Foto: Trencadís (cerámica fragmentada) en el Parc Güell de Barcelona

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martes, 20 de marzo de 2012

Cosmología Divina

La barca del sol ( en el centro) en su viaje entre el cielo, simbolizado por la diosa Nut (arqueada arriba), y la tierra, simbolizado por el dios Geb (extendido abajo).
Papiro funerario de la XXI Dinastía.



"La diferencia fundamental entre las actitudes del hombre moderno y las del antiguo, con respecto al medio que lo rodea, es que para el contemporaneo, que se apoya en la ciencia, el mundo de los fenómenos es, ante todo, un "ello", algo impersonal; en tanto que para el hombre antiguo y, en general, para el primitivo, es enteramente personal y se le trata de "tú"

H. Frankfort.




La forma de concebir el mundo fenoménico por el hombre del Antiguo Egipto era muy diferente a la que tiene el hombre moderno. En su realidad circundante, su microcosmos inmediato manifiestado en el desierto, en la crecida del río, el curso del sol, en la cúpula del cielo, el aire, etc, la totalidad macrocósmica era experimetable. El microcosmos y el macrocosmos se interpenetraban. En esta experiencia, el paisaje era contenedor de fuerzas divinas que operan en el interior de una "dimensión vertical" por la que se podía acceder a una realidad metafísica. Para el egipcio antiguo, el mundo metafísico se derrama sobre el físico otorgándole significado, su conocimiento era condición necesaria para una concepción más real de la vida. En el texto siguiente, podemos hacernos una idea de como se ordenaba esa realidad a partir de una percepción simbólica del mundo manifestado.



