Foto: Trencadís (cerámica fragmentada) en el Parc Güell de Barcelona

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lunes, 8 de abril de 2013

Kathleen Raine: Poesía y Naturaleza

Kathleen Raine en 1951


"Kathleen Raine (Londres, 1918-2003) es una de las voces literarias más profundas e iluminadoras de nuestro tiempo. Poeta de la trascendencia, del anima mundi, del misterio ontológico encarnado en la naturaleza, luchó todos sus días para dilucidar la sabiduría sacramental de la Imaginación, esa sabiduría inherente a la realidad e inmanente en la naturaleza y en el intelecto que irradiaba su maestro William Blake".

De la contraportada de Poesía y naturaleza, Tres fronteras ediciones 2008


Tres poemas de Kathleen Raine seleccionados de la edicion y traducción de Adolfo Gómez Tomé.



 MENSAJE DESDE CASA


¿Recuerdas, cuando fuiste niño,
que nada en el mundo te parecía extraño?
Percibías, por vez primera, formas y familiares,
y viendo, te percatabas de que siempre habías conocido
el liquen en la roca, las hojas del helecho, la flor del tomillo,
como si los elementos se juntaran nuevamente en tu cuerpo,
atrapados en el torbellino momentáneo de tu vida
que todavía mantenía el conocimiento de un estado primigenio;
en ti recuerdo retenido de nube y océano,
la enramada del árbol, la lengua de fuego.

Ahora, cuando la oscuridad de la naturaleza se te hace extraña,
y vagas, forastero, por las calles de la ciudad,
recuerda que la tierra te acogió en su seno con el aire, con los rayos del sol,
te posó en sus aguas dormidas, a que compartieras el sueño
de la trucha entre las raices de la milenrama,
de sustancia de estrella y océano te formó,
en el mismo origen que sol y follaje, pez y arroyo
te concibió.

De todas las criaturas uno solo es el origen,
simple, singular como el amor; recuerda
la célula y la semilla de la vida, la esfera
que es, de niño, blanco pájaro, o breve libélula azul
del helecho verde, o de la dorada tormentila con sus cuatro pétalos
la postrer memoria.
Cada célula latente disemina un futuro,
despliega su inimitable complejidad
como un árbol hace brotar hojas, y urde un destino que teje
pecilo de helecho, plumaje de pájaro, escamas de pez.
El musgo expande su verdosa membrana sobre la turba empapada,
el germen de la libélula cobra ánima y levanta el vuelo
del mismo modo que el nenúfar del barro asciende sobre su tallo viscoso
para abrir un dulce, albo cáliz al cielo.
El hombre, con más largo trecho que recorrer de su simplicidad,
del arcaico musgo, pez y lirio se separa,
y en el exilio hace su largo camino.

Cuando dejes atrás Edén, reuerda tu casa,
porque trayendo a la memoria la esencia de tu ser
no estarás solo; los primeros en saludarte
serán esos niños que juegan a la orilla del arroyo,
las nutrias nadarán hasta ti en el remanso,
el ciervo salvaje correrá a tu lado por el páramo.
Adéntrate más en la espesura, y vendrán las aves,
los peces se alzan para verte en sus enjambres plateados,
y más oscuras, mas extrañas, vidas más misteriosas
vendrán a ti en tropel al manatial
donde las raíces más profundas del árbol beben del abismo.

Nada en ese abismo te es extraño.
Duerme sobre la raíz del árbol, donde se urde la noche
para formar la materia del universo, escucha los vientos,
las mareas, las armonías de la noche, y sabe
todo lo que sabías antes de empezar a olvidar,
antes de que te convirtieras en un extraño de ti mismo,
antes de que te hubieras alejado demasiado de esos otros
niños del origen, que han permanecido en casa,
en pradera, isla y bosque, en mar y río.
La Tierra envía amor materno tras su hijo exiliado,
confiando su mensaje a la luz y al aire,
al viento y a las olas que llevan tu barco, a la lluvia que cae,
al pájaro que te convoca, y a todas las miríadas de peces
que nadan en las aguas natales de su océano.


