Foto: Trencadís (cerámica fragmentada) en el Parc Güell de Barcelona

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domingo, 27 de diciembre de 2015

¿Qué nos dicen las piedras?


Joaquín Reyes, "Realidad a la piedra", 2013


Las piedras -por excelencia las piedras duras-, continúan hablando a los que quieren oírlas. Hablan a cada cual un lenguaje a su medida.

André Breton, La lengua de las piedras



Joaquín Reyes, guionista y actor en delirantes programas televisivos como "Muchachada Nuy", "Museo Coconut" y "Viaje a Lilifor" tiene también una faceta como humorista gráfico que ha dado como resultado algunos títulos publicados entre los que encontramos "Realidad a la piedra", del que dejaré aquí algunas de sus viñetas. 
Como dijera el ideólogo del surrealismo André Breton, las piedras -al igual que todo lo que forma parte de la naturaleza y nuestro entorno podríamos añadir- hablan a cada cual en función de la particular capacidad que tenga para oirlas. En el caso del autor que nos ocupa, todo lo que le dicen las piedras no es captado por su sentido del oído, sino por su imaginativo sentido del humor. Es desde esa particular clave -saludable para observar la realidad del mundo y la propia de tanto en tanto- con la que Fragmentalia se despide por este año, enviando así mismo los mejores deseos para el 2016 a todos sus lectores y amigos.


Realidad a la piedra
(selección de viñetas)
por
Joaquín Reyes




















Lecturas: 

Joaquín Reyes, Realidad a la piedra, Random House Mondadori 2013


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Hablan las Piedras

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martes, 18 de diciembre de 2012

Los farunferes



Heterocephalus Glaber (farunfer)



 "No hago distinción entre la realidad y la fantasía. Para mí lo fantástico procede siempre de lo cotidiano"

