebrales. La mescalina impide la producción de estas enzimas determinadas y disminuye así la cantidad de glucosa a disposición de un órgano que tiene una constante necesidad de azúcar. ¿Qué sucede cuando la mescalina reduce la normal ración de azúcar del cerebro? Son muy pocos los casos que han sido observados y esto impide que se pueda dar ya una contestación concluyente. Pero lo que sucede a la mayoría de los pocos que han tomado mescalina bajo fiscalización puede ser resumido como dije:
1º La capacidad de recordar y de "pensar bien" queda poco o nada disminuida. Cuando escucho las grabaciones de mi conversación bajo la influencia de la droga, no advierto que haya sido entonces más estúpido que en tiempo ordinario.
2º Las impresiones visuales se intensifican mucho y el ojo recobra parte de esa inocencia perceptiva de la infancia, cuando el sentido no está inmediata y automáticamente subordinado al concepto. El interés por el espacio disminuye y el interés por el tiempo casi se reduce a cero.
3º Aunque el intelecto no padece y aunque la percepción mejora muchísimo, la voluntad experimenta un cambio profundo y no para bien. Quien toma mescalina no ve razón alguna para hacer nada determinado y juzga carentes de todo interés la mayoría de las causas por las que en tiempos ordinarios estaría dispuesto a actuar y sufrir. No puede molestarse por ellas, por la sencilla razón de que tiene cosas mejores en que pensar.
4º Estas cosas mejores pueden ser experimentadas -como yo las experimenté- "ahí afuera" o "aquí adentro", o en ambos mundos, el interior y el exterior, simultánea o sucesivamente. Que son cosas mejores resulta evidente para todo tomador de mescalina que acuda a la droga con un hígado sano y un ánimo sereno.
Estos efectos de la mescalina son de la clase de los que cabría esperar que siguieran a la administración de una droga capaz de menoscabar la eficiencia de la válvula reducidora del cerebro. Cuando el cerebro se queda sin azúcar, el desnutrido ego se siente débil, se resiste a empender los necesarios quehaceres y pierde todo su interés en la relaciones espaciales y temporales que tanto significan para un org
anismo deseoso de ir tirando en este mundo. Cuando la Inteligencia Libre se cuela por la válvula que ya no es hermética, comienzan a suceder toda clase de cosas biológicamente inútiles. En algunos casos, se pueden tener percepciones extrasensoriales. Otras personas descubren un mundo de belleza visionaria. A otras más se les revelan la gloria, el infinito valor y la plenitud de sentido de la existencia desnuda, del acontecimiento tal cual, al margen del concepto. En la fase final de la desaparición del ego -y no puedo decir si la ha alcanzado alguna vez algún tomador de mescalina-, hay un "oscuro conocimento" de que Todo está en todo, de que Todo es realmente cada cosa. Yo supongo que esto es lo más que una inteligencia finita puede de acercarse a "pecibir cuanto esté sucediendo en todas las partes del universo".




Lecturas:

Aldous Huxley, Las puertas de lapercepción. Edhasa 1979
William Blake, El matrimonio del cielo y del infierno. Ediciones Hiperión 2007

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jueves, 29 de abril de 2010

Tú eres Eso

El verdadero rostro de Jano se encuentra en el punto indimensionado que separa y une los contrarios. Puerta oculta a las miradas dirigidas al pasado y al futuro, verdaderas murallas del paraíso donde Dios mora.

"Estrecha es la puerta y angosta es la vía que conduce a la Vida, por lo que son pocos los que la encuentran"
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Mateo 7-14
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"Un millar de años pasados, multiplicados por un millar de años futuros, están presentes a tí en este momento."
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Farid ud-Din Attar
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El siguiente texto es una selección de fragmentos del capítulo 12 de la obra de Aldous Huxley "La filosofía Perenne". Tiene por título "El tiempo y la eternidad".

