Foto: Trencadís (cerámica fragmentada) en el Parc Güell de Barcelona

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jueves, 29 de abril de 2010

Tú eres Eso

El verdadero rostro de Jano se encuentra en el punto indimensionado que separa y une los contrarios. Puerta oculta a las miradas dirigidas al pasado y al futuro, verdaderas murallas del paraíso donde Dios mora.

"Estrecha es la puerta y angosta es la vía que conduce a la Vida, por lo que son pocos los que la encuentran"
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Mateo 7-14
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"Un millar de años pasados, multiplicados por un millar de años futuros, están presentes a tí en este momento."
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Farid ud-Din Attar
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El siguiente texto es una selección de fragmentos del capítulo 12 de la obra de Aldous Huxley "La filosofía Perenne". Tiene por título "El tiempo y la eternidad".

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El universo es una sucesión de acontecimientos; pero su base, según la Filosofía Perenne, es el ahora sin tiempo del espíritu divino. Puede hallarse una exploración clásica de la relación entre tiempo y eternidad en los últimos capítulos de la "Consolación de la Filosofía", donde Boecio resume los conceptos de sus predecesores, especialmente de Plotino.

"Una cosa es ser llevado a través de una vida sin fin y otra abarcar junta toda la presencia de una vida sin fin, lo que es manifiestamente propio de la Mente divina.
El mundo temporal parece emular en parte lo que no puede plenamete obtener o expresar, ligándose a cualquier presencia existente en este exiguo y fugaz momento; una presencia que, pues acarrea cierta imagen de esa duradera Presencia, da a lo que participa de ella la cualidad de parecer que tiene ser. Pero, pues no podía permanecer, emprendió un infinito viaje de tiempo; y así sucedió que, yendo, continuó esa vida cuya plenitud no podía abarcar permaneciendo".

"Puesto que Dios tiene siempre un estado eterno y presente, Su conocimiento, que sobrepasa las ideas del tiempo, permanece en la simplicidad de Su presencia y, comprendiendo lo infinito de lo pasado y lo por venir, considera todas las cosas como si estuvieran en el acto de ser cumplidas."

Boecio


"La idea de un reloj envuelve toda la sucesión del tiempo. En la idea la hora sexta no es anterior a la séptima ni a la octava, aunque el reloj nunca da la hora, salvo cuando la idea la pide."

Nicolás de Cusa


De Hobbes en adelante, los enemigos de la Filosofía Perenne han negado la existencia de un eterno ahora. Según estos pensadores, el tiempo y el cambio son fundamentales: no hay otra realidad.(...)
La existencia del eterno presente es a veces negada alegando que un orden temporal no puede coexistir con otro orden no temporal, y que es imposible que una substancia cambiante se una a una substancia que no cambia. Es obvio que esta objeción sería válida si el orden no temporal fuera de naturaleza mecánica, o si la substancia incambiante poseyera cualidade
s espaciales y materiales. Pero, según la Filosofía Perenne, el eterno ahora es una conciencia; la Base divina es espíritu; el ser de Brahma es conocimiento. Que un mundo temporal sea conocido y, al ser conocido, sustentado y perpetuamente creado por una conciencia eterna, es una idea que no contiene nada que se contradiga.
Finalmente llegamos a los argumentos dirigidos contra los que afirmaron que la eterna Base pueda ser conocida unitivamente por mentes humanas. Esta alegación es considerada absurda porque envuelve el aserto: "ora soy eterno, ora soy en el tiempo". Pero esta afirmación es absurda solamente si el hombre es un ser de doble naturaleza, capaz de vivir en un solo plano. Pero si, como han mantenido siempre los expositores de la Filosofía Perenne, el hombre no es sólo cuerpo y psique, sino también espíritu, y si puede, a voluntad, vivir sea en el plano meramente humano o en armonía, y en unión, con la divina Base de su ser, entonces la afirmación es perfectamente sensata. El cuerpo es siempre temporal, el espíritu es siempre eterno, y la psique es una criatura anfibia obligada por las leyes de la existencia del hombre a asociarse hasta cierto punto con su cuerpo, pero capaz, si lo desea, de experimentar su espíritu e identificarse con él y, mediante su espíritu, con la Base divina. El espíritu continúa siempre como eternamente es; pero el hombre está constituido de tal modo que su psique no puede estar siempre identificada con el espíritu. En la afirmación: "Ora soy eterno, ora soy en el tiempo", el sujeto es la psique, que pasa del tiempo a la eternidad cuando se identifica con el espíritu y vuelve de la eternidad al tiempo, sea voluntariamente o por necesidad involuntaria, cuando quiere identificarse con el cuerpo o es obligado a ello.