Julio Cortázar


Los farunferes
Por
Eliot Weinberger




LOS FARUNFERES no tienen pelaje, pero sus labios son híspidos. Su holgada piel rosada y con manchas cuelga y forma pliegues, como si hubiesen bajado mucho de peso: es más fácil así correr a lo largo de los estrechos túneles. Los
incisivos sobresalen del hocico como pinzas y es el único rasgo en sus caras indefinidas. Un farunfer puede caber en lo ancho de la palma, mientras la cola pende. Han estado bajo tierra por lo menos tres millones de años.
Jamás se asoman a la superficie. Son ciegos. Su mundo no es un laberinto sino un túnel recto, de dos o tres kilómetros de largo, que se bifurca en incontables callejones y en algunas cámaras de mayor tamaño. Viven de las raíces de los tubérculos que descienden hasta ellos.
Una colonia alcanza los trescientos habitantes y desplaza mensualmente hasta una tonelada de tierra. Cuentan con un sistema de castas tripartita como en la India. Los de menos talla son los cavadores y recolectores de alimento, los cuales trabajan toda la noche en fila, tanto hembras como machos: el primero escarba la tierra y la arroja hacia atrás al siguiente, que a su vez hace lo mismo, hasta llegar al último, que hace un agujero provisional en la superficie, saca la tierra con los cuartos traseros expuestos a la luna o a los depredadores y luego lo tapa de nuevo. Cuando se topan con una raíz la roen para llevar los trozos a los demás.
Los de mediana talla son soldados, los cuales procuran tener a raya a las serpientes de pico bermejo, a las lima, a las de boca blanca y a la pitón de las arenas que a veces se abren paso hasta su guarida. Las combaten a mordiscos que resultan fatales si la serpiente es pequeña, de
inmediato e inexplicablemente. Si por casualidad dos colonias de farunferes se topan en un túnel, los soldados luchan a muerte.
Estas casta prestan servicio a los de mayor tamaño, los reproductores. Son únicos entre los mamíferos, pues sólo una hembra se multiplica. Es con mucho la más alargada, voluminosa y agresiva de la colonia. Si muere sobreviene el caos. La atienden de uno a tres machos, que no hacen otra cosa. Ocupan su tiempo en hocicarla; en aparearla -ella lleva la inicativa-, montándola por detrás quince segundos mientra se apoyan con las patas delanteras aferradas a las paredes del túnel, casi siempre sin éxito. Al quedar preñada, las tetillas de cada uno de los miembros de la colonia, machos y hembras, se hinchan, alcanzan el mayor tamaño en el momento del parto y luego se reducen. Justo antes de parir, la hembra corre despavorida por lo túneles.
Tiene cuatro o cinco camadas al año de una docena de crías. A través de la piel transparente de éstas se distinguen los órganos internos con toda claridad. Solo sobreviven unas cuantas, y viven mucho tiempo, a veces más de veinte años. Devoran a las que mueren, y sólo dejan las cabezas. En ocasiones devoran a las vivas.
Por haberse cruzado tanto tiempo entre sí, práticamente son clones. Un callejón bifurcado del túnel es su letrina: allí se revuelcan en la tierra mojada a fin de que todos despidan el mismo olor. De modo casi constante se tocan, rozan sus narices, se soban, se hocican. Cuando el túnel queda obstruido trabajan en ambos extremos y lo vuelven a unir perfectamente. Duermen en apretado montón, con los
reproductores encima, en la cámara de anidar para mantenerse tibios; cada farunfer tiene la nariz arrimada al ano y a los genitales del siguiente.
Su mezquina crueldad es incesante: entrechocan los dientes respirando agitadamente en el hocico abierto de los demás, se golpean, abofetean, muerden y tiran de la holgada piel de su vecino, se dan empellones de casi un metro por el túnel. Pero sólo las hembras que compiten por el puesto de reproductoras se infligen daño de veras. Herida, la hembra derrotada se arrastra temblorosa hasta la letrina, ignorada por los otros hasta que muere.
Los túneles nunca están en silencio. Los farenfures emiten al menos diecisiete sonidos distintos: chirridos bajos y chirridos altos, agudos y graves, rechinamiento de dientes, trinos, gorjeos, chasquidos de la lengua, estornudos, chillidos, siseos, gruñidos. Distintos sonidos cuando se topan con otros, cuando orinan, cuando se aparean, cuando están molestos, alarmados o heridos, cuando se empujan, cuando dan con un intruso, por ejemplo un escarabajo, cuando encuentran alimento, cuando no pueden encontrarlo.
Limpian sus patas con los dientes. Limpian sus dientes con las patas. Bostezan. Se estremecen. se rascan después de orinar. Se calientan cerca de la superficie, en la tibia tierra oscura. Dormitan con las cortas patas extendidas y la enorme cabeza gacha. Se ovillan y acercan el hocico al ano para comer sus propias heces.
Corren con los ojos cerrados a la misma velocidad hacia delante y hacia atrás, por encima y por debajo de los demás. Cambian de rumbo con una voltereta. Para dar con la ruta, si no la saben, se lanzan hacia el frente hasta que la nariz topa con la pared, van marcha atrás, ajustan el ángulo y de nuevo se lanzan hacia el frente. En ocasiones algún farunfer para de pronto, se alza sobre sus patas traseras y se queda quieto con la cabeza contra el techo del túnel. Arriba se libra la guerra civil en Somalia. Tienen el oído muy fino. (1992)




¿No os parecen unos encantadores animalitos? ¿Os animais a regalar una mascota original? Tomad nota de lo que dijo un sabio de la Antigüedad:


"Un verdadero conocedor de la Naturaleza ha de amar incluso los aspectos repugnantes. En todas las obras de la Naturaleza hay algo maravilloso".

Aristóteles


Los mejores deseos de Fragmentalia a todos sus lectores y amigos.
Para estas festividades navideñas, mucho AMOR, también mucho HUMOR, pero sobre todo, no dejemos de buscar la BELLEZA.



Para saber mas sobre los farunferes AQUÍ


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El lenguaje de los Pájaros 

¿Qué son las estrellas?


Lecturas:
Eliot Weinberger, Las cataratas. Duomo ediciones 2012


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domingo, 11 de marzo de 2012

"Las argucias de las mujeres"

Ilustración persa contemporanea


"E yo, señor, non te di este enxemplo sinon por que sepas el engaño de las mugeres, que son muy fuertes sus artes e son muchos, que non an acabo nin fin"

Libro de los engannos y los assayamientos de las mujeres. (Recopilación de cuentos árabes de origen persa ordenados traducir por Alfonso X el Sabio).