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El universo es una sucesión de acontecimientos; pero su base, según la Filosofía Perenne, es el ahora sin tiempo del espíritu divino. Puede hallarse una exploración clásica de la relación entre tiempo y eternidad en los últimos capítulos de la "Consolación de la Filosofía", donde Boecio resume los conceptos de sus predecesores, especialmente de Plotino.

"Una cosa es ser llevado a través de una vida sin fin y otra abarcar junta toda la presencia de una vida sin fin, lo que es manifiestamente propio de la Mente divina.
El mundo temporal parece emular en parte lo que no puede plenamete obtener o expresar, ligándose a cualquier presencia existente en este exiguo y fugaz momento; una presencia que, pues acarrea cierta imagen de esa duradera Presencia, da a lo que participa de ella la cualidad de parecer que tiene ser. Pero, pues no podía permanecer, emprendió un infinito viaje de tiempo; y así sucedió que, yendo, continuó esa vida cuya plenitud no podía abarcar permaneciendo".

"Puesto que Dios tiene siempre un estado eterno y presente, Su conocimiento, que sobrepasa las ideas del tiempo, permanece en la simplicidad de Su presencia y, comprendiendo lo infinito de lo pasado y lo por venir, considera todas las cosas como si estuvieran en el acto de ser cumplidas."

Boecio


"La idea de un reloj envuelve toda la sucesión del tiempo. En la idea la hora sexta no es anterior a la séptima ni a la octava, aunque el reloj nunca da la hora, salvo cuando la idea la pide."

Nicolás de Cusa


De Hobbes en adelante, los enemigos de la Filosofía Perenne han negado la existencia de un eterno ahora. Según estos pensadores, el tiempo y el cambio son fundamentales: no hay otra realidad.(...)
La existencia del eterno presente es a veces negada alegando que un orden temporal no puede coexistir con otro orden no temporal, y que es imposible que una substancia cambiante se una a una substancia que no cambia. Es obvio que esta objeción sería válida si el orden no temporal fuera de naturaleza mecánica, o si la substancia incambiante poseyera cualidade
s espaciales y materiales. Pero, según la Filosofía Perenne, el eterno ahora es una conciencia; la Base divina es espíritu; el ser de Brahma es conocimiento. Que un mundo temporal sea conocido y, al ser conocido, sustentado y perpetuamente creado por una conciencia eterna, es una idea que no contiene nada que se contradiga.
Finalmente llegamos a los argumentos dirigidos contra los que afirmaron que la eterna Base pueda ser conocida unitivamente por mentes humanas. Esta alegación es considerada absurda porque envuelve el aserto: "ora soy eterno, ora soy en el tiempo". Pero esta afirmación es absurda solamente si el hombre es un ser de doble naturaleza, capaz de vivir en un solo plano. Pero si, como han mantenido siempre los expositores de la Filosofía Perenne, el hombre no es sólo cuerpo y psique, sino también espíritu, y si puede, a voluntad, vivir sea en el plano meramente humano o en armonía, y en unión, con la divina Base de su ser, entonces la afirmación es perfectamente sensata. El cuerpo es siempre temporal, el espíritu es siempre eterno, y la psique es una criatura anfibia obligada por las leyes de la existencia del hombre a asociarse hasta cierto punto con su cuerpo, pero capaz, si lo desea, de experimentar su espíritu e identificarse con él y, mediante su espíritu, con la Base divina. El espíritu continúa siempre como eternamente es; pero el hombre está constituido de tal modo que su psique no puede estar siempre identificada con el espíritu. En la afirmación: "Ora soy eterno, ora soy en el tiempo", el sujeto es la psique, que pasa del tiempo a la eternidad cuando se identifica con el espíritu y vuelve de la eternidad al tiempo, sea voluntariamente o por necesidad involuntaria, cuando quiere identificarse con el cuerpo o es obligado a ello.

