Foto: Trencadís (cerámica fragmentada) en el Parc Güell de Barcelona

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miércoles, 10 de marzo de 2010

El Arte de la Caligrafía Árabe

Las letras que componen la obra del calígrafo turco contemporaneo Ozcay, ¿no parecen danzar siguiendo una música inspirada? Las letras grandes en rojo y negro juegan con la palabra 'Ishq, "Pasión Amorosa", y Mishq, "Borrador" o "Ensayo", que haría referencia a este trabajo de práctica y ejercitación caligráfica.


"...los auténticos seguidores de la senda hacen de la escritura una experiencia vital... Para ellos, la música (samâ') es una vía unitiva y, cuando practican la poesía lo hacen para recrear el lenguaje y hallar nuevos caminos de expresión del ser y su extinción en el absoluto, - Dijo el asceta- ...¿Acaso no sucede lo mismo con las artes de la geometría, la pintura o la caligrafía? ¿Es que nosotros no hacemos también más bello el mundo? -Preguntó el geómetra- ...¡Por supuesto! El lenguaje de las formas visuales es un espejo capaz de reflejar todas las ideas..."

Los siete misterios de los sentidos, la imaginación y la creatividad. Ibn Yaafar al-Quinyi

Caligrama con la figura de un derviche danzando formado con las letras que componen la palabra AHD, "Uno".


"En el arte islámico, la caligrafía ha sido concebida para ser música para la vista, de ahí que pueda ser considerada como un verdadero arte de la palabra sonora. Música y caligrafía siguen unas mismas reglas compositivas. Ambas poseen una faceta métrica, rítmica y armónica. En ese sentido, los distintos maqâmât (plural de maqâm) o modos musicales propios de las músicas islámicas, podrían ser comparados a los diferentes estilos caligráficos. Cada maqâm musical posee unas características específicas insustituibles e inintercambiables que le confieren un sabor preciso. Pues bien, lo mismo ocurre con cada uno de los diferentes estilos caligráficos. Así, la extensión o el acortamiento de la longitud de la unión de las letras es para el ojo como la prolongación o el acortamiento de la duración de un sonido para el oído."

Caligrafía, arte de la letra sonora. Halil Bárcena


"El tiempo y el espacio, - lo uno no existe sin lo otro, - y es en el transcurrir del tiempo en el espacio que se produce el deterioro, la intrascendencia. Qué decir entonces de un alfabeto que hace el camino inverso al cual estamos acostumbrados porque se dirige de la pluralidad a la unidad, de lo múltiple a la esencia, de la intrascendencia a la trascendencia. Nos recuerda quizá, que la búsqueda de nosotros mismos está dada cuando encontramos nuestra razón de ser en nuestra esencia, al prescindir de todo lo superfluo. Qué decir de una escritura que, para quien sabe leerla en su faz filosófica, nos permite crecer como seres espirituales en contacto permanente con sistemas sutiles de comprensión. El ser humano es un cálamo que escribe cósmicamente la historia del hombre a través de su accionar en el tiempo y el espacio que le toca vivir. Es por eso que en la oscuridad del mundo denso y fragmentado, nuestro accionar, tal como un cálamo transmutador, debe producir luz en la síntesis de un trazo, una acción, una palabra, una esperanza, un servicio, un diseño." (en la imagen, obra de Ricardo Paniza con la frase en espejo Nur al-Qamar, "Luz de Luna").

De una entrevista a Ricardo Paniza, artista plástico en caligrafía árabe.


BARAKA


Caligrama formando la palabra Baraka (Bendición), en el que las dos segundas letras (KA) forman un arco que encierra a las dos primeras (BR). Puede verse en diferentes decoraciones murales de la Alhambra de Granada.



Como introducción a este tema dejo algunas anotaciones extraidas de la tesis doctoral de Rafael de Cozar "Poesía e Imagen, Formas difíciles de ingenio Literario". (editada)

