Foto: Trencadís (cerámica fragmentada) en el Parc Güell de Barcelona

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martes, 17 de noviembre de 2015

La Esfinge renacentista


 
Esfinge que viene acompañada con el lema Inestricabilis error, (irresoluble enigma) en la obra de Claude Paradin Devises heroïques (1557)



Cuadrúpedo en la aurora, alto en el día
y con tres pies errando por en vano
ámbito de la tarde, así veía
la eterna esfinge a su inconstante hermano,

el hombre, y con la tarde un hombre vino
que descifró aterrado en el espejo
de la monstruosa imagen, el reflejo
de su declinación y su destino.

Somos Edipo y de un eterno modo
la larga y triple bestia somos, todo
lo que seremos y lo que hemos sido.
(...)
Jorge Luis Borges, Edipo y el Enigma




La Esfinge renacentista:
de la ignorancia, los arcanos y los simios
(fragmento)
por
Pilar Pedraza



Esfinge en un capitel románico
Tras un largo período medieval de latencia, durante el que se vio desterrada al bosque monstruoso de los capiteles, la Esfinge reapareció con el surgimiento del Humanismo y volvió a ocupar un lugar privilegiado en las artes figurativas del Renacimiento, recuperando su belleza clásica. No obstante, el paso por las regiones oscuras del simbolismo medieval la había cargado con un lastre que la condenó a convertirse en recipiente de alegorías, cada vez más complicadas, de signo negativo: por una parte, de vicios como la lujuria, la vanidad o la soberbia; por otra, del error que suponía el paganismo y, desde un punto de vista más general, de la ignorancia culpable.
Pero junto a las Esfinges perversas, a las que hay que vencer mediante la práctica de las virtudes y del autoconocimiento, brilla en el Renacimiento un espécimen de dignidad casi celeste, que corresponde a la preocupación de los neoplatónicos, por la recuperación de la sabiduría esotérica, transmitida fragmentariamente desde Adán a los griegos y romanos a través de los sacerdotes egipcios y las escrituras sagradas (jeroglíficos).
Por otra parte, y como símbolo intermedio entre la ignorancia viciosa y la suprema sabiduría, aparece la Esfinge emblemática de la Doxa, es decir, de la Opinión, del conocimiento que no proviene de las operaciones de la Razón, sino de las tradiciones, suposiciones y herrores que circulan entre los hombres, y que son causa de sus desdichas, al interponerse entre ellos y el mundo como un cristal deformante. Este doble carácter, positivo y negativo, de la Esfinge renacentista desde el siglo XV, multiplica el atractivo de la Bella y la riqueza de sus significados.
Uno de los ejemplares más ilustres se halla en el emblema CLXXXVII de Andrea Alciato. Es de carácter negativo, pese a hallarse en un libro -Emblematum liber, Augsburgo, 1530- que pertenece a la tradición humanista de la escritura en imágenes a la manera egipcia; pero tiene la ventaja de unir en una sola imagen las dos familias de males que antes señalábamos: los vicios morales y la ignorancia.

Andrea Alciato, Emblematum Liber, edición de Lyon, 1549
emblema CLXXXVIII, "La Ignorancia"