"El sufí -dice Jalal-uddin Rumi- es hijo del presente." El progreso espiritual es un avance en espiral. Partimos como niños, en la eternidad animal de la vida en el momento, sin ansiedad por el futuro ni pesar por el pasado; crecemos hasta la condición especificamente humana de los que miran adelante y atras, de los que viven en gran parte, no en el presente, sino en recuerdo y esperanza, no espontáneamente, sino con norma y prudencia, con arrepentimiento, temor y esperanza; y podemos continuar, si lo deseamos, subiendo y abanzando, en magnífica vuelta, hasta un punto correspondiente a nuestro punto de partida en la animalidad, pero inconmensurablemete más alto. Una vez más la vida es vivida en el momento; la vida, ahora, no de una criatura infrahumna, sino de un ser en el que la caridad ha eliminado el temor, la visión ha reemplazado la esperanza, la abnegación ha termindo con el egoísmo positivo de la reminiscencia halagüeña y el egoismo negativo del remordimiento. El momento presente es la única abertura por la que el alma puede pasar del tiempo a la eternidad, por la que la gracia puede pasar de un alma en el tiempo a otra alma en el tiempo. Por eso el sufí y, con él, cualquier otro expositor practicante de la Filosofía Perenne es o procura ser hijo del presente (o del momento).

"Pasado y futuro ocultan a Dios a nuestra vista;
quémalos con fuego. ¿Hasta cuándo
te dividirán estos segmentos, como una caña?
Mientras la caña está dividida, no conoce secretos
ni responde vocalmente el labio ni al aliento.

Jalal-uddin Rumi


"Este vaciar la memoria (aunque no se siguiera de él tanto como es ponerse en Dios), por sólo ser causa de librarse de muchas penas, aflicciones y tristezas, allende de las imperfecciones y pecados de que se libra el alma, es grande bien.

San Juan de la Cruz

En la idealista cosmología del budismo mahayánico, la memoria desempeña el papel de un demiurgo harto maléfico. "Cuando la triple palabra es examinada por el Bodhisattva, percibe éste que su existencia es debida a la memoria que ha sido acumulada desde el pasado sin comienzo, pero interpreta erróneamente." (Lankavatara Sutra.) La palabra traducida aquí por "memoria" significa literalmente "perfumar". El cuerpo mental llevaba consigo el inextirpable olor de todo lo que se pensó e hizo, deseó y sintió, a lo largo de su pasado racial y personal. Los chinos traducen el término "hábito-energía". El mundo es lo que (a nuestros ojos) es, a causa de todos los hábitos recordados consciente o inconscientemente y fisiológicamente, adquiridos por nuestros antepasados o por nosotros mismos, sea en nuestra vida actual o en existencias previas. Estos recordados malos hábitos nos hacen creer que la multiplicidad es la única realidad y que la idea del "yo", "mi", "mío" representa la verdad final. El Nirvana consiste en "ver la morada de la realidad tal como es", y no la realidad quod nos, como nos parece. Es obvio que esto no puede lograrse mientras exista un "nos" para el que la realidad pueda ser relativa. De ahí la necesidad, recalcada por todo expositor de la Filosofía Perenne, de mortificación, de morir para el yo. Y no debe ser sólo una mortificación de los apetitos, los sentimientos y la voluntad, sino también de las facultades razonadoras, de la conciencia misma y lo que hace de nuestra conciencia lo que es; nuestra memoria personal y nuestras hábito-energías heredadas. Para lograr la liberación completa, la conversión que hace abandonar el pecado no es bastante; debe haber también una conversión de la mente, una paravritti, como los mahayanistas lo llaman, o reacción en las honduras mismas de la conciencia. Como resultado de esta reacción, las hábito-energías de la memoria acumuladas son destruidas y, junto con ellas, el sentimiento de ser un yo separado. La realidad no es ya pecibida quoad nos (por la suficiente razón de que no hay un nos que la perciba), sino como es en sí misma. Según las palabras de Blake: "Si las puertas de la percepción fuesen limpiadas, todo se vería como es, infinito". Por aquellos que son puros de corazón y pobres de espíritu, Samsara y Nirvana, apariencia y realidad, tiempo y eternidad, son experimentados como lo uno y lo mismo.