La consideración de la escritura como sagrada a partir de la vinculación entre Dios y el Verbo en la cultura islámica se refleja en la caligrafía, llevada incluso al campo escultórico en la ornamentación de las mezquitas, hecho que bastaría por sí solo para resumir ese especial sentido que tiene la palabra escrita en la cultura oriental.
Los propios caracteres árabes, hebráicos, como los egipcios, son lejanos caligramas, aunque sin llegar a los ideogramas chinos, donde es aún detectable la presencia del pictograma que los originó.
Y si la escritura es la base sobre la que se asentó la unidad del mundo musulmán a partir de Muhammad, parece lógico que ésta se manifieste incluso en la decoración de los edificios religiosos ya desde fines del siglo VII. Incluso la figura, la representación iconográfica, se esconde entonces en la iconografía de la letra y el aspecto formal, como elemento clave de la escritura, confiere al caligrama un papel destacado en la transmisión de la Palabra Sagrada, pues al tratarse de la lengua del p
rofeta, debe difundirse a través de un medio que recoja el sentido de milagro, de misterio, que la revelación exige. Este fundamento transcendente de la escritura que radica en la misma forma concede a la escritura ornamental un pleno carácter caligramático, dado que en ella se encuentra la esencia misma de la palabra, que no es mero vehículo del pensamiento.
El trazo reiterante, la armonía visual de la caligrafía árabe parece además reproducir a la vez la musicalidad, el ritmo del rezo, del canto sagrado, lo que en definitiva supone una teoría radical de la escritura entendida en un sentido totalizador.
A partir del sentido plástico, sensual, de la caligrafía, algunos estudiosos que observan su vinculación con el lenguaje erótico, fusión del amor con el lenguaje, lo que, en definitiva, convierte al caligrama en escenario de sentidos: trascendente, vis
ual, musical, sensual, esa sensación de totalidad y complejidad que exige la representación del secreto, del misterio. (en la imagen, inscripción en cúfico geométrico de la Aleya del Trono, Âyat al-Kursî, Corán (2, 255) en un diseño laberíntico).
Sin duda, la escritura cúfica puede relacionarse con el laberinto como forma literaria y esconde, como él, los sentidos mágicos que la palabra comporta. El nombre mismo se representa así por la mágica figura que la caligrafía ofrece y en ella reside la misión de reflejar perfectamente la Palabra Sagrada, al tiempo que esconde la clave de la interpretación al no iniciado. La escritura árabe resulta así propiamente caligráfica y esotérica a un tiempo, con lo que el calígrafo pasa a ser el misterioso intérprete de la Palabra Sagrada.

Dejo a continuación un ensayo de Titus Burckhardt Caligrafía Arábiga.

La escritura arábiga es, por definición, la más árabe de las artes plásticas del Islam. Pertenece pese a ello a la totalidad del mundo islámico, e incluso se considera como la más noble de las artes, pues da forma visible a la palabra revelada del Corán.
Príncipes y princesas se ejercitaron en la copia del Libro sagrado en hermosos caracteres.