El texto que en esta entrada transcribo forma parte de una obra del siglo XIII que tiene por título Yavame' al-hekayat va lavame' al-ravayat ("Compendio de historias y destellos de narraciones"), una suerte de enciclopedia de temática variada entre lo erudito y la prosa de entretenimiento pertenecientes al mundo persa y árabe. Al parecer, su autor lo tomó del Hiyal al-nisa' (Las argucias de las mujeres), cuya estructura y temática misógina es muy parecida a las que aparecen en "Libro de los engannos y los assayamientos de las mujeres", que Alfonso X el Sabio mandó traducir del árabe. Lo encontré en la revista impresa de reciente aparición "Mundo Iranio" que generosamente recibí de forma gratuita. Me animé a publicar este cuento por el humor e ingenio que desprende. Esta es su web donde aparece el indice del número 0: www.mundoiranio.com


El libro Hiyal al-nisa'


Cuentan que había un hombre que continuamente indagaba sobre las argucias de las mujeres y que siempre estaba leyendo el libro Hiyal al-nisa'. En cierta ocasión, durante un viaje, llegó a una cabila, y se alojó como invitado en una casa. El dueño de la casa estaba ausente, pero tenía una mujer extremadamente fina y hermosa. Cuando alojó al invitado, la mujer se deshizo en atenciones. El invitado se desató el calzado, colocó a un lado su báculo y se puso a leer aquél libro. Preguntó la mujer anfitriona: "¡Señor! ¿qué libro estás leyendo?". Respondió: "Historias sobre las argucias de las mujeres". Entonces, colocó ella la flecha del coqueteo en el arco de sus cejas, apuntó a su corazón y camelóle con requiebros de tal manera que su corazón quedóse prendado.
En esto estaban cuando apareció el marido. Dijo la mujer: "¡Qué infortunio! Ahora mismo seremos muertos". Preguntó el invitado: "¿Cuál es el plan?". Respondió: "Levantaté y métete en ese baúl". El hombre se metió en el baúl, la mujer lo cerró con llave, y cuando el marido entró, corrió la mujer a su encuentro para hacerle mimos y arrumacos, y serenó al marido con palabras seductoras. Cuando estuvo un rato así, le preguntó (la mujer): "¿Te has enterado de lo que me ha pasado hoy?". Dijo: "No. Cuéntalo". Dijo: "Hoy me vino un invitado. Se trataba de un hermoso gentilhombre, bello y de buena dicción. Portaba un libro sobre las tretas de las mujeres, que leía. Yo, al verlo, quise darle juego, así que le dirigí unos guiños. El hombre estaba desprevenido: vio el grano más no la red, así que abandonóse a mis coqueterías y galanteos, cayó en la red, armóse para el amorío y el asunto pasó del cortejo a los achuchones. Nos ayuntamos un rato, pero no entramos aún en materia cuando llegaste tú y diste fin a nuestro solaz".
Mientra así hablaba la mujer, el marido se iba encolerizando y enfureciéndose, mientras aquel desgraciado se consumía de miedo dentro de aquel baúl al tiempo que se estaba despidiendo de su alma. Entonces, preguntó al marido harto embravecido: "¡¿Y dónde está ahora ese hombre?!". Respondió: "He aquí lo he metido en el baúl, que he cerrado con llave. Toma la llave y abre el baúl, y lo verás". Y el hombre tomó la llave.
Y resulta que el marido había echo una apuesta con la mujer, que mantenían hace tiempo, pero que ninguno de los dos perdía. El marido, al estar enfadado, no se acordó de la apuesta del esternón del pollo, así que cogió la llave. La mujer se puso a gritarle: "Tienes tienes , dame la prenda (1)
". Al escuchar el marido aquellas palabras, arrojó la llave y dijo: "Maldita seas por haberme tenido un rato sentado sobre el fuego. Vaya el ardid que has tramado para ganar la apuesta". Seguidamente se puso a jugar con el marido para colmarlo de contento. Al final el marido se marchó, ella abrió el baúl y dijo: "¡Oh señor! Como tú ya lo has visto, no vayas más a indagar sobre las cosas de las mujeres". Respondió: "Me arrepiento, y voy a borrar este libro ya que vuestros ardides y argucias son demasiadas como para poder escribir".

