Foto: Trencadís (cerámica fragmentada) en el Parc Güell de Barcelona

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martes, 15 de febrero de 2011

Permanencia en el cambio

Caligrafia árabe tallada en madera


¿Qué es lo que siempre es y no tiene devenir? ¿y qué es lo que siempre es devenir y nunca es? Lo que es captado por la Inteligencia y la razón está siempre en el mismo estado; pero lo que es concebido por la opinión con ayuda de la sensación y sin la razón, está siempre en un proceso de devenir y perecer y nunca es realmente.

Platón (Timeo, 28a)


¡Ojalá te crecieran alas y te elevaras! Suspendido entre la tierra y el cielo, podrías ver la tierra sólida, el mar fluido y los rios que corren, el aire errante, el fuego penetrante, el curso de las estrellas, y la ligereza del movimiento con que el cielo lo envuelve todo. ¡Qué felicidad sería, hijo mío, ver todos llevados por un impulso, y contemplar a Aquel que es inmovil moviéndose en todo lo que se mueve, a Aquel que está oculto manifestándose a través de sus obras!

Hermes


Seyyed Hosein Nasr, considerado uno de los estudiosos más importantes del esoterismo islámico en la actualidad, nació en Irán, donde se formó sólidamente en la poesía persa clásica. Su carrera pasa por los campos de la ciencia, la filosofía y los estudios islámicos en diversas universidades de los Estados Unidos para luego ser profesor en la universidad de Teherán y otros centros educativos de ésta ciudad. Actualmente es catedrático de estudios islámicos en la Universidad George Washington. Ha escrito más de cincuenta libros en inglés y en persa de los que algunos se han traducido al castellano. Entre ellos, dos editados por editorial Herder allá por los años 80 de los que tan sólo se publicó una edición: Vida y pensamiento en el Islam, y Sufismo vivo, actuálmente inencontrables.
Un aspecto importante de la doctrina sufí es la toma de conciencia de la situación del hombre en el universo, de la condición que le permite acceder a los diferentes planos del ser, desde el mundo de la sucesión temporal y la relatividad hasta el de la infinita quietud, de lo cambiante e ilusorio a lo permanente y eterno, de lo mortal, a lo inmortal, algo que no forma parte de la visión del hombre moderno, que solo concibe su realidad como cambio y transformación. En el texto titulado, El hombre en el universo: Permanencia en medio del cambio aparente, de la obra ya referida Sufismo vivo se desarrolla esta cuestión de forma magistral por Seyyed Hossein Nasr. Antes de darle paso, dejo unos versos de la obra poética de este autor traducidos al castellano por la gran arabista Luce López-Baralt del poemario Poemas de la vía mística.
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Cielos estrellados, cumbres sublimes de las montañas,
bosques hirvientes de vida, desiertos áridos y puros,
nebulosas lejanas, escondidas en el espacio inconcebible,
arrecifes submarinos con peces de todos los matices;
un arco iris roto, escondido al ojo humano,
tiende su mirada sobre la superficie del mar,
ajeno a la miríada de tintes diversos:
un paraíso en el que los colores y las formas
se funden en perfecta armonía...


El hombre en el universo: Permanencia en medio del cambio aparente, por Seyyed Hossein Nasr