"El sufí -dice Jalal-uddin Rumi- es hijo del presente." El progreso espiritual es un avance en espiral. Partimos como niños, en la eternidad animal de la vida en el momento, sin ansiedad por el futuro ni pesar por el pasado; crecemos hasta la condición especificamente humana de los que miran adelante y atras, de los que viven en gran parte, no en el presente, sino en recuerdo y esperanza, no espontáneamente, sino con norma y prudencia, con arrepentimiento, temor y esperanza; y podemos continuar, si lo deseamos, subiendo y abanzando, en magnífica vuelta, hasta un punto correspondiente a nuestro punto de partida en la animalidad, pero inconmensurablemete más alto. Una vez más la vida es vivida en el momento; la vida, ahora, no de una criatura infrahumna, sino de un ser en el que la caridad ha eliminado el temor, la visión ha reemplazado la esperanza, la abnegación ha termindo con el egoísmo positivo de la reminiscencia halagüeña y el egoismo negativo del remordimiento. El momento presente es la única abertura por la que el alma puede pasar del tiempo a la eternidad, por la que la gracia puede pasar de un alma en el tiempo a otra alma en el tiempo. Por eso el sufí y, con él, cualquier otro expositor practicante de la Filosofía Perenne es o procura ser hijo del presente (o del momento).

"Pasado y futuro ocultan a Dios a nuestra vista;
quémalos con fuego. ¿Hasta cuándo
te dividirán estos segmentos, como una caña?
Mientras la caña está dividida, no conoce secretos
ni responde vocalmente el labio ni al aliento.

Jalal-uddin Rumi


"Este vaciar la memoria (aunque no se siguiera de él tanto como es ponerse en Dios), por sólo ser causa de librarse de muchas penas, aflicciones y tristezas, allende de las imperfecciones y pecados de que se libra el alma, es grande bien.

San Juan de la Cruz

En la idealista cosmología del budismo mahayánico, la memoria desempeña el papel de un demiurgo harto maléfico. "Cuando la triple palabra es examinada por el Bodhisattva, percibe éste que su existencia es debida a la memoria que ha sido acumulada desde el pasado sin comienzo, pero interpreta erróneamente." (Lankavatara Sutra.) La palabra traducida aquí por "memoria" significa literalmente "perfumar". El cuerpo mental llevaba consigo el inextirpable olor de todo lo que se pensó e hizo, deseó y sintió, a lo largo de su pasado racial y personal. Los chinos traducen el término "hábito-energía". El mundo es lo que (a nuestros ojos) es, a causa de todos los hábitos recordados consciente o inconscientemente y fisiológicamente, adquiridos por nuestros antepasados o por nosotros mismos, sea en nuestra vida actual o en existencias previas. Estos recordados malos hábitos nos hacen creer que la multiplicidad es la única realidad y que la idea del "yo", "mi", "mío" representa la verdad final. El Nirvana consiste en "ver la morada de la realidad tal como es", y no la realidad quod nos, como nos parece. Es obvio que esto no puede lograrse mientras exista un "nos" para el que la realidad pueda ser relativa. De ahí la necesidad, recalcada por todo expositor de la Filosofía Perenne, de mortificación, de morir para el yo. Y no debe ser sólo una mortificación de los apetitos, los sentimientos y la voluntad, sino también de las facultades razonadoras, de la conciencia misma y lo que hace de nuestra conciencia lo que es; nuestra memoria personal y nuestras hábito-energías heredadas. Para lograr la liberación completa, la conversión que hace abandonar el pecado no es bastante; debe haber también una conversión de la mente, una paravritti, como los mahayanistas lo llaman, o reacción en las honduras mismas de la conciencia. Como resultado de esta reacción, las hábito-energías de la memoria acumuladas son destruidas y, junto con ellas, el sentimiento de ser un yo separado. La realidad no es ya pecibida quoad nos (por la suficiente razón de que no hay un nos que la perciba), sino como es en sí misma. Según las palabras de Blake: "Si las puertas de la percepción fuesen limpiadas, todo se vería como es, infinito". Por aquellos que son puros de corazón y pobres de espíritu, Samsara y Nirvana, apariencia y realidad, tiempo y eternidad, son experimentados como lo uno y lo mismo.