"El tiempo es lo que impide que la luz nos alcance. No hay mayor obstáculo para llegar a Dios que el tiempo. Y no sólo el tiempo, sino las temporalidades; no sólo los afectos temporales, sino la mácula y el olor mismos del tiempo".

"Alégrate en Dios todo el tiempo, dice San Pablo. Se alegra todo el tiempo quien lo hace por encima del tiempo y libre del tiempo. Tres cosas privan al hombre de conocer a Dios. La primera es el tiempo, la segunda es la corporalidad, la tercera es la multiplicidad. Para que Dios pueda entrar, estas cosas deben salir; de no ser que las tengas de un modo más elevado, mejor: la multitud resumida en uno en ti".

Maestro Eckhart

Siempre que se piensa en Dios como siendo enteramente en el tiempo, hay una tendencia a considerarle más bien como un ser "numinoso" que como un ser moral; un Dios de mero inmitigado Poder más bien que un Dios de Poder, Sabiduría y Amor; un inescrutable y peligroso potentado que hay que aplacar con sacrificios, no un Espíritu que hay que adorar en espíritu. Todo esto es harto natural; pues el tiempo es un perpetuo perecer y un Dios que es enteramente en el tiempo es un Dios que destruye tan rapidamente como crea. La Naturaleza es tan incomprensiblemente aterradora como bella y dadivosa. Si lo Divino no trasciende el orden temporal en que es inmanente, y si el espíritu humano no trasciende su alma ligada al tiempo, no hay entonces posibilidad de "justificar la conducta de Dios para con el hombre". Dios, según se manifiesta en el universo, es el irresistible Ser que habla a Job desde el torbellino y cuyos emblemas son Behemot y Leviatán, el caballo de Batalla y el águila. Es este mismo Ser el descrito en el apocalíptico capítulo onceno del Bhagavad Gita. "Oh Supremo Espíritu -dice Arjuna-, anhelo ver tu forma Isvara" -esto es, su forma como Dios del mundo, la Naturaleza, el orden temporal. Krishna contesta-: "Verás el universo entero, con todas las cosas animadas e inanimadas, dentro de este cuerpo mío." La reacción de Arjuna ante la revelación es de asombro y temor:

Ah, Dios mío, veo a todos los dioses dentro de tu cuerpo;
cada una en su grado, la multitud de criaturas;
veo a Brahma sentado sobre su loto,
veo a los sabios y las serpientes sagradas.
Forma universal, te veo sin límite,
infinita en ojos, brazos, bocas y vientres;
veo, y no hallo fin, medio ni comienzo.

Sigue un largo pasaje, que se extiende sobre la omnipotencia y el absoluto alcance de Dios en su forma Isvara. Luego cambia la cualidad de la visión, y Arjuna advierte, trémulo y temeroso, que el Dios del universo es un Dios así de destrucción como de creación

Ahora, con terribles colmillos, rechinan tus bocas,
llameantes como los fuegos matutinos del día final...
Norte, sur, este y oeste parecen confundirse...
¡Señor de los devas, morada del mundo, ten misericordia!...

Rápidos como ríos corriendo hacia el océano,
se precipitan los héroes en tus fauces de fuego,
como alevillas que buscan la llama de su destrucción.
De cabeza se zambullen en ti y perecen...

Dime quién eres y fuiste desde el comienzo,
tú, el de aspecto sombrío. ¡Oh Dios de dioses, muestra tu gracia!

Recibe mi homenaje, Señor: De mí se ocultan tus modos.
¡Dime quién eres!
(La respuesta es clara e inequívoca)

Vine como Tiempo el asolador de los pueblos,
dispuesto para la hora que madura su ruina.