Una de las cuestiones que se encuentran en el corazón de las enseñanzas sufíes es la situación del hombre en el universo, pues el hombre debe iniciar necesariamente a partir de esta situación el viaje espirtual que al final le conducirá allende el cosmos. Lo que ha causado que muchas verdades deslumbradoramente claras pareciesen improbables, es precisamente la deformación de la verdadera imagen de la situación del hombre en el universo ocurrida en occidente a lo largo de los pasados siglos, sobre todo con el surgimiento de las teorías evolucionistas. Para comprender plenamente las enseñanzas del sufismo es, pues, necesario examinar de nuevo la relación del hombre con el universo que lo rodea a la luz de la cuestión del cambio y de la permanencia, apartando de esta forma los obstáculos que impiden la plena comprensión de la realidad que rodea al hombre y determina su devenir futuro. En la perspectiva del mundo moderno no hay esfera en la que el cambio y la transformación reinen con la misma supremacía y de forma tan total como en la que concierne a la naturaleza, a la relación del hombre con ella y al conocimento que el hombre tiene de ella. La ciencia moderna, que a lo largo de los pasados siglos ha actuado como un catalizador del cambio en tantos otros cambios, se basa en el cambio y la permanencia; si cesara de cambiar y se volviera inmutable, dejaría de existir en su forma actual. Además, dado que ésta es la única ciencia de la naturaleza conocida por el hombre moderno, toda relación entre el hombre y la naturaleza, así como la misma naturaleza del hombre y el universo que le rodea, es vista sólo a la luz de la fluctuación y el cambio. La opinión de que la posición del hombre en el universo y su conocimiento de él, por no hablar de la finalidad de dicho conocimiento, está en continuo cambio ha llegado a considerarse tan evidente que cualquier otro punto de vista parece absurdo y poco menos que ininteligible a aquellos cuyo conocimieno está limitado a los horizontes del mundo moderno. El hombre contemporaneo se confunde incluso ante la posibilidad de un elemento de permanencia en su relación con el universo, no porque no exista un elemento tal, sino porque el problema nunca se considera desde el punto de vista de la permanencia. A menudo se olvida que antes de que empezaran a considerar su relación con la naturaleza sólo en el aspecto del cambio y la evolución, el hombre se había separado interiormente del principio inmutable del intelecto, el nous, que, junto con la revelación, es el único factor que puede actuar como eje permanente e inmutable para el funcionamiento de la razón humana. Con la debilitación de los elementos intelectuales y gnósticos en la cristiandad (si entendemos por gnosis el conocimiento iluminativo que el sufismo denomina 'irfân y que es el corazón mismo del sufismo así como de cualquier otra tradición espiritual auténtica y completa), la facultad racional del hombre occidental se apartó gradualmente de las dos fuentes de toda inmutabilidad, estabilidad y permanencia: a saber, la revelación y la intuición intelectual. El resultado fue, por una parte, la tendencia nominalista, que destruyó la certidumbre filosófica y, por otra, esta reducción del hombre a sus aspectos estrechamente humanos, separado de todo elemento trascendental; así es el hombre en el humanismo del Renacimiento. Este modo de concebir al hombre implicaba su total compromiso en el cambio y el devenir; este efecto puede observarse incluso exteriormente durante dicho periodo en las rápidas transformaciones de la sociedad occidental, que han dado al Renacimiento su caracter transitorio. Pero incluso en aquel entonces, el concepto que el hombre tenía del universo todavía no había cambiado. Su ciencia de la naturaleza era todavía esencialmente medieval, estaba formada por elementos herméticos y escolásticos. En el principio fue sólo su concepción de sí mismo lo que cambió, lo cual, a su vez, condujo poco a poco a un cambio en su concepto del universo y del lugar que el hombre ocupaba en él. Siempre es importante tener en cuenta el tiempo transcurrido entre la rebelión religiosa y metafísia de finales de la Edad Media en Occidente - que expresa un intento por parte del hombre occiental de separarse de su arquetipo celestial e inmutable y tornarse puramente terrenal y humano-, y la revolución científica que llevó esta visión secularizada del hombre a su conclusión lógica creando una ciencia puramente secular. El hombre occidental, quien durante el Renacimiento se consideró a sí mismo un ser secular, empezó a desarrollar una ciencia que se ocupaba exclusivamente del devenir más que del ser. Y esto es tanto más lógico si recordamos que incluso etimológicamente secular deriva del latín saecularis, uno de cuyos significados es cambio y temporalidad. La destrucción de la visión sagrada de hombre y el universo equivale a la destrucción del aspecto inmutable tanto del hombre como del universo. Una ciencia secular no hubiera podido nacer sin volcarse totalmente en el cambio y el devenir. Si tenemos presentes los factores históricos que hicieron aparecer en occidente una concepción del mundo que está basada exclusivamente en el aspecto cambiante de las cosas, nos ha de ser imposible reconstruir y redescubrir al hombre moderno los elementos permanentes y olvidados desde hace largo tiempo, sin que parezca que hablamos de absurdos. Pero esto sólo puede suceder si hay una comprensión de la metafísica tradicional y del lenguaje del simbolismo mediante el cual siempre han sido reveladas las verdades metafísicas. La metafísica, o la ciencia de lo permanente, que es el elemento básico de la doctrina sufí, puede ser pasada por alto u olvidada, pero no refutada, precisamente porque es inmutable y no está relacionada con el cambio como tal. Cuando versa sobre la permanencia no puede volverse "anticuado", porque no guarda relación con ninguna época en particular. En relación con el hombre y el universo, los elementos permanentes siguen siendo tan válidos hoy como siempre. Unicamente, deben darse a conocer de nuevo en occidente, después del largo periodo durante el cual el hombre occidental no buscó los elementos permanentes dentro del propio cambio e incluso trató de reducir la permanencia en cambio y proceso histórico. En los círculos tradicionales de oriente, aunque no, por supuesto, entre las clases modernizadas obsesionadas con la occidentalización, este aspecto de permanencia nunca ha sido olvidado o perdido de vista porque el sentido de lo sagrado, y en consecuencia de lo inmutable, ha continuado dominando toda la vida. Desde el punto de vista de las doctrinas metafísicas y cosmológicas tradicionales, hay varios elementos de permanencia en la relación entre el hombre y la naturaleza y en la situación del hombre en el universo. El primero y más fundmental elemento es que el entorno cósmico que rodea al hombre no es la realidad última sino que posee un caracter de relatividad e incluso de ilusión. Si se comprende lo que significa lo Absoluto (mutlaq), entonces por lo mismo se comprende lo relativo (muqayad) y se ve que todo lo que no es lo Absoluto debe ser relativo por necesidad. El aspecto del mundo como velo (hijab) en el lenguaje del sufismo , o maya si se usa el término hindú, o como samsara en el sentido budista, es en sí un elemento permanente del cosmos y de la relación del hombre con él. El universo, en su aspecto cósmico, fue siempre maya y siempre será maya. Lo Absoluto es siempre lo Absoluto, y lo relativo es lo relativo, y ningún proceso ni cambio histórico puede trtansformar lo uno en lo otro. El proceso histórico puede hacer olvidar durante un tiempo a un pueblo, o incluso a toda una civilización, la distinción entre lo Absoluto y lo relativo, y en consecuencia que tome lo relativo por lo Absoluto, el orden creado (al-khalq) por la Verdad increada (al-haqq), tal como parece haber hecho la ciencia moderna. Pero dondequiera y cuandoquiera que aparece el discernimiento metafísico, la distinción se hace clara y se conoce el mundo por lo que es, o sea, maya. El elemento cambiante del mundo que implica el concepto de maya es en sí un rasgo permanente del mundo. Está en la naturaleza del mundo el irse transformando, el experimentar la generación y la corrupción, la vida y la muerte. Pero el significado de este cambio sólo puede ser comprendido desde el punto de vista de lo permanente. Haber comprendido que el mundo es maya es haber comprendido el significado de Atman o Brahman, que transciende a maya. Saber que el muno es inestable o samsárico en su naturaleza es conocer por extensión la presencia del estado nirvánico más allá de él. La comprensión de que el mundo es al-khalq implica la conciencia de al-haqq, que lo transciende y al mismo tiempo resplandece a través de él. El carácter del mundo revela metafísicamentre la realidad permanente que lo transciende. Comprender la relatividad de las cosas es conocer, por extensión del mismo conocimiento, lo Absoluto y lo Permanente. Esta distinción metafísica ha existido, a lo largo de toda la historia, en todos los periodos de la cultura humana. Descansa en la naturaleza de las cosas, y todos pueden verla si dirigen su visión hacia ella. Sin embargo, en ciertas épocas como la nuestra, lo relativo ha llegado a ser idolatrado como si fuera lo Absoluto. Hoy en día a menudo se oye afirmar que todo es relativo. Pero las mismas personas que afirman tal cosa a menudo dan un carácter absoluto al campo de lo relativo. Sin siempre darse plena cuenta de ello , confunden Brahman con Maya. Pero cuando hay conocimiento metafísico también hay conciencia de la relatividad de las cosas a la luz de lo Absoluto, y esta verdad fundamental es un elemento permanente de la situación del hombre en el universo; atañe a su destino como ser llamado a transcender la cripta cósmica en la que ha caído y retornar desde el campo de lo relativo a lo Absoluto. Otro elemento de permanencia en la relación del hombre con el universo es la manifestación de lo Absoluto en lo relativo bajo la forma de símbolos (rumûz) en el sentido tradicional de la palabra. El simbolo no está basado en reglas convencionales hechas por el hombre. Es un aspecto de la realidad ontológica de las cosas y como tal es independiente de la percepción que el hombre tiene de él. El símbolo es la revelación de un orden superior de la realidad en otro inferior a través del cual el hombre puede ser reconducido al reino superior.
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Comprender los símbolos es aceptar la estructura jerárquica del universo y los estados múltiples del ser. Durante ciertas fases del proceso histórico, símbolos a los que una religión revelada otorga -por la revelación misma- significación y poder especiales pueden perder gradualmente su eficacia, ya sea parcialmente o por completo, como resultado de la debilitación de la base espiritual de dicha religión, como puede observarse en el caso de los "desmitificadores" de nuestros días. Pero los símbolos que existen en la naturaleza son permanentes e inmutables. Lo que el cielo significa simbólicamente, como por ejemplo la dimensión de trascendencia y el Trono divino (al 'arsh) -para usar la imagen islámica- es tan permanente como el propio cielo. Mientras el sol brille, simbolizará el Intelecto universal; de forma parecida, el árbol con sus ramas extendidas seguirá siendo un símbolo de los múltiples estados del ser mientras los árboles crezcan sobre la faz de la tierra. Ésta es la razón por la que se puede hablar de una cosmología perenne, de una cosmología perennis, de una ciencia cualitativa de la naturaleza que es válida siempre y que revela un aspecto de la naturaleza que, como mínimo, es tan real como el aspecto mudable estudiado por la ciencia moderna. La principal diferencia entre las ciencias de la naturaleza tradicionales y modernas reside en el echo de que la ciencia moderna estudia el cambio con relación al cambio, en tanto que la ciencia tradicional estudia el cambio con relación a la permanencia a través del estudio de los símbolos, que no son más que los reflejos de la permanencia en el reino del cambio.Una civilización puede desarrollar una ciencia que dé la espalda al aspecto cualitativo de las cosas revelado a través de los símbolos para concentrarse en los cambios que pueden medirse cuantitativamente. Pero no puede destruir la realidad simbólica de las cosas como tampoco un estudio cualitativo y simbólico de los fenómenos naturales puede destruir su peso o su tamaño. Hoy en día, a consecuencia de la destrucción del espíritu "simbolista" en occidente, los hombres han perdido el sentido de la penetración en el significado interior de los fenómenos, que sólo los símbolos revelan. Pero esta impotencia no significa que los símbolos naturales hayan dejado de existir. La significación simbólica de las esferas homocéntricas de la astronomía ptolemaica, que revela la apariencia inmediata de los cielos, continúa siendo válida, tanto si, en el espacio absoluto teórico de Newton o en el espacio curvo de la relatividad, la tierra se mueve alrededor del sol como si el sol se mueve alrededor de la tierra.


