Foto: Trencadís (cerámica fragmentada) en el Parc Güell de Barcelona

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jueves, 16 de octubre de 2014

El lado oscuro de la mente


Imagen del film  "Planeta prohibido" (1956) de Fred M. Wilcox donde se visualiza el monstruo creado por la mente inconsciente de uno de sus protagonistas


"Antes de la revolución romántica la expresión de la personalidad del artista estaba contenida dentro de límites contra los cuales raramente se rebelaba: límites aceptados hasta el punto de no sentir, de ni siquiera imaginar, la necesidad de franquearlos y sobrepasarlos. (...) Al abrirse con Freud y con Joyce la caja de Pandora, todo el mundo larval de la psicopatía inundó la literatura a tal punto que no terminaríamos de dar nombres. Su nombre es legión. (...), palabras, palabras, palabras del subsuelo, todos marchando a plena luz, cada uno con su serpiente enroscada al cuerpo desnudo".

Mario Praz, El pacto con la serpiente (1972)


"Puta que se tambalea entre polvo y mierda y cagadas de gatitos muertos, llevando fardos de fetos abortados, condones rotos, paños higiénicos ensangrentados, mierda envuelta en tebeos de vivos colores.
Un amplio puerto tranquilo de agua iridescente. Llamaradas de pozo de gas abandonado arden en el horizonte humeando. Hedor a petróleo y cloacas. Tiburones enfermos nadan en las aguas negras, eructan azufre de sus hígados podridos, ignoran un Icaro roto, ensangrentado."

William S. Burroughs
, El almuerzo desnudo (1959)



En una entrada que publiqué recientemente con el título de La mente creadora, se hacía referencia a la teoría del filósofo danés Yuri Moskvitin sobre el papel fundamental de nuestra consciencia para "crear" el mundo que nos rodea. Gary Lachman, autor de Una historia secreta de la consciencia de donde transcribí algunos fragmentos, da un paso más allá en las especulaciones respecto a esta cuestión siguiendo a Moskvitin y a Owen Barfield, otro investigador de la evolución de la consciencia. Éste último prestó mucha atención al efecto ejercido por la poesía y la literatura para transformar la visión de la realidad cotidiana de los lectores. A través de las metáforas el mundo se convierte en un lugar más profundo y lleno de significado, en contraste con una comprensión más prosaica de las cosas. La capacidad de utilizar el lenguaje de forma figurada proporciona el disfrute de una "consciencia doble" por la que acceder a un pequeño incremento de sabiduría y conocimiento. Así, la imaginación de los poetas sobre todo a partir del Romanticismo, influyó decisivamente para descubrir y popularizar la "belleza" de las montañas, de las puestas de sol, del fluir de los arroyos, encontrando en la naturaleza en general el símbolo de una idealizada libertad no constreñida, así como la reminiscencia de una inocencia perdida. Pero contrariamente, la imaginación que en aquellos tiempos empezo a desbordarse, también podía abrirse a una visión oscura y truculenta de la realidad.
Por otra parte, para Moskvitin, en la evolución de la consciencia se encuentra un factor determinante que denominó "principio de imitación". Según éste principio, desde siempre la gran mayoría de personas han integrado en sus vidas los descubrimientos de una minoría de mentes imaginativas que en el transcurso de la evolución, han proporcionando tanto la infinidad de soluciones prácticas y teconológicas que conforman la antroposfera  en la que nos desenvolvemos, como las creaciones artísticas y espirituales que han ido modelando y variando la mente humana. 
Teniendo en cuenta estas premisas expuestas resumidamente, doy paso al análisis de Lachman sobre cómo actualmente una vertiente oscura de la consciencia humana potenciada por los medios de divulgación, puede estar ganando terreno en la visión del mundo y de nuestra realidad. Quizás sus consideraciones puedan parecer osadas y crear controversias, pero me resultaron interesantes para invitar a la reflexión.



 El agujero negro de la consciencia
(fragmento)
por
Gary Lachman


(...) En los años cincuenta se rodó una película de ciencia ficción titulada Planeta prohibido, una inteligente adaptación de La tempestad de Shakespeare que se desarrolla en otro mundo. Un científico, que vive en el planeta con la sola compañía de su hermosa hija, descubre los restos de una antigua super-raza, parte de los cuales son de una máquina capaz de centuplicar los poderes de la mente. Cuando llega una expedición encargada de comprobar las investigaciones del científico, se siente molesto por su intrusión, así como por la atención que prestan los tripulantes a su deseable hija.

 Planeta prohibido (1956)

Curiosamente, la llegada de la expedición coincide con la extraña aparición de una criatura invisible y misteriosa, un monstruo de fuerza y ferocidad inmensasas. Varios miembros de la tripulación mueren asesinados y buena parte del equipo queda destruido antes de que se descubra que el monstruo es una creación de la mente inconsciente del científico, amplificada por sus experimentos con la "máquina cerebral" de
Planeta prohibido (1956)
la super-raza. Junto al aumento de su intelecto y de sus capacidades racionales se había producido un acrecentamiento de sus impulsos oscuros e irracionales. Enfurecido por la invasión de su privacidad y celoso de los jóvenes tripulantes, sin saberlo había invocado a un monstruo que cumplía sus deseos ocultos.
Yo diría que estamos en la misma posición que el científico de Planeta prohibido. Tenemos que darnos cuenta hasta qué punto nuestra mente es responsable del mundo que vemos. Ya hemos hablado de que la imaginación  de poetas como Wordsvorth y Coleridge contribuyó a crear nuestra actual idea de "naturaleza". Eso no significa que todos tengamos que hacernos poetas, pero si queremos  percatarnos de nuestra participación como realidades vivientes, será necesario que hagamos un esfuerzo muy particular. En palabras de Barfield: "La participación como experiencia verdadera sólo se obtiene hoy mediante un esfuerzo especial (...); no es una cuestión de teoría, sino de imaginación. (...)
Barfield advierte, no obstante, de que no basta con "imaginar" más. Señala que, aunque la imaginación se considera un "bien" en sí mismo desde el Romanticismo, en el fondo no es así. También puede ser "mala". Se entiende que, para una generación reprimida por la mentalidad racionalista de la Ilustración, una imaginación desatada pareciese algo incuestionablemente bueno. Pero hace tiempo que esas cadenas se rompieron, y las creaciones de la mente humana llevan años sin demasiados frenos. Bien es verdad que basta un breve vistazo a los productos de la imagianción de los últimos siglos para comprobar la obsesión creciente por el lado oscuro de la mente.

 Salvador Dalí, Construcción blanda con judías cocidas (Premonición de la guerra civi) (1936)

Cuando Barfield escribió, tenía presente la obra de los surrealistas. Le preocupaba que, con el ritmo veloz de la evolución, el tipo de mundo de las desenfrenadas obsesiones de los surrealistas se desplazaran de sus cuadros a ese lienzo más amplio que es la "vida real". Como muestran los cambios producidos en los tres últimos siglos, la transformación de la mente humana y en consecuencia de sus "representaciones", se ha acelerado, y Barfield temía lo que eso podía conllevar en el futuro. A los surrealistas, claro, les interesaba el funcionamiento del inconsciente, y algunos, como André Breton o Robert Desnos, exploraron el curioso mundo de la hipnagogia. Pero los surrealistas, como los psíquicos y mediums del siglo XIX, creían que cualquier producto de la imaginación -o del "mundo espiritual"- era, por definición, "bueno", y que todo control o inhibición conscientes eran "malos". Esto se plasmó en los paisajes paranoicos de Salvador Dalí así como en las ahora indescifrables páginas de la escritura automática surrealista. Barfield sabía que gran parte de la estética surrealisa era pura afectación, pero también sabía que no todo lo era, y que aquellos en quienes era genuina -sostuvo-, debían de ver el mundo realmente de ese modo.
Medio siglo antes, Arthur Rimbaud, el enfant terrible de la poesía simbolista, se lanzó a un sistemático "desarreglo de los sentidos" con el fin de traspasar los confines de la normalidad "burguesa". Muchos lo siguieron, y una historia de la imaginación desde mediados del siglo XIX podría verse como una historia de nuestra creciente obsesión por lo estrambótico, truculento e inhumano. En la década de 1930, el desarreglo sistemático de Rimbaud era el último grito, y desde entonces ha sido adoptado por la publicidad. Hoy en día, los consumidores absorben como si nada en variedad de medios las "imagenes de un perro de seis patas que emerge de un calabacín o de una mujer con una motocicleta en lugar de su pecho izquierdo", la clase de imágenes que preocupaban a Bartfield, junto con cosas mucho peores.