AL SOL 

1

Sol, gran dador de todo lo que es,
una vez más regreso del sueño a tus tiempos y lugares
como el vuelo de los gansos sobre Londres en esta luz de la aurora
antes de que la ciudad de los humanos invada tu espacio inmaculado.
Sol, don de dones, tus vertiginosos rayos
tejen de nuevo cosas cotidianas, familiares, epifanías
de árboles, hojas, alas, perlas de lluvia, prodigios de luz.
Tu dorada máscara cubre la desconocida
Presencia de aquel que abre todos los ojos
en cuya cegadora oscuridad nadie puede mirar.
Nubes y montes y jardines y mares y bosques,
rascacielos, polvo y basura, objetos rotos y olvidados
reciben por igual del manantial más puro y sacrosanto
ser y significado, mensajes que la mañana trae
a este umbral donde me encuentro.
Anciana, me maravillo de haber sido, de haber visto
tu reino del todo y de la nada, sol que todo lo das.


2

Qué nombre darte, don de dones,
dios, ángel, estas palabras sirvieron en un tiempo, pero nunca más
el carro de Apolo o los caballos de Surya imaginados en piedra
de Konarak (templo del sol en la India), gloriosa metáfora del poder creciente
del sol infatigable desde el eterno Oriente. Mi tiempo
tiene otros símbolos, ondas de luz en aceleración, años luz, rayos
girando eternamente en la esfera ilimitada del espacio,
vacío inmenso de lo que no es,
equívoca apariencia de la materia etérea:
La ciencia tan sólo otro grandioso mito que soñamos,
ptolemaico i copernicano, o el paradigma de Einstein
menos real que esos espléndidos caballos de piedra
a medida que la luz triunfa sobre la oscuridad todavía un día más.
¡Más ningín mito se acerca a lo que, ante nuestros ojos, tú eres, o pareces!
En tu numinosa gloria te he visto alzarte
desde más allá de las Islas Farne derramando tu fulgor
sobre los fríos mares del norte, o sobre los mares de Grecia,
he visto tu gran círculo alzarse desde el océano Índico.
Mientras circundas la tierra los pájaros cantan tu llegada cada mañana,
flores nuevas se abren en el yermo, los jardines, las escombreras,
todo lo vivo es tu séquito, como ante todos los ojos convocas,
don de dones, el despliegue de tus cielos
los inmensos y diminutos espacios de nuestra tierra, a cada cual el todo,
y hoy aún vuelvo a recibir de tu tesoro inagotable
de luz, esta habitación, este verde jardín, mi ilimitado universo.


3

Sol ancestral, ¿te acuerdas de nosotros,
hijos de la luz, contemplándote con ojos vivos?
¿Nosotros como tú, tú como nosotros? Parece
que nos miras desde lo alto con vivo rostro:
quién soy yo que veo tu luz sino la luz que veo,
detenida un instante en la forma que me cubre, tu destello.

He estado en la orilla de muchos mares,
de lagos y ríos, y sobre las aguas siempre,
por esas simas abisales del miedo
tu senda dorada ha llegado del miedo
tu senda dorada ha llegado hasta mí
que no soy sino una entre todos los que se van y vuelven.

Sol cegador, con tu corona de llamas, tus socavones de fuego,
Presencia, imponente teofanía,
¿estoy en ti, estás tú en mí,
centro infinito de tu ilimitado reino
donde la muchedumbre canta Santo, Santo, Santo*?
¿Entras en lo oscuro, o soy yo?

4

No es que la luz sea santa, sino que lo santo es la luz:
Solamente viendo, siendo, conocemos,
extasiados, sin aliento, arrobamiento del corazón.
Ni el microscopio ni el telescopio pueden descubrir
lo inmensurable: no en lo visto sino en el que ve
epifanía de lo rutinario.
Un jacinto en un vaso era, sobre mi mesa de trabajo,
ante mis ojos se abrió allende la belleza el flujo vivo, puro de luz.
"Soy yo", supe entonces, "yo soy esa flor, esa luz soy yo,
el que ve y lo visto a un tiempo."
Lejos en el pasado, mas para siempre; pues nadie puede des-conocer
el Paraiso nativo en cada brizna de hierva,
guijarro, y partícula de polvo, inmaculado.