Pero el Dios que viene tan terriblemente como Tiempo también existe sin tiempo como Divinidad, el Brahma cuya esencia es Sat, Chit, Ananda, Ser, Advenimiento, Beatitud; y dentro y más allá de la psique del hombre, temporalmente torturada, está su espíritu, "increado e increable", como dice Eckhart, el Atma que es afín al Brahma o aun idéntico con él. El Gita, como todas las demás formulaciones de la Filosofía Perenne, justifica la conducta de Dios hacia el hombre afirmando -y la afirmación se basa en la observación y la experiencia inmediata- que el hombre puede, si lo desea, morir para su separado yo personal y así llegar a la unión con el eterno Espíritu. Afirma, asimismo, que el Avatar viene a encarnarse para ayudar a los seres humanos a lograr esta unión. Lo hace de tres modos: enseña la verdadera doctrina en un mundo cegado por la ignorancia voluntaria; invitando a las almas a un "amor carnal" de su humanidad, no como un fin en sí mismo, sino como medio para un espiritual amor-conocimiento de Espíritu; y finalmente, sirviendo como cauce de gracia.













Saturno-Cronos y Kali

Dios que es espíritu sólo puede ser adorado en espíritu y por su propia causa; pero Dios en el tiempo es normalmente adorado por medios materiales con el objeto de lograr fines temporales. Dios en el tiempo es manifiestamente así el destructor como el creador; y por esto ha parecido apropiado adorarle con métodos que son tan terribles como las destrucciones que él inflige. De ahí, en la India, los sacrificios de sangre de Kali, en su aspecto de Naturaleza destructora; de ahí esas ofrendas de niños a Moloc, censuradas por los profetas hebreos; de ahí los sacrificios humanos practicados, por ejemplo, por los fenicios, los cartagineses, los druidas, los aztecas. En todos estos casos, la divinidad a quien se sacrificaba era un dios en el tiempo, o una personificación de la Naturaleza, que no es otra cosa que el Tiempo mismo, el devorador de sus hijos; y en todos los casos el objeto del rito era obtener un beneficio futuro o evitar uno de los enormes males del Tiempo y la Naturaleza tienen siempre en reserva. Para ello, se creía que valía la pena pagar un alto precio en esa moneda del sufrimiento que el Destructor tan evidentemente apreciaba. La importancia del fin temporal justificaba el uso de medios que eran intrinsecamente terribles, por su intrínseco parecido con el tiempo. Rastros sublimados de estas antiguas tramas de pensamiento y conducta pueden hallarse todavía en ciertas teorías de la Expiación y en la concepción de la Misa como el sacrificio, perpetuamente repetido del Dios Hombre.

En el mundo moderno, los dioses a quienes se ofrecen sacrificios humanos no son peronificaciones de la Naturaleza, sino de los ideales políticos de la propia fabricación del hombre. Éstos, por supuesto, se refieren todos a acontecimientos en el tiempo; acontecimientos reales del pasado o el presente, imaginados acontecimientos del futuro. Y aquí debería notarse que la filosofía que afirma la existencia y la inmediata advertibilidad de la eternidad está relacionada con una clase de teoría y práctica políticas. Esto ha sido claramente reconocido por ciertos escritores marxistas que señalan que, cuando el cristianismo se preocupa principalmente por acontecimientos en el tiempo, es una "religión revolucionaria", y que cuando, bajo influencias místicas, insiste en el Evangelio Eterno, del que los hechos históricos o seudohistóricos narrados en la Escritura no son más que símbolos, se vuelve políticamente "estático" y "reaccionario". Esta explicación marxista del asunto es excesivamente simplificada. No es completamente cierto el decir que todas las teologías y filosofías cuya principal preocupación es lo temporal más bien que lo eterno son necesariamente revolucionarias. El objeto de todas las revoluciones es hacer el futuro radicalmente distinto del pasado y mejor que éste. Pero algunas de las filosofías que padecen la obsesión del tiempo se preocupan principalmente por el pasado, no por el futuro, y su política está enteramente dedicada a preservar o restaurar el status quo y volver a los buenos tiempos de antaño. Pero los retrospectivos adoradores del tiempo tienen una cosa en común con los revolucionarios devotos del futuro mejor y más grande; están dispuestos a usar de ilimitada violencia para lograr sus fines. Ahí descubrimos la diferencia esencial entre la política de los filósofos de la eternidad y la de los filósofos del tiempo. Para los últimos, el bien final se encuentra en el mundo temporal, en un futuro en que todos serán felices porque todos harán y pensarán algo enteramente nuevo y sin precedente, o algo antiguo, tradicional y consagrado. Y como el bien final está en el mundo, hallan justificado el empleo de cualquier medio temporal para lograrlo. La inquisción quema y tortura para perpetuar un credo, un rito y una organización eclesiástico-político-financiera considerada para la salvación eterna de los hombres. Protestantes adoradores de la Biblia luchan en guerras largas y salvajes para asegurar en el mundo lo que ellos apasionadamene imaginan que es el auténtico cristianismo antiguo de ls tiempos apostólicos. Jacobinos y bolcheviques están dispuestos a sacrificar millones de vidas humanas por la causa de un porvenir politico-económico suntuosamente distinto del presente. Y ahora toda Europa y la mayor parte de Asia han tenido que ser sacrificadas a la visión de la Coprosperidad y el Reich milenario que descubrió un vidente en su bola de vidrio. De los anales de la historia parece surgir con abundante claridad que la mayoría de las religiones y filosofías que toman el tiempo demasiado en serio están relacionadas con teorías políticas que inculcan y justifican el uso de la violencia en gran escala. Las únicas excepciones son esas simples fes epicúreas, en que la reacción ante un tiempo demasiado real es "Comed, bebed y alegraos, porque mañana moriremos". No es ésta una moralidad muy noble, ni siquiera muy realista. Pero parece muho más sensata que la ética revolucionaria: "Morid (y matad), porque mañana otros comerán, beberán y se alegrarán". En la práctica, por supuesto, la perspectiva de la futura alegría ajena es sumamente precaria. Porque el proceso del morir y matar crea condiciones materiales, sociales y psicológicas que prácticamente garantizan a la revolución contra el logro de sus benéficos fines.

