Foto: Trencadís (cerámica fragmentada) en el Parc Güell de Barcelona

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martes, 24 de marzo de 2015

Yes, we Flickr !


Pete Souza, Retrato oficial de Barack Obama, 2009



Aun una comedia vieja
harta de representar,
si no se vuelve a ensayar
se yerra cuando se prueba.
Si no se ensaya esta nueva,
¿cómo se podrá acertar?

Calderón de la Barca, El gran teatro del mundo



En esta nueva entrada otro ensayo relacionado con las nuevas tecnologías digitales de la mano de Luis Vives-Ferrándiz Sánchez. Aquí se trata de la ponencia presentada en el XIX congreso CEHA (Comité Español de Historia del Arte), publicadas por la Universitat Jaume I de Castelló de la Plana con el título de Las artes y la arquitectura del poder. Los trabajos que componen esta publicación tienen como nexo común mostrar cómo las formas de articulación y representación ha sido consustancial con el  poder en todos los tiempos y civilizaciones. El caso que nos ocupa, analiza el uso por parte de la Casa Blanca de la plataforma de gestión fotográfica Flickr para difundir con fines propagandísticos la imagen del presidente Obama, así como también los valores de la ideología norteamericana.


Yes, we Flickr !
Imágenes del poder en la era de 
la postfotografía
(fragmentos)
por
Luis Vives-Ferrándiz Sánchez
 Grupo de investigación APES



El 14 de enero del año 2009, poco después de la elección de Barack Obama como cuadragésimo cuarto presidente de los Estados Unidos, Pete Souza efectuaba el que iba a ser el primer retrato del nuevo presidente. La novedad residió en que, por primera vez en la historia, se utilizaba una cámara de fotos digital para realizar el retrato oficial de un presidente. Cuando el dedo del fotógrafo pulsó el botón de su cámara, no solo se registró una nueva imagen sino que se amplió la línea del horizonte del territorio que conforman las imágenes del poder. El desarrollo de la fotografía digital ha inaugurado una nueva era, un tiempo en el que las figuraciones del poder se dibujan con píxeles.
Varios autores han coincidido en apuntar que nos encontramos hoy en día en un escenario tecnológico diferente que abre nuevos caminos tanto en la creación artística como en el estudio crítico de las imágenes. Por un lado, ese potente desarrollo de la fotografía digital ha llevado a cuestionarse la propia ontología de la imagen fotográfica y a acuñar un nuevo término, la postfotografía, para designar al nuevo caudal de imágenes que desde cámaras, teléfonos móviles o tabletas se realizan a diario y que necesitan ser definidas. Por otro lado, el impulso de la imagen digital ha sido paralelo a otro desarrollo, el de Internet y las herramientas de la web 2.0, un término que define a una serie de desarrollos técnicos, económicos y sociales que han determinado un nuevo universo mediático. Páginas como Facebook , Twitter , YouTube, Vimeo o Flickr, son el paradigma de la web 2.0 ya que permiten a los usuarios gestionar sus propios contenidos y mantener una comunicación instantánea y global que determina su sociabilidad.
Las instituciones de poder no han sido ajenas a estos desarrollos y han tratado de aprovechar para sus fines las posibilidades de la fotografía digital y las que brindan los medios sociales como cualquier otro usuario. Hoy en día es difícil encontrar una empresa, museo, institución o negocio que no tenga un perfil social actualizado y activo. En el caso concreto que nos ocupa, el poder y la imagen de Barack Obama, conviene recordar que durante la campaña electoral del año 2008, el entonces senador Obama se caracterizó por explotar las posibilidades de las redes sociales para solicitar el voto de los electores como nunca antes se había hecho. La complicidad de Obama con las redes sociales no terminó con su elección como presidente sino que, como cabría esperar, se ha ido reforzando a medida que la web 2.0 se ha consolidado. Es en este contexto donde cabe situar la cuenta oficial o photostream que la Casa Blanca tiene en la plataforma Flickr para difundir y compartir, a escala global, la imagen del presidente. (...)