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Y, como este dijo, quienes valoran este tipo de imágenes están dispuestos a hacer todo lo posible para que el mundo sea visto de esa manera. Con el tiempo acabarán viendo ese mundo, y si la teoría de la evolución por "imitación" de Moskvitin es correcta, lo harán muchos otros. Actualmente, con la formidable industria del cine y nuestra habilidad para "modelar" la realidad o crearla "virtualmente", la unión de la imaginación desatada y la tecnología puede desembocar en algo como la "holocubierta" de Star Trek, que nuestras ansias de estética y sensaciones descarnadas utilizarán para idear entornos como el Almuerzo desnudo de William S. Burroughs.

 William S. Burroughs fotografiado con parte del "atrezo" de la película inspirada en su novela "El almuerzo desnudo"


En tal caso, la advertencia de que estamos entrando en un "mundo fantásticamente horrible" que hace Barfield puede resultar incómodamente oportuna. Si la imaginación de los poetas puede transformar molestos montones de piedras en hermosas montañas, también es capaz de transformar la realidad cotidiana en una especie de pesadilla en vigilia. Y, puesto que el público "burgués" lleva décadas aprendiendo a aceptar las visiones de la "vanguardia", por perturbadoras que sean, el proceso de transformación podría tardar poco tiempo en completarse.


Lecturas:

Gary Lachman, Una historia secreta de la consciencia. Atalanta


Entrada relacionadas:

La Tempestad

Lilith

Belleza y horror de Medusa

El pacto con la serpiente

La herida y el cuchillo

Dolores

El descenso a los infiernos de David Nebreda

La mente creadora


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sábado, 4 de octubre de 2014

Naturaleza fantástica


El árbol Wakwak, Golconda India s. XVII


"Las grandes civilizaciones de Europa y Asia son justamente contempladas como entidades proveedoras  de características culturales propias, pero, en realidad, ejércitos conquistadores y grandes movimientos de poblaciones han convulsionado siempre la historia de esas zonas y han producido intercambios artísticos, técnicos e ideológicos que tienden a fusionar las culturas entre sí."

Rudolf Wittkower, La alegoría y la migración de los símbolos



Añado en esta entrada algún fragmento más de la obra de Jurgis Baltrusaitis "La Edad Media fantástica". Obra descatalogada en versión castellana hace ya más de tres décadas pero bien merecería una nueva edición. En esta ocasión selecciono parte del estudio sobre las derivaciones iconográficas entre Oriente y Occidente en torno al árbol wakwak. Árbol presente en antiguas legendas de la China, India, Persia y el mundo Árabe, y que según su autor tendrán influencia en la imaginería europea tanto en su utilización como elemento ornamental en manuscritos (el hom), como en soporte de contenidos simbólicos y alegóricos de gran complejidad.



El WAKWAK
(fragmentos)
por 
Jurgis Baltrusaitis

El "WAKWAK". El "hom" con cabezas. Las plantas zoomorficas y las plantas parlantes en las leyendas e imágenes islámicas. Metamorfosis occidentales: el árbol de la Vida con cabezas y su serie renana; las fábulas orientales en la botánica medieval; el árbol del Sol y de la Luna; el árbol heráldico del Mal; el árbol alquímico; el árbol de Jessé y el árbol del conflicto del alma.


Las plantas de frutos zoomórficos derivan de una doble tradición: ornamental y legendaria: Al principio, es el Árbol de la Vida, de una vida tan impetuosa y feroz que hace estallar el
cuadro vegetal.
Sello de Mohenjo Daro 3000 a. C.
Algunas composiciones que ya hemos señalado (Mohenjo Daro -imagen izquierda-,  tejido mesopotámico de Maestric, esculturas orientalizantes de la Italia lombarda) le dan esta forma de hom.
Aparecen  en la iconografía bizantina. Poseemos una representación suya en el Salterio de Chloudof realizado durante el siglo  IX en el período iconoclasta en el que la iconografía, rompiendo con la inspiración clásica, renace bajo el impulso del oriente popular y violento. Según Tikkanen, la imagen del Paraíso, que corresponde al Salmo CXVII, 20, "Es la puerta de Jehová, los Justos pueden entrar por ellas", muestra un matorral en el que han florecido cabezas humanas. La visión debe relacionarse con los cuentos árabes relativos a los árboles que producen seres vivos, difundidos a partir del siglo VIII.
El cuento ha tenido varias versiones. Según unas, éste árbol maravilloso de una isla lejana, lleva sobre sus ramas las cabezas de los hijos de Adán, al amanecer y por la noche, grita "Wak-wak" y canta himnos al Creador. Para otros, tiene como frutos cuerpos completos de mujer y sus reclamos "wak-wak son un mal presagio. La leyenda se nos cuenta en Los Libros de maravillas de India, escritos en el siglo X, en el cual aparece un árbol cuyos frutos, parecidos a calabazas, ofrecen algún parecido con una cara humana. Pero su primera mención la encontramos en una relación china, T'ong-Tien  de Tu Yu, escrita después de su cautiverio tras la batalla de Talas en el año 751, y de una estancia con los árabes. El texto precisa exactamente sus fuentes:

El rey de los Ta.Shih (los árabes) había enviado hombres que, a bordo de un barco y llevando consigo vestidos y víveres, se adentraron en el mar. Al cabo de ocho años, vieron una roca cuadrada. Sobre esa roca, había un árbol cuyas ramas eran hojas y las hojas verdes. Sobre el árbol, había crecido una multitud de niños pequeños, medían entre seis y siete pulgadas, cuando  veían hombres no hablaban, pero todos ellos podían reirse y agitarse. Sus manos, pies y cabezas se adherían a las ramas del árbol. Cuando los hombres les desprendían y les tomaban, tan pronto como entraban en sus manos, se secaban y se hacían negros. Los enviados volvieron con una rama de este árbol que ahora se encuentra en la residencia del rey de los Ta-Shih.