"El tiempo es lo que impide que la luz nos alcance. No hay mayor obstáculo para llegar a Dios que el tiempo. Y no sólo el tiempo, sino las temporalidades; no sólo los afectos temporales, sino la mácula y el olor mismos del tiempo".

"Alégrate en Dios todo el tiempo, dice San Pablo. Se alegra todo el tiempo quien lo hace por encima del tiempo y libre del tiempo. Tres cosas privan al hombre de conocer a Dios. La primera es el tiempo, la segunda es la corporalidad, la tercera es la multiplicidad. Para que Dios pueda entrar, estas cosas deben salir; de no ser que las tengas de un modo más elevado, mejor: la multitud resumida en uno en ti".

Maestro Eckhart

Siempre que se piensa en Dios como siendo enteramente en el tiempo, hay una tendencia a considerarle más bien como un ser "numinoso" que como un ser moral; un Dios de mero inmitigado Poder más bien que un Dios de Poder, Sabiduría y Amor; un inescrutable y peligroso potentado que hay que aplacar con sacrificios, no un Espíritu que hay que adorar en espíritu. Todo esto es harto natural; pues el tiempo es un perpetuo perecer y un Dios que es enteramente en el tiempo es un Dios que destruye tan rapidamente como crea. La Naturaleza es tan incomprensiblemente aterradora como bella y dadivosa. Si lo Divino no trasciende el orden temporal en que es inmanente, y si el espíritu humano no trasciende su alma ligada al tiempo, no hay entonces posibilidad de "justificar la conducta de Dios para con el hombre". Dios, según se manifiesta en el universo, es el irresistible Ser que habla a Job desde el torbellino y cuyos emblemas son Behemot y Leviatán, el caballo de Batalla y el águila. Es este mismo Ser el descrito en el apocalíptico capítulo onceno del Bhagavad Gita. "Oh Supremo Espíritu -dice Arjuna-, anhelo ver tu forma Isvara" -esto es, su forma como Dios del mundo, la Naturaleza, el orden temporal. Krishna contesta-: "Verás el universo entero, con todas las cosas animadas e inanimadas, dentro de este cuerpo mío." La reacción de Arjuna ante la revelación es de asombro y temor:

Ah, Dios mío, veo a todos los dioses dentro de tu cuerpo;
cada una en su grado, la multitud de criaturas;
veo a Brahma sentado sobre su loto,
veo a los sabios y las serpientes sagradas.
Forma universal, te veo sin límite,
infinita en ojos, brazos, bocas y vientres;
veo, y no hallo fin, medio ni comienzo.

Sigue un largo pasaje, que se extiende sobre la omnipotencia y el absoluto alcance de Dios en su forma Isvara. Luego cambia la cualidad de la visión, y Arjuna advierte, trémulo y temeroso, que el Dios del universo es un Dios así de destrucción como de creación

Ahora, con terribles colmillos, rechinan tus bocas,
llameantes como los fuegos matutinos del día final...
Norte, sur, este y oeste parecen confundirse...
¡Señor de los devas, morada del mundo, ten misericordia!...

Rápidos como ríos corriendo hacia el océano,
se precipitan los héroes en tus fauces de fuego,
como alevillas que buscan la llama de su destrucción.
De cabeza se zambullen en ti y perecen...

Dime quién eres y fuiste desde el comienzo,
tú, el de aspecto sombrío. ¡Oh Dios de dioses, muestra tu gracia!