El grabado muestra un monstruo cuya identidad cuesta trabajo reconocer a primera vista, puesto que, a causa de su insólita postura erguida, es más parecido a un sátiro. Se trata de una mujer con cuerpo de león, áptera, que vaga con el cabello suelto y expresión desolada por una ruinas. El lema reza: SUBMOVENDAM IGNORATIAM ("Ha de desterrarse la ignorancia").
Para Alciato, cada uno de los tres seres reconocibles en la monstruosidad de la Esfinge simboliza un vicio diferente: el ave (alas), la levedad del ingenio, es decir, la trivialidad, la superficialidad; la doncella (rostro), la concupiscencia; el león (cuerpo y patas), la soberbia. En sí mismo y como conjunto de los tres vicios, el monstruo viene a ser algo más que su mera suma, resulta un producto: la Ignorancia. Y, ¿quien vence a la Ignorancia? El que sabe, como Edipo, qué es el Hombre; el que conoce el lema áureo de Delfos, el que se conce a sí mismo. ¿Quién se conoce a sí mismo? Quien no es cegado por la trivialidad, la vopluptuosidad, el orgullo desmedido.
Los comentaristas de Alciato mencionan repetidamente las "opiniones" cuando se refieren a la ignorancia viciosa, remitiendo implícitamente a la distinción clásica entre Doxa (Opinión) y Episteme (Conocimiento cierto, Saber). No faltan ejemplos en el Renacimiento de la Opinión simbolizada por la Esfige misma, relación que se justifica por el hecho de que la ambigüedad de los enigmas que plantea hace vacilar, y finalmente perecer, a quienes no saben cortas su maraña con la afilada hoja de la razón; a quienes se enviscan en la opacidad de lo opinable, de lo discutible, de lo que no mana de la fuente apolínea del conocimiento verdadero.
La Virtus Combusta (1490)
Es probablemente como emblemas de la Doxa como hay que interpretar las Esfinges que aparecen en un célebre dibujo de Mantegna de hacia 1490 (imagen izquierda). Se trata de una alegoría de la Ignorancia, representada bajo los rasgos de un ambiguo personaje viejo y gordo, desnudo, coronado, apoyado en un timón, sentado sobre una gran bola -símbolo de inestabilidad, pero también del universo- que sostiene con sus lomos unas deliciosas Esfinges de tres patas.

Detalle de La Virtus Combusta (1490), de Andrea Mantegna

Ignorancia crasa, dueña del Universo, descansando en un inestable trono que podría rodar al menor impulso, al menor golpe de sensatez, si no la apuntalaran los monstruos encantadores de la opinión infundada, insostenible pero segura de sí misma en su espesor brutal: he aquí lo que nos dice esa imagen parlante.

(...) Al tiempo que servía de emblema de los vicios que acarrean la ignorancia y de los ataques de la Fortuna, la Esfinge frecuentaba los jardines neoplatónicos y arqueaba el lomo, gozosa, bajo la caricia de las manos de Giovanni Pico della Mirandola, que veía en ella una guardiana de los saberes esotéricos de los sacerdotes egipcios. En este sentido y con igual prestigio, aparece en los Hieroglyphica de Piero Valeriano (1556), simbolizando los ARCANA TEGENDA, los misterios que deben ocultarse:

Piero Valeriano, Hieroglyphica, pag. 48 (fragmento), edición de 1556

 "Pero las Esfinges advierten de modo jeroglífico en los templos egipcios que los principios místicos y los preceptos e instituciones sagradas deben ser mantenidos inviolados de la muchedumbre profana, por medio de las dificultades de los enigmas..." (traducción de parte del fragmento). Esta idea, que venía de Platón, tuvo gran fortuna en el Renacimiento, atravesó los siglos barrocos de la mano del sabio jesuita Athanasius Kircher y fue recogida y engalanada con pompa simbolista por el Sâr Péladan, que, a fines del siglo pasado, sostuvo un diálogo sabrosísimo sobre tales misterios con la Esfinge de Gizeh.
La Esfinge en funciones de guardiana de los arcanos aparece plasmada en el bellísimo suelo séctil de la catedral de Siena, del último cuarto de siglo XV, en una de cuyas composiciones (imagen izquierda) puede verse a Hermes Trismegisto, anciano de largas barbas y turbante puntiagudo, apoyando la mano en una tarja, en la que se leen máximas esotéricas y que está sostenida por una pareja de Esfinges deliciosas, de tipo griego.

Imagen derecha: detalle del pavimento de la Catedral de Siena con un pasaje del texto hermético Asclepio, cuya versión traducida del latín dice:  «El señor y hacedor de todas las cosas, al que correctamente llamamos Dios, creó a partir de sí mismo un segundo dios visible y sensible [...]. Cuando hubo creado a este dios, el primero nacido de él y el segundo tras él, le pareció hermoso, puesto que estaba completamente lleno con la bondad de todas las cosas, y lo amó como hijo de su divinidad» (N. de Fragmentalia)

Parecido simbolismo tienen las Esfinges que, en las antiguas barajas de naipes, arrastran el carro del Arcano del mismo nombre, alegoría del itinerario vital del hombre.