(1) O sea, que "has olvidado que hicimos una apuesta". En este caso el autor se refiere a la apuesta que se hace con un esternón de pollo, muy en boga en el Irán actual todavía. A uno le toca en la comida la pechuga de un pollo, y le propone al otro romper el esternón -que tiene forma de uve- cogiéndolo cada uno por una punta. A partir de ahí, la apuesta consiste en que ninguno de los dos tomará un objeto del otro sin decir la fórmula "yadam" ("me acuerdo"), y, en caso de que alguno de los dos olvide decirla, entonces el ganador dirá "yadam tora faramus" ("se te olvidó decir me acuerdo"), que es lo que se usa hoy en lugar de la proferida por la protagonista de esta historia.


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martes, 1 de febrero de 2011

Cosas de Dioses

Rafael Sanzio, El consejo de los dioses, Villa Farnesina 1517-18


Luciano de Samosata nació en el año 120 d. C. en la ciudad que su nombre indica a orillas del Éufrates, en el norte de Siria, capital del reino de Comagene que Roma conquistó para el imperio. Tuvo en vida escaso éxito como escritor, quizás porque su ingenio satírico y mordaz le ganaron la enemistad de numerosos escritores que optaron por silenciar su obra. Luciano viajó bastante, estudió retórica en Antioquía e inició una carrera como conferenciante que lo llevó a Atenas y Roma, Rodas y Palestina, Asia Menor, la Galia y el Ponto. Se le puede imaginar como un intelectual itinerante, buen humorista apreciado en ciertos círculos y escritor prolífico. Sus obras abarcan diversos géneros, desde discursos, sátiras, diátribas, hasta diálogos, novelas cortas, etc...
Entre sus obras humorísticas se encuentran los Diálogos de los dioses, buen ejemplo de un tipo de coloquios en pequeñas escenas cómicas llenas de tonos paródicos donde se escenifican momentos míticos famosos. Los dioses homéricos del Olimpo son mostrados en ágiles caricaturas, utilizando Luciano una prosa suelta, fresca, ligera y coloquial. En estos breves textos se percibe un chispeante humor, teñido a veces de írreverente sátira, parodiando a menudo los ecos de la tradición, utilizando sus figuras sin ningún respeto, como marionetas de un teatrillo popular.
Dejo a continuación cinco de estos diálogos que me han parecido de los más divertidos, invitando a la sonrisa e incluso pudiendo llegar a provocar una sonora carcajada. Nota de humor que no viene mal para contrarrestar cierto estado de apatía propio de los días fríos y oscuros del invierno en estas latitudes. Espero que los disfrutéis.


HEFESTO Y ZEUS


HEFESTO.- ¿Qué debo hacer, Zeus? Pues, siguiendo tus órdenes, vengo con el hacha muy afilada, que si hiciera falta hasta podría partir por la mitad las piedras de un golpe.
ZEUS.- Bravo, Hefesto. Pero, da un golpe seco y párteme la cabeza en dos.
HEFESTO,- ¿Me intentas poner a prueba, a ver si me he vuelto loco? Ordéname de verdad lo que quieres que haga contigo.
ZEUS.- Pues eso justamente, partirme el cráneo por la mitad. Y si no me haces caso no será ahora la primera vez que experimentes en tus carnes mi cólera (1). Y tienes que descargar el golpe con toda tu fuerza sin demorarte, que me muero de dolores de parto que me están haciendo polvo el cerebro.
HEFESTO.- Mira a ver, Zeus, no vayamos a hacer algún disparate; que el hacha está muy afilada y te va a ayudar a parir no sin sangre y al modo de Ilitia (2).
ZEUS.- Tú limítate a descargar el golpe sin miedo, que yo ya sé lo que me conviene.
HEFESTO.- Muy a pesar mío lo voy a descargar. ¿Qué remedio me queda, si lo ordenas tú? ¿Qué es esto? ¿Una muchacha armada? Un gran dolor tenías en la cabeza. Así estabas cabreado, pues estabas dando vida bajo las meninges a semejante doncella, y encima armada. Sin darte cuenta tenías un campamento y no una cabeza. Y ella salta y brinca y agita el escudo y blande la lanza y está llena de furor divino. Y lo más importante, en breve se ha puesto guapísima y en la flor de la vida. Tiene ojos verdes pero el casco los resalta y realza su belleza. Así que dámela en matrimonio como pago por mi asistencia al parto.
ZEUS.- Es imposible lo que pides, Hefesto, pues ella va a querer permanecer siempre virgen; por mi parte no puedo decir nada en contra.
HEFESTO.- Eso es lo que yo quería; el resto corre de mi cuenta y voy a raptarla ya.
ZEUS.- Si te resulta fácil, hazlo, sólo que sé muy bien que tus amores son imposibles
(3)