Un sueño hecho de imágenes: el capitalismo de ficción

La cuenta en Flickr de la Casa Blanca es un auténtico archivo del sueño americano, de sus mitos, de su ideología, valores y creencias. Es un instrumento más de propaganda que intenta persuadir sobre las bondades del American way of life. Quizás haya sido el cine el instrumento que más ha contribuido a difundir, gracias a las imágenes, los pilares básicos de la mitología estadounidense pero no ha sido menor el papel de la fotografía, la televisión, el popart o las ilustraciones de Norman Rockwell.

 Norman Rockwell, The American way (1944)


En este sentido, una plataforma como Flickr cuya razón de ser son las imágenes es la horma del zapato ideal para difundir no solo la imagen del presidente sino la ideología estadounidense sobre el sueño americano... ¡si es que ambas no son lo mismo! Imágenes y sueño americano se entrecruzan de muchas maneras porque ambos términos son sinónimos. Para el cineasta Wim Wenders, la imagen es lo que define la esencia del sueño: « the American dream, a dream made of images, more than words ». El proyecto que la Casa Blanca ha iniciado en Flickr es un archivo gigantesco. Formado por más de 4.000 imágenes extraídas de las cerca de 20.000 fotografías que se toman semanalmente, cualquier estudio que se enfrente con él tan solo puede realizar una aproximación.Todo ello lo ha conseguido precisamente la postfotografía y la web 2.0 ya que son las condiciones de posibilidad para llevar a cabo un proyecto de estas características, un proyecto que recuerda, por su dimensión, a ese cuento de Borges sobre un rey que quería trazar un mapa de su reino con una exactitud tal que el mapa acabó por reemplazar a la realidad. Así es el álbum de la Casa Blanca en Flickr, un intento por cartografiar, al detalle, el trabajo diario y semanal del presidente, una cartografía de la presidencia a la que tenemos acceso desde nuestras pantallas caseras, una arquitectura del poder que también sustituye a la realidad precisamente por la voluntad de querer registrar los acontecimientos tal como acontecen en la vida real. Las fotografías crean una ficción que por su ubicuidad dobla a la realidad del presidente.
Esa ficción que se desarrolla sobre las pantallas del ordenador no es un mero entretenimiento ni un archivo inocente de imágenes sino que está impregnada de ideología capitalista. Precisamente, la voluntad de crear nuevas realidades es lo que define a la última fase del capitalismo, una nueva etapa que Verdú (El planeta americano) no ha dudado en calificar como el «capitalismo de ficción». El capitalismo de ficción, en pocas palabras, se preocupa por producir una nueva realidad, un artificio, una ficción que consiga desafiar el desierto de lo real. No hay más que recordar las palabras de Karl Rove, asesor del anterior presidente Bush, quien aseguró sin ningún rubor que:

el estudio juicioso de la realidad discernible ya no es la forma en que funciona realmente el mundo... Ahora somos un imperio, y cuando actuamos creamos nuestra propia realidad. Y mientras otros estudian juiciosamente esa realidad nosotros volveremos a actuar, creando otras nuevas realidades, que volverán a ser estudiadas, y es así como van las cosas. Nosotros somos los actores de la historia y ustedes, todos los demás, se ven reducidos a simples espectadores de lo que nosotros hacemos. 