Arcano del Carro, Tarot de Edward Wite, 1910

Pero si bien la moda neoegipcia, vinculada en la Italia del siglo XV al esoterismo neoplatónico y órfico, situó a la Esfinge en la alta categoría de los guardianes de los arcanos, poco a poco devino emblema de la mera agudeza de ingenio, al rebajarse su enigma desde el nivel de la sabiduría que debe ocultarse a los no iniciados, hasta la oscuridad -más terrena- del conceptismo. (...)
Una de las empresas de Paulo Giovio (Empresas militares y amorosas, Lyon, 1561) muestra un estado intermedio de esta evolución, aunque se vincula más estrechamente al alto simbolismo que al segundo sentido que hemos señalado. La inventó para un amigo que se hallaba en un momento dificil de su vida, y recibió una linda forma a manos de los grabadores y dibujantes lioneses de la imprenta de Guillermo Rouillet. Veamos cómo explica su significado el mismo Giovio:

"Ultimamente he hecho una empresa a pedimento de Camilo Iordan, Iuris consulto, sobre que dezia que estava ambiguo y suspenso en su coraçon, no sabiendo determinarse a escoger un cierto partido: y que para ello esperava el parecer y consulto de Oraculo: por lo cual le hize la Esfinge de los Egipcios, que suele interpretar los Enigmas y las cosas abstrusas con el tiempo, el qual es significado por una Serpiente que se traga la cola, con un blason que dize: INCERTA ANIMI DECRETA RESOLVET."

Paulo Giovio: Empresas militares y amorosas (Lyon, 1651)

El grabado muestra una Esfinge egipcia sobre un pesdestal sostenido por cuatro Harpías, que probablemente simbolizan las curae, las preocupaciones que traen consigo las incertidumbres; repárese en el hecho curioso de que sus cuellos están rotos, lo cual debe significar su exterminio futuro, cuando llegue el tiempo de las soluciones. El Uroboro o serpiente mordiéndose la cola que lleva como atributo, es uno de los jeroglíficos "egipcios" mas caros a los hombres del Renacimiento, y aparece en los Hieroglyphica de Horapolo, en los de Piero, en los escritos de Marsilio Ficino, en la Hypnerotomachia de Francesco Colonna, y en casi todos los libros de emblemas y empresas a partir de Alciato. Simboliza el carácter cíclico de la revolución anual y, por extensión los eternos ciclos del Tiempo. En el contexto de la empresa que comentamos, es una imagen parlante, junto con la Esfinge y las Harpías, y el conjunto ha de entenderse así: "los enigmas planteados por los problemas de la vida se resuelven con el tiempo".
(...)


Lecturas:

Pilar Pedraza, La bella, enigma y pesadilla. Tusquets editores 1991

3 comentarios:

Moisés dijo...

Preciosas las esfinges, igual de precioso que el poema de Borges. Personalmente es un arquetipo que me encanta, la esfinge y su enigma, la guardiana de un mundo vetado al que solo puedes acceder a través de la sabiduría.

Un abrazo.

Jan dijo...

Sí Moisés, entre las diferentes atributos asignados a la esfinge a lo largo de la historia, prevalece del de ser guardiana de una sabiduría a la que se accederá tras superar la prueva que te plantea. Esta cuestión arquetípica la podemos encontrar de otra manera representada por ejemplo en mitos orientales donde otro animal fantástico, el dragón, es quien custodia la "Perla de la Sabiduría", a quien se tendrá que vencer para conseguirla.

Abrazos

Conejo Blanco dijo...

La única perla de sabiduría que conozco es la saber sin lugar a dudas que “Yo soy”, vamos lo que se dice Ser. El resto solo son opiniones, o conocimiento funcional y ritual.

Si eliminamos ambos como vías a la sabiduría, parece ser que se elimina al Guardián, pues la única sabiduría posible ya solo puede ser por identidad.

“A quien he de anunciar?, pregunto Moises.”

“Yo soy el que soy”.