(1) Alusión a la experiencia anterior sufrida por Hefesto que fue dejado caer desde el Olimpo por Zeus furios de que tomara partido por Hera.
(2) Hija de Zeus y Hera y Hermana de Hebe, es una especie de divinidad femenina que preside los partos.
(3) Hefesto no desistió en su empeño. Intentó violar a Atenea, pero la espuma genesíaca del dios no llegó entrar en ella; sacudida con unas lanas por la diosa, cayó al suelo del que brotó Erictionio según la leyenda.


Nacimiento de Atenea



POSEIDÓN Y HERMES


POSEIDON.- ¿Es posible, Hermes, tener una entrevista con Zeus?
HERMES.- En absoluto, Poseidón.
POSEIDÓN.- De todos modos, anuncia mi visita.
HERMES.- Que no molestes, te estoy diciendo; es un momento inoportuno, así que ahora mismo no lo vas a poder ver.
POSEIDÓN.- ¿Es que está con Hera?
HERMES.- No; se trata de un tema de otra índole.
POSEIDÓN.- Comprendo; es que está dentro Ganímides (su copero amante)
HERMES.- Tampoco es eso; es que está pachucho.
POSEIDÓN.- ¿y de dónde le viene el mal? Me extraña lo que dices.
HERMES.- Me da vergüenza decírtelo; tal es lo que le pasa.
POSEIDÓN.- Pues no debería darte, que para eso soy tu tío.
HERMES.- Acaba de dara a luz, Poseidón.
POSEIDÓN.- ¡Vamos, anda! ¿Que ha parido él? ¿Y de quién es el hijo? ¡A ver si es que no nos hemos dado cuenta de que era andrógino! Su vientre, desde luego, no delataba ninguna hinchazón.
HERMES.- Llevas razón, es que no tenía ahí el feto.
POSEIDÓN.- Comprendo, ha dado a luz otra vez por la cabeza como cuando parió a Atenea; pues sí que tiene una cabeza "paritoria".
HERMES.- Que no, que estaba concibiendo en el muslo el feto extraído de Sémele.
POSEIDÓN.- Cojonudo, el tipo este que se queda embarazado y da a luz por todas partes de su cuerpo. Pero ¿quién es Sémele
HERMES.- Una tebana, la única de las hijas de Cadmo; anduvo con ella y la dejó embarazada.
PSEIDÓN.- Y después, Hermes, ¿dió a luz él en vez de ella?
HERMES.- Pues sí, por muy absurdo que te parezca. Resulta que Hera -ya sabes que es muy celosa- va en secreto a casa de Sémele y la convence de que le pida a Zeus que se acercara a ella con truenos y relámpagos. Como Zeus se dejó convencer y acudió con el rayo, el tejado ardió en llamas y resulta que Sémele muere por acción del fuego. Entonces va y me ordena que corte y abra el vientre de la mujer y le saque el feto sietemesino. Una vez que lo hice, rasgándose su propio muslo va y se lo coloca dentro para que allí se desarrolle hasta el final; y ahora ya, al tercer mes, lo ha parido y, de resultas de los dolores, está pachucho.
POSEIDÓN.- ¿Y dónde está ahora el bebé?
HERMES.- Luego de llevarlo a Nisa, lo entregué a las ninfas para que lo criaran, no sin antes darle el nombre de Dioniso
POSEIDÓN.- ¿Resulta entonces que es al mismo tiempo madre y padre de Dioniso?
HERMES.- Eso parece; yo me voy a traerle agua para la herida y poner en práctica los cuidados de ritual con un recién parido.