Otra variante figura en el Kitab al-haiyawan de al-Djahiz (859), en el que el wak-wak produce animales y mujeres suspendidos por los cabellos. Estas últimas están coloreadas y no dejan de decir "wak-wak". Se callan y mueren cuando se les separa del árbol. Según el Kitab al-djaghrafiya de un geográfo anónimo de Almería del siglo XII, estas plantas crecen en la isla Wakwak que se encuentra en el mar de China. Sus ojas se parecen a las de la higuera. Los frutos comienzan a formarse al comienzo del mes de marzo, momento en que se ven aparecer los pies de las muchachas. Los cuerpos surgen en el mes de abril, las cabezas en el de mayo. Estas muchachas son magníficas y admirables. Comienzan a caer a comienzos de Junio, y, a mediados de mes, ya han desaparecido. Cuando caen, gritan "wak-wak".
 La cosmografía de Karwini propagó la fábula durante el siglo XIII. La vuelven a tomar innumerables realciones árabes, pero, desde un cierto tiempo, la leyenda se asocia a la epopeya de Alejandro Magno (Iskander) interpretada por Firdusi (1010) y Nizami (1191). Los árboles del Sol y la Luna, que acogen al soberano en el umbral de India, uno de los cuales predice al rey en griego la conquista del mundo y el otro, en indio, su muerte en Babilonia, se confunde naturalmente en la mente de los musulmanes con los vegetales parlantes. El wakwak figura también en la historia de Caballo Blanco en el país del Rey-Demonio.
En las leyendas, aparecen otras muchas singularidades. El Oriente está lleno de vegetales que se confunden con la fauna. En un jardín hindú, los granados, cuando florecen, dan pájaros multicolores. Existen también árboles cuyas ramas caídas se animan y reptan como serpientes. En otra partes, los animales se plantan como legumbres: "Si usted introduce bajo tierra el ombligo de una oveja y lo riega con agua, brota un corderito. El animal crece cuando retumba el trueno." Se trata de un cuento tártaro, llegado de la China, donde se concía ya en los anales T'Ang. El Talmud de Jerusalem nos ofrece otra variante: según el comentario del rabino Simeon de Sensn (1235), la criatura llamada Jadua crece sobre las montañas y tiene el aspecto de un monstruo semihumano unido a la raiz por el ombligo. Devora la hierva de su alrededor y ataca a todos los que se le acercan. Para matarlo, hace falta romper el tallo que le une a la tierra. A finales del siglo XII, el rabino Pethachia de Ratisbona menciona los dudaims que representan una figura de hombre y cuyas hojas son largas. El vergel en el que se cultivan, con toda suerte de diferentes frutos, está situada entre Nínive y Bagdad, es decir, en la región y en la época en la que tantos cobres incrustados combinan la flora con las criaturas vivas. Diversos autores se refieren a plantas que hablan: Maimónides (1134-1204) escribe, a propósito del Libro de la Agricultura de los Nabateos, que en la India existen árboles con una cabeza en el nacimiento del tronco cuyas raíces están formadas por sus cabellos y que poseen, como la mandrágora antigua -probablemente también de origen oriental- , voz humana. Ibn al-Baytar (1197-1248) cita igualmente en su Botánica el sarrakha que grita el día de una fiesta. El que le oye muere el mismo año. Todas las especies de vegetales que producen hombres, cuadrúpedos o pájaros y que se difunden hacia las mismas fechas y en los mismos focos con adornos en las cabezas, las encontramos en las creencias y fábulas. Se trata del mismo mundo híbrido que está presente en la decoración.


El libro de las curiosidades, Manuscrito árabe s. XI


En un principio, los temas ornamentales se referían sin duda a leyendas, pero multiplican las fantasías de éstas mediante combinaciones más llbres que, por su parte, sugirieron enseguida nuevos cuentos.
La representación del wakwak de los miniaturistas persas ilustran esta fusión decorativa y fabulosa de las tradiciones. Los ejemplos más antiguos que nos han llegado, preceden en más de un siglo a la propagación de las ramas con cabezas en la incrustación de metales o en la cerámica, y ellas asimilan progresivamente sus formas.

Un Sahah-Name de la escuela de Tabriz (comienzos del siglo XIV), muestra el árbol de Iskander hablando como el wakwak con cabezas humanas, pero vemos también en él cabezas de gallos, machos cabríos, zorros y conejos, las mismas que sobre los ornamentos. (...)

 Sahah-Name, escuela de Tabriz s. XIV


Trasplantado a Occidente, el árbol fabuloso experimenta los mismos cambios. Después de las imágenes prerromanas relacionadas con el hom zoomórfico del Asia antigua, aparece en su variante musulmana con las cabezas humanas y, enseguida, se enriquece con nuevas aportaciones. El primer grupo se constituye durante el siglo XIII en Renania y en los focos germánicos. El Hortus Delicarum de Herrade De Landsberg (finales del siglo XII-hacia 1205), que reúne elementos de los manuscritos beneventinos, de iconografía bizantina y de especulaciones cosmográficas del Islam, representa el Paraíso con una planta con cabezas, como el Salterio Chloudof.

El árbol de la vida y nacimiento de Eva, Hortus Delicarum

Sobre uno de estos dibujos, Adán está dormido cerca de un wakwak que podría relacionarse directamente con una de estas trasposiciones orientales cristianas. Pero Eva, en la mano de Dios Padre, adopta la forma de un roleo con busto humano sin piernas, parecido a los arabescos antropomorfos. Se dría que, en vez de haber sido extraída del hombre, se acabara de desprender de una rama. El Creador la coge como un ramo con su fruto. La imagen parece ilustrar el cuento del árbol que produce mujeres y muchachas. Este dibujo sigue más estrictamente la descripción árabe que las ilustraciones persas que alteran su aspecto multiplicando los animales.
En estas regiones, se representa frecuentemente el prodigio. Lo volvemos a encontrar en el de Herman de Turingia (1271) encima de la figura de Abraham distribuyendo los frutos de la vida eterna. En el Paraíso de un manuscrito de Wolfenbüttel (hacia 1250), el patriarca se encuentra entre dos wakwaks; algunos niños se precipitan para apoderarse de sus frutos. Sobre el techo de Hildesheim (hacia 1230), la planta está a la derecha de Adán y Eva tentados por la serpiente (detalle en la imagen derecha donde se aprecian pequeñas cabezas en las ramas). Sobre la tumba de arzobispo de Treves, Henri de Festingen (m.1286), el Árbol de la Vida es también el Árbol de la Muerte. Dos ramas cargadas de frondoso follaje están fijadas a él, sobre el mismo tronco. Como en el Chah Nameh de la escuela de Tabriz, todo podría parecer natural si no hubiera cabezas en lugar de frutos: cabezas de ángeles, sonrientes, entre dos alas, o cabezas de muerto; unas, a la izquierda, parecen subir; otras, a la derecha, se inclinan hacia el suelo. Es un movimiento de reloj: por la mañana, la vida se levanta para volver a bajar hacia la tarde. La fábula de la planta que lleva las cabezas de los hijos de Adán que al alba y al final del día, cantan himnos al Creador, parece resonar en esta figuración. Por otra parte, es idéntica a otro texto.
Según Sidi Ali Chebili, también se ven madurar cráneos humanos. Cuando los frutos están granados, se desprenden y caen partiéndose en piezas al tiempo que gritan "wakwak".
Sin duda, las leyendas orientales se conocieron en la Edad Media a través de tratados árabes o judíos (Maimónides de Córdoba, los rabinos Simeón de Sens, Petchachia de Ratisbona), pero vuelven a aparecer en los relatos de viajes occidentales. Odorico de Poderdone (1331), describe un árbol que produce, en lugar de frutos, hombres y mujeres de apenas un codo de altura. Están unidos al tronco por sus extremidades inferiores. Sus cuerpos están frescos cuando el viento sopla y se seca sin el movimiento del aire. El monje ha recogido esta descripción en el Malabar de la boca de un testigo. En algunos herbarios, por ejemplo el Hortus Sanitas de Lübeck (1492), se representa  a Narciso como uno de estos prodigios.

Narciso, Hortus Sanitas, Lübeck, 1492

Para los árabes, el wakwak era siempre de origen hindú o estremoriental. El franciscano menciona también el cordero-planta que crece en el país de Cadili. El cuadrúpedo madura en un melón de suerte que se tiene al mismo tiempo un fruto y carne. "Muchas gentes no quieren creerlo, sin embargo es un hecho cierto, tanto como el de que en Irlanda las ocas crecen en los árboles". 

 Árbol de las ocas, Sebastian Münster, Cosmographie 1544


Precisamente en estos lugares, Inglaterra o Flandes, se sitúan desde hace algún tiempo, los árboles con pájaros. Jean de Mandeville (hacia 1360) toma igualmente en consideración las dos especies. Una miniatura del Libro de las Maravillas que Juan sin Miedo dio al duque de Berry en 1443, muestra a occidentales con una rama de frutos ornitoformes frente  a dos orientales, un judío y un árabe, (?) que les presentan un "corderito" en el melón. Los melones nacen sobre un árbol .