El cosmos manifestado
por
Jeremy Naydler



Los egipcios concebían el cosmos como un conjunto de tres reinos: la tierra llana bordeada de montañas; el cielo por encima de la tierra, y la atmósfera entre el cielo y la tierra. Ninguno de estos reinos era entendido como algo simplemente físico, pues cada uno manifestaba una presencia interior, divina. Describir el cosmos egipcio es también describir un mundo de seres divinos cuya naturaleza se expresa en sus respectivos dominios cosmológicos. Estos dominios sólo marginalmente son físicos, y en la medida en que son físicos son también simbólicos.
Para los egipcios, el reino inferior de la tierra estaba representado en su totalidad en la imagen de la Tierra Amada. Se lo describía como una amplia llanura de aluvión, por cuyo centro discurría el Gran Río; estaba limitada a ambos lados por sendas cadenas de montañas. Más allá de éstas estaban los otros países del Oriente Medio, que a lo largo de la historia existieron en la periferia del universo egipcio. Egipto era el país que centraba en sí mismo el todo macrocósmico; los países de más allá de Egipto no lograban alcanzar el estatuto metafísico de "imagen de los cielos", y por ello no se les asignó ninguna centralidad cósmica. Todos ellos se agrupaban dentro del perfil impreciso de "tierras extranjeras" que tenían únicamente un sentido periférico en la descripción de un mundo que era esencialmente simbólico.
La propia tierra se identificaba con el ser divino Geb. En un texto se la describe literalmente como el cuerpo de Geb, sobre cuya espalda crece la vegetación, y de cuyas costillas brota la cebada. Se representaba al dios Geb, el dios de la tierra, con el cuerpo cubierto con plantas y cañas. La tierra estaba, de este modo, viva y dotada de un alma. Andar sobre la tierra era andar sobre un dios.
Evidentemente, esta imagen de la tierra como un dios no se basa simplemente en la percepción de los sentidos, ni en el razonamiento lógico. Es una visión imaginativa que ve a través del paisaje físico en su interioridad. La antigua teología egipcia era en gran medida producto de este tipo superior de percepción, que fácilmente se puede interpretar de forma errónea como una construcción imaginativa, o algún tipo de proyección psicológica, pero que realmente consiste en un discernimiento imaginativo de las fuerzas y seres invisibles que existen en el "espacio interior" y que nosotros captamos en imágenes simbólicas. Podría parecer que ese modo de conocimiento pierde de vista la tierra por completo, pero sería más exacto decir que nuestra percepción se ve aumentada por una experiencia que resuena en un nivel más profundo del alma. Es en ese nivel más profundo de "percepción del alma", distinto de la percepción de los sentidos, donde, como dice Henry Corbin, "el universo de las Imágenes-arquetipo es experimentado como otras tantas presencias personales".
En la figura vemos a Geb en una postura típica. Casi siempre aparece de esta forma cuando se le representa como el espíritu de la tierra. Su pierna derecha y también el brazo derecho, está habitualmente levantada, y la figura descansa sobre el codo y la nalga izquierdos. El rostro está vuelto hacia la tierra, al parecer en un gesto de resignación a un destino que acarrea el haber sido atrapado en el reino de la materia. Rara vez se muestra a Geb mirando hacia arriba. Es como si, con una mezcla de sorpresa y tristeza, su mirada fuera apresada por lo que está por debajo más que por lo que está por encima de él. Lo que está por encima de él es su consorte amada, Nut, la diosa del cielo.
Geb parece siempre carecer de vitalidad, y da la impresión de ser incapaz de levantarse. ¿O es que acaba de llegar a tierra, tras haber caído desde una gran altura? Sea cual sea la forma en que se le vea, Geb simboliza la energía que está detrás del mundo de la materia, que es tradicionalmente pasiva en relación al mundo del espíritu. En la mayoría de las mitologías el ser divino asociado a la tierra es femenino y se le considera pasivo o receptivo en relación a un dios del cielo. Es interesante que en el antiguo Egipto no sólo la tierra es un dios masculino, sino que no existe ninguna diosa pasiva en la teología del Egipto antiguo. La pareja de Geb, la diosa del cielo Nut, es una presencia mucho más vigorosa que él. Geb aparece en estas ilustraciones como un hombre exhausto de tanto hacer el amor, que como veremos, es efectivamente una de las formas en que se le puede interpretar.
Geb fue representaso también de otras formas. Muy frecuentemente tenía la forma de un ganso, que era la principal ave doméstica ponedora en Egipto hasta el reinado de Thumosis III. (La figura muestra a Geb con "el Gran Cacareador" o ganso cósmico en la cabeza). Como tal, su lugar en el esquema total de las cosas es diferente del de Geb en las ilustraciones anteriores. Pues es del ganso cósmico de quien nace el huevo del mundo. El ganso cósmico podría parecer una imagen del Creador andrógino de los mundos, al que encontramos en la teología de la creación heliopolitana como Atum-Ra. Así como es del huevo del ganso de donde surge la vida, así del dios Geb, al principio del tiempo, de donde emerge la vida y asume la forma material.
En estas dos formas diferentes de imaginar a Geb no sólo nos encontramos dos
aspectos diferentes del dios, sino que nos enfrentamos también con la naturaleza paradójica del pensamiento politeísta: cualquier dios con funciones o esferas de operación aparentemente limitadas puede al mismo tiempo ser comprendido como la Divinidad última y el origen de toda existencia.
Por encima de la tierra, y mirando hacia abajo, al dios de la tierra Geb, los egipcios representaban a la diosa celeste Nut. Habitualmente se la representa como una mujer desnuda, con el cuerpo cubierto de estrellas, como en la figura. Los dedos de las manos y de los pies se alargan para tocar los cuatro puntos cardinales de la tierra, sobre los que extiende su cuerpo tachonado de estrellas. Se puede observar más fácilmente en la figura de más arriba que muestra a la diosa de perfil. Es interesante que Geb y Nut sean representados casi siempre desnudos, lo que no sucede normalmente con otras divinidades del panteón egipcio. Quizás esto se deba a que se las pensó principalmente en su papel de amantes. O quizás a que estas dos divinidades -más que cualesquiera otras- se muestran sin reservas al ojo de la imaginación, pues se han entregado por completo al mundo de la manifestación y no esconden nada a quienes son capaces de ver más allá de la superficie exterior del mundo perceptible.
Estas imágenes de Nut sólo marginalmente tiene relación con los fenómenos sensibles del cielo azul del día o la noche oscura tachonada de estrellas. Pero esta forma de representar la cúpula celeste no es simplemente una construcción imaginativa proyectada sobre los cielos; es más bien una visión del gran ser cósmico por medio del cual las estrellas, los planetas y el sol vienen a la existencia en la figura, se pueden ver dos circulos blancos del disco solar sobre el cuerpo de Nut, marcando las etapas de su viaje, una vez ha sido tragado por ella en el crepúsculo y al nacer luego de ella al alba. Nut está dando a luz eternamente el mundo de las formas espirituales, simbolizadas por las estrellas y los planetas. En este sentido ella es la presencia divina arqueada sobre todas las cosas, en cuyo abrazo cósmico descansa el mundo entero. A ella se le cantaban las siguientes palabras:

Oh Grande, que has nacido en el cielo,

has logrado poder,
has logrado fuerza,
y has llenado todo con tu belleza,
la tierra toda es tuya,

has tomado posesión de ella,
has encerrado la tierra
y todas las cosas en tu abrazo.


Nut es el equivalente cósmico de Geb, el dios de la tierra. Si ella es la reina
madre que viste a todos los seres con sus formas espirituales, es Geb quien luego les da encarnación material. Las dos divinidades pueden verse como dos principios: el origen celestial o espiritual y el origen terrenal o material de las formas. En la figura izquierda Geb toma la forma de un hombre con cabeza de serpiente debajo de la figura de Nut. Esto puede ser una alusión a la naturaleza primordial del dios, o quizás al hecho de que las serpientes son las criaturas que viven más cerca de la tierra. De cualquier forma que entendamos su figura de serpiente, observamos como Nut, en efecto, "encierra la tierra" en su abrazo omniabarcante.
De todos modos, el cielo y la tierra no comprenden por sí solos el universo. Entre ellos existe un tercer principio que los mantiene separados uno de otro
y que media también entre sus energías respectivas. Este principio es la atmósfera, que, como hemos visto, era también aprehendida por los antiguos egipcios en la forma de una presencia divina: Shu. Es Shu quien proporciona las condiciones para la manifestación del mundo creando un ambiente en el que las plantas pueden crecer, los animales moverse y los pájaros volar. Es a través de su presencia mediadora como la luz y el aliento de la vida entran en el universo. Por ello, el gesto característico de Shu es el signo ka, el signo de la energía animadora o vital, formado por los brazos en alto a ambos lados de la cabeza, que es el jeroglífico para el vigor de la juventud.
El emblema que normalmente lle
va Shu en la cabeza es una pluma de avestruz, que como jeroglífico tiene el valor sonoro shu. A veces, Shu (como la diosa Maat, que comparte el mismo emblema) aparece como una figura alada. Se muestra en forma andrógina, unido con el dios del espacio infinito, Heh. Se arrodilla con las alas extendidas entre las figuras del viento sur (un león alado, de multiples cabezas) y el viento norte (un toro bicéfalo).