La gran película del mundo

Que la humanidad asista a una ficción no es algo nuevo en la historia. De hecho, se trata de un tópico antiguo, el del gran teatro del mundo, que comparaba la vida humana con una representación, una ficción, en la que cada hombre desempeñaba un papel y Dios era el espectador encargado de juzgar sus respectivas actuaciones. Sin embargo, las declaraciones de Karl Rove dan una vuelta de tuerca al tópico ya que sustituyen el papel que tradicionalmente había representado Dios. Como bien dicen sus palabras, ellos son los actores de la Historia mientras que a la humanidad se le reserva el simple papel de espectadores. El hombre, de este modo, ha quedado fuera del tópico, su responsabilidad ha quedado reducida a la nada y tan solo le queda asistir a la proyección de la gran película del mundo, todo ello amparado por esa nueva fase que es el capitalismo de ficción. Esta nueva propuesta ficcionalista se apoya en que el cine es, hoy en día, uno de los principales instrumentos de ficcionalización del mundo pues ha forjado a lo largo de los años la mirada del ciudadano moderno, la cinevisión, un modo de ver el mundo a través del cine. Hasta qué punto el cine ha influido con esa cinevisión en el devenir de los acontecimientos es algo difícil de precisar. Sin embargo, llama la atención que mucho antes que los electores estadounidenses se llegaran a plantear la posibilidad de elegir entre un presidente de color y una mujer presidente (entre Barack Obama y Hillary Clinton), la industria audiovisual americana ya había plasmado –aunque solo fuera en la pantalla– ambas alternativas, sentando en el Despacho Oval a Geena Davis durante los 19 episodios de Commander in Chief (Rod Lurie, 2005-2006), y encomendado a Morgan Freeman la responsabilidad de salvar el mundo en Deep Impact (Mimi Leder, 1998).

 Morgan Freeman en Deep Impact (1998)


Como dijo Óscar Wilde, la vida imita al arte pero... ¿hasta qué punto se ha imitado la posibilidad de tener a un presidente negro a partir de la experiencia fílmica? La ficción a la que asiste la humanidad en la pantalla y en Flickr huele a ideología americana por los cuatro costados. La cámara de Souza ya no es una camera obscura ni una camera lucida como la que poetizó Barthes, sino una camera política , como la define el capitalismo de ficción. Porque los ojos artificiales de las cámaras, tanto las de Hollywood como las de Souza, operan para legitimar las instituciones dominantes y los valores tradicionales por medio de unas convenciones en la representación que ayudan a inculcar la ideología americana. El photostream de la Casa Blanca pone en juego unas estrategias narrativas y modos de representación, aparentemente inocentes, que hacen de ese flujo de imágenes un fenómeno ideológico tal como lo planteó Althusser.

De mitos y cine

Vivimos en un exceso de ficción. El tiempo de la postfotografía y la web 2.0 abre las puertas a una tecnología que es capaz de crear una segunda naturaleza, de registrar la realidad y darle una apariencia de ficción. La puesta en ficción es permanente hasta el punto de que se ha dado la vuelta a la ecuación. Como argumenta Augé, ya no es la ficción la que imita larealidad sino que es lo real lo que reproduce la ficción. La confusión entre lo real y laficción, el espectáculo al que asistimos en los tiempos hipermodernos de la pantalla total, es promovida por las fotografías de la Casa Blanca pues son frecuentes las imágenes de Obama rodeado de actores como Robert de Niro, Meryl Streep, o Georges Clooney
(con quien discute, por cierto, la situación política de Sudán), unas imágenes que contribuyen a erosionar y hacer permeable la frontera entre realidad y ficción.

Official White House photograph


De entre la fotografías con actores, una de ellas llama la atención. La imagen está tomada durante una recepción oficial en Londres en la que Obama aparece junto a Isabel II y al actor Colin Firth, quien recientementeha representado en una película al padre de esta, el tartamudo Jorge VI ( The King’s Speech , TomHooper, 2010). Los actores y los políticos se funden en una imagen sintomática del régimen de ficcionalización que vivimos.
Los campos de lo real y la ficción se combinan poderosamente en un tiempo en que un presidente de los Estados Unidos puede pasar por el propio Indiana Jones. Así lo muestra una de las fotografías tomadas durante un viaje de Obama a Egipto en junio del año 2009 en el que el presidente posa con aire bromista vistiendo un sombrero que recuerda al que llevaba Indiana Jones en las películas de su saga.