 Libro de las Maravillas de Marco Polo fº 210

En los grabados del siglo XV, estas bestias cornudas se unen directamente a su soporte, como los carneros sobre el wakwak. En Vincent de Beauvais, el cuento sigue con mayor
agnus scythicus
fidelidad la versión del rabino Simeón de Sens. El agnus scythicus aquí está cubierto por un vellón amarillento y se une al suelo por un gran tallo. El animal es mencionado todavía por Herberstein, enviado de Moscovia de 1511 a 1526 quien dice a este respecto que se hacían llegar a Venecia desde Samarcanda "pieles finas de una determinada planta que crece en ese país, de las que algunos musulmanes se servían, a modo de pelliza, para forrar pequeños gorros. Dicen que esta planta se llama Smarcandeos y que es un zoofito o planta animal. Para terminar, Tucher, retomando la tradición de Mandeville. pero situando los cuadrúpedos no ya en los melones, sino en las flores, presenta en 1482 un árbol del que nacen diversos animales. Se trata de una deformación de una nueva versión de la leyenda que el autor ha podido encontrar en Palestina durante su viaje en 1479.
Bajo el aspecto de raíces animadas, además de la
mandrágora que "cuando se la coge se queja, llora y grita", se representan también, entre las plantas góticas, los vegetales que salen de cabezas humanas o animales, como el wakwak persa. Los Herbarios del siglo XIV muestran frecuentemente máscaras que se perfilan en el interior de protuberancias nudosas. Un tejido de Luca tiene como motivo  árboles a cuyo pie encontramos cabezas humanas con los cabellos cogidos en el suelo, siguiendo en esto el texto de Maimónides. Todas las variedades de esta vegetación se conocen perfectamente en Occidente.
La planta parlante reaparece en El Romance de Alexandre, primero en la versión clásica con la tradición del Pseudo -Calístenes en donde no se habla de cabezas: los árboles del Sol y la Luna pronuncian las palabras misteriosamente, sin boca. La historia encuentra lugar en el Speculum historiale de Vincente de Beauvais (IV, 56). (...)

 Los árboles del Sol y la Luna, Cronicas de Alejandro s. XV

En el Libro de las Maravillas del duque de Berry, donde figuran en la narración de Jean de Mandeville sobre la India, la Luna y el Sol aparecen en los frondosos follajes y tienen rasgos humanos. Según el autor, estos árboles se mantienen todavía en pie en el desierto de una isla poblada por bestia salvajes, grandes dragones y enormes serpientes. Quienes coman sus frutos y el "bálsamo que crece allí" vivirán trescientos o quinientos años, pero no se puede llegar a este paraje a causa de la distancia y de los peligros de los lugares. (...)

Al acoger las formas orientales, la Edad Media renueva a menudo su carácter y su aspecto. Las adapta también a sus sistemas religiosos y simbólicos. El árbol que produce animales se convierte en árbol heráldico del Mal. La planta con cabezas humanas cambia constantemente de significación, desde la alquimia hasta los emblemas morales.
En un primer momento el árbol heráldico del Mal se dibujaba esquemáticamente. En el De fructibus carnis et spiritus de Hugo de San Victor, éste árbol, llamado el Viejo Adán, no es más que un andamiaje abstracto, un diagrama de los siete pecados en el que del orgullo, que contiene el tronco, salen siete ramificaciones: la Envidia, la Vanagloria, la Cólera, la Tristeza, la Avaricia, la Intemperancia y la Lujuria, inscritas en una red de medallones.

Árbol de los vicios, De fructibus carnis et spiritus s. XII

Durante el siglo XIII, la summa del Rey redactada por el dominico fray Lorenzo para Felipe el Intrépido, retoma este esquema decorativo vegetal, pero, por otra parte, se representan los pecados capitales con las siete cabezas de la bestia del Apocalipsis. En el fresco de Hoxne, en Sufflok (siglo XIV), el esquema se amplía a siete dragones. En la cumbre del tronco se abren fauces de monstruos; las ramas se convierten en bestias que escupen los vicios personificados.

 Fresco de Hoxne (Sufflok, Gran Bretaña, s. XV)

Furiosas convulsiones sacuden la planta cuyo grito parece oírse. El cambio en animal es más completo que en la flora zoomórfica de Oriente donde generalmente subsisten las hojas y las ramas intactas. El principio, sin embargo es análogo.
En el Espejo de la Vida y de la Muerte escrito en 1266 por Robert de L'Omme que ha servido de prototipo para una moralidad valona del siglo XV, no son ramas, sino raíces del árbol las que se metamorfosean en animales:


...Pues el árbol sobre el cual está sentado
De VII pecados mortales nacía;
VII raíces de siete serpientes
salían y mucho me preocupo.

La alegoría se produce en un compendio de textos científicos y poéticos realizado hacia 1277 en el norte de Francia y en el Verger Soulas (comienzos del siglo XIV). Un  manuscrito de la Biblioteca Vaticana, nos muestra un croquis inacabado de ella, acompañado de notas marginales para el minituarista. Las siete raíces del árbol, sobre el cual vemos una reina y una Antivirgen rodeada de músicos y un demonio, se prolongan en dragones cuyas colas se abren en bustos que personifican los vicios.

Le Verger de Soulas, s. XIV

De este modo, el wakwak, la planta del Mal, se ve estremecida por un remolino de monstruos. Pero las raíces vivas (se trata de la radix luxuriae, radix avaritiae, etc. y no de bestias independientes) se abren en abanico como un gran árbol subterráneo. (...)
En una Biblia holandesa (hacia 1425), la planta brota de un hombre tendido. Doce cabezas extrañamente vivas oscilan sobre delgados tallos que parecen sostenidos por un teliz oculto. Todas llevan coronas reales. Se trata de un árbol de Jessé, y nada tan inquietante como el espectáculo de los reyes de Judá creciendo sobre las ramas y conversando entre sí.

Árbol de Jessé, Biblia holandesa (hacia 1425)

Una imagen más singular todavía, que se encuentra en los Remedios de la Buena y Mala Fortuna de Petrarca, ilustrados por H. Burgkmair o por un artista de su escuela hacia 1515 y de la que sólo poseemos publicaciones más tardías, puede relacionarse con esta composición. En ella vemos salir de un ser humano una planta de frutos vivientes. Pero el hombre no está acostado; esta vez está de pie. De su pecho se escapa una rama con una cabeza parecida a la suya, una figura desnuda aureolada y un corazón.

Árbol de las Inquietudes e Incertidumbres del Espíritu, Petrarca, Augsburgo, 1532

El hombre está segando esta excrecencia. Se representan así los conflictos interiores, pugnas más dolorosas que una guerra civil porque tienen lugar dentro del alma. Los filósofos han dividido esta alma en tres partes: la primera ha sido colocada en un lugar eminente, a saber, la cabeza; es modeladora de la vida, celeste, tranquila y siempre está cercana a Dios; las dulces y honestas inclinaciones tienen en ella su sede. Las otras dos están situadas, una en el pecho (el corazón) donde la cólera y todas las emociones salvajes (Zorn, Sturm und Geschwindigkeit) se enardecen y engendran; la otra encima de las entrañas (das Vorherz) donde se forman regularmente la concupiscencia y los placeres desordenados (Begyrlichkeit und Unreinigkeit). Para ilustrar estas fuerzas contrarias, el autor evoca un mar embravecido, mientras que el grabador las encarna en una vegetación enraizada en el hombre. La figurilla auroleada; cuya parte impura se encuentra oculta bajo la cintura, precisa el sentido  de todo el árbol. Es el alma a la que se ataca con la sierra. El gesto ilustra el combate consigo mismo en el que "el alma se va por partes", y la sierra simboliza las angustias y tormentos que acompañan el conflicto.