Las esferas homocéntricas simbolizan estados del ser que están por encima del estado terrestre en el que el hombre se encuentra actualmente. Los estados del ser siguen siendo reales tanto si comprendemos y aceptamos el simbolismo natural que los mismos cielos nos revelan en nuestro contacto inmediato y directo con ellos como si en nombre de otras consideraciones teóricas pasamos por alto esta apariencia inmediata y el símbolo que esta apariencia comunica. De hecho, incluso las nuevas teorías científicas, si son conformes a alguna realidad, poseen su propio significado simbólico. Corresponder a la realidad en un grado cualquiera significa ser simbólico. Si las esferas ptolemaicas simbolizan la posición del hombre con respecto a estados superiores del ser, el espacio galáctico de la astronomía moderna simboliza el carácter indefinido de lo relativo, la inmensidad del océano de samsara. Es en sí mismo una prueba del hecho de que la inteligencia del hombre fue creada para conocer lo Infinito más bien que lo indefinido. Pero en su sentido más directo, el significado simbólico de los fenómenos de la naturaleza, por no mencionar las teorías científicas basadas en ellos, representa un aspecto permanente de las cosas y de la relación del hombre con el cosmos. Es sobre este carácter permanente del contenido simbólico de los fenómenos de la naturaleza como se puede construir una ciencia simbólica de la naturaleza, una cosmología tradicional que conserva un valor perenne y una importancia permanente, y que tiene hoy una significación tanto mayor cuanto que las ciencias puramente cuantitativas de la naturaleza y su aplicación amenazan la existencia del hombre y de la naturaleza. Otro elemento permanente de la relación entre el hombre y el universo, al menos desde cierto aspecto de la situación, es el modo en que la naturaleza se presenta al hombre. Hoy en día, el hombre moderno aspira a cambiar todas sus instituciones sociales, políticas e incluso religiosas con la excusa de que la naturaleza está en continuo cambio y que, por lo tanto, el hombre debe cambiar. De hecho, lo cierto es exactamente lo contrario. Si el hombre sólo ve cambio en la naturaleza es porque su mentalidad ha perdido su ancla en lo permanete y se ha convertido en un rápido río de ideas e imágenes en continuo cambio. El hombre moderno ha atribuido la evolución a la naturaleza; empezó a creer en la evolución con su mente antes de haberla observado en la naturaleza. La evolución no es producto de una observación natural, sino de una mentalidad secularizada alejada de toda vía de acceso a lo inmutable, mentalidad que empezó a ver su propia naturaleza efímera en la naturaleza exterior. El hombre siempre ve en la naturaleza el reflejo de su propio ser y su concepción de lo que él mismo es. Si estudiamos el mundo que nos rodea, vemos que de hecho el medio ambiente terrenal en el que los hombres vieron la permanencia durante milenios no ha cambiado en sus rasgos generales. El sol todavía sale y se pone de la misma manera en que lo hizo para el hombre antiguo y medieval, que lo consideraba como el símbolo del Intelecto divino. Las formas naturales todavía se reproducen con la misma regularidad y con los mismos procesos que en períodos históricos más antiguos. Ni los pétalos de la rosa ni su fragancia han variado dese que Dante y Shakespeare escribieron sobre ellas.(...) El cielo, el mar, las montañas, los ciclos estacionales, estas realidades se manifiestan hoy igual que lo hicieron antes durante milenios (aparte de diferencias cualitativas), y son el majestuoso testamento de lo Inmutable manifestado en el proceso del devenir. Los hombres que aman la naturaleza esencialmente están en busca de lo permanente y de hecho la misma naturaleza desmiente a aquellos que quieren limitar toda realidad al cambio y al devenir. Las filosofías limitadas únicamente a lo relativo nunca surgieron entre los pueblos que vivían cerca de la naturaleza; siempre han sido producto de modos de vida sedentarios, en los que un medio ambiente artificial ha puesto a los hombres en situación de olvidar a la vez la naturaleza y los elementos permanentes que ella revela al hombre, elementos que evocan en la mente del hombre aquellos factores permanentes que están anclados en los estratos inmutables de su ser.(...)
Pero quizás el elemento permanente más importante en la relación del hombre con el universo es su situación "existencial" en la jerarquía de la existencia (maratîb al-wujûd). El hombre tradicional sabía con certeza de dónde provenía, por qué vivía y adónde iba. El sagrado Corán resume dicha certidumbre en estas simples aunque majestuosas palabras: "A allah pertenecemos y a Allah retornamos" (II: 156), y muchos tratados de sufismo y teosofía (hikmah) llevan por título "el principio y el fin" (al-mabda'wal-ma'âd), el alfa y omega que contiene de modo sumario toda verdad y sabiduría. El hombre moderno, hablando en general, no sabe ni de dónde viene ni cuál será su fin, y, por lo tanto, no sabe por qué está viviendo. Pero, al igual que el hombre tradicional, se halla frente a los dos puntos que determinan el principio y el fin de su vida terrenal. Nace y muere. Este hecho no a variado ni un ápice, ni lo hará, aunque se recurra a alguna forma de inmortalidad barata como los trasplantes de corazón. La única diferencia es que lo que otrora era certidumbre hoy se ha convertido en duda y temor. Pero la realidad del nacimiento y la muerte subsiste, y ni siquiera toda la ciencia moderna puede descifrar los misterios de estas dos "eternidades" entre las está suspendido el instante fugitivo de la vida terrenal.
Esta dos "infinitudes" son las que determinan el caracter y el significado de la finitud que se encuentra entre ambas. Por lo que respecta a estas dos "infinitudes", la situación del hombre no ha variado en absoluto aun cuando la destrucción de las cosmologías medievales ha destruido para la mayoría de los hombres la doctrina metafísica de los estados del ser que la cosmología medieval simbolizó con tanta belleza.


Diagrama cosmológico, Austria s. XIII


El hombre es todavía un ser finito con una inteligencia creada para comprender lo Infinito y lo Absoluto, y no lo indefinido y lo relativo, cuya comprensión total ninguna ciencia humana podrá alcanzar nunca. Por lo que respecta a lo Absoluto y a todos los estados del ser que comprende el universo, el hombre es lo que siempre ha sido y siempre será, una imagen de lo Absoluto en lo relativo, proyectada en la corriente del devenir a fin de que este mismo devenir retorne al Ser. Hoy en día se habla tanto de cambio que los hombres están hipnotizados por sus propias palabras y olvidan que, bajo la superficie de esas olas en continuo movimiento, se halla el océano permanente e inmutable de la naturaleza real del hombre. La situación de esa naturaleza permanente que el hombre lleva dentro de sí, por más que vaya éste contra lo Real en el sentido metafísico de la palabra, nunca ha cambiado ni nunca podrá hacerlo. La situación ontológica del hombre en el orden total de las cosas es la misma que siempre: esta situación, más que el resto de aspectos de la posición del hombre en el cosmos, tal como lo estudian la cosmología y las ciencias de la naturaleza, es permanencia en medio del cambio aparente.



Lecturas:


Seyyed Hossein Nasr, Sufismo vivo. Editorial Herder, Barcelona 1985

Seyyed Hossein Nasr, Vida y pensamiento en el Islam. Editorial Herder, Barcelona 1985

Seyyed Hossein Nasr, Poemas de la vía mística. Mandala ediciones 2002

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sábado, 27 de noviembre de 2010

Eterno instante


Todo el tiempo está comprendido en el presente o "ahora". El pasado fue presente, el futuro será presente, de manera que el tiempo es sólo una metódica ordenación del presente. El pasado y el futuro, en consecuencia, son el desarrollo del presente; el presente comprende todos los tiempos presentes, y los tiempos presentes son su desarrollo regular y ordenado: sólo el presente puede encontrarse en ellos. El presente, por consiguiente, en el que todos los tiempos están incluidos, es uno: es la misma unidad.