La caligrafía es asimismo el arte de más amplia extensión entre los musulmanes, ya que todo el que sepa escribir sabe apreciar los méritos de un buen calígrafo. Se puede afirmar sin temor a la exageración que nada ha plasmado mejor el sentido estético de los pueblos musulmanes que la escritura arábiga.
Es preciso estar familiarizado con sus formas y estilos para abarcar este arte en toda su amplitud y sobre todo en la ornamentación arquitectónica, frecuentemente dominada por la epigrafía. Se puede dar la medida de la caligrafía arábiga, tan asombrosamente rica en estilos y formas, diciendo que sabe cómo combinar el mayor rigor geométrico con el ritmo más melodioso.Y al decir esto, al mismo tiempo estamos definiendo los dos polos entre los que se mueve este arte, que los reconcilia con fortuna de varias formas y con diversos estilos, cada uno de los cuales muestra un equilibrio gráfico perfecto y tiene una validez sólidamente establecida pues una de las características propias de la caligrafía arábiga es que ninguno de sus diferentes estilos, nacidos en periodos distintos ha caído jamás en desuso: la caligrafía los utiliza todos ellos según la naturaleza y el contesto de lo que se escribe y no duda, llegado el caso, en reunir inscripciones de estilos opuestos.
Este carácter multiforme de la caligrafía árabe podría incitar a la comparación con la del Extremo Oriente – otra de las cumbres en el arte de la escritura -, de no estar los caracteres chinos en las antípodas de los árabes. Como es bien sabido, la escritura china se basa en la pictografía, siendo cada signo como la imagen de una idea distinta; la árabe, por el contrario es puramente fonética, tal vez la que más de todas las que existen.
Esto significa que la estilización de las letras arábigas es de un carácter completamente abstracto, sin raíz figurativa alguna. Además, las técnicas que se emplean para los respectivos tipos de escritura son totalmente distintas. La escritura del Extremo Oriente, sea japonesa o china, prefiere el pincel, cuyos toques de delicadeza y vigor variables se equilibran en la composición de cada ideograma; el árabe, empero, utiliza el cálamo – caña cortada con una punta doble – con el que traza líneas precisas y con frecuencia entrelazadas; no tiende a aislar los signos, sino que prefiere integrarlos en un ritmo continuo sin que, pese a ello, se alineen en un mismo plano trazos diferentes. En realidad, todo el encanto de la caligrafía arábiga reside en el modo en que es capaz de combinar la forma específica de cada letra con la fluidez del conjunto.
Los caracteres chinos se despliegan verticalmente, de arriba abajo; imitan el movimiento de una teogonía que desciende del cielo a la tierra. La escritura arábiga, por su parte, sigue la horizontal, el plano del devenir, mas comienza por la derecha, que es el campo de la acción y se mueve hacia la izquierda, la región del corazón; representa, por tanto una progresión de lo exterior a lo interior.
Las lineas sucesivas de un texto se pueden comparar con la trama de una pieza de tejido. En realidad, el simbolismo de la escritura está emparentado con el del tejido, pues ambos se refieren al cruce de los ejes cósmicos. Para comprender esto es preciso imaginar un telar primitivo, en el que los hilos de la urdimbre cuelgan verticalmente y la trama los va uniendo horizontalmente mediante el movimiento de vaivén de la lanzadera, que evoca la repetición del ciclo de los días, los meses o los años, mientras que la inmovilidad de la urdimbre corresponde a la del eje polar. Este eje es, en realidad, único, mas su imagen se repite en cada hilo de la urdimbre, al igual que al instante presente, que es siempre uno, parece repetirse en el curso del tiempo.
Del mismo modo que en el tejido, el movimiento horizontal de la escritura, que es ondulante, corresponde al cambio y al devenir, mientras que el vertical representa el plano de la Esencia o de las esencias inmutables.
Fijémonos bien en esto. Cada dimensión "separa" lo mismo que la otra "une". De este modo, por ejemplo, el movimiento horizontal de la escritura , su aspecto de "devenir", tiende a confundir y nivelar las formas básicas de las diversas letras; mas los trazos verticales de estas letras, a su vez, "trascienden" e interrumpen el flujo de la escritura. De esta manera, lo vertical se concibe como unión en el sentido de que afirma la Esencia única, y la horizontal, como división en el sentido de que se derrama en la multiplicidad.(...)

Desde los primeros siglos del Islam han coexistido dos estilos de escritura: el cúfico, que se distingue por la naturaleza estática de las letras, y una especie de escritura cursiva, el "Nasjî", con formas de fluidez variable. El cúfico, cuyo nombre procede de la ciudad de Kufa, uno de los centros de mayor imortancia de la cultura árabe en la época de los Omeyas, se empleó con frecuencia para la caligrafía del Corán. Combina una gran exactitud en los trazos con un amor por la síntesis geométrica, que hace que su lectura no sea fácil. Hemos de señalar que el árabe puede reunir grupos de letras y darles la apriencia de un solo signo.












A la izquierda típica inscripción en los palacios nazaríes de la Alhambra con el lema Wa-lâ gâliba illâ Allah (No hay vencedor sino Dios). A la derecha decoración con azulejos en los muros de una mezquita de Isfahán.

El estilo cúfico dió lugar a diversas variantes que se utilizan sobre todo en la decoración arquitectónica: el cúfico rectangular, que se puede "armar" a base de unidades, como los ladrillos; el cúfico florido, que también encontramos en las artes del libro, sobre todo en las portadas, y el cúfico con rasgos entrelazados, que llegó a convertirse en uno de los motivos ornamentales preferidos en el arte del Magreb, sobre todo en las obras de yeso labrado.(...)

La diversidad étnica ha dejado su huella en la escritura. Así, los persas perfeccionaron un tipo de cursiva perlada, de una fluidez casi etérea, para escribir su lengua en caracteres arábigos.

Azulejos en una mezquita de Isfahan (Irán), con inscripción de basmala.

En el extremo opuesto se encuentra la caligrafía del Magreb, cuya área de difusión abarca desde la España musulmana hasta el Sahel africano, que ha conservado una síntesis relativamente antigua de cúfico y "Nasjî". Su estilo es a un tiempo viril y generoso, con rasgos angulares, tanto horizontales como verticales, bien enfatizados y acompañados por curvas amplias abiertas por arriba.
La muy rica caligrafía turca no se aparta mucho de la de la Arabia oriental, pero gusta de la compsición de 'nudos mágicos' y emblemas gráficos a través de la duplicación simétrica, reminiscencia en cierto modo del arte mongólico.(...) La conjunción de la escritura con las plantas estilizadas evoca la analogía entre el 'libro del mundo' y el 'árbol del mundo', dos símbolos bien conocidos para el esoterismo musulmán. El primero de ellos tiene su origen en el Corán, mientras que el segundo es común a varias tradiciones asiáticas; por lo demás, surge de la naturaleza misma de las cosas.