Para aquellos cuya filosofía no los obliga a tomar el tiempo con excesiva seriedad, el bien final no debe buscarse en el social apocalipsis progresista del revolucionario ni en el pasado reavivado y perpetuado del reaccionario, sino en un eterno y divino ahora, que los que desean suficientemente este bien pueden advertir como un hecho de experiencia inmediata. El mero acto de morir no es en sí mismo un pasaporte para la eternidad; ni puede una matanza al por mayor hacer nada para traer la liberación, sea a los matadores o a los muertos, o a su posteridad. La paz que excede toda comprensión es el fruto de la salvación en la eternidad; pero , en su forma cotidiana ordinaria, la paz es también la raiz de la liberación. Pues donde existen pasiones violentas y apremiantes distracciones, este bien final no puede ser advertido. He aquí una de las razones por que la política correspondiente a las filosofías de eternidad es tolerante y no violenta. La otra razón es que la eternidad, cuyo advenimiento es el último bien, es un interno reino del cielo. Tú eres Eso; y aunque Eso es inmortal e impasible, la matanza y tortura de "tús" individualidades es cosa de importancia cósmica, en cuanto impide la relación normal y natural entre las almas individuales y la divina Base eterna de todo ser.(...)

En Occidente, la vieja y buena norma, el simple plan, era la glorificación de la propia secta, el desprecio y aun la persecución de las demás. Recientemente, sin embargo, los gobiernos han cambiado su política. El celo catequizador y perseguidor queda reservado a las seudoreligiones políticas, tales como el comunismo, fascismo y nacionalismo; y de no ser que piense que impiden el avance hacia los fines temporales profesados por tales seudorreligiones, las diversas manifestaciones de la Filosofía Perenne son tratadas con una indiferencia desdeñosamente tolerante.(...)

Hace un centenar de años (este ensayo se escribió a mediados del siglo XX) casi no se sabía nada de sánscrito, pali o chino. La ignorancia de los eruditos europeos era una razón suficiente para su provincianismo. En estos días en que se puede disponer de buen número de traducciones más o menos correctas, no sólo no hay razón, sino que tampoco hay excusa. Sin embargo, la mayor parte de los autores europeos y americanos de libros sobre religión y metafísica escriben como si nadie hubiera pensado sobre tales temas salvo los judíos, los griegos y los cristianos de la cuenca del Mediterráneo y la Europa occidental. Esta exibición de lo que, en el siglo XX, es una ignorancia enteramente voluntaria y deliberada, no sólo es absurda y vergonzosa; es también socialmente peligrosa. Como cualquier otra forma de imperialismo, el imperialismo teológico es una amenaza contra la paz mundial permanente. El reinado de la violencia no tendrá nunca fin hasta que, primero, la mayoría de los seres humanos acepten la misma, verdadera filosofía de la vida; hasta que, segundo, esta Filosofía Perenne sea reconocida como el maximo factor común de todas las religiones mundiales; hasta que, tercero, los fieles de cada religión renuncien a las idolatrías filosofías temporales con que, en su fe particular, ha sido recubierta la Filosofía Perenne de eternidad; hasta que, cuarto, haya un repudio de alcance mundial de todas las seudorreligiones políticas, que colocan el supremo bien del hombre en el futuro y, por tanto, justifican y recomiendan la cosmosión de toda suerte de iniquidad presente como medio para tal fin. Si no se cumplen estas condiciones, no hay planes políticos por numerosos que sean, no hay proyectos económicos por ingeniosamente trazados que estén, que puedan impedir la recrudescencia de guerras y revoluciones.