Nicolás de Cusa


Los textos seleccionados en esta entrada giran en torno a la intuición de un estado atemporal, descrito por las diferentes doctrinas tradicionales comunes a la Filosofía Perenne, constituyendo un principio fundamental en esta. Es conocido como el eterno presente, eterno ahora o eterno instante. Plenitud alcanzada por el conocedor siendo uno con el Intelecto trascendente alojado simbólicamente en el centro del corazón, morada no manifestada del Principio Supremo o Espíritu Universal, el Sí omnisciente, "punto sin extensión" o "momento sin duración", centro axial de toda la existencia donde las oposiciones están contenidas en perfecto equilibrio. Alcanzar ese no-lugar, simbolizado en la Jerusalén Celeste o Ciudad de Dios, el Palacio sagrado de la Cábala, santuario de la Shekinah o el Brahmapura del hinduismo, es recuperar el Estado Primordial. En palabras de René Guénon: "Es en este centro donde el tiempo se transforma en espacio, porque es ahí donde está el reflejo directo, en nuestro estado de existencia, de la eternidad principal, lo que excluye toda sucesión; así la muerte no puede alcanzarlo, y es propiamente también la morada de la inmortalidad; todas las cosas aparecen allí en perfecta simultaneidad en un inmutable presente, por el poder del ojo del corazón, con el que el hombre ha recuperado el sentido de la eternidad".

Me ha parecido interesante acompañar las citas que presento con imágenes tomadas a velocidad ultrarápida por el fotógrafo brasileño Luiz Luxvich. Son instantaneas conseguidas con agua y otros líquidos combinados con efectos de luz. Los resultados son muy sugerentes, consiguiendo imágenes que algunas parecen esculturas líquidas. Instantes registrados por la cámara que capta en una fracción ínfima de tiempo destellos de coloreada luz reflejada en la fluctuación del elemento líquido, sumergiéndonos en un mundo por el que podamos acercarnos un poco más a la intuición de ese Eterno Instante, descubriendo que la multiplicidad manifestada a través del espacio y el tiempo fugaz en infinidad de matices, es expresión de la Única Luz de luces.


El ahora en que Dios hizo al primer hombre y el ahora en que el último hombre desaparezca y el ahora en que hablo, son todo lo mismo en Dios, donde no existe sino el ahora... Los acontecimientos de hace un millar de años, los días pasados desde hace milenios, no son en la eternidad más que este momento que estoy viviendo ahora; el día por venir dentro de mil años o en tantos años como puedas calcular, no están a más distancia de la eternidad que este mismo instante en el que estoy.

Maestro Eckhart


No ocupes tu valioso tiempo excepto con la más valiosa de las cosas, y la más valiosa de las cosas humanas es el estado del ser ocupado entre el pasado y el futuro.

Ahmad b. ' îsâ al-Kharrâz




El punto en el que todos los tiempos están presentes...


Dante (Paradiso, XVII, 17)


Delante de Dios, un solo día es como mil años, y mil años como un solo día.

2 Pedro, 3, 8



No hay mañana ni noche con el Señor.

Muhammad


Antes de Él no existe ningún "antes" y después de Él no existe ningún "después". El principio de los siglos es el sello de su existencia.

Ibn al-Fârid



El sufí es hijo del momento (ibn al-waqt), oh compañero, no es regla de nuestra vía decir "mañana"

Rûmî




El puro (safî) está sumergido en la Luz del Glorioso; no es hijo de nadie, libre de "tiempos" y de "estados"
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Rûmî
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En mi modo eterno de nacimiento siempre he sido, soy ahora, y permaneceré eternamente. Lo que soy en el tiempo morirá y se convertirá en nada, pues es del día y pasa con el día. En mi nacimiento todas las cosas nacieron, y fui la causa de mi mismo y de todas las cosas, y si lo hubiera deseado, nunca habría sido, ni ninguna otra cosa, y si yo no hubiera sido, entonces Dios tampoco habría sido. No es necesario comprender esto.

Maestro Eckhart
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Dios es su propio padre y su propia madre.

Hermes


Reflexiona de una vez por todas sobre tu origen, tu primera madre tuvo un padre que era también su madre. Percibe el mundo comprendido por completo en ti mismo.

Shabistarî


El séptimo día (de la creación) es el origen y el principio del primero.

Boehme


Donde cada donde y cada cuando convergen...

Dante (Paradiso, XXIX, 12)





El Padre dio nacimiento a su Hijo, le da nacimiento ahora y continuará dándole nacimiento sin cesar. Este nacimiento tiene lugar en él eternamente.

Maestro Eckhart


"Él ve al mismo tiempo
lo que es y ha sido,
y lo que será después.
A Él, pues sólo a Él lo ve todo,
puedes llamarle, en verdad, el Sol verdadero".

Boecio


Mira el mundo todo mezclado,
ángeles con demonios, Satán con Arcangel.
Todo mezclado como la semilla y el fruto,
infiel con fiel, y fiel con infiel.
En el momento presente están reunidos
todos los ciclos y estaciones, días, meses y años.
El mundo del principio es el mundo sin fin.

Shabistarî
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Yo estoy en el cielo y en la tierra, en el agua y en el aire. Estoy en los animales y en las plantas. Soy un feto en la matriz y alguien que todavía ni ha sido concebido, y alguien ya nacido. Estoy presente en todo lugar.

Hermes


Soy el primero de los bardos ante Elphin,
y mi patria es el país de las estrellas del verano.

En su día me llamaba Merlín
Y hoy me llamo Taliesin.
He estado en el Cielo y en el Infierno

Estuve con Noé, durante la construcción del arca
Conozco los nombres de todas las estrellas
pero yo sigo siendo una maravilla inexplicada.
He tomado todas las formas posibles,

Estuve muerto y a la vez vivo,
Seguiré en la tierra hasta el juicio final,
Nadie sabe si soy pescado o carne
Fui llevado durante nueve meses,

en el vientre de la bruja Cerridwen
Entonces me conocían como el pequeño Gwyon
Pero ahora soy Taliesin.
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Taliesin (534-599 d.C. poeta galés)



El alma, pues, como ser inmortal, y habiendo vuelto a nacer muchas veces, y habiendo visto todas las cosas que existen, sea en este mundo o en el mundo de abajo, tiene conocimiento de todas ellas. Y no es sorprendente que pueda ser capaz de rememorar todo lo que alguna vez supo.
Platón (Menón, 81 c)
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Water kiss

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sábado, 26 de junio de 2010

El Arte de morir


Giuseppe Sanmartino, Cristo yacente


Todo cambio de estado es a la vez una muerte y un nacimiento, dependiendo del lado desde el que se contemple: muerte en relación al estado precedente, nacimiento en relación al subsiguiente. La iniciación es calificada generalmente de "segundo nacimiento", lo que de echo es. Pero este "segundo nacimiento" necesariamente implica muerte al mundo profano.

René Guénon



El viaje no es como lo narra el Télefo de Esquilo, que dice que el camino de la muerte es sencillo. A mí me parece que ni es sencillo ni único, ya que en ese caso no se necesitarían guías, pues nadie se extraviaría nunca... De hecho parece que presenta numerosas bifurcaciones y encrucijadas.

Platón, Fedón 108a



Hallarás a la izquierda de la mansión de Hades una fuente, y al lado de ella un blanco ciprés. A esa fuente no te aproximes. Pero encontrarás otra, del Lago de la Memoria, fresca agua que va fluyendo, y hay guardias ante ella. Di: "Yo soy criatura de la Tierra y del Cielo estrellado: Pero mi raza es del Cielo (solamente). Esto vosotros lo sabéis. Pero me consumo de sed y perezco. Dadme prestamente la fría agua que va fluyendo del Lago de la Memoria".
Y por sí mismos te darán de beber de la fuente sagrada. Y después entre los demás héroes tendrás señorío.