 Detalle de la figura aureolada (el "alma") en la parte superior izquierda del grabado



Lecturas:

Jurgis Baltrusaitis, La Edad Media fantástica. Cátedra 1983


Otras entradas de Jurgis Baltrusaitis:

Fascinación por Oriente en la Edad Media

El espejo de Pitágoras

La naturaleza animada

El espejo


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martes, 23 de septiembre de 2014

La mente creadora


Robert Flud, Utriusque Cosmi... (1619)


Dispongámonos, digo, primeramente en el cielo intelectual que está dentro de nosotros y luego en este otro sensible que se presenta corporalmente a nuestros ojos.

Giordano Bruno (1548 - 1600)



Las piedras preciosas que desaparecen al despertar, y que en el sueño se habían "conservado" y "dispuesto" con astucia como testimonio de existencias de la "deseada tierra de tesoros" a la que tenía acceso, mantienen en el delirio paranoico, y tras su extinción bajo la mirada estúpida de todos, el peso correspondiente a su volumen y a lo concreto delirante de su más fisicos contornos luminosos. Están "en la realidad".

Salvador Dalí, Nuevas consideraciones generales sobre el mecanismo del fenómeno paranoico desde el punto de vista surrealista.



Gary Lachman en uno de los capítulos de su obra Una historia secreta de la consciencia, descubre analogías en los resultados de las teorías entre, por una parte el filósofo danés Yuri Moskvitin a partir de su método de autoanálisis introspectivo sobre los procesos inconscientes de la percepción, y los realizados por los neurocientíficos Denis Pare y Rodolfo Llinás. Las apreciaciones de éstos últimos sobre las reacciones de las células nerviosas durante las diferentes fases del sueño y la vigilia, concluyen que la consciencia  no es "causada" por los estímulos sensoriales que "escriben" en la pizarra en blanco de la mente según los filósofos positivistas, sino que el proceso sería inverso. Así, el mundo exterior que percibimos podría ser una especie de sueño durante la vigilia creado por la mente. 
Uno y otros respaldarían la visión de la consciencia y la mente tenida por los místicos a través de los siglos: que el mundo que percibimos en realidad se conforma desde nuestra consciencia.



Una historia secreta de la consciencia
por
Gary Lachman



En su escasamente divulgado Essay on the Origin of Thought (Ensayo sobre el origen del pesamiento) (1974), el danés Yuri Moskvitin propuso una teoría de la consciencia muy próxima a la de Llinás y Paré, y en la que resuenan las intuiciones de docenas de pensadores místicos. Para Moskvitin, nuestra consciencia del mundo exterior es una especie de alucinación modelada por estímulos procedentes de los sentidos, tal como sugieren Linás y Paré. Moskvitin no llegó a esta conclusió estudiando el cerebro, sino reconociendo los procesos inconscientes de la percepción. Un día de primavera estaba sentado al sol cuando se sumió en un estado de relajación soñoliento, aunque alerta. Con los ojos casi cerrados, se fijó en el juego de luz del sol sobre sus pestañas y en el curioso movimiento de los denominados "flotadores" en su retina, pequeñas "burbujas" en la superficie del ojo semejantes a gotas de lluvia descendiendo por un cristal. Centrándose en ellos, se dio cuenta de que el despliegue prismático que causaba el paso de la luz del sol por sus pestañas no era aleatorio, sino que trazaba motivos geométricos: cruces, cuadrados y triángulos. Al observar esos "motivos extraños y hermosos", tuvo "la sensación de observar algo especialmente importante"; entonces comprendió que los motivos no se limitaban a la superficie de su ojo, sino que parecían extenderse desde éste, proyectándose al mundo exterior en forma de "chispas" y "telarañas". Escribe que vio cómo esas "formas selectivas" adquirían la forma del mundo externo, y lo compara al efecto de un cuadro puntillista.




Moskvitin dedicó muchas horas  a estudiar esos motivos, reflexionando sobre curiosos estados de la mente que acompañaban a la observación prolongada de las formas selectivas. Pronto advirtió que la atencion requerida para observar dichas formas "era inseparable de un estado de ánimo muy particular (...) y daba origen a una sensación de placer y a arrebatos de los pensamientos más extraordinarios". También se dio cuenta de que "los motivos a los que tuvo acceso se parecían tanto a ciertos motivos artísticos, especialmente del arte religioso o arte (...) creado por civilizaciones dominadas por la experiencia mística, que no podía dudar que su experiencia era muy antigua y extendida".
Moskvitin cree que sus formas selectivas son obra de la mente humana, y que abarcan desde "crear" el mundo que percibimos a través de los sentidos hasta las percepciones creativas de artistas y científicos. Son responsables, según afirma, del lenguaje, la civilización y la propia evolución humana. También lo son de los sueños y las alucinaciones. Como Llinás y Pare, Moskvitin afirma que en sueños, visiones, alucinaciones y demás estados alterados, las formas selectivas son, por así decirlo, libres, y es a través de su expresión ilimitada como la novedad llega al mundo. Por último, concluye que todos los intentos de hallar nuestro origen en el mundo exterior están condenados al fracaso porque, al parecer, ocurre lo contrario: el mundo tiene su origen en nosotros. La consciencia humana, dice, es una especie de punto ciego del universo, un agujero negro en cuyo centro encontraremos la mente. (...)


Todos recordamos cuando, de niños, veíamos imágenes en las nubes que se desplazaban sobre nosotros, cómo una parecía un pájaro y otra una cara. He citado antes las palabras del escritor John Cowper Powys referentes al "poder de la infancia para lograr efectos ilimitados por medios insignificantes". Y es que los niños aún no han aprendido que existe una barrera infranqueable entre ellos y el mundo: ellos, el mundo y su mente todavía forman un todo. El propio Powys hacía gala de una poderosa mente "participativa" que le permitía introducirse en sus novelas en las conciencias de animales, plantas y hasta piedras y viejos muros ruinosos, así como de planetas y estrellas. A menudo hablaba desde el punto de vista de un viejo poste abandonado, o del de las algas de un estanque. Otro buen conocedor de esa capacidad para proyectar la consciencia sobre el mundo "exterior" fue el novelista Hermann Hesse. En Demian, el protagonista, Emil Sinclair, es adiestrado por su mentor, el músico y mago Pistorius, para observar los extraños rostros y dibujos que su inconsciente proyecta sobre una hoguera. La novela de Hesse es una especie de relato ficcticio sobre lo que Jung denominó el "proceso de individuación", y el objetivo de Pistorius es mostrar al joven Sinclair que en su interior tiene todo un mundo del que no sabe nada. Es un ejemplo de lo que Jung llamó "imaginación activa", que basicamente es una especie de hipnagogia controlada. Es también una iniciación al reconocimiento de hasta qué punto puede nuestra mente participar en el mundo que vemos.
Moskvitin lleva su reconocimento algo más allá. No sólo se trata de que proyectamos sobre formas naturales "caóticas", como llamas, nubes, agua corriente o, como el famoso comentario de Leonardo de Vinci, manchas o grietas en una pared. Moskvitin, como Barfield, está diciendo que "proyectamos" el mundo fenoménico en sí. Él no veía ninguna diferencia fundamental entre los motivos y la "ensoñaciones" que observaba y el llamado mundo real. Ambos están hechos del mismo "material", por así decirlo. La única diferencia es que en los sueños, las visiones, la hipnagogia y demás "estados alterados", la capacidad de la mente para fabricar motivos no se ve limitada por la información que le llega a través de los sentidos. (...)
Esto constituye la negación más radical de la idea de la mente como una tabula rasa que durante los tres últimos siglos ha dominado la psicología "científica". Según esta visión de nuestro mundo mental, todos somos, como dijo john Locke, "pizarras en blanco" hasta que los estímulos del mundo exterior escriben en ellas. La conclusión a la que llegaron Llinás y Paré en su investigación neurológica, y a la que décadas antes había llegado Moskvitin mediante la introspección y la observación, es que esa imagen es falsa. No somos un CD vacío a la espera de que la experiencia nos grabe. Filósofos como Platón, novelistas como Hesse, psicólogos como Jung y la tradición hermética y ocultista occidental han sostenido exactamente lo contrario. En un sentido muy auténtico, somos microcosmos con todo un mundo dentro de nuestra psique que en muchos aspectos es mucho más rico que el "mundo real" según el cual se nos ha enseñado a medir nuestras posibilidades. Según el concepto científico de la mente, sueños, visiones, experiencias hipnagógicas y demás son desperdicios mentales destinados al cubo de la basura psíquico. Lo que cuenta es el mundo exterior y percibido en estado de vigilia, y nuestro interior, cuando está permitido considerarlo, no es más que una suerte de reflejo de lo que ocurre "ahí fuera". Tan estricta visión racionalista-mecanicista de la mente humana, que nos considera poco más que autómatas empujados por fuerzas externas, y que ha influido  profundamente no sólo en la psicología y la filosofía, sino en la política occidental de los tres últimos siglos, es sencillamente errónea. Como concluye Colin Wilson, uno de los pocos pensadores influyentes que han descubierto el libro de Moskvitin, "el mundo exterior que nos revelan nuestros ojos solamente es una versión limitada del más amplio mundo interior".