Official White House photograph


Los comentarios de los usuarios de Flickr sobre la imagen re-bautizan el presidente como Indiana Obama o Indiana Barack... ¡y le recomiendan que use un látigo para vencer a los republicanos en el Congreso! El sombrero que viste Obama en la fotografía destila el aura de la aventura y el modus operandi del famoso arqueólogo interpretado por Harrison Ford, subrayando hasta qué punto el cine ha moldeado una manera de ver el mundo. Porque el sombrero no remite sólo a Indiana Jones sino que evoca el que llevaba, a su vez, Humphrey Bogart en El tesoro de Sierra Madre ( The Treasure of the Sierra Madre , John Huston, 1948), reforzando el hilo de esa red posmoderna que sutura la realidad a la ficción. Obama se muestra, entonces, como un aventurero, como un héroe de Hollywood, algo que no debe extrañar en un país sin historia cuya mitología descansa, precisamente, en el cine. Si la Monarquía hispánica se comparaba con Hércules, el presidente del país del cine se compara con los héroes que ese mismo cine ha forjado.

(...) Junto al cine, el panteón de mitos de los Estados Unidos se completa con otros héroes y lugares vinculados con la memoria.
Presidentes como Washington, Lincoln o Kennedy son invocados, frecuentemente, en imagen. Una de las fotografías muestra al actual presidente observando con admiración un retrato de JFK , mientras que en otras ocasiones se introduce a Washington o Lincoln por medio de pinturas o de bustos.
No se puede olvidar que los americanos profesan un verdadero culto a sus presidentes que los convierte casi en santos o héroes a los que recordar y citar para legitimar actuaciones en el presente y seguir dando cuerpo al sueño americano. La proyección de futuro del American way of life se consigue manteniendo los valores y la ideología que han fundado la nación americana.
Así se entienden sendas fotografías de Obama con sus hijas Malia y Sasha leyendo la Declaración de Independencia o uno de los discursos de Thomas Jefferson grabados en el Jefferson Memorial. (imagen derecha)

El mito de la conquista del oeste también está presente, tanto en imagen como en política. Una de las primeras fotografías que tomó Souza muestra a Obama trabajando en el Despacho Oval. Al fondo se puede apreciar una pequeña escultura de un cowboy sobre un caballo encabritado, recordando una época que ha marcado el imaginario colectivo de los americanos. Obama se identifica con ese atributo, como un moderno vaquero que actualiza los mitos de las llanuras, los indios y los revólveres en la actual guerra contra el terrorismo. La campaña llevada a cabo en el año 2011 para apresar a Osama Bin Laden se impregnó del sabor de los westerns pues el nombre clave con el que se conocía al terrorista era el de Jerónimo, uno de los jefes indios que más resistencia opuso y que más difícil fue de encontrar y apresar (los paralelismos con la situación de Bin Laden son evidentes). La muerte de Jerónimo-Bin Laden parece que naturaliza la discutible actuación de los marines en Abotabad pues los equipara a lo vaqueros que impunemente liquidan indios a golpe de colt en multitud de películas sobre el salvaje oeste.
Otros personajes y lugares que conforman la mitología americana son los que recuerdan las luchas contra la segregación racial. En Obama se actualizan las luchas por la integración que no están tan lejos en el tiempo, visitando el Marthin Luther King Memorial, sentándose en el mismo autobús que Rosa Parks o invitando a Ruby Bridges a la Casa Blanca.

 Obama con Ruby Bridges
 Official White House photograph


La historia de esta última fue recogida en una pintura de Norman Rockwell en 1963 titulada The problemwe all live with. En ella se representa a una niña negra de Nueva Orleáns escoltada por cuatro US Marshalls en su camino a la escuela. La pintura de Rockwell recoge las tensiones raciales de una ciudad que asistía por primera vez a la educación integrada entre blancos y negros. En julio del 2011, el Norman Rockwell Museum prestó temporalmente la obra para que estuviese expuesta en la Casa Blanca, momento que Obama aprovechó para invitar a Ruby Bridges, la niña pintada en el cuadro. Con ambos gestos, Obama actualiza la lucha por la integraciónde los negros y da sentido a su idea de la retórica de la esperanza.