Láminas Órficas



A la divina Inanna le dijo:
"¡Ven, Inanna, entra!"
Y cuando ella entró,
La shugurra, la corona de la Llanura, le fue quitada de la cabeza.
"¿Qué es esto?, dijo ella.
-Guarda silencio, inanna, las leyes de los infiernos son perfectas.
¡Oh, inanna, no desapruebes los ritos de los infiernos!"
Cuando ella franqueó la segunda puerta,
la varilla y el cordel para medir lapislázuli
le fueron quitados.(...)
Cuando ella franqueó la tercera puerta,
Las piedrecitas de lapislázuli le fueron quitadas de la garganta.
Cuando ella franqueó la cuarta puerta,
Las piedras-nunuz gemelas le fueron quitadas del busto.
Cuando ella franqueó la quinta puerta,
El anillo de oro le fue quitado de la mano,
Cuando ella franqueó la sexta puerta,
El pectoral "Ven, hombre, ven" le fue quitado del pecho.
Cuando ella franqueó la séptima puerta,
El ropaje-pala de señora le fue quitado del cuerpo.
Doblada y humillada, fue llevada desnuda ante Ereshkigal.
La divina Ereshkigal ocupó su lugar en el trono.
Los anunnakis, los siete jueces, pronunciaron su sentencia ante ella.
Ella fijó su mirada en Inanna, una mirada de muerte,
Ella pronunció una palabra contra ella, una palabra de cólera,
La débil Mujer fue transformada en cadáver,
Y el cadaver fue suspendido de un clavo.

Tablilla sumeria



¡Salve, dioses de las cavernas, habitantes del Occidente! ¡Salve, guardianes de las puertas, que veláis ante el dios, que presentáis los informes ante Osiris! Sois sagaces sois poderosos, aniquiláis a los enemigos de Ra, ilumináis, disipáis las tinieblas y veis al más prestigioso de los grandes, vivís como él vive, dais gracias a Aquel que está en su disco. ¡Guiad a N. sobre vuestros caminos! Que su alma acceda a vuestros misterios, porque es uno de los vuestros.

El libro de los muertos (de los antiguos egipcios)



Morid antes de morir

Muhamad


"¿Qué ocurre si uno muere? ¿Qué pasa si uno se arruina? Muérete, arruinate". En ese sentido no hay dolor tras la muerte. ¿Qué se quiere designar con esa clase de muerte? La aniquilación del ego, aunque el cuerpo esté vivo.

Sri Ramana Maharshi


Los muertos que han muerto en la Divinidad están más allá de nuestra comprensión, como lo están los muertos que mueren aquí para el cuerpo. Esta muerte es la búsqueda eterna del alma. Muerta en las tres Personas, deja atrás su nada y es arrojada en la Divinidad.

Eckhart


Cristo muerto, Hans Holbein el joven


El doble sólo parece, pero el Uno es,
Entrega tu sí a la aniquilación de sí,
de modo que ese falso Dos pueda vivir en ese Uno verdadero.

'Attâr


En verdad, en verdad os digo que, si el grano de trigo no cae en la tierra y no muere, quedará solo, pero si muere, llevará mucho fruto.

Juan, 12, 24-25


Lo que tú siembras no nace, si no muere.

1 Corintios, 15, 36


La muerte debe preceder a la perfecta unión.
Tu substancia nunca será blanca si primero no ha sido negra.

Filaleteo


Nadie puede salvarse hasta que haya nacido de nuevo.

Hermes


Al morir, vivo.

Al-Hallâj


A donde yo voy no podéis venir vosotros.

Juan, 8, 21


El que no se convierta en un experto en aniquilación no descubrirá el hermoso rostro de la novia.

Abu 'l-Mawâhib ash-Shâdhili


Ningún hombre, si sólo es hombre,
será complacido con nada
hasta que sea reducido a nada.

Shakespeare (Ricardo II, V,v, 39)


Nada puede vivir eternamente, sino lo que ha vivido desde toda la eternidad.(...)
El alma caída, realmente muerta para el reino de los cielos, no puede ser ayudada sino por un nuevo nacimiento de la luz y el Espíritu del cielo, realmente manifestados de nuevo en ella.(...)
Un grano de trigo tiene el aire y la luz de este mundo encerrados o incorporados en él... Por otra parte, ese gran océano de luz y de aire, teniendo su propia descendencia oculta en el corazón del grano, tiene una perpetua e intensa tendencia a unirse y comunicarse de nuevo con él.... Pero aquí debe ser bien observado que este deseo recíproco no puede hacerse realidad hasta que la cáscara y la parte gruesa del grano se corrompen y mueren; hasta que eso no ocurre, él misterio de la vida allí oculto no puede manifestarse. Que el lector saque de aquí sus consecuencias.

William Law


La substancia es disuelta en un baño, y sus partes, reunidas por putrefacción. En cenizas, florece.

Basilio Valentín


Esta transformación es tan sagrada que debe realizarse en la obscuridad

Alce Negro


El misterio de nuestro arte, que ocultamos con tan gran cuidado, es la preparación del mercurio, que no puede encontrarse en la tierra listo para nuestro uso. Pero, una vez separado, es "nuestra agua", en la que se disuelve el oro, y mediante esa disolución la vida latente del oro se libera, y recibe la vida del disolvente mercurio, que es para el oro lo que la buena tierra para el grano de trigo. Cuando el oro se ha pudrido en el mercurio, entonces, de la descomposición de la muerte, surge un nuevo cuerpo, de la misma esencia pero de una substancia glorificada.

Filaleteo


¡Arriba, alma noble! Sal de ti y ve tan lejos que no vuelvas jamás, y entra en Dios tan profundamente que nunca puedas salir de nuevo.

Eckhart


El león de este mundo busca presa y provisión; el león del Señor busca libertad y muerte.

Rûmî


Cuando veas en el camino una cabeza cortada,
rodando hacia nuestro campo,
pregúntale, pregúntale, los secretos del corazón,
pues de ella aprenderás nuestro oculto misterio.

Diwan de Shams de Tabriz


Icono de Chinamasta


La experiencia nos ha demostrado que para tener un conocimiento puro de cualquier cosa deberiamos habernos liberado del cuerpo.

Platón (Fedón, 66e)


Y si el vino que bebes, el labio que presionas
terminan en la Nada en que todas las cosas terminan,
imagínate entonces, mientras eres, que no eres sino lo que
serás: nada. No serás menos.

Omar Khayyâm


El sentimiento de "yo" y "mio" es resultado de la ignorancia.

Sri Ramakrishna


La palabra "yo" no existe para el que siempre ve el "Si"

Shiva Samhitâ, V, 208


En la medida en que la noción de primera persona existe, las nociones de segunda y de tercera persona también esxisen. Cuando, mediante la reflexión sobre la propia realidad, la noción de primera persona es destruida, las nociones de segunda y de tercera persona también desaparecen, y el resultado es sólo el verdadero estado del Sí, revelado en el Uno.

Sri Ramana Maharsi


"Yo" y "tú" somos el velo
entre el cielo y la tierra.

Shabistarî


Rompe el ídolo de arcilla, para que puedas contemplar el rostro de lo Bello.

Diwan de Shams de Tabriz, XLII


Los vivos vienen de los muertos como los muertos vienen de los vivos.

Platón (Fedón, 72a)


Un signo manifiesto de este retorno de las cosas a su origen ha sido colocado en los seres vivos por la más sagrada de la naturaleza. Nuestro aliento de vida, que obtenemos de arriba, del aire,lo hacemos subir de nuevo al lugar del que venimos.

Hermes


Trato de devolver lo divino en mí mismo a lo divino en el Todo.

Plotino (últimas palabras segun la Vida de Plotino de Porfirio)


La muerte es un puente por el que el amante se une al Amado.

'Abd al-Azîz b. Sulaymân


De vosotros (los druidas), aprendemos que... la muerte es el centro, no el final, de una larga vida.

Lucano

El hombre verdaderamente sabio no llora ni por los vivos ni por los muertos.

Bhagavad-Gitâ, II, 11


El propósito de esta vida mortal es alcanzar la orilla de la inmortalidad conquistando a la vez la vida y la muerte.