Yo soy Shu -dice- , hijo de Atum.

Mi vestido es el aire de la vida
que se reúne a mi alrededor procedente de la bo
ca de Atum,
Y abre los vientos en mi camino.

Yo soy el único que hace posible
el brillo del cielo tras la oscuridad (...)
Mi paso abar
ca toda la longitud del cielo.
La anchura de la tierra es mi cimiento.



Shu es la causa de la polarización del cielo y la tierra en un Arriba y un Abajo. Su gesto Ka es el medio por el que el cielo se mantiene separado de la tierra, asegurando así que se produce la separación entre la existencia material y la espiritual. La postura de Shu sugiere la necesidad de su intervención constante: si por un momento relajara su actitud, la dualidad que caracteriza la existencia manifestada cesaría, y el cielo y la tierra se volverían a unir de nuevo.


El cosmos manifestado que comprende a los dioses Nut, Shu y Geb.
Papiro de Nesitanebtashuru, XXI dinastía.



En la figura se muestra la relación entre las tres divinidades que constituyen las tres esferas del universo manifestado. La diosa Nut domina la escena, mientras un Geb diminuto yace postrado debajo de ella. Entre ellos está Shu, de pie, con los brazos levantados sostenidos por dos espíritus con cabeza de carnero.
Nut, la diosa celestial, es invariablemente representada como una presencia mayor y más fuerte que Shu o Geb. Los brazos de Shu sólo a
parentemente están elevados para sujetarla, pues la diosa puede muy bien sostenerse por sí misma con sus brazos y sus piernas, como hemos visto. A veces Nut toma la forma de una vaca, siendo sus cuatro patas los cuatro pilares que sostienen el cielo. Es entonces muy evidente que el gesto de Shu se refiere no tanto a cualquier necesidad de la diosa de ser sostenida como a su propio impulso de llenar el espacio entre ella y la tierra. En la figura, Geb ya no está presente. Según un mito, Shu separó a Geb y Nut debido a su amor por su hija Nut. Si miramos de nuevo la figura anterior, ¿pudiera ser que los brazos de Shu se elevaran por el magnetismo del pecho y la vulva de Nut? Shu ocupa el espacio creado por la separación de Geb respecto de Nut. Permanece allí como un pilar, ocupando el espacio entre la tierra y el cielo, y dominando totalmente la zona intermedia entre los dos.
En comparación con Shu y Nut, Geb es débil. A veces se le muestra itifálico, y por ello potente (imagen der.), pero está casi siempre recostado y al parecer sin energía activa. Habitualmente es mucho más pequeño que su consorte Nut, por eso se tiene la sensación de que está envuelto por ella. Se creía que Geb y Nut estuvieron unidos originalmente en un abrazo primordial, pero es difícil imaginar que sus posiciones respectivas fueran diferentes, salvo que Geb estuviera unido a ella más que ella a él. Por eso su separación debe de haber implicado el desprendimiento de Geb respecto de Nut. Que así fue se puede comprobar en la imagen siguiente.


Las imágenes cosmológicas de las tres divinidades sugieren una jerarquía obvia en la que la diosa de los cielos es la figura dominante. Shu y Geb parecen pertenecer a un modo menor de ser, subsidiario del de la gran madre que se arquea sobre ellos. Pero de los dos, es evidente que Shu tiene un papel más activo e importante que el postrado Geb. Es como si Geb vertiera su vitalidad divina en el mundo material. Como dios de la tierra, Geb está más relacionado con el reino de la existencia externa, física. Shu se mantiene entre este reino y el mundo espiritual o celestial. Depende de la tierra para apoyar sus pies, y de los cielos, hacia los que se extienden sus brazos. Shu representa el reino "intermedio" que así como separa el cielo de la tierra, también asegura el contacto entre ambos. De este modo, en la relación de estas deidades entre sí, y en la manera en que característicamente se las representa, se revela un esquema metafísico. La cosmología egipcia se basa en la división del cosmos manifestado en tres dominios cualitativamente distintos. Estos dominios no son sólo físicamente distintos, sino que también lo son metafísicamente. Son tres órdenes del ser a los que se aproximan las regiones físicas y por las que son simbolizados. En orden de prioridad, son:

1. El espíritu celestial (Nut)
2. El intermedio (Shu)
3. El físico o terrenal (Geb)

La naturaleza psíquica del reino intermedio de Shu se insinúa en y por el hecho de que los brazos de Shu son representados con frecuencia como sostenidos en su actitud vivificadora por espíritus carneros. En la figura siguiente los espíritus carneros adoptan la forma de pájaros ba, o pájaros del alma. El jeroglífico de carnero tiene el valor sonoro "ba". Su frecuente representación en la región intermedia ocupada por Shu es una indicación de que en cierto nivel se le concebía como simbolización del reino del alma, intermedio entre el espíritu y la materia.


