Foto: Trencadís (cerámica fragmentada) en el Parc Güell de Barcelona

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miércoles, 17 de febrero de 2016

Avaricia


AVARICIA
"Como lobos voraces sedientos de la sangre de los corderos"
  Abraham Bosse, de la serie "Los siete pecados capitales" (1640)


La Avaricia, considerada uno de los siete pecados capitales por el cristianismo, aparece en este grabado representada por un personaje de gesto altivo, ataviado con ropas elegantes junto a sacos de monedas y portando bolsas con más de éstas en sus manos. Es un señor de alta alcurnia con espada al cinto, quizás un administrador que se apropia indebidamente de dinero público, y que al autor de la obra le pudo parecer el más indicado para ilustrar ese pecado. A su izquierda, un lobo con un ave entre sus fauces y un cordero muerto bajo la pata se muestra como su alter ego. El epígrafe que aparece debajo comienza así: "Como lobos voraces sedientos de la sangre de los corderos". Esta imagen de la escuela inglesa del siglo XVII, de igual forma podría ser válida para retratar mordázmente a esos personajes que actualmente protagonizan los casos de corrupción política en España, siendo noticia un día si y otro también en los medios de comunicación. Uno ya ha perdido la cuenta de alcaldes, consejeros, expresidentes de comunidades autonómicas y otros altos cargos - a los que hay que sumar miembros de la Casa Real- que están siendo procesados o condenados por apropiación del dinero público. 
Los autores españoles de libros de emblemática del siglo XVII también dieron cuenta de esa lacra social en algunos de sus emblemas ilustrados, advirtiendo sobre sus consecuencias y la forma de prevenirla, aumentando su denuncia -como sucede en la España actual- en época de vacas flacas, pues el problema podía llegar a agudizar la inestabilidad social.

Tenemos por ejemplo de Saavedra Fajardo el emblema nº 53 de su Empresas Políticas, cuya pictura aparece encabezada con el mote CUSTODIUNT NON CARPUNT (Vigilan, no roban). En ella se representan dos hermas -aquellos pilares tallados en piedra normalmente con el busto del dios Hermes empleados para delimitar caminos y fronteras en la Antigüedad-, flanqueando la entrada de un jardín con parterres, setos, árboles y fuentes. 

 Saavedra Fajardo, Empresas políticas (1642)

Para este autor, las hermas o estauas sin brazos presentes en los jardines de Roma, simbolizan la integridad de los ministros y magistrados, sobre todo de éstos últimos, pues tienen ojos para guardar sus flores y frutos -que aquí representarían al erario público-, pero carecen de manos para apropiarse de ellos. Se refiere también a que en Tebas se simbolizaba la integridad de los ministros con estatuas sin manos, significando con ello la ausencia de avaricia. Estando esta obra dirigida a la instrucción de monarcas, en la glosa que acompaña a la imagen -según el resumen de la Enciclopedia Akal- advierte que "así deben ser los consejeros del rey, sin hambre de poder y abstemios de ambición, porque el deseo excesivo de riquezas puede redundar en la ruina del erario público y en el bienestar del pueblo. No puede ser bien gobernado un estado cuyos ministros o reyes sean avariciosos y codiciosos, pues siempre antepondrán su propio interés al de los súbditos. El único remedio a este repugnante vicio es que el príncipe avaricioso procure no manejar grandes sumas de dinero y que los ministros no tengan trato con la mercancía, que sus cargos no sean vendibles ni transferibles. Por último, es conveniente que dichos oficios sean desempeñados por hombres que no sean pobres (ya que la necesidad incita al soborno) y que tampoco tengan a su cargo una familia muy numerosa. En cualquier caso, aquellos que están muy atentos a engrandecerse y a fabricar fortuna son peligrosos en los cargos de gran reponsabilidad".

En Principe Perfecto de Andrés Mendo, su emblema nº 6 con el mote IN AVARO PRINCIPES (contra los príncipes codiciosos), aparece con un personaje tumbado sobre una gran cantidad de dinero vestido a la romana con corona de laurel sujetando en la mano diestra un cetro.

Andrés Mendo, Príncipe Perfecto (1682)


Representa a Calígula, el emperador romano de pésima reputación según nuestro autor por su afán hacia las riquezas, advirtiendo al príncipe a quien va dirigida su obra contra la avaricia, " ya que nadie vive más pobre que aquel al que nada le satisface, deseando siempre los bienes ajenos para engordar las arcas propias". La glosa que sigue a continuación es también una disertación moral para prevenirle contra la avaricia: " La Avaricia es la raíz de todos los males y en ella se resumen todos los pecados, de ahí que se considere el peor vicio en cualquier persona y más aún si trata del gobernante. Está la historia repleta de reyes que han abusado de sus poderes llevados por el afán de acumular riquezas a costa de la pobreza y el malestar de sus vasallos o, incluso, profanando los tesoros de la Iglesia, por lo que han sido duramente castigados por la justicia divina.  Por todo ello se le recomienda al príncipe que sólo tome los fondos eclesiásticos en causas debidamente justificadas".

El último emblema que selecciono pertenece en esta ocasión a una obra dirigida a quienes tenían a su cargo los ovispados. Se trata del nº 21 de Idea del Buen Pastor de Nuñez de Cepeda, con el mote FRUCTUS AUT EXCIDIUM (Fruto o ruina), donde aparece ante un amplio paisaje un árbol frutal sin frutos. A la derecha surgen dos manos que empuñan un hacha cuyo filo se dirige hacia el tronco. A la izquierda una cesta vacía es sujetada por otra mano.

Nuñez de Cepeda, Idea del Buen Pastor (1642)

Aquí se hace una seria advertencia al prelado para que atienda las necesidades materiales de los fieles con los bienes que le sobran y evitar así la condenación eterna. De la misma manera, tal como se muestra en la imagen, el árbol que no ofrece fruto será cortado por el hacha y quemado en la hoguera. La glosa que la acompaña recomienda al obispo recoger para sí de las rentas sólo lo necesario, e invirtiendo lo demás en el bien de su iglesia: " los bienes patrimoniales y hereditarios los repartirá entre los pobres. Deberá ayudarles no sólo cuando se hallen en extrema necesidad y no únicamente a los que le piden; si fuese necesario moderará el gasto invertido en él y en su familia; huirá siempre de los gastos superfluos. La salvación del prelado depende de su misericordia, de su limosna: si excusa los gastos en él para gastar en los demás aumentará su caudal y se grajeará gran aprecio".

Pero creo acertar al suponer que si en aquellos tiempos el miedo a la posible condenación eterna no fue suficiente para desanimar a muchos a apropiarse de los bienes públicos, tampoco lo será en nuestros días el endurecimiento de nuevas leyes. Y es que en algunas cosas la condición humana se muestra inalterable.


Lecturas:

Antonio Bernat / John T. Cull, Enciclopedia Akal de Emblemas Ilustrados Españoles. Akal 1999.

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