"Así ha sido y será siempre", supe entonces,
ni la inmundicia, ni la violencia, ni nuestra propia ignorancia
pueden profanar ese manantial sagrado:
¿Por qué iba yo, una entre la muchedumbre innúmera de la uz,
a temer en mi desaparición ser lo que siempre es?

* Reminiscencia de "Una visión del Juicio Final" de William Blake, su maestro "Cuando el Sol sale, ¿no ves un Disco redondo de fuego similar a una Guinea" Oh no, yo veo un cortejo Innumerable de huestes Celestiales exclamando "Santo, Santo, Santo es el Señor Dios Todopoderoso."


TESTIMONIO

1

¿A estas alturas, por quién,
a quién hablo? ¿Por el viejo, por el joven,
o por nadie? A ninguno
de ellos: desde el eterno al no nacido, al imperecedero
hablo, yo, que estoy sola
en un tiempo y un lugar donde nadie
me encontrará, yo, que ya no estoy aquí,
cuando tú, quienquiera que seas,
viejo, joven, a medio camino por la vida
estés conmigo en este no lugar, en este no tiempo
infinito, donde cada uno es, quien un instante aguanta,
como yo ahora en tu corazón, el orbe.
Igual que tú soy
cáliz  de corazón, lleno un instante
de océano y aire y luz,
este cuerpo, este cáliz que se desborda
con la Presencia única, se irá,
disuelto una vez más, y una vez más y una vez más
gota en el océano,
será uno contigo, nunca más
esta mujer cuya mano escribe palabras no mías,
legadas por la multitud de los que una vez vivieron,
aquellos que conocían, amaban, comprendían y nombraban
saberes transmitidos
a los que han de llegar, cuyos rostros no veré,
y, sin embargo, al tiempo que escribo estas palabras, soy ya uno con ellos.


2

¿Qué puedo deciros, hombres futuros,
yo que soy vieja, yo que fui joven,
que fui niña, yo que fui
en mi ilimitado aquí y ahora como vosotros?
Esta mano que escribe desde mi oscuro mundo
en vuestro oscuro mundo venidero
da fe del deleite del corazón.
Vosotros que seréis, como yo,
la sangre derramada del propio corazón,
una y otra vez, sangre engendradora
buscando siempre el éxtasis de ser
la eterna presencia de lo siempre vivo,
¿qué puedo nombrar sino el misterio único
que aquí y ahora es para mí
este sol luminoso, este albor del cielo?


3

Estoy vieja, estoy sola,
como otros están solos esta noche,
en el pequeño círculo de mi luz,
recluida en los cuatros muros de mi alcoba invernal,
recluida en mi piel, marchitada por el tiempo,
recluida en mi corazón, que palpita exangüe
su destino un día más hacia el fin del tiempo,
más leve la soledad a solas,
pronto el no ser...
aun el que todo lo abarca,
elocuente en el silencio, presente en la ausencia, intemporal,
joven en lo viejo, viejo en el recién nacido
en todas partes y en ninguna, es fugaz, es efímero,
y ahora, al tiempo que escribo, es íntimo, es mío.


Kathleen Raine en 1987


Lecturas:

Kathleen Raine, Poesía y naturaleza. Tres Fronteras Ediciones 2008


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6 comentarios:

M.A.O dijo...