Shrîmad Bhâgavatam, XI, xiii



Escultura de Joaquín Huertas. Sin título, 2002

Bibliografía:

Samuel Noah Kramer, La historia comienza en Sumer

W. K. C. Guthrie, Orfeo y la religión griega

Philip Rawson, El arte del Tantra

Francisco Diez de Velasco, Los caminos de la muerte

Whitall N. Perry, Tesoro de sabiduría tradicional

El libro de los muertos de los antiguos egipcios

René Guénon, Apercepciones sobre la iniciación


jueves, 29 de abril de 2010

Tú eres Eso

El verdadero rostro de Jano se encuentra en el punto indimensionado que separa y une los contrarios. Puerta oculta a las miradas dirigidas al pasado y al futuro, verdaderas murallas del paraíso donde Dios mora.

"Estrecha es la puerta y angosta es la vía que conduce a la Vida, por lo que son pocos los que la encuentran"
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Mateo 7-14
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"Un millar de años pasados, multiplicados por un millar de años futuros, están presentes a tí en este momento."
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Farid ud-Din Attar
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El siguiente texto es una selección de fragmentos del capítulo 12 de la obra de Aldous Huxley "La filosofía Perenne". Tiene por título "El tiempo y la eternidad".

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El universo es una sucesión de acontecimientos; pero su base, según la Filosofía Perenne, es el ahora sin tiempo del espíritu divino. Puede hallarse una exploración clásica de la relación entre tiempo y eternidad en los últimos capítulos de la "Consolación de la Filosofía", donde Boecio resume los conceptos de sus predecesores, especialmente de Plotino.

"Una cosa es ser llevado a través de una vida sin fin y otra abarcar junta toda la presencia de una vida sin fin, lo que es manifiestamente propio de la Mente divina.
El mundo temporal parece emular en parte lo que no puede plenamete obtener o expresar, ligándose a cualquier presencia existente en este exiguo y fugaz momento; una presencia que, pues acarrea cierta imagen de esa duradera Presencia, da a lo que participa de ella la cualidad de parecer que tiene ser. Pero, pues no podía permanecer, emprendió un infinito viaje de tiempo; y así sucedió que, yendo, continuó esa vida cuya plenitud no podía abarcar permaneciendo".

"Puesto que Dios tiene siempre un estado eterno y presente, Su conocimiento, que sobrepasa las ideas del tiempo, permanece en la simplicidad de Su presencia y, comprendiendo lo infinito de lo pasado y lo por venir, considera todas las cosas como si estuvieran en el acto de ser cumplidas."

Boecio


"La idea de un reloj envuelve toda la sucesión del tiempo. En la idea la hora sexta no es anterior a la séptima ni a la octava, aunque el reloj nunca da la hora, salvo cuando la idea la pide."

Nicolás de Cusa


De Hobbes en adelante, los enemigos de la Filosofía Perenne han negado la existencia de un eterno ahora. Según estos pensadores, el tiempo y el cambio son fundamentales: no hay otra realidad.(...)
La existencia del eterno presente es a veces negada alegando que un orden temporal no puede coexistir con otro orden no temporal, y que es imposible que una substancia cambiante se una a una substancia que no cambia. Es obvio que esta objeción sería válida si el orden no temporal fuera de naturaleza mecánica, o si la substancia incambiante poseyera cualidade
s espaciales y materiales. Pero, según la Filosofía Perenne, el eterno ahora es una conciencia; la Base divina es espíritu; el ser de Brahma es conocimiento. Que un mundo temporal sea conocido y, al ser conocido, sustentado y perpetuamente creado por una conciencia eterna, es una idea que no contiene nada que se contradiga.
Finalmente llegamos a los argumentos dirigidos contra los que afirmaron que la eterna Base pueda ser conocida unitivamente por mentes humanas. Esta alegación es considerada absurda porque envuelve el aserto: "ora soy eterno, ora soy en el tiempo". Pero esta afirmación es absurda solamente si el hombre es un ser de doble naturaleza, capaz de vivir en un solo plano. Pero si, como han mantenido siempre los expositores de la Filosofía Perenne, el hombre no es sólo cuerpo y psique, sino también espíritu, y si puede, a voluntad, vivir sea en el plano meramente humano o en armonía, y en unión, con la divina Base de su ser, entonces la afirmación es perfectamente sensata. El cuerpo es siempre temporal, el espíritu es siempre eterno, y la psique es una criatura anfibia obligada por las leyes de la existencia del hombre a asociarse hasta cierto punto con su cuerpo, pero capaz, si lo desea, de experimentar su espíritu e identificarse con él y, mediante su espíritu, con la Base divina. El espíritu continúa siempre como eternamente es; pero el hombre está constituido de tal modo que su psique no puede estar siempre identificada con el espíritu. En la afirmación: "Ora soy eterno, ora soy en el tiempo", el sujeto es la psique, que pasa del tiempo a la eternidad cuando se identifica con el espíritu y vuelve de la eternidad al tiempo, sea voluntariamente o por necesidad involuntaria, cuando quiere identificarse con el cuerpo o es obligado a ello.

"El sufí -dice Jalal-uddin Rumi- es hijo del presente." El progreso espiritual es un avance en espiral. Partimos como niños, en la eternidad animal de la vida en el momento, sin ansiedad por el futuro ni pesar por el pasado; crecemos hasta la condición especificamente humana de los que miran adelante y atras, de los que viven en gran parte, no en el presente, sino en recuerdo y esperanza, no espontáneamente, sino con norma y prudencia, con arrepentimiento, temor y esperanza; y podemos continuar, si lo deseamos, subiendo y abanzando, en magnífica vuelta, hasta un punto correspondiente a nuestro punto de partida en la animalidad, pero inconmensurablemete más alto. Una vez más la vida es vivida en el momento; la vida, ahora, no de una criatura infrahumna, sino de un ser en el que la caridad ha eliminado el temor, la visión ha reemplazado la esperanza, la abnegación ha termindo con el egoísmo positivo de la reminiscencia halagüeña y el egoismo negativo del remordimiento. El momento presente es la única abertura por la que el alma puede pasar del tiempo a la eternidad, por la que la gracia puede pasar de un alma en el tiempo a otra alma en el tiempo. Por eso el sufí y, con él, cualquier otro expositor practicante de la Filosofía Perenne es o procura ser hijo del presente (o del momento).

"Pasado y futuro ocultan a Dios a nuestra vista;
quémalos con fuego. ¿Hasta cuándo
te dividirán estos segmentos, como una caña?
Mientras la caña está dividida, no conoce secretos
ni responde vocalmente el labio ni al aliento.

Jalal-uddin Rumi


"Este vaciar la memoria (aunque no se siguiera de él tanto como es ponerse en Dios), por sólo ser causa de librarse de muchas penas, aflicciones y tristezas, allende de las imperfecciones y pecados de que se libra el alma, es grande bien.

San Juan de la Cruz

En la idealista cosmología del budismo mahayánico, la memoria desempeña el papel de un demiurgo harto maléfico. "Cuando la triple palabra es examinada por el Bodhisattva, percibe éste que su existencia es debida a la memoria que ha sido acumulada desde el pasado sin comienzo, pero interpreta erróneamente." (Lankavatara Sutra.) La palabra traducida aquí por "memoria" significa literalmente "perfumar". El cuerpo mental llevaba consigo el inextirpable olor de todo lo que se pensó e hizo, deseó y sintió, a lo largo de su pasado racial y personal. Los chinos traducen el término "hábito-energía". El mundo es lo que (a nuestros ojos) es, a causa de todos los hábitos recordados consciente o inconscientemente y fisiológicamente, adquiridos por nuestros antepasados o por nosotros mismos, sea en nuestra vida actual o en existencias previas. Estos recordados malos hábitos nos hacen creer que la multiplicidad es la única realidad y que la idea del "yo", "mi", "mío" representa la verdad final. El Nirvana consiste en "ver la morada de la realidad tal como es", y no la realidad quod nos, como nos parece. Es obvio que esto no puede lograrse mientras exista un "nos" para el que la realidad pueda ser relativa. De ahí la necesidad, recalcada por todo expositor de la Filosofía Perenne, de mortificación, de morir para el yo. Y no debe ser sólo una mortificación de los apetitos, los sentimientos y la voluntad, sino también de las facultades razonadoras, de la conciencia misma y lo que hace de nuestra conciencia lo que es; nuestra memoria personal y nuestras hábito-energías heredadas. Para lograr la liberación completa, la conversión que hace abandonar el pecado no es bastante; debe haber también una conversión de la mente, una paravritti, como los mahayanistas lo llaman, o reacción en las honduras mismas de la conciencia. Como resultado de esta reacción, las hábito-energías de la memoria acumuladas son destruidas y, junto con ellas, el sentimiento de ser un yo separado. La realidad no es ya pecibida quoad nos (por la suficiente razón de que no hay un nos que la perciba), sino como es en sí misma. Según las palabras de Blake: "Si las puertas de la percepción fuesen limpiadas, todo se vería como es, infinito". Por aquellos que son puros de corazón y pobres de espíritu, Samsara y Nirvana, apariencia y realidad, tiempo y eternidad, son experimentados como lo uno y lo mismo.