Los brazos de Shu sostenidos por dos pájaros ba con cabeza de carnero


Mediante la sola consideración de estas imágenes cosmológicas se hace evidente que para los egipcios antiguos, el universo físico era todavía, en cierta medida, transparente al mundo espiritual que está más allá de él. Por lo tanto, sería una equivocación pensar que interpretaban imaginativamente el cosmos físico. Antes bien, a través de la imagen simbólica y el poder de la percepción imaginativa, el orden espiritual se hacía accesible en y a través del orden físico. Si la cosmología de la tierra plana de los antiguos le parece a la mente crítica moderna físicamente ingenua, deberíamos recordar que se relaciona principalmente con la dimensión interior o vertical de la existencia. La cosmología de latierra plana era el producto de una intención fundamentalmente diferente a la de nuestra cosmología moderna. No pretendía trazar de manera precisa el cosmos físico, sino representar simbólicamente un orden metafísico del ser. Toda su ingenuidad física tenía una profundidad espiritual que está totalmente ausente de la cosmografía moderna, físicamente sofisticada pero metafísicamente estéril. Los antiguos vivían en un mundo en el que se podía entrar y esperimentar su profundidad interior; los modernos, que han olvidado esta dimensión profunda, se contentan con trazar de forma interminablemente detallada las superficies externas de un universo sin dios.


Lecturas:
Jeremy Naydler, El templo del cosmos. Siruela 2003
H. Frankfort, El pensamiento prefilosófico. F.C.E. 2003


Entradas realcionadas:

http://barzaj-jan.blogspot.com/2010/05/realismo-mitico.html

http://barzaj-jan.blogspot.com/2010/06/mitra-deo-soli-invicto.html

http://barzaj-jan.blogspot.com/2010/07/buscando-isis.html

http://barzaj-jan.blogspot.com/2010/02/la-pasion-de-osiris.html


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sábado, 18 de febrero de 2012

La Pasión de Osiris


Osiris, de pie sobre un pedestal, entre dos ojos Wedjat apotropaicos y dos símbolos imy-ut. Cada uno de estos está representado como una vara a la que se ha atado una piel de animal, sostenida en una pila y coronada por un loto. Al lado hay una ofrenda de flores y una jarra de agua. El sentido original del imy-ut puede haber sido "el que está en el vendaje" y estaba conectado con Anubis. Columnas de madera arboriformes sostienen el techo del tabernáculo. La banda azul de los pies de Osiris sugiere el abismo de las aguas de Nun.
De la tumba de Sen-Nedjem. Tebas occidental, Deir el-Medina, tumba I. Dinastía XX, Reino Nuevo. 1186-1070 a. C.


Las historias que se han preservado sobre Isis, Osiris y su hijo Horus, nos hablan simbólicamente acerca de los ciclos renovadores y eternos de la naturaleza que los antiguos egipcios pudieron observar, por ejemplo, en el creciente y menguante de la Luna, en la subida y bajada periódica del nivel de las aguas del Nilo, así como en el surgimiento, desarrollo y muerte de plantas, animales y hombres, al que seguirá la "milagrosa resurrección" en forma de nuevos nacimientos. La toma de conciencia de esta realidad, dio pie a la creación de relatos míticos que se expresarían a través de himnos, poemas, ritos, festivales, y los conocidos como dramas mistéricos que se celebraron durante más de tres mil años.
Uno de los más importantes de estos dramas mistéricos fue el escenificado por sacerdotes de la ciudad de Abidos a partir del Reino Medio, aproximadamente 2050 a. C. En éste, se narraba el asesinato y la desmembración del dios Osiris a manos de su hermano Seth, cuyo cuerpo será luego recompuesto por su esposa Isis al que hará renacer a través de su hijo Horus. El Misterio se representaba durante un festival anual en honor de Osiris, llegando a adquirir tal importancia, que peregrinos de todo Egipto acudían para participar en él. Aunque no existe ningún documento que pueda explicar de forma completa como se desarrollaban a lo largo de varios días los diferentes rituales que formaban parte de esta celebración, se ha conseguido hacer una recomposición de como debió ser a partir de himnos escritos en las paredes de las pirámides y templos, en el interior de los sarcófagos, en El libro de los muertos, estelas funerarias y papiros. También se cuenta con una fuente literaria donde se conservan unos pasajes que directamente se refieren al mito que inspiró el drama, es el ensayo, Acerca de Isis y Osiris, de Plutarco, el filósofo griego que viajó a Egipto en el primer siglo de nuestra Era, y que forma parte del tratado 28 de sus Moralia.
Las celebraciones se extendían durante todo el mes de Khoiak (noviembre), y el drama mistérico propiamente dicho duraba ocho días. Sobre los diferentes ritos que en éstos se practicaban, dejo a continuación los que se sucedían durante los tres días y tres noches del periodo de embalsamamiento tras los que Osiris resucitaba. Pertenece a la versión que expone Jules Cashford en su ensayo El Mito de Osiris, a partir de sus investigaciones, y en cuya introducción anota:

Los Misterios fueron importantes, y lo son todavía hoy, porque, como hizo el cristianismo, buscaron situar la tragedia de la vida temporal y finita dentro del marco de una visión mítica de la vida eterna. En el momento culminante de la ceremonia, el faraón erigía la columna djed, que representaba la resurrección del dios y prometía la inmortalidad a todos los participantes.


Días 2-4 LA PASIÓN DE OSIRIS
Por

Jules Cashford



LAS LAMENTACIONES DE ISIS Y NEFTHYS

La pasión de Osiris se desarrolla a lo largo de tres días y tres noches, que corresponden al periodo de embalsamamiento. Es igualmente el periodo de oscuridad lunar en el que la Luna visita los dominios de la eternidad. Se suponía que durante este periodo se renovaba el tiempo viejo, que había quedado gastado, para que pudiera surgir el nuevo creciente lunar en un tiempo renacido de la eternidad.
Osiris estaba disperso por todo Egipto en los catorce pedazos, como la luna menguante, inerte, agotada y desamparada. Osiris es el Nilo desaparecido, sus aguas evaporada
s por el sol abrasador; es el desamparo de la tierra muerta que espera ser revivida, los canales secos y vacíos que esperan el agua, el agotamiento de la vida sin sentido. Sólo cuando se encuentren los trozos de su cuerpo mutilado, se reúnan y restituyan al todo original, regreseará su genio, volverá a crecer el Nilo y el Orden (Maat) se restaurará en el universo.
Isis y Nefthys buscan por todo Egipto los pedazos del cuerpo de Osiris, y cuando lo encuentran los entierran, cada u
no de ellos en el lugar donde fue hallado. También (y no hay en ello contradición alguna dentro del pensamiento egipcio) los reúnen más tarde para juntarlos en un solo cuerpo. Luego lo custodian, manteniendo la vigilia nocturna hasta que Horus llega para liberarle. (en la imagen, copia de un bajorelieve de Filae. Nefthys e Isis envuelven a Osiris.)

¡Ah desvalido!...
Te he encontrado tendido sobre el costado,
¡oh el gran inerte!
¡Ah hermana! -le dice Isis a Nefthys-,
éste es nuestro hermano,
levantemos su cabeza, juntemos sus huesos, reunamos sus miembros... Oh Osisris, ¡vive!
Yo soy Isis, yo soy Nefthys.
(Estela en Abidos)

Isis y Nefthys son un solo personaje en muchos de estos himnos, las formas exterior e interior de la fuerza regenerativa que rescata lo que se había perdido: mientras Osiris yace en su féretro se inclinan sobre él, una desde la cabecera y otra a los pies, vuelven ajuntar sus miembros y lo animan a levantarse y volver a su casa. Las diosas se lamentan no sólo por su impotencia, su abatimiento y su sufrimiento, sino también a causa de su pasiva inconsciencia. Ha perdido la capacidad de entender lo que le ocurre; ha perdido la capacidad de saber. Levantarse indicaría una vuelta a la consciencia. En muchas de las representaciones, Osisris aparece intentando mover un brazo o una pierna, ponerse de rodillas o mantenerse erguido.
Las dos hermanas forman una dualidad: a menudo la única forma
de distinguirlas es por los símbolos que portan en la cabeza. La tiara de Isis, y el significado de su nombre, es el trono. La tiara de Nefthys, y el significado de su nombre, es la "Señora de la Mansión", representado como un cesto de pan o un horno semicircular para cocer pan. Ambas son el principio otorgador de vida dividido en visible e invisible, brillante y oscuro, exterior e interior. Isis es la luna brillante y Nefthys la luna oscura; Isis el amanecer y Nefthys el ocaso, Isis la estrella matutina y Nefthys la vespertina. Aunque Nefthys es la esposa de Seth, siempre toma partido por Isis contra su marido. Por su parte, Anubis, el hijo que Nefthys concibió de Osisris, hereda rasgos tanto de la luz como de las tinieblas, y por ello puede seguir los caminos por los oscuros dominios de Seth, y hallar bajo tierra los trozos del cadáver de Osiris. El trono, formado a imagen de la colina elevada a la que subió el rey, era el regazo de Isis, y soberanos como Seti I toman la leche de sus pechos para recibir el néctar de la soberanía mientras están vivos y el de la eternidad tras su muerte. Isis y Nefthys aparecen frecuentemente juntas detrás de Osiris en las escenas del juicio de las almas. Durante el ritual, las sacerdotisas que desempeñaban el papel de Isis y Nefthys cantan los himnos que desarrollan el mito: himnos de lamentación por Osiris, evocaciones por la recomposición de su cuerpo y del cuidado que le prestaron. En un papiro de época ptolemaica, se nos ha transmitido un hermoso himno conocido como Las lamentaciones de Isis y Nefthys (P. Berlin, 3008). En él se describe la ceremonia que tiene lugar durante los Misterios como diálogo a dos voces en un drama ritual donde se intenta que las sacerdotisas "se conviertan" en sus modelos. Por ello los papeles de Isis y Nefthys sólo pueden ser representados por las sacerdotisas que se han preparado ritualmente para él: deben ser vírgenes, depilarse completamente y llevar escritos sus nombres en los brazos y en las coronas de lana de carnero que llevan sobre las sienes:

Comienzo del rollo de papiro con versos del festival de los "dos milanos" (i.e. Isis y Nefthys) que se celebra en el templo de Osiris-Khentamenthes, el gran señor de Abidos, desde el 22 hasta el 26 del mes de Khoiak. Todo el templo será purificado. Se tomará a dos mujeres de cuerpo puro, vírgenes. Se eliminará el vello de su cuerpo, y sus cabezas se adornarán con coronas de lana de carnero; llevarán panderos en las manos. Se escribirá su nombre en los brazos, Isis y Nefthys, y cantarán versos de este libro delante de su dios.

A la vez que se celebraban los Misterios en Abidos, y más tarde también en Denderah, tenían lugar celebraciones por todo Egipto: dondequiera que uno de los pedazos de Osiris hubiera caído, debía ser enterrado ritualmente, cuidado y restituido para que el dios y el país pudieran levantarse unidos. Su cabeza, por ejemplo, fue encontrada y enterrada en Abidos; su columna vertebral, que se representaba en la imagen de la columna Djed, en Busiris, lugar originario de la adoración de Osiris, y así sucedía con cada trozo. (en la imagen, Seti I elevando la columna Djed ayudado por Isis. Templo de Seti I, Abidos 1300 a. C.) Cada momo o distrito reclamaba una parte del cuerpo de Osiris, de modo que todo el país se involucraba en las celebraciones. El "símbolo de Abidos", que era una construcción cónica en lo alto de una columna, era reverenciado por contener la cabeza de Ósiris, y llevado como altar en su propia nave.
En el templo ptolemaico de Hathor en Den
derah, se conservan, escritas en las paredes, instrucciones detalladas acerca de las preparaciones para el entierro ritual, que eran copiadas y enviadas a todos los distritos de Egipto. Aunque el templo y sus inscripciones son tardíos -posteriores al 116 a. C.-, sabemos que estos usos son muy antiguos. Algunas escenas muestran dos filas de sacerdotes dirigiéndose a participar en el festival de Osiris, y las inscripciones que los acompañan dan detalles de tales preparaciones, sobre las medidas y el equipo adecuados. Ningún detalle era demasiado insignificante para ser pasado por alto o no ser tomado completamente en serio. Parecía asumierse que el todo estaba en cada una de las partes, de modo que todos los trozos de Osiris debían revivir individualmente antes de que, reunidos, volvieran a darle el alma al cuerpo. No existía una serie conexa de mitos, como sucedía en Abidos, sino solo unos estadios de preparación que podemos suponer se celebraban en todo Egipto a la vez que los Misterios. En uno de los himnos, Isis, como la "gran creadora"", coloca en su sitio la cabeza, el corazón y los miembros de Osiris, para que "no perezca completamente":

Ella te toca la cabeza en su lugar.
Te coloca
los miembros en su sitio;
te trae tu corazón, tu cuerpo.

En el templo ptolemaico de Isis en Filas (Philae), se ilustra la última fase del drama de la recomposición del cuerpo de Osiris. Tras las lamentaciones de Isis y Nefthys, otras dos hermanas, Selket y Douait, aparecen en tareas de asistente: ellas son las que "ordenan el esqueleto, purifican la carne, reúnen los miembros separados e... invocan al alma". La importancia de retornar el cuerpo a su unidad se muestra igualmente en otro himno, una letanía de las partes del cuerpo que evoca el antiguo uso de la designación verbal como acto creativo en el que la sustancia de los nombrados es traída a la vida al ser designada.
"¡Oh Osiris-Khentamenthes! Tus partes están completas. ¡Ninguna ha sido olvidada! ¡Oh Osiris-Khentamenthes! Tu cabeza e
s perfecta, tú el de brazos en alto y corona elevada, cuyo cabello es auténtico lapislázuli." También se nos dice que sus ojos, orejas, nariz y boca son perfectas. Dentro del ritual, una vez que el cuerpo está reconstituido y se ha hecho regresar el alma, pueden llevarse a cabo los ritos de momificación.