Moskvitin sabía que, si seguimos esta idea hasta su conclusión lógica, las consecuencias son muy hondas. Tal vez resulte más inquietante el cambio que provoca en nuestra actitud ante la realidad. Desde el movimiento romántico hasta nuestros días, poetas y artistas han sentido siempre que el "mundo real" no es, en cierto sentido, tan real como parece. Ellos siempre estuvieron conmovidos por atisbos repentinos de "otro mundo", de un mundo no restringido por las limitaciones del espacio y el tiempo y de la tosca resistencia de la materia. (...) Que "este mundo" de los sentidos es maya, ilusión, y que bajo su dura superficie existe un mundo vivo, mágico y vital es una creencia común a todas las filosofías místicas y ocultas. Moskvitin lo sabe, y por su experiencia con las formas selectivas cree haber dado con la clave para comprender esta creencia perenne. "Todas las sensaciones que recoge la literatura sobre la 'irrealidad' de este mundo", escribe, la idea de que "ante nuestros ojos hay un 'velo pintado' que no nos deja ver las cosas como realmente son, todas las metáforas sobre nuestra ceguera y la necesidad de despertar se refieren a estas experiencias de la composición real del mundo fenoménico, de cómo nuestros sentidos están adheridos a algo de lo que solamente podemos conocer aquello que convoca en nosotros."



(...) En los sueños, no nos damos cuenta de que nosotros somos los creadores de nuestras extrañas visiones y aventuras nocturnas.
Pues bien, eso mismo puede decirse del mundo que vemos cada día. No seré el creador de las partículas "no representadas" de las que se supone que está hecho el mundo material, pero sin duda soy el creador de mi representación de esas partículas, igual que soy el creador del arcoíris que veo después de un chaparrón. Y del mismo modo que a veces puedo soñar que estoy soñando -es decir, tener un "sueño lúcido"- y experimentar una súbita sensación y consciencia expandida, también en la vida puedo reconocer ocasionalmente que yo soy el autor del maravilloso mundo que veo a mi alrededor, y experimentar una relación radicalmente distinta con él. (...)
Los artistas y los escritores conocen la diferencia entre los momentos en que están intensamente centrados en una obra y aquellos en que no lo están. Nosotros conocemos la diferencia entre los momentos en que nos aburrimos y nos sentimos desganados, cuando todo nos parece gris y sin interés, y aquellos otros en que nuestra mente se inflama con alguna idea fascinante o alguna historia absorbente. Si podemos observarnos a nosotros mismos durante esos instantes, creo que veremos que gran parte de nuestro goce se debe  al hecho de que hemos recordado que nuestra mente está viva y activa -o al menos eso suponemos-. Y momentos así son el mejor argumento contra la teoría cartesiana del "espejo" del conocimiento, mucho más que cualquier embrollo epistemológico. Ningún espejo se extiende para "asir" el mundo, ni desata una reacción en cadena en su interior cuando una idea suscita otra y luego otra. Ningún espejo se aparta de su camino en busca de cosas nuevas e inusuales que reflejar. Y ningún espejo contiene más que la imagen que tiene ante sí. Parafraseando a Bergson, podemos decir que, si la mente es un espejo, tiene el curioso poder de mostrar más de lo que refleja: no es una simple superficie brillante y en blanco, a la espera de que algo se le ponga enfrente.



Lecturas:

Gary Lachman, Una historia secreta de la conscienca. Atalanta 2003


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Mundus Imaginalis

domingo, 14 de septiembre de 2014

La enfermedad "sagrada"


Renée Jeanne Falconetti en "La pasión de Juana de Arco" (1928) de Carl Theodor Dreyer



El diablo está escondido detrás de la cruz.

Proverbio español


Un mero destello de la Realidad puede ser tomado equivocadamente  por la realización completa.

Gampopa



La epilepsia fue reconocida en la Antigüedad por Hipócrates como enfermedad sagrada por considerar que el trastorno sufrido era consecuencia de la inspiración divina. Sin embargo, a lo largo de la historia generalmente despertaría miedo, discriminación y rechazo, por ver contrariamente en quien la padecia una posesión del diablo. Los ataques epilécticos pueden manifestarse de diferentes formas, entre ellos los denominados como "extáticos" por los que se producen sensaciones de éxtasis o dicha trascendente con implicaciones místicas o religiosas. Entre estos se encuentran casos conocidos y documentados como los sufridos por el escritor ruso Fiodor Dostoievsky, sobre el que Oliver Sacks nos habla en un capítulo de su obra Alucinaciones. Además especula sobre la idea de que la heroina francesa Juana de Arco, tras el análisis de su biografía y algunos de sus escritos, también padeciera esta "sagrada" enfermedad.


La enfermedad "sagrada"
(fragmentos)
por
Oliver Sacks


Fiodor Dostoievsky
 (...) Los ataques de Dostoievsky comenzaron cuando era niño, pero se volvieron frecuentes después de cumplir los cuarenta, tras su regreso del exilio en Siberia. En sus ataques esporádicos, a menudo emitía (tal como escribió su mujer) "un grito aterrador, que no tenía nada de humano", y a continuación caía al suelo inconsciente. Muchos de estos ataques iban precedidos de una excepcional aura mística o extática, aunque a veces sólo aparecía el aura, sin convlusiones posteriores ni pérdida de consciencia. El primero tuvo lugar el Sábado de Gloria, tal como su amiga Sofía Kovalévskaia escribió en sus Recuerdos de infancia (Alajouanine lo cita en su artículo sobre la epilepsia de Dostoievsky). El escritor ruso estaba hablando de religión con dos amigos cuando una campana comenzó a dar la medianoche. De repente exclamó: "¡Dios existe, existe!" Posteriormente relató en detalle la experiencia:

Un gran ruido llenaba el aire, e intenté moverme. Tuve la sensación de que el cielo caía sobre la tierra y me engullía. Toqué realmente a Dios. Él entró en mí, sí, Dios existe, grité y no recuerdo nada más. Todos vosotros, dijo, personas sanas, no podéis imaginar la felicidad que sentimos los epilécticos durante los segundos anteriores al ataque. (...) No sé si esa felicidad dura segundos, horas o meses, pero, creedme, no lo cambiaría por todas las alegrías que pueda traerme la vida.