"Benarés está hacia el Este, La Meca hacia el Oeste; pero explora tu corazón, pues ahí están las dos, Rama y Alá.
Kabir

Esta entrada finaliza con los siguientes textos añadidos por Fragmentalia ampliando los seleccionados por Aldous Huxley


"Mi corazón se ha hecho capaz de adoptar todas las formas. Es pasto de gacelas y convento de monjes cristianos:Templo de ídolos, Kaaba de los peregrinos, Tablas de la ley judía y el libro del Corán. Yo milito en la religión del amor, dondequiera que se vuelvan sus cabalgaduras, ahí está mi religión y mi fe.

Ibn Arabî, El interprete de los deseos


"¿Qué debo hacer, creyentes? No me conozco a mí mismo; no soy cristiano, ni judío, ni mazdeo ni musulmán, ni de oriente ni de occidente, ni de la mar ni de la tierra, ni de los cielos en rotación ni de las minas de la naturaleza ... Mi lugar es el no tenerlo, mi signo es el no mostrarlo. Al no poseer alma ni cuerpo, pertenezco al Espíritu Supremo. Al rechazar la dualidad, no he visto más que un universo. ¡El! Le busco y le conozco, le percibo y le llamo. ¡El! Es el alfa y la omega. ¡El! Lo evidente y lo invisible. No conozco más que a El y proclamo : oh, El; oh, El que ES."

Jalal-uddin Rumi, Mathnawi
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Para una mayor profundidad sobre el aspecto simbólico de este tema desde la perspectiva De la Filosofía Perenne, recomiendo la obra de referencia de Ananda Coomaraswamy también titulada "El tiempo y la eternidad" .

2 comentarios:

Águeda Torrado dijo...

quizá a veces el problema consista en atisbar y acogerse a la idea de Dios como algo ajeno al hombre y a la naturaleza, tan propio del legado de la tendencia judeo-cristiana, cuando en verdad, cada uno de nosotros somos dios, cuando la naturaleza misma es dios, y cualquier comportamiento-acto que acometamos, desde nuestras necesidades básicas al más allá, son en verdad ritos, acciones sagradas.

Nada en sí es ni bueno ni malo, sólo son polaridades, extremos, con las que evadir responsabilidades y refugiarnos a esquemas de pensamiento neurotizantes. Somos Shiva-Nataraja cuando cerramos un ciclo existencial, destructores de lo que hasta ayer fuimos, y es necesario éste caos-destructivo para que más tarde renazcamos de nuestras cenizas en el vaivén de nuestra rueda.

Me alegra haber encontrado tu rincon,

un saludo

Jan dijo...

Hola Águeda,
bienvenida a este rincón.

Una cuestión que parece fundamental y necesaria es la de descubrir que los elementos permanentes de la naturaleza humana, y de la relación
del hombre con el cosmos dominan sobre los elementos transitorios y pasajeros. Tomar conciencia como Ser humano, en toda su dimensión, significa trascender lo meramente humano sujeto a las inclinaciones físicas y naturales propias de la condición temporal, y reconocer en sí la verdadera condición ligada a la eternidad. Haber olvidado esto, sería el error, problema aludido por tí, que provoca el estado de separación, y origen del conflicto interno en el hombre, reflejado en el mundo externo que este construye como pone de manifiesto Huxley en su ensayo.
Las imágenes simbólicas de Shiva Nataraja, de la que dejé algo en en este blog en fecha de 9 de diciembre de 2009, como la de Jano bifronte en esta última entrada, así como otras manifestaciones del arte que aparecen en este blog, son expresión de esa aspiración perenne del hombre a su re-unión con el infinito.

Me alegra encontrate por aquí, en este lugar encontrarás actualizaciones periódicas que espero sigan siendo de tu interés.

Recibe un cordial saludo.

Jan