Recibe mi homenaje, Señor: De mí se ocultan tus modos.
¡Dime quién eres!
(La respuesta es clara e inequívoca)

Vine como Tiempo el asolador de los pueblos,
dispuesto para la hora que madura su ruina.


Pero el Dios que viene tan terriblemente como Tiempo también existe sin tiempo como Divinidad, el Brahma cuya esencia es Sat, Chit, Ananda, Ser, Advenimiento, Beatitud; y dentro y más allá de la psique del hombre, temporalmente torturada, está su espíritu, "increado e increable", como dice Eckhart, el Atma que es afín al Brahma o aun idéntico con él. El Gita, como todas las demás formulaciones de la Filosofía Perenne, justifica la conducta de Dios hacia el hombre afirmando -y la afirmación se basa en la observación y la experiencia inmediata- que el hombre puede, si lo desea, morir para su separado yo personal y así llegar a la unión con el eterno Espíritu. Afirma, asimismo, que el Avatar viene a encarnarse para ayudar a los seres humanos a lograr esta unión. Lo hace de tres modos: enseña la verdadera doctrina en un mundo cegado por la ignorancia voluntaria; invitando a las almas a un "amor carnal" de su humanidad, no como un fin en sí mismo, sino como medio para un espiritual amor-conocimiento de Espíritu; y finalmente, sirviendo como cauce de gracia.













Saturno-Cronos y Kali

Dios que es espíritu sólo puede ser adorado en espíritu y por su propia causa; pero Dios en el tiempo es normalmente adorado por medios materiales con el objeto de lograr fines temporales. Dios en el tiempo es manifiestamente así el destructor como el creador; y por esto ha parecido apropiado adorarle con métodos que son tan terribles como las destrucciones que él inflige. De ahí, en la India, los sacrificios de sangre de Kali, en su aspecto de Naturaleza destructora; de ahí esas ofrendas de niños a Moloc, censuradas por los profetas hebreos; de ahí los sacrificios humanos practicados, por ejemplo, por los fenicios, los cartagineses, los druidas, los aztecas. En todos estos casos, la divinidad a quien se sacrificaba era un dios en el tiempo, o una personificación de la Naturaleza, que no es otra cosa que el Tiempo mismo, el devorador de sus hijos; y en todos los casos el objeto del rito era obtener un beneficio futuro o evitar uno de los enormes males del Tiempo y la Naturaleza tienen siempre en reserva. Para ello, se creía que valía la pena pagar un alto precio en esa moneda del sufrimiento que el Destructor tan evidentemente apreciaba. La importancia del fin temporal justificaba el uso de medios que eran intrinsecamente terribles, por su intrínseco parecido con el tiempo. Rastros sublimados de estas antiguas tramas de pensamiento y conducta pueden hallarse todavía en ciertas teorías de la Expiación y en la concepción de la Misa como el sacrificio, perpetuamente repetido del Dios Hombre.