EL EMBALSAMAMIENTO DE OSIRIS POR ANUBIS

Cuando un cuerpo era embalsamado, el sacerdote se ponía la máscara de Anubis para representar al dios y la naturaleza sagrada que sólo Anubis podía llevar a cabo. Anubis era el encargado de envolver el cuerpo de Osiris en su momia, y era conocido como "el de las envolturas funerarias". Se le llamaba imy-ut, "el que está en el lugar de embalsamar", y a menudo se le representa en el acto de preparar la momia, llevando las vasijas de ungüento para la incorruptibilidad del cuerpo. Anubis, un animal de la noche, "protegía a Osiris" de todo daño nocturno, defendiéndole de Seth y sus secuaces, es decir, de la muerte y la disolución. La llamativa estatua de Anubis a la entrada de la tumba de Tutankhamun desempeñaba las mismas funciones, tanto de guardián como de portero.
Anubis, también llamado Anpu, era un muy antiguo dios-chacal de los muertos y el inframundo que vagaba por las tumbas al
borde del desierto. Era conocido también como "el de la tierra sagrada", la tierra de las necrópolis. En Abidos el dios-chacal era el Khentamenthes originario, Señor de los Occidentales, probablemente más antiguo aún que Osiris, y que luego se convertirá en el guía de los muertos a la búsqueda de Osirirs a través del inframundo. Un texto de la pirámide de Unas dice: "Unas está con los espíritus. ¡Avanza, Anubis, hasta el Amenti (el inframundo), adelante, adelante hacia Osiris¡". Anubis fue asimilado al relato de Osiris, donde se hace hijo de Nefthys y (según Plutarco) Osiris, quien en una noche oscura confundió a Nefthys con Isis, que posteriormente le adoptaría como hijo. La máscara del sacerdote embalsamador (imagen der.) evoca el evento originario, cuando Anubis, junto a Isis y Nefthys, encuentra y luego entierra los miembros troceados del cuerpo de Osiris, y luego los vigila. Pero ¿por qué el chacal?
Para los egipcios, los animales entre
los que vivían pertenecían a la eterna naturaleza de la creación y por ello manifestaban algún rasgo fundamental del Ser, una esencia común a todas las criaturas, el ser humano incluido. El chacal, como el perro y el lobo, es el animal que salva a la carne en putrefacción de salirse del ciclo vital, puesto que sabe cuándo es venenosa y cuándo no. Además, desgarra a sus víctimas, entierra sus trozos y vuelve a desenterrarlos en el lugar y momento preciso antes de que se descomponga, porque puede sopesar en su mente si se encuentra en un estado o en otro.
Por tales razones Anubis fue la deidad
elegida para presidir el proceso de momificación, un paso que era considerado necesario para la existencia de ultratumba. Este proceso incluía la estracción de las vísceras, su preservación en los cuatro vasos canópicos y el vendaje de la momia.
Los intestinos del difunto se ponían al
cuidado especial de Anubis, cuya imagen estaba pintada en el recipiente donde se depositaban, puesto que de forma análoga a lo que hace el chacal, separan lo que puede volver a la sangre vital y lo que no, digiriendo lo uno y excretando lo otro. Otro de los epítetos de Anubis era "el que preside la divina tienda", el lugar donde tenía lugar la momificación.
Por tanto, Anubis, el chacal, transforma l
a muerte en vida, igual que hacen el milano o el gavilán, la forma que adopta Isis para concebir de Osiris, aunque esté muerto. Extendiendo el simbolismo, Anubis lleva a cabo el pesaje del corazón en la Sala del juicio -ajustando las medidas y juzgando el resultado-, de nuevo por el hecho de que el chacal, al comer, puede diferenciar con precisión entre aquello que puede ser transformado y lo que no.

Escena del pesaje del corazón en la Sala del Juicio. A la izquierda Anubis pesando el corazón. En el contrapeso de la balanza se colocaba la pluma de la diosa Maat (la justicia el orden cósmico); ambos debían ser igual de ligeros para que el difunto fuera considerado de alma pura. De lo contrario Amitt (a la derecha), diosa con cabeza de cocodrilo y cuerpo mitad delantera de león y trasera de hipopótamo denominada "Devoradora de los Muertos", procederá a devorar al difunto, pereciendo por lo tanto definitivamente y perdiendo la posibilidad de ser inmortal.

En francés, la palabra para "pensar" es la mis
ma que para "pesar" -penser- (también en español, "pensar" remite etimológicamente a "pesar" (N. del T.)), y comúnmente recurrimos a metáforas del tipo "sopesar un asunto" para expresar la idea de distinguir lo verdadero de lo falso.
Cuando el embalsamiento está completo, Anubis le dice a Osiris:

Levántate y vive. Contempla tu nueva for
ma...
El corazón de
Anubis se alegra con el trabajo de sus manos.

LA CONCEPCIÓN DE HORUS

Sólo después de que el cuerpo de Osiris haya sido reunificado y reconstruido cabe imaginar la concepción de Horus. En su devoción hacia su marido, Isis actúa como espíritu, que le busca "sin respiro hasta encontrarle". El himno de la concepción de Horus continúa recordándola en su forma de ave "que da sombra con sus plumas y aire con sus alas..., que alivia el cansancio del fatigado, la que recibe sus semilla y da a luz a su heredero..." (inscripción en el templo de Hathor en Denderah) Llegamos de nuevo a la imagen central del renacimiento en el momento en que Isis toma la forma de un milano (o un gavilán), vuela sobre el cadaver de su esposo y batiendo las alas crea el aire -el aliento vital- para insuflarle vida. Mientras él aspira el aliento de Isis y va saliendo de la muerte, ella concibe de él un hijo que, a su debido tiempo, volverá a despertar a su padre por segunda vez del sueño de la muerte.