Nacimiento de Dioniso


PAN Y HERMES

PAN.- ¡Salud, padre Hermes!
HERMES.- Salud a ti también. Pero ¿cómo es que soy yo tu padre?
PAN.- ¿Es que no eres tú Hermes Cileno (1) ?
HERMES.- Por supuesto que sí. Mas ¿cómo eres tú hijo mío?
PAN.- Soy hijo espurio, bastardo, fruto de tu ímpetu amoroso.
HERMES.- Sí, por Zeus; tal vez de un cabrón que cometió adulterio con una cabra; porque ¿cómo hijo mío, con semejantes cuernos, semejante nariz, semejante barba poblada, patas bisulcas de macho cabrío y un rabo asomando por el culo?
PAN.- En la medida en que te burlas de mí, tu hijo, estás colmándote de insultos a tí mismo, padre, que engendraste y fabricaste semejantes hijos; yo no soy en absoluto culpable.
HERMES.- ¿Y quién dices que es tu madre? ¿Será que sin darme cuenta seduje a alguna cabra?
PAN.- No sedujiste a ninguna cabra, pero refresca tu memoria, a ver si en cierta ocasión forzaste en Arcadia a una moza libre... ¿Qué pretendes mordiéndote el dedo y te quedas pasmado? Me estoy refiriendo a Penélope la hija de Icario (2).
HERMES.- ¿Y qué le sucedió para parirte cabrón en lugar de ser semejante a mí?
PAN.- Con sus propias palabras te contaré la historia. Al enviarme a Arcadia me dijo: "Hijo, yo soy Penélope la espartiata, tu madre, pero sábete que tienes por padre a un dios, a Hermes, hijo de Maya y de Zeus. Y si llevas cuernos y tienes patas de cabrón, no debes afligirte por ello, que cuando tu padre se acostó conmigo adoptó la imagen de un macho cabrío a fin de pasar desapercibido y de resultas de ello saliste tu parecido a un cabrón.
HERMES.- Sí, por Zeus, ya me acuerdo de haber hecho algo semejante. ¿Así que yo, que tanto presumo de mi belleza y que para colmo soy barbilampiño, voy a ser llamado padre tuyo y a ser el hazmerreir de todos por este hijo tan guapo?
PAN.- Yo no voy a dar motivo para que te avergüences de mí, padre. Pues soy músico y toco la siringe con total suavidad y Dioniso no puede hacer nada sin contar conmigo sino que me ha nombrado conpañero y miembro de su cortejo, y además le dirijo el coro. Y si pudieras contemplar mis rebaños, cuántos tengo por Tegea y en las laderas del Partenio, te pondrías contentísimo; soy también dueño y señor de toda Arcadia e incluso ayer, como quien dice, luchando como aliado de los Atenienses en Maratón destaqué por mi valor de tal manera que como premio se me concedió la cueva que hay al pie de la Acrópolis. Y caso que vayas a Atenas sabrás lo importante que es allí el nombre de Pan (3).
HERMES.- Y dime, ¿te has casado ya, Pan, pues creo que es así como te llaman?
PAN.- ¡Qué va!, padre, pues soy propenso a enamorarme y no me conformaría fácilmente con acostarme con una sola.
HERMES.- A la vista está que andas metiendo mano a las cabras.
PAN.- Te burlas de mí, yo me acuesto con Eco, Pítide y todas las ménades de Dioniso, y se me rifan.
HERMES.- ¿Sabes, entonces, hijo, cuál es el primer favor que voy a pedirte?
PAN.- Mándame, padre, sepamos cuál es.
HERMES.- Acércate y abrázame, pero mira de no llamarme padre tuyo cuando pueda oírlo otro.

(1) Este nombre de Hermes hace alusión al nacimiento de Hermes en una cueva del monte Cilene, al Sur de Arcadia; en este sentido es "paisano" de Pan, dios de pastores y rebaños cuyo culto se propaga pronto por toda Grecia.
(2) Por más que pueda resultar un tanto sorprendente para el lector esta Penélope a la que alude Pan, es la virtuosa esposa de Ulises.
(3) Tan importante que en la ladera noroeste de la Acrópolis se encontraba y veneraba la cueva de Pan, cuya intervenión legendaria en Maratón es glosada por HERÓDOTO, VI 105, y por el propio LUCIANO, Doble acusación, y Aficionado a la mentira 3.