"El tiempo es lo que impide que la luz nos alcance. No hay mayor obstáculo para llegar a Dios que el tiempo. Y no sólo el tiempo, sino las temporalidades; no sólo los afectos temporales, sino la mácula y el olor mismos del tiempo".

"Alégrate en Dios todo el tiempo, dice San Pablo. Se alegra todo el tiempo quien lo hace por encima del tiempo y libre del tiempo. Tres cosas privan al hombre de conocer a Dios. La primera es el tiempo, la segunda es la corporalidad, la tercera es la multiplicidad. Para que Dios pueda entrar, estas cosas deben salir; de no ser que las tengas de un modo más elevado, mejor: la multitud resumida en uno en ti".

Maestro Eckhart

Siempre que se piensa en Dios como siendo enteramente en el tiempo, hay una tendencia a considerarle más bien como un ser "numinoso" que como un ser moral; un Dios de mero inmitigado Poder más bien que un Dios de Poder, Sabiduría y Amor; un inescrutable y peligroso potentado que hay que aplacar con sacrificios, no un Espíritu que hay que adorar en espíritu. Todo esto es harto natural; pues el tiempo es un perpetuo perecer y un Dios que es enteramente en el tiempo es un Dios que destruye tan rapidamente como crea. La Naturaleza es tan incomprensiblemente aterradora como bella y dadivosa. Si lo Divino no trasciende el orden temporal en que es inmanente, y si el espíritu humano no trasciende su alma ligada al tiempo, no hay entonces posibilidad de "justificar la conducta de Dios para con el hombre". Dios, según se manifiesta en el universo, es el irresistible Ser que habla a Job desde el torbellino y cuyos emblemas son Behemot y Leviatán, el caballo de Batalla y el águila. Es este mismo Ser el descrito en el apocalíptico capítulo onceno del Bhagavad Gita. "Oh Supremo Espíritu -dice Arjuna-, anhelo ver tu forma Isvara" -esto es, su forma como Dios del mundo, la Naturaleza, el orden temporal. Krishna contesta-: "Verás el universo entero, con todas las cosas animadas e inanimadas, dentro de este cuerpo mío." La reacción de Arjuna ante la revelación es de asombro y temor:

Ah, Dios mío, veo a todos los dioses dentro de tu cuerpo;
cada una en su grado, la multitud de criaturas;
veo a Brahma sentado sobre su loto,
veo a los sabios y las serpientes sagradas.
Forma universal, te veo sin límite,
infinita en ojos, brazos, bocas y vientres;
veo, y no hallo fin, medio ni comienzo.

Sigue un largo pasaje, que se extiende sobre la omnipotencia y el absoluto alcance de Dios en su forma Isvara. Luego cambia la cualidad de la visión, y Arjuna advierte, trémulo y temeroso, que el Dios del universo es un Dios así de destrucción como de creación

Ahora, con terribles colmillos, rechinan tus bocas,
llameantes como los fuegos matutinos del día final...
Norte, sur, este y oeste parecen confundirse...
¡Señor de los devas, morada del mundo, ten misericordia!...

Rápidos como ríos corriendo hacia el océano,
se precipitan los héroes en tus fauces de fuego,
como alevillas que buscan la llama de su destrucción.
De cabeza se zambullen en ti y perecen...

Dime quién eres y fuiste desde el comienzo,
tú, el de aspecto sombrío. ¡Oh Dios de dioses, muestra tu gracia!

Recibe mi homenaje, Señor: De mí se ocultan tus modos.
¡Dime quién eres!
(La respuesta es clara e inequívoca)

Vine como Tiempo el asolador de los pueblos,
dispuesto para la hora que madura su ruina.


Pero el Dios que viene tan terriblemente como Tiempo también existe sin tiempo como Divinidad, el Brahma cuya esencia es Sat, Chit, Ananda, Ser, Advenimiento, Beatitud; y dentro y más allá de la psique del hombre, temporalmente torturada, está su espíritu, "increado e increable", como dice Eckhart, el Atma que es afín al Brahma o aun idéntico con él. El Gita, como todas las demás formulaciones de la Filosofía Perenne, justifica la conducta de Dios hacia el hombre afirmando -y la afirmación se basa en la observación y la experiencia inmediata- que el hombre puede, si lo desea, morir para su separado yo personal y así llegar a la unión con el eterno Espíritu. Afirma, asimismo, que el Avatar viene a encarnarse para ayudar a los seres humanos a lograr esta unión. Lo hace de tres modos: enseña la verdadera doctrina en un mundo cegado por la ignorancia voluntaria; invitando a las almas a un "amor carnal" de su humanidad, no como un fin en sí mismo, sino como medio para un espiritual amor-conocimiento de Espíritu; y finalmente, sirviendo como cauce de gracia.













Saturno-Cronos y Kali

Dios que es espíritu sólo puede ser adorado en espíritu y por su propia causa; pero Dios en el tiempo es normalmente adorado por medios materiales con el objeto de lograr fines temporales. Dios en el tiempo es manifiestamente así el destructor como el creador; y por esto ha parecido apropiado adorarle con métodos que son tan terribles como las destrucciones que él inflige. De ahí, en la India, los sacrificios de sangre de Kali, en su aspecto de Naturaleza destructora; de ahí esas ofrendas de niños a Moloc, censuradas por los profetas hebreos; de ahí los sacrificios humanos practicados, por ejemplo, por los fenicios, los cartagineses, los druidas, los aztecas. En todos estos casos, la divinidad a quien se sacrificaba era un dios en el tiempo, o una personificación de la Naturaleza, que no es otra cosa que el Tiempo mismo, el devorador de sus hijos; y en todos los casos el objeto del rito era obtener un beneficio futuro o evitar uno de los enormes males del Tiempo y la Naturaleza tienen siempre en reserva. Para ello, se creía que valía la pena pagar un alto precio en esa moneda del sufrimiento que el Destructor tan evidentemente apreciaba. La importancia del fin temporal justificaba el uso de medios que eran intrinsecamente terribles, por su intrínseco parecido con el tiempo. Rastros sublimados de estas antiguas tramas de pensamiento y conducta pueden hallarse todavía en ciertas teorías de la Expiación y en la concepción de la Misa como el sacrificio, perpetuamente repetido del Dios Hombre.