En el mundo moderno, los dioses a quienes se ofrecen sacrificios humanos no son peronificaciones de la Naturaleza, sino de los ideales políticos de la propia fabricación del hombre. Éstos, por supuesto, se refieren todos a acontecimientos en el tiempo; acontecimientos reales del pasado o el presente, imaginados acontecimientos del futuro. Y aquí debería notarse que la filosofía que afirma la existencia y la inmediata advertibilidad de la eternidad está relacionada con una clase de teoría y práctica políticas. Esto ha sido claramente reconocido por ciertos escritores marxistas que señalan que, cuando el cristianismo se preocupa principalmente por acontecimientos en el tiempo, es una "religión revolucionaria", y que cuando, bajo influencias místicas, insiste en el Evangelio Eterno, del que los hechos históricos o seudohistóricos narrados en la Escritura no son más que símbolos, se vuelve políticamente "estático" y "reaccionario". Esta explicación marxista del asunto es excesivamente simplificada. No es completamente cierto el decir que todas las teologías y filosofías cuya principal preocupación es lo temporal más bien que lo eterno son necesariamente revolucionarias. El objeto de todas las revoluciones es hacer el futuro radicalmente distinto del pasado y mejor que éste. Pero algunas de las filosofías que padecen la obsesión del tiempo se preocupan principalmente por el pasado, no por el futuro, y su política está enteramente dedicada a preservar o restaurar el status quo y volver a los buenos tiempos de antaño. Pero los retrospectivos adoradores del tiempo tienen una cosa en común con los revolucionarios devotos del futuro mejor y más grande; están dispuestos a usar de ilimitada violencia para lograr sus fines. Ahí descubrimos la diferencia esencial entre la política de los filósofos de la eternidad y la de los filósofos del tiempo. Para los últimos, el bien final se encuentra en el mundo temporal, en un futuro en que todos serán felices porque todos harán y pensarán algo enteramente nuevo y sin precedente, o algo antiguo, tradicional y consagrado. Y como el bien final está en el mundo, hallan justificado el empleo de cualquier medio temporal para lograrlo. La inquisción quema y tortura para perpetuar un credo, un rito y una organización eclesiástico-político-financiera considerada para la salvación eterna de los hombres. Protestantes adoradores de la Biblia luchan en guerras largas y salvajes para asegurar en el mundo lo que ellos apasionadamene imaginan que es el auténtico cristianismo antiguo de ls tiempos apostólicos. Jacobinos y bolcheviques están dispuestos a sacrificar millones de vidas humanas por la causa de un porvenir politico-económico suntuosamente distinto del presente. Y ahora toda Europa y la mayor parte de Asia han tenido que ser sacrificadas a la visión de la Coprosperidad y el Reich milenario que descubrió un vidente en su bola de vidrio. De los anales de la historia parece surgir con abundante claridad que la mayoría de las religiones y filosofías que toman el tiempo demasiado en serio están relacionadas con teorías políticas que inculcan y justifican el uso de la violencia en gran escala. Las únicas excepciones son esas simples fes epicúreas, en que la reacción ante un tiempo demasiado real es "Comed, bebed y alegraos, porque mañana moriremos". No es ésta una moralidad muy noble, ni siquiera muy realista. Pero parece muho más sensata que la ética revolucionaria: "Morid (y matad), porque mañana otros comerán, beberán y se alegrarán". En la práctica, por supuesto, la perspectiva de la futura alegría ajena es sumamente precaria. Porque el proceso del morir y matar crea condiciones materiales, sociales y psicológicas que prácticamente garantizan a la revolución contra el logro de sus benéficos fines.

Para aquellos cuya filosofía no los obliga a tomar el tiempo con excesiva seriedad, el bien final no debe buscarse en el social apocalipsis progresista del revolucionario ni en el pasado reavivado y perpetuado del reaccionario, sino en un eterno y divino ahora, que los que desean suficientemente este bien pueden advertir como un hecho de experiencia inmediata. El mero acto de morir no es en sí mismo un pasaporte para la eternidad; ni puede una matanza al por mayor hacer nada para traer la liberación, sea a los matadores o a los muertos, o a su posteridad. La paz que excede toda comprensión es el fruto de la salvación en la eternidad; pero , en su forma cotidiana ordinaria, la paz es también la raiz de la liberación. Pues donde existen pasiones violentas y apremiantes distracciones, este bien final no puede ser advertido. He aquí una de las razones por que la política correspondiente a las filosofías de eternidad es tolerante y no violenta. La otra razón es que la eternidad, cuyo advenimiento es el último bien, es un interno reino del cielo. Tú eres Eso; y aunque Eso es inmortal e impasible, la matanza y tortura de "tús" individualidades es cosa de importancia cósmica, en cuanto impide la relación normal y natural entre las almas individuales y la divina Base eterna de todo ser.(...)