Cabeza del dios Pan, museo arqueológico de Córdoba




HERMES Y HELIOS

HERMES.- Dice Zeus, Helios, que no conduzcas hoy el carro, ni mañana, ni al otro, sino que te quedes dentro; así el tiempo que transcurra será una larga noche. Conque, suelten las Horas de nuevo a los caballos, y tú apaga el fuego y tómate un descanso bien prolongado (1).
HELIOS.- Me das un recado nuevo y singular. ¿Es que piensa que me he apartado del camino en mi carrera y me he salido fuera de los límites y por ello está enfadado conmigo y ha dictaminado hacer la noche tres veces más larga que el día?
HERMES.- No es nada de eso, ni va a ser así para siempre. Es que en este momento necesita que la noche le resulte más larga.
HELIOS.- ¿Y dónde está? o ¿desde dónde te ha enviado con este recado para mí?
HERMES.- Desde Beocia, Helios, de casa de la esposa de Anfitrión con la que está acostado porque se ha enamorado de ella (2).
HELIOS.- Entonces, ¿es que no le basta con una sola noche?
HERMES.- En absoluto, pues de su unión debe ser engendrado un tipo enorme y sufrido en grado sumo (Heracles), y llevar a buen término un ejemplar así es imposible en una sola noche.
HELIOS.- Pues ojalá se las apañe para llevarlo a buen término. Esas cosas no pasaban, Hermes, en tiempos de Crono -estamos solos, ¿verdad?-; él nunca abandonaba el lecho de Rea ni dejaba el cielo para acostarse en Tebas, sino que el día era día y la noche adecuaba su duración a las estaciones, y no había nada extraño ni nada fuera de lo corriente, ni él se habría acostado nunca con una mujer mortal. Pero ahora, por causa de una desgraciada mujerzuela hay que poner todo patas arriba y mis caballos van a quedar faltos de entrenamiento por inactividad, mi camino va a hacerse intransitable por espacio de tres días completos; y los pobres hombres van a pasar la vida en la oscuridad. Ventajas de este tipo es lo que van a sacar en limpio de los amores de Zeus: esperar sentados envueltos en densa niebla a que él acabe de llevar a buen término al atleta en cuestión.
HERMES.- Calla, Helios, no vallan a acarrearte alguna desgracia tus palabras. Yo me marcho a casa de Selene y de Hipno (3) a transmitirles los recados de Zeus; a ella que avance su camino con cachaza; a él, Hipno, que no suelte a los hombres a fin de que no sepan que la noche se ha vuelto tan larga.

(1) El quehacer cotidiano del sol aparece cantado por primera vez con gran belleza en MIMMERMO DE COLOFON, 40 D.
(2) Este tema da pie a Plauto para la creación de una comedia de ese título: Anfitrión.
(3) La luna y el sueño respectivamente, ambos personificados.