En el mundo moderno, los dioses a quienes se ofrecen sacrificios humanos no son peronificaciones de la Naturaleza, sino de los ideales políticos de la propia fabricación del hombre. Éstos, por supuesto, se refieren todos a acontecimientos en el tiempo; acontecimientos reales del pasado o el presente, imaginados acontecimientos del futuro. Y aquí debería notarse que la filosofía que afirma la existencia y la inmediata advertibilidad de la eternidad está relacionada con una clase de teoría y práctica políticas. Esto ha sido claramente reconocido por ciertos escritores marxistas que señalan que, cuando el cristianismo se preocupa principalmente por acontecimientos en el tiempo, es una "religión revolucionaria", y que cuando, bajo influencias místicas, insiste en el Evangelio Eterno, del que los hechos históricos o seudohistóricos narrados en la Escritura no son más que símbolos, se vuelve políticamente "estático" y "reaccionario". Esta explicación marxista del asunto es excesivamente simplificada. No es completamente cierto el decir que todas las teologías y filosofías cuya principal preocupación es lo temporal más bien que lo eterno son necesariamente revolucionarias. El objeto de todas las revoluciones es hacer el futuro radicalmente distinto del pasado y mejor que éste. Pero algunas de las filosofías que padecen la obsesión del tiempo se preocupan principalmente por el pasado, no por el futuro, y su política está enteramente dedicada a preservar o restaurar el status quo y volver a los buenos tiempos de antaño. Pero los retrospectivos adoradores del tiempo tienen una cosa en común con los revolucionarios devotos del futuro mejor y más grande; están dispuestos a usar de ilimitada violencia para lograr sus fines. Ahí descubrimos la diferencia esencial entre la política de los filósofos de la eternidad y la de los filósofos del tiempo. Para los últimos, el bien final se encuentra en el mundo temporal, en un futuro en que todos serán felices porque todos harán y pensarán algo enteramente nuevo y sin precedente, o algo antiguo, tradicional y consagrado. Y como el bien final está en el mundo, hallan justificado el empleo de cualquier medio temporal para lograrlo. La inquisción quema y tortura para perpetuar un credo, un rito y una organización eclesiástico-político-financiera considerada para la salvación eterna de los hombres. Protestantes adoradores de la Biblia luchan en guerras largas y salvajes para asegurar en el mundo lo que ellos apasionadamene imaginan que es el auténtico cristianismo antiguo de ls tiempos apostólicos. Jacobinos y bolcheviques están dispuestos a sacrificar millones de vidas humanas por la causa de un porvenir politico-económico suntuosamente distinto del presente. Y ahora toda Europa y la mayor parte de Asia han tenido que ser sacrificadas a la visión de la Coprosperidad y el Reich milenario que descubrió un vidente en su bola de vidrio. De los anales de la historia parece surgir con abundante claridad que la mayoría de las religiones y filosofías que toman el tiempo demasiado en serio están relacionadas con teorías políticas que inculcan y justifican el uso de la violencia en gran escala. Las únicas excepciones son esas simples fes epicúreas, en que la reacción ante un tiempo demasiado real es "Comed, bebed y alegraos, porque mañana moriremos". No es ésta una moralidad muy noble, ni siquiera muy realista. Pero parece muho más sensata que la ética revolucionaria: "Morid (y matad), porque mañana otros comerán, beberán y se alegrarán". En la práctica, por supuesto, la perspectiva de la futura alegría ajena es sumamente precaria. Porque el proceso del morir y matar crea condiciones materiales, sociales y psicológicas que prácticamente garantizan a la revolución contra el logro de sus benéficos fines.

Para aquellos cuya filosofía no los obliga a tomar el tiempo con excesiva seriedad, el bien final no debe buscarse en el social apocalipsis progresista del revolucionario ni en el pasado reavivado y perpetuado del reaccionario, sino en un eterno y divino ahora, que los que desean suficientemente este bien pueden advertir como un hecho de experiencia inmediata. El mero acto de morir no es en sí mismo un pasaporte para la eternidad; ni puede una matanza al por mayor hacer nada para traer la liberación, sea a los matadores o a los muertos, o a su posteridad. La paz que excede toda comprensión es el fruto de la salvación en la eternidad; pero , en su forma cotidiana ordinaria, la paz es también la raiz de la liberación. Pues donde existen pasiones violentas y apremiantes distracciones, este bien final no puede ser advertido. He aquí una de las razones por que la política correspondiente a las filosofías de eternidad es tolerante y no violenta. La otra razón es que la eternidad, cuyo advenimiento es el último bien, es un interno reino del cielo. Tú eres Eso; y aunque Eso es inmortal e impasible, la matanza y tortura de "tús" individualidades es cosa de importancia cósmica, en cuanto impide la relación normal y natural entre las almas individuales y la divina Base eterna de todo ser.(...)

En Occidente, la vieja y buena norma, el simple plan, era la glorificación de la propia secta, el desprecio y aun la persecución de las demás. Recientemente, sin embargo, los gobiernos han cambiado su política. El celo catequizador y perseguidor queda reservado a las seudoreligiones políticas, tales como el comunismo, fascismo y nacionalismo; y de no ser que piense que impiden el avance hacia los fines temporales profesados por tales seudorreligiones, las diversas manifestaciones de la Filosofía Perenne son tratadas con una indiferencia desdeñosamente tolerante.(...)

Hace un centenar de años (este ensayo se escribió a mediados del siglo XX) casi no se sabía nada de sánscrito, pali o chino. La ignorancia de los eruditos europeos era una razón suficiente para su provincianismo. En estos días en que se puede disponer de buen número de traducciones más o menos correctas, no sólo no hay razón, sino que tampoco hay excusa. Sin embargo, la mayor parte de los autores europeos y americanos de libros sobre religión y metafísica escriben como si nadie hubiera pensado sobre tales temas salvo los judíos, los griegos y los cristianos de la cuenca del Mediterráneo y la Europa occidental. Esta exibición de lo que, en el siglo XX, es una ignorancia enteramente voluntaria y deliberada, no sólo es absurda y vergonzosa; es también socialmente peligrosa. Como cualquier otra forma de imperialismo, el imperialismo teológico es una amenaza contra la paz mundial permanente. El reinado de la violencia no tendrá nunca fin hasta que, primero, la mayoría de los seres humanos acepten la misma, verdadera filosofía de la vida; hasta que, segundo, esta Filosofía Perenne sea reconocida como el maximo factor común de todas las religiones mundiales; hasta que, tercero, los fieles de cada religión renuncien a las idolatrías filosofías temporales con que, en su fe particular, ha sido recubierta la Filosofía Perenne de eternidad; hasta que, cuarto, haya un repudio de alcance mundial de todas las seudorreligiones políticas, que colocan el supremo bien del hombre en el futuro y, por tanto, justifican y recomiendan la cosmosión de toda suerte de iniquidad presente como medio para tal fin. Si no se cumplen estas condiciones, no hay planes políticos por numerosos que sean, no hay proyectos económicos por ingeniosamente trazados que estén, que puedan impedir la recrudescencia de guerras y revoluciones.

"Benarés está hacia el Este, La Meca hacia el Oeste; pero explora tu corazón, pues ahí están las dos, Rama y Alá.
Kabir

Esta entrada finaliza con los siguientes textos añadidos por Fragmentalia ampliando los seleccionados por Aldous Huxley


"Mi corazón se ha hecho capaz de adoptar todas las formas. Es pasto de gacelas y convento de monjes cristianos:Templo de ídolos, Kaaba de los peregrinos, Tablas de la ley judía y el libro del Corán. Yo milito en la religión del amor, dondequiera que se vuelvan sus cabalgaduras, ahí está mi religión y mi fe.

Ibn Arabî, El interprete de los deseos


"¿Qué debo hacer, creyentes? No me conozco a mí mismo; no soy cristiano, ni judío, ni mazdeo ni musulmán, ni de oriente ni de occidente, ni de la mar ni de la tierra, ni de los cielos en rotación ni de las minas de la naturaleza ... Mi lugar es el no tenerlo, mi signo es el no mostrarlo. Al no poseer alma ni cuerpo, pertenezco al Espíritu Supremo. Al rechazar la dualidad, no he visto más que un universo. ¡El! Le busco y le conozco, le percibo y le llamo. ¡El! Es el alfa y la omega. ¡El! Lo evidente y lo invisible. No conozco más que a El y proclamo : oh, El; oh, El que ES."

Jalal-uddin Rumi, Mathnawi
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Para una mayor profundidad sobre el aspecto simbólico de este tema desde la perspectiva De la Filosofía Perenne, recomiendo la obra de referencia de Ananda Coomaraswamy también titulada "El tiempo y la eternidad" .