En Occidente, la vieja y buena norma, el simple plan, era la glorificación de la propia secta, el desprecio y aun la persecución de las demás. Recientemente, sin embargo, los gobiernos han cambiado su política. El celo catequizador y perseguidor queda reservado a las seudoreligiones políticas, tales como el comunismo, fascismo y nacionalismo; y de no ser que piense que impiden el avance hacia los fines temporales profesados por tales seudorreligiones, las diversas manifestaciones de la Filosofía Perenne son tratadas con una indiferencia desdeñosamente tolerante.(...)

Hace un centenar de años (este ensayo se escribió a mediados del siglo XX) casi no se sabía nada de sánscrito, pali o chino. La ignorancia de los eruditos europeos era una razón suficiente para su provincianismo. En estos días en que se puede disponer de buen número de traducciones más o menos correctas, no sólo no hay razón, sino que tampoco hay excusa. Sin embargo, la mayor parte de los autores europeos y americanos de libros sobre religión y metafísica escriben como si nadie hubiera pensado sobre tales temas salvo los judíos, los griegos y los cristianos de la cuenca del Mediterráneo y la Europa occidental. Esta exibición de lo que, en el siglo XX, es una ignorancia enteramente voluntaria y deliberada, no sólo es absurda y vergonzosa; es también socialmente peligrosa. Como cualquier otra forma de imperialismo, el imperialismo teológico es una amenaza contra la paz mundial permanente. El reinado de la violencia no tendrá nunca fin hasta que, primero, la mayoría de los seres humanos acepten la misma, verdadera filosofía de la vida; hasta que, segundo, esta Filosofía Perenne sea reconocida como el maximo factor común de todas las religiones mundiales; hasta que, tercero, los fieles de cada religión renuncien a las idolatrías filosofías temporales con que, en su fe particular, ha sido recubierta la Filosofía Perenne de eternidad; hasta que, cuarto, haya un repudio de alcance mundial de todas las seudorreligiones políticas, que colocan el supremo bien del hombre en el futuro y, por tanto, justifican y recomiendan la cosmosión de toda suerte de iniquidad presente como medio para tal fin. Si no se cumplen estas condiciones, no hay planes políticos por numerosos que sean, no hay proyectos económicos por ingeniosamente trazados que estén, que puedan impedir la recrudescencia de guerras y revoluciones.

"Benarés está hacia el Este, La Meca hacia el Oeste; pero explora tu corazón, pues ahí están las dos, Rama y Alá.
Kabir

Esta entrada finaliza con los siguientes textos añadidos por Fragmentalia ampliando los seleccionados por Aldous Huxley


"Mi corazón se ha hecho capaz de adoptar todas las formas. Es pasto de gacelas y convento de monjes cristianos:Templo de ídolos, Kaaba de los peregrinos, Tablas de la ley judía y el libro del Corán. Yo milito en la religión del amor, dondequiera que se vuelvan sus cabalgaduras, ahí está mi religión y mi fe.

Ibn Arabî, El interprete de los deseos


"¿Qué debo hacer, creyentes? No me conozco a mí mismo; no soy cristiano, ni judío, ni mazdeo ni musulmán, ni de oriente ni de occidente, ni de la mar ni de la tierra, ni de los cielos en rotación ni de las minas de la naturaleza ... Mi lugar es el no tenerlo, mi signo es el no mostrarlo. Al no poseer alma ni cuerpo, pertenezco al Espíritu Supremo. Al rechazar la dualidad, no he visto más que un universo. ¡El! Le busco y le conozco, le percibo y le llamo. ¡El! Es el alfa y la omega. ¡El! Lo evidente y lo invisible. No conozco más que a El y proclamo : oh, El; oh, El que ES."

Jalal-uddin Rumi, Mathnawi
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Para una mayor profundidad sobre el aspecto simbólico de este tema desde la perspectiva De la Filosofía Perenne, recomiendo la obra de referencia de Ananda Coomaraswamy también titulada "El tiempo y la eternidad" .