La retórica de la esperanza

Barack Obama ha repetido con cierta insistencia un mensaje desde que comenzó su carrera hacia la Casa Blanca, haciendo suyo un discurso sobre la esperanza con el que logró convencer a millones de americanos para que le votaran en las elecciones del año 2008. La audacia de la esperanza fue el mensaje que Obama explotó en sus mítines y que le sirvió, además, para publicar un libro sobre su idea del sueño americano. El discurso seminal sobre la retórica de la esperanza hay que situarlo en la convención nacional del partido demócrata del año 2004, donde Obama pronunció una emotiva arenga en la que exhortaba a tener fe en la esperanza para hacer frente a las dificultades. Para Obama, la retórica de la esperanza deviene una nueva retórica política en la que los sueños compartidos, las esperanzas compartidas, pueden asentar las bases de una América mejor. Las fotografías de Flickr muestran la audacia de la esperanza de manera sutil. Por un lado, proyectada en las imágenes del público que asiste a los mítines de Barack Obama, fotografiados con un recurrente contrapicado que enfatiza sus anhelos y deseos, es decir, sus esperanzas.

Official White House photograph


Son abundantes los rostros que miran extasiados a Obama, con lo mirada hacia el cielo, que es como Ripa definió a la Esperanza y al Deseo, en metáfora de los sueños y deseos que se quieren alcanzar. Ripa también recomienda que la Esperanza se pinte como una niña y que el Deseo sea un jovencillo, pues con ello se alude a que de la esperanza y los deseos se espera obtener algún bien futuro. No faltan las fotografías de niños que escuchan a Obama, con los ojos hacia el cielo, pues en ellos descansa la esperanza del sueño americano. En otras ocasiones las lágrimas inundan los ojos de los espectadores, añadiendo dramatismo a la escena y un poder de persuasión al presidente que es propio de los seres casi divinos.

Official White House photograph


Las lágrimas hablan, de sus esperanzas por alcanzar algo a lo que se aspira y sus rostros evocan el tan barroco tema de las pasiones y del éxtasis, como si fueran remedos de una escultura de Bernini o un frame detenido del The Quintet of the Astonished de Bill Viola.

  Bill Viola, The Quinted the Astonished (2000)


La retórica de la esperanza de Obama no se puede olvidar que lanza puentes hacia el ámbito de lo religioso, llegándose a trabar y confundir la política con la religión. Estados Unidos se ha visto a sí mismo, desde sus orígenes, como una tierra prometida en la que el ideal democrático se identifica con la voluntad de Dios y, de hecho, la idea de la audacia de la esperanza está extraída de un sermón del pastor Jeremiah A. Wright Jr. La gran película del mundo que el capitalismo proyecta en las pantallas de todo el mundo se carga de religiosidad y se aproxima a un auto sacramental barroco.

Official White House photograph


No faltan las fotografías de Obama rezando en el Despacho Oval, acompañado de sus asesores, quizás ejemplificando esa confianza en Dios que llevan grabados los dólares ( In God we trust ) y que lleva a divinizar a América.
Más sugerentes son las fotografías que muestran a Obama como un ser casi divino o elegido por Dios. Una de ellas fue tomada durante un viaje a Rio de Janeiro en el que la familia Obama visitó el Cristo del Corcovado. Un potente foco de luz ilumina a Cristo en una noche de niebla espesa, mientras Barack, Michelle y sus hijas son unas sencillas siluetas que se recortan sobre la aparición divina.

Official White House photograph


El contrapicado y el potente claroscuro enfatizan una escena casi mística, en la que Cristo recibe a la familia presidencial en un ambiente sagrado. Junto a ella, otra imagen de Obama tomada durante un mitin en Belgrade, Montana, lo presenta como un santo, pues Souza capturó al presidente justo en el momento que su cabeza tapaba un foco de luz, generando un halo de luminosidad y santidad sobre la figura de Obama.