Carro solar de Helios



AFRODITA Y EROS


AFRODITA.- En fin, Eros, ¿a cuento de qué te has enfrentado con todos los demás dioses, Zeus, Poseidón, Apolo, Rea y conmigo, tu madre, y únicamente te has mantenido a distancia de Atenea, y al contacto con ella se te apaga la antorcha, se te vacía de flechas el carcaj y pierdes el arco y la puntería?
EROS.- Le tengo miedo madre, pues resulta espantosa, de mirada radiante y terriblemente varonil. Y cuando tensando el arco intento dispararle, agitando el penacho me asusta, y me pongo a temblar y se me escurren las flechas de las manos.
AFRODITA.-¿Y acaso no daba más miedo Ares? Y sin embargo lo desarmaste y lo venciste.
EROS.- Pero es que él me acepta y me recibe de buena gana, en tanto que Atenea me está siempre mirando de reojo y en cierta ocasión que yo estaba volando cerca de ella con la antorcha me dijo: si te acercas a mí, por mi padre que te atravesaré con mi lanza o cogiéndote de un pie te tiraré al Tártaro o yo misma te descuartizaré; diversas amenazas de esa índole me lanzó. Tiene una mirada penetrante, y pegado al pecho lleva un rostro que da miedo (1) con cabellera de víboras, y eso es precisamente lo que más miedo me da. Me asusta y luego huyo cada vez que lo veo.
AFRODITA.- Así que te dan miedo Atenea y la Gorgona, pero no temes an cambio el rayo de Zeus. Y las musas ¿por qué están indemnes y fuera del radio de acción de tus flechas? ¿O es que ellas también agitan penachos y exiben gorgonas?
EROS.- Siento respeto ante ellas, madre, pues son venerables, tienen constantes inquietudes, se preocupan del canto y yo en muchas ocasiones me quedo plantado a su lado hechizado por su melodía.
AFRODITA.- Déjalas, pues, ya que son venerables; y ¿por qué razón no hieres a Ártemis?
EROS.- Pues simplemente porque no la puedo capturar, ya que anda siempre huyendo de mí por las montañas y además tiene ya su amor particular.
AFRODITA.- ¿Cuál es, hijo?
EROS.- Caza, ciervos y cervatillos que persigue para cogerlos y atravesarlos con sus flechas; no vive más que para eso. Porque en lo que respecta a su hermano (Apolo) que es también arquero y tirador certero...
AFRODITA.- Ya lo sé, hijo, que en muchas ocasiones lo has herido con tus flechas.


(1) Alusión a la cabeza de la Gorgona Medusa que dejaba petrificado a quien le dirigia la mirada.


Cabeza de Medusa (tranquilos, esta no os dejará petrificados)



Lecturas:


Luciano de Samosata, Obras IV. Editorial Gredos 1982


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lunes, 18 de octubre de 2010

La mirada lúdica


Esta fotografía de un jugador de ajedrez que parece jugar contra sí mismo es mi preferida de la obra del fotógrafo René Maltête (Francia, 1930-2000), del que ahora se cumple el décimo aniversario de su fallecimiento y al que me gustaría rendirle homenaje desde este blog. La imagen me atrae especialmente por mi afición al ajedrez, viendo en ella también evocada la idea que en determinado momento surgió en mí a partir de la experiencia de éste juego, y en la que podemos descubrir una metáfora con respecto a nuestras interacciones vitales . Según esa idea, nuestro oponente, más que la persona sentada al otro lado del tablero con quien lo identificamos, serían nuestras propias limitaciones o sombras que se interponen a la luz que clarifique el oportuno siguiente movimiento que nos lleve a una resolución satisfactoria de la partida. La batalla sería contra nuestras oscuras limitaciones que menguan el conocimiento, ése sería el verdadero adversario. Ésta diferencia de apreciación, tenida en cuenta en la percepción de nuestro entorno, la considero saludable y necesaria para descubrir que allí donde a veces vemos un enemigo, un adversario, lo único que estamos haciendo es proyectar nuestros propios fantasmas que no son sino nuestra propia ignorancia. Descubrir ese adversario como propio e individual es el primer paso para liberarse de él y ver el mundo con una mirada más abierta.
Y ahora comentando la obra en general de René Maltête, de la que a continuación dejo una muestra representativa, me parece un ejemplo de maestría del arte fotográfico, arte dirigido a captar un instante fugaz. Estos instantes que Maltête registraba con su cámara, eran seleccionados por una mirada lúdica que descubría la paradoja y el humor en las escenas que aparecían a su paso, captando con precisión imágenes que luego harán despertar una sonrisa en el espectador. Son instantaneas que invitan a mirar las cosas con cierta ironía y humor inteligente, algo que siempre es liberador, pues el humor tiene la facultad de abrir fisuras, por donde surgen destellos de luz , a una realidad a veces percibida con exceso de gravedad y de opaco dramatismo. Espero que las disfrutéis.


Huida

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Manos arriba !
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Partitura



Voyeur
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Los siete pecados capitales



Sirena



Descarga de agujeros



Atención, molino
.


Tertulianos



Tocado !












Encantador de serpientes






Unos regresan y otros llegan
.




Feria de abril





La mayoría sois vosotros !