En otras ocasiones ofreció una descripción parecida, y en sus novelas varios de sus personajes sufren ataques parecidos al suyo, y a veces idénticos. Uno de ellos lo sufre el príncipe Mishkin en El idiota:

La sensación de vida, de conciencia de sí mismo, casi se duplicaba en aquellos instantes, que duraban lo que un relámpago. La mente y el corazón se iluminaban con una luz insólita; todas las excitaciones, todas las dudas, todas las inquietudes se apaciguaban repentinamente, se resolvían en una calma superior llena de armonía, dicha y clara esperanza, llena de comprensión y sentido por la causa final.

Hay descripciones de ataques extáticos en Los demonios, Los hermanos Karamázov y Humillados y ofendidos, mientras que en El doble aparecen descripciones de "pensamientos forzados" y "estados oníricos" casi idénticos a los que Hughlings Jackson describía casi por la misma época en sus magníficos artículos neurológicos.
Además de sus auras extáticas -que siempre le parecen a Dostoievsky revelaciones de la verdad definitiva, un conocimiento directo y válido de Dios-, su personalidad sufrió cambios extraordinarios y progresivos a lo largo de los últimos años de su vida, su época de mayor creatividad. (...)
Fue ese cambio, que al parecer se iba desarrollando en Dostoievsky entre ataque  y ataque ("interictalmente", en la jerga neurológica), lo que fascinó especialmente al neurólogo estadounidense Norman Geschwind, que escribió diversos artículos sobre el tema en las décadas de 1970 y 1980. Observó la preocupación cada vez más obsesiva de Dostoievsky por la moralidad y el buen comportamiento, su creciente tendencia a "dejarse enredar en discusiones nimias", su falta de humor, su relativa indiferencia hacia la sexualidad, y, a pesar de su elevado tono moral y su seriedad, "una disposición a enfadarse a la menor provocación". Geschwind se refirió a todo ello como un "sindrome de personalidad interictal". Los pacientes a menudo desarrollan una intensa preocupación por la religión. A veces también desarrollan una tendencia compulsiva a la escritura, un interés insolitamente intenso por lo artístico o por la música.
Se desarrolle o no un sindrome de personalidad interictal -y no parece ser algo universal o inevitable en los casos de epilepsia del lóbulo temporal-, no hay duda de que aquellos que padecen ataques extáticos pueden verse profundamente conmovidos por ellos, incluso buscar de manera activa sufrir más ataques. En 2003, Hansen Asheim y Eylert Brodtkorb publicaron en Noruega un estudio de once pacientes con ataques extáticos; ocho de ellos deseaban volver a experimentar los ataques, y de estos, cinco encontraron la manera de inducirlos. Más que ningún otro tipo de ataque, los ataques extáticos pueden percibirse como epifanías o revelaciones de una realidad más profunda. (...)


Juana de Arco
Tal como observó William James, una condición religiosa aguda y apasionada en una sola persona puede movilizar a miles. La vida de Juana de Arco es un ejemplo. Durante seiscientos años la gente se ha quedado perpleja ante cómo fue posible que la hija de un granjero sin ninguna educación pudiera llegar a convencerse de que tenía una misión y consiguiera que miles de personas la ayudaran a intentar expulsar a los ingleses de Francia. La primera hipóteis de inspiración divina (o diabólica) ha dado paso a otras expliciones médicas, con diagnósticos psiquiátricos compitiendo con los neurológicos. Tenemos muchos testimonios, desde la transcripción de su juicio (y su "rehabilitación" veinticinco años más tarde) hasta los recuerdos de sus contemporáneos. No se puede esperar ninguna conclusión definitiva, pero sugieren, al menos, que Juana de Arco pudo haber padecido epilepsia de lóbulo temporal con auras extáticas.
Juana experimentaba visiones y voces desde la edad de trece años. Surgían en episodios separados que duraban, como mucho, segundos o minutos. La primera aparición la asustó mucho, pero después sus visiones le producían una gran dicha, y la llevaron a creer que tenía una misión. Los episodios a menudo se precipitaban cuando oía campanas de iglesia. Juana describió la primera aparición que tuvo:

Tenía trece años cuando oí una Voz de Dios que me ofrecía ayuda y guía. La primera vez que oí esa Voz me asusté mucho; fue un mediodía de verano, en el jardín de mi padre. (...) Oí la Voz a mi derecha, en dirección a la Iglesia; rara vez la oigo sin que vaya acompañada también de una luz. La luz procede del mismo lado que la Voz. Generalmente es una luz intensa. (...) Cuando la oí por tercera vez, reconocí que se trataba de la Voz de un Ángel. Ésa voz siempre me ha protegido, y yo siempre la he comprendido; me ordenó que fuera buena y asistir a menudo a la iglesia, me dijo que era necesario que luchara por Francia (...) me lo decía dos o tres veces por semana: "Debes luchar por Francia." (...) Me dijo: "Ve, levanta el sitio de la Ciudad de Orleans. ¡Ve!" (...) y yo contesté que no era más que una pobre niña, que no sabía ni montar ni pelear. (...) No pasa un día que no oiga esta Voz; y la necesito muchísimo.

Muchos otros aspectos de los supuestos ataques de Juana, así como testimonios de su lucidez, sensatez, modestia, fueron estudiados en un artículo de 1991 por las neurólogas Elizabeth Foote-Smith y Lydia Bayne. Aunque presentan una caso muy verosimil, otros neurólgos disienten, y parece improbable que la cuestión se resuelva de manera definitiva. Las pruebas son débiles, como ocurre en casi todos los casos históricos.

Los ataques extáticos, religiosos o místicos ocurren sólo en un pequeño número de pacientes de epilepsia del lobulo temporal. ¿Se debe a que hay algo especial en estas personas: una disposición preexistente hacia la religión o hacia las creencias metafísicas? ¿O a que los ataques estimulan zonas específicas del cerebro donde residen los sentimientos religiosos? Naturalmente, podría ser cualquiera de las dos cosas. Y sin embargo personas muy escépticas, indiferentes a la religión, y nada propensas a las creencias religiosas, también pueden -para su propia sorpresa- tener una experiencia religiosa durante un ataque.
En un artículo de 1970, Kenneth Dewhurst y A. W. Beard aportaban diversos ejemplos. Uno se refería a un cobrador de autobús que padeció un ataque extático mientras cobraba los billetes.

De repente le invadió un sentimiento de dicha. Se sintió literalmente en el cielo. Cobró las tarifas de manera correcta, y al mismo tiempo les comunicó a los pasajeros lo contento que estaba en el cielo. (...) Siguió es ese estado de exaltacion, ojeando voces divinas y angélicas, durante dos días. Posteriormente consiguió recordar esas experiencias y siguió creyendo en su validez. (...) Durante los dos años siguientes no hubo nungún cambio en su personalidad; no expresó ninguna idea extraña, pero siguió siendo religioso. (...) Tres años más tarde tras sufrir tres ataques en tres días consecutivos, volvió a sentirse eufórico. Dijo que su mente se había "iluminado". (...) Durante ese episodio perdió la fe.

Ya no creía en el cielo ni en el infierno, ni en la otra vida, ni en la divinidad de Cristo. Esta segunda conversión (al ateísmo) arrastraba el mismo entusiasmo y cualidad reveladora que la conversión religiosa original.
Los ataques extáticos sacuden los cimientos de nuestra fe, nuestra imagen del mundo, aunque anteriormente uno haya sido totalmente indiferente a cualquier pensamiento acerca de la trascendencia o lo sobrenatural. Y la universalidad de los fervorosos sentimientos místicos y religiosos -esa idea de lo sagrado- en todas las culturas sugiere que podrían tener una base biológica; al igual que la percepción estética, podrían afirmar parte de nuestro patrimonio humano. Hablar de base biológica y precursores biológicos de la emoción religiosa -e incluso, como sugieren los ataques extáticos, de una base nerviosa muy específica, en los lóbulos temporales y sus conexiones- no es más que hablar de causas naturales. No nos dice nada del valor, el sentido o la "función" de esa emociones, ni de las narraciones y creencias que podamos construir sobre esa base.