He quedado prendada de estos versos, tan profundos, tan sentidos, tan sabios...Me detuve en "Testimonio" una y otra vez, he tenido la extraña sensación de estar frente a frente con la poeta, escuchándola decirme sus palabras. Es fascinante ese juego entre el origen común de todo lo viviente, el inexorable paso del tiempo y la vuelta, no ya de uno mismo sino de los elementos que siempre estuvieron, que nos preceden y nos sucederán. No puedo leer ese último poema de la serie que seleccionaste sin sentirme interpelada, ella está ahí, en su tiempo presente, me habla de mi propio pasado en el cual yo no existía y yo la escucho, la leo, la entiendo y así sucederá con lo que hoy es nuestro momento presente...se marchará y sin embargo la escritura puede obrar de referente concreto para el encuentro con un otro, en otro tiempo, en algo que imagino con perfil difuso, un mañana inexistente pero presente en relación a este hoy que nos habita.
¡Muchas gracias querido Jan!!
Me han encantado los versos de Kathleen Raine.

Robin dijo...

Desconocía esta poetisa, y la verdad, me he quedado prendadita. Gracias, Jan¡¡¡

Jan dijo...

Hola Mabel,

la obra de esta poeta no es muy conocida en lengua castellana, y creo que no es por falta de méritos. Se la puede considerar dentro de la tradición poética de la "Imaginatio Vera" por su clara determinación a ensalzar la sabiduría sacramental de la imaginación con la que abrirse a el "Alma del mundo" (Anima Mundi), inherente a la realidad e inmanente en la naturaleza y en el intelecto. Conocimiento (gnosis) simbólico, más allá de la visión literal, tomando conciencia de que realidad interior y exterior son una sola en armonía con la imaginación. Viaje ("Imaginal" que diría Henry Corbin refiriéndose a los descritos por los visionarios del esoterismo islámico) por el que -así lo creía Raine siguiendo a su maestro William Blake-, alcanzar el estado natural y original de la humanidad, el regreso a Edén o Edad Dorada.

Me alegra que te sintieras interpelada con los poemas seleccionados.

Jan dijo...

Hola Robin !

bienvenida a este espacio. Encantado de encontarte por aquí y que lo publicado sea de tu interés.

Baruk dijo...

Oh! ...que puedo decir?

Tampoco conocía a esta Señora, y me pregunto que como podía ser?

Testimonio es un gran poema, es tan real como el aquí y ahora y tan palpitante que permanece vivo.

Gracias por enseñarlo.

Tons

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Jan dijo...

Hola Baruk,

Kathleen Raine dejó una autobiografía con la que hacerse una idea de como pudo ser su vida. Algo está referido en el prólogo de "Poesía y naturaleza". Al parecer tuvo una vida sentimental bastante ajetreada -abandonó en su recorrido a varios hombres-, sin duda resultado de una personalidad apasionada. Algo curioso es que según cuenta, lo que le llevó a la creación poética fue el estudio de la investigación científica. Sobre su experiencia en el laboratorio dejó escrito:

"Esos ciclos de la vida y sus transformaciones, la embriología y la morfología, esa condensanción de la fuerza hacia la forma que produce la naturaleza sensible, constituía un mundo armonioso de forma cargada de sentido".

La fascinación por esa armonía mágica y oculta en la naturaleza es algo que se le despertó ya a temprana edad cuando fue enviada al campo lejos de Londres con una pariente ante la amenaza de la Primera Guerra Mundial. De los recuerdos de aquella época de su vida dejó escrito:

"...Pero era en el camino de vuelta a casa a solas cuando estaba más acompañada, cuando estaba más cerca del ser de seres que yo amaba: la naturaleza (...) Sola, el viento soplaba a través de mi pelo y de mi corazón, y cada piedra, cada tarabilla, cada flor de eufrasia o de tomillo, el helecho polipodo, las nubes a lo lejos sobre el páramo, eran parte de mí misma.(...) Sola, yo era toda la tierra, hasta el horizonte y hasta las profundidades del cielo. Nada me faltaba, no deseaba otra cosa que estar para siempre en ese lugar del mundo entero que era mío; ahí conocí -dudo que lo esté inventando en retrospectiva- la felicidad perfecta. Sabía que estaba donde sólo yo deseaba estar. No fue por voluntad propia que el tiempo pasara, y me arrancara de mis tempranas y humildes raíces."

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