Official White House photograph


El mensaje de la esperanza es, además, ecuménico, pues se dirige a la totalidad del mundo en virtud de un deseo de liderazgo que busca la adhesión de todos los pueblos. Los discursos que pronuncia en los diferentes países que visita se acompañan de fotografías de las reacciones del público en las que el recurso al contrapicado se mantiene para enfatizar la retórica de la esperanza. La presencia de chinos, indios, latinos (casi rezando), africanos con atuendos tribales o un pope copto ortodoxo como Shenouda III los convierte en ejemplos de la dimensión universal del mensaje de Obama y, en consecuencia, de los deseos de liderazgo de la administración norteamericana. El presidente habla y el mundo escucha admirado.

Official White House photograph


La audacia y retórica de la esperanza se proyecta, además, en otra elocuente fotografía que muestra la visita de Obama a una zona del estado de Montana devastada por los tornados. En la imagen, Obama saluda a un simpático anciano de Joplin llamado Hugh Hills (de 85 años y que sobrevivió porque se escondió en el armario de su casa) que sostiene la bandera de los Estados Unidos en un panorama desolador, con casas en ruinas, muebles en la calle y árboles deshojados. La imagen es espontánea pero cuidadosamente ideológica, un viaje a las raíces de una América profunda, clásica, expresadas por medio de la figura del anciano, la vieja camioneta Chevrolet o la morfología residencial.

Official White House photograph


La disposición formal de los elementos que componen la fotografía es también muy clásica, construyendo una forma piramidal cuyo vértice es la Star Spangled Banner y que apela a la emoción del espectador, como si se ascendiese en un crescendo desde la desolación hasta la esperanza que descansa en la bandera. Esa forma piramidal de articular esperanza, emoción y política no es nueva en la tradición visual occidental sino que remite al movimiento de tensión ascendente que empleó Théodore Géricault en La balsa de la Medusa y, posteriormente, Eugene Delacroix en La libertad guiando al pueblo .
En el caso de la primera ( detalle en la imagen izquierda), la balsa conforma una pirámide que asciende desde la base de la desesperación, con los cuerpos muertos o de náufragos exhaustos, hacia la cúspide de la esperanza reflejada en la figura del negro que trata de llamar la atención de la nave Argos con un trapo. Es una pintura sublime porque refleja la emoción y el drama de unos náufragos que bien pudieran representar a toda la humanidad. Ante una naturaleza violenta y cruel, ante el enfrentamiento del hombre con el mar, lo sublime emerge y contagia al espectador.

 (...) La carne hecha pantalla

La era de la postfotografía convierte la carne en píxeles y la tecnología nos penetra. Consecuencia de todo ello son las fotografías que muestran a Obama en forma de otra pantalla, es decir, visto a través de teléfonos móviles, pantallas de cámaras de vídeo, pantallas de ordenador o cualquier otro artefacto. El fenómeno podría llamarse, parafraseando un estudio de Julián Gallego, la pantalla dentro de la pantalla.
El sentido de esta proliferación de pantallas, como si fueran pliegues hasta el infinito, es doble. Por un lado, es un discurso autorreferencial, pues pone el acento en los medios que difunden la imagen del presidente en una época que hace posible, con Internet, el acceso inmediato a la información, una instantaneidad que es propia del capitalismo de ficción. Por otro lado, es una manera de pixelizar el cuerpo del presidente, de convertirlo en un presidente 2.0 que desarrolla su vida en Internet en virtud de ese deseo de registrar, casi hasta el exceso, la agenda diaria de Obama. En el capitalismo de ficción, afirma Verdú, la representación ha ganado la batalla y lo real se convalida por la realidad del espectáculo. Asistimos a la gran película del mundo con la intención de ver cómo la realidad se espectaculariza ante nuestros ojos, convencidos de que somos más vivos si nos convertimos en imagen. El paso de lo espeso a lo invisible, de lo real a lo virtual, es el estilo clave de que dispone en capitalismo reciente para no perecer. Lo que se convierte en pasatiempo, en espectáculo, en imagen, no muere nunca.