Lecturas:

Oliver Sacks, Alucinaciones. Anagrama 2013


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El doble

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martes, 2 de septiembre de 2014

Ángeles

 Arcangel Miguel, siglo XV. Museo bizantino de Atenas



En nuestro imaginario los ángeles se muestran como seres celestes cuyo principal elemento para reconocerlos es la posesión de alas. Sin embargo ésta característica tan propia de la iconografía cristiana aparecería, según el investigador del Instituto Warburg Fritz Saxl, a partir del siglo V por influencia de la herencia pagana. La imagen de la figura celeste alada tendría un origen oriental en los albores de nuestra civilización, pasando a tener un papel importante en Grecia y Roma. Al principio la nueva religión no la contemplaría por no encajar en los textos del Antiguo y Nuevo Testamento, pero el poder de su imagen fue tal que acabaría por conquistar la mentalidad cristiana. El texto que sigue a continuación ilustra perfectamente cómo las imágenes van definiéndose y adquiriendo diferentes connotaciones según el curso de la historia, y, de la misma manera  que influyera Oriente sobre Occidente en la creación de doctrinas religiosas, lo haría también sobre la iconografía de su arte.



La vida de las imágenes
(Fragmento)
por
Fritz Saxl


(...) En el Antiguo Testamento, el ángel es nombrado con la palabra hebrea mal'akh, que quiere decir mensajero. Los griegos tradujeron la palabra por άγγελος , que significa el que anuncia, y la palabra griega fue introducida en las lenguas modernas como angelo, ángel, Éngel y ange.
Lo más curioso es que la connotación moderna del término es distinta de la que tenía en los textos hebreos y griegos. Por ángel entendemos hoy  figura alada, pero este no es el caso  ni en hebreo ni en griego. Tómese por ejemplo el relato del Libro de los Jueces (XXIII, 2 y ss.), en el que el ángel del Señor se aparece a la esposa de Manué con el mensaje de que concibiera a un hijo que será el que empezará a liberar a Israel de la mano de los filisteos.
"Fue la mujer y dijo a su marido: 'Ha venido a mí un hombre de Dios, y su aspecto era el de un ángel de Dios, muy temible'." No se mencionan alas. El ángel reaparece: "Y Manué dijo al ángel del Señor: 'Te ruego que permitas que te detengamos, hasta que hayamos preparado un cabrito par ti'." El ángel contesta: "¿Para qué me preguntas mi nombre, sabiendo que es secreto?'." Manué tomó el cabrito... y para ofrecerlo al Señor; y el ángel hizo un prodigio... Pues aconteció que cuando subía la llama de sobre el altar hacia el cielo, el ángel del Señor se puso sobre la llama del altar... Y Manué y su mujer... ya no vieron más al ángel del Señor. Entendió entonces Manué que era el ángel del Señor."
Esta historia, y especialmente la última frase, sería irrelevante si el mensajero hubiera sido alado, como imaginamos que deben ser los ángeles; porque entonces Manué no habría dudado de su naturaleza divina.
El hecho de que los autores de la Biblia no se imaginaran a los ángeles alados es aún más evidente en el Libro de Josué (V, 13): "Estando Josué cerca de Jericó, alzó los ojos y vio que estaba un hombre delante de él, en pie, con la espada desnuda en la mano: y Josué se fue hacia él y le dijo: '¿Eres de los nuestros o de los enemigos?' Y él le respondió: 'No, soy un principe de las huestes del Señor, que vengo ahora'." No hay duda de que el ángel apareció como guerrero, no como aparición angélica, que baja veloz a la tierra volando y subirá cuando haya cumplido la orden divina.
Es seguro que los primeros cristianos consideraron la palabra ángel en su sentido griego, es decir, el de mensajero. En una vasija griega encontramos una representación de Yocasta y Antígona. Sobre la figura intermedia está la inscripción angelos porque esta figura es el mensajero en la obra que aquí se ilustra. En Santa María la Mayor de Roma encontramos un mosaico del siglo V con la escena entre Josué y el ángel que acabamos de citar, y el ángel  está representado como un guerrero exactamente como lo exige el texto.

 Josué y el ángel. Mosaico. Roma, Sta. María la Mayor. Siglo V

Pero una representación posterior de la misma escena muestra la transformación. Aquí el ángel es alado.

Josué y el ángel, manuscrito siglo X, Biblioteca Vaticana

Recuérdese el texto: Josué levantando la vista, ve a un hombre ante él con la espada desnuda y le pregunta directamente: "¿Eres de los nuestros o de los enemigos?" Se darán ustedes cuenta de que la ilustración más tardía es ilógica por la intrusión de una figura alada. Josué jamás le hubiera hecho su pregunta a este mensajero celeste porque habría reconocido  en el acto que se trataba de un ángel.
¿Cuando se introdujo esta concepción del ángel en el arte cristiano? Encontramos la respuesta en la misma iglesia de Santa María la Mayor de Roma. En el arco de triunfo  decorado con una serie de mosaicos que ilustran la infancia de Nuestro Señor, la Virgen y el Niño aparecen rodeados no por mensajeros, sino por ángeles en el sentido moderno de la palabra. 
 

La Virgen con los ángeles. Mosaico Roma, Sta. María Maggiore. Siglo V

Uno de ellos está suspendido en el aire. Es, por tanto, en la primera mitad del siglo V cuando surge la nueva imagen del ángel.
¿Creó el cristianismo una nueva imagen o adaptó una antigua? ¿Cuales son sus antecedentes y durante cuanto tiempo siguió existiendo sin que fuera puesta en tela de juicio? (...)
Los griegos desarrollaron varios tipos de mensajeros divinos alados: Mercurio, Iris y, sobre todo, la Victoria que baja veloz del cielo para coronar al vencedor tras la batalla, ya sea lucha armada o competición de poetas o atletas en Olimpia.

 Victoria alada (Nike) Bronce griego siglo V a. C.

El tipo más grande y elegante de victoria serena se desarrolló a partir del tipo de victoria corriendo.


Victoria de Samotracia. Grecia, siglo II a. C

Los romanos, al ser una nación guerrera, tuvieron innumerables representaciones de la diosa, especialmente en tiempos de los emperadores, y en el arte romano cambia de caracter. No se precipita al suelo como mensajera de los dioses, sino que es una pesada figura erguida.

Victoria romana, Ostia

Los ángeles crisitianos son, con ciertas diferencias, derivaciones de estas creaciones imperiales de Roma y en la nueva Roma de Oriente, Constantinopla.

Angel, mosaico siglo VI. Rávena, San Apollinare Nuovo

Mientras que la Victoria era siempre una mensajera, los ángeles crisitanos no son hombre ni mujer; llevan un nuevo traje cortesano los mensajeros celestes en torno a Nuestro Señor o la Virgen. Son seres inmaculados del mundo sin pecado de los santos, vestidos de largas túnicas blancas. Pero no puede haber la menor duda de que la fuente principal de esta nuestra nueva imaginería se encuentra en las representaciones de la Victoria. (...)

 Cristo rodeado de ángeles, siglo VI San Apollinare Nuovo

Después del siglo V, la imagen permanece sin apenas cambios. La Edad Media, el Renacimiento, el período barroco no podrían apenas concebir un ángel si no es alado, y la gente que leía la Biblia se imaginaba las escenas de una manera bastante diferente a como los autores de los textos pretendían ser entendidos. El impacto de la imagen pagana sobre las mentes cristianas era tan fuerte que hizo que la gente imaginara cosas que no estaban en el texto escrito o que incluso eran contrarias a éste.


Lecturas: 

Fritz Saxl, La vida de las imágenes. Alianza Editorial 1989


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