Isis, como un milano o gavilán, suspendida sobre Osiris, quien eleva un brazo como signo de despertar. Isis y Nefthys están arrodilladas a los extremos de las andas en forma de león. Anubis y Horus asisten con gesto auspiciatorio. Bajorrelieve de Denderah.


En un bajo relieve de Denderah (se refiere a otro, no al de la imagen superior), más de mil años posterior a la imagen original de Abidos, puede de nuevo apreciarse la naturaleza de la división dinámica de la cons
ciencia que poseían los egipcios, cuando Horus adquiere la forma de Wepwawet antes de iniciar la procesión. Aquí Isis, en forma de milano o gavilán, vuela sobre el cuerpo itifálico de Osiris. Las otras dos rapaces son Hathor y Nefthys. La diosa Isis permanece de pie junto al cabecero de las andas: "Isis, la grande, la madre del dios, la señora de Denderah que protege a su hermano". Un Horus adulto está erguido a los pies del féretro, las manos elevadas, llevando la cabeza de Heqet, la diosa-rana de los nacimientos. Horus podría fácilmente ser confundido con Heqet si no fuera por la inscripción geroglífica sobre la escena -"Horus, el vengador de su padre, hijo de Isis, eleva las manos sobre su progenitor"- y por la cola que le delata. Como ocurre con Wepwawet, debemos entender que la conscienca de Horus ha asumido la cualidad y el papel de la diosa de los nacimientos para darse a sí mismo la vida (En la imagen "Horus dando vida a Osiris"). Esta compleja imagen implica que el dios debe dar este paso para "saber qué hacer, saber cómo sentir". Una mente racional se preguntaría cómo es posible que Horus esté ahí si ni siquiera ha sido concebido todavía, pero estos desencuentros entre el pensamiento moderno y antiguo acerca de qué es lo que tiene sentido resultan en exceso lineales. En contraste con esto, el pensamineto egipcio es, por así decirlo, instintivamente arquetípico, de modo que la presencia de Horus en el mismo acto en que es concebido da a entender que siempre ha estado presente. Bajo las andas, y sujetándolas, aparecen un dios mono, dos diosas con forma de serpiente y Thoth, el de Palabras Poderosas, con cabeza de Ibis. El texto jeroglífico sobre el cuerpo reza: "Osiris-Khentamenti, el gran dios, señor de Abidos, el dios que descansa en Dendera". Bajo su nombre aparecen anotaciones acerca del material y tamaño de un objeto: "Madera de sicomor, recubierta de oro; las imágenes de los dioses son de oro; un brazo de altura". Nacimiento y renacimiento aparecen unificados en esta imagen: en ambos casos Osiris tiene que ser despertado, en primer lugar para que el niño Horus sea concebido, y luego para que, ya crecido, se imbuya del espíritu de Osiris durante su mutuo abrazo. El hecho de que Horus aparezca aquí ayudando a Osiris a hacerle nacer, lo cual hará posible más tarde el renacimiento de Osiris como Horus, es quizá otra forma de expresar el sentido del abrazo de los Kas. En los textos de las Pirámides se dice que el muerto "respira el aliento de Isis", y el alma-Ba -el alma de la persona individual- planea sobre el fallecido, como Isis, en forma de un ave fénix o Bennu (una de las primeras manifestaciones del dios Atum) como la fuerza o esencia vital de la que proceden.

El alma-Ba vuela sobre Osiris sosteniendo el shem, símbolo de la eternidad, entre unas aviformes Nefthys e Isis.


La Continua Creación
Hora duodécima (y final) del Libro de las Puertas, que ilustra el viaje del Sol a través del inframundo de la noche. Nun, dios de las aguas primigenias, aparece sosteniendo el barco del Sol por encima de las aguas del abismo, lo que trae su renacimiento al amanecer. El escarabajo pelotero Khepri, manifestación del Sol naciente, lleva el disco solar. Lo ayudan, a cada lado, Isis y Nefthys. La delgada figura negra que cuelga boca abajo para recibir el disco solar es la diosa Nut. Nut está a su vez sentada sobre los hombros de Osiris, el cual, colocado igualmente boca abajo, "rodea el Más Allá" con su cuerpo retorcido hacia atrás. Esta imagen de la Creación del Principio de los Tiempos también representa la salida del durmiente de su mundo de sueños, así como el "renacer de los dioses" y los difuntos bienaventurados de la oscuridad de la inconsciencia. Inscripción en el interior del sarcófago de Alabastro de Seti I. Londres, Sir John Soanes Museum.



Lecturas:

Jules Cashford, El mito de Osiris. Ediciones Atalanta 2009
El libro de los muertos de los antiguos egipcios. Desclée de Brouwer 2000

Entradas relacionadas:

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