Official White House photograph


Las fotografías que muestran a Obama en las pantallas de un teléfono móvil, en el visor de una cámara de vídeo o aquella que muestra al director de cine Spike Lee tratando de fotografiar al presidente con un iPad son un canto a la vida artificial ya que esos artefactos y dispositivos son los que pueden convertirnos en imagen y, en consecuencia, en espectáculo. Ahí reside el estilo y la esencia del capitalismo de ficción: su motivación no es la de producir bienes ni alentar al consumo sino producir una nueva realidad con la que nos alienamos deliberadamente.  

(...) The End

Mientras este texto llega a su fin, las imágenes de Obama no han dejado de crecer. Eso hace que este texto sea incluso indeterminado y contingente pues no puede dar respuesta a una imagen en constante crecimiento. En este punto, como en las películas, tan solo nos queda evocar los finales felices que sancionaban historias de amor por medio de las fotografías de Obama y Michelle en actitudes cariñosas: abrazos, besos contenidos a la luz de los fuegos artificiales del 4 de julio o dedos que se rozan con erótica complicidad. Ya que el capitalismo de ficción nos ha reducido a un papel de meros espectadores, por lo menos disfrutemos de un final feliz mientras esperamos la próxima entrega de la gran película del mundo.

 Obama y Michelle
Official White House photograph


Lecturas:

Victor Minguez (ed.) Las artes y la arquitectura del poder. Castelló de la Plana, Universitat Jaume I 2013


Vicente Verdú, El planeta americano. Anagrama 1996


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5 comentarios:

Conejo Blanco dijo...

El Espíritu de la época actual está cortado por el patrón de dominar a las masas dios mediante estimular el consumo, y las necesidades vacuas que exigen mucho tiempo y dinero para su mantenimiento.

El lema consiste no en producir para consumir, si no en consumir para producir.

Ese es el nuevo sueño americano de todo imperio que necesita ser legitimado mediante su difusión en los medios creando una falsa realidad.

“Si estás escuchando esto, somos la resistencia…….”.

Jan dijo...

El que recuerdes una cita del film Terminator Salvation podría interpretarse como sintomático-tal como pone de relieve el artículo-, sobre la capacidad del cine para moldear la manera de ver el mundo, entrando en el paradójico juego de si es la ficción la que imita la realidad, o ésta a aquella. ¿Real o ficticia esa resistencia?

Conejo Blanco dijo...

Respecto a tu pregunta te comento que al fenómeno de coincidencia entre la frecuencia propia y la de un sistema externo, en el caso que nos ocupa “Cine”, recibe el nombre de “frecuencia de resonancia”.

“Y cómo huir
cuando no quedan
islas para naufragar
al país
donde los sabios se retiran
del agravio de buscar
labios que sacan de quicio,
mentiras que ganan juicios
tan sumarios que envilecen
el cristal de los acuarios
de los peces de ciudad
Que mordieron el anzuelo,
que bucean a ras del suelo,
que no merecen nadar.”

https://www.youtube.com/watch?v=HRteGYjgpn8

Jan dijo...

Como no, la música igual que el cine tiene un gran poder para moldear la manera de ver el mundo...

Conejo Blanco dijo...

Moldea como ver el mundo, me sugiere dar forma en relación a un molde dado que tiende a manipular falseando la realidad, por supuesto a imagen del creador del molde que es de lo que nos habla la entrada que nos has propuesto, como un buen ejemplo.

Sin embargo ciertas narraciones no nacen de un individuo o colectivo creativo que sueñan imágenes con la clara intención de adquirir y moldear masas de individuos para que las apoyen, por el contrario son fruto del inconsciente colectivo con el elemento pedagógico de enseñar el drama interior reflejado en el mundo exterior, siendo la narración simbólica el interface entre ambos.

La maquinas que moldean y la resistencia humana que rompe el molde están en nosotros.

"No sois vuestra cuenta corriente. No sois el coche que tenéis, ni el contenido de vuestra cartera. No sois vuestros pantalones. Sois la mierda cantante y danzante del mundo".