El Universo es tanto un libro revelado como un árbol cuyas hojas y ramas nacen de un solo tronco. Las letras del libro revelado son como las hojas del árbol, y así como estas se unen a las ramas y en último término al tronco, las letras también se integran en palabras, luego en frases y por último en la verdad total y única del libro.

(En la imagen, Árbol del Universo dibujado en cada una de las cuatro esquinas de cúpula del Salón de Comares de la Alhambra de Granada.)

A propósito de estas ideas, haremos mención del símbolo coránico de la 'Pluma Suprema', que describe el destino de todos los seres en la 'Tabla Guardada'; la Pluma (o cálamo) no es otra cosa que el Espíritu divino o el Espíritu Universal; el más elevado título de
nobleza otorgado al arte de la escritura es el hecho de ser como la sombra del Acto divino.



Las letras son símbolos de la tinta, no hay letra alguna,
Salvo la que la tinta ha ungido; su mismo color es pura ilusión.
Es el color de la tinta, que ha accedido al ser manifestado.
Sin embaro, no se puede decir que la tinta se haya apartado de lo que era.
La no-manifestación de las letras residía en el misterio de la tinta,
Y su manifestación es producida por la autodeterminación de aquélla.
Ellas son sus determinaciones, sus actividades,
Y no hay nada allá más que la tinta. ¡Comprende esta parábola!
Las letras no son la tinta; ¡no digas que lo son!
Esto sería un error; y decir que la tinta es idéntica a las letras sería pura locura.
Pues ella era antes que las letras, cuando no había ninguna.
Y será todavía cuando ninguna letra sea.
Mira bien cada letra y ve que ya ha perecido
Salvo por la faz de la tinta, es decir, la Faz de su Esencia.
¡A Ella toda Gloria, Majestad y Exaltación!
Así, incluso en su manifestación, las letras están ocultas,
Sumergidas por la tinta, puesto que su manifestación no es otra que la de ella.
La letra no añade nada a la tinta, ni toma nada de ella,
Pero revela su integridad en modos distintos.
Sin alterarla. ¿Acaso la tinta y la letra constituyen dos cosas distintas?
Ve, pues, la verdad de mis palabras: no hay ser
Salvo el de l a tinta, para aquel cuyo entendimiento es sano;
Y dondequiera que esté la letra, su tinta está siempre con ella.
¡Abre tu intelecto a estas parábolas y préstales atención!

'Abd al-Gani al-Nâbulusi, Diwan al-Haqa'iq (El Cairo, 1889).
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al-Yumm

Caligrama del arco de entrada al Salón de Comares con la palabra al-Yumm (La felicidad) contrapuesta en espejo y formando una composición arquiectónica.

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3 comentarios:

Mónica Fuentes dijo...

Hola, soy estudiante de la lengua árabe en Coruña, y estoy haciendo un trabajo voluntario sobre SIRIA. El caso es que me gustaría poner el nombre SIRIA en árabe como título, con una grafía pictórica árabe de esas tan preciosas, pero no sé hacerlo.
¿Podríais mandarme, si ello es posible, algún boceto en diferentes estilos caligráficos?
Muchas gracias y un gran saludo.
MÓNICA.

Jan dijo...

Hola Mónica,

siento no poder ayudarte, no soy calígrafo ni se escribir en lengua árabe. La inclusión de este post se debe al interés por esta bella expresión artística pero sin practicarla, bueno, lo cierto es que si que he hecho algun relieve reproducciendo algún texto coránico en cúfico cuadrado, pero nada más.
Me ha llamado la atención que estés haciendo un trabajo voluntario sobre Siria, país que tuve ocasión de visitar hace unos años y del que quedé enamorado. Sufro ahora al ver las imágenes en los informativos por lo mal que debe estar pasándolo el pueblo sirio. Conservo gratos recuerdos de la nobleza y cordialidad de personas que allí conocí.
Espero que encuentres lo que buscas y sirva para dedicar un buen trabajo a ese fascinante y entrañable país.

Suerte

marga dijo...

siempre me llamó mucho la atención la escritura arábiga, su progresión de lo exterior a lo interior

tampoco conocía el simbolismo de esta caligrafía,
me gustó mucho leerlo :)